After 10 years, Sleeper Cell (2005-2015)

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Vivimos unos tiempos donde la tecnología sabe más por diablo que por vieja, y es que el castizo refranero español, en sus diferentes versiones y particulares geografías: es uno de los idiomas de mayor plenitud verbal y con mayor cuantía de adjetivos. Si la prosa es adjetivar; es obvio que por estos lares nos esmeramos en utilizarlos de forma precisa y delicada. A veces, acertamos y en otras ocasiones, no. Hablar de Sleeper Cell (2005), puede que sea un poco atrevido e insolente dadas las circunstancias y los acontecimientos acaecidos—nuevamente— sobre nuestro rico, multicultural y generoso occidente del bienestar. Mucho más sorprendente es que esta obra de imaginería del terrorismo y fanatismo religioso haya cumplido 10 años. No es la primera vez, que he recomendado esta miniserie; obra de culto que en sus 18 episodios nos adentra en los vericuetos de la angustia, la sinrazón y el caos. La fagocitación del individuo en el mundo de la series por todo el planeta es evidente. De toda la cosecha que se presenta anualmente el 90% de las producciones son Made in Usa, y casualmente, las más consumidas por todos los espectadores del mundo. Es curioso, pero las estadísticas no pecan de ambigüedad  pertenecen al mundo de lo exacto. La verdad puede doler, no obstante eso es lo que hay. En ese contexto, encontramos series como la aclamada Homeland (2011) — un filón lleno de histeria, tramposo y facilón—  que gozó, y goza del aplauso de una inmensa mayoría de la audiencia  y la crítica de puntilla en blanco. Incluso, Obama la jaleó.

 

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Sin embargo, si hemos podido disfrutar de Homeland (no es mi caso, evidentemente) o la exquisita The honourable Woman (2014), no hace mucho comentada y recomendada por nuestra redacción.  Es gracias, a que en el año 2005, los pocos adictos a esto de la tramoya digital accedimos a este delicioso e impecable beluga en todos sus aspectos. Así mismo, la cineasta Kathryne Bigelow, nos deleitó con otra obra maestra Zero Dark Thirty (2012) deudora de esta maravillosa joya audiovisual del canal Showtime. Empero, cuando el gran bucle de las series era cosa de HBO y paremos de contar; nuevos embriones se pusieron en marcha, caso del polémico canal FOX —acusado de tener una editorial republicana y belicista— en su versión de cable, FX. Creó, una de las mejores series, en torno a toda esta locura del post11S y los daños colaterales. Disparó con posta del 18 y acertó de lleno con la extraordinaria 24 (2001), un fenómeno mediático desde su puesta en escena, pasando por la escritura de los capítulos y el desarrollo de la misma, sustentado en la figura de su protagonista: el agente de la Unidad antiterrorista, Jack Bauer. Esta hipertaquicárdica y original historia del patriótico y original Jack Bauer, interpretado por un impecable Kiefer Sutherland. Recibió odas del mismísimo Mario Vargas Llosa y miles de críticas de otros intelectuales y críticos de diversos pelajes. La serie 24, dirigida en sus dos primeras temporadas por Stephen Hopkins se labró su prestigio como serie de culto. Pero lo que me lleva a hablar de Slepper Cell (2005), es su idiosincrasia; el plus del activo sobre un globo terráqueo de la invisibilidad, y, eso es este producto; un pequeño escuadrón de lobos solitarios reclutados con una asepsia digna de enmarcar.

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El terror camuflado en ese apocalipsis llamado fanatismo. Del que día sí, día no nos encontramos con alguna tragedia en los informativos de todo el mundo. Una locura, un viaje a las tinieblas donde individuos de apariencia campechana e inocente lo refrendan y es alentado mediante un minucioso trabajo de captación entre jóvenes por todo el planeta, independientemente, de su estatus social o posibles creencias. ¿Les suena? Desgraciadamente, sí. Estoy convencido. En Sleeper Cell todo lo dicho en estas líneas se pone de relieve. Desde las transferencias millonarias de grandes fortunas de Oriente Medio al servicio de la causa, hasta los dobles agentes, los mensajes en lenguaje encriptado en la seductora webesfera y los subterfugios por donde el mal sigue a la suya. Es la guerra total, donde las víctimas se cuentan por millares. 11S, 11M, 7J y 7E, a ello habría que sumarle la operación de exterminio llevada a cabo con las etnias cristianas en Irak, Siria o Egipto y etc. Volviendo a nuestra serie, estamos delante de un guión fascinante que pasó, como el que no quiere con más pena que gloria. Aquellos pretéritos años (de 1999 a 2006), donde Los Sopranos eran dueños de las audiencias del cable y lo de hacerse un hueco, entre tanto nivel era empresa de alto calibre. Sleeper Cell se ha ganado el título de pieza de museo y joya con derecho a pulpito propio. Creada por Ethan Reiff, Cyrus VorisEl monje (2003) o Robin Hood (2010)— junto al  productor  y director Clark Johnson Brimstone (1998) y The Wire (2002), The Shield (2002) o la mencionada Homeland. Así como directores de prestigio, dentro de la ficción Made in Usa como Nick Gomez, Guy Ferland o el genial Charles S. Dutton (actor, guionista, productor y etc.)

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Luego, una manera de acceder a esta maravilla es a través de su edición en DVD o de un modo, más prosaico, vía meollo Walternativo de la descarga rápida y a la hora que mejor le convenga al personal. Sleeper Cell se divide en dos partes: la primera entrega compuesta por 10 capítulos y la segunda de 8 con un nuevo título; Sleeper Cell American terror, donde el melodrama y thriller convergen hasta llegar a un punto entrópico: el ultrarealismo en su mayor definición. El argumento de Sleeper Cell se centra en la figura de Darwyn Al-Sayeed (Michael Ealy), un joven agente  del FBI afroamericano, que profesa la religión musulmana, además de ser un ferviente devoto del significado del concepto Islam como su religión. Es requerido por unidad antiterrorista del cuerpo federal y propuesto para infiltrarse en una célula terrorista durmiente que está planeando un gran ataque en un lugar emblemático de Los Angeles. La célula está dirigida por un extremista árabe llamado Faris Al-Farik (interpretado por el magnífico actor israelita, Oded Fehr conocido por sus papeles de reparto de la versión digital en la Momia I y II, así como Residen Evil 3 y 5)  que se disfraza como un prestigioso hombre de negocios de origen judío. Los miembros de la célula provienen de una variedad de orígenes raciales y personalidades conflictivas. Desde un  skinhead decepcionado de sus antiguos amigos; Cristian Aumont (Alex Nesic) o un norteamericano rubio: Tommy (Blake Shields), un tipo retorcido que trabaja en una bolera, cuyos padres son profesores en Berkeley. Muy curioso resulta, otro de sus integrantes, el bosnio profesor de matemáticas y química, Ilija (Heri Lubatti), que le gusta escuchar viejos discos de Hip-Hop. Hablando de música, no podemos dejar pasar por alto su magnífica BSO, creada por el gran Paul Haslinger, sonidos étnicos orientales y electrónica muy trip hop.

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Los cuatro están a las órdenes de Farik (Oded Fehr) para matar a estadounidenses y atentar contra intereses norteamericanos. En medio de toda esta red de intereses y recelos, se encuentra Darwyn tratando de convencer de su llamada yihadista a sus “hermanos”, prometiendo fidelidad a la causa y cohesionando al grupo, mantiene una relación con una madre soltera y entrometida Gyale Bipshop (Melissa Sagemiller). Sleeper Cell trata de desafiarnos con el engaño de las apariencias de los chicos malos. En los primeros 10 episodios, son una visión más introspectiva de los personajes desde una óptica más humana y cercana, así como los entresijos de la financiación de estos grupos terroristas, y las alegorías constantes al  verdadero significado del Corán. La serie también retrata la hipocresía y la dicotomía de los miembros de la célula que dicen ser musulmanes, sin tener un comportamiento que es pecado en el Islam (por ejemplo, el sexo fuera del matrimonio) y sin embargo profesan un deseo de ser martirizado por el islam estadounidense. Darwyn pasa informes continuos a su supervisor jefe del FBI, Ray Fuller (James Le Gros). Un tipo muy cercano a Darwyn y que vela por la seguridad del mismo, a costa del pasotismo de la burocracia de Washington, poniendo en peligro su propia vida. En la segunda temporada, Darwyn se infiltra en una nueva célula que se ha formado para vengar la derrota de la célula original. Cuando su segundo supervisor, Patrice Serxner, es asesinado en Sudán, Darwyn debe tratar de trabajar con otro nuevo jefe; el agente especial Russell. Mientras tanto, su novia Gayle se dibuja más profundamente en la intriga cuando a medida, que transcurren los episodios se verá atrapada en un triángulo peliagudo que componen Russell, Darwyn y un miembro de la célula. Desde muchos prismas se ve el desarrollo del producto. Una de las premisas que se observan en ella, es el respeto y el esfuerzo de comprensión hacia la religión la religión musulmana (la convivencia de una sociedad etnicocultural, de libertad de culto y personajes que te dejan del revés), cosa que en 24 o Homeland se observan pequeños geisers islamofóbicos, donde el tránsito hacia la Yihad es una locura y el intento de justificación de la salvación y redención de la causa mártir.

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El minucioso trabajo de los guionistas, introduciendo elementos alejados de los estereotipos en la mezcla de individuos que forman la célula. Incluyendo una mujer blanca europea, un hombre Latinoamericano y, por primera vez en la TV la aparición de un hombre musulmán gay: el ingeniero químico Salim (Omid Abtahi), en un papel inolvidable. Darwyn de la noche a la mañana se convierte en un tipo respetado dentro de la comunidad musulmana y una cabeza visible de alta jerarquía dentro de la nueva célula. No del todo seguro de su misión Darwyn es destronado del poder antes de que pueda aprender lo suficiente sobre la nueva amenaza a gran escala dentro de las células terroristas. Al enterarse de la nueva misión Darwyn entra en acción y contribuye a impedir que el nuevo ataque terrorista en Los Ángeles. Pero para salvar la ciudad Darwyn finalmente pierde a alguien cercano a él, que lo envía a una misión personal suicida para matar a Faris al-Farik (su verdadero nombre Saad bin Safwan). Incluso con el trasfondo de situaciones tristemente reales, que ya son parte de nuestra historia universal más reciente, no es fácil hacer el yihadista ni uno de los papeles más apetecibles en estos momentos para un actor de renombre. Sí que hay que reconocer los innumerables puntos de vista que se acometen en el show y son parte del día a día del mundo islámico radical crónico. Se habló en su momento de un posible spin-off, o volver a retomar el hilo conductor donde finalizó el segundo capítulo. La cuestión es que Showtime se volcó con su apuesta de Homeland y no sabemos si en próximos años veremos un producto de un detallismo tan delicado, cuidado en el tratamiento de los personajes y un realismo tan voraz sobre las consecuencias de la locura y el fanatismo integrista. Nota: 8,7

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1 comentario

  1. ¡Menudo post te has currado! Muy bien documentado y con tu saber hacer… Claro, la serie lo merece: magnífica. Para revisar con los tiempos que corren. Gracias por refresacarnos la memoria.

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