“Too Old to Die Young” (2019) Lisergia de NWR

Too Old to Die Young (2019), se estrenó en Amazon Prime el 14 de junio. El mismo día de su estreno, me involucré —en el entusiasta esfuerzo— de un visionado; que me dejó cataléptico. Ha sido una de las series más alucinantes e hipnóticas de estos últimos 19 años de new ficción de qualité. Su co-creador y director; el inefable Nicolas Winding Refn no dejó indiferente a nadie con su denominación de emisión televisiva de 754 minutos. Cuando compareció ante los medios de comunicación en Cannes. Too Old To Die Young (2019), es el cine conceptual del arte, más allá de los límites de la televisión. Nuevamente, Mr. Bezos, volvió a anotarse un tanto. Ya que un proyecto de estas características es difícil de acondicionar en las nuevas OTT,s. Empero, Cannes, no es ajeno a los estrenos de televisión. En 2017, el festival proyectó episodios de Twin Peaks: The Return (David Lynch) y Top of the Lake: China Girl (Jane Campion). Nicolas Winding Refn, es un creador al que no vamos a descubrir hoy. Eso es obvio. Pero sí que es verdad que aporta un estilo distintivo centrado en la vis más dramática y la inclinación por todas las cosas de neón al festival. Too Old to Die Young se redujo en un pase de los 2 primeros episodios, del total de la 10 partes que componen esta obra de culto para muchos y denostada para otros. Dos episodios donde se observan muchas de las líneas argumentales de este hiperfilm y por donde virará (eso puede creer uno), haciéndose una idea muy loca y disparatada. Al igual que The Neon Demon (2016), el escenario (como lo indica el título) es la taquicárdica capital del oeste. El hervidero de la ciudad de Los Ángeles —con un desvío directo— a los desiertos de Nuevo México. Pero no esperen mucho sol glorioso: Refn es una criatura nocturna, amante de los seres nocturnos y demás pelajes por donde la acción se desarrolla, en la gran mayoría de sus trabajos.

 

Además de recurrir, a su propio cuerpo de trabajo, con guiños claros a Pusher (1996) y Only God Forgives (2013), también hay ligeros toques a Tarantino y muchos elementos Lynchianos. En el corazón de la historia está Martin (Miles Teller), pedazo de actor, en todas sus vertientes. Un fenómeno de su generación. Aquí es un sheriff del condado de Los Ángeles que —a través de una organización clandestina— está a la luz de la luna como un Ronin que elimina la bancarrota moral de la sociedad. Teller se presenta como ese proteico Ryan Gosling de Drive (2011), el cual, tiene una relación con Janey (Nell Tiger Free), una adolescente de 17 años, con quien comenzó a salir cuando acababa de cumplir los 16. Su padre es un tipo (con mucho dinero) de lo más retorcido —que se come ácidos como si fueran pictolines— un personaje interpretado por un recuperado William Baldwin que borda el papel. En una actuación solapada por eternos silencios inquietantes y miradas a media distancia. Ofreciendo una marca de masculinidad (tipo duro, que suele escupir como un vaquero en las películas del maestro Ford) que hemos llegado a asociar con el trabajo de Refn. Es una historia —donde el cine negro/Neonoir puro— y el thriller van de la mano. Aunque, tampoco desvariaría mucho de la dinámica folletinesca de Ley & Orden. Algo que podría venir por parte de la vena artística del guionista; el escritor de cómics Ed Brubaker, curiosamente, los submundos de la trama del mundo de los narcos mexicanos tienen una vis muy cercana al cómic. Dejando a un lado, a Martin (Miles Teller), tenemos a Viggo (John Hawkes), un asesino que tiene los riñones destrozados y está al servicio de Diana (Jena Malone) la reina del mundo zen y el decálogo del misticismo.

 

 

Lo más parecido, a la Naomi Watts de David Lynch. Solo matan lo peor de lo peor; su misiva es proteger a los inocentes, y su convicción es tan firme que Martin al menos rechaza el pago por su trabajo. Lo más curioso es que sus empleadores son como una especie de banda que administra sus trapicheos y despachan la moral, de otros: Narcos mexicanos que trafican con personas. Aquí aparece una de las subtramas más importantes de toda la historia, la cual, no aconsejamos dejarse llevar por ella. A pesar de contar con unos personajes que enganchan al más pintado. Un mexicano criado en los Ángeles; Jesús (Augusto Aguilera). El tipo de hombre que venga a su madre Magdalena en el primer episodio y se lleva por delante al corrupto compañero de Martin. Jesús escapa a México para hacerse cargo del negocio familiar, donde se encontrara con unos personajes surrealistas. Desde el patriarca D. Ricardo, su supuesto tío/padre, interpretado por el actor, Emiliano Diez. Atado a una silla de ruedas, donde diariamente, le cambian la bolsa que sirve de estercolero a su estómago. La pitonisa/cuidadora del mandamás es Yaritza (Cristina Rodlo). Una fémina justiciera que va vengándose de todo aquel que subyuga o trafica con mujeres o son explotadas sexualmente. Las canciones populares y el mundo más esotérico se refieren a ella como “La suma Sacerdotisa”. Curioso el dueto el de Jesús convertido en un efebo de Versace y la dominamtrix Yaritza van creciendo, como nuevos capos, a medida que en el cartel los acontecimientos se desbordan. Cocaína a raudales, sangre y sexo en cualquier momento. No se pierdan un partido de fútbol entre policías sobornados de la villa mexicana de D. Emiliano y su ejército de narcos. Creo que el mismo Pelé hubiera opinado. Por otro lado, tenemos a Martin que va por libre y en una de sus vendettas dará con ellos. Nuestro querido amigo, Mr. Jones apunta hacía una catarsis, cohibida y delimitada. La venganza solo se puede administrar después de que haya ocurrido un crimen. ¡Ojo!, detrás del mismo, se cierne la amenaza de violencia sobre el nuevo espectáculo que el cineasta Refn nos depara, una especie, de velo sangriento palpitante.

El nihilismo de sus personajes principales puede sentirse algo violento e incoherente, especialmente, cuando entran en determinados monólogos sobre la lenta destrucción de la sociedad y la naturaleza. Redundando en el soliloquio de lo inherentemente humano dentro de su violencia interior. Empero, cuando las persecuciones de coches por el desierto de Nuevo México, se organizan con un vehículo eléctrico, donde una trifulca por el hecho de escuchar en la radio, un tema, en concreto, la interpretación completa de “Mandy” de Barry Manilow, es imposible tomarlo como ironía. Ya que el disparate psicodélico, adquiere dimensiones lisérgicas, en medio del desierto de Nevada. Obviamente, todo ese mundo que Refn crea es una mezcla surrealista de policías fascistas que tocan el ukelele, prestamistas de dinero de clanes Yakuza (con cameo incluido de Hideo Kojima) , bandas callejeras que pelean la cuestión racial y productores chiquilicuatres de porno, realmente, repugnantes. Observamos cómo Martin acecha la noche, matando a quienes han escapado de la ley en escenas muy violentas salpicadas de sangre. Cuando Martin descubre que ha sido enviado a matar a alguien que está atrasado en sus pagos a un prestamista, se vuelve contra sus empleadores y les exige que le den información sobre los peores objetivos, a quienes está feliz de sacar gratis. Esto lo lleva a Albuquerque en una misión para asesinar a dos hermanos que dirigen un brutal emporio —más propio de personajes fargonitas de los hermanos Coen— del porno. Too Old to Die Young es un feroz neonoir fantasmagórico lleno de desazón y que genera relativa preocupación por examinar una sociedad en decadencia moral. Este es el declive y la caída del imperio estadounidense de Refn y muestra, a su manera estilizada, que cuando la sociedad se derrumba, se necesita un vaquero armado para corregir los errores. Lo que el resto de la serie tiene para ofrecer, solo podemos esperar y ver, pero para este catador es más que suficiente para entusiasmarse. Los diez episodios pueden resultar demasiado desagradables y mezquinos para algunos de Uds. Algo muy comprensible.

 

 

El tratamiento de las mujeres puede ser cuestionable a veces, aunque la violencia y la crueldad, con el tiempo, influyen en todos sus personajes. El programa equilibra lo cuestionable con personajes de carácter fuerte y fascinante, donde las mujeres logran convertirse en el poder y balancear el péndulo de ese control, en el horario de apertura, que no mostró signos, como con la mencionada Yaritza. El espectáculo también puede ser lento y metódico, letárgico en su cansino movimiento de la cámara, como de sus personajes. A Refn le encantan las buenas tomas de seguimiento, llenándolas con tanta información visual, aunque sin una señal de la historia. Todo se hace sin prisa, dejando que los momentos respiren y jueguen a su tamaño absolutamente sostenible. Es casi impenetrable en un instante, e ilimitado y emocionante en el siguiente, casi aberrantemente amplio. Pero todos sienten la misma historia cohesiva, esta historia épica de dos hombres perdidos en un ciclo de violencia y enojo. La gran lucha sin contención, a través de los momentos menos cohesivos, y habrá momentos profundamente gratificantes, tal vez no de carácter, sino de liberación artística y catártica. El espectáculo es una inmersión larga en una idea oscura y cutre: que las cosas tienen que empeorar mucho antes de que puedan mejorar. Empeoran, potencialmente demasiado lejos para una audiencia más amplia. Pero la voz y el estilo brillan tan intensamente, marcando a Too Old To Die Young como algo diferente y potencialmente muy original de la televisión que está a punto de entrar en el 2020. Tiene los mismos defectos que virtudes. Aunque muchas de esas virtudes son realmente adictivas para cualquier enamorado de cine y del arte. Al igual que Twin Peaks: The Return de David Lynch, depende de qué tan lejos seguirás a un creador por su visión como artista, tocando su trabajo pasado y colocando el nihilismo en el núcleo de la madriguera de una chistera repleta de conejos. Mientras Cliff Martinez pone la música electrónica para conseguir el machacón trance, la entrada del espectador en un estado equidistante e idílico. Nota: 7,8

 

 

 

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Channel Zero (2016) “Creepypasta horror”

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Si somos honestos con la realidad de la ficción actual, diríamos, que el fenómeno zombi de Walking Dead ha arrasado y, de algún modo, ha abierto nuevos senderos —en la nueva ficción norteamericana— del nuevo siglo, por el género terror. Obviamente, uno de los creadores más prolíficos y culpables de este hype/revival por las crónicas sórdidas y las leyendas urbanas; es Ryan Murphy. Eso sí, con permiso del maestro Stephen King. RM es un tipo, de esos, a los que amas o detestas fervorosamente. Empero, la industria audiovisual le debe mucho —ese plus— no es otro; que mucho dinero y gloria. La popularidad, en la solidificación de la serie, por antonomasia y antología: American Horror Story. Archiconocida y famosísima ficción, donde toda una generación de teleadictos ha crecido junto a ella. A partir de su repaso a la historia más escabrosa y oscura de la violenta Norteamérica, por itinerarios, que han hecho mella en el aluvión de nuevas propuestas. Desde los revival 70/80,s con psychokiller fugado de un manicomio. Hasta el fenómeno poltergeist, pasando por las casas encantadas y los salvajes habitantes de esa profunda América  con motosierra en ristre. Los ecos del nuevo terror bizarro Made in UK con Black Mirror en Netflix, el tennager de Scream, en la MTV, FOX y su Scream Queens. Nuevamente, Netflix con sus dos novísimas apuestas; Hemlock Grove/ Strange Things. La hermana pequeña de HBO, Cinemax, con Outcast, de la mano, del rey de los zombis: Robert Kirkman. Y por último, el terror policíaco, en HBO de Pizzolatto y su adictivo, True Detective. Evidentemente, la lista podría ser todo el artículo, pero no me quiero exceder, y terminaría el recorrido, tras la huellas de Noah Hawley con los remakes de Fargo, mitíco film de culto de los hermanos Coen. Desde el fragor  de esta larga  subasta —permítanme el deseo— he sucumbido al canal Syfy (caracterizado por su clara apuesta por la ciencia ficción y por producciones de perfil correcto-pasable) con el tráiler de Channel Zero. Obviamente, el interés que ha suscitado esta historieta de terror virtual, es embelesador. Syfy propone con CZ un buen homenaje al género de horror y el buen suspense de los 80. Su adaptación del conocido creepypasta sobre una serie infantil de televisión de los años 80. La pesadilla de Candle Cove parte de una idea de Kris Straub conocido por su web y actividad en la red social. El guionista Nick Antosca (forjado en Hannibal, Last Resort y The Forest) hace un planteamiento —ad libitum— que no deja indiferente a nadie.

                                                                                                 CHANNEL ZERO: CANDLE COVE -- "You Have To Go Inside" Episode 101 -- Pictured: Paul Schneider as Mike Painter -- (Photo by: Allen Fraser/Syfy)

Y uno se pregunta: ¿qué demonios es Candle Cove?  Pues, eso, una serie de televisión hecha con marionetas —que narraba las aventuras— de un joven pirata que viajaba en su barco junto a sus compañeros, una pandilla de compinches piratas de rasgos infantiles, pero con unos sentimientos muy retorcidos. Y es que, en los foros y rediles del corral social se afirma que varias personas aseguraban haberla visto en televisión en esa época. Un material que provocaba infinidad de pesadillas y terrores nocturnos al recordar algunas de las angustiosas imágenes emitidas durante la serie. Evidentemente, las inquietantes marionetas, son la constante fuente del escenario perturbador y grotesco del show. Pero es lo que hay, es decir, el concepto creepypasta es eso. Tan sencillas, como los chistes más castizos de tradición oral: historias creadas en la webesfera y compartidas por las redes sociales. Un terror que es horrorífico, desde el plano más ingenuo de la vida, en muchos casos con resultados dañinos. El capítulo piloto mostró visos muy prometedores y, finalmente, Syfy ha firmado dos temporadas de 6 episodios, por entrega. Cada una de ellas se centrará en una nueva historia de terror. El protagonista —absoluto— Mike Painter (Paul Schneider visto por Elisabethtown, The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford o Café Society) es la cara que da vida, a la estrella de Channel Zero. Un actor de reparto muy solvente de  mirada penetrante. Painter está obsesionado con un misterioso programa de televisión de los años 80, y, como influyó, en los acotamientos mortales, de un grupo de chavales que vivían en la localidad de Iron Hill (Ohio). Mike Painter ejerce como psicólogo infantil y se ve obligado a volver para investigar lo que realmente pasó en su ciudad; el cómo, cuándo, dónde y el porqué de esas desapariciones y muertes de su hermano gemelo Eddie y junto, a él, cuatro niños más del pueblo, aquel día, de 1988. Todo ello bajo la pretensión de escribir un libro.

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Comenzando a revisar documentación y lugares donde ocurrieron los acontecimientos in situ. El primer conocido con quien topa, es su viejo amigo, de aquella infancia, ahora sheriff de la localidad: Gary (Shaun Benson). Un tipo que, en el fondo, mostrará entusiasmo por el retorno de MP y con los días —cierto agobio— por la idea de sacar todo aquel traumático pasado. La madre de Mike, una de las mejores actrices de la serie, Marla (la irlandesa Fiona Shaw) veterana actriz de reparto de largo recorrido; El Árbol de la vida, Harry Potter o la Dalia Negra. En su reencuentro con Mike, deja muy claras sus intenciones, por no revolver el desgraciado pasado de la muerte del pequeño Eddie. Luego está la esposa de Gary, Jessica (Natalie Brown). La amiga de la infancia de Mike, Amy (Luisa D’Oliveira). Todos susceptibles de dejar, en el baúl del trastero, el tormentoso affaire. En el fondo, la herida sigue abierta, y de algún modo, la vuelta de MP no hace más que entorpecer el proceso de cicatrización. Aunque, en el fondo, nadie de Iron Hill ha olvidado la tragedia de aquellos ochenta. Sin embargo, Mike, no está por la labor de olvidar de inmediato, como aparentemente, parece apostar todo el mundo. Más turbador resulta, observar a Mike iniciar un proceso de regresión, en el cual, se verá de nuevo atrapado en los nudos más espeluznantes del corazón de esta perversa historia. Una conexión repentina cuasi esquizofrénica con los personajes del barco pirata, y en ese estado, vuelve a aparecer su hermano pequeño Eddie (interpretado por Luca Villacis) a través, de unos fascinantes y amenazantes flashbacks. El espectáculo va adquiriendo un tono admirable, aquel de las viejas películas de serie B, ochenteras, como aquellas adaptaciones del siempre alucinante Stephen King en los “Los chicos del maíz”. Los sustos son de consideración, y el horror online, de la leyenda urbana va sigilosamente entrando por la rejilla del ordenador, hasta la pantalla. Syfy ha tocado una tecla, donde los propios mitos, miedos y horrores de una generación se revuelven en un ambiente de absoluta angustia y desconcierto. Otros elementos destacables del show, es la inquietante y lacónica BSO, de la mano, del compositor musical de moda en la pequeña pantalla, de este S.XXI, Jeff Russo. La exquisita fotografía de Noah Greenberg —con un gusto cartesiano— por el encuadre y la iluminación que recuerda tanto a las producciones basadas en las novelas del maestro S.King.

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En medio del caos del silente medio oeste del cinturón agrícola de la América sin final. Channel Zero ejecuta un material sólido y espeluznante de una leyenda urbana esquizofrénica. La criatura principal —encaja perfectamente con el insólito monstruito— que se convierte en el combustible vital de toda esta surrealista y angustiosa pesadilla. A pesar de algunos finales de la evolución del juego carezcan de mayor recorrido imaginativo. Luego, Channel Zero consigue, el beneficio de la duda, en esa enésima reinterpretación de las pulsiones de los títeres/asesinos del mal, donde los niños se convierten en cómplices absolutos, de cualquier programa de televisión o una película de las últimas décadas. Los peros, son demasiados y la legión de detractores todavía mayor. No obstante, el esqueleto emocional es admirable, y a la vez, muy bueno de relatar. Una historia sutilmente calculada, en los miedos de la infancia, y una gama de sustos de la vieja escuela, capaces de ser uno de los alicientes ,tras estos últimos días del pasado Halloween. Y es que, “la edad adulta es sólo una máscara, una careta sofisticada, seguro,” esputa Mike en el episodio piloto. La misma que se convierte en su vaso de leche nocturno y convive detrás de él, y a los mismos niños que desaparecieron. “No es la primera de su tipo, y el Señor sabe que no será la última. Pero detrás de él, todos somos los niños que estábamos allí” Ese es el mismo punto, donde Stephen King afirma que el horror es parte de un período en el tiempo, que coincide, con episodios de desequilibrios económicos y políticos; los libros y películas parecen reflejar esas desazones que flotan libremente –a falta de un mejor término– que acompañan esos espacios de tensión, graves pero no mortales”. Channel Zero no es más que un mensaje más, de entre las millones, de historias espeluznantes que se transmiten, como viejas historias terroríficas, y seguirá siendo así, a lo largo de la historia.  Algo así como, el déjà vu de Mike, que se convierte en pura niebla mental. El viaje de 1998 a 2016 es difícil de digerir. Aunque, no estamos seguros, si esos destellos de imágenes, en su cabeza, son alucinaciones, memorias basadas en realidad o cosas que, realmente, le están pasando a él en su devenir diario. Hay algo en esa atmósfera que, el propio Mike Painter, guarda y amaga. Al igual que el irrepetible e inquietante Norman Bates (la sombra de la sospecha de su implicación es obvia), y sólo la atmosfera de Candle Cove podrá dar las señales a la incógnita de la fantasía y el mal. En el fondo, no hay nada mejor que un empacho de televisión, claro que no está de menos observar a los niños que hacen con el mando. Lo dicho, un vaso de leche y felices sueños o pesadillas… Nota: 7,1

The Man in the High Castle (2015)

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La obra del maestro Philip K. Dick es apasionante, compleja y deudora directa de los mayores genios del género de la ciencia ficción: Wells, Asimov, Arthur C. Clark, Bradbury, Bioy Casares y Borges. Un tipo sagaz, irónico y sutil. Evidentemente, PKD, se consagró con un libro que le marcó el devenir del resto de su ingente obra: The Man in the High Castle, que en su momento, se alzó con el premio Hugo (elmayor galardón del a Sci-fi de los EE.UU). Bueno, pues, como diría el más pintao; cosas de la vida —que suelen ocurrir— para bien o para mal. La cuestión es que el interesantísimo libro de TMITH ha sido llevado a la gran pantalla. ¿Por qué no aprovechar esta fascinante obra para que el gigante de Seattle haya decidido llevar TMITHC al cable del streaming? Y lo más curioso, ha sido el público —que compra en Amazon— quien ha dado su visto bueno a esta magnífica propuesta televisiva. Bien, para aquellos más neófitos con el género o la obra de Philip K. Dick, se harán la siguiente pregunta: ¿De qué va esta historia? Nos encontramos en un mundo muy diferente al que conocemos, actualmente. Estamos en 1962 y la Alemania Nazi de Hitler ha ganado la guerra con el reino de Japón. En 1947, se toma la decisión de dividir los Estados Unidos de América. New York tiene un gobierno alemán y San Francisco otro japonés. Únicamente los estados paralelos a las Montañas Rocosas forman una zona neutral, entre las dos superpotencias reinantes, en el planeta tierra. Los Nazis ya estaban en la luna y Marte. Toda la tecnología es mucho más avanzada de lo que era, en la realidad alternativa, de aquel momento. Un joven llamado Luke Kleintank se ofrece a la resistencia en una fábrica metalúrgica —cuyo gerente— es uno de los cabecillas del movimiento opositor a los opresores nazis. Aquí comienza una historia fascinante de 60 minutos, donde Luke Kleintank (Joe Blake, CSI. Miami, Bones y Person of Interest) conducirá un camión repleto de máquinas de café hacia la zona neutral. Ahora, habría que decir aquella frase de culto del sarcástico PKD, ¿Saben cuál es la verdadera base del poder político? No las armas ni las tropas, sino la habilidad de hacer que los demás hagan lo que uno desea que hagan. Amazon ha metido un gol por escuadra —de esos, que últimamente no se brinda, a bordar— el portugués cebado de botas de oro. Cuando todo este asunto pendía de un hilo —ya que toda negociación es dinero y el dinero es política, así como ésta; es dialéctica— ya que todo se daba por hecho con la  BBC  que la convertiría en una miniserie. Nuevamente otro ¿Por qué? Muy fácil; porque el nombre de Sir Ridley Scott y su productora Scott Free es dueña de cientos de libros memorables, y, muchos de ellos innumerables bestsellers.

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En un principio, el balón lo tenía SyFy, con Frank Spotnitz (uno de los grandes escritores de guiones de Sci-fi, ya lo demostró en expediente-X) con la condición de que el productor fuera Sir Ridley. Al final, los dineros ordenan y la todopoderosa Amazon está haciendo las cosas muy bien. Transparent, Bosch, Hand of Good, Mozart in The Jungle y esperando a Woody Allen. La cuestión que tenemos una primera temporada de 10 episodios. Empero ataron los últimos cabos y se rodó el episodio piloto. La dirección artística es original, muy auténtica, claro está que, habrá quien pueda discrepar y la verá un tanto extraña. Pues, la magia del libro pesa mucho sobre el cuerpo audiovisual. Al igual que Blade Runner, Total Recall o Paycheck, y otras pelis inspiradas en relatos o historias, del genio de Illinois acaban por tener una factura maravillosa. El alma de  Dick está en la historia y las imágenes. Observamos un mundo totalitario hecho pedazos. La atmosfera es asfixiante y opresiva. Algunos de los protagonista/antagonistas del libro original han sido eliminados y modificados ad libitum. La protagonista/heroína de la  historia es Juliana Crain (Alexa Davalos, Furia de titanes, Mob City o las crónicas de Riddick), una joven que estudia Aikido en San Francisco. Su hermana queda una noche con ella y le enseña un misterioso carrete de película. Inmediatamente, su hermana es ejecutada por los soldados japoneses que le iban persiguiendo. Evidentemente, la hermana de Juliana estaba involucrada en la resistencia y el carrete contiene una película —que tiene unas imágenes— importantísimas para ellos. Decidida en tomar parte por la causa y que el sacrificio de su hermana no sea en balde. Juliana Crain le dice a su novio Frank Frink (Rupert Evans, Ágora, The Village y Hellboy) que le ha pasado y lo que tiene entre manos. Se  dirigirá a la Zona Neutral de Colorado para entregar el misterioso paquete. Una gran cantidad del libro de Dick, curiosamente, se trata de la antigua empresa subterránea que falsifica piezas Made in USA 100% (desde pistolas de la Guerra civil a relojes de Mickey Mouse) a fin de venderlos a coleccionistas japoneses hambrientos de la cultura tradicional norteamericana. Uno de los personajes —que está fantástico— es el del malvado Obergruppenführer, John Smith (Rufus Seyer, un general de la SS) que se dedica a espiar y hostigar a la resistencia americana.

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La película, hecha por una cifra misteriosa conocida, como el Hombre en el castillo High, representa un mundo donde eran los aliados los ganadores de esta contienda, que acabó con el III Reich y el Japón Imperial. Es una de las típicas vanidades de PKD: Dentro de un trabajo de la historia alterna, la propia historia se hace la ficción. Un episodio que desprende magnetismo, en su más irresistible tensión, el affaire de las relaciones políticas, entre Alemania y Japón pasa un momento tenso y receloso. La única cosa, mucho peor, que la ocupación, se hace el campo de batalla para inquilinos rivales; que considerablemente levanta, las ya mas que, enervadas por el propio devenir de la historia. Mientras que el cineasta James Hawkinson (uno de los directores de Hannibal, en NBC) da todo un recital de dirección. A pesar de algunas limitaciones, muy obvias, con el presupuesto. No hace mella en el resultado final. En otras palabras, la falsa novela en una novela es realmente realidad. En la serie de televisión se reemplaza por detalles puntuales, que acaban por deformar, y también, por generar mayor adicción al producto de Spotnitz. Ese juego, entre el espionaje y quién es quién, con el carrete de película que Juliana parece darle una imagen de contrabandista (y así, resulta que Joe no es ese chico tan valiente y honesto que creemos ver). En el fondo es un pequeño bucle de metraje de una vieja película, de la actualidad, más reciente, donde se muestra a los norteamericanos ganar la guerra. Aunque este MacGuffin sirve más o menos el mismo propósito (y de una manera mucho más visual), la serie de televisión todavía no tiene el mismo ambiente existencial que la novela de papel. ¿Pero qué libro o novela llevada a la gran pantalla no lo pierde o lo gana? También, observamos una maniobra no muy limpia por parte de Joe Blake, a través de una importante llamada telefónica. De momento el capítulo piloto de 1 hora exacta se ha hecho un trabajo impresionante de la construcción del mundo Philipkadiano. En breve veremos el resto de episodios desfilar de un tirón, ya que el método de emisión por parte Amazon Studios es idéntico al de Netflix; todo el menú en una sola comida. Algo que el crítico/escritor y buen amigo: el malagueño, JF Ferre, uno de los grandes conocedores del mundo Philipkadiano, y la gran obra de K. Dick, agradecerá, y de paso le felicitamos, por su nueva novela; El rey del juego  Ed. Anagrama. Por el momento, para ir abriendo boca, el piloto es un trozo de fragmento narrativo del magnífico libro de PKD. Estaremos muy pendientes de Amazon Studios y sus movimientos, ya que está siendo una de las grandes sorpresas de este último lustro. La apuesta por una ficción de gran calidad creativa. Nota: 8,1

Why Banshee? (2013)

 

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¿Qué es  Banshee? Buena pregunta. Bien, vayamos por partes y empecemos por la etimología del vocablo. Palabra de origen gaélico que significa mujer en un túmulo— por no decir una auténtica tumba— que transita entre este mundo y los que no, ya están en él. O mucho mejor, esta definición más ambigua; un ectoplasma de largos cabellos y abundantes largas uñas. ¿No les suena esto a un pastiche entre un cuadro de Munch y una novela del mejor  hardboiled  Made in Carroll John Dalyse? O el collage de los primeros cartoon  spicy & saucy salidos de la mano más negra del mismísimo Hammett. Ya me doy cuenta, que estas cosas pueden provocar un tremendo schock a determinada grey de la erudición literaria. Pues, en el fondo, no es más que un género popular y chabacano. Lo sé, amigos-as. Empero, las mejores plumas del universo Pulp pasaron por la editorial Black Mask o  Street and Smith Publications. Ahí quedan patentes: London, Conrad, Crane Goodis o Burroghs y un largo etcétera inacabable. Volviendo a la parte sustantiva de la novela negra y sus variantes. Por ponernos a jugar y enumerar los elementos más repugnantes del género. Haberlos, haylos. Evidentemente, no es agradable contemplar la violación física de un ser humano, la brutalidad en la lucha y las parafilias sexuales más perversas de las que disfrutan millones de lectores. Ahora, la literatura es así de caprichosa y la industria visual siempre se ha nutrido de ella. Luego, experimentemos la siguiente propuesta; ¿metemos todos esos matices en una coctelera y lo agitamos en su punto? Y…, Voilà!, ya tenemos a nuestra simpática Banshee. Su descripción más sinóptica será la siguiente: un tipo llamado Lucas Hood (Anthony Starr) — Made in Nueva Zelanda— además, de ser un ladrón de qualité, especializado, en el robo de diamantes: arte o grandes fortunas. Una vez que ha cumplido condena en la prisión estatal sale a la búsqueda de su amada, Anastasia, en el papel de Carrie Hopewell (Ivana Milicevic).

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Un portento de 175 centímetros con unos ojos que hipnotizan. Es una experta ladrona de cajas fuertes, gran luchadora de artes marciales e hija de uno de capos del crimen ucraniano en USA. Todo lo que viene a continuación parece que sea obra de una PS4  a 200km/h. Como tomar un café en un bareto, en menos de un minuto y medio. Veamos. Hood entra a un bar, pide un café,  mira a la atractiva camarera que se lo sirve, y en pocos segundos está copulando con ella, tras la despensa. Después roba un coche y hace una lista de tareas pendientes. La primera es ir a un salón de peluquería, regentado por un asiático-americano travestido, Job (Hoon Lee). La conversación que ambos mantienen—en un tono, más bien tirando a tenso— da a entender, que la amistad no viene de hace un día y todo huele a más de un affaire. Una vez conseguida la información de la nueva ubicación de Anastasia. Se sube en el coche y arranca a toda pastilla, cruzando el bajo Manhattan, en una persecución vibrante con los esbirros de Rabbit y padre de la ella (Ben Cross). Ya en la localidad de Banshee, (Pennsylvania). Hace una parada en un garito que regenta Sugar Bates (Frankie Faison), uno de los grandes actores de toda la serie, el cual, interpreta a un viejo exboxeador que ha pasado por muchos devaneos de la vida, incluida la cárcel. Los caprichos del  destino son inescrutables y hacen que coincida nuestro recién llegado —exconvicto—  con el nuevo sheriff asignado a la ciudad. Un asunto, más que desafortunado para este último y muy dichoso para el desesperado ladrón, hacen de nuevo—que la teoría del caos, prevalezca—pues, el que iba a ser el nuevo jefe de la comisaría local muere y Hood asume su identidad. Así se introduce, de facto, en Banshee, el personaje Lucas Hood. Nuevo trabajo nuevo al servicio del ciudadano y derecho a posesión de armas para que el orden prevalezca en una ciudad aparentemente tranquila, donde el crimen se solapa en cualquier esquina. El hecho es que Banshee no tardará mucho, en revelar su último gran malo; Kai Proctor protagonizado por el actor danés (Ulrich Thomsen, una delicia y un acierto del casting), cuyos tortuosos dedos orquestan el destino de los tratos subterráneos en el apacible Banshee. El personaje—reiteramos— es una de las grandes diversiones de este producto.

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Proctor es de origen Amish (su padre es uno de ellos), aunque la comunidad lo repudia, regenta el imperio del negocio de la carne. Desde donde controla el juego, la prostitución y el negocio de las drogas sintéticas. Algo así, como el antagonista del malvado padre de Anastasia; el malvado capo ucraniano Mr. Rabbit. Anastasia se ha convertido en Carrie Hopewell, la perfecta ama de casa con un pasado tan volcánico como la Nikita de Besson. Vive con un marido honesto—fiscal de la ciudad— Russ Blackwell y dos hijos: una joven adolescente, Deva (Ryann Shane) y el pequeño Max que sufre un problema congénito de insuficiencia respiratoria. Carrie es una mujer angustiada por un pasado que intenta enterrar, pero la vuelta de su eterno compañero de robos y necesidades conyugales ha llegado como un huracán al lugar más recóndito de la tierra. Por otra parte, nos encontramos con el pequeño departamento del sheriff, un lugar  al más puro estilo— comisaria de la América profunda— especializada en pecata minuta o mirar hacia otro lado. Donde destaca el ayudante del sheriff, Brock Lotus interpretado por el extraordinario actor, que es Matt Servitto—sempiterno agente del FBI, detrás de Tony Soprano—aquí más preocupado de los derechos civiles, que de aplicar la ley con mayor contundencia. Algo, que chocará con las maneras del nuevo jefe Mr. Hood. Otra de las protagonistas femeninas es la agente Siobhan Kelly, una buena chica, guapa con un toque sexy,  a pesar de los acartonados pantalones de poli, que con el tiempo irá empatizando con el jefe Hood. Y por último, el agente Emmett Yanners (Demetrius  Grosse), un ex jugador de Futbol, de un físico imponente, y hombre de fuertes creencias, aguanta de un modo estoico el tufo racista que desprende la pequeña ciudad. En el lado del mal, no podemos olvidarnos de la exuberante y nabukoniana sobrina de Kai Proctor, Rebeca Bowmann (Triete Kelly Dum) y el jefe de la tribu india, Alex longshadow (Anthony Ruivivar) que anda metido hasta las cejas en negocios turbios, coetáneos a la onda de Proctor, desde el sillón del casino propiedad de la tribu.

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Estos son los mimbres que han creado unos desconocidos; Jonathan Tropper  y David Schickler, novelistas y guionistas con limitada experiencia, pero muy bien parapetados en viejos zorros de este negocio, que les han dado vía libre a su imaginación: Greg Yaitanes (“House M.D.”) y Alan Ball (“True Blood” “Six Feet Under”) productores ejecutivos y productores de facto. Así como directores de sus productos, donde la apuesta es firme por el cómic, en su  versión más dura de las crónicas pulp. Un producto hiperbólico y explícito de violencia, sexo y el ritmo frenético en sus imágenes: un American Gothic Noir con ecos de Jim Thompson, Horace McCoy y el dibujante Frank Miller y, especialmente, Quentin Tarantino (toda la vis de divertimentos que aporta). Por momentos, deudora del sentimiento lacónico del universo de Goodis en su vieja Filadelfia; “la vida es un infierno”. A ello le sumamos los créditos iniciales, en una originalísima cortinilla, marca de la casa, y el score musical del dueto electrónico (Methodic Doubt) que remarca la sensación de algo completamente turbio y alocado. Y es que Banshee es un pueblo donde todo vale y todo cuenta. Hay drogas, alcohol, Amish, moteros, una tribu india gestionada por jefes corruptos y sobre todo muchas vacas que generan el negocio de la Pensylvania rural: la carne de primera. Eso, sería Banshee y el porqué de su éxito tras dos temporadas completas y cinco capítulos emitidos hasta ahora en su tercera temporada. Con una audiencia mayor, que la obra maestra de su otro logro “The Knick”. Cinemax ha encontrado al personaje de la canción de los Pistones y la renovación de su cuarta y última temporada. Ha llegado un pistolero a la ciudad, su nombre es Lucas Hood y tiene patente de agente corso, al margen de la ley. Por la noche espera el Watering Hole y una mesa donde humea un gran filete de carne, acompañado de un buen Jameson. La frente de Hood está llena  de gotas de sangre y sudor, mientras Sugar Bates llena el vaso vacío y le ofrece una servilleta. ¿Les suena? Nota: 7,0

57 Years without Bogie

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“I’ve been around a long time. Maybe the people like me.” Humphrey Bogart (25-XII-1889/14-I-1957) USA

 

81 Anniversary of Flash Gordon

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“lt’s the only way to save Earth.” (Flash Gordon) 7/I/1934 in King Features Syndicate (USA)

 

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