“El padrino afroamericano de Harlem, Bumpy Johnson”(2019)

En algún momento entre el lanzamiento de Scarface de Howard Hawks en (1932) y el final de The Sopranos de David Chase (1999), 75 años después, el mafioso se convirtió en el paradigma estadounidense por excelencia: un insólito sin una avenida tradicional hacia la riqueza. Éste, siempre ha buscado su fortuna, por los lares de la violencia. Al Capone y Lucky Luciano consiguieron su estatus mítico décadas después de su muerte. Sin embargo, Bumpy Johnson, un jefe del crimen negro que gobernó Harlem a mediados del siglo XX, —una era crucial tanto para el crimen organizado como para las relaciones raciales— ha seguido siendo una figura relativamente oscura en la cultura criminal más icónicamente pop. El épico drama policial realizado por Epix —una de las OTT,s más interesantes de estos últimos años— donde confluyen tres grandes estudios: Paramount, Metro Goldwyn Mayer y Lion Golden Films. Ha puesto toda la carne en el asador por buscar esencias y complejidades cercanas al mítico Tony Soprano o su delfín Nucky Thompson. Independientemente, de que las obras maestras están ahí por algo. The Godfather of Harlem (2019) es una gran serie de un padrino de la mafia, histórico y el primero por peso específico, de etnia afroamericana.

Cocreado por el equipo de la archiconocida Narcos (Netflix), los showrunners; Chris Brancato y Paul Eckstein.  Además, de contar en el papel de productor con el propio Forest Whitaker. El veloz y cautivador “Padrino de Harlem” explora la tensión de una época convulsa —de la historia contemporánea de los EE.UU— basada en los personajes que fueron participes, en aquella lucha humana como esos Goodfellas de Nueva York. John Ridley, el escritor de “12 Years a Slave” y “American Crime”, dirige el episodio piloto, que comienza con Bumpy Johnson (Whitaker) siendo liberado de Alcatraz y regresando a un Harlem que ha cambiado significativamente mientras estuvo fuera. Un Harlem de mediados de siglo, aunque no sea tan atractivo como el centro de Manhattan de Don Draper en Mad Men. Aquí, el entorno que se ha creado es hermoso: las piedras rojizas, los clubes de jazz, los apartamentos de lujo y los sótanos asesinos cobran vida con una autenticidad y un profundo respeto por un regionalismo pasado que ahora está enterrado bajo varias capas de auges y caídas de propiedades. Cuando regresa al vecindario del alto Manhattan después de cumplir 10 años en Alcatraz por un cargo de narcóticos.

Se atisba un cambio radical del mundo, donde Johnson habitaba y dirigía el cotarro. La gente y el corazón de Harlem han cambiado. Mucho, demasiado, para alguien de la vieja escuela. Las empresas que son propiedad de afroamericanos; están luchando a puñetazo y tiro limpio contra el monopolio italiano del mal. El consumo de drogas entre los lugareños es rampante y la afluencia de narcóticos está siendo controlada y suministrada por la familia Genovese. El mafioso italiano Vincent “The Chin” Gigante (Vincent D’Onofrio) no está por la labor de ceder su territorio al padrino que regresa de San Quintín, ni de liberar a los policías corruptos de la policía de Nueva York que compró en ausencia de Bumpy. Para recuperar el control, Bumpy debe navegar, por las complejas realidades de una comunidad al borde de una mutación masiva, gracias al movimiento por los derechos civiles y las alianzas cambiantes en todo el estado de Nueva York. Es un nuevo día, y mientras el anciano jefe del crimen quiere ver crecer a su gente —su imperio del inframundo depende de la corrupción— el vicio y la violencia los está abatiendo. Malcolm X (Nigél Thatch, quien también interpretó a la figura de los derechos civiles en “Selma” de Ava DuVernay) es una pieza clave en la serie, y sirve como conciencia de facto, o quizás, a modo de una justicia social olvidada, para Bumpy.

El joven líder de derechos civiles, por supuesto, está molestando a la vieja guardia en su búsqueda para convertir a los negros en las enseñanzas verdaderas del Corán. El resbaladizo congresista de Harlem Adam Clayton Powell Jr. (un excelente, casi irreconocible Giancarlo Esposito, realizando una interpretación soberbia) ha usado el púlpito y el evangelio regularmente para impulsar sus intereses y ganarse el favor de todas las demás facciones políticas poco éticas de Nueva York y la nación. Dejando a un lado los tratos turbios, el pueblo de Harlem se encuentra, entre las dos religiones en un tira y afloja; que refleja la lucha más amplia entre las enseñanzas de Malcolm X y Martin Luther King Jr. La corriente cultural es una de las muchas subtramas que empujan esta historia en direcciones inesperadas, y le infunde una profundidad densa. Dentro de un contexto —que a menudo— peca de relativa ausencia del drama del pater familias del crimen organizado. Whitaker está fenomenal como el padrino desterrado, durante un tiempo, donde el proceso de cambio de la sociedad norteamericana iba a velocidad de crucero. Su actitud y facilidad con la que está poniendo al día en su nuevo Harlem; es brillante.

Una interpretación de su personaje con —ese matiz silencioso— pero muy inquietante, marca de la casta de este singular actor. La relación de Bumpy con el mentor Frank Costello (Paul Sorvino) es uno de los mejores momentos en los primeros episodios: un mafioso italiano que le transmitió secretos y consejos a su protegido negro. Siempre es un seguro a todo riesgo contar con un actor en una película de criminales mafiosos, más aún, con esta legendario interprete italonorteamericano. Por otro lado, tenemos a la adicta, Elise (Antoinette Crowe-Legacy). Auténtico talón de Aquiles de Bumpy, su mayor fracaso personal. Desgraciadamente, ella es más que una simple drogadicta, y su horquilla, como personaje que eleva la trama principal es uno de los mejores viajes en una serie que está llena de trayectorias graduales y puntuales altibajos. Sin embargo, éste es un espectáculo repleto de muchísimo talento interpretativo, —incluidos—; Luis Guzmán (Guapo Villanueva), el aludido, anteriormente, Paul Sorvino, Kelvin Harrison Jr., Giancarlo Esposito y el enorme Chazz Palminteri como el gánster Joe Bonnano. Es una serie de períodos ambiciosos y envuelto de cientos de capas sobre Harlem a mediados de los años 60 que busca dramatizar los movimientos a menudo cruzados de la mafia y la batalla por los derechos civiles.

Incluso los papeles pequeños están bien seleccionados y escritos (aunque una trama secundaria que involucra a la hija adicta de Johnson se hunde en el melodrama con asidua frecuencia). Caso de algunos actores, que son viejos conocidos de la parroquia del streaming: Ilfenesh Hadera (She’s Gotta Have It, Billions), Lucy Fry (Wolf Creek, 22.11.63, Bright), Erik LaRay Harvey (Luke Cage, Boardwalk Empire, Rounders), Elvis Nolasco (American Crime). Evidentemente, es posible que hayamos escuchado esta historia antes, pero nunca con este grupo particular de artistas talentosos. Pensemos, en ello, como un avivamiento de Shakespeare. Johnson les dice a los condenados amantes de Teddy y Olympia que no deberían tratar de emular a Romeo y Julieta. Uno se pregunta si no podría aprender una lección similar de Ricardo III. El padrino de Harlem es la rara epopeya del gángster con algo nuevo que decir — TGOH— presenta una gran actuación, una profundidad inusual y una banda sonora salvaje. Los años 60 segregacionistas, la historia de Harlem, la política familiar criminal de Nueva York y la soundtrack más arriesgada de la televisión de este año se entrelazan en este drama primer de la joven Epix.

Una banda sonora creada por Swizz Beatz, la cual, le da a esta historia de época una sensación moderna gracias a su mezcla de pistas antiguas y reconocibles. Nuevas composiciones de Soul que podrían haberse cantado en los clubes de mediados de siglo de Harlem y melodías originales de hip-hop que conectan el pasado con el presente. Por momentos, entramos en una pequeña confusión con el nombre Ridley y el apellido, por aquello de American Gangster (Johnson fue interpretado por Laurence Fishburne en “Hoodlum” y Clarence Williams III en American Gangster). Entonces, ¿qué ilumina esta narración de una historia a menudo contada sobre este capítulo en la historia? No es suficiente el mismo tiempo, recreado una vez y otra vez. Coñas, a un lado. Sí, es verdad. Hay tantos personajes e hilos que cualquier búsqueda de foco temático parece infructuosa. Empero, The Wire ¿cuántos personajes tenía? Sin embargo en todo este drama se respira un latir, el cual, te ata como esa la nostalgia de la época: salas de estar hundidas, relojes Starburst, Wagon Train (1957) en la televisión, el anillo de Cassius Clay lucha como sindicatos negros, mafiosos cubanos, policías corruptos de la policía de Nueva York y la pandilla de Little Italy desecharlo por el poder. Pero su representación de un mundo racialmente dividido, corrupto y a menudo venal suena igual de cierto hoy en día. Si de verdad, les soy sincero, es un gustazo, a pesar de los pesares, ver un producto de tan alta elegancia. Nota: 7,7

 

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