Lou Reed,2 de marzo,in Memoriam

 

UNSPECIFIED - CIRCA 1970: Photo of Lou Reed Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images

 

Somos muchos los que apenas podríamos imaginarnos que significa meterte ese sucedáneo tan goloso llamado morfina: el alma mater de esa sustancia llamada heroína. Lou Reed, sí que lo sabía. Posiblemente, en exceso. Es un viaje a la quietud, la felicidad y la retirada de lo existente a tu alrededor. Una huida sólo para paladares, que saben de buenos cocineros; aquellos que extraen —de la bella flor original— la diacetil morfina 100%. W. Burroughs sabía mucho sobre heroína y un montón de sustancias penadas por la ley. Vivió 83 años. Su prosa y vida inspiró la cultura Underground. Ese submundo de carácter urbano, lumpen callejero, seres y criaturas que nadie quiere ver ni tener; los incomprendidos, y, sustancialmente, los perdedores. En ese detritus, se forjó el poeta neoyorkino: Lewis Allen Reed. Mejor conocido por sus fans como “Lou” y por sus amigos más cercanos como “Lulu”. Una de mis canciones favoritas ha sido, es y será, “I’m Waiting for the Man”. Un relato en primera persona sobre la compra de polvo afgano en Harlem, mientras esperas angustiado a tu dealer. Pura experiencia personal del propio Reed, un consabido adicto a las drogas. Ellas, han sido parte de su vida. Y según dicen todos los galenos, lo que llevó a Lou —en sus últimos años— al conocido y desastroso cuadro hepático. En abril de 2013 le fue trasplantado un hígado, que inicialmente fue un éxito. Desde aquel marzo de 1942 hasta hoy han pasado 75 años. 71 (cuando se nos marchó) años, donde, bromeaba con colegas del oficio quién sería el siguiente acompañante a la otra dimensión, cerca del maestro Hendrix. Lou Reed se ha marchado. El chico de Long Island, ya no está con nosotros, mientras suena su música de fondo. ¿Qué hubiera sido de la historia del Rock sin Lou Reed? No me lo imagino. El adolescente incomprendido por su familia. Un chico, que muy tempranamente manifestó una orientación sexual ambigua, pero honesta y consecuente. Algo, que le costó ser tratado con terapia electroconvulsiva en un viejo manicomio, para “curar” su inclinación sexual —Barbarie de método—, práctica, que se documenta en la canción “Kill Your Sons”(1974).

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Reed siempre utilizó New York como fuente de inspiración musical. Algo así, como Woody Allen y su imperecedero plató de rodaje favorito. Al poco tiempo, llegó la literatura inglesa y el periodismo en la Universidad de Syracuse en 1960. El periodismo, el cine, la poesía, la literatura y cómo no, la música. Ésta, fue su gran pasión. La mejor droga que había probado. “Cuando llegué a la universidad, yo quería escribir la gran novela americana” (Sic) “Pero me gusta el Rock & Roll. Así que yo quería utilizar temas de adultos, los temas de las novelas, en las canciones. Una manera de ampliar los parámetros de mi realidad y una forma de introducirme, en lo que estaba escribiendo acerca de temas pop.” (Sic). Es Pickwick Records, el punto de partida donde como compositor, escribiendo cancioncillas Pop, para irse curtiendo oficio, A pesar, de estar empapado de mil influencias musicales. Y el lugar donde se produce uno de los momentos cumbres del Rock; el encuentro entre Reed y Cale, que desembocó en la formación de la legendaria Velvet Underground. Junto al guitarrista Sterling Morrison y la batería Maureen Tucker. Andy Warhol consiguió el mecenazgo del grupo —que fue incluido en el Rock and Roll Hall de la Fama en 1996— y lo hizo gracias a sus innovadores manejos del marketing en la multidisciplinar Factory. Mezclando la música —unas letras de un inspiradísimo Reed, donde las odas a las historias de yonkis, travestis, prostitutas, fauna urbana y depravación sexual, se solapaban entre tonos mundanos del nuevo trovador del rock sucio— con el arte y un merchandising espectacular del simbolismo francés. Vendiendo unos trabajos extraordinarios donde esas canciones sonaban, como las nuevas flores del mal, de un Baudelaire neoyorkino. El legado de aquel encuentro fueron cuatro álbumes estratosféricos.

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Un pequeño flashback que nos aluniza, al breve período como oficinista, en la empresa de su padre, Reed se decidió a lanzar su carrera de solista en 1971. Un álbum homónimo, a modo de debut, para calentar motores y seguidamente, la joya de Transformer, co-producido por David Bowie y el guitarrista Mick Ronson. El álbum llegó al número 29 en el Billboard 200. Aparecían canciones como “Vicious”, “Perfect day”, “Satellite of love” y la legendaria/ultraconcocidísima, “Walk on the Wild Side”. Su letra levantó una polvareda, en torno, a sus polémicas referencias a travestis y fellatios en un tono rompedor. La cuestión, es que la mítica canción alcanzó el número 16 del Hot 100. Caprichos de la hemeroteca y el paladar del personal más adicto, a la gloria de la gramola comercial: aquella canción fue su único hit del Popstar. En el fondo, aquel tema rezumaba una gran ovatio a los explosivos años del personal —más transgresor— que rulaba por la Factory de Warhol. Los iconos de Ginsberg y Genet eran sus mutaciones en calidad de solfas. Posteriormente, siguió con esa atmósfera oscura y lleva de tristeza envuelta en una imaginería sadomasoquista del exitoso Berlin. Ahí, se rodeó de músicos tan solventes, como Steve Winwood, Jack Bruce, Michael Brecker o el joven prodigio Steve Hunter. También, es un punto de partida hacia ese status de outsider y persona nada sociable, que condicionó una larga parte de su carrera. El abuso de las drogas y los problemas domésticos estuvieron a la orden del día. Un Lou Reed, obstinado en desafiar al público con salidas de tono muy absurdas. Empero, había nacido la estrella mundial; Lou Reed. Rolling Stone dijo sobre este álbum: “es tan claramente ofensivo, el cual, produce un deseo de tomarte la venganza física por tu cuenta sobre el artista neoyorkino” (Sic). Incluso se le tildó, “de completo pervertido depravado y patético enano mortal” (Sic).

AMSTERDAM, NETHERLANDS: Lou Reed posed in Amsterdam, Netherlands in March 1975 (Photo by Gijsbert Hanekroot/Redferns)

Mayor escándalo produjo su siguiente trabajo, el cual, fue reprochado por la crítica oficialista: como una banalidad de la historia del Rock en 1975. El doble álbum Metal Machine Music inspirado en la música electrónica y experimental lleno de una acústica bizarra. Muy difícil de comprender, pues muchos de sus fans asumieron, que se trataba de una broma retorcida. Pero de Reed es comprensible: la genialidad levita por encima de la mediocridad. El duende de Long Island lo hizo y punto. Aquel disco, que puso fin a su relación con RCA, en plena década de los 70. No sin antes, dejarnos otro trabajo muy apacible y hermoso; Coney Island Baby. Temas bellos y cercanos de un Reed —aparentemente calmado— con guitarra, bajo y batería, a modo de homenaje, a los deliciosos viejos tiempos con la Velvet. Así vivió durante muchos años Reed, dándose sus andares de pasarela y divinity. Entre pitadas y escapadas a puerta de escenario. En España organizó una memorable, a principios de los 80. Esa, la recuerdo porque un viejo amigo, la comprobó in situ y se escribió una maravillosa crónica, en la fascinante Popular 1. Siguió con su vena experimental y apareció con The Blue Mask (1982), como de refilón. Sin hacer ruido. Entre la apatía de la crítica y una relativa desidia de sus incondicionales. Eran los tiempos de Superestrella del Rock Reed. Vivía al margen del mundo humano.

 

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Hasta que en 1989 volvió a demostrar, que el duende no lo había perdido, con “New York”. Un disco a la altura de “Transformer” que nos devolvía al poeta y cronista del New York, oculto entre perdedores y outsiders. Son los 90 y parece que La voz de “Satellite of Love”, animó el nuevo renacimiento de su carrera. En 1990 grabó con John Cale, ex compañero de la Velvet Underground, el álbum Songs For Drella, letras que homenajeaban al genio de Poe y cómo no, al rey del pop-art Andy Warhol, el cual,  actuó como catalizador, para un apasionado quorum de la Velvet Underground dos años después. Esta reunión se produjo, grabando el álbum en directo, “Live MCMXCIII” en 1993. El resto, lo han dicho todos los medios y es de sobra conocido. El último viaje, ese artista que no tuvo reparos en tocar con la banda de Thrash Metal, Metallica en 2011 “Lulu”; un hermoso cumplido a la diva del cine mudo, la inefable, Louise Brooks. Actriz norteamericana, que se convirtió, en la interprete fetiche, del maestro alemán G.W.Pabst y su Caja de Pandora (1928). Letras que trascienden la esencia de la obra teatral, in situ, y el camino hasta el infierno de esta femme fatale, en su encuentro con Jack “el destripador”. Ironía y crudeza, al son, de los acordes salvajes de Kirk Hammett. De nuevo, rompiendo con lo establecido, puro Reed. Y es que es, solamente, aquel chico con chupa de cuero, que paseaba de Harlem a Coney Island era un personaje sui generis. No muy conversador, dependiendo, del interlocutor. Solitario y creativo. Su nombre de pila es; Lewis Allen Reed. Para los amigos, Lou Red y los íntimos, Lulu. Sigue descansando en paz y saluda a tu viejo amigo, Bowie. Parece que fue ayer, pero han pasado casi cuatro años, mañana puede que llueva en la Malvarrosa; otro Coney Island. Gracias por todo lo que nos diste.

                                                                                                                                                                                                                                       Artículo publicado en la revista Culturamas  (2-XI-2013)

 

 

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90 Anniversary of Bill Haley

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Decía el sabio Frank Zappa que los desparrames de la mítica “The Black Board Jungle” (1955) de R. Brooks—aquí, conocida como “Semilla de maldad”— le hicieron frotarse los ojos con agua helada y preguntarse; ¿los jóvenes de aquella generación, fuimos nosotros? Llegó muy tarde a las pantallas franquistas y en la vieja Gran Bretaña estuvo vetada durante 11 años. Ahora seguimos siendo los mismos, algo más viejos. Igual que el bueno de Haley que estaría celebrando su 90 aniversario.  No pasa nada, nuevos jóvenes esperan a los Strokes como agua de mayo en agosto por Benicasim. Tuvo que aparecer un George Lucas—premonitorio— con su obra de culto “Star Wars” y una  otra cinta reveladora de su generación cinéfila de los 70,  “American Graffiti” para escuchar la sensacional canción que destilaba  puro aroma a Rock&Roll. De la mano de un irrepetible de la historia del S.XX, Bill Haley con su mítico “We’re Gonna Rock Around the Clock” La idiosincrasia del  tema de Haley consiguió que el hombre de las galaxias nos recordara la hazaña del genio de Detroit, cuando vendió un millón de singles y entró  en el Top 16 de la lista más “in” de UK, como mejor disco de aquel año. Viendo la evolución del rock y la industria todavía impresiona más el hito. Si lo tratamos con toda la delicadeza que requiere una canción de semejante calibre y el contexto que la rodeaba, le diré que hasta impone analizar el episodio. Piensen por un instante en un chaval, que con 18 años y la guitarra a la espalda salió a la búsqueda de  eso que llamamos Rock, en un país embardunado hasta las entrañas de Country, Jazz y Blues.

Bill Haley & His Comets at a Rehearsal

Como todo debutante se inició, aporreando la guitarra y al final consiguió su dominio. En 1945, fíjense lo pasaba en el mundo y los nuevos EE.UU. El olor a barbacoa y country salvaje era la solfa de las tierras de Booth Winns. Quién diría que este genio firmó su primer disco “Candy Kisses”, y dónde fue a parar… Fácil, en las estanterías de las reliquias. Cervezas, banjos y rodeos en las verbenas locales era la diversión por excelencia. El bueno de Bill, apenas sacaba unos cuartos de dólar para ir tirando hasta que dio de bruces con otra banda de animadores, a la postre, su grupo acompañante; los primitivos Saddlemen, que se transformaron en The Comets. Donde nos encontramos con unos instrumentos de lo más variado del Country —acordeón— y del Rhythm and Blues (el maravilloso saxo de Rudy Pompilli) y nada menos que una guitarra eléctrica. Suena bizarro para aquellos años, pero muy fresco y original. Comenzaron los bolos, actuaciones en las habituales “High School” y los jóvenes estaban cardiacos por nuevos sonidos. El country se empezaba a hacer tedioso para una generación con ganas de contoneos pélvicos. Se miraba de reojo al nuevo icono del cine, y la cultura beat: las malas bestias de Marlon Brando en “The Wild One” (1954). Los Dj´s  apostaron por el sonido de Bill Haley y se fue dando un fenómeno pausado, pero in crescendo. El ritmo calaba donde las audiencias blancas les reclamaban. Sus letras no gustaban a Hoover y McCarthy: los demonios del puritanismo y el anticomunismo feroz. Éstas, se añadieron a unas listas negras soliviantadas por las masas que abarrotaban los conciertos. Haley se lanzó con la máxima de mezclar  jazz de Dixieland, Rhythtm and Blues y Country and Western para conseguir un ritmo que la gente coreara los estribillos y bailar, algo que colmaba sus esperanzas.

Bill Haley - Elvis Presley

El resto fue fácil—cito textualmente— BH: “cogí expresiones de uso diario, como Crazy Man Crazy, See You Later Alligator o Shake Rattle and Roll, y, siguiendo el método descrito, hice canciones sobre ellas”. Con el matiz de que “Shake Rattle and Roll” no era suya, sino de Joe Turner, y “See You Later Alligator”, de Bobby Charles. Pero daba igual. Gracias a estos covers se le catalogó dentro de la crítica musical como Fox Trot. Bill Haley consiguió que el rock se convirtiera en la mayor revolución musical de la historia. En pocos años, llegaron los auténticos reyes con el repertorio lleno de combustible y hambre de romper escenarios, como Presley, Perkins, Lee Lewis, Berry, Richard o Cochran. Eso sí: él les abrió el camino. Europa adoraba al rubio simpático de la capital del motor y el blues norteño, que no le vieron hasta 1957. Posiblemente, el bueno de Bill era demasiado—James Stewart— no quiero decir blando, pero si un careto de muy buen tío en una época donde las miradas felinas y cínicas iban a comérselo todo. De ahí, que nunca terminara de  personificar con la solvencia suficiente al auténtico héroe del rock and roll. En el fondo, era como aquel susurrador de Montana que interpretó Robert Redford, un vaquero con talento, bueno y sentido del humor. Los años fueron dejándole de lado y muy poco, quedaba de palabras tan hermosas como las de Pau Casals donde afirmaba que Haley era “un destilado de todas las degeneraciones de nuestro tiempo”. No era verdad. O mejor dicho ni calvo ni tres pelucas. No obstante, resulta agradable que en algún momento un personaje de semejante respetabilidad tuviera esa idea. Bill Haley, el chico bueno de la greña rubia, nativo de Highland Park falleció a la edad de 53 años, prácticamente olvidado, en el pequeño pueblo de Harlingen (Texas, Estados Unidos). Las causas de su muerte nunca quedaron claras del todo. Aunque, la principal tesis sigue siendo un infarto. Gracias, Bill. Siempre nos quedará aquel inmenso “We’re Gonna Rock Around the Clock” y feliz aniversario, maestro

Publicado en la Revista Culturamas el 22-abril-2013

71 Anniversary of Nick Mason

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“La realidad, es como en cualquier banda. Uno, nunca puede medir quién hace más.” Nick Mason 27/I/1944 (UK)

 

80 anniversary of Elvis Presley

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The best albums of 2014

 

1. Jack White “Lazaretto”

https://www.youtube.com/watch?v=qI-95cTMeLM

 

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2.  Hozier

https://www.youtube.com/watch?v=O1wDihZNQyQ

 

 

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3. Rosanne Cash “The River”The Thread”

https://www.youtube.com/watch?v=4-aKE4D2ync

 

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4. John Hiatt “Terms of my Surrender”

https://www.youtube.com/watch?v=r7jlkbQVsDoç

 

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5. Prince “Art Official Age”

https://www.youtube.com/watch?v=nyyS0FSztKc

 

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6. Beck “Morning Phase”

https://www.youtube.com/watch?v=_6Zp84XH6Eo

 

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7. Kelis “Food”

https://www.youtube.com/watch?v=B1BVnnvqssk

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8. The War of drugs “Lost in Dream”

https://www.youtube.com/watch?v=1LmX5c7HoUw

 

 

 

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9. Hurray for the Riff Raff “Small Town Heroes”

https://www.youtube.com/watch?v=bMtwjaNuQ8w

 

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10. Robert Plant “Lullaby and…The Ceaselles Roar”

https://www.youtube.com/watch?v=F3L0EUbRJGk

 

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21 Years without Zappa

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Tendría 14 años y mi mundo se enredaba entre el Punkrock, el Psychobilly y la New Wave. No tenía ni idea de quién era el ínclito Frank Zappa. Estaba en casa de un compañero de instituto, y de repente, pasé por el dormitorio de su hermano. Era un tienda de discos alucinante; llena de posters, entradas e iconos del Rock&Roll. Explorando aquel Minerva choqué con un estante prodigioso: la letra F. ¿Pueden imaginarse la cantidad de buena música que empieza por esa bendita letra? Bien, escudriñé todos los álbumes que pude. Aún tengo grabado el olor de aquellos guardavinilos de plástico trasparente. Qué gozada… cuando me doy de bruces con “Freak Out”(1966). El primer álbum que me atreví a sisar inocentemente, pues tan sólo me lo llevé hasta la habitación de mi compañero de clase y lo pusimos en el férreo, Bettor Dual. Le dimos volumen al ampli Vieta y las cajas acústicas llenaron aquella habitación de magia. Me quedé totalmente traspuesto. No cabía en mi semejante asombro. Instrumentación y temas larguísimos. Me dio la risa floja pensando en el personaje de la portada, acordándome de unos de mis héroes preferidos del comic: los geniales Freak Brothers de Shelton. Al igual que los personajes outsiders de Shelton, creo que fue de lo más hermoso  publicado en 1966, junto a los álbumes de Hendrix, The Beatles, The Who o los Stones. Y es que “a  toro pasado”, comprobamos la   transcendencia de la añada en la historia del rock contemporáneo. Uno, que también nacía aquel año —no en una furgoneta descacharrada VW— de dudosa fiabilidad, apenas abría los ojos. Sin embargo mis oídos parecían dispuestos a ser acariciados por la hermosa Euterpe. Sí, miró hacia atrás y parece que fue ayer; pero de aquella odisea ya han pasado 48 años. Otrora, tiempos en los que tan solo era un montón de pañales envueltos en Nenuco con chupete incorporado, mientras el genial Zappa estaba de lecturas en los circuitos universitarios con obras como; “Cerdos, caballos y rock and roll” o soplando un manillar de bicicleta. La leyenda, se agrandaba y cada día era más grande. Francis Vincent Zappa nació en un día cercano a la navidad de 1940 en Baltimore (Maryland, USA) La ciudad de “The Wire”. Su padre,  era un científico que trabajaba para el gobierno y guitarrista vocacional en sus días de asueto.

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La familia se desplazó del frío Atlántico este a la calurosa y divertida California del Pacífico, cuando Frank era un pequeño chavalín. Entre sus primeras aficiones destacan la avidez por el coleccionismo  de discos de rock cosecha años 50 y R&B. Lo curioso de esta devoción era su adicción por otra música clásica, más purista, ortodoxa y selecta, caso de Stravinski y Edgard Varèse, a la postre una de sus grandes influencias. Zappa era  único, pues,  ya apuntaba heterodoxias no muy lejanas. La grabación de  una cinta con apenas 20 años le trajo el primer lío con el sistema. Fue  condenado a 10 días de cárcel y tres años de libertad condicional por un video en la que ridiculizaba sexualmente a la policía. Se encaró al hipismo en un arrebato casi surrealista, pero él lo hizo y arremetió contra la cultura del LSD. Algo que en aquellos años de repulsa dentro de un contexto geopolítico de los EE.UU y occidente complejo; resulto más que chocante. Zappa dejó caer un perla llena de trilita que se quedó para la historia de su colección de frases y diatribas. Apuntilló —textualmente— sobre las drogas: “que en lugar de estimular la creatividad, las drogas idiotizan, al igual que la industria musical y la política, la misma basura”. Hoy en día sigue siendo motivo de debate, y estudio entre sociólogos, críticos y músicos de todo tipo. Se podía hablar de un alarde de valentía o un arrebato de nihilismo particular con semejante máxima. Aún, a sabiendas de lo que todo el mundo sabia y conocía: los Ángeles, fue la cuna del movimiento contracultural más importante de una parte de la historia del rock y la cosa no iba a generar demasiada simpatía personal. Es más, el mismo Zappa confesó, en cierta ocasión que llegó a componer música bajo los efectos de sustancias psicotrópicas. Pero no le gustó el resultado y se dio cuenta del nivel de exigencia en su música (tanto de escritura como de ejecución) requería estar lo más despierto posible.  Siguió con su discurso percutor contra las drogas y aseveró: “desde el mismo instante en que introducen el elemento de la droga, contribuyen a sostener ese mismo sistema, ya que un individuo drogado no puede responder, pues es un inútil”. Obviamente, tras muchas revisiones sobre la cuestión, la crítica sociológica de aquel discurso. Evidentemente, la  visión de Zappa sobre las drogas, definitivamente, resultó insólita en el mundo del rock.

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Entre algunas de sus ideas más revolucionarias, destacan la producción de un concierto con música de Varese y la grabación de un disco de música barroca del siglo XVIII, y, aunque esto sería discutible, se plantó en el final del último tramo de la década de los 80, con el mismo discurso. De tocar de Rock&Roll puro y auténtico, en discos como “Shut up & Player Guitar” a  conciertos como “The Best Band You Never Heard in Your Life”. Aquel estilo dio un giro copernicano. O Tan sólo, una casualidad y pura cuestión de azar. La pregunta del millón era: ¿Es mortal a corto plazo? O quizás una broma más de Zappa, para poner en evidencia a los Beatles con We’re only in it for the money (Sólo lo hacemos por dinero), una parodia del Sgt. Pepper, de riesgo, de incomprensión, de música para adictos. Satirizaba con furia al American way lyfe y  el establishment de la gran nación. Alteró las cintas de grabación, jugó con el ruido y recitaba. Apoyándose en  Varèse, componía para orquesta y recordaba al rock de los cincuenta. De los happening con jirafa eyaculadora de nata sobre el público y marines masacrando muñecos de trapo, mientras sonaba el God bless America a tocar con la filarmónica de Londres. FZ y su incansable obsesión por el pensamiento. Algo extraño en el Rock&Roll.  La época en la que pedía una nación sin gobierno, en la que afirmaba que harían falta 500 años para que la gente estuviese madura para ello. “Que sean 500.000 años”; declaró en 1992. “En Washington están los peores payasos que el dinero puede comprar. Odio todas las corrientes políticas”. Genio, figura, trastornado o pura provocación. Así era Frank Zappa. Un gran momento en el día que se cumplen 21 años sin su figura en los escenarios. Pero con un legado extraordinario. De 1966 a 1972, nos quedan  álbumes imprescindibles desde extraordinario “Freak Out!, pasando por “Absolutely Free”, “Lumpy Gravy”, “We’re Only In It for the Money”, “Cruising With Ruben & the Jets”, “Uncle Meat”, “Hot Rats”, “Burnt Weeny Sandwich”, “Weasels Ripped My Flesh”, “Chunga’s Revenge”, “Fillmore East, June 1971” y “Just Another Band From L.A”. No queda más que seguir deleitándonos con el recuerdo de la obra de un talento irrefutable, fundamental y esencial en la historia contemporánea del Rock. A modo de sentencia final, me quedo con su opinión sobre el rock: “El rock and roll se ha convertido en un gran negocio. Ya no está sujeto a la música o a la estética; sólo tiene que cuadrar con la identidad corporativa de las compañías de discos. El rock es un gran fraude”. Podríamos seguir escribiendo hojas y páginas Word, pero se me acaba el tiempo y este era un pequeño homenaje que tenía pendiente con el gran intelectual que fue Zappa. El 4 de diciembre de 1993 fallecía víctima de un cáncer letal. Apenas 52 años y todo lo que tenía en mente. ¿Hasta dónde hubiera llegado su límite? Fascinante incoginita, suplida por toda la gran obra que nos ha dejado y  podemos seguir disfrutado de ella. Fue enterrado en el Westwood Village Memorial Park de Westwood de los Ángeles   en una tumba sin marcar. Y si tuviera que buscar un epitafio me quedaría con aquel monólogo en 200 Motels; “el compromiso político funciona como eje articulador y destrozador de las ilusiones de los ciudadanos.” DEP y por siempre, el genio de Baltimore.

Artículo públicado en Culturamas julio de 2013

72 anniversary of Jimi Hendrix

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“Lo único que hago es tocar, eso es todo” Jimi Hendrix (Seattle/USA)

 

72 Anniversary of Scorsese

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“Mis padres obreros italonorteamericanos no iban a la escuela, no había libros en mi casa” (Martin Scorsese) /17-Noviembre1942 Queens-NY

 

58 years of James Honeyman-Scott

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“I just bluff it and hope for the best” James Honeyman-Scott (4 Nov-1956/16Jun 1982) UK

 

44 years without Duane Allman

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Hay días fatídicos en la historia del Rock&Roll; como a lo largo de la vida de cualquier individuo. Uno de ellos es el 29 de octubre, y la verdad que, es un día —cotidianamente hablando— feliz para mí. Es tiempo aniversarios de muy buenos amigos. Además, es el cumpleaños de otro gran ídolo mío; Peter Green fundador de la maravillosa Fleetwood Mac. En fin, cosas de octubre que llama a Halloween y noviembre va asomando. El rock y las motos despiertan una empatía tan inmediata como un buen concierto en una noche de verano. Lo más curioso, es que  la leyenda de Tennesse, Duane Allman era un autentico apasionado de ellas. Una Harley Davidson, es una máquina de dos ruedas perfecta; fascínate y adictiva. La sensación de libertad cuando se monta sobre su sillín y el sonido de su motor: no tiene precio. El bueno de Duane no tenía ni idea que, el aniversario de la esposa de Berry Oakley, iba a ser su último paseo a bordo, de una máquina, de la factoría de Wisconsin. Nadie contó con aquel camión grúa de frente. Y es que cuando la teoría del caos se apodera de la situación, todo intento es irreversible. Poco pudo hacer la Harley de Duane contra ese armatoste de tres toneladas y media. Aquel triste día de otoño de 1971, posiblemente, deberíamos haberlo borrado del mapa. Aunque, sería muy cruel de mi parte, dejar a mucha gente huérfana de otras cosas hermosas. Sin embargo el rock sufrió uno de los shocks más contundentes de toda su historia. Sus memorables riffs dejaron de sonar. El silencio duró unos minutos, mientras se hacía lo imposible en la ambulancia por recuperar la vida del rubio de oro de Tennessee. A las pocas horas fallecía en el hospital. Los Allman Brothers se habían quedado sin su alma mater; la familia de Duane no encontraba consuelo en ningún rincón de la tierra. Desgraciadamente, todos los amantes del rock estábamos huérfanos de un genio, posiblemente, difícil, muy difícil de emular.

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Fue el epitafio a una fulgurante carrera en historia del rock. Ahora que todo es pura estadística y las listas de quienes fueron ínclitas leyendas, moneda de cambio. El magazine Rolling Stone, colocó al joven Allman  entre los 100 mejores guitarristas de todos los tiempos, en el puesto número 8. Y no van muy desencaminados los de San Francisco, pues, ha sido y será una de las 10 mejores guitarras de la historia del rock. No obstante, sí  que tengo muy claro, cuales, eran los orígenes de Duane Allman. Nació en noviembre, no muy lejos del día de acción de gracias en 1946. Su padre era sargento del ejército de los EE.UU y había fallecido asesinado por un compañero. Dicen las crónicas más negras que fue por una discusión haciendo dedo. Otros corrillos, apuntan que marchó a la otra dimensión, tras una una trifulca, en una noche muy regada de Bourbon. Por aquel entonces, la familia residía en Norfolk (Virginia). Su madre, Geraldine, regaló a Duane una motocicleta Harley, y a su hermano menor, Gregg, una guitarra. Con el tiempo, Greeg  enseñó a Duane a tocar la guitarra.  El hermano mayor acabaría desguazando la Harley para venderla pieza a pieza y con el dinero obtenido del desguace; compró su primera guitarra. Como la vida es una aventura, su madre decide que lo mejor para todos es trasladarse a Daytona (Florida). El viaje resultó un tour iniciático, pues durante una de las interminables paradas, vieron actuar a B.B. King. Sabían lo que querían y lo consumían; rock, blues y algo de soul. Los álbumes de Muddy Watters, Robert Johnson o Johnny Lee Hooker, encima de sus camas se convirtieron en sus nuevos ídolos, junto a un par de guitarras. Gregg,  apenas tenía 18 años cuando forma The Escorts que, un año más tarde, cambió de nombre por Allman Joys. Graban un single; el tema “Spoonful” sin mucho que decir. La banda se convierte en “The Hour Glass” y los hermanos se separan,  por un pequeño espacio de tiempo en 1968.

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Duane Allman, completamente fascinado por el británico Eric Clapton, se lanza a la búsqueda de la perfección. Se convirtió en guitarra freelance tocando para artistas como Aretha Franklin, Boz Scaggs, Wilson Pickett, con este último grabó una inolvidable versión del “Hey Jude” de los Beatles, o Johnny Jenkins, con quien colaboró en el disco “Ton-Ton Macoute” donde se grabaron su primeros riffs con las míticas Gibson Les Paul. Fue aquí tras horas de contribución con Pickett de donde saldría su apodo Skydog; el volador de los interminables solos y la cara de perro. Este proceso de músico de acompañamiento, consiguió lo que conocemos, como romper mano con la guitarra y una manera de definir su estilo. Metabolizando todas las influencias del blues, rock, jazz y soul que pronto lo convertirían en un músico de culto. Junto al percusionista de jazz Jai Johanny “Jaimoe” Johanson, al que conoció durante su época de bolos y jams, ponen en marcha lo que será el germen de la  banda “The Allman Brothers Band”. Incorporando a la formación,  a su hermano, Gregg Allman (guitarra  y órgano)  Dickey Betts (guitarra rítmica y coros), Berry Oakley (bajo), Butch Trucks (batería) y Jaimoe Johanson (percusión). Nacía en Jacksonville, Florida  en  1969 —posiblemente—  el mejor grupo de rock sureño de toda la historia. El panorama del rock era ecléctico y fértil. The Allman Brothers Band había nacido, pero necesitaban crecer y bregarse. Se van a Macon (Georgia) aconsejados por su manager. A finales de 1969 se trasladan a Nueva York y graban su primer trabajo, titulado tal cual, el nombre de la banda (TAB). El disco, mostraba un deslumbrante R&B tocado por unos jóvenes, repletos de talento a raudales. Temas como Dreams o Whipping Post, Y versiones de clásicos. Tocando a tutiplén, de gira en gira, a lo largo del sur de EE.UU. La banda se mete al estudio y entre la villa de  Macon y  Miami graban su segundo disco, Idlewild South, producido por Tom Dowd y la confirmación de su éxito comercial para los TAB.

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Idlewild South, publicado en 1970 y  contenía canciones maravillosas, como Revival o Midnight Rider. Pocas dudas les quedaban a aquellos que pensaban que las Gibson y las Fender Stratocaster de Duane eran flor de un día. Estaba naciendo un mito, una leyenda del rock, ya lo sabía. Eric Clapton, que lo tuvo  muy claro. Tras escuchar al de Tennesse. Le invitó a unirse a él en uno de los grupos de blues rock más importantes, y transitorios, de la historia del rock; Derek and the Dominos. Juntos, Clapton y Allman, dieron vida al reverenciado tema, Layla. Aquella carta de amor que escribió un enamorado Eric a Pattie Boyd, que terminaría dejando al Beatle, Harrison por mano lenta. La capacidad que aquel joven Duane Allman de veinticuatro años para asombrar al mundo con su guitarra parecía no tener límite. Pero en 1971 todo estaba a punto de cambiar. No obstante, el 12 y 13 de marzo, los Allman Brothers ofrecieron dos conciertos en el teatro Fillmore East de Nueva York. Unas actuaciones que incluían increíbles improvisaciones, como los famosos 20 minutos del Whipping Post y que fueron grabadas y publicadas en forma de doble álbum con el título de At Fillmore East. El disco era en un auténtico obelisco a la música rock y hoy en día es unánimemente reconocido como una de las mejores grabaciones en vivo de toda la historia de la música del siglo XX. Décadas más tarde, el Salón de la Fama del Rock, lo situó como el artífice de la legendaria banda, que conquistó, a lo largo de su carrera más de 11 discos de oro y cinco de platino. Lo que viene después, ya lo sabemos todos. Un día de felicidad para el propio Duane y los suyos, convertido en la peor de todas la pesadillas del hombre que hacia rugir las cuerdas de una Gibson como el motor de una Harley Davidson.

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Artículo originalmente publicado hace un año en la revista Culturamas

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