The Underground Rairoad (2021) “Esclavos de los EE.UU”

Poco después de que Moonlight ganara los honores a la Mejor Película y el director Barry Jenkins ganase un Oscar al Mejor Guion Adaptado; Amazon Studios dio luz verde a una adaptación de la novela ganadora del Premio Pulitzer de Colson Whitehead The Underground Railroad. La aclamada novela, del extraordinario escritor, ganó Pulitzer y resto de los más prestigiosos premios literarios. Amén, de ser un betseller, recuerden Sres/as escritores que la buena prosa no está reñida con las superventas.  Obviamente, no hay duda que tan impresionante firmada por uno de los cineastas más inteligentes de su generación, ya está obteniendo el reconocimiento de la crítica audiovisual a esta maravillosa adaptación televisiva; que no es más, que eso, un film de 11 horas. Hay una frase desgarradora que leemos y escuchamos: “La plantación era una plantación” dixit: Colson Whitehead en  The Underground Railroad (2016) Finalista y ganadora del Pulitzer. “Uno podría pensar que las desgracias de uno son distintas, pero el verdadero horror reside en su universalidad”. Algo así como esa desolación que se convierte en un trauma infinito, extendido por los Estados Unidos, hacia atrás y hacia adelante a lo largo de la historia, y profundamente en las almas de los esclavos, algo que se manifiesta de manera más patente en la adaptación de 10 partes del libro, en una dirección pluscuamperfecta y cristalina de la implacable y expansiva historia que deja para la historia Barry Jenkins. The Underground Railroad es una historia cruda e inquietante que reinventa la red titular de rutas de escape para esclavos durante la Guerra Civil; como un ferrocarril real construido bajo las plantaciones de algodón y tabaco. Todo el paisaje de los Estados Unidos son túneles de agonía y esperanza hacía el norte. A pesar de ese giro histórico alternativo de la historia, en The Underground Railroad, Jenkins consigue hacer de unas representaciones brutalmente honestas de la esclavitud, puesta en el ojo de nuestros hogares en 4K, para hacer del infierno y la mugre pura poesía, en forma, de una hermosura psicodélica de hermoso terror por la supervivencia y la tenacidad.

Para aquellos que no están familiarizados con la novela, The Underground Railroad sigue a Cora Randall (Thuso Mbedu) mientras escapa de Georgia junto a Caesar (Aaron Pierre). Usando el ferrocarril titular, la pareja se abre camino hacia la libertad, solo que cada una de las paradas en su odisea cambian de idílica a pesadilla. Constantemente mirando por encima del hombro al pertinaz cazador de esclavos Ridgeway (Joel Edgerton), Cora es testigo y soporta un racismo desgarrador que va desde el abuso verbal y físico hasta un trauma psicológico diferente a todo lo que se muestra en la pantalla en representaciones similares del Antebellum Sur. Esta historia es la definición de la épica y, al mismo tiempo, se clasifica como una de las series más desafiantes de la memoria reciente. Esta es un producto difícil de ver, pero una experiencia vital que ningún espectador olvidará fácilmente. Una de las primeras escenas muestra una muerte desde la perspectiva de la víctima y me persigue mucho después de haber visto la serie. Hay al menos una de esas escenas en cada episodio, a veces múltiples, que pueden que sus estómagos se pongan del revés. Aunque, dudo que los lectores de estos lares, les afecte pocas cosas, de carácter deleznable y terrorífico que no veamos todos los días en un telediario. No obstante, un escalofrío a modo de sarpullido suele venir de vez, en cuando, la escena te llega a el alma. A veces, Jenkins retrocede y muestra misericordia y, en otras escenas, nos vemos obligados a aguantar hasta el final. Las actuaciones principales de Thuso Mbedu (Cora) y Joel Edgerton (El cazarecompensas Ridgeway) son representaciones que definen su carrera. Un australiano que es actor, productor y guionista. En su tierra, todo un orgullo entre el resto de ese granero de portentosos actores. Aquí da vida a un personaje, que ya es un antes y un después, en sus agitada carrera.

El oscuro cazarecompenzas Arnold Ridgeway que huye de la decepción paternal, ya que es hijo de un hombre de convicciones antiesclavista. Viaja en una carreta como Caronte en su barca, acompañado por un ataviado niño negro, Homer (Chase Dillon, que carrera le espera a esta criatura), su fiel y demoníaco  asistente.  El caso de Thuso Mbedu, actriz sudafricana, tras ser seleccionada por un exigente Ben Jenkins, está comenzando una nueva carrera por Hollywood. Por Dios! Bendito debut como actriz en la Meca del cine, la verdad que su interpretación enamora. Tiene talento a raudales, por los cuatro costados. Definir a un personaje tan torturado sería una prueba de resistencia incluso para el actor más experimentado, pero Mbedu aporta fuerza a su actuación que seguramente le otorgará papeles importantes en el futuro. Por otro lado, Joel Edgerton ha demostrado una y otra vez ser un personaje capaz de interpretar a protagonistas —del lado más puro— de la ley a despreciables villanos. La madre, Mabel, es un símbolo de libertad en la plantación. La única esclava que se escurrió de las garras del cazador que interpreta un impresionante Joel Edgerton, A medida que avanzaba la serie, a menudo, te preguntas si había una simpatía subyacente por Ridgeway. Sin embargo, un episodio a través de un esclarecedor flashback arroja la suficiente luz, del porqué, se convirtió en un cazador de esclavos. Les hemos dado unas buenas pistas, unas letras antes. Algo que les dejará muy claro, que clase de tipo es y la maldad que acumula semejante hombre. La dinámica entre Mbedu y Edgerton tiene un punto culminante de toda la historia y difícilmente, no es fácil de olvidar. Incluso cuando Cora encuentra refugio (y amor) en una granja propiedad de negros, una comunidad rebosante de cuidado, arte y comodidad; sus cicatrices emocionales y físicas resurgen. Como un conductor de ferrocarril, el cual, advierte tanto a ella, como a su compañero, Caesar (Aaron Pierre), sobre su viaje al norte, les irá mostrando “el verdadero rostro de América”, y Cora ve el espectro de lo que dejó atrás una y otra vez.

Este es un mundo, después de todo, donde los logros negros, ejemplificados por el ferrocarril que lleva a Cora de Georgia a Indiana, solo pueden prosperar cuando están escondidos debajo de la tierra. El horror se filtra discretamente a lo largo de las páginas de la novela de C. Whitehead, y las brutalidades más impactantes van y vienen tan suavemente, a veces en el espacio de media oración. Aquí no es así: el episodio de apertura es un montaje gráfico de asalto y destrucción de cuerpos negros, un paisaje de terror de violencia que se siente presente en cada escena que sigue. No importa a dónde vaya Cora o quién la acompañe; Huir es una opción, pero escapar, escapar a un lugar seguro, escapar de la memoria, escapar de la necesidad de seguir escapando, es imposible. El elenco de actores y actrices de reparto es una delicia de rostros muy reconocidos y enorme talento: Damon Herriman (Justified y Quarry), William Jackson Harper (The Good Place), Lily Rabe (American Horror Story y The Undoing), Fred Hechinger (News of the World), Jeff Pope (Hap&Leonard y Mindhunter) Peter Mullan (Ozark, Westworld), Will Poulter (The Revenant, Detroit Midsommar), Benjamin Walker (Jessica Jones y Traitors) ,Megan Boone (The Blacklist y Blue Bloods) y muchos más. El talento aquí es asombroso y Barry Jenkins pone a todo el repertorio en el escurridor. Maticemos, en torno, a la adaptación. Jenkins ha llevada a cabo, una inversión —sui generis— inspiradora en Ridgeway (Joel Edgerton), el cazador de esclavos que no pudo encontrar a la madre de Cora, Mabel (Sheila Atim), hace tantos años. Su gran fracaso como cazador de esclavos. Dejándolo furiosamente obsesionado con la recaptura de Cora.

Mientras que la novela busca algunas páginas sobre la juventud de Ridgeway, Jenkins, concede a esta historia de fondo un episodio lánguido completo que parece intentar humanizar al cazador de esclavos o, al menos, sondear los orígenes de su inhumanidad. Ojalá pudiera profundizar más en la trama de esta serie, pero revelar algo (aquellos que no hayan leído la novela) sería un flaco favor para el espectador, ver del modo, que se desarrolla esta historia. El ferrocarril subterráneo podría convertirse fácilmente en una dramatización definitiva del gran hematoma en la historia de Estados Unidos que es la esclavitud y con razón. Barry Jenkins retrata ambos lados de la división de manera elocuente mientras muestra con firmeza el mal que los hombres se hicieron unos a otros en nombre de la supremacía. En su vuelo desde la plantación de Georgia de la que su madre desapareció años antes, se le pide a Cora Randall (Thuso Mbedu) que comparta la historia de su dolor. En la versión de la historia de Whitehead, el ferrocarril no es una metáfora, sino un sistema de transporte subterráneo real con jefes de estación, conductores y locomotoras. Algunas con ventanas, cortinas y vino a bordo. Puede parecer surrealista. Aunque piensen Uds. ¿Cuantas veces, la realidad nos ha brindado tantas dosis de surrealismo? Cada parada representa una nueva esperanza y un espacio de testimonio. En cada estado que Cora desembarca, en lugar de deshacerse de su terrorífica historia. No ella, toma partido, por contarlo, dando voz a dónde ha estado mientras se enfrenta a la larga sombra de la esclavitud retorcida en nuevas formas: los eugenistas sonrientes que se alegran de enseñarle a leer, o los fanáticos religiosos (Lily Rabe) ansiosa por salvar el alma de la mujer atrapada a su cuidado mientras los vecinos ejecutan a una mujer negra en la plaza pública, como a un cerdo en tiempo de matanza. Jenkins frecuentemente enmarca a sus personajes con una luz cegadora, el sol quema a través del plano, oscureciendo a los actores, en lugar de iluminarlos.

Y la impresionante geografía que captura la cámara, a veces actúa como esa luz cegadora, atrayendo el enfoque hacia sí misma en lugar de dirigirse a los personajes. Es en esos raros momentos de alegría —que Cora llega a experimentar— cuando la actuación de Mbedu es más meticulosa. Cuando Cora sonríe, se relaja, incluso se ríe, se transforma, pero hay una tristeza estremecedora en sus ojos que nunca se disipa del todo. Y como hemos visto lo que ella ve, sentimos el trasfondo abrasador de su historia y podemos entender el significado de su mirada: está atrapada en el equilibrio entre la promesa de un futuro en paz y la certeza de que el pasado no la abandonará, solo. En la serie de Jenkins, el trauma se vuelve tangible. Empero, Jenkins, en lugar de tratar de capturar cinematográficamente esa sensación de densas perspectivas que se enfocan, se soslaya en la dirección opuesta, favoreciendo un modo abstracto de la narración con perspectivas borrosas y persistentes. Planos amplios y prolongados de cuadros en la distancia que hacen imposible identificar a los personajes. Y momentos, donde el movimiento de la cámara se vuelve lenta, al acercamiento de los detalles que no necesariamente revelan su significado. Todo ello obra, de su operador de fotografía, el enorme James Laxton De todas las pistas musicales, parece correcto que el “Clair de Lune”, esencialmente impresionista, suene durante una ensoñación tan desorientadora. Absolutamente, estamos delante de un trabajo visual tan rotundamente logrado que me siento mal porque la belleza de The Underground Railroad está intrínsecamente ligada al horror de la historia. Es poco probable que veas algo más este año que se quede contigo, como esta serie se quedó conmigo.

El ferrocarril subterráneo es una obra maestra absoluta. Lo dicho, no se pierdan ni un solo momento mientras la serie pasa de un episodio a otro, cada uno de las cuales, marcan aproximadamente una hora cuasi exacta. Desde los crudos rótulos de títulos de apertura hasta la música anacrónica que se reproduce durante los créditos finales, cada decisión aquí es intencional y se adapta perfectamente al material. Una obra necesaria para los tiempos que nos están tocando vivir, gobernados por la violencia, la ruindad, y la repetición de la infamia. Mr. Bezos ha dado con la piedra de toque, que sirve de estímulo redentor, ante un proceso de catarsis de la vieja obra de Raíces de Alex Haley, un elaboradísimo bestseller, de la década de mediados de 1970. Desmembraba el movimiento genealógico de infinidad de memorándums de investigadores universitarios, donde AH invirtió años en trazar un árbol ascendente del primer afroamericano hasta llegar al continente africano en 1750. Revisionismos y estilos literarios a un lado. Es evidente, que en Underground Railroad no se volverá a ver aquel Hit, capaz de concentrar —delante de pequeña pantalla— a más de 80 millones de espectadores y unos 100, en su capítulo final. Se imaginan, algo así con el trabajo de Jenkins. Seguramente, BJ, estaría ojiplático con mi aseveración. Sin embargo, la obligación de recordar las miserias más enquistadas en la vileza humana; sigue siendo una asignatura pendiente. A pesar de los años y décadas de toda esta herejía cometida, en nombre de Dios. La espera, de un nuevo tiempo, donde era posible realizar anuncios de Benetton sin preguntarse por la condición racial. Se puede pasar página, pero con respeto por la memoria, no con revanchismo. Y reitero, lo dicho.  Los esclavos de EE.UU son muchos millones de jóvenes y mayores afroamericanos que contribuyen al bienestar de una nación ejemplo de libertad y derechos humanos. A pesar de todos esos, que ya conocemos de sobra en negarlo todo e incendiar la convivencia. Nota: 8,2

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