The Prisoner (1967) 50 years “Made in UK”

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En medio de la guerra fría de aquellos desangelados 50/60. Cuando el sudeste asiático bramaba su inminente estallido. Aquí en la pacata península ibérica, el flamante ministro de información “il capo”, Mr. Fraga iba vendiendo las bondades —de este castigado país— por la vieja Europa con aquello del “Spain is different”. La libertad de prensa hacía ejercicios gimnásticos porque la premisa era el silencio a golpe de garrote vil. A los feligreses pocas alegrías les quedaban; el guateque en petit comité del domingo, la radio retrasmitiendo al Madrid  galáctico de Di Stéfano  y la utopía del frágil canal UHF. Lugar donde rebuscar y encontrarse con un personaje que tenía un mundo a su alrededor, pleno de ambiente vanguardista, relleno de una espuma tan asfixiante como la  tristona Hispania. El totalitarismo disfrazado de Avant Garde y con nuevo estabilizador bitensional para las ondas hercianas. Hasta que el ITV Channel se le encendió la bombilla.

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Aquellas mentes creativas  de la televisión británica dieron  luz a una de las joyas más cool, enigmáticas y seductoras del siglo XX. Un bostezo de aires bizarros, herméticos y surrealistas repleto de cultura LSD —solapado tras un agente secreto—, que avivó la acción de la cultura pop, como nunca se había visto hasta entonces. El prisionero (1967), estaba protagonizado por el gran Patrick McGoohan. A su vez, creador de este singular show junto a la ITV. El propio McGoohan habló de  ella en términos de una alegoría a la sociedad del siglo XX: la salvaje industrialización, la opacidad gubernamental, el individualismo contra el colectivismo y la búsqueda del ciudadano hacía el iusnaturalismo moderno. Resumiendo, la variable filosófica del clásico enfrentamiento teórico y jurídico de los dos modelos por antonomasia: ComunismoVsCapitalismo. The Prisioner, se convirtió en serie de culto, pues fue flor de un año, de 1967 a 1968. Una herencia de 17 episodios en un orden aleatorio. Patrick McGoohan es un espía que renuncia a su puesto para pasar a un retiro apacible. De repente, es secuestrado y llevado a la aldea, una comunidad de prisión, a modo  concepto idílico-falso donde los nombres son reemplazados por números. Estos adquieren nuevas identidades y acatan las nuevas reglas de supervivencia, tan raras como reales.

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El refinamiento de la propuesta; interrogatorio/lavado de cerebro, alcanzando un  clímax  de aureola entre lo Orweliano, lo misterioso y onírico es sencillamente magistral. Un último puzzle sin solución: metáfora de la vida en su Big Brother sempiterno. La ilusión de un mundo feliz, donde todo está planificado. En el fondo, la serie es la manifestación más contundente de la mentalidad sin tapujos a saco del espionaje como forma abstraída de locura masiva, mientras el hedor de experiencia totalitaria consigue —acercar la paranoia— desde el posicionamiento del más puro juego de mesa. Conceptualmente, la televisión inglesa nunca había llegado a un refinamiento tan preciso de la sensación, pesadilla kafkiana, como pura expresión de entretenimiento. Producto esencial, en la carrera, de cineastas como Lynch o Kubrick, y creadores de series, de esta última década en la nueva ficción Made in Usa; “24”, “Fringe”, “Lost” o “Walking Dead”. Así, como en otras disciplinas de la pintura, fotografía, escultura, música (Iron Maiden le dedicó un tema del álbum, The number of the beast/1982), cómic o fotografía artística se han acercado a esta alucinación. A posteriori, el canal de cable AMC hizo una miniserie con  Jim Caviezel  de protagonista,  junto a Ian Mc Kellen sin demasiado éxito. TVE la pasó en el año 1967 y en los 80 se volvió a reponer. Actualmente, se puede adquirir en su nueva edición Blu-Ray, con una gran cantidad de extras que harán las delicias de coleccionistas y mitómanos. 50 años después —que ya es medio siglo— su original frescura y cariz transgresor no se han movido ni ápice. Como aquello del; “nunca es tarde” para nada. Nota: 8,9

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2 comentarios

  1. Yo la descubrí el año pasado y es una auténtica pasada. Es muy física y a la vez muy abstracta, y por eso se podrá seguir viendo dentro de 100 años y seguirá funcionando de maravilla. Además tiene soluciones narrativas y visuales totalmente rompedoras para la época. Aunque yo no sea muy de “Supergrass”, se marcaron un homenaje muy guapo con el video “It´s allright”. Te dejó el enlace de la entrada que le dejé en su día:
    http://lagatacongafas.blogspot.com.es/2013/05/no-soy-un-numero-soy-un-hombre-libre.html
    Un placer pasarse por aquí.
    Un abrazo JC

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  2. Hombre, qué alegría, mi viejo amigo; León. Pero me gusta más Íñigo, como yo, y, el Sr. Iglesias. Él, se ha quitado el Manuel y, yo el Carlos y el Juan. Así reivindico mi consanguinidad vasca, paterna. Tomado el nombre de mi abuelo prohibido durante muchos años: Jon/Juan. Bueno, aclarado, lo del nombre. Siempre he odiado el JC (nombre que tiene mucha gente de mi generación) por el rolló bobalicón de las madres y su enamoramiento del delfín de Franco, D. Juan Carlos de Borbón y el mamón ladrón de las mil Bárbaras. Perdón quería decir ¿Sícilias? Je,je. Bueno, volviendo a The Prisoner (1967), subrayo, todo lo dicho por ti, en este comentario. Además de tu interesante lectura del blog. Es el antes y el después de la Ciencia ficción distópica de la fibra y el streaming contemporáneo. Vamos, porque este hombre, el P. McGooham, no ha quiso demandar a todo lo que iba saliendo tras esta genialidad. Es tan buena, que en el primer capítulo de la nueva serie —del creador del remake de Fargo, N. Hawley— Legion se marca un homenaje, casi idéntico al primer episodio de la británica con los mutantes X-men. Vamos! Lo aguanté porque era como ir de LSD todo el rato, como lo es esa joya, que reivindico como TV contemporánea auténtica y transgresora. Esto, querido, Íñigo: es como el cine de Lang. ¡Madre mía la cantidad de plagio que hay por ahí! No obstante, queda ese término tan interesante llamado subterfugio, y así podemos seguir viendo obras culturales. En el fondo, en el cine y la TV, está todo inventado o casi todo. Lo dicho, me alegro mucho que estés bien tú y tu familia. Recibe un fuerte abrazo,
    Jon Alonso

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