Perry Mason (1957-1966) El genuino

Uno de los géneros más imperecederos en la historia de la televisión ha sido, por excelencia, el drama judicial. La sala del juicio Made in Usa. Esa, donde, los abogados se convierten en mitad héroes, pedagogos, histriones o profetas de la verdad. Parece haber algo en los abogados que luchan contra los puntos más sutiles de la ley —en su sempiterna búsqueda— de la verdadera justicia. Éste era un remanente de los días de seriales radiados, y  antes de eso, los motivos de los abogados eran extremadamente populares en las novelas de misterio. Los abogados de esta serie no solo hicieron trámites y discutieron frente a los jurados. Eso no habría sido muy emocionante y, después de todo, se supone que la televisión tiene una máxima y es la del entretenimiento a su audiencia. Máxima que tuvieron que asumir ellos mismos para llegar al fondo del caso. Esto generalmente significaba no confiar en los hechos tal como los presentaba la policía. Esta parecía ser la otra cara de la moneda de los dramas policiales —que a menudo— se transmitían frente a los programas de abogados. En esos programas, la policía siempre tenía razón y los abogados defensores eran equivalentes a los malos, pero envueltos de un barniz heroico. En los anales de los programas de abogados hay uno que está por encima del resto. Fue el máximo defensor de los falsamente acusados. Su nombre era Perry Mason. Si algunos de ustedes hubieran sido acusados de un crimen atroz, en ese supuesto, no necesitaba un equipo de abogados de ensueño: todo lo que tenía que tener de su lado era un abogado, de la persistencia de Perry Mason. Éste producto, es el humus seminal, de grandes series como “la Ley de los Angeles 1986” o “Murder One 1995”  que programas como, “El abogado 1997″ e incluso “Ley y Orden 1990” le deben mucho.

Perry Mason definió los cánones del drama legal en la televisión y debería ser parte de cualquier colección doméstica seria. Algunos de nuestros hijos, sobrinos o amigos (ya sean vecinos milenials) en su hogar pueden pensar que el televisor está mal configurado; no hay color. Solo dígales que en el pasado había unas pantallas algo panzudas y con largas antenas de hormigas gigantes. Además emitían unas chuladas de series en blanco y negro. Mason ya era un famoso abogado de ficción mucho antes de que apareciera en la televisión. Más de ochenta novelas de misterio de su creador y alma mater: el escritor  Erle Stanley Gardner. Perry Mason es un descendiente directo de los pulps de misterio serie B, de las décadas de los 30 y 40, con detectives como Charlie Chan y Sherlock Holmes. Y poco después, se produjeron varias versiones de películas sorprendentemente mal concebidas. Curiosamente, ninguna de ellas tuvo éxito. Un programa de radio posterior lo hizo algo mejor, pero también luchó por encontrar el tono adecuado para el programa y su personaje principal. Gardner fue más cuidadoso cuando autorizó sus historias para la televisión. Ahí, entró en acción, la actriz convertida en productora ejecutiva; Gail Patrick Jackson y el productor de línea Ben Brady. Gail cuidó y mimó el proyecto, como si de un hijo suyo se tratará. La CBS, encontró la horma de su zapato en el actor Raymond Burr. De inmediato, su presencia, lo convirtió en la estrella del programa. Empero, fue el conjunto de la dinámica de equipo del quien hizo de Perry Mason un megahit de la protohistoria televisiva. A menudo, se oía al acusado injustamente gritar la coletilla: “Te mataré”, justo antes de la muerte.

Lo llamativo de esta primera mitad de temporada es la variedad de historias y, a su vez, ubicaciones. En lugar de limitar la acción a los mismos pocos escenarios: la oficina de Perry, la sala del tribunal y algunas casas y oficinas genéricas que podrían repararse y reciclarse. Hablamos del  tipo de cosas que se encuentran en otros programas de una cámara como Superman, The Life, Legend. Wyatt Earp, etc., CBS le dio a Perry Mason locaciones en el sur de California: el centro de Los Ángeles, en el Valle, el desierto alto y en Big Bear Mountain. Los interiores durante la primera temporada —de todos modos— se rodaron en los antiguos Western Avenue Studios de Fox. Luego está el arresto y el desafortunado acusado que busca su último recurso para la libertad, ahí está el implacable, Perry Mason. A continuación, se llevaba a cabo, la investigación donde Mason y su equipo descubrían las pistas del verdadero asesino. Finalmente, se remataba en un acerado enfrentamiento en la sala del tribunal. Una cosa que es muy poco realista; es que el verdadero asesino con frecuencia se derrumbaba en el estrado y confesaba. Pregúntele a cualquier abogado de un estrado auténtico ¿con qué frecuencia sucede eso? Mason no tenía mucho personal. Por otra parte, tal vez esta ambigüedad moral fue intencionada, dado el elenco de Raymond Burr, un actor que hasta 1957 había interpretado casi exclusivamente a villanos especialmente despiadados. El más famoso de los cuales fue aquel siniestro asesino en “La ventana indiscreta 1954” de Sir Alfred Hitchcock.

Casi impactante es cuánto peso despegó Burr en los tres cortos años desde esa película. Aunque todavía estaba bastante orondo y de complexión de huesos grandes; Burr en la primera temporada estuvo más delgado que nunca. Empero el recio Burr fue una elección inspirada para interpretar a Perry. Cuando el sagaz RB se eleva sobre aquellos a los que interroga en el estrado de los testigos, su voz autoritaria, sus ojos ceñudos y expresivos aún pueden ser intimidantes, sin embargo, sus modales tranquilos y sosegados conectaban rápidamente con el respetable (curiosamente, en la vida real, Raymond Burr era muy sociable, extremadamente generoso y dulce). Fue una cualidad hasta ahora inexplorada del protagonista, que realmente deslumbra en este show. El resto de su equipo lo componía su secretaria Della Street (Barbara Hale) y un investigador privado, a cargo perpetuo de Mason, Paul Drake (William Hopper). Della contestaría los teléfonos y concertaría citas con su jefe. Recuerden que esta fue una época en la que el lugar de una mujer en los negocios era una tarea muy gregaria. Della también era la persona en la que Mason confiaba sus mayores corazonadas. Discutiría el caso con ella, estimaba su opinión y de paso, se veía en ella, una mujer de ese atisbo, de lo que—afortunadamente— iría llegando: la revolución feminista y la incorporación de la mujer en cargos de mayor calado en la justicia o la docencia jurídica. Pero Della fue un personaje algo inusual para aquellos finales de la década de los 50.

Mason estaría demasiado ocupado con informes y otros asuntos, por lo que Paul también saldría a la calle. En busca de esas pistas e información que los detectives de la policía de Los Ángeles pasaban por alto. Este fue uno de los mejores métodos de la vieja escuela conocida como la “caja de zapatos de piel” para resolver crímenes. Ahora tenemos laboratorios para analizar la más mínima partícula de materia que queda en la escena del crimen. En ese entonces, Drake tendría que ir a hablar con la gente y reunir información lentamente que conduciría a una ruptura en el caso. Lo mejor que le habían tomado las huellas digitales a la policía, y siempre había una razón lógica por la que estaban en el arma homicida. Drake también era un puro arquetipo de compañero de los cincuenta; lo golpearon en más de una ocasión y con ganas. Esto normalmente pondría a Mason y Drake en oposición directa con el hombre a cargo de la investigación policial, el teniente Arthur Tragg (Ray Collins). Cuando llegó el momento de comparecer ante el juez y el jurado, el adversario de Mason era el fiscal de distrito Hamilton Burger (William Talman). Es sorprendente que Burger y Tragg mantuvieran sus trabajos; tenían el peor historial delictivo posible. Cada semana preparaban su caso hermético que Mason hacía pedazos. Considerando que cada uno de los clientes de Mason era inocente. Obviamente, se trataba de una grandísima noticia, ya que en la vida real la ciudad se habría arruinado por todas las demandas de procesamiento civil ilícito que se hubieran presentado. Después de todo, no se puede tratar a la estrella de esa manera. Hubo algunas variaciones sobre el tema presente aquí. En un episodio, Burger tuvo que dejar la acusación. Resulta que un viejo amigo suyo es el sospechoso. Por una vez, Burger se alegró de que Mason estuviera en el caso y  que no tendría que perder todos los pleitos; por una semana. Algunos de los recursos de la trama utilizados aquí datan la serie. La razón del éxito de esta serie se debe a la atención a los detalles y la gran calidad de la producción. Cada episodio se construyó como una película de cine negro de una hora de duración en lugar de un programa de televisión normal de 30 a 40 minutos. Así llegaron a rodar 9 temporadas y 271 episodios desde 1957 a 1966. Todo un hito histórico de la TV de la primera edad dorada.

Ahora, en pleno siglo XXI, después de que se mostraran por primera vez estos episodios, siguen siendo tan buenos como lo fueron desde sus inicios. Un ejemplo fue cuando una chica cigarrera es amenazada y luego acusada de asesinato. Para aquellos que son demasiado jóvenes. El recuerdo de los clubes nocturnos, o cabarets de los años 50 es algo muy alejado de lo que se vemos en 2020. En su caso contratarían a una mujer joven y atractiva para que desfilara con diminutos atuendos vendiendo cigarrillos de una bandeja atada a ellos. Evidentemente, a día de hoy esa escena de la chica escasa de ropa y el cajón de cigarrillos y chocolatinas sería una ofensa para una gran parte del público femenino. Otro caso curioso, sería el episodio del título “El caso de la cantante arisca”. Intenten llamar a una mujer brusca en 2020 y observarán que las cosas han cambiado algo. Afortunadamente. Pero insisto, Perry Mason arranca de lo que llamamos la cultura del cómic pulp. Luego, yo soy partidario de observar las cosas con el conocimiento y la mesura del contexto. Si no somos capaces de ponernos en las diferentes aristas de la vida, no tardaremos en quemar el cine mudo o determinadas letras del RockPunk más glorioso. Otro de los grandes reclamos de la propia serie fue el gran elenco de grandes estrellas que fueron invitadas, muchas de ellas ya consagradas; Bette Davis, Angie Dickinson, Fay Wray, Mona Freeman, George Kennedy, Elisha Cook Jr, Lee Van Cleef  o Walter Pidgeon. Así como muchos y muchas de ellas, caras nuevas que pasaron rápidamente a ser famosas tanto en la gran pantalla como en la TV; Ellen Burstyn o David Hedison. Todos esos grandes fans, de los actores de personajes de la época, encontrarán una verdadera mina de oro en cada episodio de Perry Mason. Sólo en “El caso del doliente enojado”, por ejemplo, aparecen Dorothy Adams, Malcolm Atterbury, una jovencísima Barbara Eden, Sylvia Field, Paul Fix, Joan Weldon y James Westerfield. Otros actores que aparecen en estos primeros diecinueve episodios son: Vaughn Taylor, Hillary Brooke, Greta Thyssen, Robert Cornthwaite, William Schallert, Frances Bavier, Joi Lansing, Michael Fox (el patólogo forense), Virginia Gregg, Brett Halsey y muchos más. Los seguidores de la serie “Three Stooges 1922-1970″ se deleitarán al ver al villano perenne Kenneth MacDonald aparecer con frecuencia como juez y como la chica mala de los últimos Stooge, Connie Cezon, desempeñando a la secretaria, en gran parte, invisible de Perry.

Los fanáticos de la ciencia ficción de los 50 notarán las apariciones de incondicionales del género como Morris Ankrum (otro juez a tiempo parcial), Thomas Browne Henry, Whit Bissell y Robert Clarke. Obviamente, quien quedó marcado para el resto de su vida personal como la auténtica estrella de la TV, en su primera era fue Burr. Su cara era de las más reconocidas en todo el mundo. Después de su carrera de nueve años en CBS, se lanzó un programa de televisión de revitalizar el personaje en 1973 que duró una temporada. Esa encarnación derivó en unas veinticinco películas hechas para televisión que se emitieron entre 1985 y 1993 y solo terminó con la muerte del hombre que siempre será recordado como Mason, Raymond Burr. Actualmente, el prestigioso canal de TV de cable, y ahora en streaming, HBO, ha adquirido los derechos de la mano del actor galés, Matthew Rhys, (“The Americans” 2013) ofrece una actualización impresionante y elegante del drama de la auténtica CBS de mediados de siglo. Situada la acción, en los años finales de la década, de los 20 y comienzos de los 30, en plena depresión económica. Actualmente, es el productor del proyecto. Donde se encuentra respaldado por los productores ejecutivos Amanda Burrell, Ron Fitzgerald y el no menos conocido actor, Robert Downey Jr. Además, de un viejo conocido de la edad de oro del icónico canal como Tim Van Patten. Por cierto, la serie entera con todas sus entregas y episodios se puede en encontrar en Amazon y para aquellos más inquietos en Youtube y otros lugares de la webesfera. Lo dicho, siempre hay tiempo para visionar aquella primera edad de oro de la TV y poder disfrutar de un show con más de 9 nominaciones a los Emmys, donde su protagonista siempre era el foco de la pasaralela. Disfruten del genuino Perry Mason. Nota: 8,5

 

 

“Películas que erizan la piel”(2019) de Vicente Muñoz Álvarez

Si hay un término con el que definir al escritor y poeta Vicente Muñoz Álvarez es su pasión por las cosas bellas, dentro de cualquier contexto, del viajante en la carretera —que durante seis meses al año— contempla por las interminables rectas de las autovías de la meseta, semejante delicia de paisaje. Ahí, en la carretera, de su querido Kerouack, en su automóvil pleno de maletas con zapatos de temporada. Curiosa estampa —pero corroboramos— que ganarse el pan, con la venta de libros: Hoy en día. Son muy pocos-as, quienes, les cae esa breva. La pluma hay que cargarla de tinta y la tinta no es gratis. Hoy en día son los diodos o pixeles de la pantalla de un ordenador, la electricidad y la banda ancha (no son gratis). Seis meses después, el amanuense vuelve a lugar de creación: la montaña leonesa y los largos paseos, al lado de su perro, mientras confabula nuevas historias o quizás versos con los que llegarnos al alma. VMA, es cómplice de eso, que ya le ha dado el oficio; el escritor infatigable. Un tipo que no renuncia a esas inspiraciones cuasi —poliédricas— mirando un páramo, saboreando una taza de café, desde un semáforo parado observando a una pareja que discute de la vida que viven. En la cola de un Supermercado, donde una anciana, habla con un móvil —de teclas enormes— mientras, llora a su nuera: lo mal que la tratan los de Servicios Sociales, porque son inexistentes… Sí, la inspiración puede encontrarse en los sitios más insospechados. Pero ahora, volviendo, a este magnífico libro: un ensayo de todas esas películas que nos encontramos en esta última obra de Vicente Muñoz Álvarez y acabamos de leer: “Películas que erizan la piel” (2019). No se trata, del clásico ni el canónico libro de crítica, de determinado cineasta o eso que está tan en boga; las 100 mejores películas del S.XX de suspense o de Sci-fi y etc. No. El autor, repite hasta la saciedad que estamos ante una obra que forma una trilogía sobre unas películas de cine, con las que, ha crecido y se ha enriquecido culturalmente. Todas ellas tienen un significado muy especial para VMA. Son grandes momentos de su vida y han condicionado su estilo y forma de dirigirse a sus lectores. “Películas que erizan la piel”(2019). Es una amalgama de subgéneros de terror donde encontrarán: asesinos en serie, slasher, gore, seres demoníacos, posesiones, vampiros y licántropos, casas encantadas, Sci-fi terrorífico, lisérgico, zombis y sobre todo mucha serie-B, entre una buena cantidad de productos Made in VHS, erótico/bizarro. A día de hoy, entre la jugosa selección, por sus exquisitas 221 páginas.

Observaran, en sus descripciones, films con una premisa primordial; ya que parten como adaptaciones de algunos de los mejores escritores-as del terror gótico, suspense o erótico. En este peculiar y fascinante libro veremos recopilados, todo un gran combinación de películas (muchas de ellas de culto, imposibles de cuestionar). Deudoras del negro sobre blanco, de autores como: Adous Huxley, Alejandro Jodorowsky, Bari Wood, Guy de Maupassant, Lautréamont, Baudelaire, Rimbaud, Huysmans, Ira Levin, Jack Kerouac, Jeffrey Konvitz, John Ajvide Lindqvist, Kenneth Cook, Daphne du Maurier, Henry Miller, Fred Mustard Stewart, James Joyce, Peter Van Greenaway, Peter Straud, Roland Topor, el gran Stephen King o el inefable Sheridan Le Fanu. Films escondidos en algunas de esas maletas de zapatos —de otro tiempo— del gran Jean Rollin y sus vampiros colgados de LSD. Ahí pueden sumarle todo lo que la adictiva Hammer ha producido, durante su fértil historia del cine, que, se devora con ganas. Esencialmente, por un público compulsivo, de todos sus thrillers psicológicos y películas de suspense. Al igual que su generoso catálogo de horror gótico y demás monstruos. Esa es la línea de trabajo, establecida en este brillante libro, una labor minuciosa, siempre dejando muy despejada la devoción hacia un arte que sincroniza con su acervo creativo de nuestro autor. “Películas que erizan la piel” es el tercer libro —que cierra una trilogía dedicada al mundo del séptimo arte— de Vicente Muñoz Álvarez. Un amor que se mantiene, y sigue estando ahí, al igual que el de la música. Confesaba el escritor leonés que uno de sus autores fetiche, de juventud, era Howard Phillips Lovecraft. En uno de los relatos que incluye su extensa obra: “Viajes al otro mundo”, menciona una llave de plata que le transportaba —a los recuerdos de— esa infancia marcada por los miedos y los fantasmas de casas encantadas.” Posiblemente la infancia de VMA es una máquina del tiempo de espacios atemporales. No es la primera vez que afirma con toda rotundidad; “que la esencia de su escritura, y sus pensamientos, es un trozo del recogimiento y el arte de la ensoñación… Poe es el maestro de la literatura moderna, de la literatura sobrenatural, de terror y policíaca moderna.”

 

 

“La Casa Usher me deslumbró. Es un relato con un trasfondo de subconsciente, con muchas referencias solapadas que en una segunda, tercera, cuarta o quinta lectura vas desvelando. Empero, sobre todo, destaca el ambiente que es capaz de recrear. Hay un ambiente fantasmagórico, absolutamente espectral que me trastornó y me sigue trastornando. Como decía Edgar Allan Poe, (sin dormir, pero soñando)”. Este amanuense leones, que a pesar de los años, sigue en movimiento y viviendo de sueños que impregna. Hace como unos cuatro años comenzó el viaje al principio de esta trilogía cinéfila, que inició con “Películas para llevarse al infierno (2011), después, “Películas en la Penumbra”(2015) y por último, la que estamos comentando a lo largo del texto; nuestra, querida “Películas que erizan la Piel”(2019) (una especie de colección de grandes films, con la coletilla de Cult Movies). Películas, con un denominador común, la admiración y celo por esos films con los que ha ido creciendo o descubriendo su itinerario literario. Por cierto, cuando quieran quedar bien delante de sus amigos y denoten; que es la hora del tedio tras una cena larga sin palabras. Hablen sobre el horror. Ya verán cómo se quedan los mismos, cuando les comenten cosas, como éstas: Fue a Tod Browning —que no, el irlandés Bram Stoker— quien se le ocurrió que Drácula vistiera un frac o la impresionante cabeza cuadrada y claveteada de la abominación de Frankenstein es un hallazgo de Jack P. Pierce, no de Mary W. Shelley. Esto no está en el libro. Es una broma, que le gasté por teléfono a Vicente Muñoz Álvarez y le encantó. Y es que el horror es parte de nuestra historia más contemporánea. Yo que vengo de letras puras y como licenciado en Prehistoria y Arqueología y periodista (jubilado por problemas de salud), siempre me gustó esta historia de un personaje cercano a mi mundo y el horror. Recuerdo, con alegría, una clase de una de nuestras profesoras más sabias de los 90. Hablaba de Plinio “el joven” y una de sus primeras crónicas sobre casas atormentadas por el recuerdo de muertes o tragedias recientes. El escritor de la antigua Campania describe: “una casa espaciosa y amplia, pero desprestigiada y funesta” en Atenas, sobre la que corrían todo tipo de rumores debido a los “hechos inconfesables” acaecidos en ellas durante décadas.

 

 

La construcción había sido escenario de asesinatos y después, de la muerte de toda una familia, asesinato que Plinio describe: como algo de una horrible naturaleza, que provocaron el miedo de “la ciudad entera y todos quienes conocían las consecuencias de un acto tan atroz”. Según el escritor, la casa permaneció vacía por décadas, debido a que “en medio del silencio de la noche, se oía un sonido de hierros y un ruido de cadenas, primero más lejos, luego más cerca”. Resumiendo, “Películas que erizan la piel” (2019), es un libro ameno, muy interesante y con un lenguaje cercano. Rico en epítetos y sentencias pop que marca un tempo, alejado de la crítica más ortodoxa y oficial, por excelencia. No es un estudio detallado o una biografía al uso, en concreto. Pero vale la pena, invertir, un poco de tiempo, para disfrutar de películas de terror, subgéneros y rarezas de todos los rincones del planeta. Especialmente sería una extraordinaria elección una o dos de estas películas para un regalo de Halloween. Puede que sea tal el éxtasis de emoción de miedo, del que recibe, que vaya creando un boca a boca, con “Películas que erizan la piel”(2019). Empero, vamos acercándonos al asueto de verano y por ende, hablamos de un libro, que se convierte en un excelente compañero de verano playero e ir tomando contacto, con toda esa conexión informativa. Tremendamente entretenida y reveladora, pero a la vez accesible para la mayoría de los lectores. Realmente he disfrutado, muchísimo, con la variedad de títulos que ha elegido. Desde los años 30 a la selección de mediados y finales de los 60. Así como un montón de films psicodélicos de los años 70. Sutiles 80,s/90,s y algún beluga de este S.XXI. Películas que erizan la piel (2019) /films de culto/ de Canalla Ediciones es todo un hallazgo para todo aficionado y amante de la gran pantalla. Y como decía un teórico del terror contemporáneo de quien, ahora mismo no recuerdo el nombre: “La narración que analiza el miedo como parte del paisaje humano se haga cada vez más profunda, perversa y obtenga un enorme valor estético.” Y claro, hablando de narradores, Vicente Muñoz Álvarez es un valor seguro, pueden buscarle por Google en la Wikipedia y descubrirán su magnífico blog “Mi vida en la penumbra”. Así como lugares míticos creados por su ingenio y frescura como la edición del fanzine Vinalia Trippers o el portal HankOver Resaca; un homenaje a Charles Bukowski. Lo dicho, es muy buen poeta, escribe muy bien, tiene una imaginación desbordande: pero, además, es un grandísimo ser humano. 

 

P.S; Jon Alonso también es el creador del blog el inquietante bypass

 

 

 

Quarry (2016) “Supervivencia pragmática del pulp”

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El canal pequeño o el hermano menor del cable de la todopoderosa HBO: es Cinemax. Algunos puristas lo consideran el canal satélite y uno de los más atrevidos de la competencia de las empresas de entretenimiento tecnológico. No es la primera ocasión que este canal vuelve a las andadas con sus devaneos de atípicos antihéroes solitarios y adictivos diseñados —ex profeso— para una fidelizada platea. Su última ficción; Quarry se deja querer por los conflictos externos e internos del mundo más Pulp. Tal como ocurría en The Knick con el Dr. John Thackeray o en la divertida, y, taquicárdica Banshee con el atribulado sheriff/ladrón, Lucas Hood. Apenas hace unos meses volvió su nueva apuesta por el terror Outcast —del rey de los zombis R. Kirkman— y de nuevo, con un protagonista angustiado y obcecado; Kyle Barnes. Todos ellos pulidos por el mismo perfil: preparados para realizar grandes hazañas por su propia fuerza y orgullo. Eso sí, pagando un alto precio por el ejercicio de esas acciones. Quarry se basa en la serie de novelas criminales —con el mejor sazonado— de la esencia pulp: violencia, sexo y acción de una gran obra, del siempre prolífico, Max Allan Collins. MAC es uno de los mejores escritores de novela negra del mundo (ha publicado más de un centenar de textos, muchos de ellos bestsellers) les sonará a todos aquellos, que vieron Camino a la perdición —obra de culto— llevada a la gran pantalla por Sam Mendes.  Quarry ha sido reescrita por los guionistas Michael D. Fuller y Graham Gordy (forjados en la fragua de la trascendental Rectify) junto con el propio, Max Allan Collins en la producción ejecutiva. Quarry se presenta en su primera temporada con ocho episodios rodados, íntegramente, en New Orleans y Tennessee, que de algún modo, se han convertido en platós de rodaje que simulan de la ciudad de Memphis. La historia nos traslada a la década de los 70, concretamente, al año 1972.

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A partir de ese instante, observamos en pantalla a su protagonista; Mac Conway interpretado por el actor (Logan Marshall-Green Prometeus) un excepcional intérprete de reparto con unos rasgos similares a los del británico Tom Hardy. MC acaba de llegar de su segundo reenganche, en la guerra de Vietnam, junto a su compañero Arthur (Jamie Hector) el inconfundible: Marlo de The Wire. Implicados, aunque fuera accidentalmente o hipotéticamente, en la matanza de My Lai. Su recepción en el aeropuerto es digna de la puerta de Ferraz 70. No les queda más remedio que cambiarse la ropa militar por otra de civiles y salir destrangis por una puerta colateral, La vida en Memphis es muy diferente, desde la última vez que estuvieron con sus familias. Ahora se sienten solos y desprotegidos por el sistema. Además, el maldito estrés postraumático hace mella. El tío Sam se esfuma y deja a toda una generación de valerosos infantes de marina con la mácula de asesinos de bebés. Iniciar su vida como un ciudadano normal y corriente va a ser muy complicado, pues, el ámbito laboral esgrime un contexto —de crisis cercana al fiasco— debido a la escasez de petróleo en 1973. Pero si tienes contactos; es fácil trabajar. Claro que quienes tienen que intermediar por ti: no saben, no quieren y no contestan. Es muy duro de llevar. Mac está inquieto y sus pensamientos son remordimientos con constantes flashbacks a la jungla vietnamita. Su convivencia con su esposa Joni (Jodi Balfour Bom Girls) se va complicando, a medida, que los días van pasando. Ella mantiene una muy buena amistad con Ruth, la esposa de Arthur, (Nikki Amuka-Bird Luther).

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Un día Mac se da cuenta que alguien le está observando y tras una conversación con Arthur; le dice a Mac que un tipo obscuro y bizarro; the broker (Peter Mullan Trainspotting Top Lake y Olive Kitterige), el cual, le ha ofrecido un trabajo de sicario para él. Mac no está por la labor y, sólo ayudaría como buen amigo que lo es. Arthur parece asentir y estar convencido que este primer trabajo puede ser el principio de algo bueno. Desgraciadamente, el affaire, es un desastre. Arthur muere en el enfrentamiento, a tiro limpio, con los señalados y Mac tiene que afrontar la deuda del trabajo; 30.000 dólares. Ahí nace Quarry, el asesino a sueldo —esclavizado— del personaje The Broker. Mac se siente alicaído, nervioso y ausente. Sólo sabe que se va a convertir en máquina de matar, beber y fumar. Quarry tiene mucho de Mad Men, cuando vemos al protagonista hacer largos sin parar en la piscina de su casa. La comunión con la plástica del crol y la música de fondo; aflora las raíces de Memphis, Soul y Blues, música que se teje a lo largo, de la aguja del tocadiscos. Y es que Quarry tiene una gran cantidad de escenas de grupos en directo. Garitos de la peor calaña. Desde afthers grasientos a puticlubs de strippers. La BSO de la serie es un flujo constante de carácter diegético; que hace de cada episodio sentirte cómplice con algunos momentos del gozo de su protagonista. Mientras la televisión esputa el discurso del candidato a presidente McGovern: “El mundo siente no sólo vivió en pero también resistente, que sobrevivió a los cambios de la última década y se dirige hacia el nuevo con optimismo cauteloso.” De repente, se solapa el canal de noticias para informar del desenlace de los atletas olímpicos en el aeropuerto de Munich. Los silencios y las miradas entre lo ausente y la curiosidad que mostraba Aden Young en Rectify vuelven a verse en Marshall-Green.

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La evolución de Mac en esa eterna dualidad de Mr Jekyll&Mr Hyde. Está a punto de triturar todo ese optimismo utópico juvenal de McGovern. Cuando es Quarry, en ese preciso, ejercicio de exploración de la transformación de lo personal. Ambivalentes sentimientos acerca del mundo en el que está y convive en la sempiterna herida —que se guardado— en su mente, de la guerra. Un viaje homéricamente familiar donde Quarry intenta envolver, entre destellos simbólicos, el submundo de los sueños donde Mac y el karma del agua están vigilantes en la piscina del placer y su juventud. Es misma, cómoda, piscina es el espanto —del río repleto de montones— de personas suspendidas bajo el agua y una máscara vietnamita flotante. La paciencia del suave y hermoso ritmo de Rectify es una parte vital de la narración. Empero el compromiso con esa cadencia de migración —de un hombre a sueldo— matando hace que, toda esa convivencia, sea brutalmente inquieta. ¿Dónde estoy? ¿Qué quiero? Sólo se matar… Soy un Sr. Lobo muy violento y silencioso. No obstante, el propio protagonista, de Quarry tiene un grandísimo potencial para actuar bajo ese rictus. Aunque, una de las grandes bazas ganadoras, de la serie, es el inmenso plantel de actores de reparto; que le da ese fuste pulp desenfrenado. Entre lo más kitsch, divertido y surrealista, a ojos del espectador, dejando grandes registros interpretativos. Uno de los más destacados es el enlace operativo entre el bróker (Mullan) y Mac Quarry, desarrollado por el fantástico actor australiano, Damon Herriman, en el papel de Buddy, un personaje impagable, con todo aquel encanto ladino, donde dio a conocer en Justified de FX.

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Aquí es un secuaz gay, enmadrado, adicto a los opiáceos y el karaoke personal a la espera de lo que mande el jefe Broker. Hay una secuencia que ya es un hit parade e incluso convertida en viral por la red. Cuando DH comienza a cantar y bailar, en español, el tema “Whithout you” de Harry Nilsson. Un momentazo, por no decir, el puntazo del éxtasis bufón. Luego, en el segundo capítulo hay otro, tumbado, en la mesa de cocina, de su madre Naomi (Ann Dowd, The Leftovers y Olive Kitterige) cosiéndole un balazo en el muslo femoral. A modo de costurera, de toda la vida, contando chistes de su padre —como un bordado lagarterano— cuando termina la sutura le sugiere; si quiere una salchicha bien asada. Desternillante. Peter Mullan sigue en su línea ya desarrollada en la magnífica Top Lake, como capo superior, proyectando una menor ferocidad y manifestado mayores dosis de cinismo, más cercano a los personajes de Elmore Leonard. En todo momento, proyecta un aura de absoluto control, en todos los movimientos, del equipo y la satisfacción del trabajo bien hecho. A toda esa banda hay que añadir dos adeptos muy valiosos para el pérfido Broker; Karl (Edoardo Ballerini Boardwalk Empire) y Moses (Mustafa Shakir The Night of). Quarry tiene una fotografía exquisita del mexicano, Pepe Ávila del Pino y la dirección de un viejo conocido de la casa, como es el veterano de Banshee; Greg Yaitanes.Cada plano es una estampa, casi un lienzo postmoderno del delta del Mississippi. Luego estamos ante un producto muy bien manufacturado (más cercano a Sundance TV) y brillante ejecución. De un tono más sombrío que la fargonita/camp de la pareja de buscavidas; Hap&Leonard. Cinemax con esta producción híbrida, incorpora ciertas dosis de crítica social, en unos diálogos contenidos, pero llenos de cianuro.

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Sugiriendo la dramatización de la acción de un contexto tan desgarrador como fue el inicio de la década de los 70. El mismo Yainates reivindica: “que los años setenta fueron un tiempo donde muchas personas se parecían a las propias circunstancias más sórdidas.” Puede que haya ese paralelismo de la crisis del 73 Vietnam, Nixon, el caos de la OPEP con la última recesión de los bonos basura, las hipotecas subprime, el rescate de la banca norteamericana de 2007/8 o la aparición de un revival de frikismo político, del diabólico títere Trump. Siempre se ha observado la constante evolución de lo artístico en tiempos duros y la irrupción de grandes obras maestras; en manos de cineastas puros; R. Altman, F. Ford Coppola, Sam Peckinpah, Paul Schrader o M. Scorsese y etc. De algún modo los 70 trajeron a tipos como los citados en EE.UU. Un buen puñado de grandes trabajos y la mayor coherencia del auténtico cine moderno de la historia contemporánea. Junto a todo ese acervo de cine más preciosista también están esos personajes que viven el filo de la navaja. Arriesgando lo único que les queda; la duda de su identidad. Mac Conway lee a John Mc Donnald, mientras ve la huida, El confidente y el expreso de Corea o Nieve que quema. Se siente como un quinceañero recién salido de una tienda de discos, al recuperar, el mítico Otis blue.  En el fondo, no está tan lejos de un tipo llamado Don Draper que —entre medias de rayón y lencería de la perla— leía “Meditaciones de emergencia” de Frank O´Hara. La diferencia no está la función ejecutiva; ventas o sicarios. Quarry y Draper son depredadores de la supervivencia pragmática al servicio del espectador. Es decir, el disfrute de la nueva  narración este nuevo héroe en Cinemax. Nota: 8,2

Hap & Leonard (2016) “Pure enjoyment”

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No es la primera vez que advertimos sobre un panorama, algo saturado, en esto de la ficción televisiva. Pero no se alarmen y veámoslo como un pequeño toque de atención. Sé que muchos de Uds. se hacen la misma elucubración ¿Está agotándose la ficción Made in USA?—les contesto: No. Si volviéramos a otras viejas críticas, no sería extraño comprobar que el arranque del artículo es el mismo; pero es que han pasado demasiados años y la parroquia—en estos tiempos de vigilia postrera—no es la misma. Los espectadores cambian como los semáforos de las ciudades y uno, por alusiones—servidor—, anda algo mayor. Una generación que creció con SWAT, Cannon, Mike Hammer o Canción triste de Hill Street y el adictivo Falcon Crest, hasta aterrizar en la amadísima y mater familias de la nueva edad de oro de la TV; la mítica Twin Peaks y los pelotazos de HBO, The Sopranos, The Wire o A Six Feet Under. Luego, el caudal de búsqueda de nuevos paramos fértiles, vía streaming y la irrupción de nuevas productoras, sigue en la senda de la explotación, para  un mercado aparentemente inaudito y plausible. Un negocio donde el ingenio cuanto más sutil; mejor ejercicio. Bueno, y ¿dónde quiero ir a parar con toda esta valoración de los nuevos parámetros televisivos? Muy fácil, a un lugar donde los campos abonen semillas fructíferas y verdaderas. Por ejemplo, hará unos cinco años —aproximadamente— el canal del guaperas actor de los 70 y nuevo mecenas del buen talento; Robert Redford. Desde su factoría/laboratorio del mejor cine independiente norteamericano y la nueva productora de ficción televisiva Sundance TV está haciendo proyectos realmente adictivos. Algo que comenzó con aquella miniserie australiana dirigida por la no menos prestigiosa, Jane Campion en Top Lake un drama que escondía un thriller de abusos y pequeños ajustes de cuentas políticos, en un lugar recóndito, muy bien hecho. Después nos llegó la magnífica Rectify (a la espera de la 5 temporada, ya estuvimos hablando de ella) con un aura emocional y vibrante denuncia sobre la pena de muerte: exquisita. Manteniendo algunos de esos réditos y formas plásticas de la concepción audiovisual nos encontramos con el film Cold in July (2014). Obra que se ganó el favor de la crítica y fue dirigido por el mismo creador de nuestra nueva serie a comentar; Jim Mickle. Al lado de su inseparable guionista Nick Damici, siguen con la labor de continuar adaptando las novelas del genial escritor Neonoir gótico y slatterpunk; Joe R. Lansdale.

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Y ahí es donde Sundance TV nos trae Hap and Leonard. Una historia de un par de personajes muy en la línea de los protagonistas de la mencionada CIJ. Partiendo de la colección de novelas del mismo nombre H&L de este singular y divertido escritor: JRL. Los creadores del show Mickle y Damici nos adaptan a estos antihéroes de la Texas de finales de los 80/principios de los 90. Una extraña pareja: Hap Collins, blanco anglosajón, objetor de conciencia al servicio militar, que termina preso (James Purefoy Roma 1997) y Leonard Pine (Michael Kenneth Williams The Wire 2002), veterano afroamericano miembro del cuerpo de marines en Vietnam y abiertamente homosexual. Hay que reconocer que mucha gente no hubiera dado un duro por este dúo de actores. Pero la verdad es que nos encontramos con una pareja muy bien avenida de fina química. Sus vidas están condicionadas por los empleos de poca monta para salir del paso —dando tumbos— por la profunda Texas de finales de los 80 Reeganniana y a un paso de la nueva era de Bush padre. De repente, aparece una hermosa y fantástica, Trudy (Christina Hendricks Mad Men), la ex esposa de Hap con un asunto muy atractivo y con su toque puramente del viejo cine negro. Propuesta de mujer fatal…, cariño sé de un lugar donde hay un potosí. Claro que para llegar a ese Dorado hay que bucear muy hondo, en un río cerca de los cayos, donde los caimanes pasean hambrientos y las aguas son turbiamente profundas: hay que abrir el maletero de un viejo coche, donde reposan los codiciados dólares. Hap&Leonard es un espectáculo muy bien hecho con ecos al disparatado y brillante Hardboiled Banshee de Cinemax, que empuja al género con un ritmos muy sui generis, propios del sello Sundance. La aventura se acompaña de Howard (Bill Sage) —el nuevo esposo de Trudy— en el papel del hippie obsesionado, con salvemos el dinero en paraísos fiscales. Chub (Jeff Pope) un tipo gordo y grandullón heredero de la tipología más Made in Fargo de la factoría Coen Brothers y el ex activista y mercenario revolucionario de rostro desfigurado; Paco (Neil Sandilands) más cercano a un film del difunto Craven. Reunidos en una vieja hacienda semi-abandonada planean la estrategia de recuperación del dinero. No obstante, a todo el variopinto grupo de cazadores de tesoros —que piensan que el dinero se ha quedado atascado en el fango— pero reposa en el maletero de un viejo Ford en lo más hondo del río.

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Todo ello guiado por el gurú del grupo Howard, un tipo que se refleja el progreso de la contracultura del individuo blanco, en su transformación de viejo hippie a yuppie. (El gran Lebowski era un tipo muy perseverante en la cómoda propuesta). Luego, él y toda su cascabelera cuadrilla  hippie trasnochada,  quiere tomar el dinero y establecer una paz verde del tipo sin animosidad de lucro para cambiar el mundo,  Habría que añadir a toda esta tropa, un traficante de droga local (Jimmi Simpson) aquel hacker de la exquisita House en Cards T3 y exuberante novia punkie sanguinaria la escocesa (Pollyanna McIntosh The Woman y The Filth) personajes que introducen el elemento del caos a la historia; ya que son los dueños del terror que inunda la ciudad con sus execrables asesinatos. Sin embargo el mayor efectivo del producto y posiblemente el empuje más seductor del mismo siguen siendo la pareja H&L en sí muy significativos. Partiendo de la prosa original, de Lansdlale son los prototipos, de hombres dignos de un estudio—cuasi— antropológico. Todo ello contrastando los entornos, de ese norte liberal postindustrial, y ese sur conservador agrícola. La unión de ambos por su imperecedera lealtad de uno al otro, sin cuestionarse ni el color de piel, ideología o identidad sexual. Hap es blanco, sureño, tolerante, y ex activista contra la guerra del tío Sam. Tampoco se le podría etiquetar del típico votante progresista del partido demócrata, pero lo que es más evidente; es su animadversión hacia las proclamas de los conservadores fanáticos. Mujeriego por antonomasia y amante de las causas perdidas. En cambio, Leonard es un veterano de Vietnam, ideológicamente conservador, a pesar de ser estigmatizado por esa mácula del color, y su identidad de Gay en una América sureña en los años donde se atisba una América que tiene en el cambio al gobernador Michael Dukakis contra el republicano Bush padre. Ellos dan señales de preocupación, en ese instante, donde todo salvaje vividor va viendo que los años de grandes fechorías y diversión están contados; los 50 tacos les persiguen como un cazador de patos en un lago. Y mojarse la tripa en la mitad del trayecto puede ser un viaje peligroso.

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Una de las grandes sorpresas del show es la interpretación, del siempre carismático, actor Michael Kenneth Williams, mítico Omar Little de la legendaria The Wire y el fiel gangster de color Chalky White de Boardwalk Empire. Todo un lujo observar el cambio de registro, alejándose de esos ecos —llamémosle— violentos de alto voltaje y meterse en la piel de un tipo con sensibilidad, honorabilidad y sentido de la heroica. Todo lo contrario del gentleman James Purefoy cuestionado por su origen británico, dio mucho que hablar, sobre la idoneidad de su elección para ser Hap Collins. Obviamente, el resultado no puede ser mejor, su solvencia a la hora de poner el acento texano y ese toque cínico, propio del personaje, original de las novelas. Siempre he dicho que sólo han habido dos Marcos Antonios impagables: Richard Burton y James Puferoy en Roma de HBO.  Y es que desde el primer contacto con la cámara, Purefoy y Williams venden la compenetración entre sus caracteres. Así como el contoneo juguetón de Hap Collins con su ex Trudy, una Cristina Hendricks (en pleno esplendor con sus recién 40 años cumplidos) que trae a la mujer fatal de los años 50. Hap y Leonard nos devuelve a ese tiempo donde las estrellas del celuloide eran Don Johnson, Mickey Rourke, Geena Davis, Wesley Snipes o Rob Lowe que se encuentra en aquella divertida y coloreada 1980. H&L se suspende en el tiempo, su frondosa geografía nos retrotrae a la encantadora y sugestiva primera temporada de silencios y personajes muy típicos de esa oculta y desvencijada; América profunda. Estableciendo un estudio en profundidad en la pantalla, cercano a la primera temporada de extraordinaria True Detective. Sabores locales de un contexto regional que esconden pasiones y personajes altamente peligrosos. La serie también utiliza sus flashbacks con moderación pero eficazmente para mostrar y no decir, los orígenes de estos personajes las conexiones. Pero la serie, a veces, pierde algo el tono y la narración de un estilo no siempre coherente. Así como algunas lagunas de su edición y continuidad pueden pecar de episodios demasiado nerviosos. No obstante, el elemento de unos diálogos muy solventes y precisos que nos acercan a aquel humor de muchos dramas criminales de los de antes. Y es que Hap and Leonard es realmente divertido. Su bandera como auténtico divertimento es asesinar por un camino imparable a los idealistas corrompidos. El resultado es algo así como unas fresas en su mejor estado de madurez que terminan irresistiblemente en el paladar de los adictos al género negro.

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La adaptación, en cualquier caso, es por lo general fiel a la novela, con la inclusión de nuevos elementos para conseguir en los momentos más excitantes mayor pirotecnia. La combinación del espectáculo de seriedad temática con momentos hilarantes de situaciones que nos llevan a las novelas de Carl Hiaasen terminando por conectar con el resto del más escéptico y los 45 minutos del episodio se convierten en un pis-pas. “Estos tipos son la clase de vaqueros fuera de tiempo”, según Jim Mickle, de ahí, la ubicación del contexto de los divertidos años 80. Y que el ambiente occidental, con un “sentido y moralidad que vuelve y se mantiene por los siglos de los siglos”. Algo que demuestra; cual es la especia perfecta para atar este guiso de género. Los diálogos son inteligentes y conmovedores, y de los seis episodios formato garantiza que el espacio se mantenga agarrado y recorta cualquier narrativa larda. No hay mucho relleno, por lo que será muy interesante ver cómo la exhibición de sus dobleces en la segunda mitad. No le hace falta moverse a una velocidad de vértigo, pero los polvorines se establecen para una conclusión explosiva. El espectáculo es sin duda característica de este calibre, con una magnífica dirección de Mickle y el operador de fotografía, Ryan Samul. Así como la excelente BSO del compositor, Jeff Grace. De esta manera, Hap and Leonard se siente realmente como una especie de secuela de la fantástica Cold in July. No sabemos la continuidad de los próximos libros pero quién sabe si Mickle sería capaz de traer al personaje de Bob interpretado por Don Johnson, que sigue siendo uno de los personajes principales en las obras de Lansdale. Empero el espectáculo a medida que va avanzando consigue una gran influencia del tono fílmico de la gran Justified. Al igual que recuerda a una vieja serie de James Garner: The Rockford Files. Donde pasó a ser el detective que estaba de paso de todo, lidiando con los problemas de los extraños personajes que encontraba por el camino y la cutre/hermosa California del sur que descubría en su recorrido. Evidentemente, Hap and Leonard es un sueño hecho realidad. Es un muy buen punto de partida y si el resto de la temporada es tan buena como los cuatro episodios vistos por servidor, posiblemente, estamos delante del nacimiento de dos tipos, con el suficiente currículum, a iconos de gran ficción de este S.XXI. Esperamos plácidamente, mientras suena el buen country de la divertida, explosiva y encantadora Texas. Claro, contando con el elemento sorpresa de algún purista que se haya dejado caer con por bellos parajes de Louisiana, por aquello, de las facilidades fiscales a la producción. Ironías a un lado; Hap&Leonard creo que han entrado por la puerta grande de Sundance. Al tiempo. Nota: 7,8

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