Perry Mason (1957-1966) El genuino

Uno de los géneros más imperecederos en la historia de la televisión ha sido, por excelencia, el drama judicial. La sala del juicio Made in Usa. Esa, donde, los abogados se convierten en mitad héroes, pedagogos, histriones o profetas de la verdad. Parece haber algo en los abogados que luchan contra los puntos más sutiles de la ley —en su sempiterna búsqueda— de la verdadera justicia. Éste era un remanente de los días de seriales radiados, y  antes de eso, los motivos de los abogados eran extremadamente populares en las novelas de misterio. Los abogados de esta serie no solo hicieron trámites y discutieron frente a los jurados. Eso no habría sido muy emocionante y, después de todo, se supone que la televisión tiene una máxima y es la del entretenimiento a su audiencia. Máxima que tuvieron que asumir ellos mismos para llegar al fondo del caso. Esto generalmente significaba no confiar en los hechos tal como los presentaba la policía. Esta parecía ser la otra cara de la moneda de los dramas policiales —que a menudo— se transmitían frente a los programas de abogados. En esos programas, la policía siempre tenía razón y los abogados defensores eran equivalentes a los malos, pero envueltos de un barniz heroico. En los anales de los programas de abogados hay uno que está por encima del resto. Fue el máximo defensor de los falsamente acusados. Su nombre era Perry Mason. Si algunos de ustedes hubieran sido acusados de un crimen atroz, en ese supuesto, no necesitaba un equipo de abogados de ensueño: todo lo que tenía que tener de su lado era un abogado, de la persistencia de Perry Mason. Éste producto, es el humus seminal, de grandes series como “la Ley de los Angeles 1986” o “Murder One 1995”  que programas como, “El abogado 1997″ e incluso “Ley y Orden 1990” le deben mucho.

Perry Mason definió los cánones del drama legal en la televisión y debería ser parte de cualquier colección doméstica seria. Algunos de nuestros hijos, sobrinos o amigos (ya sean vecinos milenials) en su hogar pueden pensar que el televisor está mal configurado; no hay color. Solo dígales que en el pasado había unas pantallas algo panzudas y con largas antenas de hormigas gigantes. Además emitían unas chuladas de series en blanco y negro. Mason ya era un famoso abogado de ficción mucho antes de que apareciera en la televisión. Más de ochenta novelas de misterio de su creador y alma mater: el escritor  Erle Stanley Gardner. Perry Mason es un descendiente directo de los pulps de misterio serie B, de las décadas de los 30 y 40, con detectives como Charlie Chan y Sherlock Holmes. Y poco después, se produjeron varias versiones de películas sorprendentemente mal concebidas. Curiosamente, ninguna de ellas tuvo éxito. Un programa de radio posterior lo hizo algo mejor, pero también luchó por encontrar el tono adecuado para el programa y su personaje principal. Gardner fue más cuidadoso cuando autorizó sus historias para la televisión. Ahí, entró en acción, la actriz convertida en productora ejecutiva; Gail Patrick Jackson y el productor de línea Ben Brady. Gail cuidó y mimó el proyecto, como si de un hijo suyo se tratará. La CBS, encontró la horma de su zapato en el actor Raymond Burr. De inmediato, su presencia, lo convirtió en la estrella del programa. Empero, fue el conjunto de la dinámica de equipo del quien hizo de Perry Mason un megahit de la protohistoria televisiva. A menudo, se oía al acusado injustamente gritar la coletilla: “Te mataré”, justo antes de la muerte.

Lo llamativo de esta primera mitad de temporada es la variedad de historias y, a su vez, ubicaciones. En lugar de limitar la acción a los mismos pocos escenarios: la oficina de Perry, la sala del tribunal y algunas casas y oficinas genéricas que podrían repararse y reciclarse. Hablamos del  tipo de cosas que se encuentran en otros programas de una cámara como Superman, The Life, Legend. Wyatt Earp, etc., CBS le dio a Perry Mason locaciones en el sur de California: el centro de Los Ángeles, en el Valle, el desierto alto y en Big Bear Mountain. Los interiores durante la primera temporada —de todos modos— se rodaron en los antiguos Western Avenue Studios de Fox. Luego está el arresto y el desafortunado acusado que busca su último recurso para la libertad, ahí está el implacable, Perry Mason. A continuación, se llevaba a cabo, la investigación donde Mason y su equipo descubrían las pistas del verdadero asesino. Finalmente, se remataba en un acerado enfrentamiento en la sala del tribunal. Una cosa que es muy poco realista; es que el verdadero asesino con frecuencia se derrumbaba en el estrado y confesaba. Pregúntele a cualquier abogado de un estrado auténtico ¿con qué frecuencia sucede eso? Mason no tenía mucho personal. Por otra parte, tal vez esta ambigüedad moral fue intencionada, dado el elenco de Raymond Burr, un actor que hasta 1957 había interpretado casi exclusivamente a villanos especialmente despiadados. El más famoso de los cuales fue aquel siniestro asesino en “La ventana indiscreta 1954” de Sir Alfred Hitchcock.

Casi impactante es cuánto peso despegó Burr en los tres cortos años desde esa película. Aunque todavía estaba bastante orondo y de complexión de huesos grandes; Burr en la primera temporada estuvo más delgado que nunca. Empero el recio Burr fue una elección inspirada para interpretar a Perry. Cuando el sagaz RB se eleva sobre aquellos a los que interroga en el estrado de los testigos, su voz autoritaria, sus ojos ceñudos y expresivos aún pueden ser intimidantes, sin embargo, sus modales tranquilos y sosegados conectaban rápidamente con el respetable (curiosamente, en la vida real, Raymond Burr era muy sociable, extremadamente generoso y dulce). Fue una cualidad hasta ahora inexplorada del protagonista, que realmente deslumbra en este show. El resto de su equipo lo componía su secretaria Della Street (Barbara Hale) y un investigador privado, a cargo perpetuo de Mason, Paul Drake (William Hopper). Della contestaría los teléfonos y concertaría citas con su jefe. Recuerden que esta fue una época en la que el lugar de una mujer en los negocios era una tarea muy gregaria. Della también era la persona en la que Mason confiaba sus mayores corazonadas. Discutiría el caso con ella, estimaba su opinión y de paso, se veía en ella, una mujer de ese atisbo, de lo que—afortunadamente— iría llegando: la revolución feminista y la incorporación de la mujer en cargos de mayor calado en la justicia o la docencia jurídica. Pero Della fue un personaje algo inusual para aquellos finales de la década de los 50.

Mason estaría demasiado ocupado con informes y otros asuntos, por lo que Paul también saldría a la calle. En busca de esas pistas e información que los detectives de la policía de Los Ángeles pasaban por alto. Este fue uno de los mejores métodos de la vieja escuela conocida como la “caja de zapatos de piel” para resolver crímenes. Ahora tenemos laboratorios para analizar la más mínima partícula de materia que queda en la escena del crimen. En ese entonces, Drake tendría que ir a hablar con la gente y reunir información lentamente que conduciría a una ruptura en el caso. Lo mejor que le habían tomado las huellas digitales a la policía, y siempre había una razón lógica por la que estaban en el arma homicida. Drake también era un puro arquetipo de compañero de los cincuenta; lo golpearon en más de una ocasión y con ganas. Esto normalmente pondría a Mason y Drake en oposición directa con el hombre a cargo de la investigación policial, el teniente Arthur Tragg (Ray Collins). Cuando llegó el momento de comparecer ante el juez y el jurado, el adversario de Mason era el fiscal de distrito Hamilton Burger (William Talman). Es sorprendente que Burger y Tragg mantuvieran sus trabajos; tenían el peor historial delictivo posible. Cada semana preparaban su caso hermético que Mason hacía pedazos. Considerando que cada uno de los clientes de Mason era inocente. Obviamente, se trataba de una grandísima noticia, ya que en la vida real la ciudad se habría arruinado por todas las demandas de procesamiento civil ilícito que se hubieran presentado. Después de todo, no se puede tratar a la estrella de esa manera. Hubo algunas variaciones sobre el tema presente aquí. En un episodio, Burger tuvo que dejar la acusación. Resulta que un viejo amigo suyo es el sospechoso. Por una vez, Burger se alegró de que Mason estuviera en el caso y  que no tendría que perder todos los pleitos; por una semana. Algunos de los recursos de la trama utilizados aquí datan la serie. La razón del éxito de esta serie se debe a la atención a los detalles y la gran calidad de la producción. Cada episodio se construyó como una película de cine negro de una hora de duración en lugar de un programa de televisión normal de 30 a 40 minutos. Así llegaron a rodar 9 temporadas y 271 episodios desde 1957 a 1966. Todo un hito histórico de la TV de la primera edad dorada.

Ahora, en pleno siglo XXI, después de que se mostraran por primera vez estos episodios, siguen siendo tan buenos como lo fueron desde sus inicios. Un ejemplo fue cuando una chica cigarrera es amenazada y luego acusada de asesinato. Para aquellos que son demasiado jóvenes. El recuerdo de los clubes nocturnos, o cabarets de los años 50 es algo muy alejado de lo que se vemos en 2020. En su caso contratarían a una mujer joven y atractiva para que desfilara con diminutos atuendos vendiendo cigarrillos de una bandeja atada a ellos. Evidentemente, a día de hoy esa escena de la chica escasa de ropa y el cajón de cigarrillos y chocolatinas sería una ofensa para una gran parte del público femenino. Otro caso curioso, sería el episodio del título “El caso de la cantante arisca”. Intenten llamar a una mujer brusca en 2020 y observarán que las cosas han cambiado algo. Afortunadamente. Pero insisto, Perry Mason arranca de lo que llamamos la cultura del cómic pulp. Luego, yo soy partidario de observar las cosas con el conocimiento y la mesura del contexto. Si no somos capaces de ponernos en las diferentes aristas de la vida, no tardaremos en quemar el cine mudo o determinadas letras del RockPunk más glorioso. Otro de los grandes reclamos de la propia serie fue el gran elenco de grandes estrellas que fueron invitadas, muchas de ellas ya consagradas; Bette Davis, Angie Dickinson, Fay Wray, Mona Freeman, George Kennedy, Elisha Cook Jr, Lee Van Cleef  o Walter Pidgeon. Así como muchos y muchas de ellas, caras nuevas que pasaron rápidamente a ser famosas tanto en la gran pantalla como en la TV; Ellen Burstyn o David Hedison. Todos esos grandes fans, de los actores de personajes de la época, encontrarán una verdadera mina de oro en cada episodio de Perry Mason. Sólo en “El caso del doliente enojado”, por ejemplo, aparecen Dorothy Adams, Malcolm Atterbury, una jovencísima Barbara Eden, Sylvia Field, Paul Fix, Joan Weldon y James Westerfield. Otros actores que aparecen en estos primeros diecinueve episodios son: Vaughn Taylor, Hillary Brooke, Greta Thyssen, Robert Cornthwaite, William Schallert, Frances Bavier, Joi Lansing, Michael Fox (el patólogo forense), Virginia Gregg, Brett Halsey y muchos más. Los seguidores de la serie “Three Stooges 1922-1970″ se deleitarán al ver al villano perenne Kenneth MacDonald aparecer con frecuencia como juez y como la chica mala de los últimos Stooge, Connie Cezon, desempeñando a la secretaria, en gran parte, invisible de Perry.

Los fanáticos de la ciencia ficción de los 50 notarán las apariciones de incondicionales del género como Morris Ankrum (otro juez a tiempo parcial), Thomas Browne Henry, Whit Bissell y Robert Clarke. Obviamente, quien quedó marcado para el resto de su vida personal como la auténtica estrella de la TV, en su primera era fue Burr. Su cara era de las más reconocidas en todo el mundo. Después de su carrera de nueve años en CBS, se lanzó un programa de televisión de revitalizar el personaje en 1973 que duró una temporada. Esa encarnación derivó en unas veinticinco películas hechas para televisión que se emitieron entre 1985 y 1993 y solo terminó con la muerte del hombre que siempre será recordado como Mason, Raymond Burr. Actualmente, el prestigioso canal de TV de cable, y ahora en streaming, HBO, ha adquirido los derechos de la mano del actor galés, Matthew Rhys, (“The Americans” 2013) ofrece una actualización impresionante y elegante del drama de la auténtica CBS de mediados de siglo. Situada la acción, en los años finales de la década, de los 20 y comienzos de los 30, en plena depresión económica. Actualmente, es el productor del proyecto. Donde se encuentra respaldado por los productores ejecutivos Amanda Burrell, Ron Fitzgerald y el no menos conocido actor, Robert Downey Jr. Además, de un viejo conocido de la edad de oro del icónico canal como Tim Van Patten. Por cierto, la serie entera con todas sus entregas y episodios se puede en encontrar en Amazon y para aquellos más inquietos en Youtube y otros lugares de la webesfera. Lo dicho, siempre hay tiempo para visionar aquella primera edad de oro de la TV y poder disfrutar de un show con más de 9 nominaciones a los Emmys, donde su protagonista siempre era el foco de la pasaralela. Disfruten del genuino Perry Mason. Nota: 8,5

 

 

Gangs of London (2020) “la maldad digital del crimen organizado”

La nueva ficción de la segunda década sigue su devenir, entre producciones espectaculares —caso de la que nos vamos a ocupar— y la aparición de nuevos jugadores en el negocio audiovisual, donde la tarta cada vez se estira más y los halcones están ávidos de café. Dirigiéndose hacía una producción de lo más virtual dentro de la webesfera más inmediata —me explico— la nuevas ficciones de 5 a 8 minutos el capítulo; una sutil forma de conseguir espectadores instantáneos: los verdaderos hijos del magma digital, con un resultado de productos, de los más sorprendentes del mercado actual. Drama y comedia siguen siendo el alma mater del entretenimiento y la pasión de un público cada vez más frágil, viendo como sus gobiernos son incapaces de contener o superar retos más cercanos; la durabilidad de nuestra especie: la humana.  Esa, misma, la mía y la de todos Uds. Somos todos esos ciudadanos-as atemorizados, regulados, confinados e inquietos, en una guerra invisible y con un nuevo intruso: el Covid19. Empero, hablando de enemigos invisibles en Gangs of London hay muchos y de todo tipo de ralea. Estamos ante un brillante thriller de acción, sustentado en una tragedia Shakesperiana postmoderna, con todos los ingredientes, para ser una de las grandes ficciones del siglo XXI. La productora de la familia Murdoch, Sky Channel y sus divisiones en Italia, Atlantic, junto al satélite de HBO, Cinemax y la pequeña productora del realizador Gareth Evans (Merantau, The Raid, Raid 2, Safe Heaven y The Apostle) son los encargados de brindarnos un espectáculo memorable. Aquellos ya familiarizados con su filmografía; se deleitarán al ver cómo traducen sus historias de crímenes violentos en su vis más —sui generis— a la televisión de larga duración. Mientras, el amigo Evans, suspira con alivio porque este medio tan singular, no ha atenuado ni contenido su inclinación, por untar su lienzo de enormes franjas rojas de hemoglobina. Gangs of London dentro del —mal llamado convencionalismo— drama criminal y la superposición de secuencias de lucha de artes marciales ultraviolenta; puede sonar a videojuego de pedigrí. Lo es. Sí Sres. Ello no es óbice para que en Gangs of London haya muchos homenajes a grandísimos cineastas; desde Leone, Scorsese a Kitano y Peckinpah.

Gangs of London es un drama familiar donde el crimen se ha sofisticado a unas esferas fáusticas multiculturales. Es una serie muy adictiva, desde el tempo tranquilo, en esos diálogos teatrales, al contraposto de unas escenas de acción fabulosas, creadas, ex profeso por Gareth Evans. Es sin duda; uno de sus mayores esfuerzos y con mejor factura de toda su carrera. Una epopeya familiar, dentro un Londres destrozado por las turbulentas luchas de poder de las pandillas locales con conexiones multinacionales. Todo lo que ocurre en Londres, pasa por ellos, de igual modo que todo lo que pasa en Hong Kong. Claro que no hay mayor desgracia en un imperio que perder a su alma mater; el rey de los malvados. Sin un caudillo, el repentino vacío de poder y el caos que se crea es comparable a cualquier tragedia griega clásica. El jefe de la familia criminal más poderosa de Londres, Finn Wallace (Colm Meaney, una leyenda de la interpretación británica, Hell on Wheels Star Trek o The Van), aparece asesinado con varios disparos en su rostro. Lo mejor de todo es que el Sr. Evans y sus colaboradores han esbozado y perfeccionado un guion brillante desde un videojuego desarrollado por Team Soho y publicado por Sony Computer Entertainment para PSP en 2006. En el videojuego se cuenta la misma historia: un Londres destrozado por las luchas de poder de sus pandillas y el vacío de poder que ha dejado el jefe de la familia de gangsters más poderosa de la ciudad del Bing Beng. Siguiendo la historia que —es obvio le tira lo suyo— a Cinemax. Pensemos en sus últimos proyectos: Banshee 2013, Strike Back 2010 y Warrior 2019. Todas ellas tiene un marcado cariz entre el cómic y los toques pulp. Siguiendo lo planteado inicialmente, es evidente, que alguien de los muchos clanes: lo ha ejecutado. Salpicado de rivales por todas partes y sin idea de quién ordenó el golpe. La familia depende de su hijo, el impulsivo Sean Wallace, y, de la ayuda de la familia Dumani encabezada por Ed Dumani, para tomar las riendas del imperio de Finn. Las pandillas quieren el poder y ejercer su control tras veinte años de reinado absoluto; los dientes se afilan por todos los distritos y barrios de la cosmopolita Londres.

Mientras, Ed Dumani intenta mantener el orden y el consenso, Sean Wallace abre una cruzada para encontrar al asesino de su padre, la cual, causa ondas sísmicas en el mundo del crimen internacional en las calles de Londres. Todo el crimen organizado está en pie de guerra. Desde la mafia albanesa encabezada por Luan Dushaj, la mafia turca, italianos ndrangheta, el cartel de la droga paquistaní, las tríadas chinas, los jamaicanos de las yarkies, los gitanos galeses “col rizada” en sus caravanas y otros elementos criminales mucho más marginales. Entre todo este caos, nos encontraremos con un personaje que se queda atrapado en una hendidura de las familias del crimen: Elliot Finch. Un tipo que hasta ahora ha sido un pobre desgraciado de clase baja que vive con su padre enfermo de alzhéimer. De repente, acaba introduciéndose en  la familia Wallace, creando un montón de incógnitas, entre los más conocidos de ese clan y resto de competidores. Elliot se ve transportado al funcionamiento interno de la organización criminal más grande de Londres. Cada clan tiene sus propios ejecutores y categóricos jefes que están tratando de volver a los negocios después de esta gran muerte, y los señalamientos que se han forjado. Además del clan Wallace y los Finch, hay una banda ecléctica de miembros de la familia, tanto inmediatos como del lado opuesto que desarrolla una saga en expansión. La escena de apertura, donde observamos a Sean incendiando a otra víctima desde lo alto de un rascacielos, de la City, que construyen con el dinero —ya lavado de todas sus transacciones criminales— mientras trata de encontrar información. Nos deja con el pálpito en un puño. Gangs of London a lo largo de los nueve episodios, de esta primera temporada se abre paso entre las diversas grietas del inframundo criminal que ha construido Evans con el coguionista y director de fotografía Matt Flannery. Una pareja que han sido colaboradores frecuentes, en todos sus proyectos, desde sus comienzos. Las secuencias de acción se ejecutan perfectamente, desde las minuciosas coreografías de las secuencias de combate, hasta la perspectiva de filmado y su narración. Un engranaje perfecto.

Mención especial al capítulo número cinco que es un homenaje —en toda regla— a la magistral, Perros de Paja (1971) de Peckinpah. De un poderío deslumbrante y enorme poso épico. Si bien es violencia, no existe por el bien de la violencia, pues, hay consecuencias que vienen con cada acción y una vez que los cuerpos comienzan a acumularse; es solo cuestión de tiempo que la coalición que existe entre las diversas familias comience a desmoronarse. En principio se podría hablar de la serie como un desarrollo coral, donde las tramas se salen del rail y se revuelve para entrar por otra vía del trayecto. Todos son auténticos protagonistas de este gran espectáculo con letras mayúsculas. Las actuaciones en el conjunto global, bien podríamos decir; que ningún personaje lleva la serie sobre sus hombros. Obviamente, hay algunos personajes realmente magníficos que —tienen profundidad y ferocidad, con algunas historias y bagajes muy interesantes—  atravesando la temporada. Caso de Ed Dumani, el jefe de la familia Dumani y el mejor amigo del Finn desde la infancia, durante los últimos años de la difícil década de los 50: “No negros, no irlandeses”. Sus intentos de mantener el negocio funcionando sin problemas, a la ausencia de sus amigos, mientras se aferra a los secretos de un hombre muerto. Intentando controlar a un heredero que es pura cólera y fluctuación: Hay que evitar que Sean siga prendiendo fuego a todo lo que él, que levante sospecha, de ser el hipotético asesino de su padre. Hay que reconocer que el trabajo de Lucian Msamati (His Dark Materials , Black Earth Rising, Taboo y una larga lista de grandes trabajos) es lo suficientemente convincente, en un mundo donde la personalidad de individuo juega un gran papel. La madre de Sean, la actriz Michelle Fairley, nos ofrece una interpretación de primer nivel, como Marian Wallace (GOT, Philomena, Harry Potter o Fortitude) vendría a ser una nueva versión de aquella Lady Stoneheart de Game of Thrones: que nunca vimos, ya que, está envuelta de aura encarnizada de Lady Macbeth.  Se alza sobre todo esto y se muestra como la encarnizada Lady Macbeth cuando el derramamiento de sangre aterriza a la puerta de su hogar. Luego, la mera posibilidad de su hijo, el príncipe Sean, (un Joe Cole que no para, Black Mirror, Skins y Peaky Blinders)— impasible, pensativo y volcánico, invoque al orgullo dela madre herida. Obviamente, su madre es la leona del hogar, una irlandesa, que ante la adversidad no dudará en apoyarse en los mejores guerreros de su tierra para la batalla.

Sean Wallace da un tono de bravuconería melancólica como el hijo que debe de estar a la altura de su padre. Una figura imponente que está en un desorden de prioridades, al que observamos su vulnerabilidad en flashbacks, donde se muestran instantes de su infancia que dan forma a la figura que vemos en el presente. Muy especial es la relación que mantiene con su hermano pequeño, Bill Wallace (Brian Vernel, Dunkirk, Papillon y Last Kingmdon) el heroinómano, aparentemente, débil. Un personaje infravalorado capaz de sorprender a más de un espectador y después, estaría la hermana, el personaje de menor peso que interpreta la actriz Valene Kane (The Fall y Thirteen), Jacqueline Wallace, que está embarazada y trabaja como sanitaria. Nunca se ha identificado con su familia, sin apenas relación con los padres del clan y avergonzada de todos ellos, excepto de su hermano Billy. Y uno de los personajes que más ha impactado a toda la crítica internacional, el aplauso ha sido unánime; Sope Dirisu (Humans y The Halcyon) con su portentosa interpretación como Elliot Finch, tanto físicamente como en su vis más dramática. Una de las grandes bazas del director y creador Gareth Evans. Todo un diamante en bruto. Sope obtiene la mayoría de las escenas de lucha y ver a este misterioso soldado de infantería Wallace de bajo rango inicial, que termina convirtiéndose en la mano derecha de Sean, te agarra profundamente hasta su punto culminante ya en el última capitulo con un final alucinante. Haciendo de todos sus personajes un viaje en la barca de Caronte. Así como en la relación en desarrollo con la hija de Ed, Shannon Dumani, otra excelente interpretación, de Pippa Bennett-Warner (Harlots y MotherFatherSon). Siguiendo con el reparto coral, hay un personaje femenino, que tendría su Spinoff cuando quisiera, maravillosa actuación de la iraní Narges Rashidi (The Girlfriend Experience, Hanna y Spuren des Bösen) como, Lale, militante kurda del PKK que es miembro de la coalición, aunque tiene una historia de fondo interesante, donde se hallan involucrados por una disputa antigua su rival, el paquistaní Asif Afridi (Asif Raza Mir). Otro personaje que te deja temblando es el actor británico/albanés Orli Shuka como Luan Dushaj con su interpretación salvaje y real. Líder de la mafia albanesa que se ve implicado en un affaire con unos mafiosos nigerianos, que Tarantino se quedaría babeando con la secuencia. Empero, de toda esta historia, hay una que me llega al alma, es la persecución y espíritu de supervivencia del jefe del clan gitano galés que interpreta Mark Lewis Jones, como Kinney Edwards actuación grabada en la retina de los espectadores ha sido la de Mark Lewis Jones (The Crown, Chernobyl, Carnival Row y un largo etcétera).

Su corazón muestra un coraje y una tensión dramática de premio a la búsqueda de su único hijo, cuando ve que todos quieren hacerle desaparecer. Son de esos actores británicos que pertenecen a una estirpe del teatro y suelen funcionar en un reparto coral, de un modo excepcional. Hay un miembro de la coalición, la tríada china, que aparece en el primer episodio y luego desaparece durante el transcurso de la temporada. Si bien Asif Afridi está diseñado para ser un personaje a quien temer, se mantiene alejado de la historia durante demasiado tiempo en la parte media y su hijo, Nasir, un futurible alcalde de la gran metrópoli del Támesis (el hindú, Parth Thakerar visto en The Good Karma Hospital) también se solapa entre la cantidad de subtramas del show. Una pena está bastante limitado con su tiempo de pantalla, aunque su historia también tiene un propósito. Otra interpretación de un papel de lo más sugerente ha sido la del personaje Jevan Kapadia, el actor británico Ray Panthaki (Collete, Marcella u Official Secrets) cuyo elemento central en el plano de la historia es sustancioso; algo así como el personaje del Mercader de Venecia. Avaricia y justicia a mi manera. El Houdini del crimen organizado. Obviamente, Gangs of London aplica el drama tanto como el dolor, a veces, pero esto no es tan equilibrado como podría ser. Por un lado, Cole como el jefe de la mafia líder, de la serie en esa postura de todo ladrar y no morder y el desarrollo del personaje es confuso, lo que plantea preguntas sobre su pasado con algunas respuestas bastante dudosas. Lo mismo ocurre con el resto del clan Wallace y sus aliados más cercanos, la familia Dumani, que están marcando los tratos y negocios gordos, flotando entre la carnicería a medida que se desarrolla la trama principal. A ello habría que sumarle una soundtrack fantástica, con una selección de 34 temas espléndidos y que conectan con cada momento del producto. Desde opera a coros de voces albanesas, pasando por el mejor hardrock actual y la electrónica de Dj actuales. En definitiva, toda esa falta de escrúpulos en cualquier instante, solapados de historias desgarradoras barridas bajo la alfombra, el este europeo como el nuevo enemigo bárbaro que amenaza al establishment civilizado y acomodado, y todo el cóctel que tanto nos gusta ver, aparecen en este acorazado que arrasa y genera un disfruté total, a lo largo del viaje de la serie, y aunque me alegro de que haya suficiente para esperar si Evans y Flannery (Sky y Cinemax) deciden hacer otra temporada. Si no me equivoco, habrá una segunda temporada y podremos ver todo el potencial de Evans en la nueva ficción televisiva. Lo dicho, nunca un videojuego, me ha producido tanto gozo, como los gansters de Londres. Nota: 8,5

 

 

Los mejores 10 álbumes de 2019

 

  1. Nick Cave & Bad Seeds “Ghosteen”

 

2. Lana del Rey “Norman Fucking Rockwell”

3. Michael Kiwanuka “Kiwanuka”

4. These New Puritans “Inside the Rose”

 

5.

When We all fall asleep, where do we go?

6. The Damned “High Crimes”

7. The Raconteurs –“Help Us, Stranger”

 

 

8. Purple Mountains “Purple Mountains”

9. Fontaines DC “Dogrel”

 

10. Lizzo “Cuz I Love You”

“Alfred Hitchcock presenta” TV (1955)

 

En aquellos viejos y oscuros años, los políticos experimentaban el sabor chic de asomarse por los pasillos de Paseo de la Habana. El olor a nuevo de la vetusta TVE era de su gusto. Aún redoblaban los ecos del resacón eurovisivo de la boda real en el país, del chocolate y las frías trincheras del héroe Alastriste. Todo era un flan Dhul continuado y sopa boba. Nuestros abuelos, padres, tíos y demás grey eran los mayores acólitos al escaparate de cristal en las nuevas tiendas de cajas mágicas. Tanta magia que el maestro del suspense se enamoró de este aparato y nos trajo historias de crueles pesadillas, que quebraron los sueños de nuestros progenitores y pasaron a ser de dos rombos por decreto notarial. Todo el mudo se quedó alucinando al ver a un Sr. Gordo en la TV multifranja.

 

 

“Buenas noches, soy Alfred Hitchcock y esta noche les presento la primera de una serie de historias de suspense y misterio curiosamente tituladas: Alfred Hitchcock Presenta. Yo no actuaré en estas historias pero sí que haré pequeñas apariciones, antes y después de cada capítulo, para explicar el título del episodio a aquellos que no sepan leer y finalmente para poner todo en orden y explicar el final de la historia a aquellos que no lo hayan comprendido.” De fondo sonaba el corte musical de la marcha fúnebre para una marioneta de Gounod.  Así, con un descaro —sui generis—, comenzaba el show del maestro de la intriga del cine y ahora, la TV. Corrían los años 50. Hitchcock no sólo se hallaba en la cima de su popularidad cinematográfica, sino que también encontró la cúspide creativa en un nuevo medio tan adictivo como la TV.

 

 

Al parecer tras una idea sugerida por el presidente de MCA, Lew Wasserman; el director y productor británico se encargaría de presentar cada episodio, haciendo gala de su fino e irónico sentido del humor. La legendaria serie de 268 capítulos, los cuales, fueron emitidos a lo largo de siete temporadas son uno de los mayores tesoros audiovisuales de la humanidad. Desde 1955 hasta 1960 en la CBS, y entre 1960 y 1962 en la NBC, que adquirió sus derechos a posteriori, el mago del suspense dirigió 17 historias. No obstante, aportó a la serie su presencia como anfitrión, una garantía de éxito y una manera de hacer televisión comercial, de calidad y factura creativa. Hitchcok hizo pura imaginería al servicio de la televisión moderna. Algo así como el edén de las futuras producciones de Lynch para ABC o David Simon en HBO.

 

La serie está compuesta por pequeñas historias originales, llenas de toques escabrosos; una cascada de humor negro y evidentemente, unos finales que resultaban tan impactantes, como difíciles de olvidar. A lo largo de los años nos encontramos a realizadores como Sydney Pollack, Robert Altman, Don Taylor, Arthur Hiller, Norman Lloyd, Robert Stevenson, Paul Henreid, Robert Stevens o Lewis Teague, que dirigieron diversos episodios. Entre los guionistas figuraron reputados autores literarios como Ray Bradbury, Richard Matheson o Roald Dahl y también se adaptaron relatos procedentes de escritores tan exquisitos, como Patricia Highsmith o H.G. Wells. La serie consiguió un Globo de Oro al mejor programa en 1957 y tres premios Emmy, aparece también como una de las cien mejores series de la historia de la TV. Memorable fue su capítulo inicial “Venganza”, sobre un marido (Ralph Meeker), que —erróneamente— se vengaba de un supuesto atacante a su mujer cuando descansaba, plácidamente, en la caravana del camping (Vera Miles). Dejándonos un final grandilocuente y apoteósico.

En 1985, la NBC preparó un revival conocido como “El nuevo Alfred Hitchcok presenta” Se volvieron a rodar 76 capítulos de aquellos fabulosos, ya emitidos en los 50. La principal novedad, es el color y la aparición de nuevos actores de esta última época. Destacamos al extraordinario elenco de estrellas que aparecieron en la entrega original y este posterior remake. Nombres tan célebres como los mítico-as; Joseph Cotten, John Cassavetes, Vera Miles, Thelma Ritter, Joan Woodward, Mary Astor, Bette Davis, Barbara Bel Geddes, George Peppard, William Shatner, Charles Bronson, Claire Trevor, James Coburn, Walter Matthau, Roger Moore, Dean Stockwell, Lee Majors, June Lockhart, James Caan, David Carradine, Robert Redford, David Soul o Melissa Sue Anderson y un larguísimo etcétera, de una lista —interminable— que es historia contemporánea del cine y la TV. En España se pasó por primera vez en el año 1965 y posteriormente, en la década de los 80. Actualmente, se pueden localizar en Amazon las 6 primeras temporadas en V.O. Y recuerden, la buena ficción televisiva tiene muchos años y buen fundamento. Como bien dijo el maestro;  “La televisión ha devuelto al crimen a su origen: el hogar”. Nota: 9,1

Top 10 álbumes de 2017

1. Robert Plant “Carry Fire”

 

2. The National “Sleep Well Beast”

 

 

 

3. Neil Young “Hitchhiker”

 

4. Brand New  “Science Fiction”

 

 

5. Van Morrison “Versatile”

 

 

 

6. Lana del Rey “Lust for Life”

 

 

 

7. St. Vicent “Masseduction”

 

 

8. American Dream “LCD Soundsystem”

 

 

 

9. Sheer Mag Need “to Feel Your Love”

 

 

10. Wolf Alice “Visions of a Life”

 

The best albums of 2016

  1. David Bowie “Black Star”

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2.   Radiohead “A Moon Shaped Pool”

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3. Nick Cave&The Bad Seeds  “Skeleton Tree”

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4. Iggy Pop “Post Pop Depression”

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5.  The Hotelier “Goodness”

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6. Alcest “Kodama”

 

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7. Charles Bradley  “Changes”

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8. Leonard Cohen “You want it Darker”

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9. Lucinda Williams “The Ghosts of Highway 20”

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10. Sticky Fingers “Westway” (The glitter&the slums)

 

 

 

 

“Get on Up” (2014)

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En ese viaje donde la cámara conecta con la leyenda del individuo y su testamento: nos encontramos con todo tipo y formas de itinerarios; que son los géneros cinematográficos. Últimamente, la simbiosis Rock&Cine ha encontrado una empática alquimia. Los biopics de aquellas legendarias estrellas del Rock son una caja de bombones, con más peligro que un puma, suelto en Times Square. Bromas aparte. La cuestión es que cuando se llevan este tipo de proyectos, en torno, a una leyenda del Rock hay que tener detrás de la cámara a directores con una gran cultura y pasión por ese estilo. Algo así como los directores más sensibles con el arte y figuras del mismo. Caso de algunos genios de la pintura y demás afines. Sin embargo, en esta ocasión, tenemos la suerte de presentar y comentar un film, sobre una de las mayores figuras musicales contemporáneas —de un sonido único y legendario— que se confabuló en la ciudad de Detroit. Todos Uds. estarán pensando en las grandes voces negras de los 60. Es evidente, no van nada mal encaminados. Y Es que no todos los días podemos ver en la gran pantalla del Led, un film del padrino del Soul, el inefable James Brown. Película que cuenta en su producción con el favor del gran Mick Jagger  —en otra de sus múltiples facetas— y el reputado productor Brian Grazer. Jagger, anunció a bombo y platillo que estaría encantado, de realizar un biopic, de una de las figuras musicales, que más ha influido en su estilo musical.  El elegido para dirigir el interesante biopic de James Brown fue Tate Taylor que, alcanzó la fama, con la adaptación de la novela “The Help” (Criadas y Señoras) en 2011, todo un éxito de taquilla y crítica. Por cierto, este año nos llegará con otra película que viene con la vitola de gran novela “La chica del tren”. Bien, de vuelta a Get on Up, siguiendo el guion de los hermanos Butterworth (Fair Game y Edge of Tomorrow). Taylor nos propone un ejercicio de acercamiento al interior y la naturaleza más humana del mito Brown: el padrino del Soul.

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El film se abre con James Brown bajando de una camioneta Pick- up en dirección a una correduría de seguros. Engalanado con un chándal verde —supervistoso— de terciopelo. Y entra en la correduría de seguros, dándose de bruces con la empleada de la limpieza, la cual, se lleva un susto de muerte —ya que lleva puestos unos cascos con la música de Brown— cuando observa, que quien tiene delante de él; es el mismísimo James Brown. Se dirige a ella, en un estado de narcosis considerable. Coge el pasillo directo que le lleva hasta el WC. Del WC sale una mujer blanca madura y cierra la puerta. La puerta la abre JB y comienza a maldecir a la persona que ha utilizado su WC. Sale del local y vuelve a la Pick-up para descolgar una escopeta repetidora. Entra en mitad de la pesadísima charla sobre la venta de seguros, dada por un coach de asesoramiento. La cosa como el que no quiere, es que, entre el colocón que lleva la estrella del Soul y su monólogo, en torno, a los apretones intestinales, de un domingo cualquiera en la placida Norteamérica. Nos vemos una escena entre lo desternillante y lo patético; más propio de uno de esos soliloquios de un film de Tarantino. La platea de oyentes se sonroja al escuchar las palabras de JB y, a la vez, sienten el pánico como recorre sus carnes. Brown sigue insistiendo, en su discurso, balbuceante, sobre los dichosos apretones mañaneros. Cuando de repente, la escopeta se dispara y el cartucho hace un boquete enorme, cayendo un gran trozo de escayola.

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Todo el personal que estaba temblando sobre las sillas; se echa al suelo. Brown sigue con su movida y ahora le da vueltas al asunto por lo que le costara el desliz del disparo y su reparación. Luego se revuelve contra el personal y pregunta en voz alta —¿quién se ha ciscado en mi WC? Entre sollozos y lágrimas, la mujer que había salido del WC—un par de minutos antes—confiesa que ha sido ella. JB le dice que no la va a matar, incluso se arrodilla y la da la mano para que se levante y se asiente. Comienza un nuevo discurso —flipadísimo— sobre la actitud ante la vida y el arrepentimiento. Termina la frase de un modo lapidario con un: Yo, soy James Brown, y, además, hice lo debía de hacer en mi vida, cambiando el devenir de las cosas. En esos cinco minutos de película descubrimos un material, entre lo surrealista y lo genial. La arrolladora lección de magisterio interpretativo del actor Chadwick Boseman (42, Lincoln Heights, Justified) llega por momentos, a pensar en los documentales sobre el auténtico Brown y su manera de hablar. Una joya de actor que se mete en la piel de la pantera de Carolina del Sur. Alguien podrá decir que es lamentablemente cochambroso y puede que esté en lo cierto. Pero esto es un biopic Sres-as… El personaje deja bien claro cuáles son sus sentimientos y su manera de vivir: su música. El Soul fue él. James Brown era una locura.

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Un tipo que llegaba hasta el final y no le ponía reparos a lo que pretendía.  Taylor apuesta por una narración, tan de boga, por la ficción televisiva: flashforwards y flashbacks. El recurso de ir hacia delante en el tiempo y hacia atrás, haciéndonos entrever la difícil infancia de Brown, se dan cuenta y, puede hacernos entender, de donde provenían esa fuerza y rabia. El viaje rebobina hacia atrás para describirnos al pequeño James. En ese medio rural de Carolina del Sur donde James Brown convive con un padre adultero y alcohólico Joe Brown (el británico Lenie James Snatch: Cerdos y diamantes o Walking Dead) o Susie Brown (la siempre solvente Viola Davis nominada al Oscar dos veces por Doubt y The Help). Además, de una madre prostituta que los abandona. Estos viven en la más absoluta indigencia y la miseria de la vieja América profunda, una época donde la IIGM condiciona todo. Vestido con unos pocos harapos, en una choza del bosque, convive junto a sus violentos padres. No tardará en ponerse a trabajar en un prostíbulo, donde comparte una cama pequeña con un tipo llamado Big Junior, de una obesidad descomunal. Este tipo aleccionó al pequeño James Brown en el enredo y la oferta comercial del burdel donde pernoctaba a los soldados de permiso, que se dirigían como conejos a un campo de zanahorias. La situación del pequeño James Brown fue lo más parecido a un relato Dickensiano. Abandonado por su padre y al lado de su madre en un burdel, donde se ganaba la vida con la visita de soldados que volvían de permiso de la IIGM. Aquel prostíbulo lo manejaba una Madame. Ésta, le gustaba el chaval, su brío y arrojo, en su manera de trabajar (atrayendo a los soldados hacía su casa) y lo mimaba con buenas propinas.

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Empero Brown tenía un don que le lleva un día una iglesia, y, en mitad del éxtasis de los participantes, a modo de un clásico espectáculo, del film de los Blues Brothers; ve como un carismático predicador que le trasmite el espíritu del sonido góspel y la pasión por el baile. El viaje nos lleva a Brown a 1949, con un plano que se aprecia como el chavalín bailón, ya es un joven de 17—que rompe la ventanilla— de un coche, para robar una americana. La policía lo persigue y termina en el calabozo de la comisaria del condado. A la espera de que sea internado en una prisión/reformatorio junto a otros de su edad. La ley de entonces, en Carolina del Sur permitía llevar a una persona mayor de 17 años a la cárcel. La situación del joven pintaba muy fea, pues, como mínimo le caerían 4 años y una posible remisión de la libertad condicional, si mantenía un buen comportamiento. En uno de los descansos del correccional se organiza un pequeño concierto de Gospel/homilía, donde, la casualidad de las casualidades, JB entra en contacto con su mano derecha a lo largo de su carrera musical, Bobby Bird (Nelsan Ellis/True Blood). Prosiguiendo con la narración, nos encontramos con un momentazo para todo devoto del Rock: el minuto, donde el albur hace que Brown conozca a Little Richard. A partir de ese instante, el film toma una velocidad de crucero donde veremos el ascenso de esta estrella a lo largo de los 60 y como se convierte en una superestrella mediática llegados los 70 en medio mundo.  Puede que no sea la magnífica Walk in the line (2005) de James Mangold, pero Tate Taylor consigue una buen tempo narrativo. Una ligera reprimenda sería la historia en sí, los bien contada que esta la primera parte. Todos los insertos, la salida y entrada de los personajes.

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Después en la segunda parte, ahí vemos, como el metraje tiende a la pesadez y la reiteración de determinadas actuaciones o tics del propio Brown. A pesar de sus más de dos horas, amén, del terrorífico error sobre la verdadera repercusión en la vida musical y el estrellado del manager de Brown; Ben Bart. Un personaje interpretado por el siempre interesante Dan Aykroyd. Y es que, sobre la relación personal con el propio Brown, pone de manifiesto una especia de karma muy paternal de Bart con Brown. En el film se deja entrever que JB llegó a estar en el funeral del mismo Ben Bart (con un afligimiento terrible) en un cementerio judío. Un asunto que los familiares de Bart han criticado con ahínco, a la productora del film, pues James Brown jamás estuvo en el sepelio de BB. (Aún más, a sabiendas, de que uno de los personajes, que está detrás del film; es Mick Jagger). Bien, con esos defectos y otras grandes virtudes: el montaje final del producto sale victorioso, gracias a una excelente banda sonora rematar costuras que se han quedado fuera de la sarga, mencionada anteriormente, final. Una música donde suenan los mejores temas de este portaaviones del escenario. Afortunadamente, la dirección artística del film es modélica, algo muy cuidado en los biopics con buena producción. El viaje del padrino del Soul por seis décadas— de los 30 a los 80— es un gustazo y toda una lección de dirección de fotografía. James Brown es el producto, de una vida fingida, entre la desgracia del precio de la orfandad y el hecho de su reconocimiento como una de las grandes influencias dentro del Rock&Roll. Mayores son los aciertos que los defectos de un individuo —nuestro James Brown del cine— el maravilloso actor Chadwick Boseman lo borda. Siempre he dicho que los actores de color son mil veces mejores que los blancos norteamericanos.

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No quiero decir con esto que los blancos sean malos actores. Pero las cartas con las que juegan la partida no son las mismas. Algo de esto suena por la corriente del río con las últimas nominaciones de los Oscars a mejores actores y actrices ¿Racismo? En fin, no quiero meterme en este charco, pero hay mucha tela que cortar con todo lo que pasa con la población de color, de un gran país, donde su presidente es afroamericano. Lo dicho, contemplar la interpretación de canciones míticas, en la voz de Boseman es una delicia. Temas como “Caldonia”, “Please, please, please”, “Super bad”, “Try me”, “Soul power”, “Get up” (I feel like being a sex machine). Alucinante. El sonido es perfecto y lo dicho, el film es sensato y coherente con una figura de la historia de la música negra esencial. Referencia legendaria de cientos de bandas de los 80, 90 y este siglo XXI. Magnífico retrato socio-cultural de un tiempo compulso en la historia de los EE.UU son las vinculaciones del propio JB y el debate racial, así como el conflicto bélico de Vietnam y el parricidio del Dr. Martin Luther King tras su pérdida. Subidas y bajadas de un genio, que murió como lo que fue toda su vida: fuego y ritmo. La asepsia con la que se ha dejado fuera los aspectos más oscuros, del personaje y constante relación con la violencia de género. Todo ello bajo el efecto de drogas realmente poderosas y demoledoras que hicieron mella en el astro. Un film recomendable que no pude ver el cine y afortunadamente el Blu-ray da buena fe de que la tecnología cinematográfica tiene mucho futuro. Lo dicho, a los amantes del Soul y su figura pasaran un rato de lo más ameno y entretenido. Y aquellos que desconozcan la figura del personaje; es un buen momento para ponerse al día con una de las grandes leyendas musicales de los 60 y el género Motown. Cómo dijo un grande de la música; que sería de ésta sin el Soul. Disfruten con este homenaje, de otra leyenda viva del Rock, Mick Jagger, a este gran artista que fue James Brown. Nota:6,8

The best albums of 2015

1. Alabama Shakes “Sound&Color”

 

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2. The Sonics “This Is The Sonics”

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3. Wilco “Star Wars”

 

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4. Courtney Barnett “Sometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit”

 

 

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5. Sufjan Stevens “Carrie & Lowell”

 

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6.Father John Misty “I love you, Honeybear”

 

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7. Sleater-Kinney ”No Cities To Love”

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8. Richard Hawley “Hollow Meadows”

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9. Björk “Vulnicura”

 

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10. Jason Isbell

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Jimi: All Is by My Side (2013) Why?

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Hay cosas en la vida que tienen un precio impagable. Una de ellas —montarse en una máquina del tiempo— para acercarse al espíritu de una de las etapas más fecundas en la historia del Rock. Vaya por Dios! Sigo embobado con las lecturas de Wells y las pelis de Kubrick. Seamos realistas, a finales de la década de los 60 apareció el mayor genio de esto que llamamos Rock en estado puro. Bueno, entre lecturas y más relecturas, todas ellas conjugadas con mi enfermedad crónica; a veces puedo escribir unas pocas líneas. Otras veces, el dolor, sólo me da tregua en la cama, con el cuerpo envuelto de morfina de última generación. La cuestión es que no paro de escuchar Purple Haze, Little Wing o Voodoo Child del zurdo de oro; Jimi Hendrix. Y toda esa música me persigue a lo largo del último mes. La vida suele ser caprichosa: es evidente. En demasiadas ocasiones; azarosa y fantástica. El Rock&Roll se ha dejado la piel en intentar contarlo mediante letras fascinantes y acordes celestiales. Bien, siguiendo con el devenir de los acontecimientos. No hace mucho tropecé con esa providencia que te llena de gozo. Un viejo amigo, que es hombre de radio, y, de muy buena música; Paco Cremades. Ahora en la 99,9 Valencia Radio. Me invitó a su nuevo programa tras casi treita y tantos años de vidas separadas, pero como le gustaba al bueno de Carver decir: A veces se cruzan. Paco presenta un programa cojonudo, que suele rematar con la gente de esta ciudad, los cuales, hemos sido luciérnagas de agitación musical, cinéfila o literaria y etc. Es un espacio muy interesante, donde el gran Paquito, te lo pone absolutamente dificilísimo: elige las 5 canciones de tu vida. Imagínenselo, el vademécum musical de un servidor, en sólo 5 temas. Elegí en primer lugar Purple Haze del glorioso Jimi Hendrix. Antes de escuchar el tema, Paco me dijo: ¿Por qué has elegido esta canción, Jon? Mi respuesta fue sencilla y divertida. Me encanta, amigo. Ahora, cuando entré a valorar e intentar explicar algo de la figura de Hendrix, Paco me decía: Corta, Jon, que nos quedamos toda la noche hablando del duende de Seattle… Es obvio, se podría estar hablando un año entero de su obra y posiblemente, al año siguiente la tertulia seguiría igual de eléctrica. Bien, una vez aclarado el punto de arranque sobre el personaje a valorar, retomamos el análisis de este antojadizo film —del nuevo biopic musical — estrenado el año pasado, y, que hace unos días pude visionar.

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Hablamos de una película, en torno, a la figura de Hendrix. “Jimi: All Is By My Side” (2013). Es un film que no fue estrenado en España ni fui capaz de localizarla vía DVD. No obstante, gracias a esto, de las nuevas tecnologías: di con él. La verdad que toda esa ilusión de este último mes quedó por los suelos tras unas larguísimas dos horas visionado. El film está escrito y dirigido por John Ridley. Un cineasta conocido —principalmente— por sus credenciales, como el guionista de “12 años de esclavitud” de Steve McQueen (ganador del  Oscar al mejor guion adaptado de la Academia de Hollywood). Maravillosa película y una historia muy bien escrita. Es evidente, el sublime esfuerzo, por parte de John Ridley. Actualmente, en la TV, con una miniserie que ha recibido el aplauso unánime de la crítica: American Crime (2015). Luego, una cosa es pretender crear a base de rodar cosas, que todo aquel, bien avenido, en el negocio audiovisual pueda llegar a encandilar. Eso sí, también hay que contar con la variable de la exasperación con el más advenedizo del entretenimiento de la gran pantalla. Ridley debutó como director con un bodrio llamado; “Cold Around the Heart” en 1997 con David Caruso (el pelirrojo de CSI Miami). Lamentable en todos sus aspectos. A modo de una especie, de comedia negra con el trasfondo de unos ladrones de tres al cuarto. De ahí hasta, ésta, Jimi: All Is by My Side. JR ha escrito buenos guiones, esencialmente, para la televisión, capítulos de “Turno de Guardia” que se emitió entre 1999-2004 y alguno para el cine, caso de las estupendas; “Giro al infierno” (1997)“Tres reyes” (1999) . Sin embargo, Jimi Hendrix es algo demasiado grande. Muy grande, querido Sr. Ridley. Además me hago las siguientes preguntas a mí y a Ud. ¿Cómo se puede concebir un film que hable de una de las mayores leyendas del Rock sin su música? Más aún, cuando Ud. sabía de sobra, que nunca podría utilizarse el más mínimo acorde, de las míticas canciones del genio de Seattle. Obviamente, si no estamos delante de la pantalla para disfrutar de la música, entonces ¿qué hacemos aquí? Aquel músico deslumbrante lleno de personalidad y vida social. ¿Cómo puede ser sustituido la mera presencia de su voz, si lo que nos plantea Mr. Ridley es el vacío más aséptico en muchos años? John Ridley se acomoda en la pretenciosidad y la indulgencia de un hipotético cineasta de autor, y, para mayor inri, se arma de valor, presentando, al gran Jimmi Hendrix más parsimónico de higiene sexual, racial y política de los años 60.

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Un Hendrix desde un prisma lisérgico, que es el caleidoscopio, de una sociedad bulliciosa y convulsa, a través, de una  mirada autocomplaciente. El director nos presenta una lánguida psicología del mito y su devenir por el Londres de mediados de los 60 y poco más. Fetén. La tristeza se apodera de servidor, en el salón de casa, que comprende un poco más, a algunos avispados distribuidores, a la hora, de elegir el pescado que vender al espectador. Es increíble e insisto en esta cláusula del contrato de la película. Si vas a hacer una película sobre la vida de Jimi Hendrix sin poder utilizar una sola canción suya, mejor salta del piso más alto de tu edificio o vuelve al set de TV. Todo ello está muy claro, Sr. Ridley, ya que los propietarios de los derechos del legado musical de Jimmi Hendrix son propiedad de Experience Hendrix LLC v PPX Enterprises Inc., quienes le dejaron muy claro, que no se los otorgaría a Ud. y a su productora audiovisual; si el fondo de gestión no tenía una participación completa en la producción de la película. No pasa nada. El ínclito guionista y productor John Ridley con unos 5 millones de dólares, lo tuvo muy claro desde el principio; ya que Jimi no será el clásico biopic lineal de la época y Ridley tiene en mente un historia apasionante, envuelta, de un montón de imágenes de archivo de los 60. Pero aborda su tema con una sensación de caduca nouvelle vague de querer y no poder. André Benjamin /Jimi Hendrix  —o mejor dicho sea— para los colegas; André 3000 ha llegado. Un artista con una pobre experiencia como actor y de triste CV.  Lo localizamos en un film de  John Singlenton, “4 hermanos” (cineasta venido a menos). Así como una película completamente olvidable de G. Ritchie, que se llamaba “Revolver”. Incondicional en cameos para series de televisión adolescentes y Late Nights Show. André 3000 tiene una relativa reputación como músico rapero, pues el líder de su grupo; Outkast. Banda que alardea de jugar con muchos géneros musicales, desde el hip hop al funk alternativo. Algo que siempre es bienvenido: el interés por la música y la experimentación. Ah!, se me olvidaba. Nuestro carismático líder nunca más volverá a cumplir 39 años, pues ya tiene 40 tacos. ¿Recuerdan la edad de nuestro querido Hendrix? AB ofrece un rendimiento cerca de lo insustancial y anonadado. Difuminando la línea, que separa al actor  del personaje, para la grandeza del enorme JH. Benjamin es Hendrix, desgraciadamente, porque las cosas son así. En un papel completamente plano y sin verbo. AB capta un profundo retrato de un artista impulsado por la potencia de la música y su conexión con el espíritu humano que le llevará a tierra de nadie.

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La torpeza y lo desatinado del conjunto no tiene nada que aportar a la intensidad de un músico racial y atrevido con una guitarra. Mientras que ninguno de los actores tiene mucho que trabajar en términos de profundidad. En el caso de las féminas, las actrices, que aparecen dan un resultado excelente y posiblemente, sean lo mejor del olvidable film. Andre Benjamin es evidente que, como todo aquel bien ceñido a la profesionalidad, llega a sentirse parte del auténtico Hendrix. Empero el carácter —de sí mismo— es más bien una caricatura, de lo que realmente era el auténtico artista. No obstante, descubrimos unas cuantas alegrías en el resto del reparto que acompañan a nuestro querido rapero/Hendrix. Bien, en la otra orilla, nos encontramos con el contingente femenino, y el resto de actores, de reparto encabezado por Linda Keith (Imogen Poots) una joven actriz con un currículum muy interesante; 28 Weeks Later con JC Fresnadillo, Centurion de Neill Marsall, El último concierto al lado del desaparecido Philip Seymour Hoffman, Flith “el sucio”, Lío en Broadway de Peter Bogdanovich. Y este año acaba de rodar Knight of Cups el último film de Terence Malick. Después tenemos a la novia británica de Hendrix; Kathy Etchingham — realizando su papel con gran solvencia— la excelente actriz, Hayley Atwell (chica Marvel con la que todo el mundo quiere estar Capitán América, Los Vengadores, Cenicienta, Agent Carter en TV, al igual que la serie de culto británica, Black Mirror). Chas Chandler (Andrew Buckley) de The Animals, buenísima actuación, (la de este actorazo Made in UK, básicamente, bregado en  series de TV y teatro, Extras, Whitechapel o la muy reciente The Neighbors). Otro personaje, muy a tener en cuenta, sería el manager socio de Chandler: Michael Jeffrey. El personaje es interpretado por el acreditado actor norteamericano, Burn Gorman. Actor y músico de gran talento. Se le ha podido ver junto a Daniel Graig en Layer Cake, El caballero Oscuro (Batman) o en los Crímenes de Oxford de Álex de la Iglesia. Así como el activista de color londinense, Michael X, interpretado por el veterano actor británico Andrian Lester (Primary Colors, el día de mañana, Expediente 39 y un telefilm que dirigió Sam Mendes hace unos cuantos años Company (1996) era su segundo trabajo; un telefilm que tiene la curiosidad de contar con otro actor que iniciaba su andadura profesional, Clive Owen. Otra gran sorpresa han sido las pequeñas apariciones de los legendarios: Noel Redding en un papel interpretado por un joven actor (Oliver Bennett, pequeños papeles en cortos y alguna TV movie).

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Al igual que ‘Mitch’ Mitchell  en manos del actor, Tom Dunlea (con un currículum de pura figuración) haciendo del batería de la genial Jimi Experience Band. Ambos tocan sus instrumentos correspondientes con gran soltura. Y por último, destacaríamos a Eric Clapton, un papel que reside, en un jovencísimo actor irlandés: Danny McColgan (pequeños papeles, como cortos y figuraciones especiales, a la espera de lo que se presente). Por último, el legendario Keith Richards, en un rol —casi residual— que es interpretado por Ashley Charles. Actor bien parecido, muy conocido por sus papeles televisivos, en series británicas como en la exitosa Reina Blanca (2013). Una vez enumerado todos los efectivos con los que tiene a su disposición: John Ridley despedaza estos magníficos mimbres. Volvemos, de nuevo, al camino de la descomposición y incomprensión de un film—reitero—desesperante. La ausencia de intensidad de la guitarra del músico es un K.O. del que cuesta recuperarse. Desde su fotografía visualmente monótona, el atracón de diálogos vacíos que acabas hastiado. Así como los constantes saltos de película, demasido predecibles, de escena a escena y omitidas de brío. Muy a pesar de que muchísimos neófitos y desconocedores de la obra de Hendrix puedan quedar extasiados con el tono de determinadas escenas, en las que la estética del vestuario y la ambientación junto a esa manera bizarra y exasperante manera de mover la cámara. Creando una narrativa, entre saltos y cortes torpes, con los congelados de foto-fija, en la mesa de edición, para aclararnos como eran los miembros de aquella década de los 60. Terminan por mostrarse acartonados, frívolos y condescendientes. Ahondando en ese fluir desparramado de imágenes de archivo recortadas. Presentando a un Jimi que carga contra el espíritu errático de la escena musical de Londres de los años sesenta. A través de un viaje sensorial, en parte delirio del propio LSD, recorrido como vislumbre a una inmersión de la psique, de un modo, muy poco convencional, en un Hendrix que estaba en otras labores. Ridley quiere imbuir al film de aquel viejo aroma y sabor del viejo cine europeo psicodélico. Pero no acierta.

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Algo que posiblemente no nos extrañé, y que, algunos verán e interpretaran la historia con un suflé poético de alguien que sufre. Obviamente, yo si entiendo al hombre que sufre pero el director no se lo cuenta a quienes no lo saben. En realidad, no añade nada a nuestra comprensión de Hendrix el hombre o la leyenda del rock. La Sinopsis es muy sencilla: Jimmy Hendrix,  entre los años 1966 y 1967,  se da de bruces con Linda Keith —una groopie— que era íntima amiga de casi todos los músicos que inundaban el panorama musical de la época. Sentada en un garito del viejo Harlem ve por primera vez a JH tocando con una banda, conocida, como The Squires. Se queda anonadada por el virtuosismo del músico de Seattle y comienza a mover su agenda. Invita a Andrew Loog-Oldham—pues, es muy amiga de su novia— manager de los Rolling Stones que le dice, que está bien, pero tipos de esos se encuentran a tutiplén. Ahora no es buen momento, querida. Ella sigue insistiendo, a la vez, que su flirteo con el guitarrista es más cercano. Pero Linda Keith estaba en todos los saraos, y, finalmente, ésta, le presenta a Chas Chandler, el bajista del grupo The Animals, y desde ese momento convence a Hendrix para que se vaya a Londres. Jimi Hendrix llega a Londres e inicia su carrera hacia el estrellato, en medio de una ciudad llena de vitalidad musical y socialmente convulsa. Hendrix se introducirá en esa escena social, entre el acercamiento al mundo de las drogas, las groupies y la diversidad musical de un Londres radiante. Entonces comienza a preparar la grabación de su primer disco, Are you Experienced? Hay dos momentos de este film que tienen una relativa épica y grandeza: dos fogonazos históricos del Rock. El primero es cuando Jimi sube al escenario donde Eric Clapton estaba tocando con su banda -por entonces, Cream- y toca el tema con una viveza que hizo quedar patidifuso a Clapton, hasta el punto, que bajó del escenario ante la magia de Jimi. Este hecho fue conocido, vulgarmente, como el momento en el que “Jimi mató a Dios”. Sí, Clapton era reconocido por entonces como un Dios de la guitarra. Ahora en Inglaterra sabían que existía un Zeus con sangre Cherokee, mientras en esa escena sonaba el Killing Floor de los Howlin’ Wolf y Hendrix desprendía un magma inagotable. Y el segundo nos muestra una interpretación conmovedora de Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band frente a dos Beatles. Los temas musicales que aparecen en la película están cantados por André, en ningún momento escucharemos la voz original de Jimi. Se ofrece una vaga imagen sobre la escena musical americana y británica de los sesenta, haciendo referencia directa o indirectamente a bandas como los Stones, Beatles, The Who o The Animals entre otros. Y es que, si Hendrix es entre otras muchas cosas, conocido, aparte de su música fue por su prematura muerte. La revolución de un género y estilo musical, que hoy en día, sigue influyendo a muchísimos músicos de la escena del Rock actual.

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En resumidas cuentas, un film que tiene más de telefilm que de gran película, a modo de biopic, affaire, que desciframos como uno de los mayores errores del guion. En este caso, ya que el efecto biopic ha funcionado en otras películas y han salido maravillosas. Y es triste que, un guionista de la categoría de, John Ridley haya caído en la trampa de ejercer—aleatoriamente— un montón de trivialidades, alrededor de la la figura de JH. Dos horas de tedio y engorro disperso. Una pena que el cineasta no haya recurrido a las biografías de Charles R. Cross o Lawrence Sharon. Todavía se lo pongo más fácil a Mr. Ridley, una charla con Leon Hendrix, uno de los muchos hermanos, que anduvieron de casa en casa, entre familias de adopción. La vida de este inimitable Jimi Hendrix fue inmensa, en esos 27 años, hasta la veleidosa muerte de un suicidio, del cual, no sabremos el auténtico porqué. Sí que se ha constatado que ha Hendrix le mató una mala posición en la camilla que lo trasladaba al hospital, pero digamos que cuando uno engulle la Ribera del Duero y lo mezcla con una farmacia militar pocas posibilidades de resurrección quedan. Cualquier persona interesada por la música sabe que su escueta discografía abarca cientos de reediciones y más remasterizaciones. Lo dicho, todo en Jimi es alucinante y gigantesco. Hablando de discografía, adjunto, el listado de temas que he logrado localizar en el film, ya que la música, llamémosle más Hendrixana está compuesta por Waddy Wachtel. Éste es el resto: The Sun Went Down by T-Bone Walker, Reed streams by Terry Riey, Lacrimosa diez by Slovak Philharmonic Orchestras and Chorus, Leopard-Skin Pill-Box Hat by Bob Dylan, All your love by Otis Push, Gimme some lovin by Steve Winwood, Lightly Drift by Helen Jane, Long Can´t Seem to make you Mine by Seeds, Totom by The Creation, Hound Dog by Elvis Presley, Bleeding Heart by Elmore James, I had a litlle Dog by Jack Reynolds, Mannish Boy by Muddy Waters, Spread a Little treacle on your plate Mary Ann by Tommy Proding, Train the Nowhere by Savoy Brown, Itchycooo Park by Small faces, Little Games by The Yardbirds,  Obvius fire Belivers by Bob Dylan House Of the Rising Sun by The Animals y Wild Thing by Troggs. Lo dicho, no se le queda a uno, eso, de Qué pena lo de este proyecto…Tan sólo nos hacemos una última pregunta ¿Ha visto el Sr. Ridley estos films? Sid and Nancy Alex Cox (1986), Bird by Clint Eastwood (1988), The Doors (1991) Oliver Stone, Ray (2004) Taylor Hackford, Control (2007), Anton Corbijn, Walk the line (2005) James Mangold  o Serge Gainsbourg, “vie héroïque” de Joann Sfar (2010). Querido Jimi: descansa en paz, siempre te echaremos de menos los que tanto te debemos. Nota: 5,0

Public Morals (2015) Hell´s Kitchen

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Hay algo reconfortante en el camino que definiría al director/ actor estrella y guionista Edward Burns: un físico bien parecido, a modo de híbrido, entre Richard Gere y Robert de Niro hace unos cuantos años. Así como, su admiración por la obra de Fuller y Ford. Ya ha llovido desde que la gran cocina del cine independiente —Made in Redford— le brindase el reconocimiento por su opera prima; los hermanos McMullen (1995). La crítica y público se enamoraron del chico de Queens. Burns interpretó, escribió y actuó de maravilla en una comedia romántica, soñadora y con un intenso aroma irlandés fordiano. Siguió dirigiendo e interpretando hasta que se cruzó con Spielberg y lo convirtió en un icono, de una generación, de actores en busca de Ryan/Matt Damon. Nunca dejaron de flirtear el genio de Ohio y el neoyorkino. Esos cotejos que son tan inescrutables como los caminos del señor. Bien, 20 años después vuelve a la carga, con muchos de aquellos elementos, que lo catapultaron al mirador, de las grandes estrellas del mainstream. El inquieto Burns se nos presenta junto a Steven Spielberg y TNT TV en una nueva revisión del Neonoir de policías con su serie; Public Morals. La historia, de un oficial jefe de la brigada antivicio que lucha por sacar adelante a su familia. Mientras coquetea con la delgada línea que separa la honorabilidad y la integridad de la corrupción y el crimen. Un lado oscuro implicado, en pleno contexto criminal del Nueva York del West side, a mediados de los 60, concretamente, en el famoso barrio de gangsters irlandeses e italianos Hell´s Kitchen. La cocina del infierno, de  siempre se ha caracterizado por ser un lugar —llamémosle— divertido, creativo y “movidito”. Parte de lo que se conocería en una terminología más urbanita: el Midtown. Un sitio donde el mundo del cine es parte de él. Algunos actores como Burt Reynolds, Charlton Heston, James Dean, Madonna, Jerry Seinfeld y Sylvester Stallone han sido vecinos y residentes a lo largo del tiempo. Public Morals es un producto 100% deudor de aquel contexto de finales de los 60 y principios de los 70. Ecos de admiración que rezuma en muchos de sus planos, a El Padrino (1972) de Coppola, Malas calles (1973) de Scorsese, Madigan (1968) de Siegel o French Conection de Friedkin (1971). Un reenésimo homenaje a los trapicheos de devanes entre  los kármicas relaciones; poli-delincuente.

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Hell´s Kitchen está a un paso de Broadway (prostitución, drogas, dealers y chulazos de aquellos tiempos). Así como las zonas más pudientes de la gran manzana y el mítico Central Park. Y es que la bahía del  Hudson entre las calles 34 y 59, muy pronto, se convirtieron a principios de siglo en un lugar donde Los mafiosos, destilan el recuerdo de los veteranos del barrio, y a la postre, institución cultural de aquel peligroso lugar de antaño: protección del barrio, y, desde ese pacto, de si hay problemas para el propietario; no va conmigo. El pago era la moneda de cambio habitual. Así como las tradicionales prácticas más comunes; extorsión y el control de las apuestas deportivas. Eso sí, alejados de esa vitola legendaria, de asesinos a sueldo, más propia de los clanes italianos. Sí que es evidente que a mediados de los 70 toda la vieja generación se marchó de Hell´s Kitchen y  comenzaron a florecer nuevos chavales, muchos de ellos, familiares directos o indirectos, de los exiliados que ya no estaban por la labor del dialogo, y sí de la hiperviolencia. En ese contexto Burns se lanza como inspector jefe del grupo de antivicio, bajo el subterfugio, guardar el orden, servir y proteger al sufrido ciudadano. En el fondo, este actor siempre ha sido uno de los tipos más listos de la clase. Su bagaje cultural es alto; cinéfilo empedernido y amante del FilmNoir. Repetir con TNT, desde una perspectiva idéntica (Mob City) 2013 adaptación del libro de John Buntin durante los años 40/50. La crítica aplaudió el resultado y de nuevo, el canal apostó por Burns. Además, eso de llevarse a Spielberg a esta aventura; tiene mucho encanto. Luego,  Public Morals no trata de reinventar lo ya inventado y creado, sino más bien impregnar a los espectadores de una absorbente historia Neonoir para la TV con ecos  Shakesperianos. Vistos 6 capítulos del total de los 10 que completan la miniserie; nos encontramos ante un producto muy bien hecho. Por ejemplo, es muy difícil evitar, por momentos, en algún garito o burdel hallarnos a Don Draper de Mad Men o a Silvio Dante The Sopranos arreglándose el tupé en el lavabo de un restaurante de lujo italiano. Las localizaciones son una gozada, desde Silvercup Studios, y en lugares, auténticos baluartes, históricos de la ciudad de NY, como el salón de té ruso, el Hotel Park Lane y Barrow’s Pub en Greenwich Village.

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El primer capítulo se desarrolla a partir de un affaire con una prostituta que trabaja por su cuenta, es decir, tiene un apartamento alquilado. Ed Burns (Terry Muldoon), y su socio Charlie Bullman (Michael Rapaport) “Beautiful Girls” Copland y Justified”. Se presentan como garantes de la ley, dándole una charla sobre la moral y las relaciones con la vecindad a ésta. Dad al César lo que es del César y a poli, lo que es, de la poli. Ed Burns es muy bueno en su papel, del zorro oficial, de policía impartiendo la vieja moral, del palo y la zanahoria. Como Muldoon explica muy bien un poco más tarde en el episodio, “los policías no están allí, porque la policía tiene tantos ojos como Dios… Pero sí que desempeñan la labor de la gerencia de los llamados crímenes sin víctimas”. Es decir,  un delito en la Norteamérica de mediados de los 60 era salir de una casa de una supuesta prostituta. No hay pruebas, pero si la placa de un poli que conoce a esa chica: la situación la pintan calva…, le dicen al ciudadano que esto es un delito grave y él se acojona. Pero hay una forma de arreglarlo. Siempre hay una forma de arreglarlo: unos pocos dólares y aquí no ha pasado nada. El director de fotografía William Rexer y la directora artística Tina Khayat hacen un trabajo fantástico. Por momentos estamos paseando por el viejo West Side de Manhattan y es muy creíble. No sería difícil ver en Public Morals emparejada con movimiento rápido del cine clásico de gangsters. Todo fluye rápidamente, a través de la  pantalla, en grandes taxis y una línea del estribillo de vasos pequeños de chupitos de whisky y botellas de cerveza, propulsados por un transitar de sombreros: Fedoras, Porkpies y Homburgs.  Hombres vistiendo que asienten con la cabeza, como en las viejas películas de Edward G. Robinson James Cagney y Gene Hackman. “Nosotros hacemos lo que se ha hecho durante los últimos 100 años. Gestionamos,” dice sabiamente en uno de las más elocuentes defensas de corrupción policial. “Creo que nosotros, como los terratenientes, hemos de ser remunerados con una renta—digámosle—acorde con la coyuntura económica. Si quieres estar en negocio tienes que pagar la renta”. Algunos encontrarán la serie, que tiene una larga y dura mirada a la incómoda alianza entre la delincuencia organizada y policías en la cocina del infierno demasiado conscientemente fresco y estilizado. Muldoon colabora estrechamente con su tío John O’Bannon (Timothy Hutton) “American Crime, El buen Pastor y  Beautiful Girls”, un gángster que ejerce la jefatura en el lado Oeste hasta que es asesinado. En una de las primeras escenas, O’Bannon su hijo Sean (Austin Stowell) “Whiplash y Behind the Candelabra” miembro de la brigada aparece de paisano y entra en su garito amenazándole con  matarlo; “si vuelves a pegar a mi madre de nuevo te mato”. O’Bannon está subordinado al gran boss del barrio: el viejo y sagaz Joe Patton (Brian Dennehy)” Acorralado, Best Seller, Cocoon Presunto Inocente,” que está fantástico en su papel.

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Éste, también tiene un conflicto muy dilatado con su un hijo, Rusty (Neal McDonough) “Hermanos de Sangre, Minority Report, Justified” y el tío Tommy (Fredric Lehne) “/mano derecha ejecutora de Patton y ahora de conspirador cercano con el pequeño Rusty Patton.También está el teniente de la brigada King (Rubén Santiago-Hudson) “Selma, Castle, The Good Wife”, y, el capitán jefe Johanson (Robert Knepper) “Buenas noches y buena suerte, Carnivale, Prision Break.” Otro magnífico personaje es el de Peter Gerety “El año más violento, Rubicon, Syriana” (el jubilado Sgto Mike Muldom)  padre de Terry Muldom; que es el poli de toda la vida. Su olfato y manera de ver la vida es y ha sido la vieja escuela. Indaga por su cuenta y sigue estando al día sobre lo que se mueve por el barrio. La relación con su hijo es buena, no por ello exenta de pequeñas discusiones, por el hecho de que su padre ya no esta en el cuerpo ni lleva uniforme. Entre los veteranos de la brigada es el oficial Vince Latucci (Wass Stevens) “El luchador, The Blacklist, Ley y Orden”. Descendiente de italianos y muy bien relacionado con los clanes organizados. Viste como un personaje de Goodfellas, al lado de su atractiva esposa, Deirdre Duffy (Lyndon Smith) “Extant, CSI Cyber, Stalker”. Dos efectivos de la brigada con menos edad son  Pat Duffy (Keith Nobbs) “Bluebird, Ley y Orden, The Pacific” y el novato del equipo. Un joven de buena familia y universitario, que viene recomendado, no muy bien visto por el núcleo fuerte del grupo; Jimmy Shea (Brian Wiles) “Imborrable y Person of Interest”. Otros actores que hacen del casting uno de los más interesantes de este año serían algunos de los irlandeses hampones. Casi todos ellos, hombres de confianza de Patton, como el machaca y chico para todo; Smitty. Interpretado por el siempre fiable de Kevin Corrigan “American Gangster, 7 psicópatas, Fringe”. La muerte de O´Bannon ha alterado todos los delicados equilibrios y parches que hacían del barrio un sitio tranquilo, relativamente, hasta que la cerilla va prendiendo la mecha poco a poco. La venganza en Hell´s Kitcken no se sirve fría, sino en caliente y contundente. Una posible relación entre el socio de Muldoon, Charlie Bullman y una chica llamada Linda (Katrina Bowden) “American Pie 2, Rockefeller Plaza, Piraña 2”, que va en ninguna parte y luego sorprenderá con su nuevo itinerario. Algunos de los miembros de la brigada antivicio siguen con la mosca en la oreja con O´ Shea y dedicen ponerle en el camino de las tentaciones más primitivas y carnales del ser humano. El cebo funciona y las sospechas se disipan. Stowell tiene un amiguete de la infancia que lo va a meter en algún berenjenal, y, el hijo de Muldoon está llegando a la adolescencia. Evidentemente eso: son más problemas adicionales o mejor dicho, los daños colaterales de una familia con sangre irlandesa. Así como la relación marital de TM con su esposa; Christine (Elizabeth Masucci) “Gossip Girl”, “NY22” y “Shame” Es digno de agradecer el pundonor de Burns al asumir la difícil tarea de echarse la serie a los hombros. Detalles tan minuciosos como la elaboración de una soundtrack fantástica, donde no faltan clásicos de la Motown; Marvin Gaye, James Brown o Jackie Wilson, los clásicos del Rock&Roll como The Who, The Yardbirds, Rolling Stones y The Doors. Y las canciones de clásicos de los 60 para bailar muy agarradito; Bobby Vinton, Connie Francis, Frankie Avalon o el enorme Nat King Cole. Lo dicho una OST, que en Spotify es, muy fácil de localizar. Bien, ahora a la espera de la finalización del resto de episodios esperamos, con muchas ganas, el gran tour de forcé que sea capaz de conseguir, una fluidez más acorde a los senderos del Neonoir. Reiteramos, un casting muy bien compensado y la confirmación de Burns como uno de los grandes talentos de su generación. Luego, crucemos los dedos, para que esta serie que tiene buenas cartas, al final pueda renovar y convertirse en toda una realidad para los muchos incondicionales, del buen cine negro policíaco, de la pequeña y gran pantalla. Nota: 6,9

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