Gangs of London (2020) “la maldad digital del crimen organizado”

La nueva ficción de la segunda década sigue su devenir, entre producciones espectaculares —caso de la que nos vamos a ocupar— y la aparición de nuevos jugadores en el negocio audiovisual, donde la tarta cada vez se estira más y los halcones están ávidos de café. Dirigiéndose hacía una producción de lo más virtual dentro de la webesfera más inmediata —me explico— la nuevas ficciones de 5 a 8 minutos el capítulo; una sutil forma de conseguir espectadores instantáneos: los verdaderos hijos del magma digital, con un resultado de productos, de los más sorprendentes del mercado actual. Drama y comedia siguen siendo el alma mater del entretenimiento y la pasión de un público cada vez más frágil, viendo como sus gobiernos son incapaces de contener o superar retos más cercanos; la durabilidad de nuestra especie: la humana.  Esa, misma, la mía y la de todos Uds. Somos todos esos ciudadanos-as atemorizados, regulados, confinados e inquietos, en una guerra invisible y con un nuevo intruso: el Covid19. Empero, hablando de enemigos invisibles en Gangs of London hay muchos y de todo tipo de ralea. Estamos ante un brillante thriller de acción, sustentado en una tragedia Shakesperiana postmoderna, con todos los ingredientes, para ser una de las grandes ficciones del siglo XXI. La productora de la familia Murdoch, Sky Channel y sus divisiones en Italia, Atlantic, junto al satélite de HBO, Cinemax y la pequeña productora del realizador Gareth Evans (Merantau, The Raid, Raid 2, Safe Heaven y The Apostle) son los encargados de brindarnos un espectáculo memorable. Aquellos ya familiarizados con su filmografía; se deleitarán al ver cómo traducen sus historias de crímenes violentos en su vis más —sui generis— a la televisión de larga duración. Mientras, el amigo Evans, suspira con alivio porque este medio tan singular, no ha atenuado ni contenido su inclinación, por untar su lienzo de enormes franjas rojas de hemoglobina. Gangs of London dentro del —mal llamado convencionalismo— drama criminal y la superposición de secuencias de lucha de artes marciales ultraviolenta; puede sonar a videojuego de pedigrí. Lo es. Sí Sres. Ello no es óbice para que en Gangs of London haya muchos homenajes a grandísimos cineastas; desde Leone, Scorsese a Kitano y Peckinpah.

Gangs of London es un drama familiar donde el crimen se ha sofisticado a unas esferas fáusticas multiculturales. Es una serie muy adictiva, desde el tempo tranquilo, en esos diálogos teatrales, al contraposto de unas escenas de acción fabulosas, creadas, ex profeso por Gareth Evans. Es sin duda; uno de sus mayores esfuerzos y con mejor factura de toda su carrera. Una epopeya familiar, dentro un Londres destrozado por las turbulentas luchas de poder de las pandillas locales con conexiones multinacionales. Todo lo que ocurre en Londres, pasa por ellos, de igual modo que todo lo que pasa en Hong Kong. Claro que no hay mayor desgracia en un imperio que perder a su alma mater; el rey de los malvados. Sin un caudillo, el repentino vacío de poder y el caos que se crea es comparable a cualquier tragedia griega clásica. El jefe de la familia criminal más poderosa de Londres, Finn Wallace (Colm Meaney, una leyenda de la interpretación británica, Hell on Wheels Star Trek o The Van), aparece asesinado con varios disparos en su rostro. Lo mejor de todo es que el Sr. Evans y sus colaboradores han esbozado y perfeccionado un guion brillante desde un videojuego desarrollado por Team Soho y publicado por Sony Computer Entertainment para PSP en 2006. En el videojuego se cuenta la misma historia: un Londres destrozado por las luchas de poder de sus pandillas y el vacío de poder que ha dejado el jefe de la familia de gangsters más poderosa de la ciudad del Bing Beng. Siguiendo la historia que —es obvio le tira lo suyo— a Cinemax. Pensemos en sus últimos proyectos: Banshee 2013, Strike Back 2010 y Warrior 2019. Todas ellas tiene un marcado cariz entre el cómic y los toques pulp. Siguiendo lo planteado inicialmente, es evidente, que alguien de los muchos clanes: lo ha ejecutado. Salpicado de rivales por todas partes y sin idea de quién ordenó el golpe. La familia depende de su hijo, el impulsivo Sean Wallace, y, de la ayuda de la familia Dumani encabezada por Ed Dumani, para tomar las riendas del imperio de Finn. Las pandillas quieren el poder y ejercer su control tras veinte años de reinado absoluto; los dientes se afilan por todos los distritos y barrios de la cosmopolita Londres.

Mientras, Ed Dumani intenta mantener el orden y el consenso, Sean Wallace abre una cruzada para encontrar al asesino de su padre, la cual, causa ondas sísmicas en el mundo del crimen internacional en las calles de Londres. Todo el crimen organizado está en pie de guerra. Desde la mafia albanesa encabezada por Luan Dushaj, la mafia turca, italianos ndrangheta, el cartel de la droga paquistaní, las tríadas chinas, los jamaicanos de las yarkies, los gitanos galeses “col rizada” en sus caravanas y otros elementos criminales mucho más marginales. Entre todo este caos, nos encontraremos con un personaje que se queda atrapado en una hendidura de las familias del crimen: Elliot Finch. Un tipo que hasta ahora ha sido un pobre desgraciado de clase baja que vive con su padre enfermo de alzhéimer. De repente, acaba introduciéndose en  la familia Wallace, creando un montón de incógnitas, entre los más conocidos de ese clan y resto de competidores. Elliot se ve transportado al funcionamiento interno de la organización criminal más grande de Londres. Cada clan tiene sus propios ejecutores y categóricos jefes que están tratando de volver a los negocios después de esta gran muerte, y los señalamientos que se han forjado. Además del clan Wallace y los Finch, hay una banda ecléctica de miembros de la familia, tanto inmediatos como del lado opuesto que desarrolla una saga en expansión. La escena de apertura, donde observamos a Sean incendiando a otra víctima desde lo alto de un rascacielos, de la City, que construyen con el dinero —ya lavado de todas sus transacciones criminales— mientras trata de encontrar información. Nos deja con el pálpito en un puño. Gangs of London a lo largo de los nueve episodios, de esta primera temporada se abre paso entre las diversas grietas del inframundo criminal que ha construido Evans con el coguionista y director de fotografía Matt Flannery. Una pareja que han sido colaboradores frecuentes, en todos sus proyectos, desde sus comienzos. Las secuencias de acción se ejecutan perfectamente, desde las minuciosas coreografías de las secuencias de combate, hasta la perspectiva de filmado y su narración. Un engranaje perfecto.

Mención especial al capítulo número cinco que es un homenaje —en toda regla— a la magistral, Perros de Paja (1971) de Peckinpah. De un poderío deslumbrante y enorme poso épico. Si bien es violencia, no existe por el bien de la violencia, pues, hay consecuencias que vienen con cada acción y una vez que los cuerpos comienzan a acumularse; es solo cuestión de tiempo que la coalición que existe entre las diversas familias comience a desmoronarse. En principio se podría hablar de la serie como un desarrollo coral, donde las tramas se salen del rail y se revuelve para entrar por otra vía del trayecto. Todos son auténticos protagonistas de este gran espectáculo con letras mayúsculas. Las actuaciones en el conjunto global, bien podríamos decir; que ningún personaje lleva la serie sobre sus hombros. Obviamente, hay algunos personajes realmente magníficos que —tienen profundidad y ferocidad, con algunas historias y bagajes muy interesantes—  atravesando la temporada. Caso de Ed Dumani, el jefe de la familia Dumani y el mejor amigo del Finn desde la infancia, durante los últimos años de la difícil década de los 50: “No negros, no irlandeses”. Sus intentos de mantener el negocio funcionando sin problemas, a la ausencia de sus amigos, mientras se aferra a los secretos de un hombre muerto. Intentando controlar a un heredero que es pura cólera y fluctuación: Hay que evitar que Sean siga prendiendo fuego a todo lo que él, que levante sospecha, de ser el hipotético asesino de su padre. Hay que reconocer que el trabajo de Lucian Msamati (His Dark Materials , Black Earth Rising, Taboo y una larga lista de grandes trabajos) es lo suficientemente convincente, en un mundo donde la personalidad de individuo juega un gran papel. La madre de Sean, la actriz Michelle Fairley, nos ofrece una interpretación de primer nivel, como Marian Wallace (GOT, Philomena, Harry Potter o Fortitude) vendría a ser una nueva versión de aquella Lady Stoneheart de Game of Thrones: que nunca vimos, ya que, está envuelta de aura encarnizada de Lady Macbeth.  Se alza sobre todo esto y se muestra como la encarnizada Lady Macbeth cuando el derramamiento de sangre aterriza a la puerta de su hogar. Luego, la mera posibilidad de su hijo, el príncipe Sean, (un Joe Cole que no para, Black Mirror, Skins y Peaky Blinders)— impasible, pensativo y volcánico, invoque al orgullo dela madre herida. Obviamente, su madre es la leona del hogar, una irlandesa, que ante la adversidad no dudará en apoyarse en los mejores guerreros de su tierra para la batalla.

Sean Wallace da un tono de bravuconería melancólica como el hijo que debe de estar a la altura de su padre. Una figura imponente que está en un desorden de prioridades, al que observamos su vulnerabilidad en flashbacks, donde se muestran instantes de su infancia que dan forma a la figura que vemos en el presente. Muy especial es la relación que mantiene con su hermano pequeño, Bill Wallace (Brian Vernel, Dunkirk, Papillon y Last Kingmdon) el heroinómano, aparentemente, débil. Un personaje infravalorado capaz de sorprender a más de un espectador y después, estaría la hermana, el personaje de menor peso que interpreta la actriz Valene Kane (The Fall y Thirteen), Jacqueline Wallace, que está embarazada y trabaja como sanitaria. Nunca se ha identificado con su familia, sin apenas relación con los padres del clan y avergonzada de todos ellos, excepto de su hermano Billy. Y uno de los personajes que más ha impactado a toda la crítica internacional, el aplauso ha sido unánime; Sope Dirisu (Humans y The Halcyon) con su portentosa interpretación como Elliot Finch, tanto físicamente como en su vis más dramática. Una de las grandes bazas del director y creador Gareth Evans. Todo un diamante en bruto. Sope obtiene la mayoría de las escenas de lucha y ver a este misterioso soldado de infantería Wallace de bajo rango inicial, que termina convirtiéndose en la mano derecha de Sean, te agarra profundamente hasta su punto culminante ya en el última capitulo con un final alucinante. Haciendo de todos sus personajes un viaje en la barca de Caronte. Así como en la relación en desarrollo con la hija de Ed, Shannon Dumani, otra excelente interpretación, de Pippa Bennett-Warner (Harlots y MotherFatherSon). Siguiendo con el reparto coral, hay un personaje femenino, que tendría su Spinoff cuando quisiera, maravillosa actuación de la iraní Narges Rashidi (The Girlfriend Experience, Hanna y Spuren des Bösen) como, Lale, militante kurda del PKK que es miembro de la coalición, aunque tiene una historia de fondo interesante, donde se hallan involucrados por una disputa antigua su rival, el paquistaní Asif Afridi (Asif Raza Mir). Otro personaje que te deja temblando es el actor británico/albanés Orli Shuka como Luan Dushaj con su interpretación salvaje y real. Líder de la mafia albanesa que se ve implicado en un affaire con unos mafiosos nigerianos, que Tarantino se quedaría babeando con la secuencia. Empero, de toda esta historia, hay una que me llega al alma, es la persecución y espíritu de supervivencia del jefe del clan gitano galés que interpreta Mark Lewis Jones, como Kinney Edwards actuación grabada en la retina de los espectadores ha sido la de Mark Lewis Jones (The Crown, Chernobyl, Carnival Row y un largo etcétera).

Su corazón muestra un coraje y una tensión dramática de premio a la búsqueda de su único hijo, cuando ve que todos quieren hacerle desaparecer. Son de esos actores británicos que pertenecen a una estirpe del teatro y suelen funcionar en un reparto coral, de un modo excepcional. Hay un miembro de la coalición, la tríada china, que aparece en el primer episodio y luego desaparece durante el transcurso de la temporada. Si bien Asif Afridi está diseñado para ser un personaje a quien temer, se mantiene alejado de la historia durante demasiado tiempo en la parte media y su hijo, Nasir, un futurible alcalde de la gran metrópoli del Támesis (el hindú, Parth Thakerar visto en The Good Karma Hospital) también se solapa entre la cantidad de subtramas del show. Una pena está bastante limitado con su tiempo de pantalla, aunque su historia también tiene un propósito. Otra interpretación de un papel de lo más sugerente ha sido la del personaje Jevan Kapadia, el actor británico Ray Panthaki (Collete, Marcella u Official Secrets) cuyo elemento central en el plano de la historia es sustancioso; algo así como el personaje del Mercader de Venecia. Avaricia y justicia a mi manera. El Houdini del crimen organizado. Obviamente, Gangs of London aplica el drama tanto como el dolor, a veces, pero esto no es tan equilibrado como podría ser. Por un lado, Cole como el jefe de la mafia líder, de la serie en esa postura de todo ladrar y no morder y el desarrollo del personaje es confuso, lo que plantea preguntas sobre su pasado con algunas respuestas bastante dudosas. Lo mismo ocurre con el resto del clan Wallace y sus aliados más cercanos, la familia Dumani, que están marcando los tratos y negocios gordos, flotando entre la carnicería a medida que se desarrolla la trama principal. A ello habría que sumarle una soundtrack fantástica, con una selección de 34 temas espléndidos y que conectan con cada momento del producto. Desde opera a coros de voces albanesas, pasando por el mejor hardrock actual y la electrónica de Dj actuales. En definitiva, toda esa falta de escrúpulos en cualquier instante, solapados de historias desgarradoras barridas bajo la alfombra, el este europeo como el nuevo enemigo bárbaro que amenaza al establishment civilizado y acomodado, y todo el cóctel que tanto nos gusta ver, aparecen en este acorazado que arrasa y genera un disfruté total, a lo largo del viaje de la serie, y aunque me alegro de que haya suficiente para esperar si Evans y Flannery (Sky y Cinemax) deciden hacer otra temporada. Si no me equivoco, habrá una segunda temporada y podremos ver todo el potencial de Evans en la nueva ficción televisiva. Lo dicho, nunca un videojuego, me ha producido tanto gozo, como los gansters de Londres. Nota: 8,5

 

 

ZeroZeroZero (2020) La última odisea de Saviano

Basada en la novela del mismo nombre de 2013 y segunda en la exitosa carrera del periodista italiano, Robert Saviano. Zerozerozero (2020) es la nueva serie, en dónde, el narcotráfico se narra desde el certero punto de vista del escritor. Una producción internacional, de alto calibre; que une a Amazon con las plataformas europeas Sky Channel y Canal Plus. El libro es adaptado brillantemente por Stefano Sollima, Leonardo Fasoli y Mauricio Katz. ZeroZeroZero se centra especialmente en el tráfico de drogas entre México y el sindicato italiano del crimen organizado conocido como ‘Ndrangheta. Se juntan con la productora gen de la marca Made in Saviano Cattaleya Prdnes; que tan buen hacer dejó en su gran obra maestra Gomorra (2014). No se han escatimado medios para esta fascinante producción.  ZeroZeroZero es la historia del daño causado por el envío de 5.000 kilos de cocaína; que induce a tres conjuntos de personajes en una carrera de colisiones estruendosas por el poder, donde los daños colaterales trascenderán dimensiones trágicas.

 

El abundante cargamento de cocaína ha sido ordenado por un anciano jefe de la mafia calabresa conocido como Don Minu (interpretado por un estupendo Adriamo Chiaramida), quien salió de una cueva fortificada secreta después del final de una guerra de pandillas y quiere volver al juego. El Capo, de los Capos de Calabria. Sin embargo el pago de las drogas es secuestrado por su nieto Stefano (el joven actor Giuseppe de Domenico), buscando venganza por una vieja disputa familiar y nada reacio a hacerse rico en el proceso. El quid del supuesto poder en la poltrona, del viejo huraño, depende de la llegada del cargamento de cocaína que arriva desde México. Manuel (Harold Torres), un soldado de las fuerzas especiales del ejército mexicano entra en acción. Un tipo de ojos fríos que no le tiembla la mano con el arma y se comporta como un auténtico Terminator de oscuras cábalas. Lleva a su equipo de soldados contra el cartel a una aventura despiadada y sangrienta en su vida privada, mientras mantiene su asistencia a los servicios evangélicos de la iglesia.

Valiéndose de su aprendizaje, en la precisión militar y tácticas abyectas para destruir la infraestructura local corrupta, originará demoledores conflictos en ese lado de la ecuación. Gracias a la relativa disminución en el procedimiento legal y médico, se siente olvidado como héroe de gran calado refugiado en su guardia pretoriana, su unidad de operaciones especialesque es vista con lupa, en los medios de comunicación como un peligro de las libertades civiles. La absoluta falta de ética y conciencia, tiene sus réditos más pírricos: los niños que terminan muertos sin saber el porqué. Sus enfrentamientos suelen terminar con grandes daños colaterales y trifulcas que causan pavor y espanto. Obviamente, es un proyecto internacional, muy bien nutrido, para contar una historia del narcotráfico mundial. ZZZ, evoca el spinoff televisivo de Steven Soderbergh “Traffic”(2000). Me atrevería, a decir, que mucho más cercana a esa miniserie que dirigió Stephen Hopkins, a la postre todas deudoras de la original serie de TV británica “Traffik” del Channel 4 dirigida por Alastair Reid. El título no se explica, pero presumiblemente se refiere a las grandes sumas de dinero intercambiadas, a través, de aplicaciones bancarias o bolsas de lona. Empero la auténtica alegoría de Saviano es la siguiente: ZeroZeroZero — es una referencia a otro narcotraficante que dice; toda una obra de teatro sobre el sistema de clasificación de la harina italiana para hornear, en la que “cero, cero” es el mejor grado— es una historia sombría, arenosa y sangrienta del tráfico de cocaína.

 

 

Un producto comprado en México y transportado a Italia por un corredor estadounidense, es un contenedor de envío de latas de jalapeños que en realidad contienen cocaína. Son un dispositivo narrativo y visual familiar pero efectivo, viajeros cansados pero decididos cuyo progreso buscamos al subir y bajar de barcos y transportar camiones por desiertos y montañas. También son mudos testigos de las tribulaciones de sus vendedores mexicanos, compradores italianos y exportadores estadounidenses No tiene nada del glamour o la sexualidad de alto octanaje del mítico Scarface o elegante Miami Vice. La mayoría de los jefes viven no en espaciosos palacios Art-deco sino en fortificaciones monótonas; no usan Armani, ni Dior o Paul Smith. Todo lo contrario petos de polietileno, a modo, de armadura corporal; pasan su tiempo libre no acariciando supermodelos sino contemplando paranoicamente quién podría estar conspirando contra ellos. Uniendo a los dos grupos están los intermediarios; la familia naviera con sede en Nueva Orleans, los Lynwood. Liderados por el primer patriarca de los negocios, Edward (Gabriel Byrne) y la hija Emma (Andrea Riseborough), con el hijo protegido Chris, éste sufre una enfermedad genética que le destruirá neurona a neurona (impresionante interpretación Dane DeHaan) inesperadamente empujado a la refriega. El motivo central de ZZZ es la traición.

 

 

Cada personaje está maquinando uno contra el otro, o pronto lo estará; ni la sangre ni el dinero aseguran la lealtad. Tanto los traficantes como los policías que los cazan no tienen alma. Zerozerozero es un programa fascinante, pero solo porque la trama es sociopáticamente penetrante; no hay nadie a quien apoyar, ni siquiera en contra. Cada vez que crees que has identificado al personaje —que puede llegar a empatizar contigo— te das de bruces contra la malignidad del resto del grupo. A medida que avanza la trama tornará hacia una depravación mucho mayor. Estamos ante una epopeya expansiva y sombría como esta se completa con su vigor cinematográfico, del cual ZeroZeroZero tiene mucho. Sus escenas de acción pueden estallar en algunas persecuciones de autos, tiroteos y asesinatos impactantes realmente emocionantes. Todo lo cual hace que algunos de sus golpes visuales más espeluznantes dejen sus señas de identidad de cineastas, con solera, casos de Iñárritu, Mann, Miike, Ferrara o Sheridan.

 

La maestría, en esa forma, de hacer entrar la cámara, al contenido, moviéndola muy suave, daándole el tempo lento justo para que el do mayor dramático para cambiar el escenario sean pura imaginería cromática. ZeroZeroZero sobresale en la creación de un mundo rico que envuelve su propia naturaleza interconectada; su alcance se convierte en un arma en sí misma, lo que le permite saber hasta dónde llega todo. Es el tipo de thriller que causa una impresión tan profunda; ya que puede pensar en grande y pequeño al mismo tiempo, uniendo tres historias individuales apasionantes en una odisea masiva. ZZZ adopta la postura moral del clásico cine de Martin Scorsese, en el sentido de que se aleja de tantos grados de maldad y permite que Dios los resuelva. Enredarse con tales villanos en una historia trepidante puede ser estimulante al principio, seguramente. Aunque, por experiencia propia, no tienen un buen final, palabra de pecador. Un detalle que chirriaba un poco, fue en el primer episodio, la utilización del recurso de la voz en off de Gabriel Byrne, el cual, se vuelve demasiado didáctico, en torno, al tráfico de drogas. No transmite en la narración visual, ninguna sorpresa ni soporte de sugestión al espectador.

 

Esta ficción depende más de su estilo narrativo firme, de traiciones interminables y ofertas de poder. Todo ello, mientras trata de darle un poco de frialdad al negocio en cuestión. Si que es verdad, que los planos largos y panorámicos dan ese aire intimista. Las ubicaciones en el norte de México, el sur de Italia y el Sahara entre Senegal y Marruecos, se fotografían de forma que son al mismo tiempo llamativas y poco sorprendentes.  El ambiente de texturas de la marca de la casa, Gomorra —acción violenta representada con un melancólico minimalismo de tono y estilo— se ve reforzada por la música fascinante de la banda escocesa Mogwai. La misma que es inesperadamente soñadora en un mundo convertido en una pesadilla terrorífica. Esta es una historia en la que aparentemente todos los principales implicados en el tráfico de drogas han utilizado sus ganancias obtenidas ilegalmente para comprar una residencia en enclaves protegidos por organismos y autoridades locales.

 

Una auténtica clientela de todo tipo de pelaje que se prestan al soborno y al juego de estos individuos que capan por el mundo a sus anchas. El pueblo llano vive completamente ausente en este show, ya que ZZZ, los tritura como otro fardo de cocaína. El ser humano es un objeto desechable e invisible para el poder. Tal vez, es aquí donde los directores de fotografía Paolo Carnera y Romain Lacourbas son los espectadores de lujo que contemplan esta locura. ZZZ en cada episodio de 55 minutos es una toma o un plano secuencia, que desborda con la belleza natural de la costa de Calabria o el desierto africano entre Senegal y Marruecos, o los altiplanos de Monterrey en México. Todo ello de las manos de tres grandes cineastas: Janus Metz, Stephano Sollima y Pablo Trapero. El mismo acopio de contenedores en el puerto se convierte en belleza mientras son llevados milimétricamente por las grúas o la escala industrial de un vasto patio de embarque o carguero apilado de contenedores. El mal y la frialdad, parecen ir juntos de la mano. Siempre trayendo la eterna odisea de los tormentos de Saviano Nota:8,4

 

 

“Too Old to Die Young” (2019) Lisergia de NWR

Too Old to Die Young (2019), se estrenó en Amazon Prime el 14 de junio. El mismo día de su estreno, me involucré —en el entusiasta esfuerzo— de un visionado; que me dejó cataléptico. Ha sido una de las series más alucinantes e hipnóticas de estos últimos 19 años de new ficción de qualité. Su co-creador y director; el inefable Nicolas Winding Refn no dejó indiferente a nadie con su denominación de emisión televisiva de 754 minutos. Cuando compareció ante los medios de comunicación en Cannes. Too Old To Die Young (2019), es el cine conceptual del arte, más allá de los límites de la televisión. Nuevamente, Mr. Bezos, volvió a anotarse un tanto. Ya que un proyecto de estas características es difícil de acondicionar en las nuevas OTT,s. Empero, Cannes, no es ajeno a los estrenos de televisión. En 2017, el festival proyectó episodios de Twin Peaks: The Return (David Lynch) y Top of the Lake: China Girl (Jane Campion). Nicolas Winding Refn, es un creador al que no vamos a descubrir hoy. Eso es obvio. Pero sí que es verdad que aporta un estilo distintivo centrado en la vis más dramática y la inclinación por todas las cosas de neón al festival. Too Old to Die Young se redujo en un pase de los 2 primeros episodios, del total de la 10 partes que componen esta obra de culto para muchos y denostada para otros. Dos episodios donde se observan muchas de las líneas argumentales de este hiperfilm y por donde virará (eso puede creer uno), haciéndose una idea muy loca y disparatada. Al igual que The Neon Demon (2016), el escenario (como lo indica el título) es la taquicárdica capital del oeste. El hervidero de la ciudad de Los Ángeles —con un desvío directo— a los desiertos de Nuevo México. Pero no esperen mucho sol glorioso: Refn es una criatura nocturna, amante de los seres nocturnos y demás pelajes por donde la acción se desarrolla, en la gran mayoría de sus trabajos.

 

Además de recurrir, a su propio cuerpo de trabajo, con guiños claros a Pusher (1996) y Only God Forgives (2013), también hay ligeros toques a Tarantino y muchos elementos Lynchianos. En el corazón de la historia está Martin (Miles Teller), pedazo de actor, en todas sus vertientes. Un fenómeno de su generación. Aquí es un sheriff del condado de Los Ángeles que —a través de una organización clandestina— está a la luz de la luna como un Ronin que elimina la bancarrota moral de la sociedad. Teller se presenta como ese proteico Ryan Gosling de Drive (2011), el cual, tiene una relación con Janey (Nell Tiger Free), una adolescente de 17 años, con quien comenzó a salir cuando acababa de cumplir los 16. Su padre es un tipo (con mucho dinero) de lo más retorcido —que se come ácidos como si fueran pictolines— un personaje interpretado por un recuperado William Baldwin que borda el papel. En una actuación solapada por eternos silencios inquietantes y miradas a media distancia. Ofreciendo una marca de masculinidad (tipo duro, que suele escupir como un vaquero en las películas del maestro Ford) que hemos llegado a asociar con el trabajo de Refn. Es una historia —donde el cine negro/Neonoir puro— y el thriller van de la mano. Aunque, tampoco desvariaría mucho de la dinámica folletinesca de Ley & Orden. Algo que podría venir por parte de la vena artística del guionista; el escritor de cómics Ed Brubaker, curiosamente, los submundos de la trama del mundo de los narcos mexicanos tienen una vis muy cercana al cómic. Dejando a un lado, a Martin (Miles Teller), tenemos a Viggo (John Hawkes), un asesino que tiene los riñones destrozados y está al servicio de Diana (Jena Malone) la reina del mundo zen y el decálogo del misticismo.

 

 

Lo más parecido, a la Naomi Watts de David Lynch. Solo matan lo peor de lo peor; su misiva es proteger a los inocentes, y su convicción es tan firme que Martin al menos rechaza el pago por su trabajo. Lo más curioso es que sus empleadores son como una especie de banda que administra sus trapicheos y despachan la moral, de otros: Narcos mexicanos que trafican con personas. Aquí aparece una de las subtramas más importantes de toda la historia, la cual, no aconsejamos dejarse llevar por ella. A pesar de contar con unos personajes que enganchan al más pintado. Un mexicano criado en los Ángeles; Jesús (Augusto Aguilera). El tipo de hombre que venga a su madre Magdalena en el primer episodio y se lleva por delante al corrupto compañero de Martin. Jesús escapa a México para hacerse cargo del negocio familiar, donde se encontrara con unos personajes surrealistas. Desde el patriarca D. Ricardo, su supuesto tío/padre, interpretado por el actor, Emiliano Diez. Atado a una silla de ruedas, donde diariamente, le cambian la bolsa que sirve de estercolero a su estómago. La pitonisa/cuidadora del mandamás es Yaritza (Cristina Rodlo). Una fémina justiciera que va vengándose de todo aquel que subyuga o trafica con mujeres o son explotadas sexualmente. Las canciones populares y el mundo más esotérico se refieren a ella como “La suma Sacerdotisa”. Curioso el dueto el de Jesús convertido en un efebo de Versace y la dominamtrix Yaritza van creciendo, como nuevos capos, a medida que en el cartel los acontecimientos se desbordan. Cocaína a raudales, sangre y sexo en cualquier momento. No se pierdan un partido de fútbol entre policías sobornados de la villa mexicana de D. Emiliano y su ejército de narcos. Creo que el mismo Pelé hubiera opinado. Por otro lado, tenemos a Martin que va por libre y en una de sus vendettas dará con ellos. Nuestro querido amigo, Mr. Jones apunta hacía una catarsis, cohibida y delimitada. La venganza solo se puede administrar después de que haya ocurrido un crimen. ¡Ojo!, detrás del mismo, se cierne la amenaza de violencia sobre el nuevo espectáculo que el cineasta Refn nos depara, una especie, de velo sangriento palpitante.

El nihilismo de sus personajes principales puede sentirse algo violento e incoherente, especialmente, cuando entran en determinados monólogos sobre la lenta destrucción de la sociedad y la naturaleza. Redundando en el soliloquio de lo inherentemente humano dentro de su violencia interior. Empero, cuando las persecuciones de coches por el desierto de Nuevo México, se organizan con un vehículo eléctrico, donde una trifulca por el hecho de escuchar en la radio, un tema, en concreto, la interpretación completa de “Mandy” de Barry Manilow, es imposible tomarlo como ironía. Ya que el disparate psicodélico, adquiere dimensiones lisérgicas, en medio del desierto de Nevada. Obviamente, todo ese mundo que Refn crea es una mezcla surrealista de policías fascistas que tocan el ukelele, prestamistas de dinero de clanes Yakuza (con cameo incluido de Hideo Kojima) , bandas callejeras que pelean la cuestión racial y productores chiquilicuatres de porno, realmente, repugnantes. Observamos cómo Martin acecha la noche, matando a quienes han escapado de la ley en escenas muy violentas salpicadas de sangre. Cuando Martin descubre que ha sido enviado a matar a alguien que está atrasado en sus pagos a un prestamista, se vuelve contra sus empleadores y les exige que le den información sobre los peores objetivos, a quienes está feliz de sacar gratis. Esto lo lleva a Albuquerque en una misión para asesinar a dos hermanos que dirigen un brutal emporio —más propio de personajes fargonitas de los hermanos Coen— del porno. Too Old to Die Young es un feroz neonoir fantasmagórico lleno de desazón y que genera relativa preocupación por examinar una sociedad en decadencia moral. Este es el declive y la caída del imperio estadounidense de Refn y muestra, a su manera estilizada, que cuando la sociedad se derrumba, se necesita un vaquero armado para corregir los errores. Lo que el resto de la serie tiene para ofrecer, solo podemos esperar y ver, pero para este catador es más que suficiente para entusiasmarse. Los diez episodios pueden resultar demasiado desagradables y mezquinos para algunos de Uds. Algo muy comprensible.

 

 

El tratamiento de las mujeres puede ser cuestionable a veces, aunque la violencia y la crueldad, con el tiempo, influyen en todos sus personajes. El programa equilibra lo cuestionable con personajes de carácter fuerte y fascinante, donde las mujeres logran convertirse en el poder y balancear el péndulo de ese control, en el horario de apertura, que no mostró signos, como con la mencionada Yaritza. El espectáculo también puede ser lento y metódico, letárgico en su cansino movimiento de la cámara, como de sus personajes. A Refn le encantan las buenas tomas de seguimiento, llenándolas con tanta información visual, aunque sin una señal de la historia. Todo se hace sin prisa, dejando que los momentos respiren y jueguen a su tamaño absolutamente sostenible. Es casi impenetrable en un instante, e ilimitado y emocionante en el siguiente, casi aberrantemente amplio. Pero todos sienten la misma historia cohesiva, esta historia épica de dos hombres perdidos en un ciclo de violencia y enojo. La gran lucha sin contención, a través de los momentos menos cohesivos, y habrá momentos profundamente gratificantes, tal vez no de carácter, sino de liberación artística y catártica. El espectáculo es una inmersión larga en una idea oscura y cutre: que las cosas tienen que empeorar mucho antes de que puedan mejorar. Empeoran, potencialmente demasiado lejos para una audiencia más amplia. Pero la voz y el estilo brillan tan intensamente, marcando a Too Old To Die Young como algo diferente y potencialmente muy original de la televisión que está a punto de entrar en el 2020. Tiene los mismos defectos que virtudes. Aunque muchas de esas virtudes son realmente adictivas para cualquier enamorado de cine y del arte. Al igual que Twin Peaks: The Return de David Lynch, depende de qué tan lejos seguirás a un creador por su visión como artista, tocando su trabajo pasado y colocando el nihilismo en el núcleo de la madriguera de una chistera repleta de conejos. Mientras Cliff Martinez pone la música electrónica para conseguir el machacón trance, la entrada del espectador en un estado equidistante e idílico. Nota: 7,8

 

 

 

Feud (2017) “Hollywood Decrépito”

r9SSeTSksoKhy8SRhGcsbJcVScX

Podríamos estar hablando horas y más horas, en torno, a las biografías de las icónicas actrices del siglo XX. Afortunadamente, de las muchas que han existido, tenemos la suerte —en esta ocasión—, de contar con la presencia histórica de dos divas del Hollywood dorado: Joan Crawford y Bette Davis. Y redundando, en la propuesta, parece irónico que tenga que hablar de ellas aquí, y, no en ese lugar, donde ya saben Uds., que acostumbramos a realizar nuestras crónicas tan sui generis. De repente, nos encontramos con el chico de oro de la ficción norteamericana, Ryan Murphy. Nuevamente, en la productora que lo ha hecho mundialmente reconocido, FXNetworks. ¿Qué puede decirse de este creador, que no se haya dicho, en toda la webesfera? Poco más, que no sepa este mundillo, sobre l´enfant terrible de Indianápolis; exagerado, excesivo, socarrón, macabro y retorcidamente cínico. Empero, con mucho talento. Lo dije, aquel día que filmó, una de las mejores joyas de la TV, “Nip/Tuck” (2003). Evidentemente, sabe a lo que juega y lo que pretende: entretener en la pantalla pequeña con presupuestos de cine. Feud (2017), tal como suena, es una legendaria historia sobre una enemistad, cuasi, divina y de proporciones cercanas al cainismo más bíblico. Aunque esto, tiene un toque más cool. Estamos en Hollywood, no lo olviden. Un producto suculento, donde se atisba, una propensión exuberante de la exaltación del deseo y la neurosis. Una pelea constante, donde la revancha: es la aniquilación de tu alter ego. Regocijo y horror en el estudio. Mientras, la insolencia de Murphy, navega en la gran broma, de la subyugación de los corazones yankees, donde gravitan ellas: dos divas de finales del S.XX. Jessica Lange (Joan Crawford) y Susan Sarandon (Bette Davis). Bajo mi punto de vista, mucho más cómoda la Sarandon, ya que físicamente, tiene unos rasgos más cómplices, a su canibalización, con la Davis. Su partenaire, Lange, de una belleza felina y eslava, recordemos ese primer plano de ella, delante del King Kong (1976) de Guillermin; exquisito e inolvidable rostro. Ahora embalsamada de maquillaje y otras maravillas del equipo Max Factor, que por momentos, tras los baños de Vodka, llega a parecer un guiñol de la auténtica cara de Crawford (Propongo un visionado de esta actriz en la fascinante Johnny Guitar/1954 de N. Ray) y luego hablamos. Sin embargo, ello no es óbice, para comprobar las magníficas interpretaciones, una vez más, en esta nueva serie de Murphy. Dejándose la piel como contendientes perennes, en pleno apogeo, de la decrepitud personal de ambos íconos, de un Hollywood irrepetible. Un lugar con el mayor número de divinitys por m2, que jamás un milenial hubiera imaginado. Una visión más introspectiva de la flaqueza del ser humano; cuando la edad se convierte en tu peor enemigo. Feud arranca en 1978, con el pretexto de la filmación de un documental acerca de la enemistad entre las míticas actrices —un mecanismo narrativo que subraya el concepto de Murphy, en todo show—, en pleno despliegue mediático por la reavivación de sus carreras. Olivia de Havilland (Catherine Zeta-Jones) magnífica interpretación de reparto y Joan Blondell (Kathy Bates), como nos tiene acostumbrados, a lo largo de sus apariciones de la franquicia AHS.

Bette is Sister Crazy- Foto 4

De repente, se escucha, una frase genial de OdH, “Las peleas no sustentan en el odio, si no en algo más hondo, el dolor”. Saliendo el plano de su cara, en un prolongado flashback, que alterna con la década de 1960; Joan y Bette están enfrentadas estratégicamente, por dispersos y personalísimos intereses con la Warner Bros, y la falsa apariencia de una deuda moral con Jack Warner —nada más lejos de la verdad— concretamente, en el dinosaurio JW, protagonizado por (Stanley Tucci). Portentosa lección del oficio teatral de un actor impagable. Además, de ser uno de los últimos patriarcas del desvergonzado y viejo Hollywood, que ve su estudio como una especie de establo o burdel, animando la obsesión de cada estrella contra la otra, disfrutando como un niño,  en medio de la disputa por los papeles selectos. Así como, su aprobación tácita. Crawford y Davis, llegan a dar, —tal semejante escala— de subordinación laboral y vital, de esta sociedad dónde esos otros, que no vemos, pero, ven en ellas: un modo de nutrición de complejos personales. Decálogo sutil de un maniquiesmo letal. Plasmados en la inferioridad suplementaria que requerirá —probablemente para siempre la asunción, de la culpa—, en particular, la hija de Bette, Barbara Sherry, interpretada por (Kiernan Shipka), algunos la recordarán como la hija mayor de Don Draper en la obra de arte, Mad Men. En el caso de Joan, la maternidad no fue biológica, pero la adopción le trajo unos cuantos disgustos con su primogénita, Christina. Y es que, volviendo a la figura de Joan Crawford, en términos generales, fue la estrella más grande, atractiva y descomunal de la historia del 7º arte. Había sobrevivido al periodo del primer cine mudo, y, gracias a una voz suculenta y con brío, transitó al páramo del sonoro, sin problemas. Cosa que a otras divas de aquella época no consiguieron; Clara Bow, Mary Pickford, Mirna Loy o Lilian Gish. Impresionante recorrido de bailarina flapper a decadente figura del terror gótico de serie B. En el primer episodio, se nos pone al corriente, de los acontecimientos, en el mismo instante que Marilyn Monroe va a recoger su Globo de Oro, “por Faldas y a lo loco” (1959) de B. Wilder. Crawford, bien cocidita de Smirnoff, hace un comentario demoledor, sobre los senos de la rubia californiana…Dejando entrever, el chascarrillo de turno, en torno, a que ambas fueron amantes. Bien, concluyendo esta línea argumental, las películas de Joan eran a menudo más directamente espeluznantes. Posiblemente, por esa mirada que congelaba la pantalla y dejaba al espectador petrificado por una belleza, entre lo andrógino, racial y artificial —ex profeso— vía cirugía plástica. Una reina que salió de Texas a por un sueño y lo conquistó. Por el contrario, las películas de Bette Davis, de un modo más ingenioso habían subsumido su propia vistosidad. Pues, hablamos de la actriz pre-Actors Studio, técnica y personalidad pura (10 nominaciones a los Oscars y dos estatuillas, como mejor actriz) en una especie de siniestra respetabilidad. Eso, lo sabía su rival, que sólo consiguió tres y una estatuilla. Volviendo al rodaje que sirve de nexo para narrar toda esta serie y el resto de personajes.

Feud- Blanche in Movie Foto 2

No podemos pasar por alto, el director del film, un clásico del oficio, Robert Aldrich. El actor elegido para su recreación no ha sido otro que el británico Alfred Molina, que ha estado a un nivel altísimo. Aquí en el papel del cineasta, que rodó, una película de culto, una obra mayor con un presupuesto de serie B, que se convertiría en un éxito gigantesco y acabaría por conseguir una nueva nominación al Oscar de Bette Davis. Observaremos capítulo a capítulo como la presión del rodaje, el dirimir con los egos de ambas estrellas y de enlace con Jack Warner terminará con su matrimonio.Volviendo al rodaje de ¿Qué fue de Baby Jane? Aquellos días, de trabajo, en el estudio fueron una zona de guerra. Bette Davies es unos pocos años menor que Joan Crawford, lo que enerva la contienda por el orden de papeles, ubicaciones, quien tiene los mejores diálogos, los mejores detalles con el set de rodaje, si Pepsi o Coca/Cola. Joan Crawford se casó con el dueño de Pepsi-Cola y enviudó. Algo que la convirtió de la noche a la mañana en una especie de Ceo de la empresa. No había sitio —que pisara— en donde, no sacase algo relacionado con el merchandising de la marca. El asunto fue a más en el rodaje y la Davis, sin temblarle la mano, al segundo día de rodaje puso una máquina de Coca-Cola enfrente de la suya. Los cuatro primeros episodios son los más atractivos y donde Feud —deja a uno con mejor sabor de boca— con una dinámica narrativa que hereda los mejores artificios de la espléndida The Sopranos (1999). Otros personajes que no se pueden dejar fuera son las columnistas/alcahuetas del Hollywood más Underground. Hedda Hopper (Judy Davis) y Louella Parsons fuera de la pantalla. Nadie está exento a estos amarres del sálvese quien pueda y detestar a la vez. Carne del higadillo pura y dura. La ayudante de dirección y Script personal de Robert Aldrich, Pauline Jamenson (Alison Wright) The Americans. Curiosa anécdota, pues la auténtica, PJ fue una actriz con un recorrido interesante.  Cada vez que aparecen sus cejas, te quedas pegado a la pantalla, pues, es uno de los rostros más inspiradores de la nueva ficción televisiva. Bien, en este rol, que la licencia creativa de Murphy se permite: nos presenta a una mujer, en busca del sueño, independiente, por ser directora de cine. Algo que propia Crawford, le remarca; ¿quiénes somos nosotras en este mundo sin dinero? Nadie. Pauline, le recuerda a las grandes pioneras del cine mudo, D. Arzner y L. Riefenstahl. JC, se llena una copa de vodka y sigue jactándose del sistema y la serpiente capitalista. “El cine mudo era de juguete, no costaba dinero, como el cine que hacemos ahora. Hollywood es un monstruo que sólo quiere dinero, más y más.” Un depredador de cartón-piedra insaciable. Incluso, el discurso de R. Aldridch no le queda muy alejado del que transmite la Crawford: “mujer esto es una cadena sin fin, no vayas con esa postura por estos lares.” Además, de recriminarle —con tono paternalista— su posición privilegiada, como asistente personal. Por cierto, Aldrich, se deja caer un affair con Bette Davis y una gran lista de amoríos que tienen hartísima a su esposa Harriet Aldrich (Molly Price).

Feud-Aldrich&Warner Foto -3

De algún, modo Murphy, reivindica la igualdad de sexos, derechos y remuneración. Intenta denunciar a una industria misógina y hostil con las mujeres. Puede que la forma de manifestarlo sea demasiado amable. Pero ahí lo deja caer. Crítica la sátira —de esa inculcación— de una cultura salvaje, donde el capitalismo, es el arquitecto de un sistema que enfrenta gargantas contra gargantas. Hay una escena magnífica que pone de relieve esa situación. Cuando se lleva a cabo la pool delante de la prensa para la formalización de los contratos y, a renglón seguido, la gresca por la ubicación de los nombres en los créditos del film. Obviamente, la desvergonzada y caustica visión de Murphy, hasta este estadio es embriagador, ya que no sólo imprime la leyenda de lo mítico o el chascarrillo, sino esa idea, que es el sello de su factoría. Cómo lo hizo en la magistral The People Vs O.J.Simpson. Siguiendo una tonalidad que ya consiguió con el gran elenco de actores de la citada serie, aquí vuelve a alcanzar ese plus de brillantez. En este contexto, es lógico que la imaginación empática de Murphy gravité en: BetteVsJoan, lo que es igual Jessica LangeVsSusan Sarandon. Todo un suculento ardid —muy propio de esa cultura divinizada Pop 60,s— que sirve para distraernos, de cuánto podemos falsear, nuestra propia jerarquía social contra nosotros mismos, guardándonos, el sojuzgar a los vecinos con pequeñas distracciones. Generalmente, las vidas sexuales de los ricos omnipotentes y celebritys —quienes son revelados por Murphy— pues, no puede evitar el karma compulsivo de los mismos defectos. Tal es su superstición personal, que no se olvidó de su actriz fetiche personal, la siempre elegante, Sarah Paulson como la gran dama del teatro Geraldine Page. A la que muy bien, embaucó Miss Crawford, junto a la hermosa Anne Bancroft (Serinda Swan) en la noche de la entrega de los Oscars de 1962. Davis pierde y el Oscar es para la Bancroft (que en su lugar, es recogido por Crawford, leyendo una nota de agradecimientos). JC pasa de puntillas con la estatuilla por delante de una Davis enfurecida, al lado de una O. de Havilland que no salía de su asombro.

Feud-Joan&Bette Foto 1

 

Feud es un cuerno de oro de una sociedad, donde la riqueza bullía, como en el mundo de la maravillosa Mad Men “Un lugar donde la verdad miente”. Pero ese cuerno comenzaba a presentar serios daños estructurales. Hollywood tiene un nuevo enemigo llamado TV. Aunque, no sea muy dañina, ya que ese negocio está en la Costa Este. Los sapiens del viejo Hollywood se apolillan y mantener los lujos se hace una ardua tarea imprescindible. Un aroma a decrépitud naftalínica va haciendo mella en la atmósfera.  Las nuevas generaciones puede que observen a estas reliquias de antaño —como lo que son— fotografías en blanco y negro en mundo utópico. Empero, para otros muchos, son hermosos talentos que ennoblecen la pequeña pantalla. Susan Sarandon y Jessica Lange relucen el nuevo OLED coreano del salón de casa. Una presencia omnipotente y adictiva. Ambas retratan la increíble vulnerabilidad e implacable determinación de dos actrices irrepetibles: Davis y Crawford. Dos mujeres que puede que fueran obligadas por aquel Hollywood a competir en papeles similares; que yacieran humilladas por las pocas opciones que le dejaban, abuelas de estrellas del Rock y poco más. Tuvieron que hacer público el olvido del fracaso personal. Ante semejante zarandeo y castigo sólo les quedaban sus grandes mansiones solitarias de Beverly Hills. Ahí, tumbadas en la chaise longe, rodeadas de botellas de vodka y suscripciones caducadas al Variety. Mientras las amas de llaves, confidentes y porteadoras personales, como “la Mamacita”—particular— de Crawford,  en el papel de Jackie Hoffman. No es la primera, ni la última mujer que doblegada desde el misterio de su nacimiento, consiente y dirige el crepúsculo de esas diosas. Al son de la notas de Mac Quayle, mientras aparece la cortinilla de presentación del episodio de turno: un hermoso de homenaje de Mr. Murphy al genio de Saul Bass. Bienvenidos al feroz y viejo Hollywood. Nota: 7,8

 

“The Big Heat” (1953)

BigHeat1953-Columbia-card

 

 

Panic in The Streets (1950)

sbNQGcm36bUQ8cZxNoVOjlX8N3e

 

The Prowler (1951)

El Merodeador 1951

 

The best 10 movies of 2015

 

  1. The Revenant

be240428821047 Foto 1

 

2. Beasts of no Nation

 

Beasts-of-No-Nation Foto 5

 

 

3.  Ex Machina

Ex_Machina_Foto 3

 

4. Mad Max “Fury Road”

imdb09 Foto 2

 

 

5. Slow West

JcnqPat Foto 4

 

 

6. Creed

creed-poster Foto 6

 

 

7. Pasolini

pasolini-abel-ferrara Foto 8

 

 

8. The Hateful 8

hateful-eight-poster-comic-con Foto 9

 

9. Carol

 

carol-2015-poster Foto 7

 

 

10.  45 Years

45_years Foto 10

 

 

 

 

Sunset Boulevard (1950)

Sunset Boulevard (1950)

 

 

D.O.A “Con las horas contadas” (1950)

d_o_a_xlg

 

El sitio tranquilo

Pequeños relatos, pequeñeces.

Diccineario

Cine y palabras

El dolor sí tiene nombre

Vivir con dolor crónico (Neuralgia trigeminal)

Capricho Cinéfilo.

Blog de Fernando Usón Forniés sobre análisis cinematográfico.

IN THE NAME OF CINEMA

El cine es más bello que la vida, no hay atascos ni tiempos muertos. Avanza como un tren atravesando la noche. Hemos nacido para ser felices con nuestro trabajo, haciendo cine.

Observer

People and Trends

Escrito en negro

La vida no es lo que esperabas, nena

Mundo Lumpen

Al filo de la marginalidad y el glamour

La mano del extranjero

Blog sobre ficciones del cine, la literatura y el cómic

Tras la última tormenta

Retazos de una vida

Discover Medical London

Find out how one of the world’s greatest cities became an international capital of medicine with our guided walks, tours and events.

Rompepáginas

Blog de literatura actual e independiente

Dr. Insermini

Paint It Noir

Doctor Zito

Zitius, Altius, Fortius.

Nitrate Diva

Old Movies. Fresh Takes.

TODO NEGRO

Novela, cine y series, eso sí, negros