Foundation (2021) “El legado de Asimov en AppleTV”

Las adaptaciones de enormes sagas de ciencia ficción “plaisir de dieu”, como los eclipses, llegan una vez cada tantos años o siglos. Este otoño no solo se produce tal acontecimiento, sino que se repiten más de lo habitual, llegando a darse de bruces entre ellos. Desde el nuevo remake de la obra del genial Frank Herbert, y su Lynchnniana Dune, de la mano del chico querido de Hollywood: el canadiense Dennis Villenenue. A este advenimiento mediático aparece el pater familias de la Sci-fi, por antonomasia, el inefable Isaac Asimov y su obra de culto: Foundation. Una antología completa de 16 libros de relatos —que se inician a finales de la II GM— y llegan en una segunda parte a la década de los 80. Toda una serie de libros —sui generis— del público amante del género de la Ciencia ficción. No hay que ser un gran Séneca, para darse cuenta que  las mayores influencias del profesor Xabier, en X-Man, de Marvel Comics, vienen de un Sr. de origen ruso. La saga de Lucas y su Guerra de las Galaxias, fetén. De la mítica Galactica, a la adorada Expanse, opus, del escritor James S. Corey —que terminó agenciada— a golpe de talonario por Mr. Bezos o muchas de las obras de algunos de sus autores más incondicionales, caso del soberbio Philip K Dick.  Todos ellos han mamado la teta de Asimov y su Foundation. Lo cual,  es un reto de los que hace, a uno, ponerse las mejores galas para ver un espectáculo; que no tiene nada que anhelar a muchos de los shows mencionados anteriormente.

La síntesis de Foundation sería algo así como: la saga milenaria de la decadencia de un imperio, después de que el académico Hari Seldon, dotado en números pero sin tacto, compartiera su predicción (basada en una fórmula matemática denominada psicohistoria), en la cual, el imperio está a punto de explosionar. Su caída es ineludible y obviamente, lo que está en juego, no es moco de pavo. Cuando le dice al emperador del planeta Trantor, el cual, está más que furioso. Viene a ser; si el caos sin ley que sigue durará, apenas, mil años o 30.000, una conversación que se desarrolla tan bien como la primera reunión informativa de  aquellas en Moncloa entre el gurú Iván Redondo y Pedro Sánchez en abril sobre la elecciones de la capital del reino Madrid. Y el altanero Sánchez cogió una diarrea Ayusina. Y esta coña tiene su razón de ser, ya que aquí hay una cantidad de replicantes y sintéticos llenos de muchísima ironía. El imperio que se gobierna desde la vanguardista, cosmopolita y tirana Trantor. Sufre un atentado, que provoca la destrucción de gran estación/terminal espacial que conecta con el resto de planetas súbditos del poderío de Imperio. Vemos a kilómetros de distancia, en las alturas, la llamada, The Starbridge, que se convierte en añicos y la muerte de 100 millones de ciudadanos e infinidad de heridos en Trantor. Los acontecimientos toman un rumbo inesperado.

El golpe sobre la metrópolis, provoca la ira de los gobernantes de Imperio, después de una pantomima de juicio deciden la ejecución del Dr. Hari Seldon y sus más cercanos discípulos. Sin embargo, Imperio, temiendo un recrudecimiento del caos, más allá de toda la galaxia y el fin, de la dictadura; cambia la pena de muerte por la del destierro. Eso de ejecutar a un mártir, para convertirlo en un mito: no es lo más aconsejable en los exquisitos salones de palacio. Hari, y su equipo de mentes, brillantes inician una diáspora al territorio más recóndito de la galaxia, en unas lanzaderas a velocidad de Adsl. Sin posibilidad de salto al hiperespacio. Algo que se convertirá en un viaje de casi 30 años.  El planeta Terminus está en gran parte deshabitado llamado y no se conocen recursos alimenticios. De ahí, que la expedición, sean una caravana de varias naves con todo tipo de abastecimientos para llevar allí su proyecto Foundation: una especie de guía de aprendizaje para que la próxima civilización pueda reconstruirse; sin tener que empezar completamente desde cero. Hari liderará el camino, con la lógica y el intelecto como luz guía. En lugar de seguir la palabra de un dios, sigue la ciencia. Hari sigue un plan oculto que se irá desmembrando, a medida, que vayan llegando los nuevos capítulos y conflictos: que harán de esta historia una gran epopeya. Pensemos que la historia de Asimov se extiende a lo largo de mil años. Y partiendo que la misma, de por sí, tiene una estructura permanente y presente, gracias a un elenco constantemente renovado; siempre ha sido, un obstáculo demasiado grande para su explosión audiovisual. Estamos en 2021 y en la ficción televisiva han ocurrido muchas cosas.

Tantas que el mismísimo Asimov sería uno de los grandes showrunners de este momento. Incluso habrían más que euros por sus servicios.Bien, pues, llegó el día, en que el guionista, David S. Goyer y Josh Friedman han sido capaces de dibujar todo esa laboriosa arquitectura y el único que se lo presentó a Apple como un millar de personajes. Haciendo todo lo posible para darle a la obra maestra fría y sin emociones de Asimov un lado más humano. Poniendo el punto de vista, en un grupo central de personajes, y usando una variedad de dispositivos, tanto narrativos como estructurales, para mantenerlos en la pantalla mucho más allá de su alcance mortal. Estos son los interpretes intocables de Foundation (2021). El Dr. Seldon Hari que interpreta el británico (Jared Harris), hijo del legendario Richard Harris y la profesión la lleva en su ADN. De un modo académico y  extraordinario. Luego, está la niña  prodigio del lejano planeta del agua y condenada hereje de las matemáticas: Gaal Dornick (Lou Llobell) todo un descubrimiento como actriz y la misteriosa guardiana Salvor Hardin (Leah Harvey) en el planeta Terminus, un lujo de intérprete. Los más convincentes, sin embargo, son el joven Cassian Bilton, un británico de 20 años como Brother Dawan (y todo un futuro en esta profesión). Otro actor es el caso de Lee Pace, actor cuasi desconocido, como Brother Day.

Ahora a los 42 años descubrimos un portento físico de 196cm y gran fuerza interpretativa, magnética, que recuerda por momentos, a aquel joven Clive Owen, hoy perdido entre bolos de serie B. Terrence Mann, un veterano actor norteamericano, que ha hecho de todo, en mil repartos, es Brother Dusk. Todos ellos clones perfectos y descendientes del primer Emperador, Cleon I. Ellos son puros productos de la clonación genética, este triunvirato definido como «Imperio» funcionarían, a grosso modo, como el hermano Dawn, un bisoño inexperto. Brother Day, el gobernante de facto; y el hermano Dusk, el asesor/consejero anciano. Además de ser el primero que se convierte gradualmente en el segundo en un ciclo interminable que permite al Emperador, en el último acto de narcisismo, ser simultáneamente su propio padre y su hijo. Padre y Espíritu Santo, no soy muy devoto de la fe católica, pero la cosa suena a eso. Además, de la sirvienta de Cleon, Demerzel (Laura Birn), una bellísima finlandesa que en su país es una actriz todoterreno y aquí, come pantalla, cada vez que aparece y ejecuta una interpretación de premio. Es un robot que tiene miles de años y un vestuario, con toques de menina, que hace de ella un personaje entre Velázquez y Carroll.

Junto a la sueca Rebbeca Ferguson son las dos actrices nórdicas con mayor futuro en la nueva década de este Hollywood del S.XXI. Lee Pace (Brother Day) vestido con una armadura azul escarabajo, aporta aplomo y humanidad al imperio menguante. Proporcionando un contrafuerte perfecto y volátil del estoicamente práctico Dr. Seldon de Harris, al tiempo que coloca una cara consistente en el imperio en el corazón de la historia. Hay momentos en que las teorías revolucionarias de Seldon funcionan como un MathGuffin, incluso a pesar de las primeras discusiones sobre problemas teóricos sin resolver y los méritos de diferentes sistemas numéricos. Aun así, es la idea más convincente tanto en el mundo de la serie como en la propia «Fundación», en parte porque parece que existe fuera del circuito de retroalimentación de género que la influencia titánica del trabajo de Asimov ayudó a generar en primer lugar. Incluso si la premisa central de la serie no se había inclinado, este siempre iba a ser un espectáculo enraizado en cuestiones de libre albedrío, autonomía y obligación colectiva, que se propagan a lo largo de la vasta bibliografía del autor. Cuando «Foundation» se asienta en ese núcleo y logra que las discusiones sobre esas preguntas sean más intuitivas que didácticas, es estimulante ver que tantos componentes funcionan en conjunto.

El objetivo declarado de Seldon no es crear un mundo nuevo a su imagen y semejanza, sino ser el baluarte institucional e informativo de la humanidad contra un imperio en declive. No se trata de crear una réplica, sino de tomar elementos, los cuales, valgan la pena guardar y utilizarlos como núcleo de algo singular y duradero. La Fundación a veces no alcanza esa misma ambición elevada, pero hay más que suficiente aquí para convertirlo en un universo; que vale la pena ocupar más allá de este vistazo inicial de una temporada. Esa es solo una fracción del programa de múltiples tramas. Otra de las heroínas de esta serie es la emocional de Salvor Hardin (Leah Harvey), un soldado y líder de Terminus, desde una línea de tiempo futura. Posiblemente, uno de los personajes más Asimovnianos del show. La sensación del halo Shakespeariano se inyecta en otras áreas de su narrativa, y acabará por dejarte boquiabierto cada vez que comiences a sentirte cómodo con, lo del ¿cómo va? Y eso, señoras y señores, es señal de una televisión apasionante. Con suerte, se mantiene en ese camino y continúa haciendo grandes preguntas existenciales, expandiendo su mundo y devolviendo a sus personajes complejos a rincones desafiantes. Esta gran serie, cuenta con un presupuesto, que avergonzaría a la mayoría de los éxitos del género en cualquier taquilla, del centro comercial, de turno. Foundation (2021) puede ser a día de hoy el programa más lujoso de la televisión, combinando un diseño de producción fascinante. De impresionantes sesiones de rodaje, en Islandia, Berlín y las Islas Canarias que dan a los mundos dispares; lo más cercano a una pantalla verde de realismo táctil.

En una sala de cine la gente alucinaría con su audio y diseño de producción. Foundation (2021) no es para los pusilánimes, ni principiantes en este mundo de la Sci-fi.  La generosa porción de alta costura de ciencia ficción pura, como el agua cristalina de las montañas noruegas —hace cosquillas al intelecto con conceptos tanto filosóficos como profundos— uno que salta rutinariamente de un lado a otro, a través de décadas y, a veces, siglos. La visión de Goyer para Foundation es una adaptación de ocho series, y la perspectiva de un hilo de 80 horas que abarque una época no será del gusto de todos. Se ve en tal aseveración que Goyer que se curtió trabajando en la trilogía de Nolan —está diciendo que tiene material para competir con los 72 capítulos de GOT— pero toda la obra de Foundation es mucha tela que atender. Aquí se la está jugando su nuevo y flamante fichaje ex CeoHBO, Richard Plepler, que tiene necesidad de nuevos contenidos creativos para los dueños del holding de Cupertino. Siempre quedarán los buenos consejos de uno de los grandes accionistas del canal, el ínclito Steven Spielberg. Fundación es una empresa asombrosamente audaz, ágil y atractiva, incluso para aquellos que no están familiarizados con el trabajo que la inspiró un tal Asimov. Ya saben, que la memoria tiende a ser frágil. Ese espectador se sentará delante de su enorme pantalla de Oled y se deslumbrará por el sentimiento que mana de todo el espectáculo, pues, a día de hoy no hay programa con mayores pretensión y ambición en la parrillas televisivas de la competencia del streaming. El viaje sólo acaba de comenzar, luego abróchense los cinturones que comienza la gesta del legado de rey de la Sci-fi. Nota:7,6

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