Crime Story 86 “Michael Mann es un crack”

Durante estos últimos días hay una canción, que no se me va de la cabeza. Ya no sé si es parte del proceso, de lluvia desértica, denominada sangre roja, lo que me ha llevado a que el tema de Runaway de Del Shannon se ha estado en mi cabeza enquistadamente. Pues, va a ser otro motivo, muy más divertido e ilustrativo. Ya que la serie Crime Story, fue un policiaco de corta duración que se desarrolló de 1986 a 1988 y duró solo dos temporadas. Tuve la suerte de verla por aquella TVE en su canal 2. Crime Story se convirtió en un clásico de culto de los años 80 y 90. Actualmente, ya ha entrado en ese salón de la beatificación televisiva. Si no mal recuerdo, aquí se llamaba“Historia del crimen” A mediados de la década de 1980, el éxito de Miami Vice había convertido al productor y director Michael Mann en un beneficio ardiente. La todopoderosa NBC de aquellos años, le dio carta blanca para dirigir otro programa, en 1986, estrenó Crime Story. Un drama policial creado por Gustave Reininger y Chuck Adamson. Ambientada en el Chicago de 1963, la serie fue un retrato sin límites del auge del crimen organizado y los tenaces esfuerzos de la dedicada fuerza policial que trató de evitar que los mafiosos se apoderaran de todo el botín. Como una versión actualizada de Los intocables donde los buenos no son cruzados — absolutamente limpios— sino clientes duros que hacen el trabajo de una manera malvada y sibilina, muy diferente a la de otros hombres nunca podrían hacerlo así. Crime Story duró dos temporadas, donde se llegó a un total 44 episodios. Comienza con un piloto de dos horas dirigido por Abel Ferrara  (Bad Lieutenant, The Funeral, Welcome to New York o Pasolini) que funciona parcialmente como una película independiente y también como la alineación de lo que está por venir. El conflicto central de la serie fue entre el teniente de policía Mike Torello, en la piel del extraordinario y fallecido actor; Dennis Farina, (Get Shorty,  Striking Distance o Luck) y el gángster en ascenso Ray Luca interpretado por el solvente Anthony Denison, (The Closer, City of Hope y Dementia). El gangster Luca representó una nueva escuela del crimen estadounidense, la imagen ahora cliché de un hombre hecho que busca tomar su negocio sucio y pasar a transacciones legítimas. Como jefe de la Unidad de Crímenes Mayores en Chicago, Torello hace de la detención del pérfido Luca, sea su máxima prioridad, incluso cuando el malo elimina sistemáticamente a rivales y aliados por igual. Si Luca realmente es la criminalidad de la nueva escuela, entonces Torello es la justicia de la vieja escuela. Más allá de los adornos centrales de escopetas y sombreros de ala versus pistolas y copetes; el choque entre estas dos fuerzas opuestas es casi operístico en su furia. Estos tipos son mitos tanto como hombres, y su rivalidad adictiva, solo es comparable a sus idénticos apetitos por la sangre, el alcohol y las femmes fatales. La primera mitad de temporada de Crime Story detalla la elevación de Luca en Chicago, trabajando con los capos de la mafia con sede en Florida para construir la reestructuración del negocio del juego por todo el país y —algo que eventualmente— los lleve a apoderarse de los casinos en Las Vegas. Torello y sus hombres arrojan llaves en las obras, pero se encuentran esencialmente bloqueados a cada paso, culminando en un juicio federal en el que un delincuente que entregó las pruebas del estado intenta acusar a Torello de ser un policía corrupto y sucio.

Una de las grandes subtramas de la gran historia central, entre la policía y los ladrones, está en el ascenso del abogado David Abrams. Este personaje lo interpreta un joven Stephen Lang (The Last Exit to Brooklyn, Tombstone, Gods and Generals o Avatar). Abrams es un defensor público y activista de derechos civiles que intenta superar la reputación de su padre como abogado de la mafia. Él rechaza los avances de Luca, en cambio se hace amigo de Torello y lo ayuda en su estrategia. De igual modo, desarrolla una hermosa subtrama romántica con una periodista, que también es afroamericana, lo que lleva a puntos de arranque, de la auténtica historia de la lucha de los derechos de la gente de color en los EEUU a principios de la década de los 60. El papel de reportera fue para la gran actriz que es  Pam Grier (Foxy Brown, Fort Apache, el Bronx y Jackie Brown), y se conocen durante un caso en el que Abrams defiende a un hombre afroamericano contra su señor de los barrios marginales. El acusado en este caso es el genial Ving Rhames (Tour of Duty, The Long Walk, Home Mission Imposible Pulp Fiction). El telón de fondo de la década de 1960 a veces parece poco más que una excusa para tocar música genial, conducir autos grandes y usar ropa elegante. La atención al lenguaje y a los detalles de la época no es tan rigurosa como, digamos, Mad Men, aunque el espectáculo hace uso de los paisajes de neón de la americana de los años 60 y la escena emergente del arte pop (mira las paredes del apartamento de la primera amante de Torello, por ejemplo). Los problemas sociales surgen de vez en cuando. Además de las historias raciales, también hay, por ejemplo, un episodio sobre la lucha laboral y la manipulación de los sindicatos (Lee Ving de la banda Fear y Anthony Heald de Silence of the Lambs interpretan a líderes sindicales que pelean por lo que creen es suyo). El estilo de aplicación de la ley particularmente brutal de Torello también refleja una época anterior a representaciones más delicadas del trabajo policial. No escucharás leer aquí los derechos humanos de nadie. Irónicamente, Crime Story también llegó en un momento en que los estándares de censura eran muy diferentes y, como resultado, a pesar de su violencia, el programa es mucho menos sangriento de lo que podríamos ver hoy en las series de televisión más sensibles. Una de las grandes curiosidades del show, fue ver el poder que había acumulado Michael Mann, por Miami Vice, ya que no solo eligió a un forastero de Hollywood más sistémico. Pues, la decisión de hacer de Dennis Farina protagonista (cuyo aspecto poco convencional debe haber aterrorizado a los ejecutivos de NBC), hizo, que algún trajeado de Armani chorrease gotas de sudor. Aún más, cuando el cineasta neoyorkino y complejo del Bronx —por aquel entonces un enfant terrible del Neonoir—, Abel Ferrara, dirigiera el episodio piloto. El resultado es un drama mezquino y sórdido, en el cual, se presenta a grupo de policía —políticamente incorrectos— que luchan contra criminales desagradables. Una de las secuencias que quedarán para la posteridad es la secuencia inicial del piloto.

Crime Story arranca con un atrevido robo a un restaurante que salió mal. Del Shannon canta “Runaway” (regrabado especialmente para el programa) mientras el atraco se convierte en una situación de rehenes. Tres detectives de la policía liderados por Mike Torello (Dennis Farina) corren hacia la escena (entre los cuales nos vemos a un bisoño Michael Rooker, antes de ser Henry en retrato de un asesino o el villano manco de Walking Dead, como policía de turno). No se dicen palabras entre los hombres mientras revisan tranquilamente sus armas y se preparan. Cuando los criminales están a punto de soltarse de sus rehenes, Torello se inclina amenazadoramente, y le dice a un matón: “lastima a alguien más, cuando todo esto termine, encontraré lo que más amas y lo mataré”. “Tu madre, tu padre, tu perro. No importa lo que sea, están muertos”. Bienvenido al mundo de Crime Story. Mann ha dicho que fue influenciado por trabajar en la serie de televisión Police Story (1973-1977), que fue dirigida por el dramaturgo Liam O’Brien e incluyó al famoso escritor criminal Joseph Wambaugh (quien escribió The Onion Field) como colaborador. Pidió a Reininger y Adamson que escribieran el piloto de la serie y una “Biblia”. Reininger era un ex banquero de inversión internacional de Wall Street que llamó la atención de Mann por un guion que había escrito sobre investigadores de incendios provocados y una película francesa que había escrito y producido. Reininger investigó Crime Story y se ganó la confianza del detective William Hanhardt, quien lo puso en contacto con oficiales encubiertos en Chicago. Lo enviaron a reuniones con figuras del crimen organizado. Reininger se arriesgó a llevar un micrófono corporal y una grabadora. Después de visitar la escena del crimen del espantoso asesinato del corredor de apuestas Al Brown, Reininger retiró sus entrevistas con la mafia. Cada episodio se basó en un evento real, trabajando con el policía en cuya historia se basó. Mann “aprendió mucho, sobre el  cómo escribir, y, trabajar con gente real”. Crime Story se basó en las experiencias de Chuck Adamson, ex detective de la policía de Chicago durante 17 años. Afirmó que las historias presentadas en el programa estaban desarrolladas, en lugares donde se ocurrieron muchos de los hechos auténticos. Eso, sí. Empero éstas se ajustaban y simulaban lo máximo posible”. Según, Michael Mann, la génesis del proyecto fue seguir a un grupo de policías en una unidad de delitos mayores de 1963 y cómo cambian durante 20 horas de televisión. Luca había estado actuando como un independiente fuera de la jerarquía habitual de la familia del crimen organizado que controlaba la ciudad. Esto coloca a Luca en una posición precaria, no solo trabajando fuera de la ley, sino fuera de los alejados de la protección de la mafia tradicional. Después de algunos trabajos altamente rentables y ejecutados por expertos, Luca llama la atención de un jefe del crimen, Manny Weisbord (Joseph Wiseman MasadaTV). La tripulación de Lucas está formada por un núcleo de criminales de carrera muy versados en el arte de los robos; Pauli Taglia (John Santucci House IV) y Frank Holman (Ted Levine The Silence of Lambs o Monk). Una vez que Luca se somete a la tutela del mafioso mayor, sufre un cambio significativo en su modus operandi que es obvio para Torello; Luca ha madurado de pasar a ser un impulsivo capullo callejero, a un sagaz administrador criminal que maneja trabajos de alto perfil con precisión militar.

Finalmente, algunos gánsteres se apoderan del casino, pero para lavar su dinero recurren a Luca, que se ha convertido en el jefe criminal número uno en Las Vegas. A pesar de tener una historia en curso, Crime Story sufrió de  anhelo repetitivo. Cada vez que hubo un gran avance en el caso contra Luca, sucede algo que lo hace salir limpio. Del mismo modo, que alguien está dispuesto a testificar, nunca llega la conclusión del episodio. Al final de la temporada uno, que incluso, abre fuego contra Torello y sus hombres en medio de la calle. En la segunda temporada consigue la ansiada inmunidad. El presidente de la NBC, Brandon Tartikoff, ordenó una película de dos horas, que se estrenó en cines en un puñado de cines estadounidenses para invitados. Tartikoff también ordenó 22 episodios que permitieron a Reininger y Adamson desarrollar perfiles más densos de personajes y contar historias continuas (en lugar de programas episódicos y autónomos). Mann predijo una cadena de cinco años para el programa. Sin embargo, debido a limitaciones presupuestarias (la necesidad de cuatro juegos de coches resultó ser demasiado cara). Tartikoff finalmente permitió que su serie se trasladara a Las Vegas durante el último cuarto de los únicos 22 episodios. En la segunda temporada, un capitulo promedio, costaba entre 1.300.000 y 1.400.000  millones de dólares, porque fue filmado en locaciones especiales, ambientado en la década de 1960 y siempre contó con un gran elenco de estrellas invitadas; que eran incipientes estrellas de la futura década de los 90. Los estelares invitados y los rostros, de por aquel entonces, desconocidos, abundan en estos primeros programas. Además de Grier y Rhames, Michael Madsen, Andrew “Dice” Clay y Eric Bogosian interpretan personajes recurrentes que forman parte de la organización de Luca, y un pre-Rocketeer Bill Campbell es uno de los hombres de Torello. Otros actores que hicieron apariciones incluyen, a David Caruso, los músicos de jazz Miles Davis y Dexter Gordon, Lili Taylor, Christian Slater, Lorraine Braco, Stanley Tucci, Debbie Harry, Paul Anka, Billy Zane, Laura San Giacomo y David Hyde Pierce. Gary Sinise (CSI: Nueva York) interpreta a un buen hombre que cae en tiempos difíciles y se mete con el público equivocado, y también dirige dos episodios. Julia Roberts aparece como una víctima de abuso de género, y Kevin Spacey aparece como un senador al estilo de Robert Kennedy al comienzo de la segunda temporada. Uno de los aspectos más distintivos de Crime Story es la apariencia, la atención a los detalles de la época. Hilda Stark trabajó como directora de arte en el piloto y Mann le pidió que regresara después de siete episodios para ser la diseñadora de producción.

Para lograr el aspecto de época del programa, Stark y su equipo iban a tiendas de antigüedades y de segunda mano, publicaban anuncios en los periódicos en busca de artículos de la época y, a veces, construían muebles si no podían encontrarlos. Según Stark, el diseño general o la apariencia del programa mostraba “muchas líneas exageradas. Optamos por un alto estilo: líneas elegantes y un alto estilo… Así como, por las formas exageradas que recuerdan la época”. Stark y su equipo artístico, también idearon un esquema de color para el programa que presentaba “colores saturados y ciertas combinaciones (negro y fucsia) que recuerdan a los años 50″. Se inspira en una biblioteca de libros y revistas antiguos, en particular Life. Para los automóviles antiguos de la feria, se compraban o alquilan a propietarios privados. Sin embargo, Universal Pictures decidió no hacer Crime Story porque consideraron que era demasiado costoso pasar por varios cambios de período diferentes en una sola temporada y un pequeño estudio llamado New World Pictures Ltd. intensificó su financiación. Les permitió trabajar en las grandes prime time, con una importante cadena de televisión como NBC, y la oportunidad de vender el programa en el extranjero. Mientras que Universal Studios conservaría los derechos de distribución nacional. Obviamente, si lo pensamos bien, todos aquellos adictos a la buena ficción, la forma en que pasamos la misma cantidad de tiempo con los buenos y los malos es algo que The Wire también usaría con mucho ingenio. Ambas series también tratan sobre policías, narcotraficantes, política y corrupción. Aunque The Wire es una serie un estante mejor, ya que está, más enfocada y de algún modo, su tratamiento de guion es mayestático. Esto significa que un número extremadamente raro y pequeño de series será elegible para ingresar a las filas de los mejores —de entre los miles de otros— zapatos de policía. Aquí se analiza una serie que se ha ganado su lugar en ese ranking; Crime Story es un hito en la historia audiovisual de la televisión norteamericana. Este programa, que se emitió originalmente en 1986, ha resistido la prueba del tiempo y sigue definiendo el género después de un cuarto de siglo. Ambas temporadas se recopilan en la caja completa, muy bonita, relanzada para el 25 aniversario del programa. El pack deja algo que desear, las conversiones de visionado no cumplen con los estándares actuales y no hay extras, pero con todo, sigue siendo un espléndido espectáculo, muy recomendable y entretenido. Hoy en día se ha publicado la versión del pack en bluray zona Usa y creo que hay una versión para Italia. Nota: 8,2

 

Las 30 mejores series estrenadas en 2020

 

1. Zero Zero Zero

 

 

2. Gangs of London 

 

 

3. Des

 

 

4. The Queen’s Gambit

 

5. Valley of Tears

 

6. I May Destroy You

 

7. The Great

 

8. Unorthodox

 

 

9. White House Farm

10. Sløborn 

 

 

11. Raised by Wolfes     

 

 

12. The Outsider

 

 

13.  Perry Mason

 

 

 

14. High Town

 

15. Kalifat

 

16. DNA

 

 

17. Baghdad Central

 

 

18. The Trial of Christine Keeler

 

19.  L’effondrement

 

  20. The Luminaries    

 

  21. The Good Lord Bird

 

22. The Liberator

 

23. Hunters

 

24. Stateless

 

 

25. Upload

26. The White Wall

27. No Man´s Land

 

 

28. Twin

  29. Ted Lasso

30. Box 21

Perry Mason (1957-1966) El genuino

Uno de los géneros más imperecederos en la historia de la televisión ha sido, por excelencia, el drama judicial. La sala del juicio Made in Usa. Esa, donde, los abogados se convierten en mitad héroes, pedagogos, histriones o profetas de la verdad. Parece haber algo en los abogados que luchan contra los puntos más sutiles de la ley —en su sempiterna búsqueda— de la verdadera justicia. Éste era un remanente de los días de seriales radiados, y  antes de eso, los motivos de los abogados eran extremadamente populares en las novelas de misterio. Los abogados de esta serie no solo hicieron trámites y discutieron frente a los jurados. Eso no habría sido muy emocionante y, después de todo, se supone que la televisión tiene una máxima y es la del entretenimiento a su audiencia. Máxima que tuvieron que asumir ellos mismos para llegar al fondo del caso. Esto generalmente significaba no confiar en los hechos tal como los presentaba la policía. Esta parecía ser la otra cara de la moneda de los dramas policiales —que a menudo— se transmitían frente a los programas de abogados. En esos programas, la policía siempre tenía razón y los abogados defensores eran equivalentes a los malos, pero envueltos de un barniz heroico. En los anales de los programas de abogados hay uno que está por encima del resto. Fue el máximo defensor de los falsamente acusados. Su nombre era Perry Mason. Si algunos de ustedes hubieran sido acusados de un crimen atroz, en ese supuesto, no necesitaba un equipo de abogados de ensueño: todo lo que tenía que tener de su lado era un abogado, de la persistencia de Perry Mason. Éste producto, es el humus seminal, de grandes series como “la Ley de los Angeles 1986” o “Murder One 1995”  que programas como, “El abogado 1997″ e incluso “Ley y Orden 1990” le deben mucho.

Perry Mason definió los cánones del drama legal en la televisión y debería ser parte de cualquier colección doméstica seria. Algunos de nuestros hijos, sobrinos o amigos (ya sean vecinos milenials) en su hogar pueden pensar que el televisor está mal configurado; no hay color. Solo dígales que en el pasado había unas pantallas algo panzudas y con largas antenas de hormigas gigantes. Además emitían unas chuladas de series en blanco y negro. Mason ya era un famoso abogado de ficción mucho antes de que apareciera en la televisión. Más de ochenta novelas de misterio de su creador y alma mater: el escritor  Erle Stanley Gardner. Perry Mason es un descendiente directo de los pulps de misterio serie B, de las décadas de los 30 y 40, con detectives como Charlie Chan y Sherlock Holmes. Y poco después, se produjeron varias versiones de películas sorprendentemente mal concebidas. Curiosamente, ninguna de ellas tuvo éxito. Un programa de radio posterior lo hizo algo mejor, pero también luchó por encontrar el tono adecuado para el programa y su personaje principal. Gardner fue más cuidadoso cuando autorizó sus historias para la televisión. Ahí, entró en acción, la actriz convertida en productora ejecutiva; Gail Patrick Jackson y el productor de línea Ben Brady. Gail cuidó y mimó el proyecto, como si de un hijo suyo se tratará. La CBS, encontró la horma de su zapato en el actor Raymond Burr. De inmediato, su presencia, lo convirtió en la estrella del programa. Empero, fue el conjunto de la dinámica de equipo del quien hizo de Perry Mason un megahit de la protohistoria televisiva. A menudo, se oía al acusado injustamente gritar la coletilla: “Te mataré”, justo antes de la muerte.

Lo llamativo de esta primera mitad de temporada es la variedad de historias y, a su vez, ubicaciones. En lugar de limitar la acción a los mismos pocos escenarios: la oficina de Perry, la sala del tribunal y algunas casas y oficinas genéricas que podrían repararse y reciclarse. Hablamos del  tipo de cosas que se encuentran en otros programas de una cámara como Superman, The Life, Legend. Wyatt Earp, etc., CBS le dio a Perry Mason locaciones en el sur de California: el centro de Los Ángeles, en el Valle, el desierto alto y en Big Bear Mountain. Los interiores durante la primera temporada —de todos modos— se rodaron en los antiguos Western Avenue Studios de Fox. Luego está el arresto y el desafortunado acusado que busca su último recurso para la libertad, ahí está el implacable, Perry Mason. A continuación, se llevaba a cabo, la investigación donde Mason y su equipo descubrían las pistas del verdadero asesino. Finalmente, se remataba en un acerado enfrentamiento en la sala del tribunal. Una cosa que es muy poco realista; es que el verdadero asesino con frecuencia se derrumbaba en el estrado y confesaba. Pregúntele a cualquier abogado de un estrado auténtico ¿con qué frecuencia sucede eso? Mason no tenía mucho personal. Por otra parte, tal vez esta ambigüedad moral fue intencionada, dado el elenco de Raymond Burr, un actor que hasta 1957 había interpretado casi exclusivamente a villanos especialmente despiadados. El más famoso de los cuales fue aquel siniestro asesino en “La ventana indiscreta 1954” de Sir Alfred Hitchcock.

Casi impactante es cuánto peso despegó Burr en los tres cortos años desde esa película. Aunque todavía estaba bastante orondo y de complexión de huesos grandes; Burr en la primera temporada estuvo más delgado que nunca. Empero el recio Burr fue una elección inspirada para interpretar a Perry. Cuando el sagaz RB se eleva sobre aquellos a los que interroga en el estrado de los testigos, su voz autoritaria, sus ojos ceñudos y expresivos aún pueden ser intimidantes, sin embargo, sus modales tranquilos y sosegados conectaban rápidamente con el respetable (curiosamente, en la vida real, Raymond Burr era muy sociable, extremadamente generoso y dulce). Fue una cualidad hasta ahora inexplorada del protagonista, que realmente deslumbra en este show. El resto de su equipo lo componía su secretaria Della Street (Barbara Hale) y un investigador privado, a cargo perpetuo de Mason, Paul Drake (William Hopper). Della contestaría los teléfonos y concertaría citas con su jefe. Recuerden que esta fue una época en la que el lugar de una mujer en los negocios era una tarea muy gregaria. Della también era la persona en la que Mason confiaba sus mayores corazonadas. Discutiría el caso con ella, estimaba su opinión y de paso, se veía en ella, una mujer de ese atisbo, de lo que—afortunadamente— iría llegando: la revolución feminista y la incorporación de la mujer en cargos de mayor calado en la justicia o la docencia jurídica. Pero Della fue un personaje algo inusual para aquellos finales de la década de los 50.

Mason estaría demasiado ocupado con informes y otros asuntos, por lo que Paul también saldría a la calle. En busca de esas pistas e información que los detectives de la policía de Los Ángeles pasaban por alto. Este fue uno de los mejores métodos de la vieja escuela conocida como la “caja de zapatos de piel” para resolver crímenes. Ahora tenemos laboratorios para analizar la más mínima partícula de materia que queda en la escena del crimen. En ese entonces, Drake tendría que ir a hablar con la gente y reunir información lentamente que conduciría a una ruptura en el caso. Lo mejor que le habían tomado las huellas digitales a la policía, y siempre había una razón lógica por la que estaban en el arma homicida. Drake también era un puro arquetipo de compañero de los cincuenta; lo golpearon en más de una ocasión y con ganas. Esto normalmente pondría a Mason y Drake en oposición directa con el hombre a cargo de la investigación policial, el teniente Arthur Tragg (Ray Collins). Cuando llegó el momento de comparecer ante el juez y el jurado, el adversario de Mason era el fiscal de distrito Hamilton Burger (William Talman). Es sorprendente que Burger y Tragg mantuvieran sus trabajos; tenían el peor historial delictivo posible. Cada semana preparaban su caso hermético que Mason hacía pedazos. Considerando que cada uno de los clientes de Mason era inocente. Obviamente, se trataba de una grandísima noticia, ya que en la vida real la ciudad se habría arruinado por todas las demandas de procesamiento civil ilícito que se hubieran presentado. Después de todo, no se puede tratar a la estrella de esa manera. Hubo algunas variaciones sobre el tema presente aquí. En un episodio, Burger tuvo que dejar la acusación. Resulta que un viejo amigo suyo es el sospechoso. Por una vez, Burger se alegró de que Mason estuviera en el caso y  que no tendría que perder todos los pleitos; por una semana. Algunos de los recursos de la trama utilizados aquí datan la serie. La razón del éxito de esta serie se debe a la atención a los detalles y la gran calidad de la producción. Cada episodio se construyó como una película de cine negro de una hora de duración en lugar de un programa de televisión normal de 30 a 40 minutos. Así llegaron a rodar 9 temporadas y 271 episodios desde 1957 a 1966. Todo un hito histórico de la TV de la primera edad dorada.

Ahora, en pleno siglo XXI, después de que se mostraran por primera vez estos episodios, siguen siendo tan buenos como lo fueron desde sus inicios. Un ejemplo fue cuando una chica cigarrera es amenazada y luego acusada de asesinato. Para aquellos que son demasiado jóvenes. El recuerdo de los clubes nocturnos, o cabarets de los años 50 es algo muy alejado de lo que se vemos en 2020. En su caso contratarían a una mujer joven y atractiva para que desfilara con diminutos atuendos vendiendo cigarrillos de una bandeja atada a ellos. Evidentemente, a día de hoy esa escena de la chica escasa de ropa y el cajón de cigarrillos y chocolatinas sería una ofensa para una gran parte del público femenino. Otro caso curioso, sería el episodio del título “El caso de la cantante arisca”. Intenten llamar a una mujer brusca en 2020 y observarán que las cosas han cambiado algo. Afortunadamente. Pero insisto, Perry Mason arranca de lo que llamamos la cultura del cómic pulp. Luego, yo soy partidario de observar las cosas con el conocimiento y la mesura del contexto. Si no somos capaces de ponernos en las diferentes aristas de la vida, no tardaremos en quemar el cine mudo o determinadas letras del RockPunk más glorioso. Otro de los grandes reclamos de la propia serie fue el gran elenco de grandes estrellas que fueron invitadas, muchas de ellas ya consagradas; Bette Davis, Angie Dickinson, Fay Wray, Mona Freeman, George Kennedy, Elisha Cook Jr, Lee Van Cleef  o Walter Pidgeon. Así como muchos y muchas de ellas, caras nuevas que pasaron rápidamente a ser famosas tanto en la gran pantalla como en la TV; Ellen Burstyn o David Hedison. Todos esos grandes fans, de los actores de personajes de la época, encontrarán una verdadera mina de oro en cada episodio de Perry Mason. Sólo en “El caso del doliente enojado”, por ejemplo, aparecen Dorothy Adams, Malcolm Atterbury, una jovencísima Barbara Eden, Sylvia Field, Paul Fix, Joan Weldon y James Westerfield. Otros actores que aparecen en estos primeros diecinueve episodios son: Vaughn Taylor, Hillary Brooke, Greta Thyssen, Robert Cornthwaite, William Schallert, Frances Bavier, Joi Lansing, Michael Fox (el patólogo forense), Virginia Gregg, Brett Halsey y muchos más. Los seguidores de la serie “Three Stooges 1922-1970″ se deleitarán al ver al villano perenne Kenneth MacDonald aparecer con frecuencia como juez y como la chica mala de los últimos Stooge, Connie Cezon, desempeñando a la secretaria, en gran parte, invisible de Perry.

Los fanáticos de la ciencia ficción de los 50 notarán las apariciones de incondicionales del género como Morris Ankrum (otro juez a tiempo parcial), Thomas Browne Henry, Whit Bissell y Robert Clarke. Obviamente, quien quedó marcado para el resto de su vida personal como la auténtica estrella de la TV, en su primera era fue Burr. Su cara era de las más reconocidas en todo el mundo. Después de su carrera de nueve años en CBS, se lanzó un programa de televisión de revitalizar el personaje en 1973 que duró una temporada. Esa encarnación derivó en unas veinticinco películas hechas para televisión que se emitieron entre 1985 y 1993 y solo terminó con la muerte del hombre que siempre será recordado como Mason, Raymond Burr. Actualmente, el prestigioso canal de TV de cable, y ahora en streaming, HBO, ha adquirido los derechos de la mano del actor galés, Matthew Rhys, (“The Americans” 2013) ofrece una actualización impresionante y elegante del drama de la auténtica CBS de mediados de siglo. Situada la acción, en los años finales de la década, de los 20 y comienzos de los 30, en plena depresión económica. Actualmente, es el productor del proyecto. Donde se encuentra respaldado por los productores ejecutivos Amanda Burrell, Ron Fitzgerald y el no menos conocido actor, Robert Downey Jr. Además, de un viejo conocido de la edad de oro del icónico canal como Tim Van Patten. Por cierto, la serie entera con todas sus entregas y episodios se puede en encontrar en Amazon y para aquellos más inquietos en Youtube y otros lugares de la webesfera. Lo dicho, siempre hay tiempo para visionar aquella primera edad de oro de la TV y poder disfrutar de un show con más de 9 nominaciones a los Emmys, donde su protagonista siempre era el foco de la pasaralela. Disfruten del genuino Perry Mason. Nota: 8,5

 

 

Max Headroom (1987) “El presentador Cyberpunk de la TV”

El vídeo mató la estrella de la radio. ¿Lo recuerdan? Al menos, eso pretendieron el grupo The Buggles. Luego está lo que cada uno se creyó. Demasiado. En 1984 la MTV se había convertido en un karma vital de la industria discográfica. El videoclip era un elemento tan importante como la propia canción para vender un disco. Consciente de ello, el “asesor creativo” de la compañía Chrysalis en aquellos tiempos, Peter Wagg, tuvo una idea revolucionaria cuando se le acercaron desde la recién nacida cadena británica Channel Four para contemplar la creación de un nuevo programa de videoclips: crear un presentador virtual. Wagg llevó la idea a George Stone, un guionista y publicista especializado en trabajar en el mundillo de la música, y ambos crearon el concepto junto con su pareja: Annabel Jankel. Morton y Jankel estuvieron —en el  desarrollo de videoclips— usando animación para Elvis Costello, Talking Heads o Tom Tom Club. Empero, el inquieto R. Morton fue el encargado poner en marcha la idea más surrealista posible para la Generación MTV (un señor de mediana edad con traje presentando videoclips con aburrida cháchara, no sé demasiado tedioso), y de repente, damos un giro de 360 grados, convirtiendo al personaje en algo innovador y atractivo, insolente, mordaz y muy divertido. Además de ser generado por ordenador (o más o menos, ya que había una gran cultura de Sci-fi) aunque la tecnología Android sonaba al Netflix del siglo XXI. La cuestión es que se creó a un tipo con el que yo y muchos bichos raros flipábamos lo nuestro. A partir de ahí a Stone le fueron llegando ideas: gran parte de la mitología que serían utilizadas después en la película y en la serie posterior. Pero creando discrepancias con Wagg, al que le quedaban grandes los conceptos provenientes de la ciencia ficción y más específicamente la literatura cyberpunk —y que le bastaba con tener a la criatura sin todo ese background a la zaga— hacía un mundo futurista donde la audiencia televisiva es lo más importante y todo está informatizado. A Matt Frewer se le colocó una máscara que diera cierta sensación de “virtualidad”, si bien no fue generado nunca por ordenador como se llegó a creer. Los prostéticos y la física interpretación de Frewer iban acompañados de los fondos, las rayas que se repetían una y otra vez, sí que lo eran. De igual forma se generaban cortes múltiples para parecer que los diálogos estaban pasados por el túrmix de un DJ especializado en scratching. Funcionó, nadie se dio cuenta y a día de hoy aún hay quién sigue creyendo que Max Headroom era un dibujo tridimensional muy trabajado, cuando si uno se fija bien nota perfectamente que hay un señor con una máscara delante suyo. El look videoclipero es indiscutible, con una iluminación que haría enorgullecerse a Russell Mulcahy y con una banda sonora tecno-pop compuesta por dos de los miembros de uno de los grupos de mayor éxito mundial en aquel entonces, Midge Ure y Chris Cross de Ultravox. Ciertas tendencias de la época se mantenían (como por ejemplo, que el prota de la función fuera un temerario buscador de la verdad “cayera quién cayera” ¿les suena, eso? Proto-héroe en boga de los 70 y que se mantendría buena parte de los 80, desde Carl Kolchak hasta Mike Donovan) pero además sabía leer el zeitgeist de su era. Algo así como, en un curioso pastiche entre un futuro cercano, que parece que con el tiempo se convertirá en el de Blade Runner, con un fondo cyberpunk empapado en William Gibson y un estilo visual que parecía el sueño húmedo de Gary Numan. Así, andaban las cosas por el UK, ya que el mismo Boris Johnson era otro más sentado delante de la TV.

Aquel personaje enamoró a uno de los canales más prometedores del UK, Channel Four. Encantado con el resultado final. Llegó el canto digital a otro canal que arrancaba en USA; Cinemax. Una plataforma satélite de la entonces joven y muy pugilística HBO. Tanto Cinemax como Channel Four buscaban un nuevo tipo de productos que se salieran de lo común para captar a una audiencia joven y diferente. La idea de la coproducción era cada vez más palpable. Pero diferencias de criterio artístico y la evaluación del presupuesto final, hizo que ambos canales no llegasen al esperado acuerdo. Delante del Thompson con puerta y llave de seguridad me quedaba alucinando. Es obvio que la cadena ABC ha sido uno de esos canales que se ha destacado por el sambenito de ser la tercera empresa audiovisual, en discordia. Aquellos años 80 fueron tiempos, donde la guerra entre emisoras estadounidenses, una competencia feroz que animaba el nuevo dueño de la Casa Blanca Ronald Reagan.  Muy por debajo, en los shares de audiencia, de las eternas Queens: NBC y CBS. Buscaban nuevos proyectos, dirigidos a una audiencia joven y que acortase la diferencia con los target de sus competidoras. Obviamente, esta historia cincelada de un modo u otro. Independientemente de matices precisos menos, es conocida de sobra por los grandes amantes de la TV Gourmet y el buen cine. Como el nacimiento de otras obras de culto —importantísimas— a la larga, véase los casos de Twin Peaks o Lost. Bajo mi punto de vista es una gran suerte, tener esa cantidad de canales en EE.UU, pues la competencia, genera creatividad y eso redunda en el beneficio del espectador. ABC, a día de hoy, ya no es aquella cadena ingenua de los 80,s. Ahora, es un gran grupo de comunicación como sus competidores y sigue haciendo lo que mejor sabe hacer: crear nuevas series, buscando nuevas experiencias para los espectadores de todo el planeta. En cualquier caso, también el azar tuvo su importancia, la suerte es esencial, ya sea desde cualquier perspectiva de la vida. De repente, apareció Stu Bloomberg, jefe de desarrollo de proyectos de la cadena en aquellos tiempos, en Londres la noche en que se emitió Un viaje al futuro. Peter Wagg, que había intentado vender la idea tanto a la NBC como a la CBS (los cuales les ofrecían realizar una TV Movie). Encontraron en ABC el acomodo perfecto cuando le dieron el sí —a la emisión de una temporada de 6 episodios—, que serían producidos por Lorimar, un icono de la producción televisiva, con series como Los Walton y la megaexitosa Dallas. Curiosamente, con el paso del tiempo se convertiría en una de las peores enemigas de Max Headron. Empero, dejando fuera del proyecto a Annabel Jankel y a Rocky Morton, de muy malas formas —no les quisieron reconocer ni un solo un crédito, como creadores originales, ni tampoco a George Stone— a pesar de que litigaron por mantener los derechos sobre el personaje. Steve Roberts sería el productor ejecutivo (o showrunner) y se haría con un nuevo equipo de guionistas para desarrollar la primera temporada, la mayoría provenientes de la versión ochentera de The Twilight Zone que se emitió en CBS.

El 31 de marzo de 1987 se emitió Blipverts, el primer episodio de Max Headroom para ABC que era una versión remozada de la película inglesa emitida en Channel Four un año antes. La historia venía a ser básicamente la misma, si bien tan solo Matt Frewer y Amanda Pays repitieron en sus roles principales y se le dio bastante más importancia a Murray, el jefe de la sección de noticias de la cadena XXIII y superior de Edison y Theora que ahora tendría el rostro —y la estupenda voz— de Jeffrey Tambor. Se mejoró bastante la imagen de Ben Cheviot (ahora interpretado por George Coe), bastante ofendido porque la cadena que presidirá a partir del segundo episodio utilice spots con la capacidad de matar a su audiencia sedentaria, dando una visión más positiva del mismo que en su contrapartida británica. El personaje que sufrirá un mayor cambio será el adolescente genio de la informática Bryce Lynch (Chris Young en la serie), que si bien también es el causante del accidente que por poco mata a Edison y genera el nacimiento de Max Headroom , al contrario que su hermano inglés terminará por trabajar del lado de los buenos. Este nuevo Max Headroom no se irá con la cadena anarquista Big Time TV, sino que se quedará con la cadena XXIII. Pero la biblia desarrollada por Stone sería usada con frecuencia a lo largo de los capítulos y Reg Blank (de nuevo interpretado por W. Morgan Sheppard), Dominique (ahora Concetta Tomei) y la citada cadena aparecerán por primera vez en el tercer episodio: Body Banks, que habla sobre el tráfico de órganos desarrollando con más paciencia esa trama de la tv movie (del piloto americano) y ya se quedarían como colaboradores habituales de los protagonistas, teniendo directamente Sheppard incluso crédito propio en la segunda temporada. La música también tendría un tono más acorde a los gustos americanos, cambiando los teclados de los exmiembros de Ultravox por el sonido guitarrero sintetizado de Cory Lerios, miembro de la banda Pablo Cruise. Toda una herejía. La primera temporada de Max Headroom parece un gran banco de pruebas de un universo de ciencia ficción que se va construyendo un poco sobre la marcha, pero que tiene claras sus influencias cyberpunk, y mantiene el tono irreverente y un tanto histriónico de su computerizado protagonista: el mundo en el que nace semejante criatura es el único en el que podría ser. Y así veremos deportes futuristas clandestinos donde sus participantes pueden morir, una suerte de gladiadores en monopatín. Los cuales son el oscuro objeto de deseo de las cadenas del mañana a sabiendas de la audiencia que podrían capturar con semejante espectáculo (Rakers), espionaje industrial a gran escala que terminará con nuestro héroe (bueno, al menos nuestro héroe humano) perseguido por fraude, un crimen peor que el asesinato en ese universo (Security Systems), guerras descontroladas entre cadenas de televisión cuando una de ellas emita en directo atentados terroristas, como si supieran perfectamente cuando van a suceder y llevando a Carter y cía a investigar el asunto con aroma a podrido (War), o la rebelión por parte de un grupo de ciudadanos clandestinos, aquellos que no están “fichados” por la sociedad, al igual que Reg y Dominique (The Blanks).

Todavía tiene aristas y flojea en algunos aspectos, como en el desarrollo de los protagonistas principales, algo que mejorará (como el resto de muchas más cosas) en su segunda temporada.La audiencia no conseguiría unos números brillantes —competía en el mismo horario que Luz de Luna, indiscutible líder de su franja horaria, pero la fama del personaje y el torbellino generado por su popularidad hacían en ese momento impensable sacarlo de antena. Como ocurrió antes con obras destinadas a la controversia y a formar parte del panteón de la TV de culto (lo cual en muchas ocasiones no va acompañado al éxito), el propio equipo no era muy consciente de la importancia de lo que hacía en ese momento: comentarios bastante provocadores para los cánones de la tv americana— se colaban en los guiones, presentaban los escritos lo más tarde posible para que los “censores” de la cadena (a los que dedicarían un episodio entero el segundo año) tuvieran el menor tiempo posible para detectar las puyas. Según algunos comentarios del productor Ben Frankish en los rodajes parecía reinar en ocasiones cierta anarquía, y como decía el guionista Michael Cassutt, con todo mi cariño y respeto a Steve Roberts y a Peter Wagg, en ciertos aspectos se notaba que era gente que nunca había trabajado para la televisión norteamericana, y que ni tan solo la veía. Había mucho que aprender en términos de producción, emisión y gestión de dinero. Esa “inocencia” es palpable en el creer de la serie —en lo bueno y en lo malo—. Guste o no guste, es evidente que Max Headroom no se parecía en nada (ni se sigue pareciendo) a lo que se emitía en televisión. Con un serial de ciencia ficción innovador, un programa de vídeos y entrevistas inmensamente popular, un videojuego recién lanzado para Spectrum y Commodore 64 y un single navideño editado ese 1986 para promocionar su propio especial televisivo Max Headroom Giant’s Christmas Turkey, la popularidad de Headroom estaba en lo más alto. Pero la ley del más fuerte es la que domina el mundo de la TV, y tarde o temprano, todo lo que sube, tiene que bajar. Es en su segunda temporada cuando Max Headroom empieza a desarrollar todo su potencial. En el primer año, el background era lo esencial, sus seis primeras horas debían establecer un universo enorme y complejo y el tono adecuado para el mismo, pero descuidando aspectos que mejorarán considerablemente en su secuela. Los personajes tendrán un mundo interior más elaborado. Conoceremos mucho más a Edison y empezará a mostrar muchos más matices que en las primeras horas, donde aparecía como el prototípico héroe, periodista temerario sin apenas fondo. En los 8 episodios que compondrían la segunda temporada conoceríamos a sus exnovias, antiguos compañeros, y nuevos rasgos compondrían su carácter, como ciertas actitudes infantiles, como los celos que desarrolla hacia Max o el rebote que coge cuando descubre que Theora tiene pareja. En ese aspecto la serie también se muestra más inteligente, ya que mientras en la primera temporada las insinuaciones sobre el romance entre ambos lo mostraban como algo cantado, en la segunda se verá que no es así, y si bien hay tensión sexual entre ambos ésta no terminará de explotar. La anteriormente mencionada Moonlighting había enseñado una gran lección a los medidores de audiencia de la época. La segunda temporada comenzó a emitirse el 18 de septiembre de 1987, en un horario que la obligaba a competir contra Dallas y Corrupción en Miami, dos de los grandes éxitos de la época. Las audiencias fueron paupérrimas, y a la emisión del tercer capítulo ABC dio la orden de cortarles la cabeza. Para mayor inri, las disputas entre Four Channel, Cinemax,  ABCTV Y Lorimar Pdnes en los juzgados por los derechos de la serie Max fueron un dolor de muelas insoportable. Al final el magistrado le dio la razón al canal británico y se editaron las dos temporadas, en DVD (2010) para el mercado anglosajón. En Amazon se puede encontrar. Lo dicho una reliquia de culto, a partir de un concepto, de TV demasiado avanzada, desde sus planteamientos anarcotecnológicos y el humor Ciberpunk, de un personaje loco por los videoclip y los videojuegos. Nota: 7,1

Bonanza TV (1959/1973) “61 años”

 

Hubo un tiempo donde todos los chiquillos del barrio queríamos ser como los Cartwright y vestir como auténticos vaqueros del Far West. No había navidades que no soñáramos con pedirle a algún rey mago nuestro correspondiente “modelito” de tejanos y un Colt enfundado en su cartuchera rodeada de balas plateadas. A uno que siempre le han acompañado las hermanas, le fue más difícil hacer de ellas sus admirables cómplices de correrías. Todo era muy inocente, idílico y decoroso. La candidez iluminaba el corazón de los malvados que atrevían a poner sus pies en la Ponderosa con principios nobles: “Un hombre puede beber de un vaso a la vez y comer de un único plato; es un hombre”. Así se las gastaban por Bonanza. Viendo estos días pandémicos de falacias, de dimes, diretes, mayorías, minorías y de nuevas tribus de todo pelaje: con cara de envinagrados. A la espera de quien tira la primera piedra en   —la carrera de San Jerónimo— la nueva distópica guerra civil.  Aquella quimera televisiva de Bonanza era tan reconfortante como los efectos del Vicks Vaporub en un frío invierno o el chapoteo del agua —en una tarde de caluroso verano— de cualquier piscina pública los muchos pueblos de España. El western tranquilo y de sonrisas Fordianas había llegado a la pequeña pantalla. Entre los años 1959 a enero de 1973, el canal NBC emitió los 430 episodios de uno de los mejores shows de la historia de la televisión.

Todo un récord de longevidad tras Ley y Orden —serie— a día de hoy, en emisión. Y sus diferentes versiones, de la gran serie de Dick Wolf. Sin embargo, el perspicaz guionista, David Dortort sorprendió al respetable con una serie sobre un western estático para la televisión. La audiencia de su primera temporada fue muy baja y estuvo a punto de ser cancelada. En su tercera temporada, era una de las series del Top 5 Made in Usa. Bonanza era una máquina de hacer dinero. La serie televisiva por excelencia; una veta de oro que no tocaba fondo. Toda esa imaginería de estudio y su argumento melodramático nos hacían dudar, si estábamos ante un western o un culebrón contemporáneo. La sinopsis era muy sencilla: el día a día de la familia Cartwright. Su cabeza de familia es un hombre viudo con tres hijos, que habitan en un pequeño rancho; La Ponderosa en el hermoso estado de Nevada. Ben Cartwright (Lorne Greene), un actor veterano que logró el papel de su vida. Es el pater familias, con la singularidad de haber enviudado tres veces, y de cada una de sus esposas, tuvo un hijo. Hijos, de marcadas y diferentes personalidades: Adam, protagonizado por Pernell Roberts un actor con gran experiencia en el western “Desire Under the Elms” (1958) dirigida por el ínclito Delbert Mann. Daba el toque intelectual, retoño de una madre inglesa de modales exquisitos. Se quedó anhelando la universidad. No tuvo más remedio que supeditarse a las órdenes de su padre. También fue —llamémosle— a nivel interno de la producción, el actor más conflictivo. En definitiva, era el más preparado para la interpretación pero, de un ego exacerbado.

El hijo, mediano es Hoss (Dan Blocker, otro desconocido) una mole de 190 centímetros —de madre nórdica— cuya fortaleza la llevaba en los genes. Típico grandullón, torpe y bonachón. Un personaje, que proporcionaba la mayoría de los momentos cómicos del show. Por último, Little Joe (Michael Landon) es el pequeño de la familia.  Hijo de una mujer de ascendencia criolla francesa, con un carácter vehemente y lleno de romanticismo. Especialista en enredarse en todo tipo de causas perdidas. Las tramas de Bonanza, supusieron una dinámica de lo políticamente correcto. Dentro de un contexto espacio-tiempo cercano a la guerra civil norteamericana: racismo, esclavitud, robos, enfermedades mentales, alcoholismo y violencia de género. Un show realmente visionario, viendo nuestra más candente actualidad. El episodio comenzaba con la llegada de un personaje, a modo de forastero. Éste, se convertía en el foco de atención. Y en ese instante, se desarrollaba el conflicto. El cierre de daba con la interacción de los habitantes del rancho, créditos, y el superscore de Jay Livingston y Ray Evans. Por la Ponderosa, deambularon, algunas estrellas del divino Hollywood como Buddy Ebsen, Cameron Mitchell, Claude Atkins, Dianne Foster, Dean Stockwell, Edgar Buchanan, Lee Marvin, Harry Dean Stanton, James Corburn, ,John Saxon, James Garner, Jack Warden, John Anderson, Patricia Donahue, Steve Forrest, Vic Morrow e Yvonne de Carlo. Con el paso de la temporadas, los propios Cartwrihgt ganaron mayor protagonismo y el número de estrellas invitadas se fue reduciendo.

Pocas ocasiones se veían personajes femeninos; pues las pulsiones de Cupido eran muy discretas. Nunca terminaba de cuajar relación alguna. A pesar, de dar un toque de misoginia y una atmósfera muy oxigenada de moralina, no empalagaba el paladar. Pues se imponía su plus de bonhomía dentro de un contexto sano, sin ánimo de adoctrinar. Algo tendría Bonanza para que genios como Robert Altman, John Brahm, Tay Garnett o Jacques Tourneur dirigieran algún que otro capítulo. La popularísima sintonía de la serie, compuesta por Ray Evans y Jay Livingston se ha convertido en una de los scores televisivos más famosos de toda la historia. En 1993, se llevó a cabo un nuevo proyecto de la mano de Michael Landon y la NBC con el título El regreso de Bonanza a modo de telefilme, dirigido por Jerry Jameson, un viejo conocido de la televisión en los 70/80. Todo envuelto entre un enorme halo de nostalgia y anhelo ecologista por la vieja Ponderosa. Se habló hace unos años de resucitar un nuevo proyecto sobre la original, pero Hollywood sigue sin respuesta. Y a día de hoy, se habla, pues el western ha vuelto por las pantallas y el streaming.  Pero, va a ser que no. De momento, todos aquellos que quieran disfrutarla se pueden adquirir las 7 primeras entregas en Amazon V.O. para la región 2 y comprobar 61 años después, que Bonanza ya es épica de la primera edad de oro de la TV. Nota: 7,6

 

 

ZeroZeroZero (2020) La última odisea de Saviano

Basada en la novela del mismo nombre de 2013 y segunda en la exitosa carrera del periodista italiano, Robert Saviano. Zerozerozero (2020) es la nueva serie, en dónde, el narcotráfico se narra desde el certero punto de vista del escritor. Una producción internacional, de alto calibre; que une a Amazon con las plataformas europeas Sky Channel y Canal Plus. El libro es adaptado brillantemente por Stefano Sollima, Leonardo Fasoli y Mauricio Katz. ZeroZeroZero se centra especialmente en el tráfico de drogas entre México y el sindicato italiano del crimen organizado conocido como ‘Ndrangheta. Se juntan con la productora gen de la marca Made in Saviano Cattaleya Prdnes; que tan buen hacer dejó en su gran obra maestra Gomorra (2014). No se han escatimado medios para esta fascinante producción.  ZeroZeroZero es la historia del daño causado por el envío de 5.000 kilos de cocaína; que induce a tres conjuntos de personajes en una carrera de colisiones estruendosas por el poder, donde los daños colaterales trascenderán dimensiones trágicas.

 

El abundante cargamento de cocaína ha sido ordenado por un anciano jefe de la mafia calabresa conocido como Don Minu (interpretado por un estupendo Adriamo Chiaramida), quien salió de una cueva fortificada secreta después del final de una guerra de pandillas y quiere volver al juego. El Capo, de los Capos de Calabria. Sin embargo el pago de las drogas es secuestrado por su nieto Stefano (el joven actor Giuseppe de Domenico), buscando venganza por una vieja disputa familiar y nada reacio a hacerse rico en el proceso. El quid del supuesto poder en la poltrona, del viejo huraño, depende de la llegada del cargamento de cocaína que arriva desde México. Manuel (Harold Torres), un soldado de las fuerzas especiales del ejército mexicano entra en acción. Un tipo de ojos fríos que no le tiembla la mano con el arma y se comporta como un auténtico Terminator de oscuras cábalas. Lleva a su equipo de soldados contra el cartel a una aventura despiadada y sangrienta en su vida privada, mientras mantiene su asistencia a los servicios evangélicos de la iglesia.

Valiéndose de su aprendizaje, en la precisión militar y tácticas abyectas para destruir la infraestructura local corrupta, originará demoledores conflictos en ese lado de la ecuación. Gracias a la relativa disminución en el procedimiento legal y médico, se siente olvidado como héroe de gran calado refugiado en su guardia pretoriana, su unidad de operaciones especialesque es vista con lupa, en los medios de comunicación como un peligro de las libertades civiles. La absoluta falta de ética y conciencia, tiene sus réditos más pírricos: los niños que terminan muertos sin saber el porqué. Sus enfrentamientos suelen terminar con grandes daños colaterales y trifulcas que causan pavor y espanto. Obviamente, es un proyecto internacional, muy bien nutrido, para contar una historia del narcotráfico mundial. ZZZ, evoca el spinoff televisivo de Steven Soderbergh “Traffic”(2000). Me atrevería, a decir, que mucho más cercana a esa miniserie que dirigió Stephen Hopkins, a la postre todas deudoras de la original serie de TV británica “Traffik” del Channel 4 dirigida por Alastair Reid. El título no se explica, pero presumiblemente se refiere a las grandes sumas de dinero intercambiadas, a través, de aplicaciones bancarias o bolsas de lona. Empero la auténtica alegoría de Saviano es la siguiente: ZeroZeroZero — es una referencia a otro narcotraficante que dice; toda una obra de teatro sobre el sistema de clasificación de la harina italiana para hornear, en la que “cero, cero” es el mejor grado— es una historia sombría, arenosa y sangrienta del tráfico de cocaína.

 

 

Un producto comprado en México y transportado a Italia por un corredor estadounidense, es un contenedor de envío de latas de jalapeños que en realidad contienen cocaína. Son un dispositivo narrativo y visual familiar pero efectivo, viajeros cansados pero decididos cuyo progreso buscamos al subir y bajar de barcos y transportar camiones por desiertos y montañas. También son mudos testigos de las tribulaciones de sus vendedores mexicanos, compradores italianos y exportadores estadounidenses No tiene nada del glamour o la sexualidad de alto octanaje del mítico Scarface o elegante Miami Vice. La mayoría de los jefes viven no en espaciosos palacios Art-deco sino en fortificaciones monótonas; no usan Armani, ni Dior o Paul Smith. Todo lo contrario petos de polietileno, a modo, de armadura corporal; pasan su tiempo libre no acariciando supermodelos sino contemplando paranoicamente quién podría estar conspirando contra ellos. Uniendo a los dos grupos están los intermediarios; la familia naviera con sede en Nueva Orleans, los Lynwood. Liderados por el primer patriarca de los negocios, Edward (Gabriel Byrne) y la hija Emma (Andrea Riseborough), con el hijo protegido Chris, éste sufre una enfermedad genética que le destruirá neurona a neurona (impresionante interpretación Dane DeHaan) inesperadamente empujado a la refriega. El motivo central de ZZZ es la traición.

 

 

Cada personaje está maquinando uno contra el otro, o pronto lo estará; ni la sangre ni el dinero aseguran la lealtad. Tanto los traficantes como los policías que los cazan no tienen alma. Zerozerozero es un programa fascinante, pero solo porque la trama es sociopáticamente penetrante; no hay nadie a quien apoyar, ni siquiera en contra. Cada vez que crees que has identificado al personaje —que puede llegar a empatizar contigo— te das de bruces contra la malignidad del resto del grupo. A medida que avanza la trama tornará hacia una depravación mucho mayor. Estamos ante una epopeya expansiva y sombría como esta se completa con su vigor cinematográfico, del cual ZeroZeroZero tiene mucho. Sus escenas de acción pueden estallar en algunas persecuciones de autos, tiroteos y asesinatos impactantes realmente emocionantes. Todo lo cual hace que algunos de sus golpes visuales más espeluznantes dejen sus señas de identidad de cineastas, con solera, casos de Iñárritu, Mann, Miike, Ferrara o Sheridan.

 

La maestría, en esa forma, de hacer entrar la cámara, al contenido, moviéndola muy suave, daándole el tempo lento justo para que el do mayor dramático para cambiar el escenario sean pura imaginería cromática. ZeroZeroZero sobresale en la creación de un mundo rico que envuelve su propia naturaleza interconectada; su alcance se convierte en un arma en sí misma, lo que le permite saber hasta dónde llega todo. Es el tipo de thriller que causa una impresión tan profunda; ya que puede pensar en grande y pequeño al mismo tiempo, uniendo tres historias individuales apasionantes en una odisea masiva. ZZZ adopta la postura moral del clásico cine de Martin Scorsese, en el sentido de que se aleja de tantos grados de maldad y permite que Dios los resuelva. Enredarse con tales villanos en una historia trepidante puede ser estimulante al principio, seguramente. Aunque, por experiencia propia, no tienen un buen final, palabra de pecador. Un detalle que chirriaba un poco, fue en el primer episodio, la utilización del recurso de la voz en off de Gabriel Byrne, el cual, se vuelve demasiado didáctico, en torno, al tráfico de drogas. No transmite en la narración visual, ninguna sorpresa ni soporte de sugestión al espectador.

 

Esta ficción depende más de su estilo narrativo firme, de traiciones interminables y ofertas de poder. Todo ello, mientras trata de darle un poco de frialdad al negocio en cuestión. Si que es verdad, que los planos largos y panorámicos dan ese aire intimista. Las ubicaciones en el norte de México, el sur de Italia y el Sahara entre Senegal y Marruecos, se fotografían de forma que son al mismo tiempo llamativas y poco sorprendentes.  El ambiente de texturas de la marca de la casa, Gomorra —acción violenta representada con un melancólico minimalismo de tono y estilo— se ve reforzada por la música fascinante de la banda escocesa Mogwai. La misma que es inesperadamente soñadora en un mundo convertido en una pesadilla terrorífica. Esta es una historia en la que aparentemente todos los principales implicados en el tráfico de drogas han utilizado sus ganancias obtenidas ilegalmente para comprar una residencia en enclaves protegidos por organismos y autoridades locales.

 

Una auténtica clientela de todo tipo de pelaje que se prestan al soborno y al juego de estos individuos que capan por el mundo a sus anchas. El pueblo llano vive completamente ausente en este show, ya que ZZZ, los tritura como otro fardo de cocaína. El ser humano es un objeto desechable e invisible para el poder. Tal vez, es aquí donde los directores de fotografía Paolo Carnera y Romain Lacourbas son los espectadores de lujo que contemplan esta locura. ZZZ en cada episodio de 55 minutos es una toma o un plano secuencia, que desborda con la belleza natural de la costa de Calabria o el desierto africano entre Senegal y Marruecos, o los altiplanos de Monterrey en México. Todo ello de las manos de tres grandes cineastas: Janus Metz, Stephano Sollima y Pablo Trapero. El mismo acopio de contenedores en el puerto se convierte en belleza mientras son llevados milimétricamente por las grúas o la escala industrial de un vasto patio de embarque o carguero apilado de contenedores. El mal y la frialdad, parecen ir juntos de la mano. Siempre trayendo la eterna odisea de los tormentos de Saviano Nota:8,4

 

 

“Alfred Hitchcock presenta” TV (1955)

 

En aquellos viejos y oscuros años, los políticos experimentaban el sabor chic de asomarse por los pasillos de Paseo de la Habana. El olor a nuevo de la vetusta TVE era de su gusto. Aún redoblaban los ecos del resacón eurovisivo de la boda real en el país, del chocolate y las frías trincheras del héroe Alastriste. Todo era un flan Dhul continuado y sopa boba. Nuestros abuelos, padres, tíos y demás grey eran los mayores acólitos al escaparate de cristal en las nuevas tiendas de cajas mágicas. Tanta magia que el maestro del suspense se enamoró de este aparato y nos trajo historias de crueles pesadillas, que quebraron los sueños de nuestros progenitores y pasaron a ser de dos rombos por decreto notarial. Todo el mudo se quedó alucinando al ver a un Sr. Gordo en la TV multifranja.

 

 

“Buenas noches, soy Alfred Hitchcock y esta noche les presento la primera de una serie de historias de suspense y misterio curiosamente tituladas: Alfred Hitchcock Presenta. Yo no actuaré en estas historias pero sí que haré pequeñas apariciones, antes y después de cada capítulo, para explicar el título del episodio a aquellos que no sepan leer y finalmente para poner todo en orden y explicar el final de la historia a aquellos que no lo hayan comprendido.” De fondo sonaba el corte musical de la marcha fúnebre para una marioneta de Gounod.  Así, con un descaro —sui generis—, comenzaba el show del maestro de la intriga del cine y ahora, la TV. Corrían los años 50. Hitchcock no sólo se hallaba en la cima de su popularidad cinematográfica, sino que también encontró la cúspide creativa en un nuevo medio tan adictivo como la TV.

 

 

Al parecer tras una idea sugerida por el presidente de MCA, Lew Wasserman; el director y productor británico se encargaría de presentar cada episodio, haciendo gala de su fino e irónico sentido del humor. La legendaria serie de 268 capítulos, los cuales, fueron emitidos a lo largo de siete temporadas son uno de los mayores tesoros audiovisuales de la humanidad. Desde 1955 hasta 1960 en la CBS, y entre 1960 y 1962 en la NBC, que adquirió sus derechos a posteriori, el mago del suspense dirigió 17 historias. No obstante, aportó a la serie su presencia como anfitrión, una garantía de éxito y una manera de hacer televisión comercial, de calidad y factura creativa. Hitchcok hizo pura imaginería al servicio de la televisión moderna. Algo así como el edén de las futuras producciones de Lynch para ABC o David Simon en HBO.

 

La serie está compuesta por pequeñas historias originales, llenas de toques escabrosos; una cascada de humor negro y evidentemente, unos finales que resultaban tan impactantes, como difíciles de olvidar. A lo largo de los años nos encontramos a realizadores como Sydney Pollack, Robert Altman, Don Taylor, Arthur Hiller, Norman Lloyd, Robert Stevenson, Paul Henreid, Robert Stevens o Lewis Teague, que dirigieron diversos episodios. Entre los guionistas figuraron reputados autores literarios como Ray Bradbury, Richard Matheson o Roald Dahl y también se adaptaron relatos procedentes de escritores tan exquisitos, como Patricia Highsmith o H.G. Wells. La serie consiguió un Globo de Oro al mejor programa en 1957 y tres premios Emmy, aparece también como una de las cien mejores series de la historia de la TV. Memorable fue su capítulo inicial “Venganza”, sobre un marido (Ralph Meeker), que —erróneamente— se vengaba de un supuesto atacante a su mujer cuando descansaba, plácidamente, en la caravana del camping (Vera Miles). Dejándonos un final grandilocuente y apoteósico.

En 1985, la NBC preparó un revival conocido como “El nuevo Alfred Hitchcok presenta” Se volvieron a rodar 76 capítulos de aquellos fabulosos, ya emitidos en los 50. La principal novedad, es el color y la aparición de nuevos actores de esta última época. Destacamos al extraordinario elenco de estrellas que aparecieron en la entrega original y este posterior remake. Nombres tan célebres como los mítico-as; Joseph Cotten, John Cassavetes, Vera Miles, Thelma Ritter, Joan Woodward, Mary Astor, Bette Davis, Barbara Bel Geddes, George Peppard, William Shatner, Charles Bronson, Claire Trevor, James Coburn, Walter Matthau, Roger Moore, Dean Stockwell, Lee Majors, June Lockhart, James Caan, David Carradine, Robert Redford, David Soul o Melissa Sue Anderson y un larguísimo etcétera, de una lista —interminable— que es historia contemporánea del cine y la TV. En España se pasó por primera vez en el año 1965 y posteriormente, en la década de los 80. Actualmente, se pueden localizar en Amazon las 6 primeras temporadas en V.O. Y recuerden, la buena ficción televisiva tiene muchos años y buen fundamento. Como bien dijo el maestro;  “La televisión ha devuelto al crimen a su origen: el hogar”. Nota: 9,1

“Too Old to Die Young” (2019) Lisergia de NWR

Too Old to Die Young (2019), se estrenó en Amazon Prime el 14 de junio. El mismo día de su estreno, me involucré —en el entusiasta esfuerzo— de un visionado; que me dejó cataléptico. Ha sido una de las series más alucinantes e hipnóticas de estos últimos 19 años de new ficción de qualité. Su co-creador y director; el inefable Nicolas Winding Refn no dejó indiferente a nadie con su denominación de emisión televisiva de 754 minutos. Cuando compareció ante los medios de comunicación en Cannes. Too Old To Die Young (2019), es el cine conceptual del arte, más allá de los límites de la televisión. Nuevamente, Mr. Bezos, volvió a anotarse un tanto. Ya que un proyecto de estas características es difícil de acondicionar en las nuevas OTT,s. Empero, Cannes, no es ajeno a los estrenos de televisión. En 2017, el festival proyectó episodios de Twin Peaks: The Return (David Lynch) y Top of the Lake: China Girl (Jane Campion). Nicolas Winding Refn, es un creador al que no vamos a descubrir hoy. Eso es obvio. Pero sí que es verdad que aporta un estilo distintivo centrado en la vis más dramática y la inclinación por todas las cosas de neón al festival. Too Old to Die Young se redujo en un pase de los 2 primeros episodios, del total de la 10 partes que componen esta obra de culto para muchos y denostada para otros. Dos episodios donde se observan muchas de las líneas argumentales de este hiperfilm y por donde virará (eso puede creer uno), haciéndose una idea muy loca y disparatada. Al igual que The Neon Demon (2016), el escenario (como lo indica el título) es la taquicárdica capital del oeste. El hervidero de la ciudad de Los Ángeles —con un desvío directo— a los desiertos de Nuevo México. Pero no esperen mucho sol glorioso: Refn es una criatura nocturna, amante de los seres nocturnos y demás pelajes por donde la acción se desarrolla, en la gran mayoría de sus trabajos.

 

Además de recurrir, a su propio cuerpo de trabajo, con guiños claros a Pusher (1996) y Only God Forgives (2013), también hay ligeros toques a Tarantino y muchos elementos Lynchianos. En el corazón de la historia está Martin (Miles Teller), pedazo de actor, en todas sus vertientes. Un fenómeno de su generación. Aquí es un sheriff del condado de Los Ángeles que —a través de una organización clandestina— está a la luz de la luna como un Ronin que elimina la bancarrota moral de la sociedad. Teller se presenta como ese proteico Ryan Gosling de Drive (2011), el cual, tiene una relación con Janey (Nell Tiger Free), una adolescente de 17 años, con quien comenzó a salir cuando acababa de cumplir los 16. Su padre es un tipo (con mucho dinero) de lo más retorcido —que se come ácidos como si fueran pictolines— un personaje interpretado por un recuperado William Baldwin que borda el papel. En una actuación solapada por eternos silencios inquietantes y miradas a media distancia. Ofreciendo una marca de masculinidad (tipo duro, que suele escupir como un vaquero en las películas del maestro Ford) que hemos llegado a asociar con el trabajo de Refn. Es una historia —donde el cine negro/Neonoir puro— y el thriller van de la mano. Aunque, tampoco desvariaría mucho de la dinámica folletinesca de Ley & Orden. Algo que podría venir por parte de la vena artística del guionista; el escritor de cómics Ed Brubaker, curiosamente, los submundos de la trama del mundo de los narcos mexicanos tienen una vis muy cercana al cómic. Dejando a un lado, a Martin (Miles Teller), tenemos a Viggo (John Hawkes), un asesino que tiene los riñones destrozados y está al servicio de Diana (Jena Malone) la reina del mundo zen y el decálogo del misticismo.

 

 

Lo más parecido, a la Naomi Watts de David Lynch. Solo matan lo peor de lo peor; su misiva es proteger a los inocentes, y su convicción es tan firme que Martin al menos rechaza el pago por su trabajo. Lo más curioso es que sus empleadores son como una especie de banda que administra sus trapicheos y despachan la moral, de otros: Narcos mexicanos que trafican con personas. Aquí aparece una de las subtramas más importantes de toda la historia, la cual, no aconsejamos dejarse llevar por ella. A pesar de contar con unos personajes que enganchan al más pintado. Un mexicano criado en los Ángeles; Jesús (Augusto Aguilera). El tipo de hombre que venga a su madre Magdalena en el primer episodio y se lleva por delante al corrupto compañero de Martin. Jesús escapa a México para hacerse cargo del negocio familiar, donde se encontrara con unos personajes surrealistas. Desde el patriarca D. Ricardo, su supuesto tío/padre, interpretado por el actor, Emiliano Diez. Atado a una silla de ruedas, donde diariamente, le cambian la bolsa que sirve de estercolero a su estómago. La pitonisa/cuidadora del mandamás es Yaritza (Cristina Rodlo). Una fémina justiciera que va vengándose de todo aquel que subyuga o trafica con mujeres o son explotadas sexualmente. Las canciones populares y el mundo más esotérico se refieren a ella como “La suma Sacerdotisa”. Curioso el dueto el de Jesús convertido en un efebo de Versace y la dominamtrix Yaritza van creciendo, como nuevos capos, a medida que en el cartel los acontecimientos se desbordan. Cocaína a raudales, sangre y sexo en cualquier momento. No se pierdan un partido de fútbol entre policías sobornados de la villa mexicana de D. Emiliano y su ejército de narcos. Creo que el mismo Pelé hubiera opinado. Por otro lado, tenemos a Martin que va por libre y en una de sus vendettas dará con ellos. Nuestro querido amigo, Mr. Jones apunta hacía una catarsis, cohibida y delimitada. La venganza solo se puede administrar después de que haya ocurrido un crimen. ¡Ojo!, detrás del mismo, se cierne la amenaza de violencia sobre el nuevo espectáculo que el cineasta Refn nos depara, una especie, de velo sangriento palpitante.

El nihilismo de sus personajes principales puede sentirse algo violento e incoherente, especialmente, cuando entran en determinados monólogos sobre la lenta destrucción de la sociedad y la naturaleza. Redundando en el soliloquio de lo inherentemente humano dentro de su violencia interior. Empero, cuando las persecuciones de coches por el desierto de Nuevo México, se organizan con un vehículo eléctrico, donde una trifulca por el hecho de escuchar en la radio, un tema, en concreto, la interpretación completa de “Mandy” de Barry Manilow, es imposible tomarlo como ironía. Ya que el disparate psicodélico, adquiere dimensiones lisérgicas, en medio del desierto de Nevada. Obviamente, todo ese mundo que Refn crea es una mezcla surrealista de policías fascistas que tocan el ukelele, prestamistas de dinero de clanes Yakuza (con cameo incluido de Hideo Kojima) , bandas callejeras que pelean la cuestión racial y productores chiquilicuatres de porno, realmente, repugnantes. Observamos cómo Martin acecha la noche, matando a quienes han escapado de la ley en escenas muy violentas salpicadas de sangre. Cuando Martin descubre que ha sido enviado a matar a alguien que está atrasado en sus pagos a un prestamista, se vuelve contra sus empleadores y les exige que le den información sobre los peores objetivos, a quienes está feliz de sacar gratis. Esto lo lleva a Albuquerque en una misión para asesinar a dos hermanos que dirigen un brutal emporio —más propio de personajes fargonitas de los hermanos Coen— del porno. Too Old to Die Young es un feroz neonoir fantasmagórico lleno de desazón y que genera relativa preocupación por examinar una sociedad en decadencia moral. Este es el declive y la caída del imperio estadounidense de Refn y muestra, a su manera estilizada, que cuando la sociedad se derrumba, se necesita un vaquero armado para corregir los errores. Lo que el resto de la serie tiene para ofrecer, solo podemos esperar y ver, pero para este catador es más que suficiente para entusiasmarse. Los diez episodios pueden resultar demasiado desagradables y mezquinos para algunos de Uds. Algo muy comprensible.

 

 

El tratamiento de las mujeres puede ser cuestionable a veces, aunque la violencia y la crueldad, con el tiempo, influyen en todos sus personajes. El programa equilibra lo cuestionable con personajes de carácter fuerte y fascinante, donde las mujeres logran convertirse en el poder y balancear el péndulo de ese control, en el horario de apertura, que no mostró signos, como con la mencionada Yaritza. El espectáculo también puede ser lento y metódico, letárgico en su cansino movimiento de la cámara, como de sus personajes. A Refn le encantan las buenas tomas de seguimiento, llenándolas con tanta información visual, aunque sin una señal de la historia. Todo se hace sin prisa, dejando que los momentos respiren y jueguen a su tamaño absolutamente sostenible. Es casi impenetrable en un instante, e ilimitado y emocionante en el siguiente, casi aberrantemente amplio. Pero todos sienten la misma historia cohesiva, esta historia épica de dos hombres perdidos en un ciclo de violencia y enojo. La gran lucha sin contención, a través de los momentos menos cohesivos, y habrá momentos profundamente gratificantes, tal vez no de carácter, sino de liberación artística y catártica. El espectáculo es una inmersión larga en una idea oscura y cutre: que las cosas tienen que empeorar mucho antes de que puedan mejorar. Empeoran, potencialmente demasiado lejos para una audiencia más amplia. Pero la voz y el estilo brillan tan intensamente, marcando a Too Old To Die Young como algo diferente y potencialmente muy original de la televisión que está a punto de entrar en el 2020. Tiene los mismos defectos que virtudes. Aunque muchas de esas virtudes son realmente adictivas para cualquier enamorado de cine y del arte. Al igual que Twin Peaks: The Return de David Lynch, depende de qué tan lejos seguirás a un creador por su visión como artista, tocando su trabajo pasado y colocando el nihilismo en el núcleo de la madriguera de una chistera repleta de conejos. Mientras Cliff Martinez pone la música electrónica para conseguir el machacón trance, la entrada del espectador en un estado equidistante e idílico. Nota: 7,8

 

 

 

“Películas que erizan la piel”(2019) de Vicente Muñoz Álvarez

Si hay un término con el que definir al escritor y poeta Vicente Muñoz Álvarez es su pasión por las cosas bellas, dentro de cualquier contexto, del viajante en la carretera —que durante seis meses al año— contempla por las interminables rectas de las autovías de la meseta, semejante delicia de paisaje. Ahí, en la carretera, de su querido Kerouack, en su automóvil pleno de maletas con zapatos de temporada. Curiosa estampa —pero corroboramos— que ganarse el pan, con la venta de libros: Hoy en día. Son muy pocos-as, quienes, les cae esa breva. La pluma hay que cargarla de tinta y la tinta no es gratis. Hoy en día son los diodos o pixeles de la pantalla de un ordenador, la electricidad y la banda ancha (no son gratis). Seis meses después, el amanuense vuelve a lugar de creación: la montaña leonesa y los largos paseos, al lado de su perro, mientras confabula nuevas historias o quizás versos con los que llegarnos al alma. VMA, es cómplice de eso, que ya le ha dado el oficio; el escritor infatigable. Un tipo que no renuncia a esas inspiraciones cuasi —poliédricas— mirando un páramo, saboreando una taza de café, desde un semáforo parado observando a una pareja que discute de la vida que viven. En la cola de un Supermercado, donde una anciana, habla con un móvil —de teclas enormes— mientras, llora a su nuera: lo mal que la tratan los de Servicios Sociales, porque son inexistentes… Sí, la inspiración puede encontrarse en los sitios más insospechados. Pero ahora, volviendo, a este magnífico libro: un ensayo de todas esas películas que nos encontramos en esta última obra de Vicente Muñoz Álvarez y acabamos de leer: “Películas que erizan la piel” (2019). No se trata, del clásico ni el canónico libro de crítica, de determinado cineasta o eso que está tan en boga; las 100 mejores películas del S.XX de suspense o de Sci-fi y etc. No. El autor, repite hasta la saciedad que estamos ante una obra que forma una trilogía sobre unas películas de cine, con las que, ha crecido y se ha enriquecido culturalmente. Todas ellas tienen un significado muy especial para VMA. Son grandes momentos de su vida y han condicionado su estilo y forma de dirigirse a sus lectores. “Películas que erizan la piel”(2019). Es una amalgama de subgéneros de terror donde encontrarán: asesinos en serie, slasher, gore, seres demoníacos, posesiones, vampiros y licántropos, casas encantadas, Sci-fi terrorífico, lisérgico, zombis y sobre todo mucha serie-B, entre una buena cantidad de productos Made in VHS, erótico/bizarro. A día de hoy, entre la jugosa selección, por sus exquisitas 221 páginas.

Observaran, en sus descripciones, films con una premisa primordial; ya que parten como adaptaciones de algunos de los mejores escritores-as del terror gótico, suspense o erótico. En este peculiar y fascinante libro veremos recopilados, todo un gran combinación de películas (muchas de ellas de culto, imposibles de cuestionar). Deudoras del negro sobre blanco, de autores como: Adous Huxley, Alejandro Jodorowsky, Bari Wood, Guy de Maupassant, Lautréamont, Baudelaire, Rimbaud, Huysmans, Ira Levin, Jack Kerouac, Jeffrey Konvitz, John Ajvide Lindqvist, Kenneth Cook, Daphne du Maurier, Henry Miller, Fred Mustard Stewart, James Joyce, Peter Van Greenaway, Peter Straud, Roland Topor, el gran Stephen King o el inefable Sheridan Le Fanu. Films escondidos en algunas de esas maletas de zapatos —de otro tiempo— del gran Jean Rollin y sus vampiros colgados de LSD. Ahí pueden sumarle todo lo que la adictiva Hammer ha producido, durante su fértil historia del cine, que, se devora con ganas. Esencialmente, por un público compulsivo, de todos sus thrillers psicológicos y películas de suspense. Al igual que su generoso catálogo de horror gótico y demás monstruos. Esa es la línea de trabajo, establecida en este brillante libro, una labor minuciosa, siempre dejando muy despejada la devoción hacia un arte que sincroniza con su acervo creativo de nuestro autor. “Películas que erizan la piel” es el tercer libro —que cierra una trilogía dedicada al mundo del séptimo arte— de Vicente Muñoz Álvarez. Un amor que se mantiene, y sigue estando ahí, al igual que el de la música. Confesaba el escritor leonés que uno de sus autores fetiche, de juventud, era Howard Phillips Lovecraft. En uno de los relatos que incluye su extensa obra: “Viajes al otro mundo”, menciona una llave de plata que le transportaba —a los recuerdos de— esa infancia marcada por los miedos y los fantasmas de casas encantadas.” Posiblemente la infancia de VMA es una máquina del tiempo de espacios atemporales. No es la primera vez que afirma con toda rotundidad; “que la esencia de su escritura, y sus pensamientos, es un trozo del recogimiento y el arte de la ensoñación… Poe es el maestro de la literatura moderna, de la literatura sobrenatural, de terror y policíaca moderna.”

 

 

“La Casa Usher me deslumbró. Es un relato con un trasfondo de subconsciente, con muchas referencias solapadas que en una segunda, tercera, cuarta o quinta lectura vas desvelando. Empero, sobre todo, destaca el ambiente que es capaz de recrear. Hay un ambiente fantasmagórico, absolutamente espectral que me trastornó y me sigue trastornando. Como decía Edgar Allan Poe, (sin dormir, pero soñando)”. Este amanuense leones, que a pesar de los años, sigue en movimiento y viviendo de sueños que impregna. Hace como unos cuatro años comenzó el viaje al principio de esta trilogía cinéfila, que inició con “Películas para llevarse al infierno (2011), después, “Películas en la Penumbra”(2015) y por último, la que estamos comentando a lo largo del texto; nuestra, querida “Películas que erizan la Piel”(2019) (una especie de colección de grandes films, con la coletilla de Cult Movies). Películas, con un denominador común, la admiración y celo por esos films con los que ha ido creciendo o descubriendo su itinerario literario. Por cierto, cuando quieran quedar bien delante de sus amigos y denoten; que es la hora del tedio tras una cena larga sin palabras. Hablen sobre el horror. Ya verán cómo se quedan los mismos, cuando les comenten cosas, como éstas: Fue a Tod Browning —que no, el irlandés Bram Stoker— quien se le ocurrió que Drácula vistiera un frac o la impresionante cabeza cuadrada y claveteada de la abominación de Frankenstein es un hallazgo de Jack P. Pierce, no de Mary W. Shelley. Esto no está en el libro. Es una broma, que le gasté por teléfono a Vicente Muñoz Álvarez y le encantó. Y es que el horror es parte de nuestra historia más contemporánea. Yo que vengo de letras puras y como licenciado en Prehistoria y Arqueología y periodista (jubilado por problemas de salud), siempre me gustó esta historia de un personaje cercano a mi mundo y el horror. Recuerdo, con alegría, una clase de una de nuestras profesoras más sabias de los 90. Hablaba de Plinio “el joven” y una de sus primeras crónicas sobre casas atormentadas por el recuerdo de muertes o tragedias recientes. El escritor de la antigua Campania describe: “una casa espaciosa y amplia, pero desprestigiada y funesta” en Atenas, sobre la que corrían todo tipo de rumores debido a los “hechos inconfesables” acaecidos en ellas durante décadas.

 

 

La construcción había sido escenario de asesinatos y después, de la muerte de toda una familia, asesinato que Plinio describe: como algo de una horrible naturaleza, que provocaron el miedo de “la ciudad entera y todos quienes conocían las consecuencias de un acto tan atroz”. Según el escritor, la casa permaneció vacía por décadas, debido a que “en medio del silencio de la noche, se oía un sonido de hierros y un ruido de cadenas, primero más lejos, luego más cerca”. Resumiendo, “Películas que erizan la piel” (2019), es un libro ameno, muy interesante y con un lenguaje cercano. Rico en epítetos y sentencias pop que marca un tempo, alejado de la crítica más ortodoxa y oficial, por excelencia. No es un estudio detallado o una biografía al uso, en concreto. Pero vale la pena, invertir, un poco de tiempo, para disfrutar de películas de terror, subgéneros y rarezas de todos los rincones del planeta. Especialmente sería una extraordinaria elección una o dos de estas películas para un regalo de Halloween. Puede que sea tal el éxtasis de emoción de miedo, del que recibe, que vaya creando un boca a boca, con “Películas que erizan la piel”(2019). Empero, vamos acercándonos al asueto de verano y por ende, hablamos de un libro, que se convierte en un excelente compañero de verano playero e ir tomando contacto, con toda esa conexión informativa. Tremendamente entretenida y reveladora, pero a la vez accesible para la mayoría de los lectores. Realmente he disfrutado, muchísimo, con la variedad de títulos que ha elegido. Desde los años 30 a la selección de mediados y finales de los 60. Así como un montón de films psicodélicos de los años 70. Sutiles 80,s/90,s y algún beluga de este S.XXI. Películas que erizan la piel (2019) /films de culto/ de Canalla Ediciones es todo un hallazgo para todo aficionado y amante de la gran pantalla. Y como decía un teórico del terror contemporáneo de quien, ahora mismo no recuerdo el nombre: “La narración que analiza el miedo como parte del paisaje humano se haga cada vez más profunda, perversa y obtenga un enorme valor estético.” Y claro, hablando de narradores, Vicente Muñoz Álvarez es un valor seguro, pueden buscarle por Google en la Wikipedia y descubrirán su magnífico blog “Mi vida en la penumbra”. Así como lugares míticos creados por su ingenio y frescura como la edición del fanzine Vinalia Trippers o el portal HankOver Resaca; un homenaje a Charles Bukowski. Lo dicho, es muy buen poeta, escribe muy bien, tiene una imaginación desbordande: pero, además, es un grandísimo ser humano. 

 

P.S; Jon Alonso también es el creador del blog el inquietante bypass

 

 

 

Mirzapur (2018) mafiosos hindúes

Mirzapur, es un lugar tan cercano a los arrabales de Nápoles que la historia, podría haberla escrito Roberto Saviano —que, está de enhorabuena— pues, se presenta en la Berlinale, su última creación, ya como guionista: “Piranhas” Adaptación de su último libro “la banda de los niños” (2017). Sin embargo, el húmedo clima y la tórrida temperatura del subcontinente indio marca, una peculiar barrera geografía con el apacible y canalla Mediterráneo. Y es que Mirzapur es uno de esos pequeños placeres que uno puede disfrutar en nuestros templos de la cocina Made in Euskadi. El acierto de los guionistas Karan Anshuman y Puneet Krishna ha sido contundente. Así, como la esmerada y efectiva dirección de Gurmmeet Singh, un tipo al que no hay perderle la matricula. Artesano de la cámara y expresionista de un lenguaje provocador y pictórico enamorado del maestro Satyajit Ray&Quentin Tarantino. La serie de 9 episodios fue adquirida por Amazon e incluida en su contenido audiovisual Prime. Son muchos los negocios del capo Bezos en el rico continente de la meditación y mercadeo de todo tipo. Y no es el primer producto que se pueda encontrar en él curioso catálogo de ficciones —de la plataforma— de la millonaria firma de Seattle. Hace unos días, ya se puede ver en su versión doblada para aquellos que sufran, con el lenguaje hindú y sus dialectos autóctonos. Otro ingrediente más, a este suculento plato, a degustar.

La serie sigue a dos hermanos que se cruzan con el hijo errático de un don de la mafia, en una historia llena de violencia de pandillas en una ciudad sin ley en el interior de la India. La retorcida serie está protagonizada por Pankaj Tripathi, Ali Fazal, Vikrant Massey, Divyendu Sharma, Kulbhushan Kharbanda, Shweta Tripathi, Shriya Pilgaonkar y Rasika Dugal. Nombres que a un servidor, sin grandes conocimientos del megacine indio actual, no ne suena mucho. A pesar, que no son los primeros actorues de origen hindú que están trabajando para la ficción británica y norteamericana. Repito, no todos, pues con la cantidad de peliculas y series que se ruedan en Bollywood, viven más que bien. Nos embarcamos en el viaje de estos dos hermanos atraídos por la idea de poder; sólo para ser consumido por el propia casta gangster dominante. Mirzapur es una representación amplificada del corazón y la juventud de la India. Es un mundo repleto de drogas, armas y anarquía, donde la estirpe, el poder, el ego y la soberbia se entrecruzan para dar a la violencia el salvoconducto hacía la única forma de vida respetable. El puño de hierro, lo obstenta, Akhandanand Tripathi, un exportador de alfombras millonario y el mafioso, a modo de “Don” de Mirzapur. Su hijo, Munna, un heredero indigno y hambriento de poder, no se detendrá ante nada para obtener el legado de su padre. Un incidente en una procesión de bodas lo obliga a cruzarse con Ramakant Pandit, un abogado destacado, y sus hijos, Guddu y Bablu. Esta bola de nieve se convierte en un juego de ambición, poder y codicia que amenaza todo el entramado de la ciudad sin ley. Con una acción conmovedora, violencia a escala operística, mafiosos con mentes afiladas y un turbio humor seco: Mirzapur es una historia del interior indostánico, tan cruda como la hiel.

Su escritura está cuidadosamente calibrada, ya que confía en la psicología de sus personajes sobre las elaboraciones de un gran argumento y subtramas. Como resultado, el magnífico Mirzapur, se conforma como, un drama legado de gángsters de la India media que podría presumir de las dos actuaciones más fascinantes de este último 2018. Estamos, ante un estudio sobre la construcción de mundos de larga duración. Además, de ser inteligente e intuitiva, no se aleja de los episodios de indulgencia sangrienta y audaz que han plagado este género de cine en la última década. Sin embargo, en contraste con las películas, el programa de nueve episodios tiene el tiempo y el ancho de banda para dar forma a sus caras vanguardistas, deslineando su núcleo narrativo y persuadir los momentos individuales de un conjunto talentoso. Reitero, estamos ante una gran película seriada. No es sorprendente que los puristas, especialmente aquellos que juran por su competidor, de Netflix, sean los que hayan rechazado este espectáculo como una estafa barata de Gangs of Wasseypur. Eso, en mi opinión, es quizás una señal del inusual, de lo bien hecha que esta Mirzapur y de su triunfo. Va la envidia va por todos los barrios del mundo. Un espectáculo que resalta descaradamente, “el relato” en la narración de cuentos y la “realización” en la dirección de películas. Eso no quiere decir que los otros en Mirzapur no importan. Con un conjunto que presenta a algunos de los actores más talentosos (y poco utilizados) del cine hindú, no es de extrañar que el papel de las presentaciones sobre las grietas incómodas en el equilibrio narrativo.

Otras muchas producciones —Made in India— podrían hacer bien en reconocer la importancia de un asesor lingüístico de los dialectos: los actores más jóvenes han trabajado visiblemente para captar la física sin ley. Empero, no solo de las palabras se devora la narración, sino también de las acciones entre ellos. Ali Fazal es una revelación como la fuerza física de los cerebros de Massey: su forma de andar encorvada como un culturista enérgico recuerda al Tom Hardy de The Warrior (2011). Al igual que lo hizo en Gurgaon, Pankaj Tripathi enmascara hábilmente el cansancio de un hombre adulto dividido entre el papel de un padrino asesino y un padre indio. Inicialmente, parece que contrata a los dos hermanos para provocar a su hijo para que supere el lujo de la herencia. Pero el rostro inexpresivo de Tripathi apenas deja ver que su personaje es mucho más sistemático; de hecho, ha contratado a dos personalidades ocurrentes para ayudar a su hijo a aprender —que debe evolucionar desde la fuerza física— como un auténtico psicópata, hasta el cerebro metodico de un villano. Reiterar el gran talento que existe en el cine hindú y algunos pequeños excesos, como la superboda y la profesión, a pesar, de su plástica y expresividad. Lo dicho, el equilibrio narrativo es una obviedad. Así, que sin más preámbulos, el espectáculo está servido. La nueva ficción televisiva, no tiene fronteras en un mundo globalizado donde el llanto, la risa, la vida y la muerte van cogidas de la mano desde Los Angeles, pasando por Londres, un café en Napolés y aterrizando en Mumbai. Nota: 8,3

 

 

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