Dopesick (2021) «Oxycotin el caramelo Sackler»

La crisis de los opioides ha sido un tema de discusión durante tanto tiempo que ahora permanece en un segundo plano, especialmente, a raíz de la pandemia de Covid y desde el principio del nuevo milenio, como un mal asociado a los daños colaterales de los conflictos bélicos que se estreno el siglo XXI. La vieja guerra contra Irak (iniciada por Bush padre, en los 90) y la de su hijo BushJr., tras el 11S trajo un nuevo fenómeno a la compleja y delicada sociedad norteamericana. Desde finales de los 90 hasta hoy noviembre de 2021: millones de norteamericanos son adictos a algún opioide, pero nada tan adictivo como el conocido OxyCotin. En nuestro país Oxicodona, con una regulación muy estricta y muy delicadamente tratada— en las unidades del dolor. Palabra de enfermo con dolor neuropático, reitero, es una putada. Pero vayamos a la serie que nos presenta la plataforma Hulu. Aquí, en España dependiendo de unos shows, distribuida por HBO y en el caso, que nos atañe, por la nueva de los superhéroes Disney +: serie de ocho capítulos de una hora de duración «Dopesick»(2021). Está basada en el libro “Dopesick: Dealers, Doctors, and the Drug Company that Addicted America” de la periodista Beth Marcy, el cual, dada su trascendencia y valor ético, merece un extenso tratamiento televisivo. Cada episodio traza hábilmente cómo la ambición corporativa llevó al desarrollo de OxyContin y luego se convirtió en una ola más amplia de adicción. El producto cuenta con un elenco de actores y actrices de lo más atractivo del panorama audiovisual norteamericano. Haciendo un seguimiento, esencial, a diferentes personajes: Richard Sackler (Michael Stuhlbarg), quien dirigió, el desarrollo del proceso de marketing rabioso de OxyContin, en Purdue Pharma. Un médico Sammuel Finnix (Michael Keaton) que desciende de prescriptor a adicto a las adoradas pastillas. A ello, le sumamos, un representante de medicamentos , joven y con ambición, algo cauteloso (Will Poulter); una joven minera de carbón Betsie Mallum (Kaitlyn Dever) atrapada en un círculo vicioso de infierno de opioides; y dos empleados federales (Peter Sarsgaard y Rosario Dawson) tratando de derribar la máquina Sackler.

La primera es la historia del Dr. Samuel Finnix, interpretada, por Michael Keaton, con encomiable falta de ostentación y elevado continente de calidad humana. Finnix es un médico devoto, de sus pacientes, en un pequeño pueblo minero de los Apalaches. Un objetivo al que Purdue señala— como parte de su misión, para superar la resistencia de los médicos a recetar opioides, de cara, a un uso a largo plazo, aún sabiendo de la peligrosidad de sus cualidades adictivas, muy bien documentadas, como todo derivado de la morfina. Billy Cutler (Will Poulter) el joven representante de ventas de Purdue, lo convence con un apoteósico entusiasmo, al bueno de Sam Finnix, con la intención de comenzar a prescribir el nuevo medicamento en algunos pacientes. Betsy Mallum (Kaitlyn Dever), que trabaja en las minas junto a su padre, recibe un golpe muy serio en su espalda tras una caída de escombros y piedras. El golpe, se convierte en una lesión, crónica de espalda. No es el primer derrumbe dentro de los túneles de las mina. Tampoco puede permitirse el lujo de faltar al trabajo, especialmente, porque ella y su novia están ahorrando para comenzar una nueva vida en una ciudad más acogedora y tolerante. A medida que se vuelve dependiente de las pastillas OxyContin; su historia irá combinando las circunstancias de pobreza, la mala suerte y el sentido de esperanza que convirtieron para esas ciudades, en la zona cero de una epidemia tan explosiva; que virtualmente se avivaría en todos los EE.UU. Casi las primeras palabras que Finnix dice en la pantalla son en una audiencia en 2005, hablando de sus pacientes: «No puedo creer cuántos de ellos están muertos ahora». El segundo aspecto se refiere a los esfuerzos legales para perseguir a Purdue y sus propietarios, la familia Sackler. Peter Sarsgaard y John Hoogenakker interpretan a dos figuras de la vida real, los fiscales federales adjuntos Rick Mountcastle y Randy Ramseyer, respectivamente, que finalmente entablaron una demanda contra la empresa.

Gracias, al trabajo de ambos, y el carácter inquebrantable de la subdirectora de la Administración para el Control de Drogas (DEA) Bridget Meyer (Rosario Dawson) llegamos a comprender la naturaleza peligrosamente porosa de la frontera entre el trabajo público y privado. El espectáculo es desigual, y, a veces, casi demasiado desgarrador para verlo, pero en sus mejores momentos; transmite el dolor y los estragos causados por la imprudencia y la codicia corporativas. Permitiendo, por ejemplo, a la alimentación y Los reguladores de la Administración de Drogas (FDA) dejen el empleo en el gobierno para trabajar para las personas que anteriormente habían estado regulando de manera perniciosa el ámbito privado. También vemos cómo la estrategia de marketing de Purdue cambió las actitudes hacia el dolor y el manejo del dolor entre el público en general y la profesión médica, y apreciamos el masaje intelectual y la abrogación total de la verdad y la responsabilidad necesarios para crear un mercado para OxyContin en primer lugar. La tercera línea se centra en los Sackler, específicamente Richard (Michael Stuhlbarg), el motor principal detrás de su panacea: OxyContin.  Sólo un pensamiento, único y obsesivo —que se admisible para un uso más amplio con el fin de reemplazar una patente lucrativa en poder de la compañía— que está a punto de agotarse.

Aprende una lección del libro de jugadas de su tío Arthur, a quien el gigante farmacéutico Roche le encargó en la década de 1960 que desarrollara una campaña de marketing para su medicamento contra la ansiedad, el archiconocido, Valium. Muy a pesar, que sus efectos, son prácticamente los mismos, que los de otro de sus productos: caso de Librium y similares. Arthur inventó la idea de «tensión psíquica» como una condición específica de Valium, y el resto es una historia cargada de diazepam a tutiplén. En el caso de Richard, el opioide oxicodona, recibe una capa de liberación lenta que supuestamente proporcionará 12 horas de alivio sin un subidón, y, en consecuencia, evitará la adicción y el abuso. Garantizando a los estadounidenses —que están ante la prueba reveladora— de una visión de un mundo sin dolor. ¡Y por qué no! Debe estar bien porque la FDA lo ha etiquetado como seguro para un uso moderado del dolor. El jefe que lo hiciera iría un año después a trabajar en Purdue por 400.000 dólares al año. Cuando queda demostrado que los efectos no duran 12 horas, el malestar de los pacientes se rebautiza como «dolor irruptivo» y la solución promocionada por los fabricantes es duplicar la dosis. En un tobogán de comprimidos que van de 10mg a 120mg.

Obviamente, pasan demasiadas cosas en Dopesick. Los hilos se estiran y se extienden en lugar de entrelazarse entre sí, y su estructura, saltando hacia adelante y hacia atrás, a través de las diferentes líneas de tiempo, disipando tanto el sentido narrativo como el impulso argumentativo. El resultado es una serie mucho más enredada de lo necesario. Cuanto más familiarizado esté con la historia de Sackler y la crisis de los opioides, más sacará de ella, que no es el ideal dramático. Pero los puntos principales y la indignación están claros y todo aquel que conecté con el show comenzará a encabronarse con los dueños de la farmacéutica que creo el icónico opioide. Betsy no solo se vuelve adicta, sino que también lo hace Finnix cuando prueba la droga maravillosa después de un accidente automovilístico repentino. La serie se convierte en un contraste desgarrador entre el mundo corporativo sagaz y ávido de dinero que vende la «Oxy» y las vidas de personas como Betsy, que ve como su presente/futuro es un montón de cristales rotos: rompe con su novia y se sumerge en el inframundo local de traficantes y adictos. De una manera aún más sorprendente es la transformación de Finnix, interpretado por Keaton como un hombre cálido y amable apto para la vida rural reducido a un desastre debido a su adicción.

Comienza la serie, como la idea de todos de un médico respetable, de un pueblo pequeño y cerca del final está destrozando sus muebles en busca de un alijo oculto de píldoras. Además de estos investigadores de la vida real, la serie entrelaza una serie de personajes ficticios que representan diferentes lados de la historia de OxyContin, el más complejo de los cuales es el auténtico médico terrenal de Michael Keaton. Bendito Keaton, que está a sus 66 años en un momento de madurez interpretativa, inmensa y pletórica. Es una de las mejores vistas en este 2021. El énfasis en la vida individual de las personas y la variedad de actores talentosos a bordo significa que el programa tiene un impacto incluso cuando la narración se vuelve un poco sobredimensionado por el exceso de información. Quizás se experimente mejor como una pieza complementaria del documental condenatorio sobre el mismo tema, El crimen del siglo (2021) de Alex Gibney. La verdadera historia de cómo la gigantesca compañía farmacéutica Purdue estuvo en el centro de la crisis de los analgésicos recetados con opioides en Estados Unidos, contada a través de las experiencias de quienes se volvieron adictos a su revolucionario medicamento OxyContin, quienes lo crearon y comercializaron, y los investigadores que expuso sus peligros letales.

James Comey (Adam Fristoe), famoso director del FBI en la era Trump, aparece en el episodio dos de Dopesick, cuando, como entonces fiscal general adjunto, convoca a dos fiscales que investigan a la gran corporación farmacéutica Purdue en 2005, para preguntarles ¿por qué andáis  obsesionados con la pista  de «el pollo». Resulta que Comey estaba confundiendo a la empresa de procesamiento de aves de corral Perdue, deletreada con una «e», con el fabricante de medicamentos opioides Purdue. Es un raro momento, cómico, cuasi hilarante, incluso ridículo. Pero algo propio de la ficción. En su mayor parte, todo el relato es tremendo, sombrío, sórdido y escandaloso. También ayuda al ritmo cautivador que entre la lista de directores de la serie hay un maestro como Barry Levinson y un talento agudo y sutil como el de Michael Cuesta. Algo que genera fascinación por la horrenda codicia corporativa. Afortunadamente, los fiscales Rick Mountcastle (Peter Sarsgaard) y Randy Ramseyer (John Hoogenakker) continuaron su persecución de Purdue, y sus investigaciones forman la línea más urgente de la extensa narrativa de Dopesick.

Esta serie te hará enojar y sentirte muy impotente (por lo menos, en mi caso). Dopesick” se ubica junto a la absorción de crónicas narcóticas como Traffic (2000), donde todos los personajes y escenarios se vinculan en una idea más amplia. El creador Danny Strong de «Empire». Probablemente ya estaba enojado por el problema de Oxycontin, en el que la compañía Purdue Pharma, dirigida por la familia Sackler, extremadamente rica, vendía el opioide como un analgésico no adictivo cuando, de hecho, era altamente adictivo. Desde finales de los 90 hasta los 2000, la adicción a Oxycontin devastó comunidades enteras, convirtiéndolas en el epicentro de una crisis de opioides que aún hoy continúa. Pero debido a que la droga era tan adictiva, y Purdue la comercializaba sin piedad, Purdue Pharma ganó miles de millones con ella. Para algunos-as, es una historia simple de personas que se enganchan a las pastillas. No es tan sencilla y burda la propuesta. Aborda el alcance mismo de cómo comenzó la crisis y quiénes fueron los protagonistas clave, sin dejar de dar espacio al trágico sufrimiento humano a su paso. Como muchas historias sobre el tráfico de drogas, este es un informe de un crimen que involucra a cárteles y traficantes. Sin embargo, a diferencia del drama criminal estándar verdadero, el cartel es una corporación masiva y los traficantes son sus representantes de ventas. Medio millón de estadounidenses han muerto a causa de la crisis de los opioides. Purdue recibió el año pasado un plan de quiebra que protegerá la riqueza de los Sackler e incluso proporcionará inmunidad legal. Quizás un programa como este sea el único juicio real posible en un mundo gobernado por tan espurios y deleznables intereses. Nota: 7,8

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