Better Call Saul 2015 ¿spin-off?

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La primera pregunta que me cuestiono es la siguiente: ¿Era necesario este Spin-off? Y la segunda; ¿Habría creado David Chase una precuela de los Soprano o David Simon con The Wire? Yo tengo mi tesis—discutible— pero es la cábala que más encaja en todo este affaire del nuevo hijo — geográficamente hablando— en el soleado Alburquerque del no muy lejano Breaking Bad. Pienso que la serie del arrogante profesor de química Mr. White y su destroyer alumno Mr. Pinkman es un producto —brutalmente— sobrevalorado. Yo mismo soy uno de los muchos cómplices, que me subí en el cómodo autobús de  halagos sobre esta serie. En mi otro blog, el IBP, la coloqué como la octava serie de la década del primer milenio. Ahora, a toro pasado, todos vamos de ventajistas. Pero es obvio que Breaking Bad tenía un envoltorio muy original, y tras esa capa de tafetán se escondía un melodrama apto para toda la familia con bol de palomitas incluido. Ahí va una de razones más simples que esgrimo: este año se ha estrenado una de las mejores series habidas en muchísimos años, The Knick. Estoy convencidos que los buenos paladares de esto de la ficción televisiva, habrán oído cosas de ella. Estoy convencido que el auténtico público de The Wire, Los Soprano o The Boss habrán disfrutado, como enanos en una gran bacanal, viendo la joya que ha dirigido  Steven Soderbergh para Cinemax, el satélite de HBO. No voy a ser yo— que no soy nadie— quien vaya a restarle credenciales y solvencia a Vince Gilligan (curtidísimo escritor de capítulos en expediente X, en sus tiempos mozos) hasta llegar su  momento y aprovecharlo, en un canal que está hambriento de propuestas a cualquier hora. Sabe que su serie entre pases, ventas de derechos a otras TV,s y el merchandising ha generado un buen Potosí. Luego, ¿por qué no crear al hijo gorrón? Junto a Peter Gould, medio en broma, medio en serio Better Call Saul lleva ya 5 capítulos desde su estreno.

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Todo el mundo tiene ese convencimiento tras el estreno del pulcrísimo y estilizado capítulo, en un inicial B/N, que nos recordaba a la comedia de Payne del año pasado, Nebraska; una delicia. Gracias, en gran parte, al actor Bob Odenkirk. BCS tiene conquistado a todo el mundo; críticos, actores, guionistas, anunciantes y cómo no a casi todo el público. La precuela de Breaking Bad, es más de lo mismo con unos personajes que repiten el esquema y éste, con el mando del Smart TV y sus multifunciones, como muy bien sabe Gilligan funciona de maravilla. Los paralelismos con los arranques son constantes, ya que BB comenzó a medio gas y a partir del  tercer  capítulo dio un pequeño arreón. Lo curioso  de  aquel producto, es  que tras cinco temporadas, no fue hasta la llegada de este magnífico personaje cuando inició un rumbo—digamos más atractivo— ya que la trama comenzó a quitarse gran parte del Nenuco (superficial) para echarse un buen chorretón de Varón Dandy. Es difícil decir esto, pues, seré uno de los pocos bichos raros, pero honesto a los que no nos termina de encajar el producto. Y es que el “bienintencionado” drama se parece más a una Sitcom, que en más de un momento, abusa del chiste fácil y la característica fotografía, grandilocuentemente, tediosa y ultracristalina. Una de las cosas que más me ha sorprendido; es saber que muchos de los los actores de la matriz BB, no veían la lógica de llevar a cabo esta precuela, la cual, todos siendo un poco retorcidos sabemos su final. Eso es más que obvio, Por no decir aquello que tanto le gustaba a la platea escuchar en el doblaje in Spanish del “empanao” Mr. Pinkman: Sr. White, qué pasote! Ahora necesitan volver a escuchar la voz divertida y grave de Odenkirk con su “si tienen problemas, mejor llame a Saul”. Cuando de sobra es sabido, que a la cadena de cable, AMC sólo le ha ido bien con Mad Men, Walking Dead (de la que ya está confirmado el spin que realizará el creador del comic original, Robert Kirkman) y Breaking Bad. El canal de cable que recibió como agua de mayo, el portazo en la cara de HBO a Weiner.

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y éste voló como Ali en Kinshasa ante Foreman, pues la ocasión la pintaban calva. Volviendo a Mr.Goodman/McGill (Bob Odenkirk) observamos en el episodio piloto a un tipo más envejecido, trabajando en un pizzería de un modo mincioso entre un montón de planos detalle. Posteriormente, cierra el garito y vuelve a su casa. Está en el solitario Noroeste, hace frío y la noche se presenta con una devastadora soledad, hasta que revolviendo en las cajas del armario trastero da con una obsoleta cinta VHS, donde aparecen sus famosos anuncios de “si tienes problemas: mejor llama a Saul.” El flashback nos retrotrae al pasado y un jovial Jimmy McGill, cuando el nombre de  Saul Goodman era una mera quimera. James McGill, como abogado, es el típico picapleitos de oficio que se encarga de llevar casos, de todos los pelajes que el estado de New Mexico le asigna por 700 dólares mensuales. Trabajando como  defensor público de oficio, ensaya sus conclusiones en el baño, aborda en los urinarios a los abogados de acusación y coloca las papeleras del WC como un figurado jurado a la hora de memorizar los alegatos. A veces salva a sus clientes, otras veces no, pero es implacable. Acosa a todo aquello que huela a toga, incluso, los jueces parecen ceder para librarse del personaje. Y cada vez que conduce desde el parking del Palacio de justicia, nunca tiene suficientes pegatinas de validación de horas, y se inventa una milonga para evitar el pago de la sanción, al flemático guardavallas. Jimmy/Saul todavía no sabe el nombre del tipo, pero lo decimos, ya que les resultará un personaje cercano: Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks), quien fue el Sr. Lobo de Saul en “Breaking Bad”. Intenta llegar a final de mes, mientras cuida puntualmente a su hermano Chuck (Michael McKean), un prestigioso abogado con una especio de trastorno obsesivo compulsivo, que ha decidido coger una excedencia laboral para recuperar su salud. Esto provoca un estado de contencioso con el bufete que representa, donde James/Saul tendrá que enfrentarse por la parte de cuota que le corresponde a su extravagante hermano. Bien, ¿no les va sonando el estribillo? Enfermedad, discapacidad, atmosfera de frikismo y algunas cositas muy consumidas por la caja catódica (el detalle de la oficina portatil, que tiene el amigo James en una habitación arrendada a una peluquería vietnamita, que es dormitorio, despacho y bar lounge de turno no tiene desperdicio, a pesar de estar demasido déjà vu) facilona tendencia a la risa fácil.

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Si a esto le añadimos sus primeros pinitos en el mundo de las estafas con dos auténticos “personajillos del monopatín” y su primer encontronazo con la mafia de los carteles mexicanos con zanja en desierto incluida. En fin, queridos amigos-as: esto es el nuevo Breaking Bad, a modo de nuevo parche del viejo Windonws XP. Pero profundicemos en otras subtramas interesantes; el caso de su hermano Chuck, el cual, parece más estable de lo que deja aparente en un primer visionado. Cuando nos da a enternder que es el McGill y a la postre deparará alguna divertida sorpresa con su discursos de pincipios morales y ecologistas, adenás, de velar por la buena conducta de James. Quiere ser algo así como lo fue el cuñado de la DEA de Mr. White en la clónica BB; personaje que da el “touch”, entre las preferencias del público. Yo sigo viendo a un gran actor con mucho oficio, dentro de un papel muy trillado y poco más. Al principio, la serie está más imbuida en la creación de personajes, que cualquier tipo de plan de ajuste en la propia continuidad o dinámica del ritmo narrativo. La verdad, es que no sé si seguiré aguantando el show o terminaré por finalizar la primera entrega para hacer un juicio más contundente. Valga la redundancia jurídica. Sigo creyendo que Better Call Saul no tiene que crear la mezcla particular que Breaking Bad hizo y reproduce del famoso producto que dejó mácula entre sus legiones de incondicionales; su arrogante pureza del 99 % de cristalizado azul. Empero, el cuento ya está en marcha y no me extrañaría que el duelo Goodman/ Heisenberg se derrumbe. ¿Quién sabe? Es pronto y seguro que me equivocaré. Tiempo al tiempo. Ya veremos, pues, el arranque fue uno de los mejores de historia del cable Made in Usa. Magníficamente, bien vendida como TV de qualité. Es más, en un agravio comparativo Breaking Bad era mejor show (a pesar de lo dicho y reafirmado, anteriormente). Sé que muchos estarán discrepando de mi lectura, que no se puede comparar un show con el otro. Lo siento pero me es imposible; separar el tomate de la anchoa. Al igual que “el pa amb tomaca” y una buena paella sin su garrofó de pedigrí. Siento no poder ser más generoso con el esperadísima serie del Sr. Gilligan, ya que como spin-off creía que iba a seguir otros derroteros, pero la tentación del camino fácil y rápido es demasiado goloso. A pesar de contener algunos elementos atractivos (los típicos puntazos de turno) y poco más. Me siento, más que decepcionado con el nuevo producto AMC. ¿Se imaginan un Spin Off de A dos metros bajo tierra”, a qué personaje hubieran elegido? Señorías, los muertos no hablan están en tierra sagrada, pues, han encontrado el Nirvana. Paso la palabra a Uds. Nota: 6,3

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