Narcos (2015) “Escobar, Gabo y Nancy ”

The Medellin Cartel in the Netflix Original Series NARCOS. Photo credit: Daniel Daza/Netflix

 

“Una droga más dañina que las mal llamadas heroicas se introdujo en la cultura nacional: el dinero fácil. Prosperó la idea de que la ley es el mayor obstáculo para la felicidad, que de nada sirve aprender a leer y escribir, se vive mejor y más seguro como delincuente que como gente de bien”

Noticia de un secuestro (1996) Gabriel García Márquez

A veces un no, contundente, por respuesta es duro y tiene un precio que pagar. Alto o bajo, pero no gratis. Depende de quién, cómo, cuándo y el porqué. Puede ser una buena excusa para conseguir un fin o descansar los remordimientos. Bien, dejémoslo por aquí y no seamos tan rebuscados. Tan sólo es una aseveración, que depende del tono, para manifestar el estado de cualquiera. Aunque más abajo recordarán la miga de toda esta elucubración. La nueva apuesta, del pudiente canal Netflix, con una serie fascinante y de excelsa calidad; Narcos (2015) está dejando muy buen sabor de boca a la crítica televisiva de todo el mundo.  Vistos los primeros 120 minutos de este apoteósico y deslumbrante producto es obvio —que nuevos ecos desde  la colina de las vanidades—den por hecho la firma de su segunda temporada. Y digo lo de que es evidente, su inminente segunda temporada, pues vistos los ocho capítulos restantes; se observa una relativa ambiguedad, mas que sospechosa, en su resolución (gritando una continuidad redundante). Narcos es uno de los pasos más en firme y decisivos, por parte de la directiva de esta plataforma, desde que se apostó por la producción de series en formato streaming. Netflix consigue con Narcos un plus de exquisitez y reivindica la figura de este sello, en el selecto club de los canales de la ficción delicatesen por antonomasia: HBO, AMC o Showtime. Si miramos a través del retrovisor y nos fijamos en los páramos de lo excepcional; The Sopranos, The Wire, Rome o Mad Men hay que hilar muy fino con lo que puedas romper y traer originalidad. Todo el mundo que sabe algo de esto de la nueva ficción Made in USA tiene muy claro, que aquellas series fueron un punto y aparte en la historia de la TV. Un medio que se le suele despreciar pero el viejo Hitchcock adoraba. Hoy en día es un lugar fascinante, competitivo y seductor. Más aún, dentro un contexto donde se destilan aspectos más peregrinos; como la moda en el cine y la TV de este siglo. Curiosamente ha sido en estos últimos tres años, cuando parte de toda esa ficción —aludida— transcurre durante la administración de Reagan. Ejemplos cercanos son los de (The Americans de FX y 83 Deutschland de Sundance TV). Productos de una calidad excepcional. En el fondo, muchos de los que hablamos —de la adictiva caja tonta catódica— ahora inteligente LCD estábamos flipados, con algún disco de Bowie y el nacimiento de bandas, muy del gusto republicano, como Bon Jovi. Evidentemente, Narcos es un producto en esa línea —que tiene un plusvalía mucho mayor— y junto a House of Cards u Orange is The New Black son las joyas de la corona de una Netflix muy crecida. No muy lejano tenemos el éxito de audiencia y crítica de una de sus apuestas de la pasada primavera, Bloodline (2015) con un reparto de lujo —algo que en Narcos no sé ve, ni falta que le hace— y nominaciones a los Emmys junto a OITNB, esta última, sigue repitiendo en muchas de las disciplinas del año pasado. Sumémosle el experimento de Sense8 con los hermanos Wachowski: un pastiche, a modo de drama entre el New age, la Sci-fi muy “Lost” y chutes de felicidad ¡Viva San Francisco! bajo el arco iris multicultural. A pesar de la gran factura —de la misma— el resultado es delusorio, y esas noticias suben a toda velocidad a las plantas altas, de los directivos, que invierten los cuartos y contabilizan cifras. No sería muy sospechoso, que los ejecutivos de Netflix se apiñaran en un laboratorio de plasma con LCD u Oled, y, jugasen a becarios de laboratorio de química orgánica. Tomando botellas diminutas, de las mejores esencias de otros espectáculos y después de un meditabundo ritual; comenzasen el proceso de concentración. Todo ello dosificado, en precisas cantidades, gracias a las pipetas. Después de un cuidado y mesurado hervir en la caldera, que burbujea a fuego muy lento, hasta conseguir  la estructura ideal de gran espectáculo y absorber —directamente— todo el vapor pensante. Bueno, bromas a un lado, el espectáculo de Narcos es emocionante, vibrante y desbordante. La serie denota estilo y ahí se evidencia, que es un caballo ganador, ahondando en el retrato de un personaje real dentro de un periodo histórico muy convulso.

narcos-0002 Foto 2

Pero con el cincel más seguro de la vieja escuela. Es decir; rebuscar en el personaje, sus relaciones y su psicología personal. Así como el perfilado y detallado retrato de sus aláteres, auténticas piezas, que se mueven al ritmo de un tablero de ajedrez pleno de humedad y exuberancia. En definitiva, Narcos es pura sociología de un contexto violento e ilusorio, donde la ingenuidad pasaba a convertirse en paranoia. Igual que el capullo en mariposa y el jaguar busca tapires o tortugas; es evidente quien termina ganando. Narcos es por encima de todo; la efervescencia de dos tabletas de aspirina en un vaso de agua y por momentos, una tormenta eléctrica de auténtico divertimento a ritmo de vallenato. Y es que la biografía de Pablo Escobar ha dejado montañas de documentos en comisarías, servicios de brigadas especiales antidroga y embajadas. Desde el rincón más inhóspito de las selvas colombianas hasta Washington. Uno de los grandes logros de los creadores de Narcos son sus creadores: Chris Brancato, Eric Newman y Carlo Bernard. Brancato ya estuvo escribiendo guiones de la historia que desarrolló B. Fuller en Hannibal. Finalizada, recientemente, y convertida en serie de culto. Un tipo al que se le ve el oficio. Este trío de ases ha conseguido una de las primeras victorias de Narcos; hacer que Escobar y sus sicarios hablarán en su lengua: español con el deje de Medellín, apoyados en subtítulos, consiguiendo un plus de  autenticidad y realismo, que deja un —eventual—  poso a documental. Inspirada —no toda la historia— en el libro Killing Pablo, del periodista estadounidense Mark Bowden, que se centró en el agente de la DEA, Steve Murphy. El agente Murphy se puede decir que fue el aguijón de la operación de acecho y captura sobre  Pablo Escobar en 1993. Reitero, el trabajo de construcción de este guion es impresionante, pues, estamos analizando la antropología y sociología política del fenómeno de los Narcotraficantes. No es sólo Pablo  Escobar, es un país que sangra por los cuatro costados,  ya que sus principales capitales están dentro, de lo que conocemos como carteles de la droga: enjambres de sicarios. Haciendo de Colombia un primer ensayo de Narconación. Termino irritante para las autoridades y personalidades intelectuales de Colombia. Pero que se llegó a acuñar. Desde el inicio de la década de  los 80 a principios de los 90 llegan a pasar dos presidentes por los EE.UU. Durante ese periodo, en Colombia son asesinados: Rodrigo Lara (ministro de justicia), Carlos Galán (un candidato a la presidencia) e intentan matar en más de una ocasión al presidente César Gaviria (gran interpretación del mexicano Raúl Méndez) que pasó a la historia por derogar el convenio de extradición directa con EE.UU de los narcos, ante el constante reguero de sangre y terror, que Escobar y su clan instauró. El presidente Gaviria no le quedó más remedio que  ceder a las consignas de narco: cumplimiento de una pena menor en un cárcel/hotel surrealista dentro del territorio colombiano pero con unas distancias de seguridad muy sui generis. Obviamente, algo con lo que no contaban las autoridades fue el desmadre y lugar de perdición, en que se convirtió La Catedral. Escobar campaba como Pedro por su casa, rodeado de su grey de matones y unos pocos vigilantes de prisión, a modo de hermanas de la caridad. Ni siquiera los capos napolitanos de Gomorra (2014) le llegarían a la suela del zapato a este criminal. Nadie en la historia del crimen organizado ha gozado de un sitio igual. Un lugar donde un gangster puede vivir su mejor experiencia en cautividad: juego, whisky de Malta, Ron añejo, cocaína a gogó, putas y yacusi particular. Pero, eso sí, encerrado. Escobar sabía que la privación— independientemente del entorno lúdico— era de alguno modo, esclavitud y el principio de su fin. En Narcos se nos ofrece un torrente de imágenes profundas e impactantes. Así del cómo y cuándo; Escobar y la cocaína se dieron de bruces. Capítulo a capítulo se va entretejiendo la historia de la política de drogas, los cuestionables métodos de aplicación de la ley, guerra de pandillas, asesinatos despiadados, atentados con explosivos, secuestros a la carta y una acción estelar llena de espionaje y  contrainteligencia. Todo tipo de complots, matanzas históricas y detalles acerca de los sistemas intrincados de contrabando que mantiene al cártel de Medellín en la parte superior de la pirámide. En el episodio piloto vamos comprendiendo el estatus inicial de joven Pablo Escobar —como un contrabandista en toda regla— un dealer, de otro tipo de productos, que el azar le pondrá en contacto con la droga mágica. El encuentro con un personaje conocido como el Cucaracha —que viene corriendo desde Chile con el rabo entre las piernas— cocinero de laboratorio de pasta de coca en el Chile de los 70.

TV STILL -- DO NOT PURGE -- (L to R) MAURICE COMPTE, BOYD HOLBROOK and PEDRO PASCAL star in NARCOS. Season 1 Episode 3. Netflix. NARCOS S01E03 "The Men of Always"

Estos laboratorios se hallaban en las bajas faldas de los Andes cercanas a la frontera de Bolivia no tienen desperdicio. Ver para creer. Y es más, cuando la magnífica narración de esta historia nos pone en conocimiento, que fue la CIA durante la dictadura de Pinochet, quien estaba detrás de este negocio. Claro que la CIA siempre ha sido así: ha hecho lo que le ha pasado por la funda del escroto. El cucaracha tiene mucho de personaje humorista en una nochevieja de las de Luis Aguilé (lenguaraz y descarado) y un protoMr.White de corto recorrido: no pasó los 60 minutos de rigor sin su correspondiente tiro entre ceja y ceja. Su encuentro con Escobar y su primo hermano Gustavo Gaviria (el actor colombiano Juan Pablo Raba/otra brillante interpretación), en una cantina de Medellín. Es uno de esos momentos inolvidables que pasaran a la historia de la ficción. —Escobar le ha calado a una legua, y, cuando le muestra el material a éste, el cucaracha sigue parloteando, como una cacatúa. La mirada de D. Pablo corta las notas de la cumbia que está tocando la banda del garito. El cucaracha le dice a Escobar que la coca se vende por gramos y lo que cuesta en Chile, 10 dólares… Escobar  barrunta: “Si la cocaína se vende aquí a lo que tú dices… Cuánto crees que vale un gramo de esto en Miami…” Escobar  toma la decisión de expandirse a los EE.UU. Y es aquí donde decide que el rumbo de sus actividades irá directamente a Miami. Mención aparte merece el casting de Narcos. Pudiendo haber contratado a caras famosas, se  decidió una selección de actores conocidos en sus países de origen. Pero apostando por el  perfil bajo, es decir, sin grandes nombres de estanterías repletas de Oscars y grandes honores que hoy son quienes llaman a las productoras de TV. Increíble pero real. La apuesta ha tenido una de las  recompensas más gratas de los últimos años —un casting  originalísimo y explosivo—, esencialmente, la elección de Pablo Escobar que recayó en el actor brasileño Wagner Moura (estuvo aprendiendo español en la Universidad Pontificia Bolivariana durante más de 4 meses y trabajando el acento paisa, propio del territorio de Medellín), lejos del exceso y el histrionismo —se mantiene hermético con esa barriga— que le hizo sacar la cintura, en los 20 kilos que engordó. A medida que pasan los capítulos va cogiendo fuste y la potencialidad kármica con el auténtico Escobar. Por momentos, los planos entre la realidad y la ficción llegan a confundir, quien es Moura y quien Escobar.  Actor que puede mirarle a los ojos, sin que se le caigan los anillos, al último Escobar; el ínclito Benicio del Toro. Moura/Escobar es venerado como el Robin Hood de Medellín, ya que regala dinero a los más pobres de las barriadas y viviendas a tutiplén. Un hombre convencido que Dios le ha dado una misión: cambiar el destino de Colombia. Todo ello no es más que un ardid, ante el aluvión de montones de millones de dólares que acumula en garajes y zaguanes. A partir de ese instante, el capo comienza el show del blanqueamiento a marchas forzadas, pero con su propia ley. Es decir; la cara más brutal del personaje. El impasible y despiadado gangster. Un ejecutor implacable de todo aquello que pueda serle un obstáculo en su política de expansionismo criminal, ya sean los policías locales y sus familias, o embarazosos  campesinos que le dificulten su planificación. Esa actitud de genocida es la que el pueblo calla por miedo y será la que le haga caer de su trono de oro. Echando por tierra la imagen de  hombre de familia, honorable y generoso. A pesar de la oscura mitología del personaje y la enorme cantidad de documentación conocida y desconocida que sólo Escobar sabrá y algunos de los verdaderos agentes de la DEA, CIA, escuadrones paramilitares, narcos delatores de la competencia y demás fauna que participaron en todo este affaire. Steve Murphy (Boyd Holbrook) es el otro protagonista de esta intrigante historia. Su voz en off —que va narrando los acontecimientos— y te atrapa en las estrofas que repite y son reafirmadas por un montaje espectacular entre imagen real y ficcionada. En esa variable que algunos definen como la ley de la teoría del caos; nos vemos al jovenzuelo agente Murphy, que pasa de perseguir a hippies trapichas y fumetas estudiantes de medio pelo en 1980, a hostigar al mayor narcotraficante de la historia contemporánea. SM se une a la DEA —que trabaja destrangis en la embajada de EEUU en Bogotá— en la batalla de Colombia, donde se une a Javier Peña (el actor chileno, Pedro Pascal conocido por ser uno de los grandes personajes de GOT) agente veterano de la DEA que se mueve muy bien entre aguas turbulentas y con una red de informadores de los más variopinto.

Narcos-0004Foto 4

Habla perfectamente español, algo que le vendrá a Murphy de maravilla y adaptarse mucho mejor a toda esta guerra por el poder, entre narcos, gobierno colombiano y los EE.UU. Independientemente al hecho de que Murphy es el narrador y la voz en off de la historia, el ritmo es puro Scorsese, en Goodfellas (1990) o Mereilles en Ciudad de Dios (2002). En algunos momentos, nos da la sensación de estar dentro de la gran fiesta de Thomas Anderson en su obra maestra, Boogie Nights (1997). Avionetas, kilos de cocaína por encima de los cuerpos de las prostitutas de Medellín con Champán, ron añejo y enormes langostas bajo la batuta del director brasileño Jose Padilha, quien se hizo un nombre con el magnífico film, Tropa de élite y su posterior secuela. Fue reclamado por el Mainstream Hollywoodense para realizar el remake de la mítica  Robocop del holandés P. Verhoeven (1987). Obviamente, la empresa se antojaba de alto calibre. Robocop 2014 (pasó con una discreción anodina, recibiendo algún que otro palo de la crítica más exigente), pero tampoco es una película horrible. Jose Padilha demuestra oficio y brinda un ágil dominio del subgénero del crimen organizado. Podría haberse elegido otro director, quién sabe… Hoy en día el trabajo de las series de televisión Top suelen realizarlas directores Made in HBO. Algunos ejemplos  de ellos fueron pródigos y gozaron de relativa gloria en los 80 o 90; J. Foley, J. Dahl o C. Franklin  o A. Holland… Pero la nómina es enorme. Lo dicho, no soy yo quien criticara el entusiasmo de Padilha tras la cámara y el fantástico montaje de secuencias. Se ha hecho un trabajo de condensación de casi 10 horas de rodaje. Donde, él mismo Padilha se ha encargado de supervisar  el resto de episodios donde también ha dirigido un par de capítulos Guillermo Navarro y el resto jóvenes talentos que lo han bordado: el cineasta colombiano Andi Baiz y el brasileño Fernando Coimbra. Narcos ve a Escobar,  como se ve a sí mismo; el ingenioso empresario dotado para los negocios y como el gran visionario de los narcos contemporáneos. Ahí están los hermanos Ochoa José Luis, que interpreta el brasileño (André Mattos) y Fabio (el colombiano Roberto Urbina) o el personaje de José Rodríguez Gacha “el mexicano”, aquí el enorme (Luis Guzmán, nacido en Puerto Rico, actor fetiche de Soderbergh o Paul Thomas Anderson uno de los mejores actores de su generación de origen latino) le da vida, en una interpretación memorable. Otro personaje que tiene una importancia vital (es el jefe del escuadrón de los paramilitares) el coronel de operaciones especiales Horacio Carrillo (Maurice Compte un actor mexicano muy bueno), con un inglés fantástico. Así como el personaje más malvado que se recuerda en los últimos años del mundo del hampa: “Poison” o Veneno (intepreado por el mexicano Jorge A. Jiménez) es uno de sus sicarios más fieles y letales de Escobar en su trabajo. Ya ha quedado para los anales de ficción criminal; la búsqueda de una chica muy joven y su bebé, donde el killer demuestra sus maneras. Mata y respira con la facilidad de un chaval a la hora del almuerzo devorando su Bollycao de turno La verdad que Narcos despide un coraje y aplomo, que se evidencia, en todo el elenco de personajes. Entre las féminas destacaríamos a Connie (Joanna Christie), esposa del agente Murphy, o el caso de la femme fatale y trepa periodista Valeria Vélez (interpretado por la bella actriz mexicana Stephanie Sigman e inspirado en la verdadera periodista Virginia Vallejo) que fue amante oficial de Escobar. Por otro lado, estaría su más ferviente rival: Victoria Escobar, la Tata, su esposa y madre de sus hijos (la mexicana Paulina Gaitán). Narcos” ofrece estimular ideas acerca de las motivaciones de Escobar y su pasmosa frialdad a la hora de ordenar asesinatos: la matanza de los guerrilleros del M-19, donde vemos a una magnífica actriz como es Ana de la Reguera, dando vida a la guerrillera (Elisa). La guerrillera salvó su pellejo gracias a un artificio de la casualidad, entre ella y el matrimonio del agente Murphy. Gran parte de sus compañeros acaban troceados y fotografiados, como castigo por el secuestro de la sobrina de los hermanos Ochoa; Marta Ochoa. Del mismo modo, se desarrolla una vis cuasi de pueril y compasiva, cuando de repente, observamos como denota angustia y afligimiento, en una escena donde una perra (pastor alemán) recibe disparo a quemarropa del capo Gaba. Una contradicción o un halo de inocencia dentro del mismísimo diablo como llegó a denominar sus socios más cercanos.

Narcos 0005-Foto 5

Todo ese caudal de acontecimientos le basta a una mesa de montaje, que a modo, de trabajo de un vieja moviola, de las viejas mesas de montaje,  nos retrotrae a las cortinillas del show; entenderemos y sabremos un poco más del porqué, de esa aureola de belleza, que recorre a Narcos con la música de Rodrigo Amarante y el bello score “tuyo”. Ahora entramos en un sueño y nos encontramos con el agente de la DEA, SF, hablando con el difunto maestro García Márquez, para que le explique, ¿qué es el realismo mágico? “Es lo que sucede cuando un entorno realista y detallado se ve invadido por algo demasiado extraño para ser real. No es de extrañar que el realismo mágico haya nacido en Colombia”. A pesar de las veces que García Márquez espetó con respeto: “el realismo es la diplomacia entre colombianos, pero por favor no se inventen más subterfugios para defender la intromisión de la soberanía nacional.” Obviamente,  que Escobar se convirtió en el narcotraficante más rico en la historia, a través de una implacable cruzada de violencia, gracias a la repetitiva práctica de la extorsión. Métodos horribles sustentados en la tortura y el soborno sistemático del pueblo. Narcos es el retrato del gangster, el político, el agorero, el marido de la virgen de los Sicarios, el mártir y el puto amo de Colombia (la escena que le perdona la vida al cabecilla de la guerrilla y se queda con la espada de Bolivar) es alucinante. Mientras un avión de la DEA intercepta las comunicaciones con radares de finales de los 80. Aquellos primeros zapatófonos vía satélite, de los secuaces del patrón Escobar le espera el otro mundo. Realismo mágico y política real, de un Reagan tosco, malhumorado y esquilmado con el capital norteamericano que salía de los bancos. Estaba en juego el capitalismo y la libertad de poner y quitar gobiernos. De eso sabe mucho el gabinete gubernamental. El mismo que se pasa el bote —de los  caramelos— como ácidos en Woodstock. Mientras se preparaba el dossier de guerra total a las drogas con la supervisión de los asesores de la CIA. El Boos de la Casa Blanca, con el agua al cuello, lanzaba su último As ganador. No le quedaba otro. Esa carta fue genial, pues, apoyarse en la angelical cara de su esposa Nancy para espetar aquello; “decir que no” fue directo a la retina de los campechanos ciudadanos norteamericanos. Fetén. En política vale todo, hasta los payasos de un circo, pues el poder es codicioso y tiene gula como el espectáculo, que se observaba cuando la prensa comentaba la inutilidad y la hipocresía de la guerra de los Estados Unidos en materia de drogas sin forzar las palabras de los personajes. Ya que la propia CIA era quien tenía el control, de lo que sí tenía que entrar en EE.UU, y lo que no debía. Y es que si uno quiere buscar lo puntilloso o la hipocresía del mensaje. Aquella Nancy Reagan dijo: No!, igual que Maradona en el FC Barcelona. Si te ofrecen droga: Di No! Y así día tras día las cadenas de TV norteamericanas seguían con el cover machacón; Díganles a los Narcos que no queremos nada de Uds. Ni el mejor Ken Burns lo hubiera bordado en los planos desde el helicóptero de noche saliendo de la montaña y Medellín iluminada como una boda por orden del patrón D. Pablo. Ese personaje que también se creyó pertenecer a la clase dominante que usó la droga para financiar sus guerras domesticas hasta que la DEA apareció con las barras y estrellas contrarrevolucionarias. Don Pablo no entendió aquella frase de Doña Nancy. The Wire desde el ghetto de Baltimore daba las gracias por los servicios prestados a la primera dama y los gringos con chaleco DEA le ofrecían una pala para cavar su fosa o trullo. El Medellingate se cerraba por reforma sine die para pasar el cambio de cocina, que fue sustituida por la metanfetamina de México, y el Sr. White de paso cambiaba el color de los caramelos del córner de Baltimore. Obama respira tranquilo y aplaude una serie que es tan grande como las esmeraldas de Colombia. ¡Bendito Netflix, cuánto talento! Nota: 8,6

 

 

Anuncios

Pitfall (1948)

 

Pitfall-766166039-large

 

 

Dark City (1950)

tumblr_nf1bu9PC9e1riy8svo1_1280

 

Decoy (1946)

gswpbbdCVKofBsOtfCGCwAt3fo3

 

This Gun for Hire (1942)

this_gun_for_hire_xlg

 

The 45 years of fucking McNulty

 

012-the-wire-theredlist

 

“Hay que aprovechar cada oportunidad que se presenta” Dominic West/Jimmy McNulty in The Wire (1969-Yorkshire/ UK )

The Killers (1946)

The Killers One Sheet Movie Poster

 

El dolor sí tiene nombre

Vivir con dolor crónico

Capricho Cinéfilo.

Blog de Fernando Usón Forniés sobre análisis cinematográfico.

IN THE NAME OF CINEMA

El cine es más bello que la vida, no hay atascos ni tiempos muertos. Avanza como un tren atravesando la noche. Hemos nacido para ser felices con nuestro trabajo, haciendo cine.

Observer

People and Trends

Escrito en negro

La vida no es lo que esperabas, nena

Mundo Lumpen

Al filo de la marginalidad y el glamour

CINEBEATS

Thoughts On Film by Kimberly Lindbergs

La mano del extranjero

Blog sobre ficciones del cine, la literatura y el cómic

Siguiendo a Letamendi

"Del médico que no sabe más que Medicina, ten por cierto que ni Medicina sabe"

Tras la última tormenta

Retazos de una vida

Discover Medical London

Find out how one of the world’s greatest cities became an international capital of medicine with our guided walks, tours and events.

Rompepáginas

El blog de libros de Iván Alonso Pérez

Dr. Insermini

Paint It Noir

Doctor Zito

Zitius, Altius, Fortius.

Nitrate Diva

Old Movies. Fresh Takes.

TODO NEGRO

Novela, cine y series, eso sí, negros

El espacio de Chus

Un blog de rebote