Peaky Blinders (2013) “Blessed BBC”

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Finalizado el visionado del último episodio de Peaky Blinders, uno no puede que pensar en la suerte que tienen los británicos con su maravillosa BBC. Harto de escuchar a políticos de tres al cuarto, mientras se llenan el bolsillo con los dineros públicos que pagamos los sufridos ciudadanos y su perpetua milonga del futuro de TVE. ¿Cuántas veces habré escuchado el redundante mensaje petado de humo vacío? —“Nuestra meta es fijarnos en el modelo público británico de su televisión: la BBC.” Pues, lo siento muchos Sres. Pero va a ser que no.  Si el Reino Unido se caracteriza por su altanería y la hipocresía a la hora de tomar el té. La BBC es suya y no hay otra, con tan particular idiosincrasia en el mundo entero. A la vieja Hispania se nos conoce —de sobra— por nuestro carácter envidioso y esa incansable voracidad de “trincasubvenciones”. No sabemos hacer televisión. A pesar de que algunos se empeñen en vendernos “Cuéntame” como “Aquellos maravillosos años” e “Isabel” como los Tudor Vs Austrias. Si me permiten el exabrupto,… Creo que empieza por “M” y no digo más por decoro británico. Evidentemente, La BBC vuelve otra vez a ser el canal que nos enamora, crea, innova y para mayor inri; entretiene a la ciudadanía con una ficción que es una mina de Coltán. Mantiene el espíritu vivo de lo que fue uno de sus viejos estatutos: la formación de profesionales del audiovisual. Y qué plantel de profesionales: Guionistas, directores y futuros productores ejecutivos, que se mueven como peces en el agua. Desde las Islas a la utópica USA, no paran de trabajar. Bien sea adaptando sus propias creaciones Made in UK a la ficción USA o viceversa. Lo dicho, bendita BBC y todos sus canales multiplex. Luego, una vez dejada y expuesta mi pataleta de turno, hemos de ir al análisis de una de las series que más devotos ha encontrado a lo largo del viejo continente y allende del nuevo. Esta vez de la mano de BBC2 aterriza un producto apasionante. Partiendo de las viejas leyendas urbanas del vetusto Cheshire Quarry Bank en la década de 1830, saltando unas cuantas lunas en el calendario hasta llegar a 1919, asistimos a una mezcla fascinante de epopeyas familiares y gansteriles. Un drama criminal, en torno a una pandilla —cuasi idéntica, a las de Asbury— muy Gangs of NY versus England; los Peaky  Blinders. Personajes tal como hemos precisado de corte histórico, que surgieron a finales del S. XIX. Tipos que marcaban su territorio y las condiciones de supervivencia, que imponía el clan, rasurando en la reyerta al personal con sus hojas de afeitar, que cosían en los bordes de sus gorras de paño. Un producto muy imaginativo que ha escrito, producido y dirigido Steven Knight a un público moderno y en general, cualquier amante de la buena ficción. Uno de los mejores creadores de su generación.

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Un tipo que se maceró en  programas de entretenimiento y similares, que  ha acabado realizando guiones de películas tan excelsas como “Negocios Ocultos” (2002) o “Promesas Del Este” (2007). Es más, este último año, ha dirigido otro de los films más notables que hemos podido ver por nuestras pantallas Locke (2013), siendo un éxito de crítica con una discreta taquilla, donde su actor fetiche Tom Hardy interpreta un papel memorable. Steven Knight es ya un valor seguro, reclamado a ambos lados del Atlántico. En Peaky Blinders nos adentra en el Birmingham de principios del 20. Partiendo de una trama con fuerte componenda histórica (como hemos citado anteriormente) de una banda de ladronzuelos que con el tiempo irán convirtiéndose, en auténticos gangsters de finales del Siglo XIX, en las zonas industriales del Noroeste de aquella alquitranada GB. El hilo conductor de los Peaky Blinders parte de un protagonista absoluto, Thomas Shelby, interpretado por el excelente actor irlandés (Cillian Murphy), primoroso donde los hayan. Llevando las riendas de la mayor organización criminal de la ciudad y alrededores de Birmingham. Su gran negocio son las apuestas clandestinas de las carreras de caballos (posteriormente, con el paso de los capítulos serán legales). Así como el trapicheo de alcohol, comida, armas o lo que se tercie. Su forma de tomar las decisiones tiene una gran dosis de compromiso tribal. Pues se reúnen, torno a la mesa del local de apuestas y votan todas las disposiciones que tome el clan (familia al completo). En la primera temporada descubriremos las relaciones puramente comerciales y puntuales de esta banda con el negocio de las carreras de caballos y un affaire con el IRA. Ese primer capítulo se inicia con la aparición del inspector jefe Chester Campbell (Sam Neill), conocido por sus tácticas brutales de represión  contra el  IRA, cuando era un jefe de la brigada de inteligencia  británica asignado en Belfast. Campbell tiene la misión de recuperar las armas de un cargamento, que previamente han sido robadas, al gobierno de su graciosa majestad. Y, de paso, sofocar el humus de violencia y revolución social que animan los nuevos líderes sindicales comunistas, en las fábricas de Birmingham y geografía adyacentes el clima de revueltas y descontento. Shelby tendrá que tratar con el este personaje, y, el acecho que ha puesto a su cabeza. Algo que le hará perder tiempo, en el desarrollo de sus planes expansionistas del negocio familiar.

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No obstante, Shelby tiene un don especial para terminar vigilándolo todo, con un tempo preciso y constante. Ésta es una gran oportunidad para entrar en la liga de la selecta distinción, en el  Londres del Charlestón, champán y caviar iraní: un baluarte de Sodoma y Gomorra, donde el control por el pastel gordo ha sido un reclamo muy seductor. El duelo Murphy&Neill es una maravillosa partida de ajedrez, que en la segunda entrega encuentra su momento cúspide. Shelby como héroe de guerra y convertido en una leyenda, entre amigos del combate, vecinos y conocidos de Birmingham. Se ha ganado el respeto de pequeño “Padrino” de la ciudad. Así como la lealtad y gratitud del burgo por derecho propio. Sólo ver en el primer capítulo, cuando Shelby aparece subido a  un caballo dentro del barrio chino, en el instante, que paga a un oriental para que esparza un polvo mágico sobre los hocicos del caballo. El equino correrá en el Derby del domingo y las apuestas están  que arden. A modo de conjuro, deja muy claras las intenciones del itinerario que tomará la serie. Marcado por el dolor de las heridas de una guerra espantosa, que le persigue en forma de pesadillas; lo asume de un modo estoico e intenta ayudar a aquellos que les supera en momentos precisos. El elemento de la contienda tiene estigmatizados a todos los que estuvieron allí; hermanos, viejos amigos y conocidos—muchos de ellos, miembros de la banda—, que gestionan un daño psíquico de maneras diferentes. Tanto el escenario, la trama y los personajes funcionan como un reloj suizo. Al igual que la gran banda sonora que acumula la serie; una de las grandes sorpresas del show. Los creadores no han optado por una tipo de composición clásica o Jazzistica de aquellos años 20, sino que han apostado por las composiciones de Nick Cave y Jack White para formar la banda sonora del espectáculo. Esencialmente, el temazo de “Red Right Hand” convertido en score del producto y que sirve de cortilla de presentación. Incluso nos vemos a un Winston Churchill (Andy Nyman) con ganas de rock y ardiente en deseos de conocer al héroe Shelby. Knight, siguiendo el estilo de grandes cineastas como Scorsese o Tarantino, que se gustan  de buen oído y utilizar el recurso de la Soundtrack editada en covers específicos. La apuesta ha sido muy  clara en este sentido y el resultado una experiencia fantástica. A día de hoy es una de las BSO más escuchadas en streaming.  El trabajo de Cave&White nos han dejado una generosa muestra de buen folk/blues/rock noir y afterpunk  de maravillosos temas obra de Nick Cave & The Bad Seeds, The White Stripes, The Raconteurs, Tom Waits y etc.

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Obviamente, el resultado se  refleja en la inquietante acción que ocurre en pantalla. En otros momentos la música es simplemente anacrónica, sobre todo cuando las canciones intensas se usan en transiciones cortas. Peaky Blinders recorre un itinerario que arranca desde las revueltas sociales (anarquismo, comunismo, hambruna o procesos de reindustrialización y la aparición de nuevas modas en la sociedad, conflictos de carácter racial —affaires con los gitanos— por el control de determinados negocios) hasta el drama más Shakesperiano de una familia con tintes nómadas —que por momentos nos retrotrae al universo del Coppola de los 70— en pleno estado de ebullición. Un jefe de una banda que con el paso del tiempo reafirma el liderazgo de los Peaky Blinders.  A medida que la segunda temporada avanza, se observa una mayor madurez del gangster y su empatía por las amistades con pedigrí. Caso de la aristócrata entrenadora de caballos de carreras, la elegante May Carlenton (Chalotte Riley). Sin perder un ápice de elegancia, sabedor del físico que posee y el toque exótico que le da una pequeña parte de  sangre gitana que lleva en sus venas. Por momentos, metódico, cínico, frío y directo. Alcanzando la plenitud personal, en la propia comprensión de la identidad del grupo y la autoridad como líder de ese colectivo. Desde que “tía Polly” (Helen McCrory) —la auténtica matriarca del clan Shelby—, gracias a su obstinación mantuvo el negocio, mientras los hombres se batían en las trincheras franco-belgas. Y ese momento, casi Dickensiano, de la aparición del hijo que le fue arrebatado; el joven Michael Gray (Finn Cole). El resto de la familia lo componen: el visceral y alcohólico hermano mayor Arthur —en la segunda entrega este personaje ganará muchos enteros— (Paul Anderson), los  hermanos pequeños John (Joe Cole) y Finn (Alfie Evans-Meese).

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Así como la chica de la familia Ada, una magnífica (Sophie Rundle), que termina enamorándose del comunista de la ciudad, Freddie Thorne (Iddo Goldberg). Al igual que la enigmática cantante/camarera —convertida en espía— que se enamora de Thommy y viceversa: Grace (Annabelle Wallis), una atractiva joven enviada por Campbell para infiltrarse en el bar de Shelby y proveerle de toda la información que escuche. Obviamente, la serie ha ido de menos a más y todo el cambio ha llegado con la permuta del director Otto Bathurst Pues, se atisbaban algunos errores de encuadres y  una fotografía fallida, que desde la llegada de Tom Harper, ha hecho que todo el producto consiga ese plus de serie muy en la onda de drama histórico de gangsters (caso de la obra maestra “Boardwalk Empire”). Todavía sin alcanzar ese Nirvana de perfección. Así como un pequeño detalle, algo pejiguero, pero que pertenece a ese vademécum de las obras maestras. El famoso acento de Birmingham. Un deje inapreciable, pero muy significativo para belugas de la V.O. y conocedores de la lengua de Shakespeare. El acento de ciudades como Birmingham, Yorkshire o Liverpool es muy peculiar. Y que los creadores han pasado por alto. Por último, veremos los vericuetos de la banda irrumpiendo en el Londres criminal donde se nos brindará la oportunidad de encontrarnos con dos personajes fascinantes y que han hecho subir muchísimos enteros a la trama: los actores Tom Hardy interpretando al extravagante judío mafioso (Alfie Solomons).  Y en la orilla de enfrente, el italiano paranoico Darby Sabini (Noah Taylor). En definitiva, una segunda temporada recién acabada con un final fantástico, donde siguen brillando Murphy y McCrory. El oficio de ambos, hace de la serie un auténtico deleite para el espectador, que se enorgullece de la calidad del sello BBC. A la espera de la tercera y quién sabe si habrá cuarta. Los Peaky Blinders quieren reinar en el periodo de entreguerras donde el buen gusto impregnó al viejo Imperio británico. Después, sólo queda cantar “God save the Queen” y bendita BBC. Nota: 7,6

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2 comentarios

  1. Me encanta descubrir lectores y espectadores con buen gusto. Gracias Jon por compartir tu sabiduría sobre cine. No suelo ver series porque lleva demasiado tiempo y hay mucho que leer, pero en esta sale Tom Hardy. No me la puedo perder.
    Felicidades por el blog.
    Samantha Devin

    Responder
    • Muchas gracias, Samantha. El sentimiento es recíproco. Si puedes acércate a este serial, no lo lamentarás. Son seis capítulos por temporada y se ven de un tirón, con la garantia de la siempre eficiente BBC. La verdad, que lo de Tom Hardy es alucinante… Pienso que junto a Michael Fassbender el Reino Unido ha encontrado dos diamantes en bruto. Si puedes, en estos días de asueto, seguro que le encuentras un hueco. Los Peaky Blinders huelen a cine, pero hechos para la pequeña pantalla (recuerda que TH, aparece en la segunda entrega). Un abrazo, Jon

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