Lou Reed,2 de marzo,in Memoriam

 

UNSPECIFIED - CIRCA 1970: Photo of Lou Reed Photo by Michael Ochs Archives/Getty Images

 

Somos muchos los que apenas podríamos imaginarnos que significa meterte ese sucedáneo tan goloso llamado morfina: el alma mater de esa sustancia llamada heroína. Lou Reed, sí que lo sabía. Posiblemente, en exceso. Es un viaje a la quietud, la felicidad y la retirada de lo existente a tu alrededor. Una huida sólo para paladares, que saben de buenos cocineros; aquellos que extraen —de la bella flor original— la diacetil morfina 100%. W. Burroughs sabía mucho sobre heroína y un montón de sustancias penadas por la ley. Vivió 83 años. Su prosa y vida inspiró la cultura Underground. Ese submundo de carácter urbano, lumpen callejero, seres y criaturas que nadie quiere ver ni tener; los incomprendidos, y, sustancialmente, los perdedores. En ese detritus, se forjó el poeta neoyorkino: Lewis Allen Reed. Mejor conocido por sus fans como “Lou” y por sus amigos más cercanos como “Lulu”. Una de mis canciones favoritas ha sido, es y será, “I’m Waiting for the Man”. Un relato en primera persona sobre la compra de polvo afgano en Harlem, mientras esperas angustiado a tu dealer. Pura experiencia personal del propio Reed, un consabido adicto a las drogas. Ellas, han sido parte de su vida. Y según dicen todos los galenos, lo que llevó a Lou —en sus últimos años— al conocido y desastroso cuadro hepático. En abril de 2013 le fue trasplantado un hígado, que inicialmente fue un éxito. Desde aquel marzo de 1942 hasta hoy han pasado 75 años. 71 (cuando se nos marchó) años, donde, bromeaba con colegas del oficio quién sería el siguiente acompañante a la otra dimensión, cerca del maestro Hendrix. Lou Reed se ha marchado. El chico de Long Island, ya no está con nosotros, mientras suena su música de fondo. ¿Qué hubiera sido de la historia del Rock sin Lou Reed? No me lo imagino. El adolescente incomprendido por su familia. Un chico, que muy tempranamente manifestó una orientación sexual ambigua, pero honesta y consecuente. Algo, que le costó ser tratado con terapia electroconvulsiva en un viejo manicomio, para “curar” su inclinación sexual —Barbarie de método—, práctica, que se documenta en la canción “Kill Your Sons”(1974).

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Reed siempre utilizó New York como fuente de inspiración musical. Algo así, como Woody Allen y su imperecedero plató de rodaje favorito. Al poco tiempo, llegó la literatura inglesa y el periodismo en la Universidad de Syracuse en 1960. El periodismo, el cine, la poesía, la literatura y cómo no, la música. Ésta, fue su gran pasión. La mejor droga que había probado. “Cuando llegué a la universidad, yo quería escribir la gran novela americana” (Sic) “Pero me gusta el Rock & Roll. Así que yo quería utilizar temas de adultos, los temas de las novelas, en las canciones. Una manera de ampliar los parámetros de mi realidad y una forma de introducirme, en lo que estaba escribiendo acerca de temas pop.” (Sic). Es Pickwick Records, el punto de partida donde como compositor, escribiendo cancioncillas Pop, para irse curtiendo oficio, A pesar, de estar empapado de mil influencias musicales. Y el lugar donde se produce uno de los momentos cumbres del Rock; el encuentro entre Reed y Cale, que desembocó en la formación de la legendaria Velvet Underground. Junto al guitarrista Sterling Morrison y la batería Maureen Tucker. Andy Warhol consiguió el mecenazgo del grupo —que fue incluido en el Rock and Roll Hall de la Fama en 1996— y lo hizo gracias a sus innovadores manejos del marketing en la multidisciplinar Factory. Mezclando la música —unas letras de un inspiradísimo Reed, donde las odas a las historias de yonkis, travestis, prostitutas, fauna urbana y depravación sexual, se solapaban entre tonos mundanos del nuevo trovador del rock sucio— con el arte y un merchandising espectacular del simbolismo francés. Vendiendo unos trabajos extraordinarios donde esas canciones sonaban, como las nuevas flores del mal, de un Baudelaire neoyorkino. El legado de aquel encuentro fueron cuatro álbumes estratosféricos.

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Un pequeño flashback que nos aluniza, al breve período como oficinista, en la empresa de su padre, Reed se decidió a lanzar su carrera de solista en 1971. Un álbum homónimo, a modo de debut, para calentar motores y seguidamente, la joya de Transformer, co-producido por David Bowie y el guitarrista Mick Ronson. El álbum llegó al número 29 en el Billboard 200. Aparecían canciones como “Vicious”, “Perfect day”, “Satellite of love” y la legendaria/ultraconcocidísima, “Walk on the Wild Side”. Su letra levantó una polvareda, en torno, a sus polémicas referencias a travestis y fellatios en un tono rompedor. La cuestión, es que la mítica canción alcanzó el número 16 del Hot 100. Caprichos de la hemeroteca y el paladar del personal más adicto, a la gloria de la gramola comercial: aquella canción fue su único hit del Popstar. En el fondo, aquel tema rezumaba una gran ovatio a los explosivos años del personal —más transgresor— que rulaba por la Factory de Warhol. Los iconos de Ginsberg y Genet eran sus mutaciones en calidad de solfas. Posteriormente, siguió con esa atmósfera oscura y lleva de tristeza envuelta en una imaginería sadomasoquista del exitoso Berlin. Ahí, se rodeó de músicos tan solventes, como Steve Winwood, Jack Bruce, Michael Brecker o el joven prodigio Steve Hunter. También, es un punto de partida hacia ese status de outsider y persona nada sociable, que condicionó una larga parte de su carrera. El abuso de las drogas y los problemas domésticos estuvieron a la orden del día. Un Lou Reed, obstinado en desafiar al público con salidas de tono muy absurdas. Empero, había nacido la estrella mundial; Lou Reed. Rolling Stone dijo sobre este álbum: “es tan claramente ofensivo, el cual, produce un deseo de tomarte la venganza física por tu cuenta sobre el artista neoyorkino” (Sic). Incluso se le tildó, “de completo pervertido depravado y patético enano mortal” (Sic).

AMSTERDAM, NETHERLANDS: Lou Reed posed in Amsterdam, Netherlands in March 1975 (Photo by Gijsbert Hanekroot/Redferns)

Mayor escándalo produjo su siguiente trabajo, el cual, fue reprochado por la crítica oficialista: como una banalidad de la historia del Rock en 1975. El doble álbum Metal Machine Music inspirado en la música electrónica y experimental lleno de una acústica bizarra. Muy difícil de comprender, pues muchos de sus fans asumieron, que se trataba de una broma retorcida. Pero de Reed es comprensible: la genialidad levita por encima de la mediocridad. El duende de Long Island lo hizo y punto. Aquel disco, que puso fin a su relación con RCA, en plena década de los 70. No sin antes, dejarnos otro trabajo muy apacible y hermoso; Coney Island Baby. Temas bellos y cercanos de un Reed —aparentemente calmado— con guitarra, bajo y batería, a modo de homenaje, a los deliciosos viejos tiempos con la Velvet. Así vivió durante muchos años Reed, dándose sus andares de pasarela y divinity. Entre pitadas y escapadas a puerta de escenario. En España organizó una memorable, a principios de los 80. Esa, la recuerdo porque un viejo amigo, la comprobó in situ y se escribió una maravillosa crónica, en la fascinante Popular 1. Siguió con su vena experimental y apareció con The Blue Mask (1982), como de refilón. Sin hacer ruido. Entre la apatía de la crítica y una relativa desidia de sus incondicionales. Eran los tiempos de Superestrella del Rock Reed. Vivía al margen del mundo humano.

 

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Hasta que en 1989 volvió a demostrar, que el duende no lo había perdido, con “New York”. Un disco a la altura de “Transformer” que nos devolvía al poeta y cronista del New York, oculto entre perdedores y outsiders. Son los 90 y parece que La voz de “Satellite of Love”, animó el nuevo renacimiento de su carrera. En 1990 grabó con John Cale, ex compañero de la Velvet Underground, el álbum Songs For Drella, letras que homenajeaban al genio de Poe y cómo no, al rey del pop-art Andy Warhol, el cual,  actuó como catalizador, para un apasionado quorum de la Velvet Underground dos años después. Esta reunión se produjo, grabando el álbum en directo, “Live MCMXCIII” en 1993. El resto, lo han dicho todos los medios y es de sobra conocido. El último viaje, ese artista que no tuvo reparos en tocar con la banda de Thrash Metal, Metallica en 2011 “Lulu”; un hermoso cumplido a la diva del cine mudo, la inefable, Louise Brooks. Actriz norteamericana, que se convirtió, en la interprete fetiche, del maestro alemán G.W.Pabst y su Caja de Pandora (1928). Letras que trascienden la esencia de la obra teatral, in situ, y el camino hasta el infierno de esta femme fatale, en su encuentro con Jack “el destripador”. Ironía y crudeza, al son, de los acordes salvajes de Kirk Hammett. De nuevo, rompiendo con lo establecido, puro Reed. Y es que es, solamente, aquel chico con chupa de cuero, que paseaba de Harlem a Coney Island era un personaje sui generis. No muy conversador, dependiendo, del interlocutor. Solitario y creativo. Su nombre de pila es; Lewis Allen Reed. Para los amigos, Lou Red y los íntimos, Lulu. Sigue descansando en paz y saluda a tu viejo amigo, Bowie. Parece que fue ayer, pero han pasado casi cuatro años, mañana puede que llueva en la Malvarrosa; otro Coney Island. Gracias por todo lo que nos diste.

                                                                                                                                                                                                                                       Artículo publicado en la revista Culturamas  (2-XI-2013)

 

 

Jimi: All Is by My Side (2013) Why?

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Hay cosas en la vida que tienen un precio impagable. Una de ellas —montarse en una máquina del tiempo— para acercarse al espíritu de una de las etapas más fecundas en la historia del Rock. Vaya por Dios! Sigo embobado con las lecturas de Wells y las pelis de Kubrick. Seamos realistas, a finales de la década de los 60 apareció el mayor genio de esto que llamamos Rock en estado puro. Bueno, entre lecturas y más relecturas, todas ellas conjugadas con mi enfermedad crónica; a veces puedo escribir unas pocas líneas. Otras veces, el dolor, sólo me da tregua en la cama, con el cuerpo envuelto de morfina de última generación. La cuestión es que no paro de escuchar Purple Haze, Little Wing o Voodoo Child del zurdo de oro; Jimi Hendrix. Y toda esa música me persigue a lo largo del último mes. La vida suele ser caprichosa: es evidente. En demasiadas ocasiones; azarosa y fantástica. El Rock&Roll se ha dejado la piel en intentar contarlo mediante letras fascinantes y acordes celestiales. Bien, siguiendo con el devenir de los acontecimientos. No hace mucho tropecé con esa providencia que te llena de gozo. Un viejo amigo, que es hombre de radio, y, de muy buena música; Paco Cremades. Ahora en la 99,9 Valencia Radio. Me invitó a su nuevo programa tras casi treita y tantos años de vidas separadas, pero como le gustaba al bueno de Carver decir: A veces se cruzan. Paco presenta un programa cojonudo, que suele rematar con la gente de esta ciudad, los cuales, hemos sido luciérnagas de agitación musical, cinéfila o literaria y etc. Es un espacio muy interesante, donde el gran Paquito, te lo pone absolutamente dificilísimo: elige las 5 canciones de tu vida. Imagínenselo, el vademécum musical de un servidor, en sólo 5 temas. Elegí en primer lugar Purple Haze del glorioso Jimi Hendrix. Antes de escuchar el tema, Paco me dijo: ¿Por qué has elegido esta canción, Jon? Mi respuesta fue sencilla y divertida. Me encanta, amigo. Ahora, cuando entré a valorar e intentar explicar algo de la figura de Hendrix, Paco me decía: Corta, Jon, que nos quedamos toda la noche hablando del duende de Seattle… Es obvio, se podría estar hablando un año entero de su obra y posiblemente, al año siguiente la tertulia seguiría igual de eléctrica. Bien, una vez aclarado el punto de arranque sobre el personaje a valorar, retomamos el análisis de este antojadizo film —del nuevo biopic musical — estrenado el año pasado, y, que hace unos días pude visionar.

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Hablamos de una película, en torno, a la figura de Hendrix. “Jimi: All Is By My Side” (2013). Es un film que no fue estrenado en España ni fui capaz de localizarla vía DVD. No obstante, gracias a esto, de las nuevas tecnologías: di con él. La verdad que toda esa ilusión de este último mes quedó por los suelos tras unas larguísimas dos horas visionado. El film está escrito y dirigido por John Ridley. Un cineasta conocido —principalmente— por sus credenciales, como el guionista de “12 años de esclavitud” de Steve McQueen (ganador del  Oscar al mejor guion adaptado de la Academia de Hollywood). Maravillosa película y una historia muy bien escrita. Es evidente, el sublime esfuerzo, por parte de John Ridley. Actualmente, en la TV, con una miniserie que ha recibido el aplauso unánime de la crítica: American Crime (2015). Luego, una cosa es pretender crear a base de rodar cosas, que todo aquel, bien avenido, en el negocio audiovisual pueda llegar a encandilar. Eso sí, también hay que contar con la variable de la exasperación con el más advenedizo del entretenimiento de la gran pantalla. Ridley debutó como director con un bodrio llamado; “Cold Around the Heart” en 1997 con David Caruso (el pelirrojo de CSI Miami). Lamentable en todos sus aspectos. A modo de una especie, de comedia negra con el trasfondo de unos ladrones de tres al cuarto. De ahí hasta, ésta, Jimi: All Is by My Side. JR ha escrito buenos guiones, esencialmente, para la televisión, capítulos de “Turno de Guardia” que se emitió entre 1999-2004 y alguno para el cine, caso de las estupendas; “Giro al infierno” (1997)“Tres reyes” (1999) . Sin embargo, Jimi Hendrix es algo demasiado grande. Muy grande, querido Sr. Ridley. Además me hago las siguientes preguntas a mí y a Ud. ¿Cómo se puede concebir un film que hable de una de las mayores leyendas del Rock sin su música? Más aún, cuando Ud. sabía de sobra, que nunca podría utilizarse el más mínimo acorde, de las míticas canciones del genio de Seattle. Obviamente, si no estamos delante de la pantalla para disfrutar de la música, entonces ¿qué hacemos aquí? Aquel músico deslumbrante lleno de personalidad y vida social. ¿Cómo puede ser sustituido la mera presencia de su voz, si lo que nos plantea Mr. Ridley es el vacío más aséptico en muchos años? John Ridley se acomoda en la pretenciosidad y la indulgencia de un hipotético cineasta de autor, y, para mayor inri, se arma de valor, presentando, al gran Jimmi Hendrix más parsimónico de higiene sexual, racial y política de los años 60.

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Un Hendrix desde un prisma lisérgico, que es el caleidoscopio, de una sociedad bulliciosa y convulsa, a través, de una  mirada autocomplaciente. El director nos presenta una lánguida psicología del mito y su devenir por el Londres de mediados de los 60 y poco más. Fetén. La tristeza se apodera de servidor, en el salón de casa, que comprende un poco más, a algunos avispados distribuidores, a la hora, de elegir el pescado que vender al espectador. Es increíble e insisto en esta cláusula del contrato de la película. Si vas a hacer una película sobre la vida de Jimi Hendrix sin poder utilizar una sola canción suya, mejor salta del piso más alto de tu edificio o vuelve al set de TV. Todo ello está muy claro, Sr. Ridley, ya que los propietarios de los derechos del legado musical de Jimmi Hendrix son propiedad de Experience Hendrix LLC v PPX Enterprises Inc., quienes le dejaron muy claro, que no se los otorgaría a Ud. y a su productora audiovisual; si el fondo de gestión no tenía una participación completa en la producción de la película. No pasa nada. El ínclito guionista y productor John Ridley con unos 5 millones de dólares, lo tuvo muy claro desde el principio; ya que Jimi no será el clásico biopic lineal de la época y Ridley tiene en mente un historia apasionante, envuelta, de un montón de imágenes de archivo de los 60. Pero aborda su tema con una sensación de caduca nouvelle vague de querer y no poder. André Benjamin /Jimi Hendrix  —o mejor dicho sea— para los colegas; André 3000 ha llegado. Un artista con una pobre experiencia como actor y de triste CV.  Lo localizamos en un film de  John Singlenton, “4 hermanos” (cineasta venido a menos). Así como una película completamente olvidable de G. Ritchie, que se llamaba “Revolver”. Incondicional en cameos para series de televisión adolescentes y Late Nights Show. André 3000 tiene una relativa reputación como músico rapero, pues el líder de su grupo; Outkast. Banda que alardea de jugar con muchos géneros musicales, desde el hip hop al funk alternativo. Algo que siempre es bienvenido: el interés por la música y la experimentación. Ah!, se me olvidaba. Nuestro carismático líder nunca más volverá a cumplir 39 años, pues ya tiene 40 tacos. ¿Recuerdan la edad de nuestro querido Hendrix? AB ofrece un rendimiento cerca de lo insustancial y anonadado. Difuminando la línea, que separa al actor  del personaje, para la grandeza del enorme JH. Benjamin es Hendrix, desgraciadamente, porque las cosas son así. En un papel completamente plano y sin verbo. AB capta un profundo retrato de un artista impulsado por la potencia de la música y su conexión con el espíritu humano que le llevará a tierra de nadie.

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La torpeza y lo desatinado del conjunto no tiene nada que aportar a la intensidad de un músico racial y atrevido con una guitarra. Mientras que ninguno de los actores tiene mucho que trabajar en términos de profundidad. En el caso de las féminas, las actrices, que aparecen dan un resultado excelente y posiblemente, sean lo mejor del olvidable film. Andre Benjamin es evidente que, como todo aquel bien ceñido a la profesionalidad, llega a sentirse parte del auténtico Hendrix. Empero el carácter —de sí mismo— es más bien una caricatura, de lo que realmente era el auténtico artista. No obstante, descubrimos unas cuantas alegrías en el resto del reparto que acompañan a nuestro querido rapero/Hendrix. Bien, en la otra orilla, nos encontramos con el contingente femenino, y el resto de actores, de reparto encabezado por Linda Keith (Imogen Poots) una joven actriz con un currículum muy interesante; 28 Weeks Later con JC Fresnadillo, Centurion de Neill Marsall, El último concierto al lado del desaparecido Philip Seymour Hoffman, Flith “el sucio”, Lío en Broadway de Peter Bogdanovich. Y este año acaba de rodar Knight of Cups el último film de Terence Malick. Después tenemos a la novia británica de Hendrix; Kathy Etchingham — realizando su papel con gran solvencia— la excelente actriz, Hayley Atwell (chica Marvel con la que todo el mundo quiere estar Capitán América, Los Vengadores, Cenicienta, Agent Carter en TV, al igual que la serie de culto británica, Black Mirror). Chas Chandler (Andrew Buckley) de The Animals, buenísima actuación, (la de este actorazo Made in UK, básicamente, bregado en  series de TV y teatro, Extras, Whitechapel o la muy reciente The Neighbors). Otro personaje, muy a tener en cuenta, sería el manager socio de Chandler: Michael Jeffrey. El personaje es interpretado por el acreditado actor norteamericano, Burn Gorman. Actor y músico de gran talento. Se le ha podido ver junto a Daniel Graig en Layer Cake, El caballero Oscuro (Batman) o en los Crímenes de Oxford de Álex de la Iglesia. Así como el activista de color londinense, Michael X, interpretado por el veterano actor británico Andrian Lester (Primary Colors, el día de mañana, Expediente 39 y un telefilm que dirigió Sam Mendes hace unos cuantos años Company (1996) era su segundo trabajo; un telefilm que tiene la curiosidad de contar con otro actor que iniciaba su andadura profesional, Clive Owen. Otra gran sorpresa han sido las pequeñas apariciones de los legendarios: Noel Redding en un papel interpretado por un joven actor (Oliver Bennett, pequeños papeles en cortos y alguna TV movie).

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Al igual que ‘Mitch’ Mitchell  en manos del actor, Tom Dunlea (con un currículum de pura figuración) haciendo del batería de la genial Jimi Experience Band. Ambos tocan sus instrumentos correspondientes con gran soltura. Y por último, destacaríamos a Eric Clapton, un papel que reside, en un jovencísimo actor irlandés: Danny McColgan (pequeños papeles, como cortos y figuraciones especiales, a la espera de lo que se presente). Por último, el legendario Keith Richards, en un rol —casi residual— que es interpretado por Ashley Charles. Actor bien parecido, muy conocido por sus papeles televisivos, en series británicas como en la exitosa Reina Blanca (2013). Una vez enumerado todos los efectivos con los que tiene a su disposición: John Ridley despedaza estos magníficos mimbres. Volvemos, de nuevo, al camino de la descomposición y incomprensión de un film—reitero—desesperante. La ausencia de intensidad de la guitarra del músico es un K.O. del que cuesta recuperarse. Desde su fotografía visualmente monótona, el atracón de diálogos vacíos que acabas hastiado. Así como los constantes saltos de película, demasido predecibles, de escena a escena y omitidas de brío. Muy a pesar de que muchísimos neófitos y desconocedores de la obra de Hendrix puedan quedar extasiados con el tono de determinadas escenas, en las que la estética del vestuario y la ambientación junto a esa manera bizarra y exasperante manera de mover la cámara. Creando una narrativa, entre saltos y cortes torpes, con los congelados de foto-fija, en la mesa de edición, para aclararnos como eran los miembros de aquella década de los 60. Terminan por mostrarse acartonados, frívolos y condescendientes. Ahondando en ese fluir desparramado de imágenes de archivo recortadas. Presentando a un Jimi que carga contra el espíritu errático de la escena musical de Londres de los años sesenta. A través de un viaje sensorial, en parte delirio del propio LSD, recorrido como vislumbre a una inmersión de la psique, de un modo, muy poco convencional, en un Hendrix que estaba en otras labores. Ridley quiere imbuir al film de aquel viejo aroma y sabor del viejo cine europeo psicodélico. Pero no acierta.

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Algo que posiblemente no nos extrañé, y que, algunos verán e interpretaran la historia con un suflé poético de alguien que sufre. Obviamente, yo si entiendo al hombre que sufre pero el director no se lo cuenta a quienes no lo saben. En realidad, no añade nada a nuestra comprensión de Hendrix el hombre o la leyenda del rock. La Sinopsis es muy sencilla: Jimmy Hendrix,  entre los años 1966 y 1967,  se da de bruces con Linda Keith —una groopie— que era íntima amiga de casi todos los músicos que inundaban el panorama musical de la época. Sentada en un garito del viejo Harlem ve por primera vez a JH tocando con una banda, conocida, como The Squires. Se queda anonadada por el virtuosismo del músico de Seattle y comienza a mover su agenda. Invita a Andrew Loog-Oldham—pues, es muy amiga de su novia— manager de los Rolling Stones que le dice, que está bien, pero tipos de esos se encuentran a tutiplén. Ahora no es buen momento, querida. Ella sigue insistiendo, a la vez, que su flirteo con el guitarrista es más cercano. Pero Linda Keith estaba en todos los saraos, y, finalmente, ésta, le presenta a Chas Chandler, el bajista del grupo The Animals, y desde ese momento convence a Hendrix para que se vaya a Londres. Jimi Hendrix llega a Londres e inicia su carrera hacia el estrellato, en medio de una ciudad llena de vitalidad musical y socialmente convulsa. Hendrix se introducirá en esa escena social, entre el acercamiento al mundo de las drogas, las groupies y la diversidad musical de un Londres radiante. Entonces comienza a preparar la grabación de su primer disco, Are you Experienced? Hay dos momentos de este film que tienen una relativa épica y grandeza: dos fogonazos históricos del Rock. El primero es cuando Jimi sube al escenario donde Eric Clapton estaba tocando con su banda -por entonces, Cream- y toca el tema con una viveza que hizo quedar patidifuso a Clapton, hasta el punto, que bajó del escenario ante la magia de Jimi. Este hecho fue conocido, vulgarmente, como el momento en el que “Jimi mató a Dios”. Sí, Clapton era reconocido por entonces como un Dios de la guitarra. Ahora en Inglaterra sabían que existía un Zeus con sangre Cherokee, mientras en esa escena sonaba el Killing Floor de los Howlin’ Wolf y Hendrix desprendía un magma inagotable. Y el segundo nos muestra una interpretación conmovedora de Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band frente a dos Beatles. Los temas musicales que aparecen en la película están cantados por André, en ningún momento escucharemos la voz original de Jimi. Se ofrece una vaga imagen sobre la escena musical americana y británica de los sesenta, haciendo referencia directa o indirectamente a bandas como los Stones, Beatles, The Who o The Animals entre otros. Y es que, si Hendrix es entre otras muchas cosas, conocido, aparte de su música fue por su prematura muerte. La revolución de un género y estilo musical, que hoy en día, sigue influyendo a muchísimos músicos de la escena del Rock actual.

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En resumidas cuentas, un film que tiene más de telefilm que de gran película, a modo de biopic, affaire, que desciframos como uno de los mayores errores del guion. En este caso, ya que el efecto biopic ha funcionado en otras películas y han salido maravillosas. Y es triste que, un guionista de la categoría de, John Ridley haya caído en la trampa de ejercer—aleatoriamente— un montón de trivialidades, alrededor de la la figura de JH. Dos horas de tedio y engorro disperso. Una pena que el cineasta no haya recurrido a las biografías de Charles R. Cross o Lawrence Sharon. Todavía se lo pongo más fácil a Mr. Ridley, una charla con Leon Hendrix, uno de los muchos hermanos, que anduvieron de casa en casa, entre familias de adopción. La vida de este inimitable Jimi Hendrix fue inmensa, en esos 27 años, hasta la veleidosa muerte de un suicidio, del cual, no sabremos el auténtico porqué. Sí que se ha constatado que ha Hendrix le mató una mala posición en la camilla que lo trasladaba al hospital, pero digamos que cuando uno engulle la Ribera del Duero y lo mezcla con una farmacia militar pocas posibilidades de resurrección quedan. Cualquier persona interesada por la música sabe que su escueta discografía abarca cientos de reediciones y más remasterizaciones. Lo dicho, todo en Jimi es alucinante y gigantesco. Hablando de discografía, adjunto, el listado de temas que he logrado localizar en el film, ya que la música, llamémosle más Hendrixana está compuesta por Waddy Wachtel. Éste es el resto: The Sun Went Down by T-Bone Walker, Reed streams by Terry Riey, Lacrimosa diez by Slovak Philharmonic Orchestras and Chorus, Leopard-Skin Pill-Box Hat by Bob Dylan, All your love by Otis Push, Gimme some lovin by Steve Winwood, Lightly Drift by Helen Jane, Long Can´t Seem to make you Mine by Seeds, Totom by The Creation, Hound Dog by Elvis Presley, Bleeding Heart by Elmore James, I had a litlle Dog by Jack Reynolds, Mannish Boy by Muddy Waters, Spread a Little treacle on your plate Mary Ann by Tommy Proding, Train the Nowhere by Savoy Brown, Itchycooo Park by Small faces, Little Games by The Yardbirds,  Obvius fire Belivers by Bob Dylan House Of the Rising Sun by The Animals y Wild Thing by Troggs. Lo dicho, no se le queda a uno, eso, de Qué pena lo de este proyecto…Tan sólo nos hacemos una última pregunta ¿Ha visto el Sr. Ridley estos films? Sid and Nancy Alex Cox (1986), Bird by Clint Eastwood (1988), The Doors (1991) Oliver Stone, Ray (2004) Taylor Hackford, Control (2007), Anton Corbijn, Walk the line (2005) James Mangold  o Serge Gainsbourg, “vie héroïque” de Joann Sfar (2010). Querido Jimi: descansa en paz, siempre te echaremos de menos los que tanto te debemos. Nota: 5,0

The Big Clock (1948)

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Stranger on the Third Floor (1940)

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72 anniversary of Bobby Fischer

 

Bobby Fischer

 

“No creo en la psicología, creo en las buenas jugadas” Bobby Fischer (9-Marzo-1943 USA/17-Enero-Islandia)

90 Anniversary of Bill Haley

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Decía el sabio Frank Zappa que los desparrames de la mítica “The Black Board Jungle” (1955) de R. Brooks—aquí, conocida como “Semilla de maldad”— le hicieron frotarse los ojos con agua helada y preguntarse; ¿los jóvenes de aquella generación, fuimos nosotros? Llegó muy tarde a las pantallas franquistas y en la vieja Gran Bretaña estuvo vetada durante 11 años. Ahora seguimos siendo los mismos, algo más viejos. Igual que el bueno de Haley que estaría celebrando su 90 aniversario.  No pasa nada, nuevos jóvenes esperan a los Strokes como agua de mayo en agosto por Benicasim. Tuvo que aparecer un George Lucas—premonitorio— con su obra de culto “Star Wars” y una  otra cinta reveladora de su generación cinéfila de los 70,  “American Graffiti” para escuchar la sensacional canción que destilaba  puro aroma a Rock&Roll. De la mano de un irrepetible de la historia del S.XX, Bill Haley con su mítico “We’re Gonna Rock Around the Clock” La idiosincrasia del  tema de Haley consiguió que el hombre de las galaxias nos recordara la hazaña del genio de Detroit, cuando vendió un millón de singles y entró  en el Top 16 de la lista más “in” de UK, como mejor disco de aquel año. Viendo la evolución del rock y la industria todavía impresiona más el hito. Si lo tratamos con toda la delicadeza que requiere una canción de semejante calibre y el contexto que la rodeaba, le diré que hasta impone analizar el episodio. Piensen por un instante en un chaval, que con 18 años y la guitarra a la espalda salió a la búsqueda de  eso que llamamos Rock, en un país embardunado hasta las entrañas de Country, Jazz y Blues.

Bill Haley & His Comets at a Rehearsal

Como todo debutante se inició, aporreando la guitarra y al final consiguió su dominio. En 1945, fíjense lo pasaba en el mundo y los nuevos EE.UU. El olor a barbacoa y country salvaje era la solfa de las tierras de Booth Winns. Quién diría que este genio firmó su primer disco “Candy Kisses”, y dónde fue a parar… Fácil, en las estanterías de las reliquias. Cervezas, banjos y rodeos en las verbenas locales era la diversión por excelencia. El bueno de Bill, apenas sacaba unos cuartos de dólar para ir tirando hasta que dio de bruces con otra banda de animadores, a la postre, su grupo acompañante; los primitivos Saddlemen, que se transformaron en The Comets. Donde nos encontramos con unos instrumentos de lo más variado del Country —acordeón— y del Rhythm and Blues (el maravilloso saxo de Rudy Pompilli) y nada menos que una guitarra eléctrica. Suena bizarro para aquellos años, pero muy fresco y original. Comenzaron los bolos, actuaciones en las habituales “High School” y los jóvenes estaban cardiacos por nuevos sonidos. El country se empezaba a hacer tedioso para una generación con ganas de contoneos pélvicos. Se miraba de reojo al nuevo icono del cine, y la cultura beat: las malas bestias de Marlon Brando en “The Wild One” (1954). Los Dj´s  apostaron por el sonido de Bill Haley y se fue dando un fenómeno pausado, pero in crescendo. El ritmo calaba donde las audiencias blancas les reclamaban. Sus letras no gustaban a Hoover y McCarthy: los demonios del puritanismo y el anticomunismo feroz. Éstas, se añadieron a unas listas negras soliviantadas por las masas que abarrotaban los conciertos. Haley se lanzó con la máxima de mezclar  jazz de Dixieland, Rhythtm and Blues y Country and Western para conseguir un ritmo que la gente coreara los estribillos y bailar, algo que colmaba sus esperanzas.

Bill Haley - Elvis Presley

El resto fue fácil—cito textualmente— BH: “cogí expresiones de uso diario, como Crazy Man Crazy, See You Later Alligator o Shake Rattle and Roll, y, siguiendo el método descrito, hice canciones sobre ellas”. Con el matiz de que “Shake Rattle and Roll” no era suya, sino de Joe Turner, y “See You Later Alligator”, de Bobby Charles. Pero daba igual. Gracias a estos covers se le catalogó dentro de la crítica musical como Fox Trot. Bill Haley consiguió que el rock se convirtiera en la mayor revolución musical de la historia. En pocos años, llegaron los auténticos reyes con el repertorio lleno de combustible y hambre de romper escenarios, como Presley, Perkins, Lee Lewis, Berry, Richard o Cochran. Eso sí: él les abrió el camino. Europa adoraba al rubio simpático de la capital del motor y el blues norteño, que no le vieron hasta 1957. Posiblemente, el bueno de Bill era demasiado—James Stewart— no quiero decir blando, pero si un careto de muy buen tío en una época donde las miradas felinas y cínicas iban a comérselo todo. De ahí, que nunca terminara de  personificar con la solvencia suficiente al auténtico héroe del rock and roll. En el fondo, era como aquel susurrador de Montana que interpretó Robert Redford, un vaquero con talento, bueno y sentido del humor. Los años fueron dejándole de lado y muy poco, quedaba de palabras tan hermosas como las de Pau Casals donde afirmaba que Haley era “un destilado de todas las degeneraciones de nuestro tiempo”. No era verdad. O mejor dicho ni calvo ni tres pelucas. No obstante, resulta agradable que en algún momento un personaje de semejante respetabilidad tuviera esa idea. Bill Haley, el chico bueno de la greña rubia, nativo de Highland Park falleció a la edad de 53 años, prácticamente olvidado, en el pequeño pueblo de Harlingen (Texas, Estados Unidos). Las causas de su muerte nunca quedaron claras del todo. Aunque, la principal tesis sigue siendo un infarto. Gracias, Bill. Siempre nos quedará aquel inmenso “We’re Gonna Rock Around the Clock” y feliz aniversario, maestro

Publicado en la Revista Culturamas el 22-abril-2013

164 Years without Mary Shelley

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“La vida y la muerte me parecen límites ideales” (1797/1 feb de1851) UK

103 Anniversary of Jason Pollock

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“Cuando estoy en mi pintura, no soy consciente de lo que estoy haciendo.” Jason Pollock 28/I/1912 (USA)

 

184 anniversary of Emily Dickinson

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“El hoy hace que el ayer signifique.” Emily Dickinson (10-XII-1830/15-V-1886-EE.UU)

21 Years without Zappa

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Tendría 14 años y mi mundo se enredaba entre el Punkrock, el Psychobilly y la New Wave. No tenía ni idea de quién era el ínclito Frank Zappa. Estaba en casa de un compañero de instituto, y de repente, pasé por el dormitorio de su hermano. Era un tienda de discos alucinante; llena de posters, entradas e iconos del Rock&Roll. Explorando aquel Minerva choqué con un estante prodigioso: la letra F. ¿Pueden imaginarse la cantidad de buena música que empieza por esa bendita letra? Bien, escudriñé todos los álbumes que pude. Aún tengo grabado el olor de aquellos guardavinilos de plástico trasparente. Qué gozada… cuando me doy de bruces con “Freak Out”(1966). El primer álbum que me atreví a sisar inocentemente, pues tan sólo me lo llevé hasta la habitación de mi compañero de clase y lo pusimos en el férreo, Bettor Dual. Le dimos volumen al ampli Vieta y las cajas acústicas llenaron aquella habitación de magia. Me quedé totalmente traspuesto. No cabía en mi semejante asombro. Instrumentación y temas larguísimos. Me dio la risa floja pensando en el personaje de la portada, acordándome de unos de mis héroes preferidos del comic: los geniales Freak Brothers de Shelton. Al igual que los personajes outsiders de Shelton, creo que fue de lo más hermoso  publicado en 1966, junto a los álbumes de Hendrix, The Beatles, The Who o los Stones. Y es que “a  toro pasado”, comprobamos la   transcendencia de la añada en la historia del rock contemporáneo. Uno, que también nacía aquel año —no en una furgoneta descacharrada VW— de dudosa fiabilidad, apenas abría los ojos. Sin embargo mis oídos parecían dispuestos a ser acariciados por la hermosa Euterpe. Sí, miró hacia atrás y parece que fue ayer; pero de aquella odisea ya han pasado 48 años. Otrora, tiempos en los que tan solo era un montón de pañales envueltos en Nenuco con chupete incorporado, mientras el genial Zappa estaba de lecturas en los circuitos universitarios con obras como; “Cerdos, caballos y rock and roll” o soplando un manillar de bicicleta. La leyenda, se agrandaba y cada día era más grande. Francis Vincent Zappa nació en un día cercano a la navidad de 1940 en Baltimore (Maryland, USA) La ciudad de “The Wire”. Su padre,  era un científico que trabajaba para el gobierno y guitarrista vocacional en sus días de asueto.

Frank_Zappa

La familia se desplazó del frío Atlántico este a la calurosa y divertida California del Pacífico, cuando Frank era un pequeño chavalín. Entre sus primeras aficiones destacan la avidez por el coleccionismo  de discos de rock cosecha años 50 y R&B. Lo curioso de esta devoción era su adicción por otra música clásica, más purista, ortodoxa y selecta, caso de Stravinski y Edgard Varèse, a la postre una de sus grandes influencias. Zappa era  único, pues,  ya apuntaba heterodoxias no muy lejanas. La grabación de  una cinta con apenas 20 años le trajo el primer lío con el sistema. Fue  condenado a 10 días de cárcel y tres años de libertad condicional por un video en la que ridiculizaba sexualmente a la policía. Se encaró al hipismo en un arrebato casi surrealista, pero él lo hizo y arremetió contra la cultura del LSD. Algo que en aquellos años de repulsa dentro de un contexto geopolítico de los EE.UU y occidente complejo; resulto más que chocante. Zappa dejó caer un perla llena de trilita que se quedó para la historia de su colección de frases y diatribas. Apuntilló —textualmente— sobre las drogas: “que en lugar de estimular la creatividad, las drogas idiotizan, al igual que la industria musical y la política, la misma basura”. Hoy en día sigue siendo motivo de debate, y estudio entre sociólogos, críticos y músicos de todo tipo. Se podía hablar de un alarde de valentía o un arrebato de nihilismo particular con semejante máxima. Aún, a sabiendas de lo que todo el mundo sabia y conocía: los Ángeles, fue la cuna del movimiento contracultural más importante de una parte de la historia del rock y la cosa no iba a generar demasiada simpatía personal. Es más, el mismo Zappa confesó, en cierta ocasión que llegó a componer música bajo los efectos de sustancias psicotrópicas. Pero no le gustó el resultado y se dio cuenta del nivel de exigencia en su música (tanto de escritura como de ejecución) requería estar lo más despierto posible.  Siguió con su discurso percutor contra las drogas y aseveró: “desde el mismo instante en que introducen el elemento de la droga, contribuyen a sostener ese mismo sistema, ya que un individuo drogado no puede responder, pues es un inútil”. Obviamente, tras muchas revisiones sobre la cuestión, la crítica sociológica de aquel discurso. Evidentemente, la  visión de Zappa sobre las drogas, definitivamente, resultó insólita en el mundo del rock.

F. Zappa WC

Entre algunas de sus ideas más revolucionarias, destacan la producción de un concierto con música de Varese y la grabación de un disco de música barroca del siglo XVIII, y, aunque esto sería discutible, se plantó en el final del último tramo de la década de los 80, con el mismo discurso. De tocar de Rock&Roll puro y auténtico, en discos como “Shut up & Player Guitar” a  conciertos como “The Best Band You Never Heard in Your Life”. Aquel estilo dio un giro copernicano. O Tan sólo, una casualidad y pura cuestión de azar. La pregunta del millón era: ¿Es mortal a corto plazo? O quizás una broma más de Zappa, para poner en evidencia a los Beatles con We’re only in it for the money (Sólo lo hacemos por dinero), una parodia del Sgt. Pepper, de riesgo, de incomprensión, de música para adictos. Satirizaba con furia al American way lyfe y  el establishment de la gran nación. Alteró las cintas de grabación, jugó con el ruido y recitaba. Apoyándose en  Varèse, componía para orquesta y recordaba al rock de los cincuenta. De los happening con jirafa eyaculadora de nata sobre el público y marines masacrando muñecos de trapo, mientras sonaba el God bless America a tocar con la filarmónica de Londres. FZ y su incansable obsesión por el pensamiento. Algo extraño en el Rock&Roll.  La época en la que pedía una nación sin gobierno, en la que afirmaba que harían falta 500 años para que la gente estuviese madura para ello. “Que sean 500.000 años”; declaró en 1992. “En Washington están los peores payasos que el dinero puede comprar. Odio todas las corrientes políticas”. Genio, figura, trastornado o pura provocación. Así era Frank Zappa. Un gran momento en el día que se cumplen 21 años sin su figura en los escenarios. Pero con un legado extraordinario. De 1966 a 1972, nos quedan  álbumes imprescindibles desde extraordinario “Freak Out!, pasando por “Absolutely Free”, “Lumpy Gravy”, “We’re Only In It for the Money”, “Cruising With Ruben & the Jets”, “Uncle Meat”, “Hot Rats”, “Burnt Weeny Sandwich”, “Weasels Ripped My Flesh”, “Chunga’s Revenge”, “Fillmore East, June 1971” y “Just Another Band From L.A”. No queda más que seguir deleitándonos con el recuerdo de la obra de un talento irrefutable, fundamental y esencial en la historia contemporánea del Rock. A modo de sentencia final, me quedo con su opinión sobre el rock: “El rock and roll se ha convertido en un gran negocio. Ya no está sujeto a la música o a la estética; sólo tiene que cuadrar con la identidad corporativa de las compañías de discos. El rock es un gran fraude”. Podríamos seguir escribiendo hojas y páginas Word, pero se me acaba el tiempo y este era un pequeño homenaje que tenía pendiente con el gran intelectual que fue Zappa. El 4 de diciembre de 1993 fallecía víctima de un cáncer letal. Apenas 52 años y todo lo que tenía en mente. ¿Hasta dónde hubiera llegado su límite? Fascinante incoginita, suplida por toda la gran obra que nos ha dejado y  podemos seguir disfrutado de ella. Fue enterrado en el Westwood Village Memorial Park de Westwood de los Ángeles   en una tumba sin marcar. Y si tuviera que buscar un epitafio me quedaría con aquel monólogo en 200 Motels; “el compromiso político funciona como eje articulador y destrozador de las ilusiones de los ciudadanos.” DEP y por siempre, el genio de Baltimore.

Artículo públicado en Culturamas julio de 2013

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