Ric Ocasek, The Cars, el larguírucho de Baltimore (In Memoriam)

Dicen que hay dos números fijos en tu vida. Uno el día de nacimiento y el otro el de tu muerte. Nadie sabe —a ciencia cierta— cuando va a ser. Pero es una obviedad que siempre está ahí desgraciadamente. Hoy hablo de ese número fatídico, el cual, ha sido para un músico al que admiraba en mi adolescencia. Si hablamos de Ric Ocasek, hablamos de mucha estatura rockandlorea y frescura musical, en los 80. Un ícono musical de esos tiempos mozos que sólo se dan una vez , en la vida. Esta madrugada del domingo peninsular —todavía resacoso por la tragedia de las inundaciones del temporal de la DANA— la NBC informaba del hallazgo de un varón que no respondía y no tenía signos de violencia. El familiar, confirmó que el muerto era Ric Ocasek, en la cama del dormitorio de su bungaló en NY. La causa real del fallecimiento, nos la darán los chicos del departamento forense, una vez sea haya realizado la autopsia de rigor. Un palo. Demasiado grande, pero también comprensible. Curiosamente, a Rick Ocasek se le adjuntan dos fechas de nacimiento; la primera es de 1944 y la segunda de 1949. Si nos guiamos, por la que toda la webesfera da como la auténtica, tenía 74 años. No está mal para un rockero de Baltimore que lo dio todo en la alocada década de los 80. Ric Ocasek (Richard Theodore Otcasek) era nativo de Baltimore y formó The Cars en Boston, actuando al lado de su inseparable compañero de banda Benjamin Orr. Se conocieron en Ohio y acabaron formando su primer proyecto, Milkwood. Comenzaron a trabajar en el circuito del Nordeste durante varios años, como teloneros de las bandas protopunk: The Stooges y MC5 a principios de los 70. Pero el capítulo del dueto Milkwood, entró en una fase de replanteamiento, de sus letras y nuevos sonidos apareció el guitarra solista Elliot Easton e iniciaron un periplo —ya convertidos en trío— como Captain Swing. El sonido de la banda despertó la curiosidad de algunos Djs. Empero, su sonido era demasiado bizarro para la propuesta del momento. Ric se hizo con un batería muy interesante, David Robinson y el teclista Greg Hawkes. Decididos a comenzar un nuevo itinerario como Modern Lovers. Una noche de copas (algo normal, en el flirteo de los inicios de toda banda) Robinson se le ocurrió el nombre de The Cars. Cuando, repentinamente, la banda en 1978 editaron su primera maqueta, la cual, a base de mucha argucia pudieron colocarla —en una de las estaciones de radio del Boston más irlandés y nuevaolero— de esa joya musical de “Just What I Needed”. No tardaron muchos día en estampar sus rubricas en el respetado sello Elektra, donde se unieron a una lista que incluía a Queen, Carly Simon, AC/DC y docenas de otros Rockeros de los 70 como Iggy Pop, Jackson Brown, David Gates o la propia Nico.

 

 

En 1980 My Best Friend’s Girl “y” Good Times Roll” lo petaron en el Billboard. En aquella América de pelos largos y pantalones elásticos de otra banda que lo reventaba, desde la Costa Oeste, los glammetaleros Mötley Crüe. Los pelazos y coletazos del hippismo y el nuevo metal se cubrían una frontera hacia el noroeste, donde los sonidos de Boston se llenaban de New Wave y PowerPop, condensando un sonido único y vanguardista perfecto para los tiempos en que la década se desvanecía ante el nuevo horizonte del hip hop y los ritmos noventeros. Ocasek escribió la mayoría de las canciones de la banda y fue su cantante principal, aunque Orr, en muchas ocasiones, cantaba la voz principal. Su popularidad continuó hasta mediados de la década de 1980, con éxitos como “Since You’re Gone”, “Magic” y “Tonight She Comes”. Su álbum de 1984 “Heart Break City” fue un gran éxito, y el vídeo del sencillo principal “You Might Think” se convirtió en el primer clip del año; en los primeros MTV Video Music Awards. Ric Ocasek era un tipo flacucho y escuálido de 193 centímetros. De melena corta, entre picos desgarbados y un tupé muy de la factoría de dibujos del pájaro loco. Solía comentar que su inspiración verdadera, la descubrió en Lou Reed, mientras se conducía un Chevy con hermosas mujeres de chaquetas con hombreras interminables, como un cantante de Rockabilly. Ocasek adulaba: las “botas nucleares” y los “ojos azules de gamuza” de una antigua llama en “My Best Friend’s Girl”. Para “Bye Bye Love”, Ocasek destacó una “medianoche ondulada” rica en “insinuaciones ocultas” y “sustitución, las masas llenas de confusión, nubes dentro de tu cabeza”. Letras que susurraban en el oído de todo el mundo.

Otra curiosidad, es aquella máxima de los feos ligan a espuertas…El discreto y magnánimo carisma de Ocasek fue tal que se casó con la supermodelo Paulina Porizkova en la cima de la fama para ambos, y al hacerlo, ofreció un camino a seguir para los cantantes, sin pretensiones, menos interesados en las bufonadas de pavo real versus Mick Jagger o Freddie Mercury. El cortejo con Paulina fue durante 1984, mientras filmaban el vídeo musical de la canción “Drive”. De aquel amor quedaron dos hijos y 28 años después, se acabó el amor y el pastel como dijo Carly Simon y se separaron en 2018, después de 28 años de matrimonio. Nunca tuvo la necesidad de agitarse como un loco, y mucho menos, mostrando una ceja arqueada, y un pequeño elegante movimiento de cadera, podían dejar a la platea alucinando con el personaje. Gracias a sus trabajos: toda una nueva ola de músicos inspirados por el movimiento punk británico y estadounidense en la corriente principal. Esperaban, ansiosos, saltar al escenario. Todavía quedaba la traca final, cuando The Cars fue multiplatino. Vendieron millones de copias para ser una banda de auténtico New Wave, allanando el camino a esos grupos que estaban sedientos como los B-52,s Devo y más tarde R.E.M. para saltar a las grandes discográficas. The Cars se disolvían en 1988 y Ric Ocasek grabó varios álbumes en solitario, con un éxito modesto. Cuando su viejo compañero de banda y bajista Benjamin Orr, enfermó, Ric quedó recubierto de una súbita tristeza, mucho mayor, cuando terminó sucumbiendo a la malignidad de la enfermedad en 2000, también desapareció cualquier esperanza de una reunión completa del grupo original. Pero, el tiempo, sigue su camino. Al igual que la vida y el ánimo personal. Siguió una carrera como productor de grupos tan interesantes, de la talla de los pioneros del synth-punk de Nueva York, Suicide.

Aunque fuera con los de la gran manzana un trabajo seminal. No fue el caso de Weezer, banda donde sí dejó su eterna mácula, incluido el icónico “Blue Album” de la banda, así como discos para los afro-punks, Bad Brains. Así como, Romeo Void, Guided by Voices y muchos más. Sin embargo, el aprecio por el oficio de Ocasek se extendió mucho más allá de la comunidad de artistas exitosos. Cuando los cuatro miembros supervivientes se reunieron para “Move Like This” en 2010, el álbum debutó en la lista de álbumes de Billboard en el número 7. Ocho años después, en 2018, en su tercera nominación, la banda fue elegida para entrar en el Salón de la Fama del Rock & Roll. La institución describió el atractivo de The Cars como: “un arpón inteligente, barnizado de unas sutiles armonias perfectamente combinadas de la New Wave y Classic Rock.” The Cars realizaron una mezcla de sus éxitos en la ceremonia de inducción del Rock Hall 2018. Ya en pleno escenario, a parte de la bromas de rigor, se sinceró con el respetable, comentando que daba las gracias a su abuela por “obligarme a cantar para sus amigos en el salón cuando tenía 5 años”. También le compró una guitarra en Sears & Roebuck cuando era un adolescente. “Entonces, un día escuché en la radio una canción llamada” That’ll Be The Day” de un tal Buddy Holly. A partir, de ese momento, comencé a tocar la guitarra con más ahínco. Durante la ceremonia de admisión de la banda, Ocasek, rindió un emocionado homenaje al compañero de banda Benjamin Orr. “Es bastante extraño estar aquí sin él”, dijo Ocasek en ese momento. En las redes sociales, fanáticos, compañeros y discípulos del genio de Baltimore no han parado de publicar tributos llenos de amor. Evidentemente, uno, no iba a perder la ocasión de rendir este pequeño homenaje a tan célebre rockero. Si tuviera que citar un epitafio. Posiblemente, el mejor sea el dedicado por el gran cantante de country Jason Isbell. Una palabras llenas de poesía y encanto. Al citar una de las mejores líneas de Ocasek, de “Just What I Needed”, donde tuiteo: “No importa dónde hayas estado, siempre que haya sido profundo”. Hoy en la red de Twitter tenemos un hashtag muy hermoso: hay una letra de #ricocasek para ti.” El último número de nuestras vidas siempre llega, cuando posiblemente menos lo esperamos. DEP, Ric

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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