The North Water (2021): “La naturaleza del mal”

He de reconocer que a lo largo de mi vida, la mayor parte de la literatura que me ha hecho vibrar y entusiasmarme de ella, procede, de un siglo fascinante, llamado XIX. Herman Melville, Charles Dickens, William M. Thackeray, Julio Verne, Nathaniel Hawthorne, Joseph Conrad o Robert Louis Stevenson. Por citar, a bote pronto, los que me vienen a la memoria. Después, nos encontramos con una de las grandes incógnitas que tienen —a una gran parte— de la humanidad fascinada: ¿Por qué nos encantan las epopeyas históricas marinas brutalmente sombrías, especialmente en las latitudes extremas, en las que capitanes paranoicos, con una gran barba, cubiertos de escarcha y moquillo escarchado, miran con tristeza los páramos helados e insisten en que su barco puede ir un poco más lejos sin quedar atrapado en el hielo? Pero, yo aún voy más allá ¿Por qué me estremezco de alegría ante el espeluznante sonido del hielo aplastando el casco de madera de una goleta? No lo sé. ¿Por qué me cautiva la vista de hombres apiñados con raciones menguantes y una severa congelación luchando por sobrevivir mientras llegan las tormentas polares y osos con sus dientes afilados y esa piel tan nívea, un tiempo donde eran los reyes del hielo? Todavía recuerdo la locura por ese documental de Ernest Shackleton, The Endurance 2000 (y la serie posterior de Kenneth Branagh que contó la misma historia, Shackleton 2002), y tengo agradables recuerdos, de películas tan variadas como Master and Commander 2003, Down to the Sea in Ships (1954),  Billy Budd (1962), o The Last Place on Earth (1985) y por supuesto The Terror 2018. Me pongo muy eléctrico. Mis recuerdos de la primera temporada de esta última, miniserie, espléndidamente aterradora de AMC, son especialmente frescos, pues, apenas han pasado tres años. Sería la última vez que zarpé felizmente con un grupo de actores británicos e irlandeses que estaban todos condenados a una muerte gélida. Impresionante y magistral producción del maestro Ridley Scott. Por aquí dejamos buena muestra de la prosa, de quien, está llevado de la mano tal entusiasmo, ya que dábamos por perdido este 2021. Sin embargo esta nueva serie británico/norteamericana; es implacable y brutal. Los productores de The North Water querían rodar escenas en aguas al estilo ártico, querían hacerlo bien. Entonces dispararon a 81 grados de latitud norte y el arpón sobre el trozo de hielo pululaba por allí. La BBC afirma que este es el norte más al norte que se haya filmado jamás. Diríamos que las condiciones de filmación han sido duras es quedarse corto. Pero los resultados visuales son asombrosos. ¿La historia coincide con las imágenes? The North Water (2021) de Andrew Haigh es la historia de dos hombres que son prácticamente de especies diferentes y cómo chocan entre sí en medio de la nada. La adaptación de Haigh de la aclamada novela de Ian McGuire ha sido uno de los estrenos más reconfortantes que nos ha brindado la bendita BBC2 y la colaboración de AMC+, en este caluroso verano. The North Water es una experiencia violenta y despiadada, tan cubierta de hielo que podría usarse para refrescarse este verano. Piensen que estábamos en plena canícula hace una semana.

A veces, el intenso realismo de la serie puede ser casi abrumador, pero ciertamente, nunca es aburrido, y es una indicación más que este director tiene duende; “Lean on Pete” (2017) “Looking: The Movie” (2016) para HBO y “45 years” (2016). Es un artesano del más alto nivel. Un cineasta con criterio y enorme talento. El primer plano sobre fondo negro que vemos ante nuestro ojos, en un fondo negro, es una cita de Arthur Schopenhauer: “el mundo es un infierno y los hombres almas atormentadas por los demonios de su interior.” Así, nos aventuramos en la zona portuaria de Hull (UK). The North Water es la historia de un hombre de ciencia que se encuentra con un hombre que está más cerca del pensamiento de un neandertal (posiblemente, el neandertal más inteligente de su especie). El protagonista de este viaje al fin del mundo es un ex cirujano del ejército, Jack O’Connell (Dr. Patrick Sumner , Godless, Seberg, Little Fish o Jungleland), hombre de gran intelecto y uso valores morales. No es su mejor momento, y termina aceptando, el contrato que se le brinda en “The Volunteer”(un ballenero) para atender a los hombres, dentro de un barco ballenero, a la espera de zapar hacía el Ártico. Decididamente, no todo va bien en The Volunteer, en el viejo barco. Y el Dr. Patrick Sumner nos descubre su adicción por el opio, en forma, de láudano clínico (todos tenemos demonios del pasado, que gestionamos diariamente, algunos son difíciles de tramitar). Durante su estancia en el ejército británico, por las hermosas y aventureras tierras de Kipling recibió un disparo en la pierna y se vio a envuelto en una refriega donde varios soldados terminaron muertos. Bien, luego, esta esa bestia de individuo, el coprotagonista de esta historia. La presencia de un arponero llamado Henry Drax (Farrell), que es un bruto sociópata. Cuando sube a bordo, el capitán Brownlee (Stephen Graham) habla de las experiencias de Patrick Sumner como cirujano del ejército en la India; Lo que Brownlee acepta de buen grado. Después, están esos pecados veniales a los que todo humano son devotos de alguna forma. En el caso del capitán, es una fuerte sobredosis de codicia y avaricia. Brownlee tiene un plan para hundir el barco, cuando estén lo más al norte posible y cobrar el dinero del seguro, ya que el arisco armador y propietario del viejo velero el aristocrático Lord Baxter (Tom Courtenay) es un tipo que con los dineros no se anda muy generoso. El negocio marcha exiguo y le sugiere a Brownlee que podría recibir una parte del dinero de la póliza del naufragio. Siempre que todo salga como han quedado. Lo peor de todo es que este viaje, el resto de marineros, saben muy poco del viaje que van a llevar a cabo. Se van a acercan a los meandros de la locura y lo más nauseabundo del corazón humano. Una expedición de tipos forjados en la caza de ballenas, focas, leones marinos y demás fauna ártica. En una época donde el imperialismo y el capitalismo iniciaban su festín, puede tener sus escollos. Más cuando, llevas abordo a un par de tipos que se las tienen tiesas desde el primer momento.

También hay acento irlandés y canciones populares de viejos lobos de mar para aumentar el ambiente literario. Lo más esencial para conseguir la atracción visual de The North Water; es cuánto Haigh deja abierta a la interpretación la propia historia. Este relato no es la simple confrontación del bien contra el mal. Es uno que coloca a dos hombres muy diferentes en un espacio confinado y luego observa lo que sucede, pero lo refrescante es cuánto Haigh permite que los temas de la historia emerjan de manera orgánica, sin subrayarlos ni resaltarlos para facilitar la digestión. Hay cuestiones de religión, clase, discriminación, poder, masculinidad y más que se abren camino a través de esta historia, pero Haigh evita convertir a sus personajes en portavoces o sus temas en puntos de conversación evidentes. Nunca le habla mal a su audiencia, esperando que emprendan este viaje violento y permitiendo que los espectadores consideren a sus personajes y sus acciones sin tomarse la justicia de la fuerza de la mano. En ocasiones, este enfoque resultará demasiado insatisfactorio para algunos espectadores y, a medida que la desolación de “The North Water” se vuelva más agotadora, algunos se preguntarán si tanta veracidad histórica destruyó el valor del entretenimiento. Toda la serie se resume en 5 episodios de 60´; que tienen nombres muy sui generis. Desde el primero: “Behold the man”, donde se atisba todo el grueso de la historia. El segundo: “We men are wretcher things” que es donde se observa el leitmotiv del negocio que hay detrás. Nosotros los hombres somos cosas miserables (a los humanos nos encanta destruir) La escena de la caza de ballenas puede hacer que el espectador se sienta incómodo. Ese tipo de fastidio es un dilema. Hacerlo o no hacerlo, si hacerlo o no, es una gran pregunta. El director Haigh le sobra valentía y sabe rodar con contundencia. Hay quienes le critican que hubiera sido necesario rodar con todo ese realismo. El mismísimo Colin Farrell se oponía a realizar la secuencia, a pesar de la utilización de atrezzo y simulación digital. La caza de ballenas tiene una componenda muy desalmada, porque las ballenas no son peces. Y los mamíferos temen a la muerte cuando lloran. La sangre y la brecha de tamaño entre humanos  ballenas, las pequeñas peleas están condenadas a sufrir tortura lentamente, lo que hace que la caza de ballenas sea un acto bárbaro. El tercer episodio se titula; “Homo Homini Lupus” y el cuarto, “The Devils of the Earth” y el quinto concluyente: “To Live Is to Suffer”. Narrada en esos cinco actos. Se podría decir que hablamos de los cinco elementos de la naturaleza. Empero, detrás de ese poder, de la barbarie, estaba la civilización; las necesidades industriales y las carestías del propio sustento de la gente. Las ballenas tienen un valor agregado extremadamente alto y la industria ballenera nació a lo largo de los puertos más allende del Reino Unido y países con aguas territoriales cercanas al Ártico: Canadá, Groenlandia/Dinamarca, Japón, Rusia o EE.UU. Desde Hull (ciudad, donde nació el escritor Ian McGuire) hasta el último reducto de las islas escocesas del norte.

El primero lidiando con un trauma, pero que aún valora el conocimiento. La visión empírica del entendimiento y la humanidad. El segundo, es un hombre, mejor dicho un psicópata, que, es absolutamente indiferente a las consideraciones éticas o morales de cualquier índole: la bestia del arpón, Henry Drax (Colin Farrell), de quien se podría decir cortésmente que vive sólo en el momento. El concepto de arrepentimiento o  culpa son contrarios a su forma de entender la vida. Su modus vivendi se resume en una cuestión que asevera, cuando intentan indagar, en su interior: ¿por qué un encuentro es más importante que otro?  ¿Por qué una elección es más valiosa que la primera o la siguiente? Y, sin embargo, Farrell y Haigh nunca sucumben al retratar a Drax como una especie de genio amoral. Es simplemente un oportunista y ninguna oportunidad está fuera de discusión. Cuando se trata de la actuación, Farrell, (este actor que se encuentra, en plena madurez interpretativa, te llega muy hondo, ya sea en el registro más inimaginable que pudiera uno elegir, Windows 2018, The Killing of a Sacred Deer 2017, True Detective 2015 o Voyagers 2021) quien, entendió completamente la tarea aquí, nunca fue una víctima más, de un paisaje mordaz y, a veces, parecía casi irreconocible en la piel de este vil personaje. (Su notable rango siempre ha sido subestimado). Muy cercano al Robert de Niro (Max Cady) del remake de Scorsese en el Cabo del Miedo 1991, pero más sangriento. No solo, no hay líneas, que este bruto, no cruce. Henry Drax —reitero— ni siquiera las entiende. Ni las quiere ver, a pesar de su ferocidad y embrutecimiento; podría decirse que camina por encima del bien y del mal. Henry Drax es un alma miserable y asesina capaz de cualquier forma de depravación. Si no hubiera logrado encontrar un trabajo en particular en el que se le da bien, que no es otro que la matanza autorizada, Drax seguramente solo bebería y violaría hasta que finalmente alguien más rudo y duro lo sacrificaría. Una vez que Drax se entera de algunos de los secretos del Dr. O´Connell, conspira con el primer oficial Cavendish (Sam Spruell,  Starred Up 2013, The Bastard Executioner 2015, Outlaw King 2018 y Small Axe 2020) para hacer cosas terribles y traicioneras. Desde los primeros minutos, del inicio de toda esta epopeya, en la taberna, cuando organiza una pelea rastrera y acaba noqueando al Dr. O´Connell. Él, en compañía de la rata del oficial Cavendish rebuscan entre las pertenencias más íntimas del nuevo invitado a bordo; el exquisito y educado, cirujano. Empero, no existe en su mundo; una pequeña cuña de hielo que derrita honestidad. Básicamente, considera que toda moralidad es arbitraria, como se refleja en una de las muchas grandes líneas de los guiones de Haigh: “La ley es solo un nombre que le dan a lo que ciertos hombres prefieren”. Por otro lado, O’Connell toma lo que podría haber sido un hombre heterosexual al villano de Farrell y lo hace más complejo. Andrew Haigh es un director fantástico de actores, y estructura un gran trabajo, con todo el elenco de “The North Water”. Incluidos no solo los dos protagonistas, sino también Sam Spruell, Stephen Graham, Tom Courtenay,  Roland Møller, Gary Lamont, Peter Mullan, y resto del reparto, caso del joven, Philip Hill-Pearson, extraordinaria interpretación. El éxito de “The North Water” viene de esa representación del duro entorno al que se enfrenta la caza de ballenas en el mar, y describe la muerte y el renacimiento de las personas en profundidad, especialmente el nivel psicológico de conciencia.

Así es como los individuos y los grupos tienen diferentes ideas, mientras no esté seguro de lo que está haciendo, es fácil sentirse absorbido por el grupo. En el invierno del Océano Ártico, hay capas de viento y escarcha, y el cuerpo se pone cada vez más rígido. ¿Saben cómo se respira en un hábitat de -40 grados? ¿Saben la cantidad de humedad que hay en el polo norte? ¿Saben cómo se queda la madera a esas temperaturas? Sí, lo saben porque lo han leído. Escuchamos:“¿Por qué vine a este lugar?” El pobre médico del barco estaba enojado, asustado, se negó a admitir la derrota y no quería morir así. Pero él quiso competir contra el Leviatán Drax. ¿Por qué bajo del barco en el tempano de hielo cazo focas con un pico de hierro? Que así sea, sigue llorando, me temo que hasta mis propios ecos se congelan, ahí solo hay soledad. Sin opio que pueda paliar la pena y el dolor. Ahora esas adicciones y aflicciones, se han convertido en necesidad vital: el hambre. En lugar de ser valiente, es mejor decir que no te importa nada: no hay pensamientos y desesperación. Habiendo dicho eso, parece que se ha visto al oso polar gigante. ¿Estará hambriento o huele la carne congelada humana? Hay ecos de Iñárritu, muchas vísceras y sangre. Un mundo de placenta y calor. El blanco se convierte en rojo sangriento. En el fondo The North Water ve al Dr. Patrick Sumner  y al Sr. Drax de Farrell en una intrigante dinámica de Jekyll & Hyde, para terminar huyendo, de Stevenson y acabar en esas letras de reclamo del aventurero Ernest Shackleton: cuando reclutó a 27 hombres a bordo del Endurance. Durante diez meses, navegaron a la deriva entre los hielos del mar de Weddell (Océano Antártico). Y posterior naufragio. No solo provoca una colisión inevitable, sino que también nos permite establecer contrastes y comparaciones, reconociendo que solo están separados por sombras. Yo diría que cuando camino solo por el frío, la blancura extrema también puede ser una especie de negrura. Algo así como una cultura de la conciencia del sufrimiento. The North Water (2021) es  claustrofóbica, demente, asfixiante y fascinante. Una serie en la que siempre estás sintiendo como el peligro estuviera en peligro. No es lo que podría llamarse escapismo, pero hay mucho de eso en la televisión. En cambio, ésta, es una ambiciosa producción fruto de la adaptación de un fantástico libro a la ficción. Andrew Haigh posee todos los componentes psicológicos y humanistas necesarios para dilucidar la naturaleza del bien y del mal, incluidos todos los matices intermedios. En definitiva, una historia no tanto de redención sino de pura supervivencia. Lo primero puede ser lo que la gente busca a menudo, pero lo segundo es lo que a menudo se ven reducidos a encontrar; la enésima inmersión vigorizante en la inhumanidad que se quedará contigo, después de que largo tiempo de visionado: los demonios de hielo reales mutilan el corazón de las personas. Nota: 8,6

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