High Sierra (1941)

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7 años sin Umbral…

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“El gilipollas por definición lo es de cuerpo entero. Se es gilipollas como se es pícnico, barbero, coronel, sastre, canónigo o notario: de una manera genérica y vocacional” Francisco Umbral (mayo1932-agosto 2007) Madrid

 

24 años sin Stevie Ray Vaughan

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“La forma de cómo la gente entra en tu vida, cuando los necesitamos; es algo maravilloso ,y, ocurre de muchas maneras. Algo así como tener un ángel de la guarda. Alguien llega y te ayuda a adquirir sentido a tu juicio.” Stevie Ray Vaughan (Octubre1954- Agosto 1990 EE.UU)

 

 

100 aniversario de Cortázar

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“Si te caes te levanto y sino me acuesto contigo” Julio Cortázar (2014 Bruselas-1984 Paris)

 

The Buddy Holly Story (1978)

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Si hay algo que no podemos obviar, ni dejar de pensar, alguna vez a lo largo del día; es que Internet es un gran invento y el Rock&Roll puro está compuesto en un 70% del ADN  Buddy Holly. Estaba trabajando en otro post—ya me conocen— del hermano de esta publicación (detritus, más literario y psicodélico, envuelto de congoja perifrástica). Empero, la cuestión es que se juntó el hambre con las ganas de comer, que dirían en la vieja Castilla y en New York, la música con el cine. Lo que deriva en la propiedad conmutativa de  las nuevas tecnologías y sus bonanzas, a través de la tramoya digital; mis amados 200mg Hz. De fondo, cómo el que no quiere: Peggy Sue del bueno de Holly. Frené en seco mi fase prosística más zen y me dije; ¿Cómo es que Hollywood no se atrevió con semejante artista y su correspondiente biopic? Lo sabía, bingo. Pero, lo desconocía. Este fin de semana ha sido fascinante, en todos los sentidos: mucha playa, mar, salitre a Gogó y un coche que me dejaron destrangis. Luego, tras una refrescante ducha; me vi “The Buddy Holly Story” (1978) de Steve Rash, y disfruté de ella, como un cadete, el día de su primer revolcón. Umbral decía que los  placeres son muy diversos, aunque de eso ya habló Proust. ¡Qué lástima, pues nos hemos quedado sin uno y el otro! La cuestión reside, en que esta producción, tiene mucho de serie B y en algunos momentos, nos podría remitir a un telefilm de nuestra adorada Mediaset de Lux. TBHS, es una película buena y algo maltratada por la crítica musical especializada. El film se basa en el fascinante libro autobiográfico—donde su viuda, María Elena Santiago contribuyó, en gran medida—escrito por  John Goldrosen y adaptado a la gran pantalla por Robert Gittler. La película arranca con el protagonista Buddy Holly (Gary Busey) en la somnolienta villa de Lubbock, la tierra natal del genio/Texas en 1956.  Están en la radio local (KDAV) con su compinche de correrías Ray Bob (Charles Martin Smith) presentando sus primeros bolos. Intercalando el montaje, con el paralelismo del pastor de la iglesia anabaptista, que habla sobre la maldad y la falta de rigor de esa música: el Rock&Roll. Obra del diablo, hecha en la selva por demonios.

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El film avanza y se permite una licencia muy curiosa: el hipotético romance inicial de Buddy con  Cindy Lou—un giño a la mítica Peggy Sue, que era la sobrina de su batería—una chica de la localidad que interpreta (Amy Johnston), el cual, se complica. Ya que sus compañeros de grupo, le alertan, sobre el interés del dueño de la cadena de radio—donde habían estado tocando— que estaba considerado la posibilidad de una audición. Y se produce el primer encuentro entre BH y Riley Randolph (Will Jordan). Buddy, no sale muy convencido de la entrevista. No obstante, es el preludio de lo que en muy poco tiempo será una verdadera revolución en todas las radios de todo el país. Buddy, Bob y el nuevo contrabajista:  Jesse  Charles (Doun Stroud). Se va atisbando, el principio de fractura entre BH y sus compañeros. A pesar de que se graba el sencillo en Nashville, siendo un autentico desastre. Algo que se refleja en el rostro de Holly. El plano de vuelta a Lubbock; no tiene desperdicio. La película sigue su argumento lineal y disperso de lo acontecido al soberbio músico y compositor, como el affaire del Apolo en Harlem o cierto histrionismo en recalcar la mala relación entre los integrantes de la banda; demasiado forzado y muchos momentos fuera de lugar. Si que se introduce el elemento del amor a primera vista, entre la preciosa joven  portorriqueña María Elena Santiago (Maria Richwine). El punto cúspide de la boda—dejando en evidencia, los recelos familiares—, en un momento donde Buddy estaba loco por María y siguiendo la pauta de la estructura de todo biopic: el momento de su estrellato en la música norteamericana, la prensa musical de medio mundo y los fanas a sus pies, cuando quedaba muy poco tiempo para el desgraciado accidente de aviación. Tan sólo tenía 22 años.

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La película tiene aspectos realmente notables como una BSO espectacular y fantástica. Así como  la tremenda ventaja de contar con un sensacional  Gary Busey, en estado de gracia. Actor amado y detestado. Increíble su meticulosidad en este papel, desde el proceso de adelgazamiento—perdió 17 kilos— hasta su plus interpretativo de los gestos, muecas y tics propios del genial Buddy. Eso se evidencia en las secuencias de los directos. Una credibilidad lógica, en  gran parte a la grandilocuencia, de temas como: Maybe  Baby, Rave On, Everyday, Hearbeat, Oh boy, No Fade Away, Peggy Sue, Early in The Morning o It´s So Easy y etcétera. Joe Renzetti recibió el premio de la Academia por la mejor adaptación musical y la aportación técnica de los actores que acompañan a Busey; Don Stroud, y Charles Martin Smith, que  tocaron sus propios instrumentos, de un modo muy convincente y  cantaron todos los temas con su propia voz. Los creadores de The Buddy Holly Story —el mismo título dice de él— que le tenían mucho cariño y respeto al subgénero cinematográfico del biopic musical. Pretendían alcanzar  lo sustantivo del auténtico protagonista: Buddy Holly, para ello reconstruir el ambiente, no era simplemente un nuevo objeto. A modo, de fósil cinemático en movimiento de una clase de paleontología, es decir, conseguir una película legítima que aspiraba a 3 Oscars. Ganó uno y un Bafta. Sí, una película con sus carencias, imperfecciones e imprecisiones (manipulación de los nombres originales, la ausencia de Richie Valens o los affaires de Decca). Hasta los constantes cambios de músicos y la falta de una mayor introspección psicológica, en otras estrellas de la época, como Cooke o Cochran, pero valiente en sus objetivos, partiendo de un presupuesto irrisorio. Evidentemente, vista  en su conjunto final, estamos ante una película que legítima la honorabilidad del biopic musical y rinde homenaje, a uno de los reyes del rock contemporáneo. Nota: 7,2

Laura (1944)

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62 aniversario de Joe Strummer

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“Pregúntate si lo que estás haciendo hoy te acerca al lugar en que quieres estar mañana”  Joe Strummer (21 Agosto/Turquía-22 diciembre UK)

 

124 aniversario de H.P. Lovecraft

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“Los hombres de ciencia sospechan algo sobre ese mundo, pero lo ignoran casi todo. Los sabios interpretan los sueños; y lo dioses se ríen.”  H. P. Lovecraft (20 de agosto 1890/15 de marzo 1937) EE.UU

 

37 años sin Groucho Marx

Groucho Marx

 

 

“Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntárselo. Y si, responde; sí. Entonces, sabes que esta corrupto”  Groucho Marx (1890-1977)  EE.UU

 

The Leftovers; el Postapocalypse

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The Leftovers es la nueva apuesta del decano y espectacular canal de cable, HBO—mágicas oficinas neoyorquinas del grupo Time Warner—que ha hecho de la TV, un lugar de obligada peregrinación al mando a distancia y el pago por visión. Mucho ha llovido desde las obras maestras Made in 11S; The Sopranos, The Wire y Six Feet Under. Hablando de este último producto—bajo mi punto de vista, una de las cinco mejores series de la historia de la TV contemporánea—parece ser que la cúpula directiva ha decidido explorar nuevos territorios, partiendo de una absoluta y determinante premisa: la muerte. Magistralmente, creada, por el  Sr. Ball. Y nos preguntamos: ¿Cómo somos capaces de gestionar la pérdida de los seres queridos cuándo desaparecen? Difícil respuesta. Más aún, si abrimos uno de los clips promocionales del canal, y escuchamos —muy atentos— los créditos dónde se anuncian a bombo y platillo: “Del co-creador de  la aclamada serie que batió records en la TV del S.XXI, Lost —Damon Lindelof— llega con un nuevo espectáculo sobre las almas perdidas”. Un drama, en torno, a la desesperación del ser humano. Un combate en el cuadrilátero de la vida contra eso llamado angustia, dolor y pérdida. The Leftovers es la serie que  lleva emitidos siete capítulos, en la parrilla veraniega del susodicho canal, con la vista puesta, en fidelizar a una audiencia con este nuevo producto. El termino Leftovers, a groso modo, significa sobras. O sea, lo prescindible, desecho o desposeído. Dentro del contexto puramente literario, la novela —alma mater— original del escritor Tom Perrota se publicó en España bajo el título “La ascensión”, sí ya sé que les parecerá chocante. Pero ese concepto cuasi místico y teológico impregna la historia, trasladada al contexto audiovisual letra a letra. Tom Perrota, se ha convertido en un escritor y guionista de prestigio con dos libros: Election y Juego de niños. Ambas convertidas en film maravillosos. La primera una fue una comedia ácida y llena de mala baba, que nos descubrió a uno de los nuevos cineastas del club recuperador de la nueva comedia norteamericana de finales del XX/principios del XXI; Alexander Payne. La segunda, un drama de historias entrecruzadas, que fue dirigida por otro director de culto: bizarro y minimalista, tras la cámara: Todd Field. Aquí, T. Perrota debutó junto a Field como, coguionista. Hago este inciso, (para todos aquellos que duden de la solvencia del creador y coguionista del producto que estamos tratando en esta crítica), con la finalidad de dejar bien clara la personalidad de los creadores: Tom Perrota y el guionista Damon Lindelof (Lost, Fringe o Prometheus).

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Bien, llegados a este punto, comencemos a desgranar el material que va a ser humus de primera, el cual, terminará solidificándose, como nuevo celuloide Made in HBO. Empezando por el giro copernicano del bostoniano y su nueva novela. Un libro que parte desde  un contexto entre la  ciencia ficción postmoderna y el drama social más contemporáneo una década después del 11S. The Leftovers es la historia de una ciudad llamada Mapleton, donde el 14 de Octubre del año 2008/2009 —en apenas segundos— millones de personas de todo el mundo desaparecen por arte de magia. Por no decir que se esfuman, a modo, de tornados —idénticos a los vistos en TV por la zona del corredor al Golfo de México—con una boca, directa al cielo. Seres humanos que no mueren en el sentido—más estrictamente— biológico de la concepción, sino que desaparecen, sin dejar ningún rastro. Entre los desaparecidos —una voz en off, se erige en la narración omnisciente— personajes mediáticos de todos los patios; Jennifer López, el Papa Benedicto XVI, Adam Sandler, Vladimir Putin y un tirano latinoamericano, cuyo nombre no nos es revelado. Bien, tres años después de lo acuñado como la “Partida Repentina” (concepto, medioempanado de los versículos del antiguo testamento 1 Tesalonicenses 4:15-17), y, que, en contra de la profecía bíblica, parece haber afectado a todas las religiones y edades por igual: cristianos, budistas, mahometanos, ateos, viejos, niños, gente buena o malvada, desaparecieron todos, sin distinción ni razón de ser. Aquí, Perrota se nos columpia con una de la epístolas de San Pablo para explicar la tesis del rapto; también conocida como el arrebatamiento. Es básicamente, la idea de que Cristo vendrá de forma invisible, para levantar su iglesia en el cielo, para no sufrir la gran tribulación de 7 años, que creen encontrar en las profecías bíblicas. Todo ello, servido entre dosis de un absurdo fanatismo y solapadamente, con un suflé cáustico, que se observan en todos esos movimientos milenaristas. Entre los que se encuentran los cristianos dispensacionalistas: Tim LaHaye y Jerry Jenkins.

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Una vuelta de tuerca, desde un plano laico y sátiro a la popular serie de libros Dejados atrás, que dentro de unos meses estrenará la película basada en la adaptación de este superventas, con Nicholas Cage de protagonista. En fin, tampoco quieran buscarle la quinta pata al gato, pues Perrota no es Lutero ni mucho menos, Heidegger explicándonos el catecismo de San Pablo o haciendo una disertación sobre la fenomenología. Luego, ¿Quiénes son los The Leftovers nos volvemos a preguntar? ¿los ascendidos o aspirados por ese rapto divino? No. Siguen siendo  los restantes o  sobrantes que sobrellevan el remordimiento de ese fatídico acontecimiento en Octubre del 2008/09. Utilizando la asepsia; el desguace del caos en un Carpe diem. Apenas un año después del extraño y espeluznante suceso de la desaparición de todos esos humanos por el planeta, aparece una especie de secta nueva: los ‘Guilty Remnant’ (los Vestigios Culpables). Imitando el voto de silencio de los monjes cartujos, visten ropas blancas y viven de forma bastante espartana. Otra cosa que los hace peculiares, es que están a todas horas fumando cigarrillos, cuando se hallan en presencia de otras personas. Su misión es reclutar nuevos practicantes de su culto y esperar el fin del mundo. En espera de la llegada de ese final; el grupo se dedica a la vigilancia de los pecados, distribuyéndose en parejas de guardianes que simplemente siguen y miran fijamente a ciudadanos normales, mientras sostienen un cigarrillo encendido, siempre en silencio. Y no digo más porque el libro está bien escrito. No me ha aburrido. Otra cosa son las dudas de su traslación al medio audiovisual. Es decir, la adaptación al medio televisivo tendría que ser impecable. Pues, miren por dónde, que lo es: plano a plano. Peter Berg (sin ser la octava maravilla de la dirección y además, firma como productor ejecutivo) filma las escaletas de Perrota y Lindelof, al pie de la letra. Dejando muy claro, que la familia Garvey son los protagonistas absolutos de la serie. Ellos no perdieron a ninguno de sus miembros el 14 de octubre, pero sus consecuencias resultaron ser dramáticas para todos ellos. El padre, Kevin Garvey (Justin Theroux) asumió el puesto de  jefe de la policía tras un incidente, en el que hubo un allanamiento del cuartel general de los Vestigios Culpables y mató a uno de ellos. Tiene pesadillas en las que él, intenta torturarlos o  prenderles fuego.

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La amenaza real e imaginaria de esos demonios; le abocan al alcohol y la paranoia. Sale a correr por las mañanas o de noche y topa con un hombre calvo, que conduce una camioneta, Dean (Michael Gaston), el cual, mata a los perros callejeros que se encuentra por las calles del pueblo con un rifle de caza. Laurie, (Amy Brenneman) como  la esposa de Kevin, quien decide renunciar  a la vida cómoda y placentera que tenía al lado de su marido, tras la marcha de su hijo y su bajo estado anímico (un bajón en la relación marital) convirtiéndose en miembro de los Vestigios culpables. Jill, la hija de Kevin (Margaret Qualley) está en la edad de la rebeldía adolescente. Perdida en una nube de apatía con su amiga Aimee (Emily Meade). Después está Tom (Chris Zylka), el hijo de Kevin que se unió a un grupo alternativo “The Healing Hugs” que lo dirige una especie de predicador—estilo evangelista secta zen— liderado por Wayne (Paterson Joseph). Meg Abbott (Liv Tyler), una mujer con serias dudas al respecto de su inminente boda, la cual, acabará ingresando en la secta de los VC. Después está Senior Garvey (Scott Glenn), padre de Kevin que vive fuera de la realidad, ingresado en una residencia psiquiátrica; Charlie y Max Carver son (Scott y Adam Frost, hermanos gemelos), amigos de Jill y Aimee. Christine (Annie Q), interpreta a una seguidora del grupo de Wayne, en plan groupi, que termina metiendo en un lío a Tom por los intereses sexuales de su gurú. Patti (Ann Dowd), es  una de las  líderes mayores de los  VC. Lucy Warburton (Amanda Warren) es la alcaldesa del condado, muy cercana a Kevin Garvey. Nora Durst (Carrie Coon) es una abogada de una importante empresa de seguros de vida. Ésta, perdió a toda su familia en “La Partida”. Por último, tenemos al reverendo Matt Jamison (Christopher Eccleston), dedicado en cuerpo y alma a probar, que las personas desaparecidas no eran almas puras. Todos ellos compartían secretos espurios. Nuevamente, el elemento del pecado bajo una visión muy Alighieriana de la montaña hacia el purgatorio. Entre secuencias apoyadas en el surrealismo.

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Naturalmente, el traumático acontecimiento ha cambiado las vidas de todos en Mapleton y les conduce a un cierto grado de introspección. En este sentido, Perrotta se la juega, pues no es un tema que atraiga a muchos lectores; más bien, diría uno, que los ahuyenta. El hecho de que la catástrofe no quede explicada (hay algunas nebulosas referencias al 11 de septiembre de 2001 y al tsunami del océano Índico) puede hacer pensar al lector que en realidad la Partida Repentina viene a ser una excusa para que Perrotta y Lindelof investigue las reacciones del comportamiento humano, ante la tragedia y el dolor como respuesta a la pérdida de los seres queridos. Mientras que algunas personas han buscado el retorno a una especie de normalidad, para otras no es ni fácil ni factible. TP&DL, centran este dilema en  muchos de los personajes que se ven implicados en la pérdida vital, en el caso de Nora Durst. Un personaje, que a medida que los capítulos avanzan crea más expectación. Su esposo y los dos niños desaparecieron, aquel 14 de octubre mientras cenaban. Tras una noche en la que baila con ella en un evento social —una estrategia para recuperar algo de normalidad—, Kevin trata de acercarse a Nora  (incluso hacen realizan una escapada a Florida), pero es ella la que decide que, puesto que no puede rehacer su vida. Optando por  una reinvención, hasta que un fortuito hallazgo lo cambiará todo. A todo lo anterior hay que añadir la tensión y el enigma, en torno a un par de asesinatos de miembros de los Vestigios Culpables. Una lapidación misteriosa acaba con la vida de una de sus más carismáticas integrantes Gladys (Marceline Hugot). Pese a que la narración nos da suficientes pistas sobre  este affaire: el caso no queda aclarado.

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La implicación de Laurie en los entresijos del culto también añade sus buenas dosis de misterio. En el fondo, no es más que miedo a la sempiterna historia de la soledad, magistralmente narrada por Defoe en su Crusoe. Y ahora nos preguntamos: ¿Estamos ante  una obra maestra de la Sci-fi postmoderna de la nueva década, tras el Trhiller True Detective o es tan sólo un nuevo ejemplo más, del deambulatorio embrutecedor del determinismo colonial de la cultura pop para elevar celuloide new age y petardeo bobalicón del movimiento Art Pop TV? No sé cuál es la respuesta. Sinceramente, no la tengo. Puede que todo resida en la fe, o mucho mejor, en la razón del XVIII y el XIX. De la necesidad de releer a Bacon, Descartes, Nietzsche, Derrida o a Deleuze, para entender este nuevo hibrido entre Lost y Six Feet Under, y sus constantes referencias útiles del concepto new art de la literatura, cine, TV y nuevos entornos culturares; redes sociales y revolución tecnológica. Con todo, hay algo en The Leftovers que me ha parecido flácido, engañoso y algo pretencioso. Si el mensaje que Perrotta pretende transmitir; es que el ser humano no puede (ni debe) confiar, en que formas o estructuras externas (la religión organizada es el caso más obvio: cuando la secta se convierte en resquicio mafioso y por ende, una reafirmación del nazismo puro y duro). Obviamente, su reclamo es complejo y también inquietante.  No quiero extenderme más porque podría adelantarles el final del libro, que va a ser el mismo de la serie. Sigo echando de menos una mayor profundización  en las desazones y congojas de los afectados por el dolor. Es muy difícil desmenuzar o buscar la lectura del corazón  tras una experiencia traumática; donde el individuo lucha todos los días con sus demonios interiores, haciéndose preguntas que no tienen respuesta, tratando de exprimirle algo de sentido al sinsentido.

 

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Puede que sus desasosiegos no sean las de otras personas, pero en ningún caso son superficiales. The Leftovers, puede que nos esté vendiendo humo. Puede ser. A veces puede parecer demasiado presuntuosa de su honorabilidad como serie fuera de lo comercialmente correcto y virtuoso. Su lentitud puede parecer liviana y extenuante. Así como su excelsa BSO de Max Richter; una maravilla. HBO, acaba de firmar una nueva temporada para 2015. Y es que la historia de la televisión se llena de espectáculos construidos, en torno a personajes que han sufrido la pérdida: viudas, viudos,  niños que han quedado huérfanos y un largo etcétera. En algunos casos, la fatalidad del día a a día, revivido en familias extensas —Six Feet Under, la cual, comenzó con la muerte del patriarca de la familia— y  comunidades (como, la fascinante, Twin Peaks estaba en su corazón un espectáculo sobre el efecto de un asesinato en un pueblo). El evento de esta historia es el 11S, multiplicado por unos  millones. Todo el mundo conocía a alguien que desapareció. Muchos han recurrido a las drogas o el alcohol o la automutilación. Nadie está dando a nadie ningún descanso, porque están todos en sumidos en un dolor crónico e imborrable. Es la llegada del Postapocalypse a la nueva televisión; ya está aquí y parece que se quiere quedar una larga temporada. Luego, vigilen sus humos. Pues, todos volvemos a nuestras cenizas humeantes de recuerdos. A veces, dicen que se vuelve de ellas. No lo tengo muy claro, juzguen Uds.  Nota: 7,2