Pistol (2022) ¿Anarquía en el Reino Unido? El legado del Punk por Danny Boyle

Los años 70 tanto en el Reino Unido como en Estados Unidos fueron una extraña época de transición repletas de tragedias descarnadas; de imperios masivos a punto de entrar en la era hipercapitalista. Sin embargo, la música estaba en una de sus cumbres, la invasión musical británica en USA fue un éxito y la retroalimentación norteamericana que fagocitó el reino de las islas todo un beneficio mutuo. Posiblemente, llegó el tiempo de las melenas y los pantacas pata de elefante y la sinfonización del Rock. Curiosamente, existe una razón por la cual el cine estadounidense alcanzó su punto máximo, con obras maestras como The GoodFather (1972) de gran Coppola, La Naranja Mecánica Kubrick (1971), Perros de Paja (1971) Peckinpah o Malas Tierras (1973) del imprevisible Malick. En esa era y poco después se hundió, en los llamativos mínimos, de Tiburón (1975) y Star Wars (1977); esto fue, en términos generales, la muerte del individuo frente al capitalismo devorador, y la música punk fue una expresión inarticulada pero muy poderosa de los jóvenes que lo vieron venir. Puede que lo odiaran, empero solo pudieron expresar su dolor con rabia. El dinero era tan adictivo como un casoplón de la extrema izquierda milénica en la piel de toro. Algo que pasa y seguirá pasando. ¿Quién no ha sido joven y ha soñado con ser una estrella del Rock? La educación de Jones estuvo muy lejos de ser agradable, él y su madre sufrían abusos constantes por parte de su cruel padrastro; un frustrado alcohólico. Margaret Thatcher fue designada por el gobierno de Edward Heath Ministra de Educación desde 1970 a 1974. A partir de ese momento, los chavales de primaria vieron suprimido su vaso de leche, a media mañana. Soplaban nuevos tiempos, ya que en 1979, esa misma dama se convirtió en la todopoderosa primera ministra de UK. La competencia económica, por encima de todas la prebendas, en lugar de la igualdad de oportunidades y la cohesión social. El sistema educativo inglés debía basarse, para los thatcherianos, en la idea de efectividad y eficiencia dejando la equidad para un segundo término; si molestaba para la consecución de esos principios. La guía que dirigió la transformación fue el concepto del nuevo mercado. SJ entraba y salía de los centros de detención juvenil y era analfabeto. El último sueño de Jones en la vida, era ser una estrella de rock de la talla del ínclito David Bowie.

De repente, entran las cortinillas de show de FX Pistol (2022). El director de fotografía Anthony Dod Mantle, consigue ese efecto asombroso, del aspecto aburrido y cutre del Londres de mediados a finales de los años 70, todos los grises, verdes y marrones desgastados que hacen que los colores brillantes de La moda de Vivienne Westwood y el brillo diurno de los diseños gráficos de Jamie Reid para los Pistols resaltan aún más. La energía de la serie y la música de la banda adquieren un poder adicional a través del trabajo de edición de Jon Harris, quien trabaja intensamente en imágenes de época de trabajadores de las cuencas mineras de Yorkshire, en huelga, colas de parados en las grandes ciudades, inflación descontrolada, un Londres que tenía aspecto de vertedero: ¿y cómo no? el Jubileo de Plata de Isabel II. Volvemos al atormentado Jones y sus ilusiones frustradas. Comienza saliendo con micrófono, en ristre, mesa de mezclas y una Gibson Les Paul 1974 del Hammersmith Odeon, donde Bowie (no queda muy claro si los acontecimientos fueron así, si se constata los robos a Bob Marley y Roxy Music) dejó su carmín en la rejilla del micro. Lame el micro y comienza a aporrear la maravillosa Les Paul que se ha apalancado. La guitarra eléctrica comienza a producir una relativa fascinación al ignoto de SJ. Pero Jones se da cuenta que él y sus compañeros nunca podrán ser auténticas superestrellas sexys como los Beatles. En ese instante, se percata que él y sus colegas representan a la clase obrera de Inglaterra, que no se ve ni se preocupa por ellos. La serie de FX y que distribuirá la plataforma Disney+ en España ha sido —digámosle—  semiautorizada.  Basada en la autobiografía del guitarrista Steve Jones, y su memorias “Lonely Boy”(2017) «Historias de un Sex Pistol» escrito por Ben Thompson (aunque, ha tenido que vérselas con la resistencia del cantante del mítico grupo, John Lydon, ya que no estaba de acuerdo, en nada con este proyecto, ya que se ha sentido vilipendiado). El episodio piloto y a la postre, número uno, se puede ver demasiado familiar en su ejecución. Su creador y guionista de la serie, es Craig Pearce.

Obviamente parece tener mucha pasión por el tema, sin embargo, el diálogo y la narración de dicha presentación se ven algo agotados y demasiado formulados. Afortunadamente, a medida que avanza la serie, Pearce parece encontrar un ritmo que funciona para contar la historia de los Sex Pistols. Graig Pearce está acostumbrado a escribir para directores maximalistas o demasiado impulsados por la pomposidad y el barroquismo, del estilo excesivo, como Baz Luhrmann. Después de trabajar con el archipremiado e ícono, del cine británico de los últimos 20 años, Danny Boyle, dicho por él mismo, ha sido una combinación pluscuamperfecta. Un cineasta como Boyle, a menudo, puede tomar historias que le resultan familiares y darles un impulso de su propia visión que ayuda al material a encontrar su voz y ese fue especialmente el caso con Pistol (2022). Si bien algunos ex miembros de la banda pueden estar descontentos con Pistol, es probable que sea para mejor. El estilo y el talento siguen ahí, pero hay una honestidad oculta en la serie que la hace digna de ver y que incluso los que no son fanáticos de los Sex Pistols podrían disfrutar. Muchos se preguntarán: ¿y qué demonios significaba toda esa historia del Punk? Desde un prisma, más visceral, esto funciona. La historia de Sex Pistols y ¿Cómo unos músicos —de un talento tan nulo y mediocre— lograron cautivar, emocionar y horrorizar a toda una nación? Poniendo en marcha, el movimiento punk de la nación del té a las 17,00h: es fascinante por sí sola, especialmente, cuando se considera que solo estaban juntos inicialmente. Durante tres años, los herederos, de lo que sonaba en aquel tugurio de NY, en el viejo Lower East, el mítico CBGB, donde New York Dolls, Television, Ramones, The Voidoids o Patti Smith crean el puto Punk. Empero sus hijos después de la vomitona son los Sex Pistols. De ahí, que la serie Pistol (2022) de FX, sea una historia de estilo, actitud y rebelión percibida en lugar de habilidad musical y, por lo tanto, encaja cómodamente en el modo narrativo de Boyle. Toby Wallace, ejerce como el motor de combustión interna, tiene una especie de encanto desaliñado, casi violento, y visualmente la miniserie es una delicia; Boyle es un maestro en capturar los amplios panoramas de un clima cultural de corta duración, y siempre se ha destacado especialmente cuando la pobreza social es uno de los temas destacados, resultado, quizás, el propio origen inglés de clase trabajadora. A medida que van pasando los capítulos, se irán cobrando algunos pequeños botines muy exquisitos. La obtención de pequeños escalofríos de satisfacción.

Entre los primeros, obtienes a la gran Chrissie Hynde, más tarde le llegó la fama de Pretenders, Siouxsie e incluso Billy Idol. Luego llegarán los críticos que quieren comportarse como sociólogos del periodo y no saben dónde está Re en un mástil de una Fender. O los que no han pisado un universidad, en su divina vida, y criticarán a Pistol 2022, de un modo, dolorosamente obvio; «como un jugueteo superficial. Los personajes son en su mayoría unidimensionales, y nunca parece comprometerse o incluso comprender completamente las fuerzas que impulsan esta extraña revolución en la cultura británica.» Bien, pues, allá con su cantinela… En lugar de una verdadera introspección, tenemos a Thomas Brodie-Sangster como Malcolm McClaren. Brodie-Sangster, mejor conocido por los estadounidenses por su papel en The Queen’s Gambit (2020) y como Jojen Reed en GOT(2011), es un excelente actor al que se le ha encomendado la poco envidiable tarea de Pistol (2022) de plantear el tema una y otra y otra vez. Escena tras escena, la misma monserga: los Sex Pistols son muchachos furiosos y rabiosos de clase trabajadora sin esperanza, sin futuro, simplemente empeñados en el caos y la destrucción, y a la cuarta o quinta vez que lo escuchas, te preguntas si tal vez esto debería haber sido mostrado estéticamente que reiterativamente vía megáfono. Así es el personaje de Malcolm McLaren, manager de los Pistols, el provocador de inspiración situacionista, Malcolm McLaren, con quien Brodie Sangster tiene más que un parecido pasajero. La serie evita las trampas de la mala actuación. Todos los habituales son muy buenos aquí, como hemos ya mencionado los casos de Toby Wallace como Steve Jones, Sydney Chandler como Chrissie Hynde, Talulah Riley como la diseñadora/dueña Vivienne Westwood, de la tienda underground «Sex», en Kings Road en el barrio de Chelsea. Allí creo al lado de su pareja puntual de Malcom Mclaren (Thomas Brodie-Sangster). El creador y cabeza pensante de su gran broma de arcilla. La serie también hace un trabajo admirablemente agradable al retratar la estrecha amistad de Jones y el baterista Paul Cook. Pasaron a tocar juntos en The Professionals después de la ruptura de The Sex Pistols. También pone de relieve la profunda amistad entre Jones y C. Hynde. Johnny Lydon interpretado por Anson Boon y Sid Vicious por el joven Louis Partridge. Insisto en la representación de Mclaren como un charlatán oportunista —por momentos, pseudorepugnante— y la enorme capacidad interpretativa de Brodie-Sangter es muy superior al resto del elenco. Esto, se nota. Cuando aparece, entra en escena, habla y come pantalla. En esa vis del perfecto estafador para la partitura rápida, empero Boyle y Pearce están demasiado contentos para dejar que sus divagantes monólogos sustituyan una exploración real del tiempo y el lugar.

El estilo de dirección de Boyle es esporádico, amañado y más en sintonía con su trabajo en Trainspotting que, digamos, en comparación a Slumdog Millionaire. Hay una estética vintage en la forma en que se enmarca la serie, Boyle y su equipo no estaban obsesionados con hacer que Pistol (2002) se sintiera como esa TV de prestigio, acuñado a menudo, sino que era algo único. Eso es lo que termina haciendo que Pistol sea tan entretenido como es. El siguiente episodio, en parte, sigue a dos chicas de Huddersfield (Catriona Chandler y Sade Malone) que abrazan el punk después de ver la aparición del grupo en el programa de televisión So It Goes de Tony Wilson. Ambos escapan a Londres para buscar a los Pistols y la escena punk, pero pronto se ven sumergidos en una ola de fría realidad. Conocido como el Contingente de Bromley, presentó íconos futuros como Billy Idol, Don Letts y Adam Ant. (Están presentes en el fondo de muchas escenas, pero no tienen nombre fuera de los créditos finales). Sin sentimientos por nadie más: El elemento importante a tener en cuenta al abordar esta serie, se revela, en su título: Pistol, es decir, pistola en singular. El impacto de los Pistols a través de personajes secundarios. En el capítulo 3 “Bodies”, nos trae a Pauline (Bianca Stephens), una mujer mentalmente muy inestable e imprevisible —que supuestamente— estaba tan conmovida al ver a la banda en vivo que se presentó en la casa de Lydon con un feto abortado, en una bolsa, inspirando así a los Pistols; la canción «Bodies». Algo muy característico de Boyle, la introducción de un surrealismo lisérgico como en Trainspotting con el personaje de Mark Renton (Ewan McGregor). Sorprende hasta este capítulo, la ausencia de egos ni esqueletos escondidos en el armario; en cambio, en su mayor parte, nos enfrentamos a la realidad a menudo sombría de los Sex Pistols. Cuando la serie muestra una escena con esa banda en desacuerdo, no opta por seguirla mostrando con una secuencia de toda la pandilla de la banda abrazándose momentos después. La visión de Boyle hace que el ritmo del programa se sienta como una descarga de adrenalina.

Acompañado por una actuación estelar, en particular, de Anson Boon como el notorio Johnny Rotten. Boon entiende claramente el tipo de energía que emana de una serie sobre una banda tan antisistema como los Sex Pistols. Desde la escena introductoria de la audición hasta los momentos finales de la serie, Boon nunca pierde de vista a Rotten. Si bien algunas de sus coprotagonistas se sienten ocasionalmente marginadas o bidimensionales, Boon le da a la serie, esa descarga eléctrica, cada vez que la necesita. Otra notable actuación es la de M. Williams; Si bien su papel como Pamela Rooke se siente pequeño, realmente impresiona en su primera escena, montando una bicicleta, en dirección, a la estación de tren. Tan sólo, con una blusa de plástico transparente amarilla aparentemente sin preocuparse por el mundo de las miradas de espectadores petrificados. Se vislumbra la vida de Jordan, también conocida como Pamela Rooke (Maisie Williams) GOT(2011) es una de las actrices de su generación más talento de momento. Si bien, Pistol (2022) es, intrínsecamente, la historia de Steve Jones. Una decisión creativa, muy particular, que finalmente hace que Pistol funcione tan bien como se atisba en el resultado final. Si bien hay aspectos del programa que pisan terreno familiar con respecto a las biografías de Rock&Roll, incluida la tensión entre los miembros de la banda, el hecho de que Jones sea el único sujeto de la banda que consultó con el programa lo hace sentir más honesto. Pistol (2022) nunca trata de hacer que a la audiencia le gusten sus personajes, sino que intenta que los entiendas.  Está claro que los actores y Boyle habían visto a Sid&Nancy (1986) y absorbieron su espíritu al crear esta nueva serie. Lo mismo podría decirse de la serie en su conjunto. Pero, ¿por qué estirar la verdad cuando es una historia lo suficientemente fascinante por sí sola, sin retoques? Por ejemplo, (spoiler pequeño adelante) Hynde, nacida en Ohio, ha dicho que nunca intentó casarse con Jones para quedarse en el Reino Unido, a pesar de que la serie muestra lo contrario. Sin embargo, a pesar de estos obstáculos, es un espectáculo entretenido. No obstante, inicialmente, el proyecto fue pensado como una miniserie limitada de «uno y listo», ¿podría profundizar en los proyectos posteriores a los Pistols de los miembros individuales, así como en los de los notables contingentes de Bromley como Siouxsie Sioux y Billy Idol? Pregunta de respuesta complicada. Además, la serie tiene problemas que resolver, la perspectiva de otra temporada (o más) que detalla lo que hicieron los miembros después sería fascinante de ver y tal vez menos caricaturesca que los aspectos de la primera temporada que han sido documentados hasta la saciedad. Sin embargo, el espectador ha de saber que es una miniserie de 6 episodios y punto.

La anemia del programa es un efecto contrario a su fuerza: si estás empeñado en combinar la energía anárquica de los Sex Pistols con un cine que parece igualmente caótico, sacrificas la profundidad. Aunque ahondar no algo imposible, más cuando hay tanto talento detrás. Vuelves a ver “Sid and Nancy” de Alex Cox (1986) para ver una representación de los Sex Pistols que es igualmente frenética, pero logra capturar un tipo de realismo duro y la tristeza humana que lo acompaña. Por ejemplo como se sacrifica a Glen Matlock bajista original que interpreta el actor Christian Lees (tratándose del tipo que mejor formación musical tenía del cuarteto del caos, todo ello debido al forro de los caprichos de un manager y un Lydon que la tenían tomada con él, por su cariño hacía Paul McCartney). El recambio fue un zumbado con un candado colgado del cuello, que no sabía, ni aporrear el bajo, a la postre, el icónico Sid Vicius. Sin embargo, se basan demasiado en un lenguaje figurado de dibujos animados aparentemente tomados de la película Sid and Nancy de 1986, maravillosamente interpretada por un portentoso Gary Oldman. O, si quieres ver una contracultura drogada representada con empatía, con sólo buscar en Google, Trainspotting. Fetén. Empero, Danny Boyle no busca ese tipo de cosas aquí. Solo quiere divertirse, aunque ello tenga un precio, y el coste es que nadie llamará a este espectáculo “genial”, solo “entretenido”. Cuando se trata de mantras creativos, podrías hacerlo peor que el aparentemente adoptado por Danny Boyle: “Nunca, nunca dejes que la audiencia se aburra”. Algo que no es nuevo el gran «Hitch» o Hawks, ya lo predicaron. En realidad, esto no es tan fácil como parece, ni es un insulto encubierto. Si adoptar un ritmo vertiginoso con mil cortes de salto por minuto y mucha música a todo volumen y gente guapa haciendo cosas calientes fuera suficiente para hacer una película o un programa de televisión de éxito, todos seríamos directores estrella. De hecho, hay un estilo artístico muy Made in Boyle para implementar todas estas tácticas y convertir la suma en un producto interesante, y desde Trainspotting hasta 28 Days Later, Slumdog Millionaire y Steve Jobs. Boyle ha estado alcanzando ese punto dulce artístico de manera eficiente durante más o menos toda una carrera. Pensemos que quedan dos capítulos por visionar y tienen todo el aspecto de ser esas joyas de la factoría del genio de Gran Manchester. Recuerden la presentación artística de los juegos olímpicos de Londres de 2012, están considerados los mejores de la historia y Danny estaba detrás de 40 cámaras. Y ese puntazo de los Pistols tocando «God Save The Queen” en una barcaza —propiedad de un jovencísimo, Richard Manson (Mr. Virgin)— resoplando por el río Támesis y su aparición en los titulares de toda la prensa del país Así como ese momentazo en Thames Tv en el añejo programa «Today with Bill Grundy«. Nota: 7,7

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