The best albums of 2016

  1. David Bowie “Black Star”

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2.   Radiohead “A Moon Shaped Pool”

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3. Nick Cave&The Bad Seeds  “Skeleton Tree”

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4. Iggy Pop “Post Pop Depression”

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5.  The Hotelier “Goodness”

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6. Alcest “Kodama”

 

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7. Charles Bradley  “Changes”

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8. Leonard Cohen “You want it Darker”

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9. Lucinda Williams “The Ghosts of Highway 20”

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10. Sticky Fingers “Westway” (The glitter&the slums)

 

 

 

 

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“Get on Up” (2014)

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En ese viaje donde la cámara conecta con la leyenda del individuo y su testamento: nos encontramos con todo tipo y formas de itinerarios; que son los géneros cinematográficos. Últimamente, la simbiosis Rock&Cine ha encontrado una empática alquimia. Los biopics de aquellas legendarias estrellas del Rock son una caja de bombones, con más peligro que un puma, suelto en Times Square. Bromas aparte. La cuestión es que cuando se llevan este tipo de proyectos, en torno, a una leyenda del Rock hay que tener detrás de la cámara a directores con una gran cultura y pasión por ese estilo. Algo así como los directores más sensibles con el arte y figuras del mismo. Caso de algunos genios de la pintura y demás afines. Sin embargo, en esta ocasión, tenemos la suerte de presentar y comentar un film, sobre una de las mayores figuras musicales contemporáneas —de un sonido único y legendario— que se confabuló en la ciudad de Detroit. Todos Uds. estarán pensando en las grandes voces negras de los 60. Es evidente, no van nada mal encaminados. Y Es que no todos los días podemos ver en la gran pantalla del Led, un film del padrino del Soul, el inefable James Brown. Película que cuenta en su producción con el favor del gran Mick Jagger  —en otra de sus múltiples facetas— y el reputado productor Brian Grazer. Jagger, anunció a bombo y platillo que estaría encantado, de realizar un biopic, de una de las figuras musicales, que más ha influido en su estilo musical.  El elegido para dirigir el interesante biopic de James Brown fue Tate Taylor que, alcanzó la fama, con la adaptación de la novela “The Help” (Criadas y Señoras) en 2011, todo un éxito de taquilla y crítica. Por cierto, este año nos llegará con otra película que viene con la vitola de gran novela “La chica del tren”. Bien, de vuelta a Get on Up, siguiendo el guion de los hermanos Butterworth (Fair Game y Edge of Tomorrow). Taylor nos propone un ejercicio de acercamiento al interior y la naturaleza más humana del mito Brown: el padrino del Soul.

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El film se abre con James Brown bajando de una camioneta Pick- up en dirección a una correduría de seguros. Engalanado con un chándal verde —supervistoso— de terciopelo. Y entra en la correduría de seguros, dándose de bruces con la empleada de la limpieza, la cual, se lleva un susto de muerte —ya que lleva puestos unos cascos con la música de Brown— cuando observa, que quien tiene delante de él; es el mismísimo James Brown. Se dirige a ella, en un estado de narcosis considerable. Coge el pasillo directo que le lleva hasta el WC. Del WC sale una mujer blanca madura y cierra la puerta. La puerta la abre JB y comienza a maldecir a la persona que ha utilizado su WC. Sale del local y vuelve a la Pick-up para descolgar una escopeta repetidora. Entra en mitad de la pesadísima charla sobre la venta de seguros, dada por un coach de asesoramiento. La cosa como el que no quiere, es que, entre el colocón que lleva la estrella del Soul y su monólogo, en torno, a los apretones intestinales, de un domingo cualquiera en la placida Norteamérica. Nos vemos una escena entre lo desternillante y lo patético; más propio de uno de esos soliloquios de un film de Tarantino. La platea de oyentes se sonroja al escuchar las palabras de JB y, a la vez, sienten el pánico como recorre sus carnes. Brown sigue insistiendo, en su discurso, balbuceante, sobre los dichosos apretones mañaneros. Cuando de repente, la escopeta se dispara y el cartucho hace un boquete enorme, cayendo un gran trozo de escayola.

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Todo el personal que estaba temblando sobre las sillas; se echa al suelo. Brown sigue con su movida y ahora le da vueltas al asunto por lo que le costara el desliz del disparo y su reparación. Luego se revuelve contra el personal y pregunta en voz alta —¿quién se ha ciscado en mi WC? Entre sollozos y lágrimas, la mujer que había salido del WC—un par de minutos antes—confiesa que ha sido ella. JB le dice que no la va a matar, incluso se arrodilla y la da la mano para que se levante y se asiente. Comienza un nuevo discurso —flipadísimo— sobre la actitud ante la vida y el arrepentimiento. Termina la frase de un modo lapidario con un: Yo, soy James Brown, y, además, hice lo debía de hacer en mi vida, cambiando el devenir de las cosas. En esos cinco minutos de película descubrimos un material, entre lo surrealista y lo genial. La arrolladora lección de magisterio interpretativo del actor Chadwick Boseman (42, Lincoln Heights, Justified) llega por momentos, a pensar en los documentales sobre el auténtico Brown y su manera de hablar. Una joya de actor que se mete en la piel de la pantera de Carolina del Sur. Alguien podrá decir que es lamentablemente cochambroso y puede que esté en lo cierto. Pero esto es un biopic Sres-as… El personaje deja bien claro cuáles son sus sentimientos y su manera de vivir: su música. El Soul fue él. James Brown era una locura.

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Un tipo que llegaba hasta el final y no le ponía reparos a lo que pretendía.  Taylor apuesta por una narración, tan de boga, por la ficción televisiva: flashforwards y flashbacks. El recurso de ir hacia delante en el tiempo y hacia atrás, haciéndonos entrever la difícil infancia de Brown, se dan cuenta y, puede hacernos entender, de donde provenían esa fuerza y rabia. El viaje rebobina hacia atrás para describirnos al pequeño James. En ese medio rural de Carolina del Sur donde James Brown convive con un padre adultero y alcohólico Joe Brown (el británico Lenie James Snatch: Cerdos y diamantes o Walking Dead) o Susie Brown (la siempre solvente Viola Davis nominada al Oscar dos veces por Doubt y The Help). Además, de una madre prostituta que los abandona. Estos viven en la más absoluta indigencia y la miseria de la vieja América profunda, una época donde la IIGM condiciona todo. Vestido con unos pocos harapos, en una choza del bosque, convive junto a sus violentos padres. No tardará en ponerse a trabajar en un prostíbulo, donde comparte una cama pequeña con un tipo llamado Big Junior, de una obesidad descomunal. Este tipo aleccionó al pequeño James Brown en el enredo y la oferta comercial del burdel donde pernoctaba a los soldados de permiso, que se dirigían como conejos a un campo de zanahorias. La situación del pequeño James Brown fue lo más parecido a un relato Dickensiano. Abandonado por su padre y al lado de su madre en un burdel, donde se ganaba la vida con la visita de soldados que volvían de permiso de la IIGM. Aquel prostíbulo lo manejaba una Madame. Ésta, le gustaba el chaval, su brío y arrojo, en su manera de trabajar (atrayendo a los soldados hacía su casa) y lo mimaba con buenas propinas.

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Empero Brown tenía un don que le lleva un día una iglesia, y, en mitad del éxtasis de los participantes, a modo de un clásico espectáculo, del film de los Blues Brothers; ve como un carismático predicador que le trasmite el espíritu del sonido góspel y la pasión por el baile. El viaje nos lleva a Brown a 1949, con un plano que se aprecia como el chavalín bailón, ya es un joven de 17—que rompe la ventanilla— de un coche, para robar una americana. La policía lo persigue y termina en el calabozo de la comisaria del condado. A la espera de que sea internado en una prisión/reformatorio junto a otros de su edad. La ley de entonces, en Carolina del Sur permitía llevar a una persona mayor de 17 años a la cárcel. La situación del joven pintaba muy fea, pues, como mínimo le caerían 4 años y una posible remisión de la libertad condicional, si mantenía un buen comportamiento. En uno de los descansos del correccional se organiza un pequeño concierto de Gospel/homilía, donde, la casualidad de las casualidades, JB entra en contacto con su mano derecha a lo largo de su carrera musical, Bobby Bird (Nelsan Ellis/True Blood). Prosiguiendo con la narración, nos encontramos con un momentazo para todo devoto del Rock: el minuto, donde el albur hace que Brown conozca a Little Richard. A partir de ese instante, el film toma una velocidad de crucero donde veremos el ascenso de esta estrella a lo largo de los 60 y como se convierte en una superestrella mediática llegados los 70 en medio mundo.  Puede que no sea la magnífica Walk in the line (2005) de James Mangold, pero Tate Taylor consigue una buen tempo narrativo. Una ligera reprimenda sería la historia en sí, los bien contada que esta la primera parte. Todos los insertos, la salida y entrada de los personajes.

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Después en la segunda parte, ahí vemos, como el metraje tiende a la pesadez y la reiteración de determinadas actuaciones o tics del propio Brown. A pesar de sus más de dos horas, amén, del terrorífico error sobre la verdadera repercusión en la vida musical y el estrellado del manager de Brown; Ben Bart. Un personaje interpretado por el siempre interesante Dan Aykroyd. Y es que, sobre la relación personal con el propio Brown, pone de manifiesto una especia de karma muy paternal de Bart con Brown. En el film se deja entrever que JB llegó a estar en el funeral del mismo Ben Bart (con un afligimiento terrible) en un cementerio judío. Un asunto que los familiares de Bart han criticado con ahínco, a la productora del film, pues James Brown jamás estuvo en el sepelio de BB. (Aún más, a sabiendas, de que uno de los personajes, que está detrás del film; es Mick Jagger). Bien, con esos defectos y otras grandes virtudes: el montaje final del producto sale victorioso, gracias a una excelente banda sonora rematar costuras que se han quedado fuera de la sarga, mencionada anteriormente, final. Una música donde suenan los mejores temas de este portaaviones del escenario. Afortunadamente, la dirección artística del film es modélica, algo muy cuidado en los biopics con buena producción. El viaje del padrino del Soul por seis décadas— de los 30 a los 80— es un gustazo y toda una lección de dirección de fotografía. James Brown es el producto, de una vida fingida, entre la desgracia del precio de la orfandad y el hecho de su reconocimiento como una de las grandes influencias dentro del Rock&Roll. Mayores son los aciertos que los defectos de un individuo —nuestro James Brown del cine— el maravilloso actor Chadwick Boseman lo borda. Siempre he dicho que los actores de color son mil veces mejores que los blancos norteamericanos.

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No quiero decir con esto que los blancos sean malos actores. Pero las cartas con las que juegan la partida no son las mismas. Algo de esto suena por la corriente del río con las últimas nominaciones de los Oscars a mejores actores y actrices ¿Racismo? En fin, no quiero meterme en este charco, pero hay mucha tela que cortar con todo lo que pasa con la población de color, de un gran país, donde su presidente es afroamericano. Lo dicho, contemplar la interpretación de canciones míticas, en la voz de Boseman es una delicia. Temas como “Caldonia”, “Please, please, please”, “Super bad”, “Try me”, “Soul power”, “Get up” (I feel like being a sex machine). Alucinante. El sonido es perfecto y lo dicho, el film es sensato y coherente con una figura de la historia de la música negra esencial. Referencia legendaria de cientos de bandas de los 80, 90 y este siglo XXI. Magnífico retrato socio-cultural de un tiempo compulso en la historia de los EE.UU son las vinculaciones del propio JB y el debate racial, así como el conflicto bélico de Vietnam y el parricidio del Dr. Martin Luther King tras su pérdida. Subidas y bajadas de un genio, que murió como lo que fue toda su vida: fuego y ritmo. La asepsia con la que se ha dejado fuera los aspectos más oscuros, del personaje y constante relación con la violencia de género. Todo ello bajo el efecto de drogas realmente poderosas y demoledoras que hicieron mella en el astro. Un film recomendable que no pude ver el cine y afortunadamente el Blu-ray da buena fe de que la tecnología cinematográfica tiene mucho futuro. Lo dicho, a los amantes del Soul y su figura pasaran un rato de lo más ameno y entretenido. Y aquellos que desconozcan la figura del personaje; es un buen momento para ponerse al día con una de las grandes leyendas musicales de los 60 y el género Motown. Cómo dijo un grande de la música; que sería de ésta sin el Soul. Disfruten con este homenaje, de otra leyenda viva del Rock, Mick Jagger, a este gran artista que fue James Brown.

The best albums of 2015

1. Alabama Shakes “Sound&Color”

 

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2. The Sonics “This Is The Sonics”

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3. Wilco “Star Wars”

 

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4. Courtney Barnett “Sometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit”

 

 

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5. Sufjan Stevens “Carrie & Lowell”

 

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6.Father John Misty “I love you, Honeybear”

 

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7. Sleater-Kinney ”No Cities To Love”

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8. Richard Hawley “Hollow Meadows”

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9. Björk “Vulnicura”

 

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10. Jason Isbell

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Jimi: All Is by My Side (2013) Why?

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Hay cosas en la vida que tienen un precio impagable. Una de ellas —montarse en una máquina del tiempo— para acercarse al espíritu de una de las etapas más fecundas en la historia del Rock. Vaya por Dios! Sigo embobado con las lecturas de Wells y las pelis de Kubrick. Seamos realistas, a finales de la década de los 60 apareció el mayor genio de esto que llamamos Rock en estado puro. Bueno, entre lecturas y más relecturas, todas ellas conjugadas con mi enfermedad crónica; a veces puedo escribir unas pocas líneas. Otras veces, el dolor, sólo me da tregua en la cama, con el cuerpo envuelto de morfina de última generación. La cuestión es que no paro de escuchar Purple Haze, Little Wing o Voodoo Child del zurdo de oro; Jimi Hendrix. Y toda esa música me persigue a lo largo del último mes. La vida suele ser caprichosa: es evidente. En demasiadas ocasiones; azarosa y fantástica. El Rock&Roll se ha dejado la piel en intentar contarlo mediante letras fascinantes y acordes celestiales. Bien, siguiendo con el devenir de los acontecimientos. No hace mucho tropecé con esa providencia que te llena de gozo. Un viejo amigo, que es hombre de radio, y, de muy buena música; Paco Cremades. Ahora en la 99,9 Valencia Radio. Me invitó a su nuevo programa tras casi treita y tantos años de vidas separadas, pero como le gustaba al bueno de Carver decir: A veces se cruzan. Paco presenta un programa cojonudo, que suele rematar con la gente de esta ciudad, los cuales, hemos sido luciérnagas de agitación musical, cinéfila o literaria y etc. Es un espacio muy interesante, donde el gran Paquito, te lo pone absolutamente dificilísimo: elige las 5 canciones de tu vida. Imagínenselo, el vademécum musical de un servidor, en sólo 5 temas. Elegí en primer lugar Purple Haze del glorioso Jimi Hendrix. Antes de escuchar el tema, Paco me dijo: ¿Por qué has elegido esta canción, Jon? Mi respuesta fue sencilla y divertida. Me encanta, amigo. Ahora, cuando entré a valorar e intentar explicar algo de la figura de Hendrix, Paco me decía: Corta, Jon, que nos quedamos toda la noche hablando del duende de Seattle… Es obvio, se podría estar hablando un año entero de su obra y posiblemente, al año siguiente la tertulia seguiría igual de eléctrica. Bien, una vez aclarado el punto de arranque sobre el personaje a valorar, retomamos el análisis de este antojadizo film —del nuevo biopic musical — estrenado el año pasado, y, que hace unos días pude visionar.

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Hablamos de una película, en torno, a la figura de Hendrix. “Jimi: All Is By My Side” (2013). Es un film que no fue estrenado en España ni fui capaz de localizarla vía DVD. No obstante, gracias a esto, de las nuevas tecnologías: di con él. La verdad que toda esa ilusión de este último mes quedó por los suelos tras unas larguísimas dos horas visionado. El film está escrito y dirigido por John Ridley. Un cineasta conocido —principalmente— por sus credenciales, como el guionista de “12 años de esclavitud” de Steve McQueen (ganador del  Oscar al mejor guion adaptado de la Academia de Hollywood). Maravillosa película y una historia muy bien escrita. Es evidente, el sublime esfuerzo, por parte de John Ridley. Actualmente, en la TV, con una miniserie que ha recibido el aplauso unánime de la crítica: American Crime (2015). Luego, una cosa es pretender crear a base de rodar cosas, que todo aquel, bien avenido, en el negocio audiovisual pueda llegar a encandilar. Eso sí, también hay que contar con la variable de la exasperación con el más advenedizo del entretenimiento de la gran pantalla. Ridley debutó como director con un bodrio llamado; “Cold Around the Heart” en 1997 con David Caruso (el pelirrojo de CSI Miami). Lamentable en todos sus aspectos. A modo de una especie, de comedia negra con el trasfondo de unos ladrones de tres al cuarto. De ahí hasta, ésta, Jimi: All Is by My Side. JR ha escrito buenos guiones, esencialmente, para la televisión, capítulos de “Turno de Guardia” que se emitió entre 1999-2004 y alguno para el cine, caso de las estupendas; “Giro al infierno” (1997)“Tres reyes” (1999) . Sin embargo, Jimi Hendrix es algo demasiado grande. Muy grande, querido Sr. Ridley. Además me hago las siguientes preguntas a mí y a Ud. ¿Cómo se puede concebir un film que hable de una de las mayores leyendas del Rock sin su música? Más aún, cuando Ud. sabía de sobra, que nunca podría utilizarse el más mínimo acorde, de las míticas canciones del genio de Seattle. Obviamente, si no estamos delante de la pantalla para disfrutar de la música, entonces ¿qué hacemos aquí? Aquel músico deslumbrante lleno de personalidad y vida social. ¿Cómo puede ser sustituido la mera presencia de su voz, si lo que nos plantea Mr. Ridley es el vacío más aséptico en muchos años? John Ridley se acomoda en la pretenciosidad y la indulgencia de un hipotético cineasta de autor, y, para mayor inri, se arma de valor, presentando, al gran Jimmi Hendrix más parsimónico de higiene sexual, racial y política de los años 60.

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Un Hendrix desde un prisma lisérgico, que es el caleidoscopio, de una sociedad bulliciosa y convulsa, a través, de una  mirada autocomplaciente. El director nos presenta una lánguida psicología del mito y su devenir por el Londres de mediados de los 60 y poco más. Fetén. La tristeza se apodera de servidor, en el salón de casa, que comprende un poco más, a algunos avispados distribuidores, a la hora, de elegir el pescado que vender al espectador. Es increíble e insisto en esta cláusula del contrato de la película. Si vas a hacer una película sobre la vida de Jimi Hendrix sin poder utilizar una sola canción suya, mejor salta del piso más alto de tu edificio o vuelve al set de TV. Todo ello está muy claro, Sr. Ridley, ya que los propietarios de los derechos del legado musical de Jimmi Hendrix son propiedad de Experience Hendrix LLC v PPX Enterprises Inc., quienes le dejaron muy claro, que no se los otorgaría a Ud. y a su productora audiovisual; si el fondo de gestión no tenía una participación completa en la producción de la película. No pasa nada. El ínclito guionista y productor John Ridley con unos 5 millones de dólares, lo tuvo muy claro desde el principio; ya que Jimi no será el clásico biopic lineal de la época y Ridley tiene en mente un historia apasionante, envuelta, de un montón de imágenes de archivo de los 60. Pero aborda su tema con una sensación de caduca nouvelle vague de querer y no poder. André Benjamin /Jimi Hendrix  —o mejor dicho sea— para los colegas; André 3000 ha llegado. Un artista con una pobre experiencia como actor y de triste CV.  Lo localizamos en un film de  John Singlenton, “4 hermanos” (cineasta venido a menos). Así como una película completamente olvidable de G. Ritchie, que se llamaba “Revolver”. Incondicional en cameos para series de televisión adolescentes y Late Nights Show. André 3000 tiene una relativa reputación como músico rapero, pues el líder de su grupo; Outkast. Banda que alardea de jugar con muchos géneros musicales, desde el hip hop al funk alternativo. Algo que siempre es bienvenido: el interés por la música y la experimentación. Ah!, se me olvidaba. Nuestro carismático líder nunca más volverá a cumplir 39 años, pues ya tiene 40 tacos. ¿Recuerdan la edad de nuestro querido Hendrix? AB ofrece un rendimiento cerca de lo insustancial y anonadado. Difuminando la línea, que separa al actor  del personaje, para la grandeza del enorme JH. Benjamin es Hendrix, desgraciadamente, porque las cosas son así. En un papel completamente plano y sin verbo. AB capta un profundo retrato de un artista impulsado por la potencia de la música y su conexión con el espíritu humano que le llevará a tierra de nadie.

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La torpeza y lo desatinado del conjunto no tiene nada que aportar a la intensidad de un músico racial y atrevido con una guitarra. Mientras que ninguno de los actores tiene mucho que trabajar en términos de profundidad. En el caso de las féminas, las actrices, que aparecen dan un resultado excelente y posiblemente, sean lo mejor del olvidable film. Andre Benjamin es evidente que, como todo aquel bien ceñido a la profesionalidad, llega a sentirse parte del auténtico Hendrix. Empero el carácter —de sí mismo— es más bien una caricatura, de lo que realmente era el auténtico artista. No obstante, descubrimos unas cuantas alegrías en el resto del reparto que acompañan a nuestro querido rapero/Hendrix. Bien, en la otra orilla, nos encontramos con el contingente femenino, y el resto de actores, de reparto encabezado por Linda Keith (Imogen Poots) una joven actriz con un currículum muy interesante; 28 Weeks Later con JC Fresnadillo, Centurion de Neill Marsall, El último concierto al lado del desaparecido Philip Seymour Hoffman, Flith “el sucio”, Lío en Broadway de Peter Bogdanovich. Y este año acaba de rodar Knight of Cups el último film de Terence Malick. Después tenemos a la novia británica de Hendrix; Kathy Etchingham — realizando su papel con gran solvencia— la excelente actriz, Hayley Atwell (chica Marvel con la que todo el mundo quiere estar Capitán América, Los Vengadores, Cenicienta, Agent Carter en TV, al igual que la serie de culto británica, Black Mirror). Chas Chandler (Andrew Buckley) de The Animals, buenísima actuación, (la de este actorazo Made in UK, básicamente, bregado en  series de TV y teatro, Extras, Whitechapel o la muy reciente The Neighbors). Otro personaje, muy a tener en cuenta, sería el manager socio de Chandler: Michael Jeffrey. El personaje es interpretado por el acreditado actor norteamericano, Burn Gorman. Actor y músico de gran talento. Se le ha podido ver junto a Daniel Graig en Layer Cake, El caballero Oscuro (Batman) o en los Crímenes de Oxford de Álex de la Iglesia. Así como el activista de color londinense, Michael X, interpretado por el veterano actor británico Andrian Lester (Primary Colors, el día de mañana, Expediente 39 y un telefilm que dirigió Sam Mendes hace unos cuantos años Company (1996) era su segundo trabajo; un telefilm que tiene la curiosidad de contar con otro actor que iniciaba su andadura profesional, Clive Owen. Otra gran sorpresa han sido las pequeñas apariciones de los legendarios: Noel Redding en un papel interpretado por un joven actor (Oliver Bennett, pequeños papeles en cortos y alguna TV movie).

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Al igual que ‘Mitch’ Mitchell  en manos del actor, Tom Dunlea (con un currículum de pura figuración) haciendo del batería de la genial Jimi Experience Band. Ambos tocan sus instrumentos correspondientes con gran soltura. Y por último, destacaríamos a Eric Clapton, un papel que reside, en un jovencísimo actor irlandés: Danny McColgan (pequeños papeles, como cortos y figuraciones especiales, a la espera de lo que se presente). Por último, el legendario Keith Richards, en un rol —casi residual— que es interpretado por Ashley Charles. Actor bien parecido, muy conocido por sus papeles televisivos, en series británicas como en la exitosa Reina Blanca (2013). Una vez enumerado todos los efectivos con los que tiene a su disposición: John Ridley despedaza estos magníficos mimbres. Volvemos, de nuevo, al camino de la descomposición y incomprensión de un film—reitero—desesperante. La ausencia de intensidad de la guitarra del músico es un K.O. del que cuesta recuperarse. Desde su fotografía visualmente monótona, el atracón de diálogos vacíos que acabas hastiado. Así como los constantes saltos de película, demasido predecibles, de escena a escena y omitidas de brío. Muy a pesar de que muchísimos neófitos y desconocedores de la obra de Hendrix puedan quedar extasiados con el tono de determinadas escenas, en las que la estética del vestuario y la ambientación junto a esa manera bizarra y exasperante manera de mover la cámara. Creando una narrativa, entre saltos y cortes torpes, con los congelados de foto-fija, en la mesa de edición, para aclararnos como eran los miembros de aquella década de los 60. Terminan por mostrarse acartonados, frívolos y condescendientes. Ahondando en ese fluir desparramado de imágenes de archivo recortadas. Presentando a un Jimi que carga contra el espíritu errático de la escena musical de Londres de los años sesenta. A través de un viaje sensorial, en parte delirio del propio LSD, recorrido como vislumbre a una inmersión de la psique, de un modo, muy poco convencional, en un Hendrix que estaba en otras labores. Ridley quiere imbuir al film de aquel viejo aroma y sabor del viejo cine europeo psicodélico. Pero no acierta.

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Algo que posiblemente no nos extrañé, y que, algunos verán e interpretaran la historia con un suflé poético de alguien que sufre. Obviamente, yo si entiendo al hombre que sufre pero el director no se lo cuenta a quienes no lo saben. En realidad, no añade nada a nuestra comprensión de Hendrix el hombre o la leyenda del rock. La Sinopsis es muy sencilla: Jimmy Hendrix,  entre los años 1966 y 1967,  se da de bruces con Linda Keith —una groopie— que era íntima amiga de casi todos los músicos que inundaban el panorama musical de la época. Sentada en un garito del viejo Harlem ve por primera vez a JH tocando con una banda, conocida, como The Squires. Se queda anonadada por el virtuosismo del músico de Seattle y comienza a mover su agenda. Invita a Andrew Loog-Oldham—pues, es muy amiga de su novia— manager de los Rolling Stones que le dice, que está bien, pero tipos de esos se encuentran a tutiplén. Ahora no es buen momento, querida. Ella sigue insistiendo, a la vez, que su flirteo con el guitarrista es más cercano. Pero Linda Keith estaba en todos los saraos, y, finalmente, ésta, le presenta a Chas Chandler, el bajista del grupo The Animals, y desde ese momento convence a Hendrix para que se vaya a Londres. Jimi Hendrix llega a Londres e inicia su carrera hacia el estrellato, en medio de una ciudad llena de vitalidad musical y socialmente convulsa. Hendrix se introducirá en esa escena social, entre el acercamiento al mundo de las drogas, las groupies y la diversidad musical de un Londres radiante. Entonces comienza a preparar la grabación de su primer disco, Are you Experienced? Hay dos momentos de este film que tienen una relativa épica y grandeza: dos fogonazos históricos del Rock. El primero es cuando Jimi sube al escenario donde Eric Clapton estaba tocando con su banda -por entonces, Cream- y toca el tema con una viveza que hizo quedar patidifuso a Clapton, hasta el punto, que bajó del escenario ante la magia de Jimi. Este hecho fue conocido, vulgarmente, como el momento en el que “Jimi mató a Dios”. Sí, Clapton era reconocido por entonces como un Dios de la guitarra. Ahora en Inglaterra sabían que existía un Zeus con sangre Cherokee, mientras en esa escena sonaba el Killing Floor de los Howlin’ Wolf y Hendrix desprendía un magma inagotable. Y el segundo nos muestra una interpretación conmovedora de Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band frente a dos Beatles. Los temas musicales que aparecen en la película están cantados por André, en ningún momento escucharemos la voz original de Jimi. Se ofrece una vaga imagen sobre la escena musical americana y británica de los sesenta, haciendo referencia directa o indirectamente a bandas como los Stones, Beatles, The Who o The Animals entre otros. Y es que, si Hendrix es entre otras muchas cosas, conocido, aparte de su música fue por su prematura muerte. La revolución de un género y estilo musical, que hoy en día, sigue influyendo a muchísimos músicos de la escena del Rock actual.

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En resumidas cuentas, un film que tiene más de telefilm que de gran película, a modo de biopic, affaire, que desciframos como uno de los mayores errores del guion. En este caso, ya que el efecto biopic ha funcionado en otras películas y han salido maravillosas. Y es triste que, un guionista de la categoría de, John Ridley haya caído en la trampa de ejercer—aleatoriamente— un montón de trivialidades, alrededor de la la figura de JH. Dos horas de tedio y engorro disperso. Una pena que el cineasta no haya recurrido a las biografías de Charles R. Cross o Lawrence Sharon. Todavía se lo pongo más fácil a Mr. Ridley, una charla con Leon Hendrix, uno de los muchos hermanos, que anduvieron de casa en casa, entre familias de adopción. La vida de este inimitable Jimi Hendrix fue inmensa, en esos 27 años, hasta la veleidosa muerte de un suicidio, del cual, no sabremos el auténtico porqué. Sí que se ha constatado que ha Hendrix le mató una mala posición en la camilla que lo trasladaba al hospital, pero digamos que cuando uno engulle la Ribera del Duero y lo mezcla con una farmacia militar pocas posibilidades de resurrección quedan. Cualquier persona interesada por la música sabe que su escueta discografía abarca cientos de reediciones y más remasterizaciones. Lo dicho, todo en Jimi es alucinante y gigantesco. Hablando de discografía, adjunto, el listado de temas que he logrado localizar en el film, ya que la música, llamémosle más Hendrixana está compuesta por Waddy Wachtel. Éste es el resto: The Sun Went Down by T-Bone Walker, Reed streams by Terry Riey, Lacrimosa diez by Slovak Philharmonic Orchestras and Chorus, Leopard-Skin Pill-Box Hat by Bob Dylan, All your love by Otis Push, Gimme some lovin by Steve Winwood, Lightly Drift by Helen Jane, Long Can´t Seem to make you Mine by Seeds, Totom by The Creation, Hound Dog by Elvis Presley, Bleeding Heart by Elmore James, I had a litlle Dog by Jack Reynolds, Mannish Boy by Muddy Waters, Spread a Little treacle on your plate Mary Ann by Tommy Proding, Train the Nowhere by Savoy Brown, Itchycooo Park by Small faces, Little Games by The Yardbirds,  Obvius fire Belivers by Bob Dylan House Of the Rising Sun by The Animals y Wild Thing by Troggs. Lo dicho, no se le queda a uno, eso, de Qué pena lo de este proyecto…Tan sólo nos hacemos una última pregunta ¿Ha visto el Sr. Ridley estos films? Sid and Nancy Alex Cox (1986), Bird by Clint Eastwood (1988), The Doors (1991) Oliver Stone, Ray (2004) Taylor Hackford, Control (2007), Anton Corbijn, Walk the line (2005) James Mangold  o Serge Gainsbourg, “vie héroïque” de Joann Sfar (2010). Querido Jimi: descansa en paz, siempre te echaremos de menos los que tanto te debemos. Nota: 5,0

Public Morals (2015) Hell´s Kitchen

Pubic Morals TNT PILOT

Hay algo reconfortante en el camino que definiría al director/ actor estrella y guionista Edward Burns: un físico bien parecido, a modo de híbrido, entre Richard Gere y Robert de Niro hace unos cuantos años. Así como, su admiración por la obra de Fuller y Ford. Ya ha llovido desde que la gran cocina del cine independiente —Made in Redford— le brindase el reconocimiento por su opera prima; los hermanos McMullen (1995). La crítica y público se enamoraron del chico de Queens. Burns interpretó, escribió y actuó de maravilla en una comedia romántica, soñadora y con un intenso aroma irlandés fordiano. Siguió dirigiendo e interpretando hasta que se cruzó con Spielberg y lo convirtió en un icono, de una generación, de actores en busca de Ryan/Matt Damon. Nunca dejaron de flirtear el genio de Ohio y el neoyorkino. Esos cotejos que son tan inescrutables como los caminos del señor. Bien, 20 años después vuelve a la carga, con muchos de aquellos elementos, que lo catapultaron al mirador, de las grandes estrellas del mainstream. El inquieto Burns se nos presenta junto a Steven Spielberg y TNT TV en una nueva revisión del Neonoir de policías con su serie; Public Morals. La historia, de un oficial jefe de la brigada antivicio que lucha por sacar adelante a su familia. Mientras coquetea con la delgada línea que separa la honorabilidad y la integridad de la corrupción y el crimen. Un lado oscuro implicado, en pleno contexto criminal del Nueva York del West side, a mediados de los 60, concretamente, en el famoso barrio de gangsters irlandeses e italianos Hell´s Kitchen. La cocina del infierno, de  siempre se ha caracterizado por ser un lugar—llamémosle— divertido, creativo y “movidito”. Parte de lo que se conocería en una terminología más urbanita: el Midtown. Un sitio donde el mundo del cine es parte de él. Algunos actores como Burt Reynolds, Charlton Heston, James Dean, Madonna, Jerry Seinfeld y Sylvester Stallone han sido vecinos y residentes a lo largo del tiempo. Public Morals es un producto 100% deudor de aquel contexto de finales de los 60 y principios de los 70. Ecos de admiración que rezuma en muchos de sus planos, a El Padrino (1972) de Coppola, Malas calles (1973) de Scorsese, Madigan (1968) de Siegel o French Conection de Friedkin (1971). Un reenésimo homenaje a los trapicheos de devanes entre  los kármicas relaciones; poli-delincuente.

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Hell´s Kitchen está a un paso de Broadway (prostitución, drogas, dealers y chulazos de aquellos tiempos). Así como las zonas más pudientes de la gran manzana y el mítico Central Park. Y es que la bahía del  Hudson entre las calles 34 y 59, muy pronto, se convirtieron a principios de siglo en un lugar donde Los mafiosos, destilan el recuerdo de los veteranos del barrio, y a la postre, institución cultural de aquel peligroso lugar de antaño: protección del barrio, y, desde ese pacto, de si hay problemas para el propietario; no va conmigo. El pago era la moneda de cambio habitual. Así como las tradicionales prácticas más comunes; extorsión y el control de las apuestas deportivas. Eso sí, alejados de esa vitola legendaria, de asesinos a sueldo, más propia de los clanes italianos. Sí que es evidente que a mediados de los 70 toda la vieja generación se marchó de Hell´s Kitchen y  comenzaron a florecer nuevos chavales, muchos de ellos, familiares directos o indirectos, de los exiliados que ya no estaban por la labor del dialogo, y sí de la hiperviolencia. En ese contexto Burns se lanza como inspector jefe del grupo de antivicio, bajo el subterfugio, guardar el orden, servir y proteger al sufrido ciudadano. En el fondo, este actor siempre ha sido uno de los tipos más listos de la clase. Su bagaje cultural es alto; cinéfilo empedernido y amante del FilmNoir. Repetir con TNT, desde una perspectiva idéntica (Mob City) 2013 adaptación del libro de John Buntin durante los años 40/50. La crítica aplaudió el resultado y de nuevo, el canal apostó por Burns. Además, eso de llevarse a Spielberg a esta aventura; tiene mucho encanto. Luego,  Public Morals no trata de reinventar lo ya inventado y creado, sino más bien impregnar a los espectadores de una absorbente historia Neonoir para la TV con ecos  Shakesperianos. Vistos 6 capítulos del total de los 10 que completan la miniserie; nos encontramos ante un producto muy bien hecho. Por ejemplo, es muy difícil evitar, por momentos, en algún garito o burdel hallarnos a Don Draper de Mad Men o a Silvio Dante The Sopranos arreglándose el tupé en el lavabo de un restaurante de lujo italiano. Las localizaciones son una gozada, desde Silvercup Studios, y en lugares, auténticos baluartes, históricos de la ciudad de NY, como el salón de té ruso, el Hotel Park Lane y Barrow’s Pub en Greenwich Village.

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El primer capítulo se desarrolla a partir de un affaire con una prostituta que trabaja por su cuenta, es decir, tiene un apartamento alquilado. Ed Burns (Terry Muldoon), y su socio Charlie Bullman (Michael Rapaport) “Beautiful Girls” Copland y Justified”. Se presentan como garantes de la ley, dándole una charla sobre la moral y las relaciones con la vecindad a ésta. Dad al César lo que es del César y a poli, lo que es, de la poli. Ed Burns es muy bueno en su papel, del zorro oficial, de policía impartiendo la vieja moral, del palo y la zanahoria. Como Muldoon explica muy bien un poco más tarde en el episodio, “los policías no están allí, porque la policía tiene tantos ojos como Dios… Pero sí que desempeñan la labor de la gerencia de los llamados crímenes sin víctimas”. Es decir,  un delito en la Norteamérica de mediados de los 60 era salir de una casa de una supuesta prostituta. No hay pruebas, pero si la placa de un poli que conoce a esa chica: la situación la pintan calva…, le dicen al ciudadano que esto es un delito grave y él se acojona. Pero hay una forma de arreglarlo. Siempre hay una forma de arreglarlo: unos pocos dólares y aquí no ha pasado nada. El director de fotografía William Rexer y la directora artística Tina Khayat hacen un trabajo fantástico. Por momentos estamos paseando por el viejo West Side de Manhattan y es muy creíble. No sería difícil ver en Public Morals emparejada con movimiento rápido del cine clásico de gangsters. Todo fluye rápidamente, a través de la  pantalla, en grandes taxis y una línea del estribillo de vasos pequeños de chupitos de whisky y botellas de cerveza, propulsados por un transitar de sombreros: Fedoras, Porkpies y Homburgs.  Hombres vistiendo que asienten con la cabeza, como en las viejas películas de Edward G. Robinson James Cagney y Gene Hackman. “Nosotros hacemos lo que se ha hecho durante los últimos 100 años. Gestionamos,” dice sabiamente en uno de las más elocuentes defensas de corrupción policial. “Creo que nosotros, como los terratenientes, hemos de ser remunerados con una renta—digámosle—acorde con la coyuntura económica. Si quieres estar en negocio tienes que pagar la renta”. Algunos encontrarán la serie, que tiene una larga y dura mirada a la incómoda alianza entre la delincuencia organizada y policías en la cocina del infierno demasiado conscientemente fresco y estilizado. Muldoon colabora estrechamente con su tío John O’Bannon (Timothy Hutton) “American Crime, El buen Pastor y  Beautiful Girls”, un gángster que ejerce la jefatura en el lado Oeste hasta que es asesinado. En una de las primeras escenas, O’Bannon su hijo Sean (Austin Stowell) “Whiplash y Behind the Candelabra” miembro de la brigada aparece de paisano y entra en su garito amenazándole con  matarlo; “si vuelves a pegar a mi madre de nuevo te mato”. O’Bannon está subordinado al gran boss del barrio: el viejo y sagaz Joe Patton (Brian Dennehy)” Acorralado, Best Seller, Cocoon Presunto Inocente,” que está fantástico en su papel.

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Éste, también tiene un conflicto muy dilatado con su un hijo, Rusty (Neal McDonough) “Hermanos de Sangre, Minority Report, Justified” y el tío Tommy (Fredric Lehne) “/mano derecha ejecutora de Patton y ahora de conspirador cercano con el pequeño Rusty Patton.También está el teniente de la brigada King (Rubén Santiago-Hudson) “Selma, Castle, The Good Wife”, y, el capitán jefe Johanson (Robert Knepper) “Buenas noches y buena suerte, Carnivale, Prision Break.” Otro magnífico personaje es el de Peter Gerety “El año más violento, Rubicon, Syriana” (el jubilado Sgto Mike Muldom)  padre de Terry Muldom; que es el poli de toda la vida. Su olfato y manera de ver la vida es y ha sido la vieja escuela. Indaga por su cuenta y sigue estando al día sobre lo que se mueve por el barrio. La relación con su hijo es buena, no por ello exenta de pequeñas discusiones, por el hecho de que su padre ya no esta en el cuerpo ni lleva uniforme. Entre los veteranos de la brigada es el oficial Vince Latucci (Wass Stevens) “El luchador, The Blacklist, Ley y Orden”. Descendiente de italianos y muy bien relacionado con los clanes organizados. Viste como un personaje de Goodfellas, al lado de su atractiva esposa, Deirdre Duffy (Lyndon Smith) “Extant, CSI Cyber, Stalker”. Dos efectivos de la brigada con menos edad son  Pat Duffy (Keith Nobbs) “Bluebird, Ley y Orden, The Pacific” y el novato del equipo. Un joven de buena familia y universitario, que viene recomendado, no muy bien visto por el núcleo fuerte del grupo; Jimmy Shea (Brian Wiles) “Imborrable y Person of Interest”. Otros actores que hacen del casting uno de los más interesantes de este año serían algunos de los irlandeses hampones. Casi todos ellos, hombres de confianza de Patton, como el machaca y chico para todo; Smitty. Interpretado por el siempre fiable de Kevin Corrigan “American Gangster, 7 psicópatas, Fringe”. La muerte de O´Bannon ha alterado todos los delicados equilibrios y parches que hacían del barrio un sitio tranquilo, relativamente, hasta que la cerilla va prendiendo la mecha poco a poco. La venganza en Hell´s Kitcken no se sirve fría, sino en caliente y contundente. Una posible relación entre el socio de Muldoon, Charlie Bullman y una chica llamada Linda (Katrina Bowden) “American Pie 2, Rockefeller Plaza, Piraña 2”, que va en ninguna parte y luego sorprenderá con su nuevo itinerario. Algunos de los miembros de la brigada antivicio siguen con la mosca en la oreja con O´ Shea y dedicen ponerle en el camino de las tentaciones más primitivas y carnales del ser humano. El cebo funciona y las sospechas se disipan. Stowell tiene un amiguete de la infancia que lo va a meter en algún berenjenal, y, el hijo de Muldoon está llegando a la adolescencia. Evidentemente eso: son más problemas adicionales o mejor dicho, los daños colaterales de una familia con sangre irlandesa. Así como la relación marital de TM con su esposa; Christine (Elizabeth Masucci) “Gossip Girl”, “NY22” y “Shame” Es digno de agradecer el pundonor de Burns al asumir la difícil tarea de echarse la serie a los hombros. Detalles tan minuciosos como la elaboración de una soundtrack fantástica, donde no faltan clásicos de la Motown; Marvin Gaye, James Brown o Jackie Wilson, los clásicos del Rock&Roll como The Who, The Yardbirds, Rolling Stones y The Doors. Y las canciones de clásicos de los 60 para bailar muy agarradito; Bobby Vinton, Connie Francis, Frankie Avalon o el enorme Nat King Cole. Lo dicho una OST, que en Spotify es, muy fácil de localizar. Bien, ahora a la espera de la finalización del resto de episodios esperamos, con muchas ganas, el gran tour de forcé que sea capaz de conseguir, una fluidez más acorde a los senderos del Neonoir. Reiteramos, un casting muy bien compensado y la confirmación de Burns como uno de los grandes talentos de su generación. Luego, crucemos los dedos, para que esta serie que tiene buenas cartas, al final pueda renovar y convertirse en toda una realidad para los muchos incondicionales, del buen cine negro policíaco, de la pequeña y gran pantalla. Nota: 6,9

Bosch (2014) The Old School

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Últimamente observamos en la ficción norteamericana como la idea de un trauma, de la infancia o algún suceso del pasado, pasan a ser los protagonistas sustantivos de todo comportamiento criminal. Partiendo de semejante obviedad; es evidente que  la cultura del crimen está de moda. Ayer por la noche, HBO celebró uno de sus mayores acontecimientos de la temporada: el estreno de la segunda entrega de True Detective. Ante este contexto de revitalización de los Noir (o exaltación del NeoNoir). Autores de la vieja escuela también han buscado hueco a sus héroes, caso de Andrew Vachss, Elmore Leonard, Ross McDonald o Walter Mosley en la figura del icónico Raymond Chandler. El virtuosismo, la ironía y la soledad de muchos de estos detectives pasan por la ciudad del crimen: Los Ángeles. Si hubiéramos de ubicar a los nuevos amos de la literatura Noir Made in L.A., ahora mismo, no cabe duda que James Ellroy y Michael Connelly se han convertido en los mejores cronistas de la bulliciosa, despiadada y solitaria urbe. El caso de Ellroy con viajes constantes a las décadas doradas del viejo Hollywood y Connelly cogido de la mano de su inefable Harry Bosco. El detective de homicidios que ya ha recorrido 17 novelas, desde su primera aparición en 1992, con la extraordinaria Black Echo. El detective Harry Bosch (nombre sacado de la imaginación de Connelly, en un giño de amor por la pintura flamenca y el gran artista del siglo S.XV “El bosco”) es la nueva apuesta televisiva del gigante de internet; Amazon. Amazon studios, reciente canal de TV vía streaming, en la línea que abrió el poderoso Netflix. Es nueva apuesta audiovisual que ya se ha estrenado en la historia de los premios televisivos. Su serie franquicia, la comedia dramática sobre un padre Transexual; “Transparent”(2014), ya ha ganado 2 Globos de Oro. Además, muy pronto veremos en este canal la futura serie de televisión de Woody Allen. Lo dicho, un buen lugar para desarrollar ese guion definitivo que Michael Connely, llevaba tiempo en mente, en torno a su detective de homicidios por excelencia.

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La Story line de Bosch se ha basa en dos libros: The Concrete Blonde (1994) y  City of Bones (2002). Bosch es un drama policial bien hecho, en principio con un contrato de 10 capítulos de 45 minutos de duración con el bonus de una nueva temporada, ya confirmada. El capítulo piloto arranca con Harry Bosco y su compañero Jerry Edgar persiguiendo sin descanso a un sospechoso desde el coche. Harry baja de éste, y en solitario continua el acecho en metro, y luego a pie, por la noche cerrada de las calles de Los Ángeles. Definitivamente, Harry se queda solas —y saltándose  la política del departamento de policía de los Ángeles— con el sospechoso en un callejón. Arrecia una lluvia (muy del gusto de esas que tanto le agrada filmar a David Fincher) consistente y torrencial. Se produce un tiroteo—mejor dicho—un par de disparos del protagonista al presunto delincuente. Unas imágenes algo ambiguas nos llevan a la mano del proscrito, sin revelar del todo que portaba en ella. Sí que se observa sacar de su bolsillo, a Bosch, un pequeño revolver. La secuencia funde a negro y entramos, en una soleada mañana, en la gran metrópoli, pasados dos años. Bosch se acerca a las escaleras de los juzgados para intervenir en la audiencia del juicio por homicidio involuntario. Harry Bosch es defendido por un abogado del departamento y la familia del fallecido le reclama 1 millón de dólares. Así como la condena penal por parte de ayudante del fiscal Honey Chandler, representada por una magnífica Mimi Rogers. Bien, con el caso de fondo, Bosch está deseando volver al trabajo, a pesar de que su vida va a ser vista por microscopio y el mínimo traspiés puede darle el definitivo final de una larga carrera llena de tropiezos y éxitos. Harry Bosch es un personaje, sui generis, pertenece a esa escuela de viejos detectives, de vetustas maneras: solitarios, bebedores, amantes del Jazz y con un vehículo pidiendo a gritos un plan renove. Desde Marlowe a Archer pasando por el afroamericano Rawlins hasta llegar al guerrillero Cole, sin dejar de abandonar ese aroma de la vieja comisaria de Hill Street Blues. Personajes deudores de las fascinantes historias del viejo Noir Made in LA. Harry Bosch está interpretado por Titus Welliver, actor de tono de voz grave. Serio, lacónico, sarcástico y extenso currículo tanto en la gran pantalla como en la TV (NYPD, Brooklyn South, Deadwood, Lost, Good Wife, Sons of Anarchy, Gone Baby Gone, Argo o Transformers 2014). Personaje donde los haya. Un chico de origen humilde con una infancia complicada, bajo la tutela de una madre prostituta que fue asesinada. Apenas con 20 años, siendo un policía novato, decide enrolarse en las fuerzas especiales del ejército tras el 11S. Donde fue condecorado por su valor y participación en misiones de alto riesgo.

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Una vez licenciado del tío Sam, entra en el departamento de policía. Poli investigador de poca empatía con el armatoste burocrático, así como una vida conyugal complicada: su trabajo es lo que mejor sabe hacer. Se mira al espejo y contempla sus 47 años mientras se dice una y otra vez; he de dejar de fumar… Aparte de su juicio, los casos que va investigando son una ilustración la podredumbre de la urbe occidental y  de la bajeza humana; la desigualdad social dentro de esa jungla de 4 millones de habitantes. Una llamada lo pone en contacto con un médico quiropráctico que le advierte sobre unos huesos localizados por su perro labrador. Los despojos son identificados como humanos y pertenecen a un niño de apenas 12 años. El estudio antropológico demuestra que la mayoría de los huesos sufren  fracturas pre-mortem. Algo que pone en alerta su olfato sobre un posible asesino en serie y con rasgos pedófilos. Por otro lado, aparece un tipo con una furgoneta y un cadáver dentro rondando por los arrabales del sur camino al valle de San Fernando. Comienza el juego en el tablero de ajedrez y Bosch sabe que cada movimiento o gesto puede ser un triunfo o fiasco.  El tratamiento de toda la serie en sí, nos retrotrae al universo de la novela Neonoir de los 90 y ciudad de LA. Aquellas obras que firmaba Harold Becker, John Dalh o James Foley (estos dos últimos muy enchufados en la dirección de TV de calidad) empapada del viejo sabor policiaco y poso detectivesco por la búsqueda de la verdad. La progresión narrativa se revela rápidamente apasionante. Más allá de la escritura del propio personaje es muy destacable la cantidad de subtramas que pivotan sobre la línea protagonista de toda la entrega de episodios. Los giros y los rebotes son continuos al igual que una vieja novela de los años 40, pero con una urdimbre impregnada del aura Noir de los 90, que se deja querer en algunos planos realmente hermosos; el apartamento del protagonista y las puestas de sol desde las alturas de ese gran mirador que muestra el esplendor de las luces del L.A. nocturno. La atalaya y fortaleza del guerrero. Por momentos, creemos ver a Harry Ross (Paul Newman con Catherine Ames/Susan Sarandon en aquella magnífica crepuscular “Al caer el sol” (1998) de R. Benton o al Neil McCauley/Robert de Niro y Eady/Amy Brenneman en “Heat”(1995) de Michael Mann. Un homenaje a ese Neonoir que es parte de la vieja escuela.

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El elenco de actores, de reparto es exquisito, empezando por el compañero de Bosch, Jerry Edgar (Jamie Hector, el mítico Marlo Stanfield de The Wire). La protectora y maternal teniente Grace Billets (Amy Aquino “Lost”, “ER”), el jefe comisario Irvin Irving interpretado por un flemático y siempre estiloso Lance Reddick (el teniente Daniels de The Wire). El médico antropólogo-forense el emotivo, cercano y preciso Dr. William Golliher (Alan Rosenberg pasó por Chicago Hope y The Guardian). La novata patrullera Julia Braser (Annie Wersching recordada por “24”), que está enamorada del  héroe callejero Bosch. El detective Johnson Troy Evans (otro legendario de “ER”) o el sargento Manckiewicz (Scott Klace Weeds, The Closer, True Blood, aquí como el seleccionador de alertas). La ex esposa de Harry,  una especialista en perfiles del FBI Eleanor (Sarah Clarke, la “Nina Meyers” de 24) o  Scott Wilson el médico quiropráctico, que interpreta (el fabuloso Dick Hickock en  A Cold Blood 1967 y Hershel Greene el veterinario de Walking Dead) Así como el psicópata  Jason Gedrick  (otro papel histórico de la TV, Neil Avedon en Murder One). Todo ello bajo la supervisión ejecutiva de Eric Obermyer (The Wire y The Treme). Así como los productores ejecutivos; Pieter Jan Brugge (El dilema, corrupción en Miami y Defiance) y Diane Frolow (Los Soprano o Boardwalk Empire). Michael Connelly que había escrito los guiones de Deuda de sangre (2002) y el Inocente (2011) demuestra sus tablas en este medio. En la dirección Alex Zakrzewski (The Wire, The Brigde, Tyrant) Ernest R. Dickerson (Walking Dead, Treme, Dexter) o Jim McKay (Ley y Orden, En terapia o Good Wife). Un producto que mantiene un digno nivel de producciones con el sabor añejo de los viejos detectives y los entresijos de comisaria. Pues, Bosch quiere denunciar y actuar contra el mal. Algo que no tiene una encarnación absoluta y estereotipada, menos aún viene determinado por la libertad o la voluntad del individuo sino que aparece como fruto de una ambición o sed de poder, de la huida de la pobreza de la infancia o de un psiquismo enfermo que domina la voluntad del sujeto. Posiblemente o nulamente haya reflexionado, en torno, a las posibilidades de su ejercicio  moral o de identidad moral, el mismo  héroe/antihéroe que es Harry Boch. Y es que la vieja escuela es mucha escuela, aunque el sistema se empeñe en lo contrario. Nota: 7,6

The best scores of TV (2014) in 200mgHz

1. Cliff Martinez for The Knick

 

 

2. Max Richter for The Leftovers

 

3. Jeff Beal for The House of Cards

 

4. Mokadelic for The Gomora

 

5. Abel Korzeniowski   for Penny Dreadful

 

 

90 Anniversary of Bill Haley

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Decía el sabio Frank Zappa que los desparrames de la mítica “The Black Board Jungle” (1955) de R. Brooks—aquí, conocida como “Semilla de maldad”— le hicieron frotarse los ojos con agua helada y preguntarse; ¿los jóvenes de aquella generación, fuimos nosotros? Llegó muy tarde a las pantallas franquistas y en la vieja Gran Bretaña estuvo vetada durante 11 años. Ahora seguimos siendo los mismos, algo más viejos. Igual que el bueno de Haley que estaría celebrando su 90 aniversario.  No pasa nada, nuevos jóvenes esperan a los Strokes como agua de mayo en agosto por Benicasim. Tuvo que aparecer un George Lucas—premonitorio— con su obra de culto “Star Wars” y una  otra cinta reveladora de su generación cinéfila de los 70,  “American Graffiti” para escuchar la sensacional canción que destilaba  puro aroma a Rock&Roll. De la mano de un irrepetible de la historia del S.XX, Bill Haley con su mítico “We’re Gonna Rock Around the Clock” La idiosincrasia del  tema de Haley consiguió que el hombre de las galaxias nos recordara la hazaña del genio de Detroit, cuando vendió un millón de singles y entró  en el Top 16 de la lista más “in” de UK, como mejor disco de aquel año. Viendo la evolución del rock y la industria todavía impresiona más el hito. Si lo tratamos con toda la delicadeza que requiere una canción de semejante calibre y el contexto que la rodeaba, le diré que hasta impone analizar el episodio. Piensen por un instante en un chaval, que con 18 años y la guitarra a la espalda salió a la búsqueda de  eso que llamamos Rock, en un país embardunado hasta las entrañas de Country, Jazz y Blues.

Bill Haley & His Comets at a Rehearsal

Como todo debutante se inició, aporreando la guitarra y al final consiguió su dominio. En 1945, fíjense lo pasaba en el mundo y los nuevos EE.UU. El olor a barbacoa y country salvaje era la solfa de las tierras de Booth Winns. Quién diría que este genio firmó su primer disco “Candy Kisses”, y dónde fue a parar… Fácil, en las estanterías de las reliquias. Cervezas, banjos y rodeos en las verbenas locales era la diversión por excelencia. El bueno de Bill, apenas sacaba unos cuartos de dólar para ir tirando hasta que dio de bruces con otra banda de animadores, a la postre, su grupo acompañante; los primitivos Saddlemen, que se transformaron en The Comets. Donde nos encontramos con unos instrumentos de lo más variado del Country —acordeón— y del Rhythm and Blues (el maravilloso saxo de Rudy Pompilli) y nada menos que una guitarra eléctrica. Suena bizarro para aquellos años, pero muy fresco y original. Comenzaron los bolos, actuaciones en las habituales “High School” y los jóvenes estaban cardiacos por nuevos sonidos. El country se empezaba a hacer tedioso para una generación con ganas de contoneos pélvicos. Se miraba de reojo al nuevo icono del cine, y la cultura beat: las malas bestias de Marlon Brando en “The Wild One” (1954). Los Dj´s  apostaron por el sonido de Bill Haley y se fue dando un fenómeno pausado, pero in crescendo. El ritmo calaba donde las audiencias blancas les reclamaban. Sus letras no gustaban a Hoover y McCarthy: los demonios del puritanismo y el anticomunismo feroz. Éstas, se añadieron a unas listas negras soliviantadas por las masas que abarrotaban los conciertos. Haley se lanzó con la máxima de mezclar  jazz de Dixieland, Rhythtm and Blues y Country and Western para conseguir un ritmo que la gente coreara los estribillos y bailar, algo que colmaba sus esperanzas.

Bill Haley - Elvis Presley

El resto fue fácil—cito textualmente— BH: “cogí expresiones de uso diario, como Crazy Man Crazy, See You Later Alligator o Shake Rattle and Roll, y, siguiendo el método descrito, hice canciones sobre ellas”. Con el matiz de que “Shake Rattle and Roll” no era suya, sino de Joe Turner, y “See You Later Alligator”, de Bobby Charles. Pero daba igual. Gracias a estos covers se le catalogó dentro de la crítica musical como Fox Trot. Bill Haley consiguió que el rock se convirtiera en la mayor revolución musical de la historia. En pocos años, llegaron los auténticos reyes con el repertorio lleno de combustible y hambre de romper escenarios, como Presley, Perkins, Lee Lewis, Berry, Richard o Cochran. Eso sí: él les abrió el camino. Europa adoraba al rubio simpático de la capital del motor y el blues norteño, que no le vieron hasta 1957. Posiblemente, el bueno de Bill era demasiado—James Stewart— no quiero decir blando, pero si un careto de muy buen tío en una época donde las miradas felinas y cínicas iban a comérselo todo. De ahí, que nunca terminara de  personificar con la solvencia suficiente al auténtico héroe del rock and roll. En el fondo, era como aquel susurrador de Montana que interpretó Robert Redford, un vaquero con talento, bueno y sentido del humor. Los años fueron dejándole de lado y muy poco, quedaba de palabras tan hermosas como las de Pau Casals donde afirmaba que Haley era “un destilado de todas las degeneraciones de nuestro tiempo”. No era verdad. O mejor dicho ni calvo ni tres pelucas. No obstante, resulta agradable que en algún momento un personaje de semejante respetabilidad tuviera esa idea. Bill Haley, el chico bueno de la greña rubia, nativo de Highland Park falleció a la edad de 53 años, prácticamente olvidado, en el pequeño pueblo de Harlingen (Texas, Estados Unidos). Las causas de su muerte nunca quedaron claras del todo. Aunque, la principal tesis sigue siendo un infarto. Gracias, Bill. Siempre nos quedará aquel inmenso “We’re Gonna Rock Around the Clock” y feliz aniversario, maestro

Publicado en la Revista Culturamas el 22-abril-2013

The best albums of 2014

 

1. Jack White “Lazaretto”

https://www.youtube.com/watch?v=qI-95cTMeLM

 

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2.  Hozier

https://www.youtube.com/watch?v=O1wDihZNQyQ

 

 

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3. Rosanne Cash “The River”The Thread”

https://www.youtube.com/watch?v=4-aKE4D2ync

 

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4. John Hiatt “Terms of my Surrender”

https://www.youtube.com/watch?v=r7jlkbQVsDoç

 

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5. Prince “Art Official Age”

https://www.youtube.com/watch?v=nyyS0FSztKc

 

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6. Beck “Morning Phase”

https://www.youtube.com/watch?v=_6Zp84XH6Eo

 

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7. Kelis “Food”

https://www.youtube.com/watch?v=B1BVnnvqssk

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8. The War of drugs “Lost in Dream”

https://www.youtube.com/watch?v=1LmX5c7HoUw

 

 

 

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9. Hurray for the Riff Raff “Small Town Heroes”

https://www.youtube.com/watch?v=bMtwjaNuQ8w

 

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10. Robert Plant “Lullaby and…The Ceaselles Roar”

https://www.youtube.com/watch?v=F3L0EUbRJGk

 

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21 Years without Zappa

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Tendría 14 años y mi mundo se enredaba entre el Punkrock, el Psychobilly y la New Wave. No tenía ni idea de quién era el ínclito Frank Zappa. Estaba en casa de un compañero de instituto, y de repente, pasé por el dormitorio de su hermano. Era un tienda de discos alucinante; llena de posters, entradas e iconos del Rock&Roll. Explorando aquel Minerva choqué con un estante prodigioso: la letra F. ¿Pueden imaginarse la cantidad de buena música que empieza por esa bendita letra? Bien, escudriñé todos los álbumes que pude. Aún tengo grabado el olor de aquellos guardavinilos de plástico trasparente. Qué gozada… cuando me doy de bruces con “Freak Out”(1966). El primer álbum que me atreví a sisar inocentemente, pues tan sólo me lo llevé hasta la habitación de mi compañero de clase y lo pusimos en el férreo, Bettor Dual. Le dimos volumen al ampli Vieta y las cajas acústicas llenaron aquella habitación de magia. Me quedé totalmente traspuesto. No cabía en mi semejante asombro. Instrumentación y temas larguísimos. Me dio la risa floja pensando en el personaje de la portada, acordándome de unos de mis héroes preferidos del comic: los geniales Freak Brothers de Shelton. Al igual que los personajes outsiders de Shelton, creo que fue de lo más hermoso  publicado en 1966, junto a los álbumes de Hendrix, The Beatles, The Who o los Stones. Y es que “a  toro pasado”, comprobamos la   transcendencia de la añada en la historia del rock contemporáneo. Uno, que también nacía aquel año —no en una furgoneta descacharrada VW— de dudosa fiabilidad, apenas abría los ojos. Sin embargo mis oídos parecían dispuestos a ser acariciados por la hermosa Euterpe. Sí, miró hacia atrás y parece que fue ayer; pero de aquella odisea ya han pasado 48 años. Otrora, tiempos en los que tan solo era un montón de pañales envueltos en Nenuco con chupete incorporado, mientras el genial Zappa estaba de lecturas en los circuitos universitarios con obras como; “Cerdos, caballos y rock and roll” o soplando un manillar de bicicleta. La leyenda, se agrandaba y cada día era más grande. Francis Vincent Zappa nació en un día cercano a la navidad de 1940 en Baltimore (Maryland, USA) La ciudad de “The Wire”. Su padre,  era un científico que trabajaba para el gobierno y guitarrista vocacional en sus días de asueto.

Frank_Zappa

La familia se desplazó del frío Atlántico este a la calurosa y divertida California del Pacífico, cuando Frank era un pequeño chavalín. Entre sus primeras aficiones destacan la avidez por el coleccionismo  de discos de rock cosecha años 50 y R&B. Lo curioso de esta devoción era su adicción por otra música clásica, más purista, ortodoxa y selecta, caso de Stravinski y Edgard Varèse, a la postre una de sus grandes influencias. Zappa era  único, pues,  ya apuntaba heterodoxias no muy lejanas. La grabación de  una cinta con apenas 20 años le trajo el primer lío con el sistema. Fue  condenado a 10 días de cárcel y tres años de libertad condicional por un video en la que ridiculizaba sexualmente a la policía. Se encaró al hipismo en un arrebato casi surrealista, pero él lo hizo y arremetió contra la cultura del LSD. Algo que en aquellos años de repulsa dentro de un contexto geopolítico de los EE.UU y occidente complejo; resulto más que chocante. Zappa dejó caer un perla llena de trilita que se quedó para la historia de su colección de frases y diatribas. Apuntilló —textualmente— sobre las drogas: “que en lugar de estimular la creatividad, las drogas idiotizan, al igual que la industria musical y la política, la misma basura”. Hoy en día sigue siendo motivo de debate, y estudio entre sociólogos, críticos y músicos de todo tipo. Se podía hablar de un alarde de valentía o un arrebato de nihilismo particular con semejante máxima. Aún, a sabiendas de lo que todo el mundo sabia y conocía: los Ángeles, fue la cuna del movimiento contracultural más importante de una parte de la historia del rock y la cosa no iba a generar demasiada simpatía personal. Es más, el mismo Zappa confesó, en cierta ocasión que llegó a componer música bajo los efectos de sustancias psicotrópicas. Pero no le gustó el resultado y se dio cuenta del nivel de exigencia en su música (tanto de escritura como de ejecución) requería estar lo más despierto posible.  Siguió con su discurso percutor contra las drogas y aseveró: “desde el mismo instante en que introducen el elemento de la droga, contribuyen a sostener ese mismo sistema, ya que un individuo drogado no puede responder, pues es un inútil”. Obviamente, tras muchas revisiones sobre la cuestión, la crítica sociológica de aquel discurso. Evidentemente, la  visión de Zappa sobre las drogas, definitivamente, resultó insólita en el mundo del rock.

F. Zappa WC

Entre algunas de sus ideas más revolucionarias, destacan la producción de un concierto con música de Varese y la grabación de un disco de música barroca del siglo XVIII, y, aunque esto sería discutible, se plantó en el final del último tramo de la década de los 80, con el mismo discurso. De tocar de Rock&Roll puro y auténtico, en discos como “Shut up & Player Guitar” a  conciertos como “The Best Band You Never Heard in Your Life”. Aquel estilo dio un giro copernicano. O Tan sólo, una casualidad y pura cuestión de azar. La pregunta del millón era: ¿Es mortal a corto plazo? O quizás una broma más de Zappa, para poner en evidencia a los Beatles con We’re only in it for the money (Sólo lo hacemos por dinero), una parodia del Sgt. Pepper, de riesgo, de incomprensión, de música para adictos. Satirizaba con furia al American way lyfe y  el establishment de la gran nación. Alteró las cintas de grabación, jugó con el ruido y recitaba. Apoyándose en  Varèse, componía para orquesta y recordaba al rock de los cincuenta. De los happening con jirafa eyaculadora de nata sobre el público y marines masacrando muñecos de trapo, mientras sonaba el God bless America a tocar con la filarmónica de Londres. FZ y su incansable obsesión por el pensamiento. Algo extraño en el Rock&Roll.  La época en la que pedía una nación sin gobierno, en la que afirmaba que harían falta 500 años para que la gente estuviese madura para ello. “Que sean 500.000 años”; declaró en 1992. “En Washington están los peores payasos que el dinero puede comprar. Odio todas las corrientes políticas”. Genio, figura, trastornado o pura provocación. Así era Frank Zappa. Un gran momento en el día que se cumplen 21 años sin su figura en los escenarios. Pero con un legado extraordinario. De 1966 a 1972, nos quedan  álbumes imprescindibles desde extraordinario “Freak Out!, pasando por “Absolutely Free”, “Lumpy Gravy”, “We’re Only In It for the Money”, “Cruising With Ruben & the Jets”, “Uncle Meat”, “Hot Rats”, “Burnt Weeny Sandwich”, “Weasels Ripped My Flesh”, “Chunga’s Revenge”, “Fillmore East, June 1971” y “Just Another Band From L.A”. No queda más que seguir deleitándonos con el recuerdo de la obra de un talento irrefutable, fundamental y esencial en la historia contemporánea del Rock. A modo de sentencia final, me quedo con su opinión sobre el rock: “El rock and roll se ha convertido en un gran negocio. Ya no está sujeto a la música o a la estética; sólo tiene que cuadrar con la identidad corporativa de las compañías de discos. El rock es un gran fraude”. Podríamos seguir escribiendo hojas y páginas Word, pero se me acaba el tiempo y este era un pequeño homenaje que tenía pendiente con el gran intelectual que fue Zappa. El 4 de diciembre de 1993 fallecía víctima de un cáncer letal. Apenas 52 años y todo lo que tenía en mente. ¿Hasta dónde hubiera llegado su límite? Fascinante incoginita, suplida por toda la gran obra que nos ha dejado y  podemos seguir disfrutado de ella. Fue enterrado en el Westwood Village Memorial Park de Westwood de los Ángeles   en una tumba sin marcar. Y si tuviera que buscar un epitafio me quedaría con aquel monólogo en 200 Motels; “el compromiso político funciona como eje articulador y destrozador de las ilusiones de los ciudadanos.” DEP y por siempre, el genio de Baltimore.

Artículo públicado en Culturamas julio de 2013

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