90 aniversario de Truman Capote

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“Toda la literatura es un chisme”  Truman Capote (1924/1984 EE.UU)

 

112 años sin el genio de Zola

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“la verdad está en marcha y nada lo detendrá” Emile Zola (1840/1902  Paris)

 

 

The woman in the Window (1944)

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Top TenRock&Roll S.XX

Nº1
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Nº2

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Nº 3

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Nº4

5)The Beatles- Revolver (1966)

 

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Nº6

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Nº7

The-Velvet-Underground-Nico

 

Nº8

Exile

 

Nº9

LONDON-CALLING

 

Nº10

nirvana nevermind

 

 

41 años sin Pablo Neruda

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“Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida” (Pablo Neruda) 1904/1973 Chile

The Maltese Falcon (1941)

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53 Aniversario de James Gandolfini

 

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“He sido un tipo muy afortunado, considerando  lo que parezco y lo que hago” James Gandolfini  (18 Sept 1961New Jersey/19 Junio 2013 Roma)

 

Edgar G. Ulmer 110 aniversario

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“Realmente estoy buscando la absolución a todas las cosas que hecho por culpa del dinero” (17 Sept 1904  Olomouc-República Checa /30 Sept 1972 L.A./USA)

 

B.B. King 89 years

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“Lo maravilloso de aprender es que nadie puede arrebatárnoslo.” B.B. King (16/09/1925)

 

The Knick (2014) “higienización”

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H.G. Wells dijo en una ocasión que “La historia humana es en esencia una historia de ideas.” Y es que, obviamente, no ha habido un periodo para la  humanidad desde el último cuarto del siglo XIX y el primero del XX, donde la condensación de inventos, ingenios y avances técnicos dejase a uno —asombrado— de la trascendencia de otrora, visionarios, que ya apuntaban a nuestro actual siglo XXI. Este primer cuarto, al que hemos bautizado, como el periodo de la tecnología y la comunicación digital. No es más que el siguiente salto, en la validación de todos aquellos prehistóricos proyectos. En el fondo, somos una pequeña —esencia deudora—de aquellos bisabuelos con anteojos metálicos, barbas y bigotes puntiagudos. El cineasta Steven Soderbergh junto a la productora del canal Cinemax (sucursal de la HBO y gran apuesta en Latinoamérica del grupo Time Warner) junto a tres jóvenes guionistas, en calidad de productores ejecutivos; Jack Amiel, Michael Begler y Steven Kantz han creado una de las series más originales, vibrantes y hermosas, en un tiempo donde el talento de Alva Edison iluminaba la babel de los prodigios: New York. Una historia, en torno a un  brillante cirujano muy lejano de toda aparatología Made in CSI y diagnósticos vía Iphone.

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Eso sí, no renegando de sus manos,— bien limpias— con un primitivo fórceps en la izquierda y escarpelo a la diestra. Dueño absoluto del show, nuestro imperioso protagonista es un médico cirujano, perseverante adicto al trabajo y otros placeres inquietantes: el Dr. Thackery. Interpretado con gran solvencia por el actor británico Clive Owen. Asistimos a su ceremonia de cirugías, desde la platea del claustro universitario, donde alumnos y doctores eméritos asisten a las ingeniosas intervenciones. Todos los procesos están recubiertos de un halo realista no apto para estómagos flojos. Bajo una dirección artística milimetrada, donde destaca esa luz oscura, que nos recuerda a un caótico New York de principios de siglo. Desprendiendo un hálito a las crónicas de Herbert Asbury por todos sus rincones. Así como el perverso aroma al viejo western en Deadwood. Tras una secuencia de diez minutos magistrales de Mr. Soderbergh, donde la cámara empieza la acción tras un John Thackery, que se despierta al lado de una mujer oriental completamente desnuda en la cama de un patético fumadero de opio de ChinaTown, de la vieja calle Mott.

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Sale a toda pastilla del antro, en un taxi-carruaje y se dirige al hospital Knickerbocker (no desvelamos lo que hace, nuestro querido doctor dentro del coche). La cámara se detiene en el friso del edificio hasta acabar en un plano detalle del delantal de faena y ponerse al lado de su mentor; el jefe de cirugía Dr. Jules Christiansen (Matt Frewer). La cirugía que llevan a cabo, es diga de atención por parte de todo aquel que tenga interés en este campo de la ciencia —reiteramos, nuevamente, la excepción de pálpitos aprensivos por la sangre humana— desgraciadamente, la operación es un fracaso y el Dr. Christiansen acaba suicidándome. Su muerte deja a Thackery muy afectado y tras el funeral el reciente consejo de administración— unos nuevos ricos— con aires filantrópicos, los cuales, quieren un nuevo organigrama y una renovación del utillaje y las estructuras arquitectónicas del viejo hospital. El plan es presentado por  la gerente, Cornelia (Juliet Rylance), hija del capitán August Robertson (Grainger Hines). Thackery será el relevo de  Christiansen y deciden  poner como nuevo adjunto a un cirujano de color; el Dr. Algernon Edwards (André Holland). El Dr. Algermon, viene avalado por una trayectoria impoluta y prestigiosa tanto en Europa como en hospitales del norte de EE.UU.

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Ante el descontento de Thackery y su equipo de allegados. Cornelia vuelve a insistir en Algernon como revulsivo y su prestigio para hacer del Knickerbocker el hospital más puntero de la ciudad de NY. Obviamente, para la época no deja ser sorprendente y algo difícil de encajar esta situación. Sin embargo, no es tan arriesgado, pues, tanto un personaje como el otro se basan en dos viejas leyendas de la medicina de por aquel entonces. Se podría decir que el fallecido Dr. Christiansen y su legado pasaría a directamente John Thackery estarían inspirados en una de la eminencias de la cirugía norteamericana y mundial de aquella época; el Dr. William Stewart Halsted. Un personaje que convivió con auténticas primeras espadas de la comunidad científica de finales del XIX. En el caso del intrigante Dr. Edward,  podría estar basado en un cirujano de Chicago—auténtica rara avis—que asombró al resto de especialistas de su época por sus habilidades para la práctica de la medicina de élite;  Dr. Daniel Hale Williams. Lo dicho, se agradece el laborioso trabajo de documentación dosis de realismo en The Knick. Siguiendo con el reparto, otro personaje interesantísimo es el administrador Herman Barrow (Jeremy Bobb) un avaricioso e ineficaz  gestor, que anda metido en todo tipo de trapicheos envueltos de corrupción de alto calibre.

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En la tramoya del hospital encontramos a su mayor contrincante; la hermana Harriet (Cara Seymour) dura y entregada a sus hábitos, en una labores de caridad con los enfermos y más débiles que pululan  por la voraz ciudad. Muy cera de ella, aparece el rudo y tosco conductor de ambulancia/carruaje: Tom Cleary (Chris Sullivan). Otro pobre diablo, a modo, de tunante callejero, vividor  y desprendido de cualquier escrúpulo. Se siente como un pez en el agua traficando por cadáveres, accidentados o enfermos de diversa índole, esencialmente, al final de su jornada de trabajo, que remata  en las tabernas irlandesas, emborrachándose y de bronca con el personal. Mantiene su alma vendida al voraz inspector Jacob Speight (David Fierro) del departamento de la salud e investigación del ayuntamiento. Es curioso, pero con el paso del tiempo la hermana Harriet y el conductor, Tom Cleary establecerán unos puentes de trabajo muy interesantes. Obviamente, el equipo de confianza de Thackery está muy definido. Empezando por todos los que le muestran lealtad y atención; caso del Dr. Everett Gallinger (Eric Johnson), cuya antipatía hacia Edwards, es obvia. Ya que él se ve como el adjunto de Thackery. Sigue siendo el asistente principal de JT en el quirófano hasta que Algermon consiga una relativa confianza. Luego, estaría el Dr. Bertram “Bernie” Chickering (Michael Angarano) cirujano residente y en formación. Finalmente, la  joven ingenua enfermera Lucy Elkins (Eve Hewson, una curiosidad para el cotilleo del papel couché, es la hija del músico irlandes Bono: líder la banda U2), que en muy poco tiempo ha descubierto el mayor secreto del protagonista; John Thackery.

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Alusiones a temas tan controvertidos tales como aborto, racismo, corrupción y explotación social se van viendo entre los pacientes y las gentes que pueblan una ciudad en contante proceso de expansión. En el fondo, la cuestión individual del ser humano no ha cambiado, si la revolución industrial y manufacturera de un momento fascinante para la ciencia. Empero, todos aquellos que quieran ver en este producto un nuevo House o algo de Anatomía de Grey van mal dirigidos. Aquí la maquinaria quirúrgica de última generación no se acompaña de música indie/pop para impresionar al espectador. Todo lo contrario, la banda sonora a cargo del vigoroso, Cliff Martinez hacen que el realismo estético todavía impacte más en nuestras entrañas. El sonido electrónico, entre el minimalismo y el techno industrial; una joya. Cinemax ha sabido encontrar un filón apasionante en los avances que revolucionaron la historia de la medicina. Una virtud de esta serie son los visos de la aparición de un  higienismo que formaba parte de un discurso sobre el progreso y la civilización, que intentaba efectuar una política de construcción del estado.

 

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Las medidas preventivas y disciplinarias en cuestión de salud física y moral. Ahí el prestigio de Soderbergh se deja ver, como en algunos de sus últimos films: Efectos secundarios (2013) o Contagio (2011) por la temática de la medicina, ciencia y drogas. El propio SS, se considera otro adicto de la cámara, el trabajo de fotografía y edición que hace de The Knick uno de los mejores shows de los que llevamos en este 2014. En principio, en esta primera temporada se ha comprometido con los 10 primeros episodios y parece confirmarse su segunda entrega. Reitero, un trabajo lleno de gran dignidad personal y un oficio exquisito. Y bien, si permiten una precisión, a modo personalísimo, como coda final, quiero expresar la gracia, que me produce toda esa gente que crítica el realismo de The Knick y su excesivo prurito por la sangre y lo escabroso del detallismo anatómico. Después, de pasarse horas y horas delante de Walking Dead o de los Tarantinos Killer. Me sigo preguntando, dónde reside lo aprensivo y lo cínico más allá de aspectos éticos y la moralina cutre. En fin, uno que conoce a los galenos, y, se precia de habilidoso: es evidente el cariño por todo lo que sucede en The Knick y Soderbergh. En el fondo, Wells no se equivocaba. Nota; 8,5