Rich Man, Poor Man (1976)

 

Father Jordache Foto 1

Si les soy sincero, me gusta mucho, por no decir muchísimo la ficción de antaño tanto o casi más, que la actual. Y una de mis razones, esenciales,  es descubrir que ahora —muchas de aquellas series y miniseries— el paso del tiempo les ha dado el grado óptimo de un buen vino. A día de hoy se pueden encontrar un buen puñado de ellas que siguen siendo fantásticas. Además, unas cuantas ya han sido comentadas por estos lares. ¿Qué es lo que nos lleva a apostillar esta aseveración? Su gran factura en todos los apartados y evidentemente, esa vis creativa cuasi visionaria en algunas propuestas. Es el caso de la miniserie que vamos a analizar hoy. Hubo un tiempo, donde la otrora TVE (única e impoluta, apenas tenía competencia y era su segundo canal) se implicó en una propuesta nocturna —alter prime time ochentero— donde se dejaron ver miniseries y series con un denominador común: la madurez. Cuando aludo a la madurez, lo digo en todos los sentidos. Pues, las temáticas que abarcaban es lo que la vida nos deparará más tarde o más temprano: familia, trabajo enfrentamientos, matrimonios, divorcios, celos, riqueza, pobreza, traición o lealtad. La vida y la muerte. El éxito y el fracaso, tan sólo unas décimas de diferencia. Es la época de unos seriales muy bien hechos, caso de Raíces, Eduardo y la Señora Simpson, Capitanes y Reyes, Vientos de Guerra, Shogun y otras muchas más que intentaremos traer a esta sección de la TV Vintage. En este sentido nos adentramos en una producción que tuvo una audiencia tremenda y generó una gran tómbola mediática —entre los corrillos de los mercados— así como en los almuerzos de trabajo de aquella divertida e ingenua época de la transición Made in Spain. Hombre rico, hombre pobre (1976) es la adaptación de novela del prestigioso escritor, Irvin Shaw de origen judío-ruso (autor del libro el baile de los malditos y víctima del Macartismo) que mantuvo un espaciado exilio en Europa. Periodo en donde su abundancia de títulos fue prolija.

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La novela tuvo un itinerario curioso, pues una buena parte de ella se publicó, a modo de pequeñas entregas, en la revista Playboy y terminó convertido en un gran best-seller, allá por 1969. Hasta que la cadena ABC— heredera del espíritu innovador— del gran E. Noble compró los derechos, y, en febrero de 1976 puso a trabajar al prestigioso guionista Dean Riesner (Dirty Harry/1971) y tres directores de un gran prestigio televisivo: David Greene, Bill Bixby y Boris Sagal La novela comprende un período de tiempo entre 1945 a 1965 y gira, en torno a dos hermanos de una familia inmigrante: los Jordache. La adaptación sigue los pasos de los vástagos de la familia Jordache —Rudy el apuesto ganador (Peter Strauss) y el perdedor Tom (Nick Nolte)— hasta mediados de los años 60. La ausencia en la miniserie del personaje de la hermana Gretchen  Jordache— nunca sabremos muy bien porque se eliminó, pero Riesner era mucho Riesner y lo sustituyó por Julie Prescott (Susan Blakely), novia del instituto de Rudy. Hombre rico, hombre pobre pivotaba en un eje central: la disputa entre los hermanos Jordache. Ejecutando el vetusto, aunque no menos efectivo recurso del paralelismo bíblico; la historia de la historias por excelencia, el conflicto entre Caín y Abel. Hijos de un inmigrante alemán rudo y feroz, Axel Jordache (Edward Asner) y su esposa Mary (Dorothy McGuire), quienes dirigen una panadería en estado de Nueva York. Rudy y Tom inicialmente parecen bien avenidos en los primeros días del fin de la IIGM, pero poco a poco, irán tomando nuevos y distantes itinerarios. Rudy va al colegio y  se hace notar, y muy pronto comienza a trabajar para el magnate de los grandes almacenes Duncan Calderwood (Ray Milland). Tom comienza una relación con un ama de casa irlandesa, Clothilde (Fionnula Flanagan), que nos recuerda un poco a ese personaje de la novela de James M. Cain —muy de refilón— pues, el jovenzuelo Tom se enamora de una forma más inocente. Clothilde es la esposa del dueño del taller donde Tom comienza a  trabajar como mecánico aprendiz. El esposo se huele el percal  y en menos de lo que dura un telediario, Tom se queda sin la compañía de Clothilde.

Falconetti Foto 3

En este tramo de la serie se observarán algunas secuencias memoriales, en un tono erótico, de alto voltaje para una audiencia más acostumbrada a un material mucho más políticamente correcto del dial; La mujer biónica, Los Walton o el hombre de seis millones de dólares y etc. Tom termina conociendo a Teresa Santoro (Talia Shire, que estaba muy cerca de convertirse en la Sra. Balboa) y decide marcharse a California para hacerse boxeador. Curiosa pareja, Shire ya era una de las grandes tras pasar por “El padrino” de Coppola y Nolte estaba a punto de dar el gran salto a Hollywood. El azar le llevará por un viaje, directo a las aguas más profundas del mundo del boxeo. Las cosas se complican por enésima vez y finalmente sale por piernas, enrolándose en un barco mercante. La aureola de Loser la deja caer con gran mimo el guionista Reisner. Paralelamente, vemos el ascenso Rudy dentro de ese hermoso envoltorio del americano protoKennedyano. Su rostro es la expresión de la decencia del trabajo y el éxito el secreto de la supuesta honorabilidad que huele a Washington. No menos interesante es el viraje de Julie; la novia de toda la vida de Rudy. De su trabajo como voluntaria ayudante de enfermería, en el hospital de veteranos y sus coqueteos con un soldado de color, hasta ese viaje —iniciático y rebelde— a un mundo desconocido y excitante: NY. Explorando su lado más artístico, sexual y aventurero como una actriz, escritora y fotógrafa eventual. Todo ello con los antecedentes del rico y depravado empresario Teddy Boylan (Robert Reed), que encandila con su posición —de gurú— una preintroducción de Julie, en los placeres más sofisticados de los llamados “adultos”. Reisner logró incorporar cuestiones tan prístinas como  “el ojo por ojo” y  el insoportable peso de los remordimientos. Así como la carga punitiva de la interpretación  de los pecados, en un contexto multicultural, dejándonos caer la pregunta; si estos son transferidos por el obcecado y bruto padre hacía sus hijos. Al igual que esa revisión de los daños colaterales del utópico sueño americano, cuando el mismo desaparece del circuito ante su propio fracaso y ruina. Hombre rico, hombre pobre contaba con unas subtramas secundarias de alto calibre, que de algún modo tuvo su recompensa en la interpretaciones de los implicados, unos rodajes donde en más de una ocasión saltaban, algo más que chispas en los face to face entre Strauss, Nolte y Blakely.

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Mención aparte, es el personaje malvado por excelencia y recordado por todo el mundo. Uno de mayores malos de la historia cinematográfica y el rey de villanos en la historia de TV. Anthony Falconetti (William Smith) tenía ese plus de un físico muy Jack Palance y una mente más perversa que otro gran  malvado de la serie B, Neville Brand. Todavía es recordada con pavor la violación en el barco del amigo de Tom, Ray Dwyer (el actor afroamericano Herbert Jefferson, Jr.) Momento hit de la historia del prime time televisivo. En la lectura del libro hay una descripción mucho más minuciosa del personaje. Todo haya que decirlo que el propio Smith confesó que aquel papel, si bien lo hizo archifamoso, también es verdad que fue su propia cripta. Pues, recibió todo tipo de amenazas de chiflados y los productores veían, en él, la faz de Falconetti, que su auténtico perfil, es decir, el actor William Smith. Un fenómeno digno de tesis doctoral. Hombre Rico, hombre pobre era el tipo de serial que consiguió reunir a un montón de gente, soltándose la lengua para  hablar de los temas más tabús en un tiempo donde muchas heridas aún sangraban: raza, clase, sexo y por encima de todo; la vida. Lo duro que es el camino hacia una felicidad absoluta, pues no existe ese estado perpetuo. Por el mismo itinerario se van perdiendo baluartes y pluses que son irrecuperables. No obstante, la vida es dura y en pocas ocasiones fácil. A pesar de que el mundo se empecine en vendernos los contrario. Y el mensaje de Hombre rico, hombre pobre podía ser incomodo pero no alejado de lo que es el día a día. Obviamente, a nadie le sorprendió todas las nominaciones a los Emmy y los Globos de Oro, ganando 4 premios en ambas. Los Emmy dieron sus estatuillas a la música de Alex North, la dirección de David Greene y a los actores de reparto: Edward Asner y Fionnula Flanagan.

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A todo ello, se sumaba un excelente casting, donde brillaron todos y todas en sus papeles; Andrew Duggan, Berry Kroeger, Bill Bixby, Dick Butkus, Dennis Dugan,  Dorothy McGuire, Ray Milland, Gloria Grahame, Dick Sargent, Dorothy Malone, Craig Stevens, George Maharis, George Wyner, Harvey Jason, Herbert Jefferson Jr., Kim Darby, Lawrence Pressman, Lynda Day, George, Steve Allen, Norman Fell, Talia Shire, Kay Lenz, Murray Hamilton, Mike Evans, Tim McIntire, Robert Reed y Van Johnson. Posteriormente, la ABC tras el empacho de  éxito del fenómeno HRHP, trató de recobrar el meteoro y le encargó una segunda parte de esta historia a Irwin Shaw. El resultado fue un libro de menor calidad, eso sí, convertido en un nuevo best- seller. La adaptación de la nueva historia pecaba de excesivo humus melodramático. A pesar de contar con el mismo guionista. Recogiendo parte del final cerrado de la primera entrega y con notables ausencias. El protagonismo fue para Peter Strauss, que ejercía de nuevo padre de los hijos de Tom y Julie, junto con el psicópata de Falconetti acaba por imponerse como el mayor reclamo de la nueva entrega. Siguiendo el registro de villano rencoroso pero en otro plano menor. Los nuevos actores, se esforzaron por sacar adelante el producto pero muy lejos de la perfección que logró aquellos 12 primeros capítulos. Hombre rico, hombre pobre es una opción para paladares de buen nivel, pues poco tiene que anhelar a más de un producto de HBO. No sería extraño ver un remake por la cadena de TimeWarner en un futuro no muy lejano. El año que viene se cumplirá el 40 aniversario de realización y se habla de una nueva edición exclusiva en formato Blue-Ray, sería una noticia excelente. Hasta ese momento, la miniserie se puede comprar en formato DVD y para los más internautas; la webesfera es otra buena opción. Nota: 8,9

After 30 years “Moonlighting” (1985/89)

BRUCE WILLIS, CYBILL SHEPHERD

 

Probablemente no  habrá concepción más rica y fértil en la historia de la televisión que el drama de detectives. Las décadas han florecido con ellos, esencialmente, en la prodigiosa y policíaca de los 50, y básicamente, a partir de los 70. Pero el advenimiento de los 80 fue un periodo de sobreexposición a un público, curtido en el visionado de seriales de todo tipo y pelajes, muy difícil de sorprender. Los problemas —que a menudo— se produjeron en las propuestas de las grandes cadenas no terminaban de sortearse y la vis creativa andaba algo dormida. Muy pocos tomaron la idea y la desarrollaron, en algo único, atractivo y fresco.  En el año 1984, cuando el guionista y productor Glenn Gordon Caron —creador de la mítica Remington Steele (1982) y la más reciente Medium (2005)—  se encargó de escribir una serie de detectives de gama alta, con una gran estrella al frente de ella. Basándose en las comedias clásicas de enredo del maestro Howard Hawks. Creó un símil televisivo lleno de equívocos constantes, diálogos vertiginosos y punzantes. Así como una TSR (tensión sexual no resuelta) entre ambos protagonistas. Aquello fue acuñado por los gurús de la escritura creativa como “dramedy” (un mix entre el drama y la comedia, en idénticas proporciones). Ya, lo sé que algunos pensarán aquello de: “Si Hawks levantará la cabeza…” Pues, que estaría la mar de contento y punto. En fin, nuevamente, la cadena ABC apostó todo al rojo y saltó la banca. Luz de Luna, se convirtió en un gran éxito de audiencia; innovadora, cínica y romántica. Un espectáculo que quería ser diferente, literalmente, se dirigió a su público; al que supo darle capitulo a capitulo, semana tras semana el meritorio lugar de ser una de las mejores series de la historia contemporánea.

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A lo largo de 5 temporadas (1985-1989) y un total de 66 episodios supo mantener un altísimo listón, con sus originales y brillantes historias, a millones de televidentes. Coincidiendo con el lanzamiento del capítulo piloto hace 30 años, aprovechamos la ocasión para hacer hincapié en este gran show, que tenía a toda una generación “bola de cristal”, de pelos largos, melenas rizadas, onduladas, tintadas, neones y gafas de sol enganchada a ella. Ropa grande y con unas hombreras, que ni las gargantas del cañón de Colorado. Eran parte del aquel divertimento con mucho estilo ochentero. De la noche a la mañana dos actores—llamémosles—nuevos, en aquel mundo mediático, de la época irrumpieron con gran fuerza y solvencia. Por momentos, la bella Shepherd y el machote Willis llegaron a darnos la sensación de haberse pasado la vida haciendo esta serie. El casting estaba compuesto—aludidos, anteriormente— por la guapa y estilosa, Cybill Shepherd (Maddie Hayes), que gran parte del equipo de producción la tenía en agenda como su primera opción. Y por la parte del partenaire masculino fue difícil dar en el candidato. Sin embargo la valiente apuesta de la productora de proponer a un desconocido, Bruce Willis como el detective David Addison Jr. fue todo un acierto. Tras un complejo casting con más de 3.000 pretendientes, ahí estaba aquel tipo crápula, extrovertido, amante de  la diversión, atrevido y seductor se convirtió en la sensación de los ochenta. Estaba naciendo la leyenda de una superestrella Made in Hollywood; el héroe Bruce Willis.

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La trama partía desde una flagrante estafa—que la  jefa y ex modelo Maddie Hayes— había sufrido por su contable. Ante semejante revés, no le queda más remedio que cerrar la agencia de detectives. Ya que ésta, era una de los lavaderos favoritos de evasión fiscal, que utilizó el corrupto gestor de Miss Hayes. La agencia la dirige nuestro juguetón detective D. Addison. En este primer episodio piloto, ante la disyuntiva, en que Addison se ve envuelto, le propone a Maddie crear una nueva agencia de detectives, donde serían socios y algunas cosas más. Las líneas argumentales giran alrededor de los casos investigados por ambos detectives, donde ellos serán quienes supervisen todo, previo acuerdo, como socios y amigos. La agencia de detectives pasa a llamarse Luna Azul, por ser ese el más famoso producto (un champú) que anunciaba Hayes en su etapa de modelo. Ambos estarán asistidos por Allyce Beasley como Agnes Topisto (DiPesto en la versión original), la recepcionista y posteriormente, la llegada de Curtis Armstrong en el papel de Herbert Viola, el  detective ayudante. “Luz de Luna” tenía un primer reclamo con el público que la hacía muy especial. Ya que el score de la cortinilla de presentación compuesto y cantado por All Jarreau “Moonlighting” te hacia mover el pie de lado a lado, y, después comenzaba la acción, a través de las largas y bellas piernas de Miss Shepherd. Una dinámica muy ácida en un entorno —curiosamente—, habitual y cercano: la agencia.

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Donde la guerra de sexos, muy Hepburn&Tracey se repetía, algo que gusta y seguirá gustando: Maddie y David estaban siempre en desacuerdo, uno siempre tenía que estar en lo cierto y otro tenía que estar equivocado; sus valores y filosofías de vida eran antagónicos. A pesar de sus despotriques, del uno  sobre el otro; terminaban siempre juntos y se dieron cuenta, que tenían una gran dependencia como pareja de hecho y comercial. Si algo malo le ha pasado a uno de los dos: se intentaba dejar para un momento más relajado. Sin embargo, los problemas personales y las diferencias de criterio iban implícitamente relacionadas al trabajo y viceversa… En el fondo, eran detectives y se debían a su profesión, de un modo, alocado, chocante y extravagante; pero sacaban el trabajo adelante. Shepherd contaba que siempre se “hacían la puñeta”, el uno al otro antes de una escena sólo para entrar con el pie acelerado. Es difícil de creer, que no podían ser el mejor de sus amigos o incluso los mejores amantes. Cada episodio revelaría algo maravilloso que tiene lugar entre los dos. Si se trata de una mirada de amor, una sonrisa, un resbalón o un simple roce. Todo era creíble, en este gran show; sexy y dinámico, con momentos realmente hilarantes y surrealistas. Es curioso, ver que en esta serie se seguía manteniendo el formato de artistas, actores o actrices invitados. No obstante, con un matiz, pues podían ser grandes estrellas del cine clásico; Eva Marie Saint, Brooke Adams, Robert Webber, o el mismísimo Orson Welles (espectacular y glorioso instante).

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Desde Whoopi Goldberg y Judd Nelson estrellas ochenteras de por aquel entonces, a futuras y futuribles de la TV, en diferentes formatos: Billy Drago, Brian Thompson, Gary Graham, James Avery, Mark Hammon, Virginia Madsen, Richard Belzer, Rita Wilson, Paul Sorvino, Tim Robbins, Vincent Shiavelli y un largo etcétera. Otro de los grandes alicientes del serial era su fantástica BSO, con temas clásicos de Little Richard, Otis Redding, Rolling Stones, The O’Jays, Patti LaBelle, Mitch Ryder & The Detroit Wheels y muchísimos más. A todo ello, se le sumaban en las voces de los propios: Shepherd&Willis las versiones a dúo de clásicos míticos. Luz de luna murió de éxito y rota por una relación profesional insoportable. Tanto Bruce Willis como Cybill Shepherd se habían desgastado—sus carreras profesionales iban como un misil, sobre todo la de Willis— tras una borrachera de Globos de Oro, Emmys y millones de dólares que cobraron temporada a temporada.  Hipernominados en todos los apartados, premio tras premio y la fama en medio mundo… La pareja de hecho, se deshizo  el 14 de mayo de 1989. Por última vez, el bello tema de All Jarreau sonó y muchos de sus incondicionales no pudieron remediar esgrimir alguna pequeña lágrima. ¡Qué besos se daban en cualquier lugar, aquella pareja tenía algo! Química o feeling… “ese algo” tan americano y que sólo ellos son capaces de hacerlo. La oficina de detectives echó el cierre. Lo dicho, ¿Han a volver a esperar 30 años? Es fácil, DVD,s o soportes digitales por esto de la webesfera. Nota: 8,4

Kojak is cool (1973-78)

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La televisión en los años 70 se embutió de espectáculos policíacos—muchos de ellos, ya comentados por estos lares— de las diferentes cadenas Made in USA. Cada uno de ellos tenía a su héroe, heroína o heroínas de turno. Desde Baretta y su cotorra al hombro, hasta el vaquero McCloud subido en un hermoso corcel por la Quinta avenida, Colt en mano, a  la sexy “Mujer policía” y  aquellos deliciosos “Ángeles de Charlie”. Sin embargo, fue en 1973 cuando apareció un título contundente, de una absorbente intriga, con un protagonista duro  y categórico, ese, fue Kojak. Desde la contundencia del nombre propio, a la propuesta de un New York realista, donde los dealers y canallas de turno eran deudores del cine de aquella maravillosa década. El humus de esta —mítica— serie  hay que buscarla en el origen del éxito, asociado a un actor fantástico como lo fue Telly Savalas. Sin este actor, hubiera sido imposible la grandeza de este producto. Todo arranca cuando el guionista Abby Mann, el cual, escribe  una TV-movie: “The Marcus-Nelson Murders”(1973) /basado en unos hechos reales de un espeluznante asesinato en 1963/. La cinta nos destapaba el papel del teniente, Theo Kojak, toda una revelación de vitalismo, alma mater, de  la investigación del atroz crimen y violación en el Upper East Side of Manhattan. Tal fue su éxito, que Teddy Savalas, en aquel año fue nominado a los Emmy en la categoría al mejor actor de drama de TVmovie. El asunto estaba claro, ya se tenía muy perfilado —al futurible policía— sólo  había que ubicarlo en la gran metrópoli de NY. CBS dio el OK para comenzar a trabajar en el serial de Kojak, con Savalas como absoluto protagonista. A finales de Octubre de 1973 se estrenaba en el prime time con un éxito de audiencia notable. El show se mantuvo en pantalla hasta 1978, a lo largo de 5 temporadas, y un total de 118 episodios. Tanto Abby Mann como Teddy Savalas tuvieron carreras llenas de triunfos y decepciones en el pasado. Eso es parte de la vida, cuando se te presentan las oportunidades. En el caso del creador de Kojak fue guionista de la extraordinaria “Vencedores o vencidos”(1961). Dirigida por Stanley Kramer. Telly Savalas, se inició en la mítica serie los Intocables (1959), en el lado del mal —frente a Robert Stack —protagonizando al gangster Leo Stazak.

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Posteriormente, trabajó con Frankenheimer, uno de los grandes directores de aquella generación televisiva— realizando una interpretación brillante del  recluso Feto Gómez en la película “el hombre de Alcatraz”(1962). Continúo su trabajo y estuvo a las órdenes de J.L. Thompson en la intrigante; “el Cabo del Terror”(1962). Savalas, encarnaba al detective privado; Charles Sievers, y, en la película “007 On Her Majesty’s Secret Service” (1969) dirigida por Peter Hunt, como el villano Blofeld. Pero es en el papel del Teniente Theo Kojak donde se perpetúa la leyenda del especial Aristoteles Savalas, nuestro querido Telly. Por último, no quiero dejar pasar por alto un film espléndido al lado de Clint Eastwood y Donald Shuterland; “los Violentos de Kelly”(1970) de Brian G. Hutton, en el papel del sargento primero, huraño y trapicheador; Big Joe. Ya en el último año de la serie Kojak, cuando la productora CBS le dijo a  Savalas, que la audiencia se estaba marchando. Savalas comprendió que en aquel lugar, su tiempo ya estaba amortizado y emprendió nuevos proyectos de diversa índole internacional.  Cinco años en la pequeña pantalla que le dieron dos Globos de Oro y muchas nominaciones a los Emmy tanto a él, como el resto del equipo técnico, artístico y compositor musical. El éxito y la originalidad de esta serie descansaban en la fuerte personalidad del protagonista, Theo Kojak, pues alcanzó la fama y la gloria que le marcaría el resto de su carrera cinematográfica. El hábito del teniente TK parecía estar hecho a su medida. Muy difícil separar al hombre del perfil ficticio. Kojak era un poli con malas pulgas, que se jactaba de las diferentes etnias del NY más underground y violento de aquellos años. Un tipo de escrupulosa pulcritud en su indumentaria; coqueto con los sombreros, las gafas de sol y la quincalla que portaba: calvo como una bola de billar, al que todos los delincuentes de la gran manzana temen. El poli de la comisaria distrito 11 de Manhattan Sur, que no duda en sacarte la lengua a tirones para que cuentes lo que sabes, mientras saborea un pitillo o un purito.

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La cuestión del tabaco fue muy divertida, ya que Kojak era un fumador empedernido y los productores decían que no daba una imagen muy correcta. Se recurrió a una estratagema que fue un icono del merchandising; el famoso chupachups (aquí en España). Pues, en los EE.UU eran unos pirulís de caramelo, que derivaron en el chupachups Kojak, el cual, aterrizó en nuestras tiendas de golosinas y el mundo entero. ¿Quién no se ha comido un mítico Kojak-Fiesta con chicle? Se sentía orgulloso de su origen griego, mostraba sagacidad y cinismo con los criminales, funcionarios, camareros o superiores… Su equipo estaba compuesto por George Savalas, hermano verídico de Telly, un tipo orondo, grandullón y de pelo rizado. Un gran conocedor del patear diario de las calles. Bobby Crocker, interpretado por Kevin Dobson, el típico detective que sigue al pie de la letra todo lo que propone Kojak, de algún modo, es su fiel compañero y hombre de confianza. Mark Russell como el Detective Saperstein. Así como Vince Conti, que es el detective Rizzo y Borah Silver como el inspector Prince. Por último, el jefe de todos ellos capitán Frank McNeil, interpretado por Dan Frazer, que es el superior de Kojak, pero realmente no actúa como tal. McNeil puede poner a veces los métodos de Kojak, en duda, de cara a la galería. Una especie de paripé, pues, está con él a muerte. Sabe muy bien de la agudeza  de Kojak, la cual, es más que precisa. Cuando algo le dice que hay gato encerrado: no se equivoca. Algo hay. Luego, capitán y teniente son dos más del grupo. Con el tiempo habrá un cambio de mandos, es decir, cada uno tendrá una nueva ubicación y rango. A Kojak, le gusta marcar su territorio y mostrar jerarquía, aunque a veces, las cosas se salgan de madre. Las tramas no están muy lejos de lo que es la típica actualidad, a día de hoy en día, en cualquier telediario o páginas de sucesos; corrupción a tutiplén, conspiraciones de la mafia, asesinos en serie, algún caso de intento de atentado contra la infraestructuras de la ciudad y tráfico de drogas a pequeña y gran escala.

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Otro de los reclamos utilizados en el serial era la utilización de estrellas invitadas de la gran pantalla: desde las viejas glorias a los nuevos talentos que iban pujando por la época: Danny Aiello, F. Murray Abraham, Paul Anka, Armand Assante, Eileen Brennan, Blair Brown, Dabney Coleman, Héctor Elizondo, Richard Gere, Gloria Grahame, Harvey Keitel, Sally Kirkland, Carol Lynley, Geraldine Page, Kathleen Quinlan, Lynn Redgrave, John Ritter, Sylvester Stallone, Forrest Tucker, Christopher Walken, Eli Wallach, Shelley Winters o James Woods de entre los muchos que se dejaron ver a lo largo de sus cinco temporadas. También, es verdad que Kojak tuvo problemas con algún capitulo por mostrar conductas poco apropiadas de tipo ético y moral. Se le acusaba desde determinados colectivos; del reiterado abuso de la fuerza bruta y una solapada glorificación de la falta de derechos civiles. Algo que llegó a provocar un conflicto con su vecino Canadá. Kojak era la calle, los garitos, los dealers de las esquinas, el argot de ese submundo y su frase de culto: “Who loves ya baby”. Esa voz grave y profunda que te recordaba al enorme Barry White. De fondo sonaba la celestial  música de John Cacavas: un score, puro, del sonido Philadelphia. Kojak, con el chupachups en una mano y en la otra buscando su  Smith & Wesson del 38, metida en el bolsillo de la gabardina o portándolo en la mano en plan sicario vivo. Estilo que marcó escuela en la policía y la delincuencia de aquellos tiempos. El toque Kojak a la hora de llevar la pipa. El teniente Kojak se acerca a la escena del crimen con su flamante Buick de color bronce perla y la sirena roja marcando la ruta del guardián del Lower Neoyorkino. La serie Kojak se volvió a llevar en el año 2005 a la TV, en esta ocasión, el actor seleccionado para el papel fue el afroamericano Ving Rhames. Se pasó una primera temporada y fue cancelada por su escasa audiencia. A pesar de contar con actores, en el reparto, tan interesantes como Chazz Palmenteri o Roselyn Sánchez; el remake no cuajó. Se rumorea con la posibilidad de llevar el show a la gran pantalla con Vin Diesel como el teniente Theo Kojak. Este otoño de 2015 la serie cumplirá su 42 aniversario. Que mejor recomendación para un día de asueto que volver a revisar alguna de sus temporadas vía DVD o alternativas digitales. Y por favor, no olviden unos cuantos chupachups a mano. Nota: 8,1

Nip/Tuck (2003-2010) “Perfect Surgery”

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Nip / Tuck es una serie de culto, y,  lo de culto ahora mismo: son palabras mayores. Tras comprobar los desencadenantes y daños colaterales en las redes sociales de algunas celebridades de Hollywoodland y sus devaneos con el bisturí —véase, los nuevos looks de Renée Zellweger, Demie Moore y la recién sacada del microondas Uma Thurman— hablar de cirugía plástica es volver al año 2003. El tiempo de la superpoderosa HBO, y las nuevas televisones del cable, que ebullían material fresco en esa lucha por la audiencia. FX se lanzaba con una historia de cirujanos plásticos rompedora en todos sus aspectos. Reitero, pasa el tiempo, y la historia se hace mayúscula. En una sola pregunta se condensa todo este collage de frivolidad carnavalesca de vanidades, debilidades, traiciones, crímenes, drogas y cultura del Kleenex: usar y tirar. ¿Qué es lo que no le gusta de su cuerpo? Así comenzaba el show de su creador, Ryan Murphy, uno de los niños de oro de la TV Made in Usa. Nip / Tuck es la creación satírica de Ryan Murphy, con una estética muy cuidada y un objetivo muy claro: llegar un poco más allá de los límites de la permisividad televisiva, en especial con los temas sexuales, la hizo ser en sus primeros años una serie muy alabada por la crítica y el público. Mucha gente le sonará el nombre de este nuevo “genio” de las nuevas pantallas hercianas led´s, en parte a sus recientes éxitos, como Glee y la adorada American Horror Story. Sin embargo, todo ese humus se fragua en el proceso de maceración de Nip/Tuck. Un producto muy bien hecho, diseñado y muy bien cosido, dentro de un discurso políticamente incorrecto en todos sus aspectos. Nip/Tuck es una amalgama de referencias recalcitrantes a la cultura pop, el sexo en todas sus variantes (ya fueran relaciones o actos físicos). El estilo y la forma de un lenguaje que llegaba desde las cortinillas de presentación y su tema original de Engine Room con “A perfect lie”.

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Hasta el gran acervo de cinismo, en las cuestiones de tipo moral y el horror que inunda a los humanos. Hay que reconocer que Murphy puede pecar de ser un tipo, que puede irse de “varetas”—en más de una ocasión— en todo ese discurso metalingüístico, cuasi anfetamínico. Pero es obvio, que sabe lo que quiere y hacia donde va. Sus habilidades a la hora de definir  personajes de los pelajes más increíbles de este nuevo siglo tecnológico, decadente y frágil son obvias. La complejidad de esas relaciones y sus capacidad para hacerlos impredecibles son factura del loco del eufemismo, como gozan definirlo algunos de sus amigos del gremio. La sinopsis del producto sería ésta: La vida de dos cirujanos plásticos con sede en Miami, y posteriormente, las dos últimas temporadas se trasladarán a Los Ángeles. Amigos desde los tiempos universitarios y muy diferentes; siempre han compartito casi todo en sus vidas. Saben muy bien que cosas le gustan el uno del otro. En esa dicotomía y contraposición nos encontramos con el profesional responsable; Sean McNamara (Dylan Walsh),  casado y con hijos. Y en la otra orilla del quirófano, Christian Troy (Julian McMahon). Un playboy, adicto a las mujeres, los coches deportivos, el alcohol, las drogas y las orgías sexuales. A pesar de los perfiles de ambos; es tal el grado de amistad, que sería imposible la vida sin uno de ellos. Es más, se palpa en diversos momentos una cierta TSR (tensión sexual no resuelta). Algo que nos confunde, pues podría partir de Troy. Empero, la sutileza de las situaciones nos llega a desorientar. Bien, alrededor de ellos tenemos una extraordinaria galería de personajes que pululan por los capítulos como en gran parque temático. Una de ellas —importantísima— para ambos, es Julia McNamara (Joely Richardson) la esposa de Sean, la cual, siente una fuerte atracción, hacia Christian  —correspondida—, por éste.  Todo ello va a crear un triángulo, en el que no sólo estarán ellos y Julia, pues el hijo mayor de los McNamara; Matt (John Hensley) será el nuevo ángulo de la discordia y principal afectado. Un personaje muy complejo y atormentado. Posiblemente, el mayor hándicap resida, en el joven actor JH, que presenta unas limitaciones algo frustrantes. A pesar de ello, el resto del reparto tiene la suficiente solvencia para que el ritmo del producto no decrezca ni un sólo instante.

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Otro gran aliciente es el paso por la serie de la modelo (Kelly Carlson), protagonizando el personaje de Kimber, que terminará convirtiéndose en la Barbie experimento de Christian Troy. El canal, además, de contar con el talento fresco de Ryan Murphy  estaba asistido de dos excelentes productores ejecutivos: Greer Shephard y Michael M. Robin. Tanto el staff de escritores de guion como los directores de los capítulos eran en su  mayoría, veteranos de las series de televisión de calidad (Guy Ferland, Jerry Podeswa o Tin Hunter). Durante los siguientes tres episodios, de la primera temporada, fueron un éxito de crítica y audiencia, algo que desencadenó en la renovación automática de una segunda temporada. No podemos olvidarnos del personaje número 3 en el equipo de la clínica: la anestesista, Valerie Cruz, interpretado por la gran actriz (Roma Maffia). Así como la aparición de la siempre insinuante, atractiva y tentadora actriz holandesa; Famke Janssen en el papel de (Ava Moore), que a lo largo del devenir de los capítulos nos dará más de una sorpresa. Otro argumento de peso para ver Nip/Tuck es descubir en acción a un principiante Bradley Cooper (eran los tiempos de sus primeros papeles en TV, desde su debut en 1999) representando un rol digno de lo que más tarde veríamos en su trampolín a la gloria cinematográfica: “Resacón en las Vegas” (2009). Divertidísimo y descontrolado, al lado del Dr. Sean McNamara. Un gran elenco de excelentes actores consagrados irían pasando y convirtiéndose en protagonistas de algunas entregas. Otros se dejaron ver por el mero cameo o su insitencia a salir en el show. A medida que la serie avance se podrán ir descubriendo a la gran Vanessa Redgrave, haciendo de madre de Julia McNamara (Joely Richardson), madre real de la misma y aquí en la ficción. Al igual que una madura exhuberante Brooke Shields o una de las últimas apariciones de malvado JR, el enorme  Larry Hagman, el pequeño Peter Dinklage (Tyrion Lannister) , o un Oliver Platt (que fue nominado a un globo de oro),  Alec Baldwin o la mismísima Jacqueline Bisset. Nip/Tuck contaba con una BSO excepcional, esencialmente, compuesta por música disco y algunos clásicos memorables. Y fue nominada al Globo de Oro en varias ocasiones como mejor serie de drama. En cambio, sólo ganaba todos los Emmys en el apartado de mejor maquillaje y efectos especiales. Cosas de la competencia y los territorios de Vanityland.

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Mucha electrónica ochentera y sonido pista, Dj Made in Ibiza. El mejor epitafio para este extraordinario show: es que murió de éxito como la estrella de la radio. A veces, el triunfo y demasiado laurel diario puede darte un retorcijón de estómago letal. Y ese fue el veneno de Nip/Tuck, la mismísima originalidad, insolencia, y frescura que la hicieron una serie tan entretenida como los Soprano, acabarán con su estrella. A diferencia de la obra maestra de David Chase, es que tenía muy claro el final y Chase es punto y aparte, por mucha irreverencia del astuto Murphy. Una serie que fue directa a la cabeza del esternón de la gallina de los huevos de oro; la estética y el culto al cuerpo. De la banalidad y la bajeza moral del individuo a la superficialidad de unos capítulos finales que habían desafiado a los nuevos GPS de última generación. Seis temporadas de 2003 a 2010 y, a modo de capricho votivo, finalizada en el capítulo 100, de un modo forzadísimo.  Me quedo con esa dicotomía entre Epicuro de Samos y Hume; dejándome un sonrisa en la boca y un movimiento de pie al son de la música de fondo. No soy un hipócrita. Sí una persona con muchas limitaciones, que siempre ha sido bien parecido, lo cual, puede abrirte muchas puertas o cerrártelas—ex profeso— por suerte o por desgracia. La gente le gusta mirar lo bello y huir de la fealdad. Es extraño pero demasiado obvio. Lo dicho, si quieren pasar un buen rato y tener una buena tertulia sobre el tema. Aquí no hay títere que no sea descabezado, y, un laborioso estudio de la virtud y la miseria del ser humano. Nota: 7,9

After 20 years Murder One (1995)

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Aquel otoño de 1995 fue un año interesante en el mundo de la producción audiovisual. Ese año marcó un antes y un después en el devenir de la ficción norteamericana. Me explico, la mitad de los noventa presagiaba una fuerte irrupción del inminente S. XXI y la tercera edad de oro de este medio. Lynch había cambiado las reglas y Bochco recogió el testigo de la búsqueda por nuevos senderos. Además de ser una gran añada para el diseñador Armani —menudo vestuario se marcaba Murder One—, también seguirá siendo recordado por todos aquellos paladares exquisitos a este adictivo medio. La aparición de  Murder One fue un nuevo oasis del canal ABC. A pesar de sus 20 años, sigue manteniendo la brillantez, frescura y el carácter innovador, que el alquimista Steven Bochco acababa de perfilar, modelando la parte más incompleta del legado de Twin Peaks: las reglas de la televisión americana, se transformaron en nuevos guiones más realistas e introspectivos. Eso sí, a un alto precio. Pues ABC, en un primer enfrentamiento con su creador acabó castrando parte de su material y luego, le hizo el mayor daño que pueda sufrir un genio; la cancelación de su obra. A día de hoy estamos delante de una las primeras obras de arte postmodernas de la televisión más cercana al mundo de The Killing o la curiosa The Good Wife con todos los ingredientes del clasicismo sazonados con el magisterio de la vieja escuela. Es imposible analizar las casi 20 horas de visionado y comprobar que no están fuera de lugar, todo lo contrario reafirman la validez de su esencia.

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23 capítulos de una primera temporada extraordinaria. Un retrato complejo, ambiguo, de tempo lento pero lleno de artimañas. Finalmente —tras un pulcrísimo pulido al gusto de los directivos de ABC— se convirtieron en dos entregas reserva vintage. La primera remesa de 23 episodios y la segunda de 18, que no vamos a entrar en ella. Más adelante, haremos unas pequeñas aclaraciones. Obviamente, en un mundo donde la justicia no tiene dueño, lo legal no sabe dónde reside y sólo nos queda la certeza moral de que el resto del sistema está dándote la espalda. En esos vericuetos de sistema judicial norteamericano; cabalgan los personajes de Murder One. Unos individuos que se desarrollan y cambian con  una facilidad asombrosa al compás de la vida real. Donde la moral se examina a sí misma, en torno a cuestiones sin moralejas soporíferas y la esencia de la justica legal de un gran país donde la verdad suele sopesarse en la balanza y la espada de lo cínicamente correcto. Steven Bochco es un viejo rockero con más kilómetros que el viejo Renault 11 de mi difunto abuelo —el hombre que nos habló de las angustias de los policías en  Hill Street Blues,— y las soledades de David Caruso y Jimmy Smits de NYPD Blue, y  los abogados más cool en La ley de Los Angeles.

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Mucha gente le sonará raro el nombre de Murder One, pero cuando vean el clip final del post; estoy seguro que de repente alguien se acordará de Jesús Gil y un jovial Berlusconi en la Telecinco de una sempiterna Ana Rosa Quintana. Al lado de otros dos jóvenes guionistas de gran solvencia: Charles E. Eglee (Dark Angel, Dexter, The Shield) y Channing Gibson (St Elsewhere) pusieron toda la carne en el asador en crear el postkarma de Laura Palmer. Nunca fue el gran éxito que se preveía. Sin embargo, el canal de TV hizo un despliegue promocional tan contundente de su premier en Septiembre del 95: el acontecimiento catódico del año. Murder One tuvo una audiencia record y el beneplácito de la crítica televisiva norteamericana de por entonces, volcada con la nueva propuesta del mago de la ABC, Steven Bochco. Anteriormente, habíamos hablado del concepto castración del creador y eso terminó de la siguiente manera. SB, tuvo una trifulca de mil demonios con los grandes directivos de ABC, a la vez que actor protagonista Daniel Benzali estalló contra Bochco —nunca hubo buen feeling entre ellos— que acorralado por los acontecimientos tuvo que prescindir del personaje de Benzali, en detrimento del talento del joven australiano Anthony LaPaglia (marcado de por vida en su papel de agente del FBI en Sin Rastro), que en ésta y última segunda parte se fraccionó en dos nuevos casos, quitando de en medio la trama principal.

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Tan sólo era una maniobra rápida para despertar el entusiasmo inicial de espectador medio, que se perdió con un argumento demasiado enrevesado y vanguardista, para la ABC de aquellos años. Empero, todos aquellos buenos paladares del invento catódico permanecimos enganchados a las hábiles pericias del inconmensurable guion y la maestría de crear las hábiles incógnitas, preguntas sin respuesta o donde la sospecha del principal acusado del crimen se hallaban en diferentes rincones del propio set de rodaje. A todo ello, sumémosle el enorme talento del trio de ases que se confinaron los protagonistas absolutos del show: esos momentos interpretativos memorables: en los papeles del abogado defensor Ted Hoffman (Daniel Benzali, actor de origen brasileño, puro beluga), Richard Cross (un ambiguo y adictivo Stanley Tucci), y por último, el principal acusado del asesinato y violación de Jessica Costello (Bobbie Phillips, convertida en un icono sexual de la época), Neil Avedon (Jason Gedrick tuvo muy poco fortuna, a pesar del buen oficio que demostró parece que el papel de serial killer lo está resucitando en productos como Dexter o Bosch). A lo largo de los 23 episodios de la primera temporada, la auténtica, se va desarrollando todo el proceso judicial desde el descubrimiento del cadáver de Jessica Costello que se hallaba desnuda, estrangulada y atada a su cama. Inmediatamente, se acusa al empresario millonario Richard Cross (Tucci), el  cual, fue la última persona en ser identificado en la escena del crimen. Él, insiste en su inocencia y trae en su abogado, Ted Hoffman (Benzali) para representarlo.

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Una coartada conveniente pronto emerge y Cross se libera, pero su implicación en el caso de Hoffman no ha terminado. Pronto, el detective Arthur Polson (Baker) atrapa al actor ídolo de adolescentes Neil Avedon  y Hoffman es llamado para llevar su defensa. El caso resulta enormemente complejo, pues se entremezclan las adicciones al alcohol y las drogas del presunto acusado. Así como su reconocida relación sexual con una joven menor de edad y la presencia en el lugar del asesinato. El estado, representado por la fiscal Miriam Grasso (Barbara Bosson, esposa del mismo Bochco) muy conocida en series y filmes por la interpretación de eterna mujer de la ley, ya sea dictando o defendiendo a los implicados. Aquí está convencidísima  que las pruebas son muy obvias y que hay que cerrar lo más rápido posible el caso. Sin embargo, Hoffman no está satisfecho y la constante interferencia de Richard Cross le hace sospechar que hay mucho más que desenmarañar a simple vista. Hoffman es un tipo serio, con cara de pocos amigos y hombre de voz suave mezclada con miel caliente susurrante, que cuando estalla los alrededores tiemblan y la platea se queda hipnotizada. Su sarcasmo es temible y con frecuencia hilarante, pero su furia es capaz derribar a los muros del mismísimo cielo. Este problema se hizo evidente al ver la monstruosa audiencia del episodio piloto y ver como cada semana se iba desangrando, no tanto por una caída de calidad de la serie, sino por el enorme esfuerzo de fidelidad que pedía a sus seguidores, tanto para no perderse ningún capítulo como para entender las complejidades de la densa trama que se nos presentaba.

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A su lado tenía su guardia pretoriana de abogados ayudantes, formada por los actores: Grace Phillips, Mary McCormack, Michael Hayden y J.C.McKenzie. Cada uno sufrió diferentes suertes. Al igual que el inefable  David Blalock, como Sr. Lobo de Ted Hoffman, en unos pocos episodios nos deleitó con su buena hacer. Veterano de grandes producciones cinematográficas en sus papeles de reparto, así como en la actual ficción televisiva. No podemos pasar por alto, otra actriz que era el complemento de TH; su esposa que es interpretada por la espléndida, Patricia Clarkson. A medida, que los capítulos vayan evolucionando, la relación conyugal se irá deteriorando. Irónicamente, uno de los mayores defectos del producto son las escenas familiares que le hacen parecer el Shred simpático de Disney —su fisonomía, no ofrece dudas con el cariñoso personaje— degeneraba en un excesivo baño jabonoso Nenuco, poco creíble, al lado de su hija; una pelirroja encantadora. Sin embargo, por encima de extraños aspectos físicos, Benzali es carisma, bajo cualquier óptica. Posiblemente, uno de los personajes más auténticos en el extraño y fascinante mundo de lo mejor de la TV; el mítico abogado rebeldemente humano de Murder One, Ted Hoffman. Nota: 8,6

After 10 years, Sleeper Cell (2005-2015)

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Vivimos unos tiempos donde la tecnología sabe más por diablo que por vieja, y es que el castizo refranero español, en sus diferentes versiones y particulares geografías: es uno de los idiomas de mayor plenitud verbal y con mayor cuantía de adjetivos. Si la prosa es adjetivar; es obvio que por estos lares nos esmeramos en utilizarlos de forma precisa y delicada. A veces, acertamos y en otras ocasiones, no. Hablar de Sleeper Cell (2005), puede que sea un poco atrevido e insolente dadas las circunstancias y los acontecimientos acaecidos—nuevamente— sobre nuestro rico, multicultural y generoso occidente del bienestar. Mucho más sorprendente es que esta obra de imaginería del terrorismo y fanatismo religioso haya cumplido 10 años. No es la primera vez, que he recomendado esta miniserie; obra de culto que en sus 18 episodios nos adentra en los vericuetos de la angustia, la sinrazón y el caos. La fagocitación del individuo en el mundo de la series por todo el planeta es evidente. De toda la cosecha que se presenta anualmente el 90% de las producciones son Made in Usa, y casualmente, las más consumidas por todos los espectadores del mundo. Es curioso, pero las estadísticas no pecan de ambigüedad  pertenecen al mundo de lo exacto. La verdad puede doler, no obstante eso es lo que hay. En ese contexto, encontramos series como la aclamada Homeland (2011) — un filón lleno de histeria, tramposo y facilón—  que gozó, y goza del aplauso de una inmensa mayoría de la audiencia  y la crítica de puntilla en blanco. Incluso, Obama la jaleó.

 

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Sin embargo, si hemos podido disfrutar de Homeland (no es mi caso, evidentemente) o la exquisita The honourable Woman (2014), no hace mucho comentada y recomendada por nuestra redacción.  Es gracias, a que en el año 2005, los pocos adictos a esto de la tramoya digital accedimos a este delicioso e impecable beluga en todos sus aspectos. Así mismo, la cineasta Kathryne Bigelow, nos deleitó con otra obra maestra Zero Dark Thirty (2012) deudora de esta maravillosa joya audiovisual del canal Showtime. Empero, cuando el gran bucle de las series era cosa de HBO y paremos de contar; nuevos embriones se pusieron en marcha, caso del polémico canal FOX —acusado de tener una editorial republicana y belicista— en su versión de cable, FX. Creó, una de las mejores series, en torno a toda esta locura del post11S y los daños colaterales. Disparó con posta del 18 y acertó de lleno con la extraordinaria 24 (2001), un fenómeno mediático desde su puesta en escena, pasando por la escritura de los capítulos y el desarrollo de la misma, sustentado en la figura de su protagonista: el agente de la Unidad antiterrorista, Jack Bauer. Esta hipertaquicárdica y original historia del patriótico y original Jack Bauer, interpretado por un impecable Kiefer Sutherland. Recibió odas del mismísimo Mario Vargas Llosa y miles de críticas de otros intelectuales y críticos de diversos pelajes. La serie 24, dirigida en sus dos primeras temporadas por Stephen Hopkins se labró su prestigio como serie de culto. Pero lo que me lleva a hablar de Slepper Cell (2005), es su idiosincrasia; el plus del activo sobre un globo terráqueo de la invisibilidad, y, eso es este producto; un pequeño escuadrón de lobos solitarios reclutados con una asepsia digna de enmarcar.

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El terror camuflado en ese apocalipsis llamado fanatismo. Del que día sí, día no nos encontramos con alguna tragedia en los informativos de todo el mundo. Una locura, un viaje a las tinieblas donde individuos de apariencia campechana e inocente lo refrendan y es alentado mediante un minucioso trabajo de captación entre jóvenes por todo el planeta, independientemente, de su estatus social o posibles creencias. ¿Les suena? Desgraciadamente, sí. Estoy convencido. En Sleeper Cell todo lo dicho en estas líneas se pone de relieve. Desde las transferencias millonarias de grandes fortunas de Oriente Medio al servicio de la causa, hasta los dobles agentes, los mensajes en lenguaje encriptado en la seductora webesfera y los subterfugios por donde el mal sigue a la suya. Es la guerra total, donde las víctimas se cuentan por millares. 11S, 11M, 7J y 7E, a ello habría que sumarle la operación de exterminio llevada a cabo con las etnias cristianas en Irak, Siria o Egipto y etc. Volviendo a nuestra serie, estamos delante de un guión fascinante que pasó, como el que no quiere con más pena que gloria. Aquellos pretéritos años (de 1999 a 2006), donde Los Sopranos eran dueños de las audiencias del cable y lo de hacerse un hueco, entre tanto nivel era empresa de alto calibre. Sleeper Cell se ha ganado el título de pieza de museo y joya con derecho a pulpito propio. Creada por Ethan Reiff, Cyrus VorisEl monje (2003) o Robin Hood (2010)— junto al  productor  y director Clark Johnson Brimstone (1998) y The Wire (2002), The Shield (2002) o la mencionada Homeland. Así como directores de prestigio, dentro de la ficción Made in Usa como Nick Gomez, Guy Ferland o el genial Charles S. Dutton (actor, guionista, productor y etc.)

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Luego, una manera de acceder a esta maravilla es a través de su edición en DVD o de un modo, más prosaico, vía meollo Walternativo de la descarga rápida y a la hora que mejor le convenga al personal. Sleeper Cell se divide en dos partes: la primera entrega compuesta por 10 capítulos y la segunda de 8 con un nuevo título; Sleeper Cell American terror, donde el melodrama y thriller convergen hasta llegar a un punto entrópico: el ultrarealismo en su mayor definición. El argumento de Sleeper Cell se centra en la figura de Darwyn Al-Sayeed (Michael Ealy), un joven agente  del FBI afroamericano, que profesa la religión musulmana, además de ser un ferviente devoto del significado del concepto Islam como su religión. Es requerido por unidad antiterrorista del cuerpo federal y propuesto para infiltrarse en una célula terrorista durmiente que está planeando un gran ataque en un lugar emblemático de Los Angeles. La célula está dirigida por un extremista árabe llamado Faris Al-Farik (interpretado por el magnífico actor israelita, Oded Fehr conocido por sus papeles de reparto de la versión digital en la Momia I y II, así como Residen Evil 3 y 5)  que se disfraza como un prestigioso hombre de negocios de origen judío. Los miembros de la célula provienen de una variedad de orígenes raciales y personalidades conflictivas. Desde un  skinhead decepcionado de sus antiguos amigos; Cristian Aumont (Alex Nesic) o un norteamericano rubio: Tommy (Blake Shields), un tipo retorcido que trabaja en una bolera, cuyos padres son profesores en Berkeley. Muy curioso resulta, otro de sus integrantes, el bosnio profesor de matemáticas y química, Ilija (Heri Lubatti), que le gusta escuchar viejos discos de Hip-Hop. Hablando de música, no podemos dejar pasar por alto su magnífica BSO, creada por el gran Paul Haslinger, sonidos étnicos orientales y electrónica muy trip hop.

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Los cuatro están a las órdenes de Farik (Oded Fehr) para matar a estadounidenses y atentar contra intereses norteamericanos. En medio de toda esta red de intereses y recelos, se encuentra Darwyn tratando de convencer de su llamada yihadista a sus “hermanos”, prometiendo fidelidad a la causa y cohesionando al grupo, mantiene una relación con una madre soltera y entrometida Gyale Bipshop (Melissa Sagemiller). Sleeper Cell trata de desafiarnos con el engaño de las apariencias de los chicos malos. En los primeros 10 episodios, son una visión más introspectiva de los personajes desde una óptica más humana y cercana, así como los entresijos de la financiación de estos grupos terroristas, y las alegorías constantes al  verdadero significado del Corán. La serie también retrata la hipocresía y la dicotomía de los miembros de la célula que dicen ser musulmanes, sin tener un comportamiento que es pecado en el Islam (por ejemplo, el sexo fuera del matrimonio) y sin embargo profesan un deseo de ser martirizado por el islam estadounidense. Darwyn pasa informes continuos a su supervisor jefe del FBI, Ray Fuller (James Le Gros). Un tipo muy cercano a Darwyn y que vela por la seguridad del mismo, a costa del pasotismo de la burocracia de Washington, poniendo en peligro su propia vida. En la segunda temporada, Darwyn se infiltra en una nueva célula que se ha formado para vengar la derrota de la célula original. Cuando su segundo supervisor, Patrice Serxner, es asesinado en Sudán, Darwyn debe tratar de trabajar con otro nuevo jefe; el agente especial Russell. Mientras tanto, su novia Gayle se dibuja más profundamente en la intriga cuando a medida, que transcurren los episodios se verá atrapada en un triángulo peliagudo que componen Russell, Darwyn y un miembro de la célula. Desde muchos prismas se ve el desarrollo del producto. Una de las premisas que se observan en ella, es el respeto y el esfuerzo de comprensión hacia la religión la religión musulmana (la convivencia de una sociedad etnicocultural, de libertad de culto y personajes que te dejan del revés), cosa que en 24 o Homeland se observan pequeños geisers islamofóbicos, donde el tránsito hacia la Yihad es una locura y el intento de justificación de la salvación y redención de la causa mártir.

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El minucioso trabajo de los guionistas, introduciendo elementos alejados de los estereotipos en la mezcla de individuos que forman la célula. Incluyendo una mujer blanca europea, un hombre Latinoamericano y, por primera vez en la TV la aparición de un hombre musulmán gay: el ingeniero químico Salim (Omid Abtahi), en un papel inolvidable. Darwyn de la noche a la mañana se convierte en un tipo respetado dentro de la comunidad musulmana y una cabeza visible de alta jerarquía dentro de la nueva célula. No del todo seguro de su misión Darwyn es destronado del poder antes de que pueda aprender lo suficiente sobre la nueva amenaza a gran escala dentro de las células terroristas. Al enterarse de la nueva misión Darwyn entra en acción y contribuye a impedir que el nuevo ataque terrorista en Los Ángeles. Pero para salvar la ciudad Darwyn finalmente pierde a alguien cercano a él, que lo envía a una misión personal suicida para matar a Faris al-Farik (su verdadero nombre Saad bin Safwan). Incluso con el trasfondo de situaciones tristemente reales, que ya son parte de nuestra historia universal más reciente, no es fácil hacer el yihadista ni uno de los papeles más apetecibles en estos momentos para un actor de renombre. Sí que hay que reconocer los innumerables puntos de vista que se acometen en el show y son parte del día a día del mundo islámico radical crónico. Se habló en su momento de un posible spin-off, o volver a retomar el hilo conductor donde finalizó el segundo capítulo. La cuestión es que Showtime se volcó con su apuesta de Homeland y no sabemos si en próximos años veremos un producto de un detallismo tan delicado, cuidado en el tratamiento de los personajes y un realismo tan voraz sobre las consecuencias de la locura y el fanatismo integrista. Nota: 8,7

50 Anniversary of Bewitched

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Mientras caían los primeros copos de nieve en la ciudad, nuestras madres hacían acopio de provisiones ante la inminente llegada de la Navidad. La cocina, el pasillo, la salita de las sillas altas de cerezo y el comedor con su enorme sofá de escay relucían como una patena. El olor a café entremezclado por los detestables efluvios del cloro lejía Conejo, generaba un ambiente inquietante. En más de una ocasión, no dejábamos de preguntarnos por qué demonios, nuestra madre no tenía a alguien que le ayudará por arte de magia en tan sufridas labores domésticas. Empero, la caja catódica anunciaba el alunizaje de un personaje que muy pronto se convertiría en imprescindible durante aquellos años: la mágica Samantha y su respingona nariz, la cual, ejercía  un movimiento psicodélico de un lado a otro y “bye, bye  problems”. Parece que fue ayer pero toda esa generación de pequeños inquietos y absorbentes niños televisivos sabe que Embrujada ya tiene 50 años. Al igual que más de uno de sus seguidores, y el resto de una década posterior que se puso las botas de Nocilla las divertidas tardes con la brujita Samantha. La cadena ABC iba tras una sitcom familiar con un toque fresco de color NTSC y un relativo aroma de ingenuidad. Ese era el concepto. No obstante, las dudas se mantenían. Finalmente, William Asher, esposo de Elizabeth Montgomery (nuestra protagonista, Samantha) y director de la serie se convencieron del producto. Una vez revisado el guion, donde la vieja guerra de sexos terminó funcionando, a ritmo de “abracadabra pata de cabra”. Gracias al ingenio  de  Sol Saks, en  1964. Embrujada era una realidad: la serie fue un pelotazo, en toda regla.

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Lo que —inicialmente— sería una comedia más de situación, terminó convirtiéndose en un fenómeno de masas: audiencias millonarias y emisiones en multitud de países. Embrujada está considerada por la prestigiosa revista TVguide como una de las 100 mejores, colocándola en el puesto número 50. Hay que resaltar la cantidad de nominaciones durante sus 8 temporadas a los Emmys y Globos de Oro de la TV. Un historial que apabulla. Y es que las peripecias del matrimonio Stephens, en su coqueta urbanización de las afueras de Nueva York tenían gancho. Gracias a las especiales habilidades de su protagonista, Samantha (Elizabeth Montgomery, Reflections of Evil, The Panama Deception). Su madre, Endora —Agnes Moorehead— conocida por sus interpretaciones en Ciudadano Kane o La verdadera historia Jesse James. Y su esposo, Darrin Stephens (Dick York, Cowboy, la herencia del viento y Mi hermana Elena) Desde los primeros capítulos, se fue dando entrada a otros personajes, que se convertirían en coprotagonistas: Larry Tate, el jefe de Darrin (David White), los Kravitz, que eran los vecinos de enfrente (George Tobias y Alice Pearce), la atolondrada tía Clara (Marion Lorne) y otros más. Darrin es un ejecutivo de una prestigiosa empresa de publicidad —más incauto que el archiconocido Don Draper—su vida es pulcra y ordenada. Acaba de casarse con la encantadora Samantha. Sin embargo, durante su luna de miel descubre que su esposa es una bruja. Le hace perjurar a su consorte que tendrá un comportamiento de mortal, pero ésta se salta la regla, inconscientemente o por un motivo noble.

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El enfrentamiento a tres bandas; esposa, suegra y trabajo, nos obsequiaba con  un atracón de alquimia adictiva. Los ingredientes básicos en todo buen producto de ficción: divertimento, familiaridad y finales felices. Todo ello, en capítulos de 30 minutos. Dick York, en 1969 por graves problemas de salud fue sustituido por Dick Sargent, algo que no supuso ningún trauma. A pesar de esto, el público siguió identificando a Darrin con York, al que su faceta humorística le convirtió en un tótem  de la diversión. Embrujada, puede que denote un mensaje bonachón algo obsoleto. No obstante, recordar ese almíbar en estas fechas tan entrañables para los más pequeños no viene mal. A veces, lo lenitivo nunca está de sobra. En la década de los 80, Alaska y su mítica La bola de cristal solía intercalarla entre el resto de espacios que se veían por aquel show. También, se repuso en los principios de A3TV, por alguna TV local y canales temáticos. Otro de los grandes aciertos de esta serie era su cortinilla de entrada en pantalla, creada por Hanna-Barbera. Así, como el score compuesto por el dueto, Howard Greenfield y Jack Keller, junto al peculiar movimiento de nariz, hoy en día convertidos en un iconos “retro” del merchandising Made in USA. En 2005, Nicole Kidman protagonizó el remake para la gran pantalla. Un film que recogía el universo de la serie junto al cómico Will Ferrer bajo la dirección de la desaparecida Nora Ephron. El resultado, a pesar del esfuerzo de Miss Kidman fue un producto muy flojo y crédulo de taquilla discreta tirando a baja. El film estuvo nominado en los premios Razzies. Luego, no dejen pasar otros 50 años más y aprovéchense de las nuevas tecnologías para disfrutar en la mejor compañía durante estas inminentes navidades de una serie amable, divertida y muy hecha. Todos los capítulos de las  primeras 4 temporadas se puede adquirir en Amazon V.O. Ah! Siempre queda la gran  opción de las búsquedas por la webesfera. Lo dicho, aprovechen este aniversario y tómense un buen descanso en familia. Nota: 6,3

Artículo publicado en la revista Culturamas en 2013

40 years after the Police Woman

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El aprecio de la televisión como medio artístico puede que haya alcanzado nuevos vértices, de telespectador como corriente principal de entretenimiento, gracias a la nueva ficción del cable. Sin embargo, la aceptación de ese estándar principal, sigue en fase de reinvestigación. En el fondo, la protohistoria de la escritura catódica, la hizo Twain y Dickens. Aunque, sean muchos los que sabemos —de mi admirado— David Chase fue el alma mater de los Soprano; pero no el inventor de la dramaturgia episódica. Al igual, que los mesopotámicos ya dominaban el arte de la escritura. Posiblemente, las incertidumbles siguan sembrándose, en torno al modus operandi de su utilidad, sumergidas en un mar de dudas, donde todo es plausible. Desde aterrizar del brazo de Conan Doyle al lado de Colombo, o llamar a  la insigne Patricia Highsmith reivindicando la cuota de paridad, para irse de cañas con la mujer policía. Y es que, allá, por  la década de los cincuenta apareció una chica de Dakota del Norte, llamada Angeline Brown. Un día su familia hizo las maletas y marcharon a la soleada California. Su deslumbrante belleza junto al gran talento que poseía: terminó por crear a la actriz Angie Dickinson. Si bien, dispuso de los mejores comodines, en la partida de cartas cinematográficas;  no jugó bien sus bazas. Llegó a ser partenaire de Frank Sinatra, Dean Martin, Ronald Reegan (el ex presidente) Robert Redford, Marlon  Brando o Richard Burton. El mismísimo Howard Hawks dijo de ella; que sus piernas fueron las mejores de la historia de Hollywood durante el rodaje del western  Río Bravo. Amén, de tener una voz muy sensual, que sirvió para ponerle el inglés Made in Hollywood, que tanto se le atragantaba a nuestra india, Sara Montiel en Yuma. Pues la manchega se enredaba con la lengua de Shakespeare, por no decir que no le entraba, ni con el calzador del inefable Anthony Mann. Por fin llegaron los divertidos 70, y en el año 1974. AD realizó un papel en  la serie  Police story,  que dejó un grandísimo sabor de boca a los a los directivos de la NBC y decidieron crear una serie para ella solita.

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Lincoln C. Hilburn escribió el guion original a instancias de Robert E. Collins —su creador—, y tuvo tal existo que a día de hoy, es el alma mater del boom de series de acción y policiacas femeninas, de aquella década: Los Ángeles de Charlie, La mujer biónica o la mujer maravillosa. La verdad, que fue algo memorable asistir al aluvión de peticiones de mujeres  dispuestas a  trabajar, en los cuerpos de  policía de EE.UU. Los periodistas aseguraban estar realmente sorprendidos por la cantidad de mujeres policías que, al preguntarles cómo habían elegido ese oficio, respondían: “la verdad que desde que vi la serie de Angie Dickinson no me lo pensé dos veces”. Desde el estreno de Hospital Central no se veía una reacción del público de idénticas proporciones. Pero, en aquella ocasión, a las puertas de las facultades de medicina. La sargento Suzanne ‘Pepper’ Anderson levantaba un morbo inexplicable en todos nosotros. Quizá era también un precedente del boom que inició aquella historia del desaparecido Mike Nichols y El Graduado (1967). Daba el  perfil de lo que hoy en día conocemos como MILF –tenía casi 44 años– pero cuantas y cuantos de nosotros quisiéramos haber tenido su extraordinario y sensual físico. Generaciones de cincuentones padres —actuales— tenían en sus habitaciones de adolescente un poster de la carnal Angie Dickinson y su pistola. Nuestra querida sargento Anderson trabajaba de incognito en la brigada antivicio, y muy a menudo tenía que salir disfrazada de azafata, enfermera, prostituta o groupi de Monterrey —que solía flirtear con gangsters, dealers, canallas y demás fauna de la selva californiana—  para resolver casos de asesinatos, violaciones, robos o tráfico de drogas. Así solían iniciarse los episodios. Es más, no había capitulo en la que la sargento Anderson no acabará  molida a palos. Pepper Anderson estaba divorciada y tenía una hermana autista; Cheryl (Nicole Kallis) —hija del productor de la serie— papel que pasó con más pena que gloria. Lo poco que se dejaba ver y la falta de tirón, duró lo que un espejismo en el Sahara.Tan sólo dos episodios en la primera temporada y desaparecida para el resto.

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Pepper, con su pelo ligeramente semipeinado y su mirada penetrante dejaba al personal patidifuso delante del televisor. Disimulada entre un halo de Serpico y otro detective televisivo, sui generis, Baretta, que compitió con ella. Hay un personaje que definiríamos como sexy, cool y amante de la libertad. En el fondo la sargento Anderson era una mujer con un aura feminista desenfadada: dura y angelical. Todo el mundo estaba enamorado de aquella criatura. El sargento Crowley —inmediato superior—, que destilaban una química salvaje. Algo que los guionistas se dieron cuenta desde el principio y decidieron hacer hincapié en esa subtrama. Era tan bueno el rollo entre ellos; Earl Holliman y Angie Dickinson, que la subtrama secundaría pasó a una primera línea del guion. El resto de personajes lo componían: Ed Bernard como el detective Charles Dierkop y Joe Styles, el agente Pete Royster. En la mayoría de las ocasiones estaban al quite de las operaciones de camuflaje Made in Anderson y actuaban como auténticos ángeles guardianes para sacarla de más de un enredo. La serie introdujo temáticas, casi tabú, en un tiempo complejo e inundado por un machismo a calicanto. Recordamos la gran polémica que suscitó el  episodio número ocho, titulado “Las flores del diablo”, donde se narraba la historia de un trío de lesbianas asesinas de ancianos. Los homosexuales estadounidenses montaron en cólera y organizaron manifestaciones delante del edificio de la NBC para protestar por ello. Y es que el serial —solapadamente— pretendió incorporar a las tramas de los guiones; aires aperturistas y toques levemente feministas. Sin embargo, todo este alboroto se frenó en seco, cuando  el presidente Gerald Ford alteró la hora de convocatoria de una rueda de prensa porque coincidía con la emisión de La mujer policía, su serie favorita en palabras del republicano.

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Su éxito fue grandioso, y una década después, el Departamento de Policía de Los Ángeles premió a Dickinson con un Doctorado honorario por aquello. Otro de los recursos de la serie fueron los casting, por donde desfilaron un gran número de rostros conocidos y muchos de ellos convertidos en estrellas del cine y nuevas caras que transitarían por los ochenta; Adam West, Larry Hagman, Danny DeVito, Don Stroud, Ida Lupino, Joan Collins, Robert Englund, Debra Winger, Antonio Fargas, Bob Crane, Erik Estrada, Edward James Olmos, Cheryl Ladd, William Shatner, Morgan Fairchild o el mismísimo Rossano Brazzi. La mujer policía ganó infinidad de premios y nominaciones. Angie Dickinson se alzó con el Globo de Oro y fue tres veces candidata a los premios Emmy. En España se estrenó en 1977 y toda la piel de toro suspiraba por las piernas de la Dickinson. Tras 92 episodios y cuatro temporadas; la serie se canceló. En los ochenta, AD, recuperó el personaje en un especial de televisión junto a Ringo Starr y John Ritter. También lo hizo en los especiales de Navidad —de Bob Hope— para la cadena, y en 1987, volvió a vestirse de policía para ser la estrella invitada en un episodio navideño de Saturday Night Live. Aquel papel consolidó la fama de Dickinson como sex symbol de más de cuarenta años. Después, la intérprete cayó en el olvido, tan solo roto por la popularidad que le brindaron los 35 minutos que duraba su participación en Vestida para matar (1980), de Brian De Palma. La artista pudo superar su ostracismo en 1981, cuando le ofrecieron ser Krystle Carrington en Dinastía (1981), pero rechazó la oferta lo que supuso uno de los mayores errores de su carrera. En 2001 la vimos haciendo un cameo en ‘Ocean´s eleven’, un claro guiño a su participación en ‘La cuadrilla de los once’ y a su amistad con el Rat Pack. Eso sí, siempre nos quedarán esas cortinillas de apertura con el score de Morton Stevens y la hermosa Angie Dickinson sonriendo al respetable mientras bajaba las escaleras de su apartamento. Nota: 7,2

The 45 years of fucking McNulty

 

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“Hay que aprovechar cada oportunidad que se presenta” Dominic West/Jimmy McNulty in The Wire (1969-Yorkshire/ UK )

After 40 years The Six Million Dollar Man/1974

Lee Majors. The Six Million Dollar Man. 1.

 

The Six Million Dollar Man fue una de las series de drama con más acción e inercia adictiva de la TV de los 70. Un producto, que estaba empapado en su matriz—la novela de Sci-fi— Cyborg de Martin Caidin y adaptada por Kenneth Johnson (La masa, V y etc.) A mediados de 1978 los directivos del canal CBS la fulminaron. A pesar de su exitosa carrera —cinco temporadas y cuatro películas—, adaptadas a la gran pantalla. TSMDM era un excelente entretenimiento. El espectáculo narraba las hazañas del piloto de pruebas y astronauta de la NASA, Coronel Steve Austin (Lee Majors) que tras un trágico accidente pierde sus dos piernas, el brazo derecho y la visión del ojo izquierdo. Un conglomerado científico secreto denominado, OSI trabaja en un proyecto llamado Bionica. Lugar donde su gurú; el Dr. Rudy Wells (Martin E. Brooks) propone su proyecto de injertos —cosecha propia— de última tecnología. Aprovechando la situación clínica de Steve Austin llevan a cabo, una intervención quirúrgica donde se le reemplazan los órganos amputados por esas prótesis futuristas valoradas en 6 millones de dólares.

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Estos implantes le dan una fuerza descomunal, así como un poder de visión propia de un superhéroe. Como recompensa moral de Austin por la atención recibida y el pago de los elevadísimos implantes; acaba reciclándose en un  agente secreto para la OSI. Enfrentándose a todo tipo de adversarios, en arriesgadas misiones. Todo ello, bajo la atenta mirada del siempre vigilante, Oscar Goldman (Richard Anderson)— Un agente gubernamental con sede en Washington, que es el director de OSI—, el cual, le planifica las misiones de cada semana. Desde reemplazos robóticos en plena Guerra Fría de los 70, a ajustes de cuentas con espías telepáticos y magnates del crimen, o peleas de vértigo, con un aterrador Cybord estilo Alien/hombre las nieves. Lee Majors se convirtió de la noche a la mañana, en un sexsymbol de los 70. Donde el poliéster ajustado era la marca de la casa. Así, como el pecho legionario, mostrando su abundante vello. ¿Quién no se acuerda de sus espectaculares saltos dónde el pantaca de campana aleteaba y dejaba extasiado al personal? Hoy en día, los fashion victim lo hubieran triturado. Gracias a este programa, se convirtió en un reclamo para el merchandising de juguetería de héroes desmontables.

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Haciéndole sombra —y de qué manera— al mismísimo Roger Moore, por la gracia de su ceja levantada. Sin apenas pestañear. El actor era un verdadero pedazo de América y escondía los iconos de la América que salva al mundo: sus barras y estrellas. Tal fue su éxito, que al final de la primera temporada, que enseguida apareció el spin-off protagonizado por la prometida de SA, Jaime Sommers (Lindsay Wagner) “la mujer biónica”. Otro gran éxito que contaba con una técnica de reenganche de la audiencia, multipublicitando una serie en la otra. La cuestión es que Lee Majors estaba en la cúspide y no tardó en casarse con el Angel de Charlie rubio, más querido del mundo: Farrah Fawcett, con quien tuvo a su hijo Lee Majors Jr. Otro de los señuelos de esta serie era su emblemático tema musical obra de Oliver Nelson y la cantidad de secundarios famosos, por otras series y películas posteriores. Caso de William Shatner o el siempre bizarro John Saxon. Así como un montón de conocidos de la época y viejas glorias. Desde la propia, Farrah Fawcett a Stephanie Powers, Dick Van Patten, Robert Loggia, Louis Gossett Jr. o la mítica Elke Sommer.

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El show tenía ciertas alegorías al número de judíos exterminados en los campos de concentración nazis o la denuncia de la dictadura brasileña del 64. El hombre de los seis millones de dólares introdujo elementos muy novedosos,  tanto en el desarrollo de los FX, como la profundidad de cargas existencialistas entre la máquina y lo humano”. Quién mejora a quién y el sobreesfuerzo  mental del ser humano…La memoria del pasado puede tener resultados trágicos, o espectaculares cuando la robótica nos conduce  a un camino alejado de la heroica y sí más cercano, a una depresión severa, llena de rabia incontrolada. Se especula con la reaparición del mítico título para 2016 con Mark Wahlberg como nuevo protagonista y en 3D.  Lo dicho, no esperen 40 años para poder disfrutar de una serie de culto. Porque el DVD y las nuevas tecnologías nos lo ponen fácil.

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