Las mejores series de TV 2019

  1. Chernobyl

 

2. Watchmen

 

3. The Mandalorian

4. Too Old To Die Young

 

 

5. Euphoria

6. The Boys

 

 

 

7. De Dag

 

 

 

8. Wu-Tang: An American Saga

 

 

9. See

 

 

10. The Virtues

 

 

11. Warrior

 

12. Monzón

 

13. The Act

14. Das Boot

 

15. The Spy

 

 

16. The Goodfhater of Harlem

17. Slepnac od Swiatel

18. Kingdom

19. City on Hill

 

20. Servant

21. Success

22. Quicksand

23. Hanna

24. The Cry 2019

25. Cacht 22

Los mejores 10 álbumes de 2019

 

  1. Nick Cave & Bad Seeds “Ghosteen”

 

2. Lana del Rey “Norman Fucking Rockwell”

3. Michael Kiwanuka “Kiwanuka”

4. These New Puritans “Inside the Rose”

 

5.

When We all fall asleep, where do we go?

6. The Damned “High Crimes”

7. The Raconteurs –“Help Us, Stranger”

 

 

8. Purple Mountains “Purple Mountains”

9. Fontaines DC “Dogrel”

 

10. Lizzo “Cuz I Love You”

Los 10 mejores films de 2019

  1. Il traditore by Marco Bellochio

 

 

2. The Irishman by Martin Scorsese

 

3. Joker by Todd Phillips

 

4. Parasite by Bong Joon-ho

 

5. Light of My Life by Casey Affleck

 

6. Once Upon a Time… in Hollywood by Quentin Tarantino

 

7. The Nightingale by Jennifer Kent

 

8. The Gangster, the Cop, the Devil  by Lee Won-Tae

 

 

9. Midsommar  by Ari Aster

 

10. The Souvenir by Joanna Hogg

 

 

“Alfred Hitchcock presenta” TV (1955)

 

En aquellos viejos y oscuros años, los políticos experimentaban el sabor chic de asomarse por los pasillos de Paseo de la Habana. El olor a nuevo de la vetusta TVE era de su gusto. Aún redoblaban los ecos del resacón eurovisivo de la boda real en el país, del chocolate y las frías trincheras del héroe Alastriste. Todo era un flan Dhul continuado y sopa boba. Nuestros abuelos, padres, tíos y demás grey eran los mayores acólitos al escaparate de cristal en las nuevas tiendas de cajas mágicas. Tanta magia que el maestro del suspense se enamoró de este aparato y nos trajo historias de crueles pesadillas, que quebraron los sueños de nuestros progenitores y pasaron a ser de dos rombos por decreto notarial. Todo el mudo se quedó alucinando al ver a un Sr. Gordo en la TV multifranja.

 

 

“Buenas noches, soy Alfred Hitchcock y esta noche les presento la primera de una serie de historias de suspense y misterio curiosamente tituladas: Alfred Hitchcock Presenta. Yo no actuaré en estas historias pero sí que haré pequeñas apariciones, antes y después de cada capítulo, para explicar el título del episodio a aquellos que no sepan leer y finalmente para poner todo en orden y explicar el final de la historia a aquellos que no lo hayan comprendido.” De fondo sonaba el corte musical de la marcha fúnebre para una marioneta de Gounod.  Así, con un descaro —sui generis—, comenzaba el show del maestro de la intriga del cine y ahora, la TV. Corrían los años 50. Hitchcock no sólo se hallaba en la cima de su popularidad cinematográfica, sino que también encontró la cúspide creativa en un nuevo medio tan adictivo como la TV.

 

 

Al parecer tras una idea sugerida por el presidente de MCA, Lew Wasserman; el director y productor británico se encargaría de presentar cada episodio, haciendo gala de su fino e irónico sentido del humor. La legendaria serie de 268 capítulos, los cuales, fueron emitidos a lo largo de siete temporadas son uno de los mayores tesoros audiovisuales de la humanidad. Desde 1955 hasta 1960 en la CBS, y entre 1960 y 1962 en la NBC, que adquirió sus derechos a posteriori, el mago del suspense dirigió 17 historias. No obstante, aportó a la serie su presencia como anfitrión, una garantía de éxito y una manera de hacer televisión comercial, de calidad y factura creativa. Hitchcok hizo pura imaginería al servicio de la televisión moderna. Algo así como el edén de las futuras producciones de Lynch para ABC o David Simon en HBO.

 

La serie está compuesta por pequeñas historias originales, llenas de toques escabrosos; una cascada de humor negro y evidentemente, unos finales que resultaban tan impactantes, como difíciles de olvidar. A lo largo de los años nos encontramos a realizadores como Sydney Pollack, Robert Altman, Don Taylor, Arthur Hiller, Norman Lloyd, Robert Stevenson, Paul Henreid, Robert Stevens o Lewis Teague, que dirigieron diversos episodios. Entre los guionistas figuraron reputados autores literarios como Ray Bradbury, Richard Matheson o Roald Dahl y también se adaptaron relatos procedentes de escritores tan exquisitos, como Patricia Highsmith o H.G. Wells. La serie consiguió un Globo de Oro al mejor programa en 1957 y tres premios Emmy, aparece también como una de las cien mejores series de la historia de la TV. Memorable fue su capítulo inicial “Venganza”, sobre un marido (Ralph Meeker), que —erróneamente— se vengaba de un supuesto atacante a su mujer cuando descansaba, plácidamente, en la caravana del camping (Vera Miles). Dejándonos un final grandilocuente y apoteósico.

En 1985, la NBC preparó un revival conocido como “El nuevo Alfred Hitchcok presenta” Se volvieron a rodar 76 capítulos de aquellos fabulosos, ya emitidos en los 50. La principal novedad, es el color y la aparición de nuevos actores de esta última época. Destacamos al extraordinario elenco de estrellas que aparecieron en la entrega original y este posterior remake. Nombres tan célebres como los mítico-as; Joseph Cotten, John Cassavetes, Vera Miles, Thelma Ritter, Joan Woodward, Mary Astor, Bette Davis, Barbara Bel Geddes, George Peppard, William Shatner, Charles Bronson, Claire Trevor, James Coburn, Walter Matthau, Roger Moore, Dean Stockwell, Lee Majors, June Lockhart, James Caan, David Carradine, Robert Redford, David Soul o Melissa Sue Anderson y un larguísimo etcétera, de una lista —interminable— que es historia contemporánea del cine y la TV. En España se pasó por primera vez en el año 1965 y posteriormente, en la década de los 80. Actualmente, se pueden localizar en Amazon las 6 primeras temporadas en V.O. Y recuerden, la buena ficción televisiva tiene muchos años y buen fundamento. Como bien dijo el maestro;  “La televisión ha devuelto al crimen a su origen: el hogar”. Nota: 9,1

“El padrino afroamericano de Harlem, Bumpy Johnson”(2019)

En algún momento entre el lanzamiento de Scarface de Howard Hawks en (1932) y el final de The Sopranos de David Chase (1999), 75 años después, el mafioso se convirtió en el paradigma estadounidense por excelencia: un insólito sin una avenida tradicional hacia la riqueza. Éste, siempre ha buscado su fortuna, por los lares de la violencia. Al Capone y Lucky Luciano consiguieron su estatus mítico décadas después de su muerte. Sin embargo, Bumpy Johnson, un jefe del crimen negro que gobernó Harlem a mediados del siglo XX, —una era crucial tanto para el crimen organizado como para las relaciones raciales— ha seguido siendo una figura relativamente oscura en la cultura criminal más icónicamente pop. El épico drama policial realizado por Epix —una de las OTT,s más interesantes de estos últimos años— donde confluyen tres grandes estudios: Paramount, Metro Goldwyn Mayer y Lion Golden Films. Ha puesto toda la carne en el asador por buscar esencias y complejidades cercanas al mítico Tony Soprano o su delfín Nucky Thompson. Independientemente, de que las obras maestras están ahí por algo. The Godfather of Harlem (2019) es una gran serie de un padrino de la mafia, histórico y el primero por peso específico, de etnia afroamericana.

Cocreado por el equipo de la archiconocida Narcos (Netflix), los showrunners; Chris Brancato y Paul Eckstein.  Además, de contar en el papel de productor con el propio Forest Whitaker. El veloz y cautivador “Padrino de Harlem” explora la tensión de una época convulsa —de la historia contemporánea de los EE.UU— basada en los personajes que fueron participes, en aquella lucha humana como esos Goodfellas de Nueva York. John Ridley, el escritor de “12 Years a Slave” y “American Crime”, dirige el episodio piloto, que comienza con Bumpy Johnson (Whitaker) siendo liberado de Alcatraz y regresando a un Harlem que ha cambiado significativamente mientras estuvo fuera. Un Harlem de mediados de siglo, aunque no sea tan atractivo como el centro de Manhattan de Don Draper en Mad Men. Aquí, el entorno que se ha creado es hermoso: las piedras rojizas, los clubes de jazz, los apartamentos de lujo y los sótanos asesinos cobran vida con una autenticidad y un profundo respeto por un regionalismo pasado que ahora está enterrado bajo varias capas de auges y caídas de propiedades. Cuando regresa al vecindario del alto Manhattan después de cumplir 10 años en Alcatraz por un cargo de narcóticos.

Se atisba un cambio radical del mundo, donde Johnson habitaba y dirigía el cotarro. La gente y el corazón de Harlem han cambiado. Mucho, demasiado, para alguien de la vieja escuela. Las empresas que son propiedad de afroamericanos; están luchando a puñetazo y tiro limpio contra el monopolio italiano del mal. El consumo de drogas entre los lugareños es rampante y la afluencia de narcóticos está siendo controlada y suministrada por la familia Genovese. El mafioso italiano Vincent “The Chin” Gigante (Vincent D’Onofrio) no está por la labor de ceder su territorio al padrino que regresa de San Quintín, ni de liberar a los policías corruptos de la policía de Nueva York que compró en ausencia de Bumpy. Para recuperar el control, Bumpy debe navegar, por las complejas realidades de una comunidad al borde de una mutación masiva, gracias al movimiento por los derechos civiles y las alianzas cambiantes en todo el estado de Nueva York. Es un nuevo día, y mientras el anciano jefe del crimen quiere ver crecer a su gente —su imperio del inframundo depende de la corrupción— el vicio y la violencia los está abatiendo. Malcolm X (Nigél Thatch, quien también interpretó a la figura de los derechos civiles en “Selma” de Ava DuVernay) es una pieza clave en la serie, y sirve como conciencia de facto, o quizás, a modo de una justicia social olvidada, para Bumpy.

El joven líder de derechos civiles, por supuesto, está molestando a la vieja guardia en su búsqueda para convertir a los negros en las enseñanzas verdaderas del Corán. El resbaladizo congresista de Harlem Adam Clayton Powell Jr. (un excelente, casi irreconocible Giancarlo Esposito, realizando una interpretación soberbia) ha usado el púlpito y el evangelio regularmente para impulsar sus intereses y ganarse el favor de todas las demás facciones políticas poco éticas de Nueva York y la nación. Dejando a un lado los tratos turbios, el pueblo de Harlem se encuentra, entre las dos religiones en un tira y afloja; que refleja la lucha más amplia entre las enseñanzas de Malcolm X y Martin Luther King Jr. La corriente cultural es una de las muchas subtramas que empujan esta historia en direcciones inesperadas, y le infunde una profundidad densa. Dentro de un contexto —que a menudo— peca de relativa ausencia del drama del pater familias del crimen organizado. Whitaker está fenomenal como el padrino desterrado, durante un tiempo, donde el proceso de cambio de la sociedad norteamericana iba a velocidad de crucero. Su actitud y facilidad con la que está poniendo al día en su nuevo Harlem; es brillante.

Una interpretación de su personaje con —ese matiz silencioso— pero muy inquietante, marca de la casta de este singular actor. La relación de Bumpy con el mentor Frank Costello (Paul Sorvino) es uno de los mejores momentos en los primeros episodios: un mafioso italiano que le transmitió secretos y consejos a su protegido negro. Siempre es un seguro a todo riesgo contar con un actor en una película de criminales mafiosos, más aún, con esta legendario interprete italonorteamericano. Por otro lado, tenemos a la adicta, Elise (Antoinette Crowe-Legacy). Auténtico talón de Aquiles de Bumpy, su mayor fracaso personal. Desgraciadamente, ella es más que una simple drogadicta, y su horquilla, como personaje que eleva la trama principal es uno de los mejores viajes en una serie que está llena de trayectorias graduales y puntuales altibajos. Sin embargo, éste es un espectáculo repleto de muchísimo talento interpretativo, —incluidos—; Luis Guzmán (Guapo Villanueva), el aludido, anteriormente, Paul Sorvino, Kelvin Harrison Jr., Giancarlo Esposito y el enorme Chazz Palminteri como el gánster Joe Bonnano. Es una serie de períodos ambiciosos y envuelto de cientos de capas sobre Harlem a mediados de los años 60 que busca dramatizar los movimientos a menudo cruzados de la mafia y la batalla por los derechos civiles.

Incluso los papeles pequeños están bien seleccionados y escritos (aunque una trama secundaria que involucra a la hija adicta de Johnson se hunde en el melodrama con asidua frecuencia). Caso de algunos actores, que son viejos conocidos de la parroquia del streaming: Ilfenesh Hadera (She’s Gotta Have It, Billions), Lucy Fry (Wolf Creek, 22.11.63, Bright), Erik LaRay Harvey (Luke Cage, Boardwalk Empire, Rounders), Elvis Nolasco (American Crime). Evidentemente, es posible que hayamos escuchado esta historia antes, pero nunca con este grupo particular de artistas talentosos. Pensemos, en ello, como un avivamiento de Shakespeare. Johnson les dice a los condenados amantes de Teddy y Olympia que no deberían tratar de emular a Romeo y Julieta. Uno se pregunta si no podría aprender una lección similar de Ricardo III. El padrino de Harlem es la rara epopeya del gángster con algo nuevo que decir — TGOH— presenta una gran actuación, una profundidad inusual y una banda sonora salvaje. Los años 60 segregacionistas, la historia de Harlem, la política familiar criminal de Nueva York y la soundtrack más arriesgada de la televisión de este año se entrelazan en este drama primer de la joven Epix.

Una banda sonora creada por Swizz Beatz, la cual, le da a esta historia de época una sensación moderna gracias a su mezcla de pistas antiguas y reconocibles. Nuevas composiciones de Soul que podrían haberse cantado en los clubes de mediados de siglo de Harlem y melodías originales de hip-hop que conectan el pasado con el presente. Por momentos, entramos en una pequeña confusión con el nombre Ridley y el apellido, por aquello de American Gangster (Johnson fue interpretado por Laurence Fishburne en “Hoodlum” y Clarence Williams III en American Gangster). Entonces, ¿qué ilumina esta narración de una historia a menudo contada sobre este capítulo en la historia? No es suficiente el mismo tiempo, recreado una vez y otra vez. Coñas, a un lado. Sí, es verdad. Hay tantos personajes e hilos que cualquier búsqueda de foco temático parece infructuosa. Empero, The Wire ¿cuántos personajes tenía? Sin embargo en todo este drama se respira un latir, el cual, te ata como esa la nostalgia de la época: salas de estar hundidas, relojes Starburst, Wagon Train (1957) en la televisión, el anillo de Cassius Clay lucha como sindicatos negros, mafiosos cubanos, policías corruptos de la policía de Nueva York y la pandilla de Little Italy desecharlo por el poder. Pero su representación de un mundo racialmente dividido, corrupto y a menudo venal suena igual de cierto hoy en día. Si de verdad, les soy sincero, es un gustazo, a pesar de los pesares, ver un producto de tan alta elegancia. Nota: 7,7

 

Ric Ocasek, The Cars, el larguírucho de Baltimore (In Memoriam)

Dicen que hay dos números fijos en tu vida. Uno el día de nacimiento y el otro el de tu muerte. Nadie sabe —a ciencia cierta— cuando va a ser. Pero es una obviedad que siempre está ahí desgraciadamente. Hoy hablo de ese número fatídico, el cual, ha sido para un músico al que admiraba en mi adolescencia. Si hablamos de Ric Ocasek, hablamos de mucha estatura rockandlorea y frescura musical, en los 80. Un ícono musical de esos tiempos mozos que sólo se dan una vez , en la vida. Esta madrugada del domingo peninsular —todavía resacoso por la tragedia de las inundaciones del temporal de la DANA— la NBC informaba del hallazgo de un varón que no respondía y no tenía signos de violencia. El familiar, confirmó que el muerto era Ric Ocasek, en la cama del dormitorio de su bungaló en NY. La causa real del fallecimiento, nos la darán los chicos del departamento forense, una vez sea haya realizado la autopsia de rigor. Un palo. Demasiado grande, pero también comprensible. Curiosamente, a Rick Ocasek se le adjuntan dos fechas de nacimiento; la primera es de 1944 y la segunda de 1949. Si nos guiamos, por la que toda la webesfera da como la auténtica, tenía 74 años. No está mal para un rockero de Baltimore que lo dio todo en la alocada década de los 80. Ric Ocasek (Richard Theodore Otcasek) era nativo de Baltimore y formó The Cars en Boston, actuando al lado de su inseparable compañero de banda Benjamin Orr. Se conocieron en Ohio y acabaron formando su primer proyecto, Milkwood. Comenzaron a trabajar en el circuito del Nordeste durante varios años, como teloneros de las bandas protopunk: The Stooges y MC5 a principios de los 70. Pero el capítulo del dueto Milkwood, entró en una fase de replanteamiento, de sus letras y nuevos sonidos apareció el guitarra solista Elliot Easton e iniciaron un periplo —ya convertidos en trío— como Captain Swing. El sonido de la banda despertó la curiosidad de algunos Djs. Empero, su sonido era demasiado bizarro para la propuesta del momento. Ric se hizo con un batería muy interesante, David Robinson y el teclista Greg Hawkes. Decididos a comenzar un nuevo itinerario como Modern Lovers. Una noche de copas (algo normal, en el flirteo de los inicios de toda banda) Robinson se le ocurrió el nombre de The Cars. Cuando, repentinamente, la banda en 1978 editaron su primera maqueta, la cual, a base de mucha argucia pudieron colocarla —en una de las estaciones de radio del Boston más irlandés y nuevaolero— de esa joya musical de “Just What I Needed”. No tardaron muchos día en estampar sus rubricas en el respetado sello Elektra, donde se unieron a una lista que incluía a Queen, Carly Simon, AC/DC y docenas de otros Rockeros de los 70 como Iggy Pop, Jackson Brown, David Gates o la propia Nico.

 

 

En 1980 My Best Friend’s Girl “y” Good Times Roll” lo petaron en el Billboard. En aquella América de pelos largos y pantalones elásticos de otra banda que lo reventaba, desde la Costa Oeste, los glammetaleros Mötley Crüe. Los pelazos y coletazos del hippismo y el nuevo metal se cubrían una frontera hacia el noroeste, donde los sonidos de Boston se llenaban de New Wave y PowerPop, condensando un sonido único y vanguardista perfecto para los tiempos en que la década se desvanecía ante el nuevo horizonte del hip hop y los ritmos noventeros. Ocasek escribió la mayoría de las canciones de la banda y fue su cantante principal, aunque Orr, en muchas ocasiones, cantaba la voz principal. Su popularidad continuó hasta mediados de la década de 1980, con éxitos como “Since You’re Gone”, “Magic” y “Tonight She Comes”. Su álbum de 1984 “Heart Break City” fue un gran éxito, y el vídeo del sencillo principal “You Might Think” se convirtió en el primer clip del año; en los primeros MTV Video Music Awards. Ric Ocasek era un tipo flacucho y escuálido de 193 centímetros. De melena corta, entre picos desgarbados y un tupé muy de la factoría de dibujos del pájaro loco. Solía comentar que su inspiración verdadera, la descubrió en Lou Reed, mientras se conducía un Chevy con hermosas mujeres de chaquetas con hombreras interminables, como un cantante de Rockabilly. Ocasek adulaba: las “botas nucleares” y los “ojos azules de gamuza” de una antigua llama en “My Best Friend’s Girl”. Para “Bye Bye Love”, Ocasek destacó una “medianoche ondulada” rica en “insinuaciones ocultas” y “sustitución, las masas llenas de confusión, nubes dentro de tu cabeza”. Letras que susurraban en el oído de todo el mundo.

Otra curiosidad, es aquella máxima de los feos ligan a espuertas…El discreto y magnánimo carisma de Ocasek fue tal que se casó con la supermodelo Paulina Porizkova en la cima de la fama para ambos, y al hacerlo, ofreció un camino a seguir para los cantantes, sin pretensiones, menos interesados en las bufonadas de pavo real versus Mick Jagger o Freddie Mercury. El cortejo con Paulina fue durante 1984, mientras filmaban el vídeo musical de la canción “Drive”. De aquel amor quedaron dos hijos y 28 años después, se acabó el amor y el pastel como dijo Carly Simon y se separaron en 2018, después de 28 años de matrimonio. Nunca tuvo la necesidad de agitarse como un loco, y mucho menos, mostrando una ceja arqueada, y un pequeño elegante movimiento de cadera, podían dejar a la platea alucinando con el personaje. Gracias a sus trabajos: toda una nueva ola de músicos inspirados por el movimiento punk británico y estadounidense en la corriente principal. Esperaban, ansiosos, saltar al escenario. Todavía quedaba la traca final, cuando The Cars fue multiplatino. Vendieron millones de copias para ser una banda de auténtico New Wave, allanando el camino a esos grupos que estaban sedientos como los B-52,s Devo y más tarde R.E.M. para saltar a las grandes discográficas. The Cars se disolvían en 1988 y Ric Ocasek grabó varios álbumes en solitario, con un éxito modesto. Cuando su viejo compañero de banda y bajista Benjamin Orr, enfermó, Ric quedó recubierto de una súbita tristeza, mucho mayor, cuando terminó sucumbiendo a la malignidad de la enfermedad en 2000, también desapareció cualquier esperanza de una reunión completa del grupo original. Pero, el tiempo, sigue su camino. Al igual que la vida y el ánimo personal. Siguió una carrera como productor de grupos tan interesantes, de la talla de los pioneros del synth-punk de Nueva York, Suicide.

Aunque fuera con los de la gran manzana un trabajo seminal. No fue el caso de Weezer, banda donde sí dejó su eterna mácula, incluido el icónico “Blue Album” de la banda, así como discos para los afro-punks, Bad Brains. Así como, Romeo Void, Guided by Voices y muchos más. Sin embargo, el aprecio por el oficio de Ocasek se extendió mucho más allá de la comunidad de artistas exitosos. Cuando los cuatro miembros supervivientes se reunieron para “Move Like This” en 2010, el álbum debutó en la lista de álbumes de Billboard en el número 7. Ocho años después, en 2018, en su tercera nominación, la banda fue elegida para entrar en el Salón de la Fama del Rock & Roll. La institución describió el atractivo de The Cars como: “un arpón inteligente, barnizado de unas sutiles armonias perfectamente combinadas de la New Wave y Classic Rock.” The Cars realizaron una mezcla de sus éxitos en la ceremonia de inducción del Rock Hall 2018. Ya en pleno escenario, a parte de la bromas de rigor, se sinceró con el respetable, comentando que daba las gracias a su abuela por “obligarme a cantar para sus amigos en el salón cuando tenía 5 años”. También le compró una guitarra en Sears & Roebuck cuando era un adolescente. “Entonces, un día escuché en la radio una canción llamada” That’ll Be The Day” de un tal Buddy Holly. A partir, de ese momento, comencé a tocar la guitarra con más ahínco. Durante la ceremonia de admisión de la banda, Ocasek, rindió un emocionado homenaje al compañero de banda Benjamin Orr. “Es bastante extraño estar aquí sin él”, dijo Ocasek en ese momento. En las redes sociales, fanáticos, compañeros y discípulos del genio de Baltimore no han parado de publicar tributos llenos de amor. Evidentemente, uno, no iba a perder la ocasión de rendir este pequeño homenaje a tan célebre rockero. Si tuviera que citar un epitafio. Posiblemente, el mejor sea el dedicado por el gran cantante de country Jason Isbell. Una palabras llenas de poesía y encanto. Al citar una de las mejores líneas de Ocasek, de “Just What I Needed”, donde tuiteo: “No importa dónde hayas estado, siempre que haya sido profundo”. Hoy en la red de Twitter tenemos un hashtag muy hermoso: hay una letra de #ricocasek para ti.” El último número de nuestras vidas siempre llega, cuando posiblemente menos lo esperamos. DEP, Ric

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Too Old to Die Young” (2019) Lisergia de NWR

Too Old to Die Young (2019), se estrenó en Amazon Prime el 14 de junio. El mismo día de su estreno, me involucré —en el entusiasta esfuerzo— de un visionado; que me dejó cataléptico. Ha sido una de las series más alucinantes e hipnóticas de estos últimos 19 años de new ficción de qualité. Su co-creador y director; el inefable Nicolas Winding Refn no dejó indiferente a nadie con su denominación de emisión televisiva de 754 minutos. Cuando compareció ante los medios de comunicación en Cannes. Too Old To Die Young (2019), es el cine conceptual del arte, más allá de los límites de la televisión. Nuevamente, Mr. Bezos, volvió a anotarse un tanto. Ya que un proyecto de estas características es difícil de acondicionar en las nuevas OTT,s. Empero, Cannes, no es ajeno a los estrenos de televisión. En 2017, el festival proyectó episodios de Twin Peaks: The Return (David Lynch) y Top of the Lake: China Girl (Jane Campion). Nicolas Winding Refn, es un creador al que no vamos a descubrir hoy. Eso es obvio. Pero sí que es verdad que aporta un estilo distintivo centrado en la vis más dramática y la inclinación por todas las cosas de neón al festival. Too Old to Die Young se redujo en un pase de los 2 primeros episodios, del total de la 10 partes que componen esta obra de culto para muchos y denostada para otros. Dos episodios donde se observan muchas de las líneas argumentales de este hiperfilm y por donde virará (eso puede creer uno), haciéndose una idea muy loca y disparatada. Al igual que The Neon Demon (2016), el escenario (como lo indica el título) es la taquicárdica capital del oeste. El hervidero de la ciudad de Los Ángeles —con un desvío directo— a los desiertos de Nuevo México. Pero no esperen mucho sol glorioso: Refn es una criatura nocturna, amante de los seres nocturnos y demás pelajes por donde la acción se desarrolla, en la gran mayoría de sus trabajos.

 

Además de recurrir, a su propio cuerpo de trabajo, con guiños claros a Pusher (1996) y Only God Forgives (2013), también hay ligeros toques a Tarantino y muchos elementos Lynchianos. En el corazón de la historia está Martin (Miles Teller), pedazo de actor, en todas sus vertientes. Un fenómeno de su generación. Aquí es un sheriff del condado de Los Ángeles que —a través de una organización clandestina— está a la luz de la luna como un Ronin que elimina la bancarrota moral de la sociedad. Teller se presenta como ese proteico Ryan Gosling de Drive (2011), el cual, tiene una relación con Janey (Nell Tiger Free), una adolescente de 17 años, con quien comenzó a salir cuando acababa de cumplir los 16. Su padre es un tipo (con mucho dinero) de lo más retorcido —que se come ácidos como si fueran pictolines— un personaje interpretado por un recuperado William Baldwin que borda el papel. En una actuación solapada por eternos silencios inquietantes y miradas a media distancia. Ofreciendo una marca de masculinidad (tipo duro, que suele escupir como un vaquero en las películas del maestro Ford) que hemos llegado a asociar con el trabajo de Refn. Es una historia —donde el cine negro/Neonoir puro— y el thriller van de la mano. Aunque, tampoco desvariaría mucho de la dinámica folletinesca de Ley & Orden. Algo que podría venir por parte de la vena artística del guionista; el escritor de cómics Ed Brubaker, curiosamente, los submundos de la trama del mundo de los narcos mexicanos tienen una vis muy cercana al cómic. Dejando a un lado, a Martin (Miles Teller), tenemos a Viggo (John Hawkes), un asesino que tiene los riñones destrozados y está al servicio de Diana (Jena Malone) la reina del mundo zen y el decálogo del misticismo.

 

 

Lo más parecido, a la Naomi Watts de David Lynch. Solo matan lo peor de lo peor; su misiva es proteger a los inocentes, y su convicción es tan firme que Martin al menos rechaza el pago por su trabajo. Lo más curioso es que sus empleadores son como una especie de banda que administra sus trapicheos y despachan la moral, de otros: Narcos mexicanos que trafican con personas. Aquí aparece una de las subtramas más importantes de toda la historia, la cual, no aconsejamos dejarse llevar por ella. A pesar de contar con unos personajes que enganchan al más pintado. Un mexicano criado en los Ángeles; Jesús (Augusto Aguilera). El tipo de hombre que venga a su madre Magdalena en el primer episodio y se lleva por delante al corrupto compañero de Martin. Jesús escapa a México para hacerse cargo del negocio familiar, donde se encontrara con unos personajes surrealistas. Desde el patriarca D. Ricardo, su supuesto tío/padre, interpretado por el actor, Emiliano Diez. Atado a una silla de ruedas, donde diariamente, le cambian la bolsa que sirve de estercolero a su estómago. La pitonisa/cuidadora del mandamás es Yaritza (Cristina Rodlo). Una fémina justiciera que va vengándose de todo aquel que subyuga o trafica con mujeres o son explotadas sexualmente. Las canciones populares y el mundo más esotérico se refieren a ella como “La suma Sacerdotisa”. Curioso el dueto el de Jesús convertido en un efebo de Versace y la dominamtrix Yaritza van creciendo, como nuevos capos, a medida que en el cartel los acontecimientos se desbordan. Cocaína a raudales, sangre y sexo en cualquier momento. No se pierdan un partido de fútbol entre policías sobornados de la villa mexicana de D. Emiliano y su ejército de narcos. Creo que el mismo Pelé hubiera opinado. Por otro lado, tenemos a Martin que va por libre y en una de sus vendettas dará con ellos. Nuestro querido amigo, Mr. Jones apunta hacía una catarsis, cohibida y delimitada. La venganza solo se puede administrar después de que haya ocurrido un crimen. ¡Ojo!, detrás del mismo, se cierne la amenaza de violencia sobre el nuevo espectáculo que el cineasta Refn nos depara, una especie, de velo sangriento palpitante.

El nihilismo de sus personajes principales puede sentirse algo violento e incoherente, especialmente, cuando entran en determinados monólogos sobre la lenta destrucción de la sociedad y la naturaleza. Redundando en el soliloquio de lo inherentemente humano dentro de su violencia interior. Empero, cuando las persecuciones de coches por el desierto de Nuevo México, se organizan con un vehículo eléctrico, donde una trifulca por el hecho de escuchar en la radio, un tema, en concreto, la interpretación completa de “Mandy” de Barry Manilow, es imposible tomarlo como ironía. Ya que el disparate psicodélico, adquiere dimensiones lisérgicas, en medio del desierto de Nevada. Obviamente, todo ese mundo que Refn crea es una mezcla surrealista de policías fascistas que tocan el ukelele, prestamistas de dinero de clanes Yakuza (con cameo incluido de Hideo Kojima) , bandas callejeras que pelean la cuestión racial y productores chiquilicuatres de porno, realmente, repugnantes. Observamos cómo Martin acecha la noche, matando a quienes han escapado de la ley en escenas muy violentas salpicadas de sangre. Cuando Martin descubre que ha sido enviado a matar a alguien que está atrasado en sus pagos a un prestamista, se vuelve contra sus empleadores y les exige que le den información sobre los peores objetivos, a quienes está feliz de sacar gratis. Esto lo lleva a Albuquerque en una misión para asesinar a dos hermanos que dirigen un brutal emporio —más propio de personajes fargonitas de los hermanos Coen— del porno. Too Old to Die Young es un feroz neonoir fantasmagórico lleno de desazón y que genera relativa preocupación por examinar una sociedad en decadencia moral. Este es el declive y la caída del imperio estadounidense de Refn y muestra, a su manera estilizada, que cuando la sociedad se derrumba, se necesita un vaquero armado para corregir los errores. Lo que el resto de la serie tiene para ofrecer, solo podemos esperar y ver, pero para este catador es más que suficiente para entusiasmarse. Los diez episodios pueden resultar demasiado desagradables y mezquinos para algunos de Uds. Algo muy comprensible.

 

 

El tratamiento de las mujeres puede ser cuestionable a veces, aunque la violencia y la crueldad, con el tiempo, influyen en todos sus personajes. El programa equilibra lo cuestionable con personajes de carácter fuerte y fascinante, donde las mujeres logran convertirse en el poder y balancear el péndulo de ese control, en el horario de apertura, que no mostró signos, como con la mencionada Yaritza. El espectáculo también puede ser lento y metódico, letárgico en su cansino movimiento de la cámara, como de sus personajes. A Refn le encantan las buenas tomas de seguimiento, llenándolas con tanta información visual, aunque sin una señal de la historia. Todo se hace sin prisa, dejando que los momentos respiren y jueguen a su tamaño absolutamente sostenible. Es casi impenetrable en un instante, e ilimitado y emocionante en el siguiente, casi aberrantemente amplio. Pero todos sienten la misma historia cohesiva, esta historia épica de dos hombres perdidos en un ciclo de violencia y enojo. La gran lucha sin contención, a través de los momentos menos cohesivos, y habrá momentos profundamente gratificantes, tal vez no de carácter, sino de liberación artística y catártica. El espectáculo es una inmersión larga en una idea oscura y cutre: que las cosas tienen que empeorar mucho antes de que puedan mejorar. Empeoran, potencialmente demasiado lejos para una audiencia más amplia. Pero la voz y el estilo brillan tan intensamente, marcando a Too Old To Die Young como algo diferente y potencialmente muy original de la televisión que está a punto de entrar en el 2020. Tiene los mismos defectos que virtudes. Aunque muchas de esas virtudes son realmente adictivas para cualquier enamorado de cine y del arte. Al igual que Twin Peaks: The Return de David Lynch, depende de qué tan lejos seguirás a un creador por su visión como artista, tocando su trabajo pasado y colocando el nihilismo en el núcleo de la madriguera de una chistera repleta de conejos. Mientras Cliff Martinez pone la música electrónica para conseguir el machacón trance, la entrada del espectador en un estado equidistante e idílico. Nota: 7,8

 

 

 

Warrior (2019), “el legado de Bruce Lee.”

 

La última vez que Jonathan Tropper hizo una serie de televisión para Cinemax fue Banshee (2013). Un thriller criminal lleno de acción y violencia extrema —envuelto de un salteado pulp riquísimo— que encaja perfectamente con la calidad de engranaje y aceleración, propia del canal satélite de la poderosa HBO: Cinemax. Series como la mercenaria Strike Back (2011) y el enigmático drama de Quarry (2016); que desgraciadamente fue cancelado al final de su primera temporada son buena muestra del perfil y apuesta de este singular canal de cable. Las tres series irradian un producto pleno de condimentos como; testosterona y un regusto de pequeñas trazas pulp, muy definidos en la génesis personal del estilo de Cinemax. Es obvio, que si lo realizado en el pasado funcionó, ¿por qué no repetir la misma fórmula?  Su showrunner favorito, Mr. Tropper, es el encargado de su nueva serie, Warrior (2019). 50 años después, la visión original del mítico Brece Lee, ha llegado a la televisión gracias a su hija Shannon Lee, al director de “Fast and the Furious” y “True Detective”, Justin Lin. Así como el incondicional apoyo de Mr. Tropper. Directa y contundente como el giro de brazo de Bruce Lee retirándose una gota de sangre. Warrior nos ofrece la mejor colección de golpes del maestro de las artes marciales. Y sí, ahora, se vería reflejado, en la esencia de su legado y no con la mística Kung Fu (1972) con su protagonista, el ya desaparecido, David Carradine.

 

 

El argumento nos cuenta la historia de Ah Sahm, un inmigrante chino (Andrew Koji, “American Gods”) que llega a San Francisco 1878, con una ilusión muy personal, pero cuando sus habilidades de combate salen a la luz, del radar del sindicato del crimen local a través de Wang Chao, interpretado por el hacker LGBT de Banshee (Hoon Lee, Bosch 2015 y Outcast 2017). Ah Sahm, es vendido como un hacha para el Hop Wei, la triada más poderosa de Chinatown y rápidamente, es observado por Young Jin (Jason Tobin, “Jasmine” 2015), quien hará de él su compiche más cercano, generando una química divertida y llena de personalidad, entre ambos. El ambiente va caldeandose en la jolgoriosa “Pequeña China” y la banda rival, el Long Xii, está comenzando a desafiar esa supremacía, mientras que la policía blanca y los políticos responden a un creciente sentimiento antichino en Estados Unidos y las populares guerras de los Tong Wars, en aquel San Francisco inquieto del ferrocarril y grandes obras civiles, tras la locura de la fiebre del oro. Obviamente, Warrior podría haber sido fácilmente una serie de acción directa y un drama de época, uno que se mezcla y prueba sus artes marciales de buena fe con una regularidad sorprendente.

 

Durante los primeros episodios (ocho, vistos de un total de 10, a día de hoy) darían la lectura del atisbo del último renglón aportado, ya que las audiencias son así. Lo dicho, de menos a más y subiendo el share. Las peleas del show —perfectamente coreografiadas— explosionan con regularidad, principalmente para mostrar el brillo arrogante de Ah Sahm (Andrew Koji) y para establecer —quién es quién— en las polvorientas y salvajes calles de San Francisco, en la década de 1870. Por cierto, esas calles con aroma a western/manga son los estudios de Ciudad del Cabo en Sudáfrica, donde se ha llevado a cabo el rodaje, una recreación modélica. También hay otras reyertas, como los combates de los nudillos desnudos favorecidos por la población irlandesa de la ciudad, encabezada por el corrupto Dylan Leary (Dean Jagger), y algunas batallas más sangrientas que involucran instrumentos más afilados, como cuchillos y hachas. Warrior tiene secuencias de lucha que quitan el hipo. No obstante, se propone abordar el racismo y la opresión de los chinos en San Francisco y sus alrededores. La secuencia de apertura del programa hace todo lo posible para ejemplificar los dos lados de sus ambiciones narrativas, poniendo a Ah Sahm —cara a cara— con un trío de trabajadores portuarios que abusan de los inmigrantes chinos cuando llegan a la ciudad. Empero, Ah Sahm no ha llegado a territorio estadounidense solo para lanzar algunos puñetazos y servir, como un machaca más de presa, por una soldada para un jefe del crimen. Está buscando a su querida hermana que fue separada de él en la adolescencia; Mai Ling (Dianne Doan, Vikings 2016 y Good Trouble 2019).

 

 

La dinámica hermano/hermana ayuda a darle cierto peso a la historia de Ah Sahm, ya que conduce directamente a la misteriosa historia de él y de Mai Ling, una que involucra decisiones difíciles tomadas por ambos; que los colocan en lo que parece ser un camino moralmente destructivo. La storyline por la que discurre el pasadizo de Ah Sahm y Mai Ling al continuar caminando por ese sendero inseguro; es parte de lo que hace de Warrior un producto, mucho más interesante, más allá de sus copiosas peleas y los encuentros cada vez más sangrientos por los que probablemente se hará un nombre por sí mismo. Otras subtramas no son tan interesantes desde el principio, pero son prometedoras a pesar de todo. Kieran Bew (DaVinci´s Demons 2013) interpreta al policía ludópata Bill O’Hara, cuyas cicatrices emocionales de la Guerra Civil son más profundas que las físicas y empeoran debido a que su nuevo socio Richard Lee (Tom Weston-Jones, Cooper 2012 y The Terror 2018) es un trasplante nacido en el sur del país. Un personaje que con el paso de los capítulos irá ganando peso. También están representados el lujurioso y corrupto alcalde de la ciudad, Samuel Blake (Christian McKay Grantchester 2014 y Frontier 2016) y su nueva esposa, Penélope (Joanna Vanderham), ya que se encuentran en una posición incómoda, cuando San Francisco está en los albores de una guerra histórica de opio entre los clanes rivales Tong. Koji es un líder encantador que es tan convincente en los segmentos marciales, del mismo modo que lo es durante otros intercambios más acalorados, como aquellos entre él y Mai Ling o con la madame del gineceo local, Ah Toy (Olivia Cheng Arrow 2013 y Marco Polo 2014). En particular, Koji no intenta imitar a Bruce Lee, algo que Shannon Lee dejó muy claro; pues no estaba interesada en ver.

 

Al contrario, Ah Sahm, es un tipo de una confianza muy similar y un sentido del humor equidistante, del que Bruce Lee dio a muchos de sus amigos. Sin embargo, Warrior tiene sus encantos y hay una pseudoestética entre los postmodernos “Peaky Blinders” o los “Gangs of New York”, pasando por algún capítulo surrealista que haría las delicias del maestro Tarantino, en mitad del Oeste de California. Hay alguien en la serie, diría que es Ah Toy, donde en un dialogo con Ah Sahm, le llega a decir “que América es un país de emigrantes.” No es como la China feudal de donde ellos huyen en busca de la libertad. Aunque la realidad sea muy diferente. Toy y Shaw tienen mil razones, para demostrar que ellos, no son peores que los irlandeses o los nórdicos o los eslavos que llegaron a la tierra prometida. Empero, los creadores sacan lo mejor de esta serie cuando se apoyan en la reacción de la humanidad a la corrupción y la injusticia. En un mundo cada vez más enojado que sigue demonizando a las personas por miedo, Warrior, proporciona un reflejo de la épica de mediados del siglo XIX, —en el San Francisco de Chinatown— envuelta de clanes que tienen como reverencia y gran apego idiosincrático, por las artes marciales cuya idea proviene, nada menos, que del maestro de artes marciales más famoso de todos los tiempos, Bruce Lee. BL escribió el tratamiento —de su propio Warrior— para terminar convirtiéndose en este Warrior (2019), ya que hace más de medio siglo, no pudo ver cómo el proyecto llegaba a buen término. Desde el cielo, estamos seguros que se encontrará muy orgulloso de su hija Shannon, y la puesta en marcha de esta estupenda serie. En otras palabras, la serie se pone rápidamente al trabajo de marcar las casillas requeridas demostrando, de que están hechos los sueños de Cinemax. Nota:7,9

 

“Películas que erizan la piel”(2019) de Vicente Muñoz Álvarez

Si hay un término con el que definir al escritor y poeta Vicente Muñoz Álvarez es su pasión por las cosas bellas, dentro de cualquier contexto, del viajante en la carretera —que durante seis meses al año— contempla por las interminables rectas de las autovías de la meseta, semejante delicia de paisaje. Ahí, en la carretera, de su querido Kerouack, en su automóvil pleno de maletas con zapatos de temporada. Curiosa estampa —pero corroboramos— que ganarse el pan, con la venta de libros: Hoy en día. Son muy pocos-as, quienes, les cae esa breva. La pluma hay que cargarla de tinta y la tinta no es gratis. Hoy en día son los diodos o pixeles de la pantalla de un ordenador, la electricidad y la banda ancha (no son gratis). Seis meses después, el amanuense vuelve a lugar de creación: la montaña leonesa y los largos paseos, al lado de su perro, mientras confabula nuevas historias o quizás versos con los que llegarnos al alma. VMA, es cómplice de eso, que ya le ha dado el oficio; el escritor infatigable. Un tipo que no renuncia a esas inspiraciones cuasi —poliédricas— mirando un páramo, saboreando una taza de café, desde un semáforo parado observando a una pareja que discute de la vida que viven. En la cola de un Supermercado, donde una anciana, habla con un móvil —de teclas enormes— mientras, llora a su nuera: lo mal que la tratan los de Servicios Sociales, porque son inexistentes… Sí, la inspiración puede encontrarse en los sitios más insospechados. Pero ahora, volviendo, a este magnífico libro: un ensayo de todas esas películas que nos encontramos en esta última obra de Vicente Muñoz Álvarez y acabamos de leer: “Películas que erizan la piel” (2019). No se trata, del clásico ni el canónico libro de crítica, de determinado cineasta o eso que está tan en boga; las 100 mejores películas del S.XX de suspense o de Sci-fi y etc. No. El autor, repite hasta la saciedad que estamos ante una obra que forma una trilogía sobre unas películas de cine, con las que, ha crecido y se ha enriquecido culturalmente. Todas ellas tienen un significado muy especial para VMA. Son grandes momentos de su vida y han condicionado su estilo y forma de dirigirse a sus lectores. “Películas que erizan la piel”(2019). Es una amalgama de subgéneros de terror donde encontrarán: asesinos en serie, slasher, gore, seres demoníacos, posesiones, vampiros y licántropos, casas encantadas, Sci-fi terrorífico, lisérgico, zombis y sobre todo mucha serie-B, entre una buena cantidad de productos Made in VHS, erótico/bizarro. A día de hoy, entre la jugosa selección, por sus exquisitas 221 páginas.

Observaran, en sus descripciones, films con una premisa primordial; ya que parten como adaptaciones de algunos de los mejores escritores-as del terror gótico, suspense o erótico. En este peculiar y fascinante libro veremos recopilados, todo un gran combinación de películas (muchas de ellas de culto, imposibles de cuestionar). Deudoras del negro sobre blanco, de autores como: Adous Huxley, Alejandro Jodorowsky, Bari Wood, Guy de Maupassant, Lautréamont, Baudelaire, Rimbaud, Huysmans, Ira Levin, Jack Kerouac, Jeffrey Konvitz, John Ajvide Lindqvist, Kenneth Cook, Daphne du Maurier, Henry Miller, Fred Mustard Stewart, James Joyce, Peter Van Greenaway, Peter Straud, Roland Topor, el gran Stephen King o el inefable Sheridan Le Fanu. Films escondidos en algunas de esas maletas de zapatos —de otro tiempo— del gran Jean Rollin y sus vampiros colgados de LSD. Ahí pueden sumarle todo lo que la adictiva Hammer ha producido, durante su fértil historia del cine, que, se devora con ganas. Esencialmente, por un público compulsivo, de todos sus thrillers psicológicos y películas de suspense. Al igual que su generoso catálogo de horror gótico y demás monstruos. Esa es la línea de trabajo, establecida en este brillante libro, una labor minuciosa, siempre dejando muy despejada la devoción hacia un arte que sincroniza con su acervo creativo de nuestro autor. “Películas que erizan la piel” es el tercer libro —que cierra una trilogía dedicada al mundo del séptimo arte— de Vicente Muñoz Álvarez. Un amor que se mantiene, y sigue estando ahí, al igual que el de la música. Confesaba el escritor leonés que uno de sus autores fetiche, de juventud, era Howard Phillips Lovecraft. En uno de los relatos que incluye su extensa obra: “Viajes al otro mundo”, menciona una llave de plata que le transportaba —a los recuerdos de— esa infancia marcada por los miedos y los fantasmas de casas encantadas.” Posiblemente la infancia de VMA es una máquina del tiempo de espacios atemporales. No es la primera vez que afirma con toda rotundidad; “que la esencia de su escritura, y sus pensamientos, es un trozo del recogimiento y el arte de la ensoñación… Poe es el maestro de la literatura moderna, de la literatura sobrenatural, de terror y policíaca moderna.”

 

 

“La Casa Usher me deslumbró. Es un relato con un trasfondo de subconsciente, con muchas referencias solapadas que en una segunda, tercera, cuarta o quinta lectura vas desvelando. Empero, sobre todo, destaca el ambiente que es capaz de recrear. Hay un ambiente fantasmagórico, absolutamente espectral que me trastornó y me sigue trastornando. Como decía Edgar Allan Poe, (sin dormir, pero soñando)”. Este amanuense leones, que a pesar de los años, sigue en movimiento y viviendo de sueños que impregna. Hace como unos cuatro años comenzó el viaje al principio de esta trilogía cinéfila, que inició con “Películas para llevarse al infierno (2011), después, “Películas en la Penumbra”(2015) y por último, la que estamos comentando a lo largo del texto; nuestra, querida “Películas que erizan la Piel”(2019) (una especie de colección de grandes films, con la coletilla de Cult Movies). Películas, con un denominador común, la admiración y celo por esos films con los que ha ido creciendo o descubriendo su itinerario literario. Por cierto, cuando quieran quedar bien delante de sus amigos y denoten; que es la hora del tedio tras una cena larga sin palabras. Hablen sobre el horror. Ya verán cómo se quedan los mismos, cuando les comenten cosas, como éstas: Fue a Tod Browning —que no, el irlandés Bram Stoker— quien se le ocurrió que Drácula vistiera un frac o la impresionante cabeza cuadrada y claveteada de la abominación de Frankenstein es un hallazgo de Jack P. Pierce, no de Mary W. Shelley. Esto no está en el libro. Es una broma, que le gasté por teléfono a Vicente Muñoz Álvarez y le encantó. Y es que el horror es parte de nuestra historia más contemporánea. Yo que vengo de letras puras y como licenciado en Prehistoria y Arqueología y periodista (jubilado por problemas de salud), siempre me gustó esta historia de un personaje cercano a mi mundo y el horror. Recuerdo, con alegría, una clase de una de nuestras profesoras más sabias de los 90. Hablaba de Plinio “el joven” y una de sus primeras crónicas sobre casas atormentadas por el recuerdo de muertes o tragedias recientes. El escritor de la antigua Campania describe: “una casa espaciosa y amplia, pero desprestigiada y funesta” en Atenas, sobre la que corrían todo tipo de rumores debido a los “hechos inconfesables” acaecidos en ellas durante décadas.

 

 

La construcción había sido escenario de asesinatos y después, de la muerte de toda una familia, asesinato que Plinio describe: como algo de una horrible naturaleza, que provocaron el miedo de “la ciudad entera y todos quienes conocían las consecuencias de un acto tan atroz”. Según el escritor, la casa permaneció vacía por décadas, debido a que “en medio del silencio de la noche, se oía un sonido de hierros y un ruido de cadenas, primero más lejos, luego más cerca”. Resumiendo, “Películas que erizan la piel” (2019), es un libro ameno, muy interesante y con un lenguaje cercano. Rico en epítetos y sentencias pop que marca un tempo, alejado de la crítica más ortodoxa y oficial, por excelencia. No es un estudio detallado o una biografía al uso, en concreto. Pero vale la pena, invertir, un poco de tiempo, para disfrutar de películas de terror, subgéneros y rarezas de todos los rincones del planeta. Especialmente sería una extraordinaria elección una o dos de estas películas para un regalo de Halloween. Puede que sea tal el éxtasis de emoción de miedo, del que recibe, que vaya creando un boca a boca, con “Películas que erizan la piel”(2019). Empero, vamos acercándonos al asueto de verano y por ende, hablamos de un libro, que se convierte en un excelente compañero de verano playero e ir tomando contacto, con toda esa conexión informativa. Tremendamente entretenida y reveladora, pero a la vez accesible para la mayoría de los lectores. Realmente he disfrutado, muchísimo, con la variedad de títulos que ha elegido. Desde los años 30 a la selección de mediados y finales de los 60. Así como un montón de films psicodélicos de los años 70. Sutiles 80,s/90,s y algún beluga de este S.XXI. Películas que erizan la piel (2019) /films de culto/ de Canalla Ediciones es todo un hallazgo para todo aficionado y amante de la gran pantalla. Y como decía un teórico del terror contemporáneo de quien, ahora mismo no recuerdo el nombre: “La narración que analiza el miedo como parte del paisaje humano se haga cada vez más profunda, perversa y obtenga un enorme valor estético.” Y claro, hablando de narradores, Vicente Muñoz Álvarez es un valor seguro, pueden buscarle por Google en la Wikipedia y descubrirán su magnífico blog “Mi vida en la penumbra”. Así como lugares míticos creados por su ingenio y frescura como la edición del fanzine Vinalia Trippers o el portal HankOver Resaca; un homenaje a Charles Bukowski. Lo dicho, es muy buen poeta, escribe muy bien, tiene una imaginación desbordande: pero, además, es un grandísimo ser humano. 

 

P.S; Jon Alonso también es el creador del blog el inquietante bypass

 

 

 

Vikings (2013-2019) el Valhalla de M. Hirst

 

El director Michael Hirst se ha construido una excelsa reputación como creador de historias y obras de época, que son historia universal y parte de la cultura, de la TV de luxe, como: “The Tudors”, “The Borgias” o la reina “Elizabeth”(1998). Esta película fue el enamoramiento de Hirst con la historia de su país, ya que volvió a repetir film, con en el mismo director y equipo en 2007. Aquel primer debut en la gran pantalla (primera nominación al mejor guion en los BAFTA) y el descubrimiento por la crítica internacional —de la excelente actriz australiana Cate Blanchet— maceró a un gran estudioso del guion y el arte audiovisual. Un estudiante de historia que pasó un tiempo en Oxford y en la London School of Economics; escribe los episodios basándose en su minucioso método de investigación. Empero, el intuitivo MH, en el verano de 2008, comenzó a imaginar y darle vueltas por su cabeza, sobre una gran drama para la televisión basado en la mitología nórdica. Algo caprichoso y como no, animado por un par de copas de vino de más, en Francia. Ahora, en pleno 2019, se halla estupefacto, por la meteórica ascensión de la serie Vikings bajo su control y el equipo del prestigioso canal de TV Channel History, en Canadá. Después de 5 temporadas de gran éxito, este gigante, es visto por millones de fans en más de 250 países del globo terraqueo.

 

A partir de todo este boom, el propio M. Hirst reflexiona sobre uno de los elementos más fascinantes de la historia del pueblo vikingo: cómo aquellos merodeadores pasaron de ser paganos, a cristianos alrededor del año en el año 1.000 d. C. A finales, de la era vikinga. “Eran guerreros formidables y magníficos navegantes, empero su cultura: sus dioses, todo lo demás acerca de ellos fue reprimido deliberadamente por los monjes y por los cristianos escandinavos cuando, por supuesto, después de 400 años, más o menos todos los países escandinavos se hicieron cristianos, y derribaron los templos paganos”, comentó Hirst en un medio de comunicación relacionado con la historia antigua de los EE.UU. Hicieron todos los esfuerzos posibles para destruir cualquier evidencia de vida y creencias paganas. El drama está nebulosamente basado (o en gran parte imaginado) en la vida de un granjero nórdico convertido en explorador llamado Ragnar Lothbrok. Es en parte un estudio sobre liderazgo, ya que Lothbrok gana poder y debe maniobrar con cuidado (y con violencia) entre los jefes vikingos y los reyes europeos para mantener ese poder.

 

 

Las guerras llenan el espectáculo con batallas de hachas, espadas y escudos, donde la sangre cae a borbotones. Pero, en medio de esa violencia, encontramos giros en la trama que involucran disputas fraternales, personajes fuertes, incluidas mujeres rubias con espadas con temibles cortes de pelo, y unos hermosos parajes de Irlanda, Canadá y los fiordos noruegos. Se atisba una fauna y flora en estado salvaje. Admiradores del filólogo de Oxford J.R.R, dejar caer la coda, del homenaje de Tolkien a las epopeyas, mitos e idiomas europeos, a lo largo del devenir, de sus obras literarias clásicas; “El hobbit” y “El señor de los anillos”. Hay quienes dicen que se puede encontrar en Vikings, una versión a modo de, gran emulsión histórica que—digamos, sería ese sucedáneo— del exitoso programa de fantasía de reinos antiguos de HBO: “Juego de tronos”. Sin embargo, esa aseveración, tiene cierta malicia. Ya que los trabajos académicos de la comunidad histórica, parecen indicar que R. Lothbrok (también conocido como Ragnar Hairy Breeches) fue, de hecho, uno de los primeros héroes vikingos descritos en la poesía y las sagas del noruego antiguo. Una crónica anglosajona dice que fue el padre de muchos hijos, incluyendo a Inwaer (Ivar el Deshuesado), Halfdan Ragnarsson y Hubba (Ubbe)

 

Estos hijos se convirtieron en líderes vikingos después de él y vengaron su muerte liderando posteriores invasiones de Inglaterra. El poema islandés del siglo XII Krákumál describe el matrimonio de Loobrok con una hija del asesino del dragón Sigurd (Siegfried) y la escudera Valkyrie Brynhildr (Brunhild), leyendas germánicas y nórdicas. El espectáculo representa a esa hija como Aslaug. Empero, M.Hirst, sabe de qué va este producto, conoce la historia, es su mundo, y en ello, le va el oficio: es una delicia poder tener a un showrunner con tanto bagaje académico. Un tipo que a partir de esa investigación, lectura y contemplación que las ideas: los personajes y las historias comienzan a surgir. Ese proceso es muy importante para mí. Lo que le gusta son las historias que están arraigadas en la realidad y prefiero escribir sobre personas reales, en situaciones reales, pero cuyas historias son fantásticas”, es un trabajo con el que se deleita. 

 

Hirst quiere compartir con el público todo ello. En el fondo, soy un narrador de historias, aunque los guiones estén basados en hechos, los uso como un punto de partida para crear historias . Caso de los reinos británicos donde el rey Ecbert y su hijo el príncipe Aethelwulf en Wessex y con familia política en Mercia; la princesa Judith (Jennie Jacques). En Wessex mantienen un reino feudal, sostenido en un vasallaje de nobles, donde los obispos tenían mucho que decir. Empero el personaje que ha cautivado a dos de los grandes protagonistas de las tres primeras temporadas fue el monje Athelstan (George Blagden) y condición de clérigo ultraestudioso; bondadoso y asertivo. Amén, de determinadas intrigas palaciegas, hay hechos fascinantes, caso del papel de la mujer dentro de la cultura vikinga, como “mujeres escuderas” o “skjaldmo”, una suerte de “vírgenes guerreras” que renunciaban a su papel “femenino” para dedicarse a guerrear. Pero las sagas también recogen tradiciones sobre mujeres que, pese a tener responsabilidades familiares, también se lanzaron al combate. Es evidente que en Vikings, reúne la suficiente violencia de aquellos tiempos; saqueo, violaciones, lucha con espada en mano e intriga política, para satisfacer a los espectadores más clásicos. No obstante, los vikingos también están empapados de religión y tradiciones como hombres de mar, por ello, el gran aplauso, para un Michael Hirst que consigue su mejor historia desde sus inicios, como escritor y director.

 

 

Ya que este énfasis no solo es históricamente exacto, sino que también resiste a la ortodoxia dominante en gran parte de la industria del entretenimiento. Ya que los personajes deben presentarse como si fueran indiferentes al mundo de la fe. En los capítulos de esta última temporada vista —la 5ª— un misionero cristiano que, se presenta en Kattegat, es llevado ante la reina Aslaug (Alyssa Sutherland) por predicar contra “falsos dioses” y lo someten a la siguiente prueba: aguantar una barra de metal incandescente, al rojo vivo, que da miedo solo de verla, para demostrar que su dios es más fuerte que los dioses nórdicos. El pobre feligrés se derrumba en el suelo gritando de dolor con las manos ensangrentadas y llenas de enormes ampollas, mientras los vikingos ríen a carcajadas. Finalmente, la reina le dice a uno de sus guardias, que mate al cristiano. En el mismo episodio, el marido de Aslaug, el rey Ragnar Lothbrok (Travis Fimmel), encabeza a un ejército vikingo en su primer sitio del París medieval. Hasta su unión con otro personaje histórico, el rey Harald Finehair de Noruega interpretado por un convincente Peter Frazén. Todo un personaje que irá tomando protagonismo, tras la enemistad que irá yaciendo entre el Ragnar y su fiel, alocado e ingenioso, amigo Floki que protagoniza un enorme, Gustaf Skargård. Desde el fallecimiento del monje Athelstan, este constructor de los mejores Drakkar de Escandinavia, se siente más introvertido.

 

 

Durante las conversaciones de paz con los comandantes militares de París, Lothbrok exige ser bautizado para que pueda ver a su amigo cristiano, el bueno del clérigo Athelstan y reunirse, con él, en el cielo. Sus capitanes vikingos se sorprenden cuando lo encuentran en esta conversión. La lucha encarnizada con su hermano Rollo (Clive Standen) que toma partido por la hija del príncipe parisino. Un Ragnar que no encuentra respuesta a tanta traición. Pero la gloria, la riqueza y el poder salpica a la familia más unida Esa dedicación, su atención a los detalles y sus historias creíbles pero fantásticas le han valido a Hirst la aclamación. También ha reavivado un fervor mundial por la mitología nórdica y las aventuras vikingas. Si va a durar otro milenio o no queda por verse. Las tensiones se filtran en medio de sangrientas batallas que representan la cultura escandinava primitiva en las cuatro temporadas, desde su inicio, ha convertido a “Vikings” en un programa de televisión por cable, con unas medios de 4,5 millones de espectadores por episodio emitido.

 

 

El próximo otoño se pasará por las diferentes plataformas de fibra los 10 primeros capítulos de la sexta entrega y última, de esta mítica serie que adquiere, la vitola de culto, que alcanza una media de 8,6 según la página IMDB. La dirección de sus episodios, dirección artística y una hermosísima fotografía de un gran John S. Barley no dejan ninguna duda que es una grandísima producción. Mención al trabajo de la Sountrack de Trevor Morris, grandísimo compositor, que da el tono en cada momento. Sin dejar de lado ese aura, Shakesperiana, ya mostrada en The Tudors o Elizabeth, marca de la gran escritura de MH. Obviamente, estamos ante un espectáculo, donde se nos presentan unos cristianos perfectos o vikingos desinfectados. Nos muestra la manera desordenada, sangrienta y engañosa de los humanos en una búsqueda de poder y en interés propio. En ese proceso, también nos muestra cómo la idea del cristianismo venció a las religiones paganas del Norte, convirtiendo a una feroz comunidad de guerreros en algunas de las personas más civilizadas y pacíficas del planeta. Algo si que vamos a echar de menos y será otra serie que pasará, a su mayor gloria, el Valhalla.  Nota: 8,4