Gomorrah (2014/2021) «La mejor serie de toda la historia de la Tv de Europa»

Recientemente se reveló una información muy curiosa —a cuento de todo esto del boom de la nueva ficción de TV— ya que, entre los incondicionales del club de fans de la lista de Gomorrah Series, estaba el difunto y grandioso David Bowie, Ed Sheeran, Ricky Gervais, Diego Maradona o Sofia Coppola. ¿Sorpresivo o chocante? Es muy fácil observar el porqué estaban enganchados a un producto de tantísima calidad. La serie, que comienza su quinta y última temporada en Sky Atlantic, es una losa fría como la piedra de un auténtico gángster noir, ambientada en medio de esas torres decadentes, en la moderna Nápoles rebosante de diálogos concisos, traiciones paganas y elegante hiperviolencia. Las afueras de la tercera ciudad más grande de Italia, en ruinas, también son el escenario de las novelas napolitanas de Elena Ferrante. Obviamente, Gomorra es una bestia muy diferente: cuenta con más sicarios armados con bazucas de los que Ferrante logró incluir en sus libros, por un lado. Y, sin embargo, al igual que con la escritura de Ferrante, gran parte de su poder dramático fluye del glamour exótico de Nápoles, una ciudad que —incluso para otros italianos— se siente como un lugar aparte. Esa combinación de clichés mafiosos bien usados en la inquietante y variopinta Nápoles convierte, a esta serie,  en un thriller único. Ese sigue siendo el caso en la quinta temporada, incluso cuando el ritmo acelerado deja poco espacio para admirar el paisaje barroco. En 2006, el joven periodista italiano Roberto Saviano decidió destapar la mafia napolitana, la Camorra. Su libro “Gomorra” vendió más de 10 millones de copias; en 2008 generó una película del mismo título aclamada por la crítica y ahora es la serie de televisión de vital importancia que hace que el dominio de Los Soprano parezca un programa para niños. Lo dice un Sopranista de pro y ferviente admirador del ínclito David Chase.

Saviano llegó a decir: que lamentaba la “ambición” que lo llevó a escribir su sorprendente exposición, un ejemplo clásico de la Nueva Epopeya Italiana que utiliza un Objeto Narrativo No Identificado (UNO), un acto que lo llevó a una sentencia de muerte de la Camorra y una vida bajo la estricta protección de la policía en Nueva York. El periodista  Indrajit Hazrz que escribe para el Hindustan Times en 2008, resumió brillantemente el libro de Saviano: “a diferencia del “hecho+ficción=facción” de Truman Capote y su anhelo obsesivo por los detalles, la UNO se desliza como una bestia, a veces recorriendo el camino del duro reportaje. En otras ocasiones, saltando los murmullos personales, a veces tropezando con cavilaciones filosóficas, o  sumergiéndose en “voces” novelísticas y, a veces, orientándose hacia la teoría social. A diferencia del «periodismo gonzo» de Hunter S. Thompson, esto es muy serio. “El único propósito de la UNO es hacernos reaccionar violentamente sobre un tema usando todos los trucos conocidos en el oficio de narrador”. Cuando Saviano fue atacado por Silvio Berlusconi y otros políticos italianos prominentes, como el patético racista de Salvini y demás jarcia. Ya que el pecado, de atreverse a mostrar la parte más oscura de Italia, fue defendido por ganadores del Premio Nobel de la talla de Orhan Pamuk, Dario Fo, Rita Levi-Montalcini, Desmond Tutu, Günter Grass y Mikhail Gorbachev. A pesar de tener una compañía tan distinguida, Saviano expresó el sabor agridulce del éxito en una entrevista reciente de Telegraph con Benji Wilson: “Lo cambiaría todo. No volvería a hacer nada de eso. Yo no viviría mi vida así. Lo único que quería hacer era escribir un libro. El resto ha sido una especie de desastre. Pero ahora que lo he hecho, nunca les daré (a la Camorra) un momento de paz: mi papel es exponer y analizar, y al hacerlo, seguir recordándoles a estas personas que estoy aquí y que no me voy a ir muy lejos.»

Este fatalismo tan arraigado en esta obra mayor de la ficción de culto; es fundamental para el poder infernal que “Gomorrah The Series” ejerce sobre el espectador. Saber que la propia vida de Saviano está tan intrínsecamente entrelazada con la de sus personajes aumenta la sensación de pavor que sentimos cuando nos topamos —momentáneamente— con un personaje aparentemente menor. A menudo se trata de adolescentes en la periferia de la violencia perpetrada por el clan Savastano central que domina la Vele di Scampia (Velas de Scampia), proyectos de vivienda fallidos que parecen restos oxidados de transatlánticos encallados y una poderosa metáfora para toda una clase de napolitanos abandonados económicamente por las autoridades italianas. Tan pronto como el clan hace el más mínimo favor o regalo a estos jóvenes residentes, sabemos que están condenados, el tiempo corre en sus lamentables vidas y nos vemos reducidos a morbosos turistas que se han aventurado demasiado lejos de la imagen de tarjeta postal de Italia. Aunque de fondo, se observé, el telón de fondo distintivo de viviendas en decadencia que se sofocan bajo la luz diáfana del Mediterráneo, Gomorra regresa con fuerza. De hecho, hubo varias explosiones, la mayoría de las cuales ocurrieron, durante un gran tiroteo en el primer episodio. Y el individuo que hace la mayor parte del despido es el matón pensante Gennaro «Genny» Savastano (Salvatore Esposito), quien ha heredado de su padre —sediento de sangre— el título de jefe de la familia criminal Savastano.

Genny ha tenido un arco de espacio muy cercano al estilo de Michael Corleone, a lo largo, de de toda la serie Gomorra (que se basa en la exposición de Roberto Saviano de 2006 sobre la mafia napolitana «Camorra» y los tentáculos criminales que se extienden a todos los aspectos de la vida en la ciudad). Fue presentado como un principito mimado y un hombre de familia que se quería forjar una vida fuera del crimen. Sin embargo, cinco años de traiciones y represalias brutales lo han convertido en un tipo despiadado. Las afueras en ruinas de la tercera ciudad más grande de Italia, también son el escenario de muchas novelas y libros de algunos-as autores de novela negra europea. Obviamente, Gomorra es una bestia muy diferente: cuenta con más sicarios armados que quarteri spagnoli en el siglo XVIII  durante el barroco napolitano. Y, sin embargo, al igual que con la escritura de Saviano, gran parte de su poder dramático fluye del glamour exótico de Nápoles. Esa misma otredad de un Nápoles inquietante la convierte en un thriller único. Ese sigue siendo el caso en la quinta temporada, incluso cuando el ritmo acelerado deja poco espacio para admirar el paisaje barroco. Contra el telón de fondo distintivo de viviendas en decadencia que se sofocan bajo la luz diáfana del Mediterráneo, Gomorra regresa con fuerza. Un apabullante triunfo audiovisual, una auténtica marca exportada al mundo, que representa a Italia, de igual modo, que lo pueda ser Armani, Ferragamo o Prada. Marketing, aparte, es uno de los temas de conversación más recurrentes entre los habitantes de la bota itálica. Un acontecimiento que genera discusiones acaloradas, bajo las cenizas de la opinión pública.

La novela de Roberto Saviano, en 2006, fue un auténtico caso literario: una obra premiada que aún es capaz de agitar el debate sobre el inframundo y su autor (condenado al destierro por una Ormeta de la Cosa Nostra). La película homónima de Matteo Garrone, dos años después, había disfrutado de un éxito unánime de público y crítica, recibiendo prestigiosos premios en todo el mundo, incluido el Gran Premio del Festival de Cine de Cannes, cinco Premios del Cine Europeo (Mejor Película, Dirección, Fotografía, Guion e Interpretación Masculina) y una nominación a los Globos de Oro. Empero, hagamos un ejercicio de rebobinado al principio de toda esta aventura que se inicia, en 2014. Aquel año, Sky Italia, al poco de salir el éxito de Romanzo Criminale/la serie, anunciaba, un producto televisivo que llevaría el mismo —algo pesado— nombre, escrito a partir de los testimonios de Roberto Saviano. Todo ello, sin embargo, se habría basado en un desarrollo de una trama horizontal —que permitía incorporar cada una de las situaciones mencionadas— a una narración cautivadora: la curiosidad del público fue inmediatamente alcanzada y captada. El principal problema de la transposición serial de las situaciones narradas en una novela hiperrealista como Gomorra —a sabiendas, de llenar de personajes, simulacros con una caracterización perdurable y convincente— fue resuelto magistralmente por la producción, pues, muy hábilmente, encargó a tres excelentes directores, la descripción de los tres integrantes de la familia protagonista, el clan Savastano. Si el poder de la película de Garrone residía en sumergirnos en la ferocidad de ese mundo a través de personajes sencillos, primitivos y absolutos en su capacidad de transmitir un mensaje. Aquí comenzaba un trabajo elaboradísimo de orfebrería audiovisual.

Todo ello muy bien trazado e hilvanado, para el éxito de un producto y que enamorase al público, de inmediato; era necesario llenar esos sobres con pasiones y sentimientos. A Stefano Sollima, en ese momento también showrunner de la serie, se le encomendó la crucial tarea de caracterizar correctamente la figura de Don Pietro Savastano, interpretado por Fortunato Cerlino, y de transmitir la necesaria coherencia al tono de la obra. Francesca Comencini, por primera vez en su carrera en contacto con el género, tenía en cambio el deber de devolver al público el peligro y la ambivalencia de Doña Imma, la esposa del jefe interpretado por Maria Pia Calzone. Pero el personaje que iba a interpretar, Claudio Cupellini, tuvo la transformación más interesante de las tres: al tener que caracterizar la evolución del inmaduro Genny Savastano hasta su toma del poder en el clan, se encontró tejiendo los hilos de la relación de amor y odio entre el propio Genny y Ciro Di Marzio, figura clave en el éxito mundial de la serie. De hecho, se le confió todo el futuro de Gomorrah. Ciro, que en realidad es una representación extrema de los «niños de la calle» que no disfrutan de ninguna alternativa al crimen, representó en realidad una especie de “contracampo transversal” a cada uno de los tipos humanos mencionados hasta ahora. Genny y Ciro son las fuerzas emergentes de una primera temporada de Gomorra en la que el contraste generacional entre criminales es el tema dominante, Don Pietro y Donna Imma son en cambio la representación de la tradición consolidada de un mundo con convenciones diamantinas. No es casualidad, por tanto, que el propio Cupellini y los dos actores principales, Salvatore Esposito y Marco D’Amore, sean el principal rasgo de unión entre la primera y la última temporada de Gomorrah. A ello, habría que sumarle el minucioso trabajo de casting, lenguaje y estética, la perfecta reconstrucción escenográfica de Paki Meduri y el icónico score musical de Mokadelic, Gomorrah cuatro temporadas después de la primera.

La primera temporada, junto a la par con la sarcástica, The Young Pope (2016) de Paolo Sorrentino, la mejor temporada individual de una serie de televisión jamás producida en Italia, una auténtica obra de arte. Un triunfo tanto en lo artístico como en factura y ejecución. Una producción prodigiosa y muy orgullosa, ya hemos comentado, anteriormente, el Made in Italy: exportada a más de 190 países. Un éxito certificado por la enorme cantidad de parodias reservadas a la serie y sus frases de culto, que el propio Roberto Saviano ha acogido en reiteradas ocasiones por su capacidad para difundir una clave para desmitificar el fenómeno mafioso. En los siguientes siete años, tanto, el incondicional espectador internacional —cada vez más amplio— ha conocido la lógica de un mundo en el que han seguido confluyendo profesionales de alto nivel y se han lanzado otros, extraídos de la gran y prolífica cantera napolitana de actores que ha puesto a disposición de la producción actores de cine ya consolidados, figuras teatrales y rostros literalmente venidos del territorio. Gomorra ha representado así un excelente escaparate para nombres tan conocidos como el de directores como Claudio Giovannesi y actores como Andrea Renzi, Gianni Parisi, Gianfranco Gallo, Cristina Donadio o Nello Mascia. Pero también se ha distinguido como un perfecto trampolín para muchos jóvenes intérpretes como Pina Turco, Arturo Muselli, Marco Palvetti, Antonio Folletto, Ivana Lotito, Cristiana Dell’Anna, Andrea Di Maria y Lino Musella. Una vez más, los dos actores principales son las figuras sobre las que se puede expresar mejor el concepto de Gomorrah como auténtico campo de entrenamiento.

Salvatore Esposito, que es el único rostro común en cada una de las cinco temporadas, fue elegido para interpretar a Gennaro Savastano después de estar presente en el set para ayudar al personal de reparto como compañero. Por cierto, ha dado el salto a Hollywood, y fue uno de los interpretes de la última temporada de la serie Fargo de FX. Realizando un papel muy divertido, pero que lo bordaba. Solo más tarde los directores se dieron cuenta de lo perfecto que era para encarnar al joven protagonista. Gracias a su participación en la serie, Marco D’Amore tuvo la oportunidad de consolidarse como un rostro conocido de nuestro cine y, sobre todo, debutar como director con dos capítulos de la cuarta temporada, luego, de llevar a cabo, con L’immortale —un spin-off— a modo de telefilm, dedicado a su personaje y ganador del Nastro d’Argento al —Mejor Director Revelación— y finalmente con cinco episodios en la última temporada. Una carrera como director que el mismo D’Amore define como su pasión primordial y que sin duda estaremos atentos: además de la capacidad de oscilar entre tonos muy diferentes para las tres experiencias que acabamos de mencionar, el talentoso, actor de Caserta también mostró una excelente cultura cinematográfica. Por ejemplo, en lugar de dejar aflorar su conocido amor por el cine italiano clásico. En «L´Inmortale»(2019) supo hacer eco de la misma Nápoles de los 80 que en Luca el Contrabandista (1980) de Lucio Fulci, película explícitamente homenajeada en una escena del spin-off. También a nivel editorial y cross-media, por lo tanto, Gomorrah demostró ser la vanguardia absoluta. Por todo lo anterior, la quinta temporada de la serie cargó con un peso considerable sobre sus hombros: el de cerrar un círculo con linealidad, sin dejar de lado los elementos contundentes y espectaculares que ahora se le reconocen al producto.

La serie comenzó como una mirada cruda y sin adornos, directa a la vida en los barrios marginales plagados del Nápoles más criminal. Fue más un estudio de personajes que la película verdaderamente terrible de 2008 adaptada del libro; Desde el principio, la relación entre Ciro y Gennaro Savastano atrajo, al espectador, pero su fuerza estaba en la gran atención a los detalles del mundo. Tenía toda la credibilidad de la mítica The Wire (2002) de Baltimore y David Simon. Empero era más elegante porque te permitía ver ese mundo, y todo su complejo funcionamiento, sin filtro. Donde The Wire hizo que sus personajes te explicaran todo, Gomorrah confiaba en que lo recogerías. Lo que sucedió con la temporada 3 es algo que sucede con muchos programas que se encuentran con dos o tres personajes realmente trascendentes; comienzan a sufrir bajo el peso de ellos. La historia de Genny (hijo débil de un jefe de la mafia que se convierte en una mente maestra brutal) y su amigo Ciro (brillante pero un escalador de baja cuna con la crueldad y la suerte necesarias para prosperar en ese mundo oscuro) fue tan buena que la narrativa comenzó a agobiarse por segundos. ¿Y qué sucede cuando expones a tus personajes principales a un peligro increíble una y otra vez, pero hay una sensación en el fondo de la mente del espectador de que no pueden morir? Bueno, Uds. lo han comprobado: ingenio y escritura de guion, pura y dura calidad creativa. Obviamente, la tercera entrega de Gomorrah seguía siendo entretenida, pero la calidad vertiginosa de la historia se resintió a medida que descendía a giros bruscos de la trama hiperactiva, en lugar de desarrollarse orgánicamente como un subproducto natural de su panorama criminal específico. «Creo que no hay escapatoria… y, a veces, el sombrío realismo que es la armonía esencial de la melodía de la trama se tambalea ante los giros vertiginosos de la trama que existen por sí mismos».

Bueno, había una forma de escapar: matas a Ciro o matas a Genny. Decirlo es una cosa, pero hacerlo es otra muy distinta, y considero que es una gran ventaja para Saviano y su equipo que en realidad apretaron el gatillo literal/metafórico. Era necesario, pero también aterrador, porque ¿qué sucede cuando comienzas a visionar la temporada 4 sin el personaje espectacular que te hizo en primer lugar? La respuesta, en este caso, es que vuelves a tus raíces, y lo haces con tanta brillantez que es como ver a un atleta de élite volver de una lesión e inmediatamente alcanzar sus alturas anteriores. Cuando comienza la temporada, encontramos a Patrizia haciéndose cargo del narcotráfico de Secondigliano mientras Gennaro, perturbado por su experiencia cercana a la muerte y obligado a asesinar a su amigo, hace las paces con sus rivales y les dice que nunca lo volverán a ver. Sin embargo, no se jubilará; por el contrario, su objetivo es utilizar su dinero para construir un importante aeropuerto internacional en Italia y cosechar los beneficios. La temporada, en sus primeras etapas, va y viene entre esta búsqueda, completa con una mirada detallada al inframundo de los negocios internacionales, y la búsqueda más terrenal de Patrizia para mantener el control de las calles que Genny le dejó. El drama criminal italiano ha acumulado premios y elogios de la crítica. Él también sabe cuándo mantener un perfil bajo y, después de acabar con varios enemigos mortales, actualmente se esconde en un búnker, separado de su esposa Azzurra y su hijo Pietro. Sin embargo, todavía está trabajando para intentar eliminar a la familia rival de Levante.

Por desgracia, los planes para ejecutar a los Levante en un funeral por Roma fracasan cuando los matones de Genny son engañados para que caigan en una emboscada policial, lo que deja la tentadora pregunta de quién entre sus filas avisó a los Levante sobre su golpe. Genny también debe abordar las tensiones con otro padrino, Don Aniello Pastore (Nello Mascia) y su espeluznante sobrino, ‘O Diplomato (Andrea Di Maria). Aniello es un mafioso de la vieja escuela, cuya gran mansión no podría ser más diferente del rascacielos semiderruido que Genny llama hogar. Con los Savastano, en retirada, la rivalidad con Pastore se convierte en un tiroteo masivo en el patio de un complejo de apartamentos. En ese momento, se siente que Gomorrah puede estar a punto de convertirse en una película de acción de los años ochenta (no hubiera sido una sorpresa que Arnold Schwarzenegger pidiera un papel de rodillas a Saviano para ofrecer unas frases concisas). Sin embargo, hay una última sorpresa. Aniello, suplicando por su vida, le revela a Genny que un viejo enemigo que creía muerto todavía está vivo y a salvo en el extranjero. Este es un giro apropiado que plantea la posibilidad del regreso de un personaje principal de temporadas anteriores. Casi puedes imaginarte a Ed Sheeran dejando caer su guitarra con incredulidad y cabizbajo. Y después de ese comienzo feroz, los siguientes siete episodios están repletos de cadáveres humeantes y conspiraciones asesinas que se vuelven locas. Demuestra que nadie hace entretenimiento operísticamente exagerado como los italianos. Y esa serie de despedidas de Gomorra es un largo adiós que vale la pena seguir hasta que se derrame la última gota de sangre.

Lo más cercano que tiene Don Pietro a un sucesor adecuadamente despiadado es el soldado de infantería maquiavélico Ciro, el puente entre los miembros mayores del clan y los jóvenes advenedizos que pasan el rato con Gennaro en clubes nocturnos y en motocicletas y scooters. A su vez, la madre de Gennaro, Lady Imma, una mujer que no estaría fuera de lugar en una tragedia griega manchada de sangre, desprecia a Ciro y sospecha de su amistad con su hijo. “Gomorrah”, la película traspasó los límites del ultrarrealismo de Alan Clarke en películas como “The Firm” y “Elephant” mediante el uso de largas tomas de steadicam para convertir al espectador en cómplice de los muchos crímenes de la Camorra, un observador dispuesto a menudo socavado por una remate brutal que nos obligó a repensar nuestra relación con el género gángster. La película eliminó la música no diegética o una voz en off estilo «Goodfellas» que habría ayudado a la audiencia a seguir la pista de la gran cantidad de personajes. Nos vimos obligados a llenar los espacios en blanco mientras seguíamos a cinco protagonistas, todos en varios rangos dentro de la Camorra, en el contexto de una guerra de clanes en la que los combatientes son en gran parte anónimos e irrelevantes, excepto por el terror invisible que ejercen sobre la población. El final anticlimático, en un chiringuito sin salida, es posiblemente la expresión más anárquica de la desesperanza del cine contemporáneo. Estilísticamente, “Gomorrah The Series” aborda su nihilismo desde un ángulo totalmente diferente. Gran parte de la serie se filma a pulso, lo que permite que el público experimente la desesperación frenética de muchos de los personajes y, específicamente, el estado de ánimo salvaje de Gennaro.

La partitura del grupo post-rock/psicodélico Mokadelic es una pesadilla abstracta que a menudo se convierte en el UNO de la serie, una interpretación perfecta del horror urbano que se desarrolla en Nápoles todos los días. Al igual que en la película, la serie a menudo presenta personajes de manera informal y dignifica a la audiencia con una gran cantidad de inteligencia que les permite reconstruir las relaciones pasadas. Sin embargo, el desarrollo de personajes más tradicionales que brindan los protagonistas principales, hace que la serie sea aún más inquietante moralmente que la película, ya que nos encontramos del lado de un hombre que ha quemado viva a una joven adolescente después de torturarla. Genny, al final de una cuarta temporada vivida en nombre de un intento de liberarse de la lógica criminal y limpiar su nombre, había elegido la forma más sangrienta posible para solucionar sus problemas con los demás clanes de la ciudad y con la justicia, haciéndose ayudar de la misteriosa figura de O´ Maestrale y entregándose en la clandestinidad. Ciro, en cambio, tras embarcarse en un auténtico descenso a los infiernos y una nueva vida en Letonia —las referencias de Dante en El Inmortal son muchas y obvias— no logró abstraerse de los círculos criminales ni siquiera en el norte de Europa, como ya lo estaba sucedió con su experiencia búlgara al comienzo de la tercera temporada. Hacemos un largo travelling y observamos el clan Savastano, como prospera en este mar de abandono, un pseudogobierno que domina a los residentes, desde la cuna hasta la tumba; por su propia connivencia y reforzado por la corrupción al por mayor de los funcionarios locales.

Encabezado por el rostro petreo de Don Pietro Savastano, el clan está en el proceso de hacer una guerra fría contra el jefe rival Salvatore Conte y su monopolio en el suministro de drogas a través de España. El poder feudal de Don Pietro se encuentra en una posición precaria ya que tiene un heredero en el infantil Gennaro (un fiel reflejo de Vincent D’Onofrio en «Full Metal Jacket») pero no tiene repuestos para respaldar el comportamiento imprudente de su hijo. Si el primero —a modo de un Thanos, en clave criminal— llegó esta temporada envuelto en un aura de inevitabilidad y omnisciencia, estando siempre un paso por delante de sus enemigos y pudiendo renunciar a sus más queridos afectos para controlar mejor los reditos. Del crimen tras los errores cometidos en las primeras temporadas, la segunda estuvo lastrada por los estigmas del martirio. Mientras tanto, el primer ministro Walter Ruggieri —un personaje que representa la primera incursión real de la justicia no representada por la policía dentro de la serie— estrechaba su círculo de investigación en torno a Genny y los restantes clanes napolitanos, mutilados por varios miembros, que veían su odio hacia La familia Savastano como progresa sin control. El embrión  de la temporada tenía pues la ardua tarea de desentrañar la situación entre los clanes napolitanos y la inacción del protagonista, favorecido por O´Maestrale. El jefe sanguinario tiene un solo objetivo: salir del barrio Ponticelli con su esposa Luciana y mejorar su vida después de 20 años de prisión. Por lo tanto, elige aliarse con Savastano forjando un vínculo muy profundo. La inacción de Genny y la violencia entre los clanes conllevan una mayor vigilancia por parte de la policía, que impide el funcionamiento de las plazas de narcotráfico.  

En este contexto se nos presenta a O´Munaciello, un rastrero y baboso capo de Secondigliano dispuesto a realizar cualquier genocidio, con tal de acumular posiciones. Pues, en los bajos fondos, la jerarquía —que jugará un papel clave en el cierre de cuentas— durante la guerra de clanes y  el equilibrio interno de sus aliados. Otro personaje clave presentado en esta temporada es el de Doña Nunzia, esposa del mafioso de la vieja escuela, el cavalieri; O´Galantommo, quien pronto se acabará como enemiga acerrima de la familia Savastano debido a los gravísimos agravios sufridos. En este renovado tablero de ajedrez se juega el partido final entre Gennaro y Ciro, personajes en cuya relación se basa toda la serie. Un juego salpicado, como es habitual, de traiciones, frases pegadizas y jugadas a balón parado muy difíciles. Los dos, que se fueron como amigos cercanos al final de la tercera temporada, se abrazan nuevamente en Riga pero pronto se encuentran, de una vez por todas, en lados opuestos de la trinchera. A pesar de que la trama nunca fue el punto principal de Gomorrah, un programa que empaqueta emociones de novela de diez centavos con un estilo italiano tan alto que disfrutas, en él, en lugar de verlo. El vestuario meticulosamente pensado, la variedad de cortes de pelo impactantes, la coreografía de automóviles y motocicletas, la brillante cinematografía nocturna, la arquitectura brutalista de los proyectos de vivienda de Nápoles, hace de “Gomorrah” la Ducati negra lacada de las sagas de gánsteres. Los paisajes y las vidas de los personajes pueden ser sombríamente naturalistas, pero el espectáculo funciona con una sensación elegante y un romanticismo pulp: una melancolía palpable y penetrante. Pero cuando la trama no te atrapa, el programa, basado en el libro del mismo nombre de Roberto Saviano, adopta un enfoque deliberado, casi majestuoso, de su caos que puede ser muy satisfactorio.

Rara vez se trata de situaciones de suspenso: los episodios llegan a resoluciones, a menudo, pero no siempre, violentas, momento en el cual el fascinante tema principal de la banda Mokadelic comienza a sonar y los personajes caminan, conducen o se alejan en scooter, hacia la noche eterna del programa. Aquí hay un enigma extraño: imagina que tienes uno de los mejores y más convincentes personajes en la historia de la televisión criminal, Ciro DiMarzio, l’Immortale, y lo mejor para tu programa es matarlo. ¿Tienes el suficiente valor para hacerlo? En definitiva “Gomorrah The Series, es un logro impresionante y de infarto que ha llegado a la era dorada de la televisión episódica y, al más puro estilo Camorra, usurpó a todos los demás actores principales. Las complejas vendettas entre los principales rivales son una versión absolutamente aterradora de cualquier cantidad de obras de Shakespeare desde «Julius Caesar», pasando por «Macbeth» y hasta «Titus Andronicus». La desesperación total que impregna cada episodio de la primera temporada es un grito desesperado de ayuda de una región de Italia que ha sido abandonada por Dios. El título proviene de un texto escrito por un sacerdote, Giuseppe Diana, quien recibió dos disparos en la cabeza por parte de la Camorra en marzo de 1994, “Ha llegado el momento de dejar de ser una Gomorra”. Antes que nada es necesario precisar que lo mismo encaja tanto con el final de la última temporada de Gomorrah. La serie emitida por TV como con El Inmortal, cuyo final volvió a abrir ante los ojos de los espectadores la posibilidad de un reencuentro. Entre los dos protagonistas de la temporada. Todo fue un efecto, de aperitivo, para paliar un síndrome y poner el punto final a una serie que entra —directamente— en el olimpo de los dioses. A pesar, de la dificultad de su rodaje, en plena pandemia de Covid-19. Y con unas fechas de estreno que acabaron en la ruptura del contrato entre Sky Channel y HBO España.  La temporada 5 de Gomorrah se estrenó a finales de diciembre de 2021, su final llegó. Mucha gente, igual no lo sabe, por todo ese enredo de la productora italiana Cattleya (el embrión Saviano) y la gente de Rupert Murdoch. Creo que los espectadores deben de saberlo, ya que estamos hablando de 10 meses de desajuste. Afortunadamente, Gomorrah, sus 5 temporadas, se pueden ver todas en el canal de streaming HBOMax y en Canal Disney+. Nota: 9,0

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