Un Santo con licencia, 1962

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Las noches en blanco y negro de la vieja caja mágica seguían igual de largas. Todavía no habían llegado los nuevos usos de horarios. Pendientes de la más absoluta oscuridad se esperaba algo de diversión. La primitiva  Spain, esclava de los monitores de línea floja, tenía un nuevo héroe que apuntar a la agenda del monocanal catódico. Las historias de un escritor —británico—muy popular durante el periodo de los años 30, Leslie Charteris se adaptaron a la pequeña pantalla y su protagonista; Simon Templar — auténtico protodandy, 007—“el santo” con alma de Robin Hood  y maneras  supercool. Era lo más, de lo más. El rostro del mocetón Roger Moore, ya era un fijo en la caja de novopan. El Santo (Roger Moore) alcanzó la gloria, al ser elegido para representar las hazañas del  agente británico del MI5 y su graciosa majestad, James Bond 007. Basado en otra novela del otro exitoso escritor, Ian Fleming. Pero, la caja tonta ordenaba que era el momento de Simon Templar que, a veces, se convertía en un juego de iniciales traducidas como Simón “el tumbas” y refrendado con el logo del halo, a modo de coronilla, que le daba los galones de héroe santoral, como nuestro santo nacional Iker Casillas.

 

The Saint&Volvo

 

 

El éxito de esta serie en aquellos 60 radicaba, esencialmente, en la idiosincrasia del personaje. El público disfrutaba de lo agraciado del personaje. Mitad héroe, mitad detective free lance, y el sutil toque de playboy sofisticado adinerado. Un divertido embaucador, de refinados modales, que trabajaba para causas nobles o por el bien —pensaría algún ingenuo— como el forajido del bosque de Sherwood. Un producto Made in UK, “Total Sixties”. Su sello de identidad era una tarjeta de presentación en la escena del crimen, algo así como un ángel de la guarda que lucha por la restauración y la dignidad del bien sobre el mal. Una figura humana esbozada con líneas básicas, en forma de halo, aparece como logotipo de los libros y la serie de televisión en su cortinilla inicial. El joven Roger Moore se metió de lleno en este personaje al que le debe todo lo que ha sido en el mundo del espectáculo hasta nuestros días. Templar era ambivalente ya que buscaba la justicia, usualmente, por medios ilegales. Aquel detective privado mujeriego—rodeado de hermosas damiselas— que resolvía todos los casos, porque la policía no puede o no asistía. El santo flirteaba, en un prototipo de agente con licencia para ejecutar y viajar por medio mundo. Desde  el lejano Oriente para liquidar una Liga terrorista hasta las Highlands escocesas a poner orden en una conspiración. Como de repente, la alerta en busca de un tesoro por América del Sur, enfrentándose a enemigos de calibres mortíferos y exóticos.

 

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Con su Volvo convertible, aparecían nuevas tramas e investigaciones de asesinatos, extorsiones y robos. Ingredientes en clave Noir, cercanos a la vieja escuela de Doyle y Christie. Roger Moore bordaba el papel, y da se le veía a gusto. Confirmando lo que más tarde o más temprano se corroboraría: nuevo 007 a la nómina de Brocolli  para la franquicia que, últimamente, va de aniversario. Es más que evidente, que las tramas del Santo son muy similares a las de Fleming o viceversa. Nadie sabe bien, cuál es su profesión ni el origen de su gran fortuna. Lo que importa de  Simon Templar es su estilo, esa manera de vivir y la ironía que se gasta contra sus adversarios. Elegante, rico, sofisticado y sobretodo muy culto, perteneciente a la alta sociedad británica. Templar está del lado de  los débiles, enfrentándose a muchas clases de delincuentes y villanos, utilizando sus grandes conocimientos y empleando métodos poco ortodoxos, lo que usualmente lo lleva a meterse en muchos líos con la policía. Mientras en la vieja España, ávida de sensaciones, sueños y utopías en blanco y negro parecía disfrutar de un juvenal Moore, que hacía las delicias de la imaginación más resignada de los silentes peninsulares.

2.11-05

 

El Santo, comenzó como serial radiofónico en los años 40, narrados por la impresionante voz de Vincent Price, para pasar a la gran pantalla poco después, interpretado por George Sanders, de entre muchos actores que surgieron. Entre 1962 y 1969 se realizaron 71 capítulos en blanco y negro, y 47 en color. Más tarde volvió a aparecer en 1979, con el reclamo de El regreso de El Santo. El actor, Ian Ogilvy fue el nuevo gancho. 24 episodios en color, un fracaso rotundo de audiencia y crítica. En 1987 volvieron a la carga con un nuevo Santo, esta vez interpretado por Andrew Clarke en el papel de S. Templar, tampoco llegó a buen puerto. Posteriormente, en 1989, el Santo fue rehabilitado para la televisión en una miniserie de 6 entregas con una duración de 2 horas. En esta ocasión, el personaje cambia de nombre, Templar por Dutton, manteniendo el mismo nombre y el alias. Y finalmente,  la película protagonizada por Val Kilmer y dirigida por el siempre preciso, Philip Noyce (1997). El guion tomó mayor consistencia al dotar al personaje de una niñez y un pasado. A pesar, de todos estos ingredientes fue una hecatombe en la taquilla, como en lo personal. Pues, Val Kimer (no estuvo a la altura requerida) y la coprotagonista aquella deliciosa Elisabeth Shue emprendieron una caída profesional en barrena, que los ha situado en el rol de actores de reparto muy lejanos de la fúlgida glamurama ochentera que gozaron. Actualmente, se ha anunciado nuevo proyecto para este año en formato TV-Movie. Dirigirá Simon West y  el papel de Simon Templar lo protagonizará el británico Adam Rayner. Estaremos atentos.

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