Chapelwaite (2021), “la resurrección de Brody por la gracia de King”

Chapelwaite es la enésima revisión  basada en el relato corto de terror Jerusalem´s Lot. Una historia de 1978 de Stephen King, el veterano monarca del género fantástico de los Estados Unidos. Como la mayoría de los bestsellers, King es un escritor tan brillante, como irregular. No obstante, ello no ha impedido que sus libros se conviertan en un manantial interminable de rodajes para Hollywood, ya sea en formato cine o TV. Algunas de ellas tan buenas como Carrie (1976) o The Shining (1980). Aunque King encontró su primera inspiración en las obras de Lovecraft, nunca ha igualado la habilidad del anterior, como maestro del llamado: cuento extraño. Donde Lovecraft creó todo un mito de lo sobrenatural, King nos da una visión cuasi cómic entre vampiros, demonios, fantasmas y gremlins de la cultura pop. Irónicamente, cuando se trata de adaptaciones a la pantalla, la superficialidad puede ser una ventaja. Nunca he visto una traducción cinematográfica exitosa de Lovecraft, pero las historias de King le permiten a un cineasta experto un amplio margen de maniobra. Todo lo contrario, de otro de sus referentes en su escritura, el ínclito Edgar Allan Poe.

Esto parece ser cierto en Chapelwaite, una antología virtual de clichés góticos ambientada en la década de 1850, que resultó ser mucho más atractiva de lo que había anticipado. Gran parte del mérito debe recaer en la música, de un brillante Mark Koven, la hermosa fotografía de David Greene y Miroslaw Baszak o la dirección artística de Mike Ryan Hall; que han creado una atmósfera de presagio. Hay una sensación tenue, pálida y mugrienta en la aldea de Preachers Corners —a modo de remanso— del otoñal Maine. La mansión vieja y espeluznante en la que tiene lugar la mayor parte de la acción es tan lúgubre como una mina de carbón. Los bosques circundantes son adecuadamente claustrofóbicos. Los creadores de Chapelwaite, los hermanos, Jason y Peter Filardi demuestran ser muy competentes en estas áreas, al menos hasta el final del quinto episodio, que fue hasta donde he podido llegar. En esta entrega, la tentadora sensación de misterio que había sido tan bien sostenida se rompe con algunas revelaciones sorprendentes. Ahora que el elemento sobrenatural se ha movido a toda velocidad, hay muchas posibilidades, en que la atmósfera sutil, dé paso a una procesión de tropos de películas de terror de serie B.

Quisiera estar equivocado y el paso de los capítulos, me lo refute. Por supuesto, también es muy divertido ver al veterano del género Julian Richings aparecer como el supuestamente muerto tío Phillip Boone. Otra virtud inusual de la serie es la moderación narrativa, que puede estar en función del formato. Cuando los cineastas necesitan meter todo en una hora y media, se cortan muchas esquinas. Dado el lujo, por parte de Epix, en la concesión de diez episodios de 50 minutos, el problema se invierte. Ahora la responsabilidad está en construir la historia, desarrollar los personajes y establecer un sentido de lugar. El trabajo de la cámara permanece restringido y sencillo; En un panorama televisivo de terror tan saturado de elegantes programas respaldados por Ryan Murphy, los colores apagados y el tono sombrío de Chapelwaite es gratificante. El universo extendido de American Horror Story rebosa de horror corporal, pero sucede muy a menudo, eso de los golpes sonoros de gritos y sustos. Aquí, estamos, delante de su antítesis, pues, un susurro genera más pavor e inquietud que la cascabelería de los Murphy&asociados.

La maldición de Boone y la amenaza que se cierne sobre toda la ciudad, pone la piel de gallina y la mente del mismo cariz. Un acto mundano como afeitarse termina convirtiéndose en una pesadilla sangrienta. Esta es serie, en la que hay múltiples instancias, algunas exitosas, otras frustradas, de pura ficción. La enfermedad real y una condición de la variedad más disimulada se entremezclan y se superponen. Hay poca ligereza y pocas oportunidades para retroceder, cuando sus personajes entran en una rutina constante y cansada. Uno no podría pedir una apertura más apasionante para una serie mientras vemos al joven Charles Boone siendo atacado por su propio padre, quien tiene la intención de asesinar a su familia en un arrebato de rabia psicótica. Habiendo escapado de este destino, Charles reaparece 33 años después, como el capitán de un barco ballenero: entregando a su difunta esposa a las olas en presencia de sus tres hijos. Adrien Brody vuelve la mirada preocupada y angustiada que usará durante el resto de la serie. Su comportamiento y su voz dolorosamente constreñida dan la impresión de un hombre que lucha por mantener el control.

Estamos cerca de aquel Adrien Brody, derrumbado y asolado, de la gloria de aquel actor que interpretó de forma pluscuamperfecta al genial pianista Władysław Szpilman, del inefable, Roman Polanski. Por fortuna, para los muchos incondicionales de este actor, parece volver de un viaje por auténticos espantos del streaming del todo a 100. Aquí, AB, nuestro protagonista es un tipo muy fuerte, en diferentes vertientes. Retratando a Charles como el tipo de hombre melancólico que se encuentra a menudo en los cuentos góticos, pero también aportando una capa de fatiga al personaje que lo hace profundamente humano y falible. Así como al padre ermitaño, viudo de tres hijos. Hay cierta aura de relato al maestro Poe. La sensación de impotencia, esa, donde no siempre puede proteger intachablemente a sus hijos. Es fuerte pero no indestructible. Durante uno de los diversos clímax; es Rebecca quien tiene que salvarlo. Brody hace de Charles un personaje fácil de animar, pero también parece, no muy diferente de la casa, deteriorado y descorchado, por todas partes.

Emily Hampshire es una curiosa elección de reparto como Rebecca Morgan, la institutriz que Charles la contrata para ayudar con los niños. Las escenas entre Rebecca y Charles se retrasan, y su cariño mutuo, se siente como una ocurrencia tardía; la tensión que surge cuando los niños descubren que ella tiene motivos ocultos para mudarse, por intereses muy particulares, a las tierras de Chapelwaite. Un pueblo maldito que tiene una cantidad moderada de sangre y las cosas espeluznantes alucinantes con puertas y escaleras, pero el aspecto más inquietante es la confusión dentro de la mente de Charles. No sería un cuento propiamente gótico, si los Boone no estuvieran trabajando bajo una maldición, o si Charles no oscilase al borde de la locura. Como en todas las mejores películas de terror, lo que no vemos es más sugerente que cualquier cosa que aparezca en la pantalla. Chapelwaite es una serie formada por numerosos factores, algunos de ellos tangibles, otros menos.

A medida que poco a poco sale a la luz información sobre la familia Boone, un aire de presentimiento se adueña del marco. Las puertas del sótano están cerradas, algo se desliza detrás de las paredes y Charles Boone se arrastra lentamente hacia la locura. Sin embargo, el melodrama y un mínimo de hechizo sobrenatural, mantienen a raya debido a un elenco actoral brillante. Michael Hough aporta un toque vengativo al empleado del aserradero Daniel Thompson, mientras que Steven McCarthy resulta aterrador como Stephen Boone. Los hermanos Filardi, showrunners de la serie, no parecen decidir en qué siglo debería actuar como si viviera (el personaje pasa de manera impredecible de la autoafirmación segura a la pasividad). Sin embargo, Christopher Heyerdahl (y sus tratamientos de maquillaje de aspecto malvado) son de los más espeluznantes y dejando un claro homenaje al gran Klaus Kinski; como el monstruoso Jakub. Aunque algunos estarán en desacuerdo con el ritmo de esta historia de origen, eso que llaman “mal de la lentitud y las nuevas generaciones taquicárdicas.”

No se puede negar que la paciencia es recompensada. Una vez que todo se va al infierno en una carreta del molino, Chapelwaite no pierde el tiempo en abrazar esos elementos más oscuros. Al diablo con los modales, el decoro y eso de las convenciones sociales, ya que las figuras de pavor explotan con gusto. Esto es algo escalofriante que nunca se siente como una serie de terror normal, sino que esconde algo mucho más serio; Los dedos están continuamente apuntando y la ignorancia de los desinformados que se hace mucho más tangible. El programa nunca pierde su ritmo o sentido de intriga. Hasta que la profesión de los vampiros más distópicos intentaran atraer a las  almas más puras con la promesa de que nunca tendrán que experimentar la muerte. Algo que golpeará en Chapelwaite, del mismo modo, que lo hace una estaca en todos los corazones de aquellos que opten por esta serie de terror tan bien hecha. La vieja Chapelwaite parece caer ante la perversión de los demonios. Pero su fe es inquebrantable y alejada de tentaciones. Nota:7,6

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