The best news series of TV 2018

 

  1. The Terror

 

 

2.Escape at Dannemora

 


 

 

3. Mistery Road

 

 

4. Sharp Objects

 

 

5. Hommecoming

 

 

 

 

6. Patrick Melrose

 

 

 

7. Killing Eve

 

8. Jack Ryan

 

 

9. Yellowstone

 

 

10. The Haunting of Hill House

 

11. Waco

 

 

12. McMafia

13. Trust

 

14. Counterpart

 

 

15. Altered Carbon

 

 

16. The Looming Tower

 

17. A Very English Scandal

 

18. The assassination of Gianni Versace

 

 

 

19. The Marvelous Mrs. Maisel

 

 

 

20. Narcos Mexico

 

 

21.The Little Drummer Girl

 

22. Mr. Inbetween

 

 

 

23. Mosaic

 

 

24. La Tréve

 

25. Black Earth Rising

 

 

26. Seven Seconds

 

 

27. Mayans

 

28. Pose

 

29. Castle Rock

 

 

30. Dietland

 

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“A Very English Scandal”(2018) La diversión del partido liberal y la BBC

 

Hay que reconocer que la nueva televisión del streaming está con el cuchillo entre los dientes. El jugador por excelencia y gran capó de este negocio es Mr. Hastings y su imperio de Netflix. Bien, HBO, sigue con su programación semanal de estrenos y en el resto del mundo ha optado por la tecnología de los californianos que hace milagros. El Outsider de Hulu, siendo la más pequeñas de todas, ahora mismo, hay hostias por firmar acuerdos de distribución de sus producciones. Caso del “Cuento de la criada” en España, ya que los abonados patrios la ven, a través de HBO Spain. ¿Pero, creo que nos estamos olvidando de un jugador que tiene barra libre y silla vip en la partida de la nueva ficción del S. XX? Sí, queridos amigos, se lo están imaginando. Hablamos del hombre más rico del planeta, ese tipo que tiene aspecto de calvo del anuncio de la lotería y ancestros de origen español: Mr. Bezos. Y muy mala fama entre sus trabajadores del empaquetado. Su plataforma Amazon Prime, lo está petando con producciones de luxe y creadores de gran pedigrí caso de las exitosas Homecoming de Sam Esmail y Julia Roberts, la grandiosa The Looming Tower, The Romanoffs del alma mater de Mad Men, Matthew Weiner. El pelotazo del nuevo Jack Ryan (con nuevo héroe, el actor John Krasinski). Ahí están The Purge de James DeMonaco o sus bizarras; Dietland o Bite Made in Germany. Así como la aclamada en los últimos Emmys: The Marvelous Mrs. Maisel. Sus convenios de coproducción la ingeniosa y prestigiosa BBC, han dado dos joyas, envueltas el mejor de los encantos británicos: McMafia, y ahora, La miniserie “A very English Scandal”. Un producto impactante, divertido, basado en hechos reales y con un guion muy bien escrito. Es evidente, que el binomio Amazon y BBC, se sienten cómodos. Al igual que la dupla: Stephen Frears y Russell T. Davies. Como sugiere el título, A Very English Scandal está plagado de síntomas y símbolos del British Establishment. Hago el inciso de que esta miniserie hay que tener muy claro que hay que verla para ser creída. Es la adaptación de la novela del mismo título, escrita por John Preston, y adaptada por Russel T. Davies. Una ficción de tres horas o partes que tiene muchos perros y mucha política. Además de un buen puñado de aristócratas dandis que regatearon en Cambridge y de largos almuerzos en el Carlton Club. También hay jornadas de caza a la búsqueda de la liebre o conejo de turno. Una carne muy apreciada por fino paladar de los aristocráticos Gentleman´s de la campiña británica. Y, lo que es más prominente, tiene un gran relato central, donde un político ambicioso —educado en el Eton College y con un sombrío armario— que conspira para asesinar a su ex amante mediante un escuadrón de sicarios aficionados, que terminó en uno de los complots más surrealistas y chapuceros de la historia política del Reino Unido de este último siglo XX.

 

Vemos a lo largo del trayecto ligeras trazas del Fargo televisivo de Noah Hawley. Además, de un barnizado, de la legendaria “Un hombre en casa” (1973), pidiendo un poco de crema batida y algunos pepinillos al Sr. Roper. Vamos que si somos honestos; hay más de dos horas de “partidón de caja”. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con una serie y todo ello se debe: al extraordinario guion de Russell. T. Davies (Doctor Who, Queer as Folk) y los actores Hugh Grant (About A Boy) y Ben Whishaw (El perfume,London Spy). Detrás de la cámara uno de los grandes directores británicos de los 90, como el ácido, y, estiloso Stephen Frears (The Queen, etc.). Bien, en todo este complejo y estrafalario affaire hay algo muy british, que lleva en su ADN, el touch de la ejemplar BBC. Nadie, en el mundo, occidental tiene tanto orgullo y satisfacción por el significado de un organismo público, audiovisual y al servicio de los contribuyentes, puede estar tan orgulloso de semejante sitio. Esto va por el bochorno, expolio y fraudulenta TVE. Cuando a los popes —de turno— se les llena la boca de mazapán de Soto del Real y beluga venezolano, reivindicando, la épica TVE bendecida por la bestia del valle. No obstante, el viaje que les presento, está muy lejos de toda algarabía soporífera y mareante de la TDT. En la televisión de luxe, uno puede disfrutar y encontrar formas de concebir nuevos conceptos audiovisuales y ahí es, donde “A Very English Scandal” (2018), nos atrapa y encandila. Desde pequeñas cosas, tan sencillas y cercanas, como el formato: 120 minutos. Es decir, 60 minutos por capitulo y sabiendo que te quedan dos, no podrás hacerte el remolón o poner cualquier excusa de turno, para decir, voy a ver fantasmas familiares en Netflix. No esto es una grandísima serie. Segunda razón, hablamos de una gran historia real; disparatada y desgarradora.  Y en tercer lugar, unos actores en estado de gracia: Hugh Grant (el premier liberal Jeremy Thorpe) y Ben Whisahw (el agredido y desdichado gay moralmente y físicamente lenguaraz). Repito, si hay dos Bafta al mejor actor de serie de TV Made in UK; aquí tienen a los favoritos. El escándalo de la auténtica vida de Jeremy Thorpe, el líder del Partido Liberal británico, consumió los periódicos a fines de la década de 1970, cuando fue acusado y juzgado por intentar organizar el asesinato de Norman Scott. Hugh Grant se presenta, de un modo intrigante, como un Jeremy Thorpe, poliédrico y retratando la cordialidad del carisma del joven político. A veces, uno no llega a diferenciar al personaje y el político. Así como su determinación, en la toma de riesgos y su consabido sentido de estado. Lo que no siempre es evidente, principalmente, por el humor de la escritura del libro original. Es el tipo de malevolencia y desesperación que podría obligar a un hombre a tratar de que maten a otro hombre. En el fondo un ser humano, al que como autoridad representativa de los ciudadanos, es un británico más con sus virtudes y defectos. Empero, hay destellos homicidas, en los ojos de Grant que no puede evitarlos. Pero es aún más persuasivo al transmitir la devastación del propio Jeremy Thorpe. Su plan de asesinato que confabula; se vislumbra con ligereza y frivolidad. Acotaciones que lo pueden hacer más difícil de entender. Si bien, no es tan complejo. Pero si se trabaja la decapación del visionado con mesura y atención verán escorzos imprevisibles.

 

 

El pobre Scott, interpretado, por Ben Whishaw muestra hábilmente que es el hombre más joven, tanto físicamente, como intelectualmente. Todo lo opuesto a Thorpe como su compañero sentimental. Scott se ve representado al principio de la historia como un fantasma inestable; que parece chantajear repetidamente a Thorpe (éste le llega a escribir a la madre de JT una carta de siete páginas que incluía detalles sobre su affair). Lo que Scott y Thorpe parecen tener en común es la capacidad de mantener a otros en la esclavitud, confiando sobradamente, en sus ingeniosas capacidades para manipular a las personas. Empero, Whishaw también transmite el deseo de Scott de ser amado, y cómo su enojo va a más; por la forma en que Thorpe lo ha tratado. Un tacto falso e hipócrita —que está más cercano de la tristeza— que con la verdadera venganza. La comprensión limitada de JT de su propia sexualidad se basa puramente en actos físicos: no parece tener la capacidad o el lujo de imaginar que los hombres puedan realmente amarse unos a otros. Luego está el ejercicio de disección de uno de los momentos más oscuros de las recientes desventuras políticas del Reino Unido. A Very English Scandal es una obra festiva. Muy divertida y tremenda. En menos de tres horas, incluye todos los puntos focales de los tabloides relevantes (el comentario del “perro enfermo”, los pequeños delincuentes ingeniosos, la tarjeta infernal de la Seguridad Social británica). Pero es más efectivo para mostrar lo trágico e innecesario que fue todo el asunto de Thorpe, convirtiendo el fanatismo público en vergüenza privada en una mortificación y su correspondiente ritual. En la corte, Scott sostiene que nunca le importó el dinero de Thorpe. Lo que sí le importa, dice, es cómo “todos los libros de historia se escriben con hombres, como yo, desaparecidos”. Es un placer ver a estos dos grandes actores británicos encontrarse sin tener que hacerlo por medio de doblajes de voces u otras tramoyas del gremio. La serie recuerda a los espectadores aquel apuesto progresista político que podría haber tenido una carrera política mucho más exitosa si se hubiera unido sus escaños con el Partido Conservador, como se esperaba que hiciera alguien de su nacimiento y clase. Como liberal en el sistema electoral británico, Thorpe, sólo tuvo una pequeña esperanza de poder parlamentario, más allá de ser una cuña, entre los dos partidos dominantes: los conservadores y los laboristas. Lo que él también era, según el retrato en “A Very English Scandal”, era un hombre homosexual, encerrado en un momento en que ser abiertamente gay estaba más allá de los límites. Todo ello, muy condicionado, a las aspiraciones personales de una carrera en Westminster y la vida pública. Sin embargo el ingenio del maravilloso guion de Davies llega a un momento supremo. En ese instante, donde la aristocrática segunda esposa de Thorpe, Marion (Monica Dolan), le pregunta con frialdad sobre el uso del plural, su respuesta: “Estaba usando un nombre genérico en una cláusula imperativa”, es una risa tonta. Lineal y cínica. De ahí ese touch british que llega a bordear la cirugía gestual del humor corrosivo. Dicen que en Inglaterra hay más de 1.000 tipos distintos de ceños fruncidos en exhibición, desde irresistibles a trágicos. De irónicos a aplastados. Los ricos fruncen el ceño de manera diferente a los pobres, solo una entre muchas diferencias sutiles que crean la narrativa paralela del conflicto de clases que corre junto con la historia de la liberación gay. Bueno, no en paralelo exactamente: al igual que con Jeremy y Norman, estas ideas chocan entre sí una y otra vez. Pero no lo vean tan de color de rosa.

 

A pesar, de la casa de la madre de Thorpe, una villa rural muy cercana a la vivienda del matrimonio Roper. En “AVSE”; Jeremy es un “pit bull” y tal vez un monstruo. Tiene dos matrimonios heterosexuales basados explícitamente en aumentar su popularidad. Discute su intención de que Norman sea asesinado como si fuera un rompecabezas de estrategia y no un asesinato. Pero como la leyenda y la vida nos enseñan, la gente contiene multitudes, y cuando Jeremy reflexiona brevemente sobre la violencia aterradora que ha experimentado con otros pretendientes y amantes, es difícil no sentir compasión y tristeza. Algunas veces se aprovecha de la misericordia y llega a recordarnos al personaje de Robin (Richard O´Sullivan) en la sitcom “Un hombre en casa” (1973). El Sr. Whishaw a menudo interpreta a personas vulnerables y heridas, y su actuación aquí es tremendamente convincente y desafiante. Su Norman es inquieto pero audaz y provocador: carismático, pero, a veces es un tipo sucio. Ese tipo de persona que tu padre odiaría, lo que solo haría que te gustara más hasta que te acabara por decepcionar y te ofreciera otra excusa fácil. Norman es casi toda postura, y puedes ver lagunas momentáneas en su conocimiento, donde el Sr. Whishaw deja pasar un poco de pánico.Durante el juicio con el que culmina la carrera de Thorpe y este espectáculo, el abogado de Thorpe reconoce que su cliente había tenido “tendencias homosexuales”, pero Thorpe negó vigorosamente una relación íntima con Scott. (El sexo gay entre hombres no se despenalizó hasta la Ley de Infracciones Sexuales de 1967; Scott y Thorpe se conocieron en 1961). Reconocerán que ni el comunismo, ni el fascismo habrían sido capaces de llevar a cabo esta ley, tan importante, para la confianza de muchos ciudadanos-as de Gran Bretaña. El liberalismo es tan divertido como un mini azul con techo blanco o los Beatles. El relato niega la negación de Thorpe y lo muestra comprometido, en el mejor de los casos, es una seducción dominante, y en el peor de los mismos es una especie de depredación violenta. Nunca se ha manejado un frasco de vaselina con tanta autoridad temerosa. No obstante, Stephen Frears nos recuerda a los espectadores que la exposición de un inglés en un armario es más grave de lo que parece. Durante el primer episodio, Bessell consulta a Lord Arran, un excéntrico político conservador que intenta despenalizar la homosexualidad. La escena se desarrolla, con una anécdota, para dar rienda suelta a la risa (los tejones y el paté se repiten), hasta que Arran revela la razón de su misión: ya que su propio hermano gay se suicidó y está decidido a intentar salvar a otros hombres, independientemente de ser expulsado del partido tory, lo que ennoblece su honor, a pesar de su vigoroso sentido del humor. En AVES, no cesa la oscilación, en que esta manera de vivir; está más cerca de una farsa loca y la propia tragedia histórica. Es un tono que refleja cómo los tabloides británicos siempre —se han involucrado con el inmensamente rentable acto de avergonzar al público— mostrando su desgracia y caída con un guiño. El columpiazo de Mr. Scott en los créditos finales, donde esgrime unos 80 años plenos es un puntazo. Donde se puede apreciar el encanto que Scott poseía en su juventud. Ya que se pudo confirmar que está vivo y muy bien, increíblemente. Vive con 11 perros (a ellos les debe gran parte de su historia. Nunca, mejor dicho, que es el mejor amigo del hombre y de toda esta riquísima y fascinante historia). A pesar de, no haber podido recuperar su tarjeta de la Seguridad Social. Thorpe fue diagnosticado de un precoz Parkinson en la década de 1980, con apenas, 51 años, sobrevivió, porque la enfermedad le quitó mucho de lo que aportaba el personaje. En 2014 falleció. Sin embargo, el drama, y su vida pública, terminaron en 1979, como corresponde, al desgarrador momento, donde JT saluda a la prensa y sus acólitos, eufórico celebrando su absolución del juicio. Ahí es donde, la posesiva madre y consagrada, Úrsula. Le espetó: “Jeremy, sabes que estás acabado… Lo sabes. ¿Verdad, cariño? Un año después estaba fuera del partido y de la primera línea de fuego del hercúleo palacio de Westminster. Jeremy Thorpe llegó a presidente del partido liberal, mientras los Beatles dejaban al público alucinado con Revolver (1966). Cuando se retiró de la política activa. Los Beatles estaban missing  (nadie se acordaba de ellos) y Londres estaba llamando a The Clash. Al final, los liberales, ganaron un mártir. El mundo estaba cambiando —como le gustaba decir a Bowie— y Londres volvió a ser el epicentro de la revolución sociocultural. La BBC encandiló a 5 mlles de espectadores en su primer episodio. Nota: 8,2

 

 

 

 

McMafia (2018) “El crimen entre Cupertino y el aroma a Dior”

Todos los años, la prestigiosa y bendita, BBC (que suerte tienen los británicos) se reserva una gran estreno anual para competir de tú a tú con las grandes plataformas del streaming. Este año, no iba a ser menos y han vuelto a la carga, con muchos de los ingredientes y sabores, vistos a lo largo de producciones de esta última década. A partir la novela/bestseller McMafia “Un viaje por el inframundo criminal global” (2008) escrito por el periodista británico Misha Glenny; se desarrolla un magnífico drama con todos los alicientes y giros propios de la dramaturgia de la tragedia Skakespeariana. En esta ocasión, la trama se ubica en la cosmopolita y sobrada capital de UK (Londres). Una elección muy interesante, pues aquellos que hayan tenido contacto con el libro, sabrán que es el enclave intrínseco, de la novela, en gran medida por la conocida reputación de la capital británica. Ejemplos son sus encomiables ventajas fiscales para todo tipo de individuos que traigan una cartera repleta de euros, dólares o cualquier moneda de curso legal a la adorada City financiera. El efecto imán del nuevo Londres (ejemplificado en los JJ.OO de 2012) con una exhibición de riqueza y poderío, básicamente, es la muestra del gran pastel del mercado inmobiliario de lujo. En donde millonarios de medio mundo, tienen fijada residencia y parte de su patrimonio. No obstante, si a uno le dijeran que toda esta obra es del maestro John Le Carre, podríamos hasta creérnoslo —caso de la reputada— The Night Manager con un fantástico Tom Hiddleston y un guion muy bien cosido entre el thriller y el suspense. Incluso ha habido sugerencias de que la estrella principal James Norton podría convertirse en el próximo James Bond. Maneras y estilo, las muestra y de físico va sobrado.  El trabajo de McMafia se ha realizado, a modo, coproducción entre BBC One y el canal estadounidense AMC.

También, colabora Amazon como distribuidor directo en su plataforma de abonados Vips. El espectáculo tiene lugar en varios lugares que se mueven desde Londres a Rusia (Centroeuropa de por medio y toda la franja caliente que va de Israel hasta la India por el sur). McMafia es un título que desde el principio produjo odios, pasiones, risas y desconcierto. Sin embargo, el prestigio de Misha Glenny, es más que evidente. Llevando a cabo una ingente recopilación de información del mundo criminal, en torno, a las grandes familias de cuello blanco y lencerías de Chanel. Para construir el guion Hossein Amini fue quien se encargó de adaptarlo y como director de los episodios, a James Watkins (el mismo, trabajó, en el desarrollo de ese guion, en los tres primeros episodios) joven director con experiencia en las producciones de acción dirigió hace poco “Asalto en Paris”(2016) con Idris Elba de protagonista. No obstante, todo el mundo, que sea fan de todos estos entramados saben de sobra, que el crimen organizado representa aproximadamente el 15% del PIB que genera el mundo: algo más que simple calderilla. Hagan números y se darán cuenta de la riqueza, que representa este negocio. Empero, hay algo en toda esta lectura, por parte de Amini —esencialmente— en la exposición de un modo exclusivo, a la globalización. Tiene claro, que la globalización es mala y en ella, viven los más malos. No entraré en este debate, pues, daría para mucha tinta sobre blanco. La globalización es la utopía del capitalismo, según Amini, ya que fomenta el florecimiento de empresas delictivas, por ende, multinacionales —las cuales— realmente no necesitan ayuda para trasladar sus actividades al infierno social.

Desde esconder sus activos en paraísos fiscales y mantener la corrupción que le es propicia y beneficia. Proponiendo una historia que tiene lugar en casi todos los continentes, Asia, Europa, África y América. Un mundo cruel y corrupto, con mayor fortuna dependiendo del paralelo. Los matones son siempre los mismos, tienen formas más o menos similares, más allá de sus diferencias culturales: una cortesía de la fachada que oculta una violencia sin escrúpulos. Las sumas de dinero y las apuestas de poder son tales que la brutalidad es un recurso natural de estos depredadores. Y ahí en esa jungla, nuestro protagonista tiene mucho que decir. Alex Godman (War & Peace y Happy Valley), nacido en Gran Bretaña, es el único hijo varón, de un jefe de la mafia rusa exiliado, que interpreta Aleksey Serebryakov (The Method y Leviathan). El padre de Alex, es Dimitri Godman, uno de los mayores capos de la mafia rusa, el cual, fue expulsado junto a su clan, del negocio en Moscú, por su acérrimo rival y enemigo personal Vadim Kalyagin. Un papel que desarrolla el actor georgiano Merab Ninidze (The Americans, Deustchland 83 y el puente de los espías). Un odio que sigue inamovible y envenenado. Dimitri, vive como un rey Lear (en su exilio londinense), eso sí, con una cartera de dinero y oro muy grande. No tanto como todo, el que tuvo en su reinado. Su vástago, Alex, ha tratado de escapar de los lazos familiares entrando en los negocios como administrador de fondos de mercados emergentes sin usar ninguna de sus conexiones o dinero Godman.

 

Curiosamente, este clan familiar son de origen judío. Ya que el mismo tiene un empresa que gestiona acciones y patrimonios. En el fondo, un pequeño banco —que desafortunadamente— está siendo presa de la rumorología despectiva y comentarios espurios. Sobre la metodología que impone en la gestiones de los capitales. Se ha generado una alarma social, entre la gente guapa de la City, y los fondos extranjeros, que ponen su dinero en sus manos. Se ha orquestado una estrategia de deserción y salida de capitales salvaje. Todo para hacer daño, a él y su entorno familiar. Otro de los grandes atractivos de la serie, la madre y esposa de Dimitri; Osaka Godman. Una espléndida Maria Shukshina (American Daughter, Burnt by the Sun 2: Exodus y Dear Masha Berezina) y después, quedaría en un segundo plano, la hermana, un personaje que va de menos a más: la despreocupada hermana del clan, Katia Godman: una magnífica Faye Marsay, conocida, por su intervención, en la aclamada GOT y ahora mismo en cartelera con “El instante más oscuro 2017”. AG ha nacido para ser un príncipe, que muy pronto será rey. No en vano ha sido educado en las mejores universidades de Inglaterra y USA. Hay quienes dicen que Alex Godman nació con una “cuchara de plata en la boca y un pijama de bebé de Hermes”. Entre su familia exiliada, los matones alejados del hervidero ormetá. Reyes desterrados, viviendo en mansiones de emperadores (con un gusto, algo más cuestionable, por el exceso kitsch y las pasiones carnales).

Él, ha estado tratando desesperadamente de abandonar el pasado sombrío de su familia y los vínculos de la mafia detrás de él, pegándose a la vera de su novia Rebecca Harper, interpretada por la actriz Juliet Rylance (The Knick&Frances Ha). Desde el principio la serie muestra una tendencia a crear el contexto del inmortal The Godfather, en el exilio del caviar y el aroma a Dior. Empero, algo se conjura en la mente de nuestro protagonista; ese esbozo de la figura del chico universitario que quiere ser el rey de la famila. Un nuevo Michael Corleone, en el S.XXI, impregnado, —de una vis muy británica— como es la licencia para matar 007, desde un portátil Mc book Air. Sintiendo la obligación de tomar una decisión firme; entre el negocio familiar o el clan mafioso Godman. La seductora y cómoda vida del yupi banquero en la City de Londres. Al lado de su novia, pasando los fines de semana en el Caribe o Cerdeña. Relajado y tranquilo. Luego, eso de un banquero, que no quiere ser un gángster y de repente, se da cuenta que ya lo es. Es difícil de aceptar, pero Alex Godman tiene empaque y arrojo, para ser el candidato. A pesar, de esos trajes impecables a medida de Armani, Dior y Versace. Obviamente, hay un antes y un después en la psique de Alex Godman (James Norton).

El asesinato delante de sus narices, de su tío Boris, causa genera una mella con una mácula imborrable. Entra en un proceso de catarsis personal y familiar. Casualmente, antes de fallecer su tío, Boris Godman/David Dencik (“El topo”, “Homesman” “The Royal Affair”) le presenta a un singular empresario israelí, Semiyon Kleiman, un David Strathairn (Good Night&G.Luck, Lincoln, Billions) que borda su personaje —no recuerdo una mala interpretación de este pedazo de actor—, que está tratando de invertir en países de todo el mundo, en la República Checa, donde reinan los rusos, y cabecillas checos que controlan el negocio de las imitaciones de ropa y el tráfico de drogas en la bella Praga. Uno de los implicados, que tendrá un papel, relevante es Karel Benes (magnífico actor checo, Karel Roden, un todoterreno de las producciones de acción “Bourne supremacy, Rock&Rolla o Missing TV”). Pero, nos queda el océano Índico y ese gigante que emerge, con la fuerza de un volcán, llamado, India. Allí, dónde, la vieja Bombay, ahora Mumbay, es clave en la entrada de todo tipo de materias primas; trata de blancas, esclavos humanos y drogas a través de un vasto territorio. Allende, se evidencia la enorme brecha de una nueva clase rica, y la mayor de las pobrezas mundiales, escenificados en los conocidos Slumdog y el trepa intermediario —que quiere ser dueño del pastel del conducto mafioso— de un mediador en la agorofóbica Mumbai; Dilly Mahmoos.

Una de la grandes estrellas del cine Made in Bollywood, Nawazuddin Siddiqui. De portentoso carisma, que se hace de querer a la cámara, a primera vista. Es muy famoso por el film “Gangs of Wasseypur”. Por último, tendríamos al representante del cartel mexicano, Antonio Méndez, interpretado por un sorprendente actor brasileño (Caio Blat). Un tipo zaíno e imprevisible tras una máscara de latin lover encantador. McMafia, La serie rebusca y quiere trazar un bypass coronario en el corazón de este sistema transgénico, tomando como punto de partida, la actividad bancaria de Alex Godman, gracias a su gran trabajo y la garantía de un gran hombre de éxito en los negocios. Es este aspecto global, en donde los escritores quisieron presentar, a lo largo de esta historia, que tiene lugar en un escenario diferente: Tel-Aviv, Moscú, Praga, El Cairo o la Riviera francesa. En este maremágnum global, hay peces de todos los tamaños y colores. La cadena alimenticia suele estar muy cerca de la que existe en su estado primitivo. El tablero de ajedrez se convierte en una máquina tragaperras; pues esto es un juego llamado, sobrevivir. Todos los implicados tienen sus propias estratagemas, y evidentemente, todos han desarrollado destrezas para cualquier contingencia, de enfrentamiento caprichoso, dentro de un ecosistema brutal y despiadado. Los Gangsters son una especie más, de entre las otras, más peregrinas o indiferentes. Los motivos —que les atañen— no son tan distintos ni originales: Quieren riqueza y poder. Menos pistolas en público y mayor hackeo en la red.

No por ello, hay una tendencia al abandono del clásico trasfondo alimenticio (drogas, armas y prostitución), las actividades son mucho más variadas y se refieren a sectores más tradicionales. La diferencia es que uno excluye someterse a la legalidad porque va acompañado de menores ganancias e impone un control externo que los matones no pretenden sufrir. Por lo demás, las transacciones financieras se desmaterializan y llevan a cabo. Tal vez el tiempo de duques y reyes de los carteles, versus Pablo Escobar o Chapo Guzmán quedan en un espacio neutro y alejado. A pesar de que la praxis sigue siendo la misma y los métodos de adquisición, de las mercancías, igual de hostiles. La idea no es dejar la elección a aquel a quien le dará su dinero. El ambiente es el de la comunidad empresarial y no los barrios en ruinas de Palermo o Nápoles, como se observa, en esa obra maestra de la TV, que es Gomorra y tan genialmente, narra el señalado Roberto Saviano. McMafia implica la dictadura de los juguetes tecnológicos de Cupertino. Enormes discos duros, millones de bits en la nube virtual y criminal. De las nuevas mafias del S.XXI: las multinacionales de negocio inmobiliario y de ocio. Una diversificación, con las mismas herramientas de ese sistema que nos mueve, a todas las sociedades: el capitalismo puro y duro.

Aquí la miseria se mantiene a distancia, como si una de las prioridades de estos nuevos padrinos hubiera sido poner entre ellos y sus actividades la mayor cantidad posible de muros herméticos. No pueden ser alcanzados, nunca se enfrentan directamente con las consecuencias de sus actividades corruptoras y destructivas. Esto no facilita la compra de una buena conciencia, pero al menos tienen la satisfacción de nunca ensuciarse las manos. El conflicto psicológico es el que encierra Alex Godman que quiere ser un banquero, no un mafioso, siendo el heredero de una práctica mafiosa que pagó sus estudios en Harvard y le permitió el acceso a una posición de privilegiado intocable. El desafío es saber si puede escapar de lo que parece ser un destino para él. Y la gran pregunta; ¿Merece tanto la pena ese dinero y poder? Posiblemente, sí porque la familia es sagrada, su padre Dimitri, lo sabe bien y su contrincante el nuevo rey del Kremlin, Vadim Kalyagin, también. La familia, no me la toques —que no le falte el Dior y el Macbook Air— ,y ya nos vemos, cara a cara. La mirada de los ojos de tu enemigo enmascara una tragedia griega. No lo duden. Nota: 7,9

 

Taboo 2017 “karma Dickesiano”

 

TABOO -- "Episode 1" (Airs Tuesday, January 10, 10:00 pm/ep) -- Pictured: Tom Hardy as James Keziah Delaney. CR: Robert Viglasky/FX

Dicen los británicos que Charles Dickens ha sido el mejor representante de los valores del perfecto inglés. Posiblemente, ningún escritor haya dejado una estantería literaria, de semejante calado, sobre la injusticia social. La misma a la que fueron sometidos, aquellos más pobres y débiles de nuestra sociedad. Miles de niños, discapacitados, prostitutas y ancianos fueron el gran botín de los más poderosos. Una interminable conjura de aristócratas y comerciantes que marcó el devenir de un imperio subyugado a las intrigas palaciegas del cuerpo regio victoriano. Dickens, describió todos los rincones del viejo Londres y dejó patente la insalubridad de una ciudad, dura, enferma y pestilente. Una villa donde esos desheredados del bienestar comían restos de animales muertos: perros o caballos, que se agolpaban en el cauce del Támesis. El alma de Taboo, es el detritus de la rabia y la impotencia, de un estómago vacío. Así se presenta esta nueva serie de la prodigiosa BBC. Una creación, del siempre prolífico, Steven Knight y Chips Hardy (padre del actor, protagonista del show). Y el inagotable Ridley Scott. Tom Hardy se podría decir que mantiene una relación profesional con Steven Knight muy cercana. Puro feeling. En 2013 rodaron la brillante Locke (2013) y ahora mismo, está trabajando, en otra de las series estrella de la BBC, Peaky Blinders junto al norirlandés Cillian Murphy, el jefe de la pandilla de gangsters de Birmingham. Steven Knight nos propone una ambiciosa, barroca, oscura y cruda ficción. Un hombre, James Keziah Delany,  que se la había dado por muerto, tras un largo viaje a África donde ha pasado, una década, conviviendo con diferentes nativos y gentes, en los lugares más remotos y peligrosos de allende. La primera secuencia del episodio piloto es apoteósica. Un rápido travelling aéreo, nos hace divisar un bergantín, de donde se ve navegar a un hombre, dentro de un pequeño bote. Su figura parece la guadaña de las almas: la muerte. El agua está repleta de una densa niebla. Al fondo se descubre entre claroscuros y grises tonos; la ciudad de Londres. Nuestro protagonista está subido a un espléndido caballo. Se acerca hasta un roble y se baja del equino. Al lado del gran árbol cava en la tierra un agujero y guarda una bolsa de cuero con diamantes. En el puerto y la zona del embarcadero la actividad comercial es excitante: animales y pescados pululan junto al lumpen. La cámara se fija en una de las pasarelas/puente del río y aparece un sequito fúnebre, encabezado por una carroza —que porta un ataúd— tirado por cuatro corceles. Personajes de diversa índole lo integran. Desde un enano ataviado con ropas caras —de un luto riguroso— hasta la joven mujer que se yergue en una hermosa grisácea yegua.

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Finalmente, Tom Hardy, llega a la sala de la morgue, donde un cadáver completamente desnudo (su padre), se deja acariciar por la luz —que entra— por las claraboyas de la cúpula. Dos monedas en sus ojos lo exhiben ante Hardy, empapado en lluvia, que le pide perdón a su oído, mientras recoge los metales de sus cuencas y guarda en su bolsillo. Entra la cortinilla de presentación con motivos caleidoscópicos, donde el agua del océano y la infografía juegan con la introducción de los créditos. La fotografía es de Mark Patten, un mago de la luz, que dio el salto de la mano de Mr. Scott con The Martian (2015), realmente exquisita. Los tonos de la pintura de Courbet y Fildes se palpan en cada plano. Al igual que la dirección del episodio, obra del danés, Kristoffer Nyholm. Un cineasta con buen tino, deja su buen oficio, en las interesantes Forbrydelsen (2007) y The Enfield Haunting (2015). Por momentos, Tom Hardy, parece ser el nuevo Edmond Dantès de A. Dumas. Y es que Mr. Knight ha vuelto, a sus texturas favoritas, como viene haciéndolo con su exitosa Peaky Blinders. En Taboo, muestra su devota pasión por el paroxismo teatral y la cruda exuberancia de la escenografía. Eso sí, cambiando el Punk/Gothic/Rock de N. Cave y los White Stripes, por los violines y la electrónica de Max Richter. Una notas musicales que contienen el aliento. Taboo es un gran drama, con elementos históricos, que nos trasladan al Londres de 1815. De repente, nuestro fascinante protagonista, se exhibe en la ceremonia —del réquiem por su padre— como alma en vilo, envuelto en un halo de misterio. La mirada cansada y unas facciones que están marcadas por unas singulares cicatrices. Pasando por delante de los bancos —de la iglesia— donde están sentados su hermana Zilpha (Oona Chaplin) /Black Mirror, The Hour, Quantum of Solace/ y el codicioso esposo, de ésta, Thorne (Jefferson Hall)/Get on the bus, Emma y Powder/. Todo son miradas soslayadas y temerosas. Ellos saben que James Keziah va a reclamar su herencia. Después de la solemne ceremonia, comienza el ágape/pésame, donde el albacea de la familia Robert Thoyt (Nicholas Wooedeson) /Hannah Arendt, Skyfall, Rome/ le comunica, cuál y cómo, es la herencia de su querido padre: un pedazo de tierra envenenada y deseada por muchos miserables en la zona. James Keziah Delany comienza su periplo de visitas y ajustes de asuntos personales. Descubrimos a un gentleman con un abrigo de lo más cool, largo liso, y un sombrero de copa, que encarnan su parodia despectiva hacia la clase alta, dándose pompa y atrevimiento con una cicatriz que arrolla su ojo izquierdo, en forma de estilete.

WARNING: Embargoed for publication until 00:00:01 on 03/01/2017 - Programme Name: Taboo - TX: 07/01/2017 - Episode: Taboo - Ep 1 (No. n/a) - Picture Shows: Brace. Brace (DAVID HAYMAN) - (C) Scott Free Prods - Photographer: Olly Robinson

 

Andares sobrados y un pulido bastón que anhelan al pendenciero Dorian Grey de Penny Dreadful. Eso sí, en cuanto cambia el gesto produce en su contrincante; mucho miedo. No obstante, la venganza y la sangre parecen olerse en la pantalla. Uno de los affaires más importantes, es el asunto, de su testamento. Pero lo primero es volver a casa de su padre. Allí se encontrará con su fiel y viejo criado, de toda la vida, Brace (David Hayman) /Sid&Nancy, My name is Joe, Macbeth/. Un hombre de su padre, uno de los suyos. Un personaje, en el cual, se nos presenta una curiosa relación. Esa, ya conocida, de las viejas historias de época; criado/dueño. Muy cómplice. Algo así, como un Bruce Wayne (C. Bale) y Alfred (Michael Caine) del Batman de Nolan. Poco después, se marcha a lo que eran las viejas instalaciones de la empresa naviera y se encuentra con una prostituta, con la que mantuvo un contacto —cuando era un adolescente— ahora reconvertida en una Madame callejera, Helga (Franka Potente) /Corre Lola corre, El caso Bourne, American Horror Story, Asylum/. Ésta, ocupa el local como sitio para llevar los contactos sexuales, creando un tétrico gineceo portuario. Siguiendo con su ruta de asuntos personales, ahora tendrá que ternar con un tema muy íntimo, y la más que probable hipótesis sobre el asesinato de su padre, por parte de los especuladores de la Sociedad de las Indias del Este. Los representantes de la auténtica, caterva de lores y señoritos, que se convierten en lenguaraces buitres. Picapleitos de medio pelo del intocable imperio británico para establecer sistemas de castas todavía en juego en ese país. A pesar de los ataques e intentos por avergonzar a su padre, en boca del oficial al mando de la East India Company; Sir. Stuart Strange (Jonathan Pryce) /Brazil, Game of Thrones, Pirates of the Caribbean/. JKD desestima, la oferta de la selecta empresa comercial y súbita de la corona británica. James quiere la propiedad de su padre y se niega rotundamente a vender ese islote —estratégico— en la Columbia Británica. Territorio que, posiblemente, sea el remedio al fin del conflicto bélico entre los 15 Estados Unidos independizados y el Imperio Británico. El producto parece un pastiche de series que han influido a su creador SK, desde Heart of Darkness (1993) de Nicolas Roeg, la maravillosa Ripper Street (2012) de Richard Warlow. La deliciosa Penny Dreadful (2014) de John Logan y The Frankenstein Crhonicles (2015) de Benjamin Ross. Todas ellas con el denominador común de ese Londres embelesado en barro y miseria —estrictamente Dickesiano— páramo sordidez y ocaso, por donde pululan podredumbres de putas y travestidos de encajes de puntilla en blanco, escanciados en motas de carbón, que esgrimen dagas escondidas y mosquetes. Por momentos, nos recuerda al polvoriento y encharcado Deadwood.

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Aquel del malvado y codicioso, Al Swearengen. Ahora, uno de los mayores atractivos de Taboo es Tom Hardy, cada paso, cada mirada o frase que pronuncia: es puro talento. Obviamente, estamos ante uno de los 3 mejores actores de su generación. Tenemos al Charles Bronson, violento y feroz del film que rodó con Nicolas Winding Refn. Incluso al Bane de C. Nolan en El caballero oscuro: La leyenda renace. Hasta la épica y la honorabilidad del superviviente Max Rockatansky, en el remake de Mad Max Furia en la carretera. Hasta el desvergonzado e insolente judío mafioso, Alfie Solomons, que interpreta en los Peaky Blinders. Esos momentos, cuando comienza a tocarle la fibra escrotal al comandante de la Indias Sir. Stuart Strange, en unos diálogos perversamente pastoriles. Todo ello, irá apareciendo, en pequeños flashes, a modo, de visiones de muertos esclavos africanos y miembros de las tribus indias nativoamericanas. A ello habría que sumarle el elemento Shelley cuando ordena la flamante autopsia de su padre, a un tal Dr. Powell, (Michael Shaeffer) /Black Mirror/Rogue One Star Wars/ adicto al vino de Madeira y traficante cazatumbas. En un guiño muy directo al joven Victor Frankenstein, de Penny Dreadful. Éste, consigue desvelar, científicamente, el envenenamiento de su padre y confirmar, las sospechas que mantenía nuestro protagonista. Pero los demonios siguen dentro nuestro protagonista. Entre el remordimiento y la conducta salvaje. En un mundo nuevo y viejo, que lucha contra la conciencia del propia James K. Dellany, está corroído por el remordimiento y sus experiencias extremas en un mundo salvaje. La fractura de la psique en James Keziah se aprecia, en su exterior arquitectónico. Si analizamos detalladamente, el caminar con extrema amargura y altanería letal, enmarcada en ese largo abrigo (casi una parca) y ese sombrero de copa que encarnan su pertinaz desprecio de la clase. En esa firme mirada, que marca su salvaje pasado e insinúa todo animalismo. La luz deslumbrante constante, insípida, que petrifica del actor podría parar un león de oro en la planicie. De ahí, el excepcional magnetismo del personaje con el espectador.

WARNING: Embargoed for publication until 00:00:01 on 03/01/2017 - Programme Name: Taboo - TX: 07/01/2017 - Episode: Taboo - Ep 1 (No. n/a) - Picture Shows: Helga. Helga (FRANKA POTENTE) - (C) Scott Free Prods - Photographer: Robert Viglasky

Sus objetivos nunca son exactamente claros, aunque él mismo los ponga en peligro, para llevar a cabo su apuesta comercial del legado de su padre (también hay un escorzo al lugar de nacimiento de la supuesta madre nativa americana de James, otro elemento dramático que abre el gran abanico de subtramas). Hasta ahora, James es sobre todo, un compendio de rasgos de antihéroe en nueva TV del S.XXI, incluyendo una moderna relación incestuosa con su hermanastra Zilpha. De alguna manera, uno percibe que la figura de Gentleman y Hardy está activamente filtrando parte de una soslayada iconografía pop. Empero, pueda reflejar cierta timidez de JKD, como él, está creando un monstruo para sacudir los cimientos de Londres. En el fondo, transmite la sensación del tipo más duro de la ciudad, ese que “de tonterías”, por favor, las justas. Descubriendo el ego de un tipo muy viril. ¿Un arrogante o un leviatán? Firme y capaz de doblegar a sus oponentes, en los salones de la distinguida ciudad. Como en las mejores temporadas de American Horror History, Taboo se atreve a hacer girar un ultraviolento comic gótico, intencionadamente agregando un plus de imaginería atroz. A la vez, hermosa y cruel. Triste y emocionante. Dentro de la tensión clásica de las crónicas de Dickens, tanto como esa escena que hiela la sangre; con James hacia abajo por la orilla, donde un conocido le informa que los perros se comen la carne de las víctimas. Esas que se suicidan desde lo alto del puente. Posiblemente, la mayor baza de Taboo sea, Tom Hardy y el entramado generalizado de subtramas que irán desarrollándose en los próximos episodios. Veremos si Steven Knight nos dejará un final feliz para este drama. Algo que sabemos de sobra que al maestro Dickens le encantaba. Pero la historia puede terminar como una tragedia griega, o quizás en algo más fastuoso, como en el Conrad del Corazón de las tinieblas. El karma Dickensiano también puede ser un asunto de virtuosismo Conradniano. Por último, les puedo decir que esta noche se estrena su segundo episodio en HBO y que FX Networks tiene los derechos de emisión para EE.UU. Según últimas informaciones, su creador, Steven Knight ha propuesto un mínimo de tres temporadas. En fin, lo bueno se hace querer. Nota; 8,3

Las mejores series estrenadas en 2016

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1.People Vs O.J.Simpson

 

 

 

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2.  The Night Of (HBO)

 

 

3. Quarry (Cinemax)

 

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4.  The Crown (Netflix)

 

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5.  The Night Manager (BBC)

 

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6.  Rillington Place (BBC)

 

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7.  The Get Down (Netflix)

 

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8.  Harp&Leonard (Sundance Channel)

 

 

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9.  The Girl Experience (Starz)

 

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10.  Channel Zero (Syfy)

 

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Act of Violence (1948)

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Peaky Blinders (2013) “Blessed BBC”

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Finalizado el visionado del último episodio de Peaky Blinders, uno no puede que pensar en la suerte que tienen los británicos con su maravillosa BBC. Harto de escuchar a políticos de tres al cuarto, mientras se llenan el bolsillo con los dineros públicos que pagamos los sufridos ciudadanos y su perpetua milonga del futuro de TVE. ¿Cuántas veces habré escuchado el redundante mensaje petado de humo vacío? —“Nuestra meta es fijarnos en el modelo público británico de su televisión: la BBC.” Pues, lo siento muchos Sres. Pero va a ser que no.  Si el Reino Unido se caracteriza por su altanería y la hipocresía a la hora de tomar el té. La BBC es suya y no hay otra, con tan particular idiosincrasia en el mundo entero. A la vieja Hispania se nos conoce —de sobra— por nuestro carácter envidioso y esa incansable voracidad de “trincasubvenciones”. No sabemos hacer televisión. A pesar de que algunos se empeñen en vendernos “Cuéntame” como “Aquellos maravillosos años” e “Isabel” como los Tudor Vs Austrias. Si me permiten el exabrupto,… Creo que empieza por “M” y no digo más por decoro británico. Evidentemente, La BBC vuelve otra vez a ser el canal que nos enamora, crea, innova y para mayor inri; entretiene a la ciudadanía con una ficción que es una mina de Coltán. Mantiene el espíritu vivo de lo que fue uno de sus viejos estatutos: la formación de profesionales del audiovisual. Y qué plantel de profesionales: Guionistas, directores y futuros productores ejecutivos, que se mueven como peces en el agua. Desde las Islas a la utópica USA, no paran de trabajar. Bien sea adaptando sus propias creaciones Made in UK a la ficción USA o viceversa. Lo dicho, bendita BBC y todos sus canales multiplex. Luego, una vez dejada y expuesta mi pataleta de turno, hemos de ir al análisis de una de las series que más devotos ha encontrado a lo largo del viejo continente y allende del nuevo. Esta vez de la mano de BBC2 aterriza un producto apasionante. Partiendo de las viejas leyendas urbanas del vetusto Cheshire Quarry Bank en la década de 1830, saltando unas cuantas lunas en el calendario hasta llegar a 1919, asistimos a una mezcla fascinante de epopeyas familiares y gansteriles. Un drama criminal, en torno a una pandilla —cuasi idéntica, a las de Asbury— muy Gangs of NY versus England; los Peaky  Blinders. Personajes tal como hemos precisado de corte histórico, que surgieron a finales del S. XIX. Tipos que marcaban su territorio y las condiciones de supervivencia, que imponía el clan, rasurando en la reyerta al personal con sus hojas de afeitar, que cosían en los bordes de sus gorras de paño. Un producto muy imaginativo que ha escrito, producido y dirigido Steven Knight a un público moderno y en general, cualquier amante de la buena ficción. Uno de los mejores creadores de su generación.

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Un tipo que se maceró en  programas de entretenimiento y similares, que  ha acabado realizando guiones de películas tan excelsas como “Negocios Ocultos” (2002) o “Promesas Del Este” (2007). Es más, este último año, ha dirigido otro de los films más notables que hemos podido ver por nuestras pantallas Locke (2013), siendo un éxito de crítica con una discreta taquilla, donde su actor fetiche Tom Hardy interpreta un papel memorable. Steven Knight es ya un valor seguro, reclamado a ambos lados del Atlántico. En Peaky Blinders nos adentra en el Birmingham de principios del 20. Partiendo de una trama con fuerte componenda histórica (como hemos citado anteriormente) de una banda de ladronzuelos que con el tiempo irán convirtiéndose, en auténticos gangsters de finales del Siglo XIX, en las zonas industriales del Noroeste de aquella alquitranada GB. El hilo conductor de los Peaky Blinders parte de un protagonista absoluto, Thomas Shelby, interpretado por el excelente actor irlandés (Cillian Murphy), primoroso donde los hayan. Llevando las riendas de la mayor organización criminal de la ciudad y alrededores de Birmingham. Su gran negocio son las apuestas clandestinas de las carreras de caballos (posteriormente, con el paso de los capítulos serán legales). Así como el trapicheo de alcohol, comida, armas o lo que se tercie. Su forma de tomar las decisiones tiene una gran dosis de compromiso tribal. Pues se reúnen, torno a la mesa del local de apuestas y votan todas las disposiciones que tome el clan (familia al completo). En la primera temporada descubriremos las relaciones puramente comerciales y puntuales de esta banda con el negocio de las carreras de caballos y un affaire con el IRA. Ese primer capítulo se inicia con la aparición del inspector jefe Chester Campbell (Sam Neill), conocido por sus tácticas brutales de represión  contra el  IRA, cuando era un jefe de la brigada de inteligencia  británica asignado en Belfast. Campbell tiene la misión de recuperar las armas de un cargamento, que previamente han sido robadas, al gobierno de su graciosa majestad. Y, de paso, sofocar el humus de violencia y revolución social que animan los nuevos líderes sindicales comunistas, en las fábricas de Birmingham y geografía adyacentes el clima de revueltas y descontento. Shelby tendrá que tratar con el este personaje, y, el acecho que ha puesto a su cabeza. Algo que le hará perder tiempo, en el desarrollo de sus planes expansionistas del negocio familiar.

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No obstante, Shelby tiene un don especial para terminar vigilándolo todo, con un tempo preciso y constante. Ésta es una gran oportunidad para entrar en la liga de la selecta distinción, en el  Londres del Charlestón, champán y caviar iraní: un baluarte de Sodoma y Gomorra, donde el control por el pastel gordo ha sido un reclamo muy seductor. El duelo Murphy&Neill es una maravillosa partida de ajedrez, que en la segunda entrega encuentra su momento cúspide. Shelby como héroe de guerra y convertido en una leyenda, entre amigos del combate, vecinos y conocidos de Birmingham. Se ha ganado el respeto de pequeño “Padrino” de la ciudad. Así como la lealtad y gratitud del burgo por derecho propio. Sólo ver en el primer capítulo, cuando Shelby aparece subido a  un caballo dentro del barrio chino, en el instante, que paga a un oriental para que esparza un polvo mágico sobre los hocicos del caballo. El equino correrá en el Derby del domingo y las apuestas están  que arden. A modo de conjuro, deja muy claras las intenciones del itinerario que tomará la serie. Marcado por el dolor de las heridas de una guerra espantosa, que le persigue en forma de pesadillas; lo asume de un modo estoico e intenta ayudar a aquellos que les supera en momentos precisos. El elemento de la contienda tiene estigmatizados a todos los que estuvieron allí; hermanos, viejos amigos y conocidos—muchos de ellos, miembros de la banda—, que gestionan un daño psíquico de maneras diferentes. Tanto el escenario, la trama y los personajes funcionan como un reloj suizo. Al igual que la gran banda sonora que acumula la serie; una de las grandes sorpresas del show. Los creadores no han optado por una tipo de composición clásica o Jazzistica de aquellos años 20, sino que han apostado por las composiciones de Nick Cave y Jack White para formar la banda sonora del espectáculo. Esencialmente, el temazo de “Red Right Hand” convertido en score del producto y que sirve de cortilla de presentación. Incluso nos vemos a un Winston Churchill (Andy Nyman) con ganas de rock y ardiente en deseos de conocer al héroe Shelby. Knight, siguiendo el estilo de grandes cineastas como Scorsese o Tarantino, que se gustan  de buen oído y utilizar el recurso de la Soundtrack editada en covers específicos. La apuesta ha sido muy  clara en este sentido y el resultado una experiencia fantástica. A día de hoy es una de las BSO más escuchadas en streaming.  El trabajo de Cave&White nos han dejado una generosa muestra de buen folk/blues/rock noir y afterpunk  de maravillosos temas obra de Nick Cave & The Bad Seeds, The White Stripes, The Raconteurs, Tom Waits y etc.

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Obviamente, el resultado se  refleja en la inquietante acción que ocurre en pantalla. En otros momentos la música es simplemente anacrónica, sobre todo cuando las canciones intensas se usan en transiciones cortas. Peaky Blinders recorre un itinerario que arranca desde las revueltas sociales (anarquismo, comunismo, hambruna o procesos de reindustrialización y la aparición de nuevas modas en la sociedad, conflictos de carácter racial —affaires con los gitanos— por el control de determinados negocios) hasta el drama más Shakesperiano de una familia con tintes nómadas —que por momentos nos retrotrae al universo del Coppola de los 70— en pleno estado de ebullición. Un jefe de una banda que con el paso del tiempo reafirma el liderazgo de los Peaky Blinders.  A medida que la segunda temporada avanza, se observa una mayor madurez del gangster y su empatía por las amistades con pedigrí. Caso de la aristócrata entrenadora de caballos de carreras, la elegante May Carlenton (Chalotte Riley). Sin perder un ápice de elegancia, sabedor del físico que posee y el toque exótico que le da una pequeña parte de  sangre gitana que lleva en sus venas. Por momentos, metódico, cínico, frío y directo. Alcanzando la plenitud personal, en la propia comprensión de la identidad del grupo y la autoridad como líder de ese colectivo. Desde que “tía Polly” (Helen McCrory) —la auténtica matriarca del clan Shelby—, gracias a su obstinación mantuvo el negocio, mientras los hombres se batían en las trincheras franco-belgas. Y ese momento, casi Dickensiano, de la aparición del hijo que le fue arrebatado; el joven Michael Gray (Finn Cole). El resto de la familia lo componen: el visceral y alcohólico hermano mayor Arthur —en la segunda entrega este personaje ganará muchos enteros— (Paul Anderson), los  hermanos pequeños John (Joe Cole) y Finn (Alfie Evans-Meese).

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Así como la chica de la familia Ada, una magnífica (Sophie Rundle), que termina enamorándose del comunista de la ciudad, Freddie Thorne (Iddo Goldberg). Al igual que la enigmática cantante/camarera —convertida en espía— que se enamora de Thommy y viceversa: Grace (Annabelle Wallis), una atractiva joven enviada por Campbell para infiltrarse en el bar de Shelby y proveerle de toda la información que escuche. Obviamente, la serie ha ido de menos a más y todo el cambio ha llegado con la permuta del director Otto Bathurst Pues, se atisbaban algunos errores de encuadres y  una fotografía fallida, que desde la llegada de Tom Harper, ha hecho que todo el producto consiga ese plus de serie muy en la onda de drama histórico de gangsters (caso de la obra maestra “Boardwalk Empire”). Todavía sin alcanzar ese Nirvana de perfección. Así como un pequeño detalle, algo pejiguero, pero que pertenece a ese vademécum de las obras maestras. El famoso acento de Birmingham. Un deje inapreciable, pero muy significativo para belugas de la V.O. y conocedores de la lengua de Shakespeare. El acento de ciudades como Birmingham, Yorkshire o Liverpool es muy peculiar. Y que los creadores han pasado por alto. Por último, veremos los vericuetos de la banda irrumpiendo en el Londres criminal donde se nos brindará la oportunidad de encontrarnos con dos personajes fascinantes y que han hecho subir muchísimos enteros a la trama: los actores Tom Hardy interpretando al extravagante judío mafioso (Alfie Solomons).  Y en la orilla de enfrente, el italiano paranoico Darby Sabini (Noah Taylor). En definitiva, una segunda temporada recién acabada con un final fantástico, donde siguen brillando Murphy y McCrory. El oficio de ambos, hace de la serie un auténtico deleite para el espectador, que se enorgullece de la calidad del sello BBC. A la espera de la tercera y quién sabe si habrá cuarta. Los Peaky Blinders quieren reinar en el periodo de entreguerras donde el buen gusto impregnó al viejo Imperio británico. Después, sólo queda cantar “God save the Queen” y bendita BBC. Nota: 7,6

The best series of TV (2014)

1The Knick

 

2 Fargo

 

3 Gomorra

 

4 The honorable woman

 

5 The Affair

 

6 True Detective

 

7 Happy Valley

 

 

8 Penny Dreadful

 

9  The Leftovers

 

10 The Strain

 

 

The honourable woman is Great (2014)

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The honourable Woman (2014) es una historia apasionante, resultado de un guion original, que hereda todo el suspense de la excelsa prosa británica del género de espías y misterio. Deudor directo de escritores insignes (Greene, Le Carre, Forsyth o el caso de su última joya, A. Horowith) que nos han dado grandes día de gloria— y, siguen dándolos— ya fueran sus novelas in situ o en las magnificas adaptaciones a la gran pantalla. Tramas donde política, corrupción e información confidencial bailan al son de un tango de Gardel en una embajada de su graciosa majestad. Si todo ello lo aderezamos de una salsa de pistacho con mucho Shakespeare, el público se sentirá más que agradecido. La BBC siempre se ha caracterizado por el trabajo bien hecho; estilo, realismo, detallismo y academicismo. Conceptos que funcionan y de qué manera… Además, en estos últimos años su apuesta por la coproducción es más que evidente. Desde la majestuosa Roma (2005) junto a la omnipresente HBO, hasta este último producto coproducido con el canal del hombre de Utah, Robert Redford y su pulcro Channel Sundance TV. La honorable mujer —para los más castizos— está barnizada de política de altos vuelos, corrupción y dobles espías al servicio de su graciosa majestad. Envuelta en un exquisito halo de misterio y delicado realismo. Dentro de un contexto geoestratégico-político demasiado complejo: Medio Oriente. Tenemos por delante ocho horas (ocho capítulos), donde su creador Hugo Blick ha escrito, dirigido y producido esta ficción que destila autenticidad y complicidad mediática. Puede que se trate de una historia con demasiada enjundia que no sabemos cómo terminará. Lo que sí que podemos afirmar que estamos ante una de las mejores producciones de este 2014. Un fascinante retrato oscuro sobre una mujer en pleno conflicto palestino-israelí sólido y demoledor. Por momentos, se atisba la angustia y tormento de la protagonista. Su reparto es extraordinario —con unos actores muy bien dirigidos— apoyados en unos precisos diálogos, gracias a la brillantez de las costuras del guion de Blick.

7-31-14 The Honorable Woman

Tenemos, por un lado a su protagonista absoluta; Nessa Stein de 36 años (Maggie Gyllenhaal), hija de un poderoso empresario británico-israelí, Eli Stein. Durante muchos años se ha labrado un prestigio dentro de la alta sociedad británica, como hombre de negocios. Pero la verdad es que Mr. Stein es sólo una mentira y una pose; su corporación encubre una red de tráfico de armas con el beneplácito de los servicios secretos del Reino Unido. La acción se inicia con el brutal asesinato del magnate delante de sus hijos Nessa y Ephra (Andrew Buchan) en un restaurante, que elípticamente, 29 años después vuelve a  ser el escenario natural de una conmemoración  familiar y homenaje a la figura del difunto. En el local, avistamos a nuestros jóvenes protagonistas, los cuales, se han convertido en unos respetables herederos del negocio de su padre; la Fundación Stein Group. Nessa, convertida en un miembro de la cámara de los lores —affaire, el cual, no está exento de una gran polvareda entre los corrillos de Westminster— quiere hacer de la corporación una pasarela filantrópica para establecer puentes de reconciliación entre Occidente y Oriente medio. Sin embargo, los problemas surgen; quid pro quo es un juego diabólico dónde lo que aparentemente es benigno se vuelve turbio y letal.

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Las buenas voluntades y los pretextos de garantizar  una pax romana sobre un bidón de nitroglicerina, no son bien recibidas por parte de todos los implicados (el entorno de la familia Stein, el gobierno británico, la Cia y los mandatarios de Gaza y Jerusalén) llenos de frustración e ira. Nessa y Ephra entran en contacto con Sir Hugh Hayden-Hoyle (Stephen Rea), el jefe saliente de la inteligencia británica en Oriente Medio, y  la funcionaria, Julia Walsh (Janet McTeer), que actúa como espía del MI6. El drama analiza la sensación del concepto de aquel individuo que padece el síndrome del eterno exiliado. Mal visto por los de tu condición y peor visto por los que nos son de tu misma sangre. La sensación de ahogo se percibe en Nessa. Tan sólo su sagacidad y frialdad podrán, en cierta medida, contrarrestar las máximas más arcaicas de su entorno y presentar su cara más humana. Malos disfrazados en cuerpos de cervatillos y corderos escondiendo sus fauces de lobos. Ninguna subtrama de la historia sugiere que es correcto e incorrecto por los pérfidos maximalismos, en ese callejón sin salida del mundo. Una historia de ritmo lento donde se ve la influencia de grandes series cercanas a esta temática. Desde la mítica Sleeper Cell 2005 de Showtime, pasando por Rubicon 2010 (AMC), House of Saddam 2008 (BBC) o la reciente Homeland 2011 (Showtime) en su primera temporada. La revisión de la felicidad del individuo y su modus vivendi: la familia.

The Honourable Woman

La misma que todos hubiéramos querido diseñar, esa que es rehén de su propia arrogancia, la codicia, y la autocomplacencia de la traición. Todo ello enmarcado en una vis multicultural que no avanza por el cerco de los gobiernos y sus aláteres más cercanos: el espionaje y paranoia. Destacar la delicadeza de los movimientos de cámara, la utilización del recurso de la voz en off, los flash-forward y el magnífico casting con interpretaciones muy logradas. En una serie que dará que hablar. No por el hecho de que su momento es carne de telediario. Lo es desde hace más de 30 años. Luego, no es casual por capricho: ni real por pretenciosidad. Y es que no hay ficción real o realidad que no tenga su touch de ficción. Todo el suspense queda para los próximos siete capítulos donde el secretismo va a ser clave para ver  como se despeja la incógnita Stein. Apreciar los matices de la historia que parece mirarnos de reojo y llegar a un puerto donde el desenlace sea portentoso. De eso suelen ir las buenas series. The Honourable Woman deprende ese aroma. Esperemos que no caiga en un ejercicio de corrección política. Pues, de todos es sabido que la política se vuelve personal y cuando algo es demasiado personal, puede encontrarse su mayor peligro: el coto de la vanidad. Obviamente, no les tengo que decir que la vanidad mal calculada es algo muy peligroso. Nota: 8,4

The Fall 2013, The Daddy Killer

 

 

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The Fall no es una novela policíaca adaptada para la TV siguiendo la estela del tirón policiaco escandinavo. No. Se trata de pura imaginería Made in UK. Una delicatesen de las últimas creaciones de ese canal cultural—conglomerado de ensoñación— extraordinario. El Northern Ireland Screen, es una factoría de actores, guionistas y directores o localizaciones para rodar. Tanto en el cine como la TV del UK, situado en Belfast capital. Y uno de sus mayores accionistas es la BBC. ¿Qué se lo pregunten al 80% de los actores de Game of Thrones 2011? Lo dicho, estamos ante un magnífico guion creado por el británico Allan Cubbit Sherlock 2010 y el belga Jakob Verbruggen (Code 37 y The bridge 2013). Proponiéndonos el enésimo producto de asesinos en serie. Mejor dicho, la historia de un asesino en serie muy sui generis. Todo haya que decirlo que se estrenó el año pasado y fue un gran despiste por mi parte, pero ya se sabe es imposible estar en todos los frentes. Y vaya por delante, que de mi selección de las mejores 10 series del 2013, una de ellas sería The Fall. Bien, hecha esta apreciación nos encontramos ante una narración meticulosa, sutil y grácil. Adentrándose en la mente oscura y retorcida de un psicópata que mata por placer mujeres de un perfil muy definido. Interpretado por una de las revelaciones de la caja catódica de los últimos años; Jamie Dornan Maria Antonieta (2006) de Sofia Coppola. También ha protagonizado una historia de vampiros con notas gore Beyond the Rave (2008) y la televisiva tennager Once Upon a Time (2011). Pero si les digo la verdad, es que esta joya va a ser el protagonista de la versión cinematográfica del afamado libro las 50 sombras de Grey. Seguro que la cosa comienza a tomar un tono más chocante. En el lado de enfrente, tenemos a la policía caza asesinos en serie: Stella Gibson, una detective de la Policía Metropolitana de Londres —papel que interpreta una exultante Gillian Anderson—afortunadamente, para nuestros paladares. No hay más que ver la rentrée televisiva con la que ha llegado: Hannibal (2013), dando vida a la Dra. Du Maurier, la psicóloga del Dr. Lecter, y próximos proyectos que irán apareciendo en breve.

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Mucho ha llovido desde aquella jovial Dana Scully en la serie de culto Expediente-X (1993) creada por Chris Carter, donde  escribía  guiones el hoy todopoderoso Vince Gilligan (Breaking Bad 2008) y su colega, Fox Mulder (David Duchovny). Ahora famoso en el siglo XXI por la serie Californication (2007). Bien, en este sentido,  The Fall recuerda a otra serie de culto de la también mítica productora Granada TV, Prime Suspect (1991). Asimismo, al alumbramiento narrativo de los dramas escandinavos tan obsesivamente llevados a los canales de la nueva ficción Made in Usa; The Bridge (2013) y Forbrydelsen la danesa original, convertida en The Killing (2011) por AMC. Donde la protagonista, la oficial Gibson es el alter ego de la detective Jane Tennison (Helen Mirren). Por no decir, casi la inspiración consustancial de Gibson. Desde ese molde, los caracteres confluyen en los mismos temperamentos gélidos e inmutables. Empero, a diferencia  de Mirren, Gillian Anderson no tiene que ocultar su feminidad ni ella tiene que actuar como un hombre con el fin de avanzar en sus objetivos. Stella Gibson es más bien un rompecabezas que hay que resolver en su propio derecho. Además de ser norteamericana a diferencia de Mirren, nadie diría que lo es, pues su encomiable trabajo de dicción del inglés británico es sobresaliente. El inconformismo y la asiduidad por lo mórbido en Gibson son compañeros perfectos para sus deseos, y ella no se disculpa o se siente culpable por el cumplimiento de esas necesidades. Y es Anderson, en este rol es donde se siente cómoda, ya que se presenta ante el público con todos los elementos básicos para iniciar el juego. Sin concesiones y férreamente ubicada; irradiando una aura feromonal de fuertes convicciones. El otro protagonista es Paul Spector, un joven padre de familia casado con una enfermera de una unidad de neonatos la actriz irlandesa (Bronagh Waugh) en el rol de Sally-Ann Spector con la que tiene dos hijos. Algo así, como una especie de trabajador social. No se define el grado de titulación, similar a lo que en España conocemos como labores de trabajadores sociales o psicólogos especialistas en el tratamiento de los duelos de las Unidades Oncológicas. Por las noches pone en marcha su enfermiza pasión de asesino en serie. Dentro de esa duplicidad existencial se enfrentará en un duelo sibilino y cruel contra Stella Gibson.

The Fall

Ésta, en el primer capítulo la vemos aterrizar en Belfast para realizar una revisión de 28 días, en torno a la investigación de estos asesinatos múltiples, los cuales, se están convirtiendo en una cuestión de estado. A lo largo de estos magníficos cinco episodios se plantea un tête a tête a dos bandas: el asesino en serie y la burocracia del Úlster. Rígido, mordaz, desangelado y oscuro por la atmósfera de una ciudad con atisbos del viejo conflicto político que todavía prevalecen en una sociedad dividida. No hay más que ver dos personajes masculinos; pura creme, los cuales, contienen suficientes aditivos para proponer una cuantas subtramas a las que enriquecer a toda la propuesta de la nueva alhaja de BBC2. El comisario Jim Burns (John Lynch, ya ha llovido desde aquel papel de socio de juergas junto a Danny Day Lewis en el nombre del padre 1993). Y por otro lado; el todopoderoso Morgan Monroe y su pertinaz protección del descarriado su hijo. Casi sacado de una subtrama de GOT, interpretada por Ian McElhinney, realmente soberbios. Paul Spector acaba de asesinar a su última víctima; una mujer hermosa, de buen status social, intelectualmente solvente y soltera. Spector lleva a cabo su ritual metódico y la vez convertido en una idílica adicción. Pues, la necesidad de prevalecer su fuerza ante mujeres mucho más poderosas, hermosas e inteligentes le puede y le produce una confusión esquizofrénica. Obsesionado con la dominación y la satisfacción onanística. La doblegación ante esas mujeres llenas de éxito personal va calando en su ego hasta producir un estado de adicción similar a la de un vampiro en busca de sangre. La sensación de riesgo en sus capturas va in crescendo.

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Tambaleándose el planteamiento inicial. Es decir, el modus operandi inicial; asesinato en tantos golpes, asfixia y los triunfos: las fotografías, dibujos y un mechón de pelo. Subirlos al entarimado del techo de la habitación de su hija. Algo comienza a desorganizarse por el aumento de la voracidad de Spector. La vuelta a su hogar donde están sus hijos, a los cuales, les prepara el desayuno de cereales, asea, viste y lleva al colegio. Ya no es la misma rutina. Algo está cambiando en su interior y le angustia. Lo que parece un arte, se transforma en su propia trampa. Patología que es captada por la sutil y perspicaz Gibson que trabaja codo con codo con la forense del departamento de policía la extraordinaria, Archie Panjabi la recordaremos por su papel en The Good Wife (2009). Una CSI a la irlandesa del norte capaz de controlar los impulsos de Gibson. Y es que las de Psychokillers están muy vistos. Si es verdad. Pero The Fall ha conseguido algo fresco y tiene todas las papeletas para seguir atrapando al espectador medio mundo. La hermosa Gillian Anderson, que desde su aparición en bañador haciéndose unos largos en la piscina del Hilton de Belfast hasta la selección de un fornido policía para satisfacer sus necesidades sexuales que acaba muerto por una investigación ajena al affaire de Spector. Así como su manera de mirar a la cámara a sus superiores, inferiores o periodistas. Todo el mundo tiene los ojos de la pequeña supervisora principal, Stella Gibson, grabado el brillo en sus retinas. No menos interesante es el affaire de la canguro, interpretado por la actriz adolescente (Aisling Franciosi) Katie, una tentación en ese juego muy sutil por parte de los guionistas, a modo de la Lolita de Nabokov y  la caperucita de Perrault. Un tour de forcé lleno de tensión sexual no resuelta, el cual, a medida que avanzan los capítulos enganchan más a un servidor. The Fall resulta extrañamente adictiva, pero hay que puntualizar que no es un plato de fácil digestión y no agradará a todo el mundo por igual. Tiene un tempo lento, se desarrolla poco a poco y hace hincapié en los detalles más escabrosos del relato, con una visión dura y desgarradora que puede resultar amarga para los espectadores más sensibles a determinados temas relacionados con niños e hijos. Pero lo que sí que les digo es que es una serie honesta, hipnótica y auténtica. El día de su estreno por el canal BBC2, se convirtió en la serie con el mejor debut en Reino Unido, desde los tiempos pretéritos de Roma (2005) HBO&BBC. Este otoño tendremos la segunda parte. Estaremos expectantes a las andadas del papi asesino en serie.

Nota: 8,4

 

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