De Dag (2018) El gofre poliédrico belga

 

Siguiendo con el nuevo itinerario de nuestra publicación; en busca de nuevas ficciones audiovisuales por todos los rincones del planeta. Hemos topado con una genialidad Made in Belgium. Ya sabemos de sobra que los belgas se caracterizan por su riquísimos Gofres y excelentes bombones. Lo curioso de la nueva hornada de realizadores —de este divido país— es que la gran mayoría de las producciones se llevan a cabo en territorio flamenco. También, hemos visto cosas muy interesantes, en la parte Valona, caso del thriller: “La Trêve” (2015) en Sundance TV y Movistar. Pero lo de estos tipos está calando muy hondo. En EE.UU, no paran de halagar el nuevo producto de los creadores de De Dag “The day 1” (2018). Cuando los productores de la serie; Jonas Geirnaert y Julie Mahieu y el productor ejecutivo de Telenet John Porter: afirmaron que “De dag”(2018) es la mejor ficción criminal de este año. No se estaban marcando un lobo.

 

 

Una vez visionados los primeros 6 episodios; sigo todavía en un estado de shock. Evidentemente, si vieron otras dos joyas de estos creadores como fueron “Beau Séjour” (2016), producida por Netflix —mediante el convenio de coproducciones con los países, donde exhibe su material— y “Tabula Rasa” (2017), distribuida por el gigante del streaming de Scotts Valley. El thriller belga está rompiendo muchos esquemas desde que David Fincher abrumara al mundo con su film de culto; Seven (1995). Qué es lo que hace de De Dag (2018) un producto pluscuamperfecto: su frescura, la ejecución en la dirección, con planos realmente originales y que dentro del lenguaje narrativo nos hacen cómplice de toda la historia, que gira, tuerce, vuelve al inicio, le da tiempo a fumarse un pitillo y tocar una subtrama que aparentemente es prescindible. Ahí reside la inteligencia de este producto, en hacer de lo insubstancial, algo erudito.

 

 

A partir de un atraco a una sucursal bancaria de un pueblo flamenco residencial. Comienza un tira y afloja entre los atracadores y las unidades de policía que se acostan en los alrededores. Comienza una historia, entre los aromas de Lumet y la histeria del gran carnaval de Wilder. Una situación asfixiante y a la vez inquietante, donde los puntos de inflexión y observación son imprescindibles. A medida que transcurren los episodios la piezas del puzzle comienzan a tener sentido. No por ello, habrá, golpes y nuevos giros de guion que dejarán al espectador fuera de cobertura. A destacar, el elenco de actores, muchos de ellos, casi familares de los espectadores de las series salteadas de Beluga. Caso de Bob Snijers, Jeroen Perceval, Lynn Van Royen, Lukas de Wolf, Sofie Decleir, o Willy Thomas. Lo dicho, si parpadean o se van al WC, están perdidos. Pongan la tecla en pausa y vuelvan a darle al play. Nota: 8,2

 

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The Best films of 2018

1. Roma (2018) by Alfonso Cuaron

 

 

2. The Ballad of Buster Scruggs (2018) by Joel Coen&Ethan Coen

 

 

 

3. First Reformed (2018) by Paul Schrader

 

 

4. Annihilation (2018) by Alex Garland

 

 

5. Windows (2018) by Steve McQueen

 

 

 

6. The Old Man&The Gun (2018) by David Lowery

 

 

 

 

7. Burning (2018) by Lee Chang-Dong

 

 

8. The death of Stalin (2017) by Armando Iannucci

 

 

9. Revenge (2017) by Coralie Fargeat

 

10. Mandy by Panos Cosmatos

 

The best news series of TV 2018

 

  1. The Terror

 

 

2.Escape at Dannemora

 


 

 

3. Mistery Road

 

 

4. Sharp Objects

 

 

5. Hommecoming

 

 

 

 

6. Patrick Melrose

 

 

 

7. Killing Eve

 

8. Jack Ryan

 

 

9. Yellowstone

 

 

10. The Haunting of Hill House

 

11. Waco

 

 

12. McMafia

13. Trust

 

14. Counterpart

 

 

15. Altered Carbon

 

 

16. The Looming Tower

 

17. A Very English Scandal

 

18. The assassination of Gianni Versace

 

 

 

19. The Marvelous Mrs. Maisel

 

 

 

20. Narcos Mexico

 

 

21.The Little Drummer Girl

 

22. Mr. Inbetween

 

 

 

23. Mosaic

 

 

24. La Tréve

 

25. Black Earth Rising

 

 

26. Seven Seconds

 

 

27. Mayans

 

28. Pose

 

29. Castle Rock

 

 

30. Dietland

 

The Americans (2013) “el matrimonio ruso más amado de la TV moderna”

 

Elisabeth puteando Foto 1

La nueva ficción televisiva, Made in Usa, desde su irrupción en este nuevo siglo audiovisual; se ha caracterizado por la consolidación de un nuevo antihéroe estadounidense. Un tipo que no ha parado de ascender y sentirse querido por la audiencia. Recordemos al carismático gángster, Tony Soprano, a punto de cumplirse su 20 aniversario. ¿Quién no se acuerda del personaje mejor escrito para la TV de calidad? Por entonces, una HBO, algo monopolística. Aquel sagaz grandullón, de oronda y excelsa barriga, con un síndrome maniaco-depresivo. Un tipo entre lo amenazante y el risueño padre de familia, ese vecino de toda la vida. Chillando a todo Dios, sin saber el porqué. O mejor aún, en ese plano, sentado en la piscina de su mansión, con el fusco en la mano, mientras fumaba un Montecristo: vigilaba patos y osos. Tony Soprano fuel el mayor hito de la historia de la ficción televisiva. Pues, introdujo un nivel de complejidad temática y ética de una consistencia, inaudita. Nunca vista hasta entonces en la pequeña pantalla. Un vistazo al principal circuito de premios (Emmys o Globos de Oro) y verán que a lo largo de la última mitad de la década: se observa, no sólo el interés crítico de las páginas de millones de blogs o páginas culturales, que han dedicado chorros de tinta a por estos nuevos personajes y productos, mágicos vía streaming. Inclusive, el de una popularidad sorprendente y enfatizada, gracias a esos de las redes sociales. Creando el fenómeno de la Seriemanía. Miles de seguidores de los lugares más remotos, preguntan por las andadas de sus personajes favoritos. Las magistrales Mad Men, Deadwood, y más recientemente, Ozark de Netflix son solo tres espectáculos que han logrado un amplio reconocimiento por la definición de unos protagonistas moralmente comprometidos. El canal de cable FX, es conocido por su concepto “There is no Box”. Por aquello, de la competencia de reojo. También, por las producciones —inicialmente— sobradas de testosterona. Casos de SOA (2008) o Justified (2010).

 

 

Evidentemente, nunca ha sido ajeno a esta estirpe de personajes en constante conflicto. Pero la serie, por excelencia, que marcó el devenir de estos personajes fue The Shield. Un punto de referencia en la era del antihéroe, considerado por muchos, la respuesta al emblemático buque insignia de HBO. Curiosamente, donde, Tony Soprano ya era el mito dentro del sistema de corrupción, más arraigado, en la historia norteamericana. Vic Mackey era un luchador contra el crimen, uno de los buenos, aparentemente. Sin embargo, en su lujuria maquiavélica por frustrar a los malos, lo presenciamos torturando, chantajeando, manipulando pruebas de su unidad de homicidios —in situ— o llevándose el dinero de los alijos. En ese sentido, The Shield se puede ver como el comienzo de lo que se ha convertido en el paradigma actual del antihéroe televisivo: donde la ambigüedad moral abunda en espacios —más allá de las arenas esperadas— de mafiosos y matones, entre doctores y maestros de escuela secundaria, gente común. Cuando Joe Weisberg y Joel Fields lanzan The Americans en 2013. Una de las mejores series dramáticas de los últimos diez años. Si contamos hacia atrás, hasta septiembre de 2001, y, junto a la emisión de la primera temporada de 24h (2001), y la premiada Homeland (2011) de Showtime, los norteamericanos estaban enganchados al concepto de este, tipo de productos, donde el terrorismo internacional islamista: es la esencia del producto. La televisión estadounidense supo hacer de la vida de un matrimonio de rusos, los protagonistas absolutos, de una ficción de espionaje bajo la presidencia de Reagan tiene algo deliciosamente sugerente: el culto a una década de la que hoy en día hay mucha gente que fue joven y guapa, en aquellos años.

 

El gótico de mi marido Foto 3

 

La historia, a principios de 1980, es muy sencilla. Dos desconocidos, un hombre y una mujer son convertidos en agentes rusos desde la vieja URSS y camuflados, como modélicos ciudadanos estadounidenses, al servicio del KGB en Washington DC. Un show con un aroma a laca y purpurina plateada. Un diseño artístico que recoge todos los detalles del boom ochentero de esta década, en todos sus aspectos: moda, música, pensamiento y fascinación de adictos hípsters a las series en streaming. Luego, ¿quienes son ellos? Un tipo tranquilo, Philip (Matthew Rhys) y una mujer atractiva, con aspecto, de chica de las Bangles: Elizabeth Jennings (Keri Russell). La pareja de soviets enamorados de la America más consumista ha hecho historia a lo largo de seis temporadas. Esa hermosa y deseada vida tranquila de dos ciudadanos estadounidenses son: un matrimonio ejemplar, con un negocio muy en boga, una agencia de viajes. Tienen una pareja de niños a los que crían en la filosofía más campechana del capitalismo, exultante reeganiano, adictos al béisbol y el hockey. Además, de reconocidos fans del maravilloso mundo del mago David Copperfield. Sin embargo, detrás de consufa patomima banal, se esconde una inmensa taparadera para llevar a cabo, todo tipo de actividades de espionaje de grandes proporciones. El sabotaje, la vigilancia, el robo de secretos industriales, la seducción de figuras influyentes, el reclutamiento de fuentes y el cambio de físico, mediante, protesis y disfraces. Así como el asesinato a sangre fría. Todo es bueno para promover la causa de la URSS… ¿El objetivo final? Ganar la guerra fría. Demos un giro de 180 grados ¿Tiene poco o mucho parecido entre sí más allá de su conversación básica sobre lo que significa ser un agente doble? O mejor dicho, en un sentido más amplio, ¿Qué significa llevar una doble vida? Por ejemplo, el concepto de Homeland, visto por un ciudadano medio, de inmediato se ve provocado y sostenido por un complot terrorista que va desde el Capitolio a Afganistán.

 

Marriaged Jennings Foto 4

 

El romance que surge entre Carrie Mathison (Claire Danes) y Nicholas Brody (Damian Lewis) es muy predecible, aunque deje escondida una guarnición muy deliciosa por los segundos platos.  Y es que, en el fondo, The Americans, aunque está tan a tono con la ambigüedad moral, de muchos de sus predecesores, la obra de su creador, Joe Weisberg; ofrece un tipo de protagonista completamente diferente. Algunos dramas antihéroes intentan retratar la lenta degradación del personaje (Walter White de Breaking Bad), otros nos muestran cómo la obsesión profundiza la locura (Dexter Morgan en Dexter, o Nicholas Brody de Homeland) y otros permiten la experiencia superior del poder y sus consecuencias (Don Draper en Mad Men y Nicky Thompson de Boardwalk Empire). Lo que separa a The Americans es su primer plano del dispositivo más simple en la historia de la narrativa. Piensen en algo tan esencial, en el mundo coloquial, como el amor. Y que mejor vector, donde expresarse, que el amor a una familia. Empero, The Americans se convierte en una lección de guion, a la hora de ampliar el método de abertura de cajones y llenas de subtramas. Un producto, que desde el arranque de sus cortinillas esta repleto de los símbolos del espionaje y toda la fanfarria ochentera iconica por un score musical de Nathan Barr memorable. Empero, el show no se olvida de las alocadas persecuciones, brutalidades y las intrigas burocráticas del poliburó que funcionan al servicio de su núcleo romántico. Sin embargo, lo que deja a los espectadores aferrándose a sus apoyabrazos, en estos momentos de pulposa emoción es el terror subyacente que, en cualquier momento, la incipiente relación entre los protagonistas Philip y Elizabeth Jennings sufrirá un golpe, ya sea físicamente, emocionalmente, o ambos, de no sobrevivir a la misión.

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Los críticos alaban de inmediato la calidad narrativa de la serie. Como ex agente de la CIA, Joe Weisberg es el garante de su credibilidad. Se saborea la audacia de poner al público estadounidense del lado de los soviéticos: inclusive si Philip y Elizabeth nunca son heroicos, aquí lo son. Ya que, los puntos de identificación del espectador, son aquellos a quienes queremos ver triunfar. Al final, o en cualquier caso, escapar del agente del FBI Stan Beeman (Noah Emmerich), que resulta ser su vecino. En un estilo de suspense, la serie tiene éxito en el retrato sutil de un matrimonio complejo y la supuesta normalidad familiar. Finalmente, una miríada de detalles de los años 80, que deleitan el paladar del más esteta: pantalones de talle alto, los inevitables peinados cardados y otros videos aeróbicos, y por supuesto la música: Phil Collins, Sting, Peter Gabriel, U2, Elton John o Duran Duran y etc… Son inmensos momentazos dentro de la pantalla. ¿Por qué? Pues, que nos hallamos, ante el vademecum típico de la Guerra Fría. No existe un objetivo claro y generalizado. De ese modo, el conflicto de larga duración que va emergendiendo “in crescendo” dependerá, en gran medida del carácter, que impriman los personajes con sus originales devaneos. En los episodios que siguen el apogeo emocional del clímax de capítulo piloto, no decepciona. Todo lo contrario. Vemos que los dos confrontan infidelidades pasadas y presentes. Por ejemplo, la manipulación sexual de Philip a la secretaria del FBI Martha Hanson —papel interpretado por la actriz Alison Wright— es sencillamente, puro beluga. Y gracias a este trabajo la confirmación de una excelente interprete como es la singular Alison Wright. Luego, está nuestra querida Elizabeth lidiando con su amor de correrias al margen de la ley; un antiguo trabajador afroamericano. Dilemas profesionales que generan disputas que se sienten más personales que políticas.

 

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En el caso, del intento de asesinato de Reagan se usa aquí para resaltar sus diferentes lealtades. Así como un nuevo jefe de los servicios de trabajo de campo de todos los espías, que interpreta la siempre carismática y manipuladora Claudia/Margo Martindale, en sustitución del cabal y más heterodoxo Gabriel que interpreta Frank Langella, muy mayor, al que el poliburó quiere pasarlo a la reseva. Por no decir, a la jubilación forzosa. Claudia les informa que el trabajo está a punto de volverse más amenazador para la vida, de lo que por si ya era, anteriormente. Un romance es tan bueno como sus obstáculos, y, como ya hemos mencionado, aquí no encontramos escasez de obstáculos. Todo lo contrario, en The Americans es un deleite, la cantidad de capas barnizadas que se pueden llegar a desvelar. En todo caso, el grado de coincidencia incorporado en la creación de estas barreras ha sido, para algunos espectadores, el defecto principal del programa. Reiteramos, para alugnos. No obstante, cuando la coincidencia profundiza el conflicto en lugar de ayudar a resolverlo —inculcando un cierto grado de inevitabilidad en lugar de dejar a deus ex machina— la mayoría se apresura a perdonar. Entonces, cuando el agente de la CIA Stan Beeman (el análogo más sagaz de Noah Emmerich sería el cuñado Hank de Breaking Bad) se mueve por la calle de los Jennings, estamos más interesados en el estrés de su arma cargada , la cual, le llega a generar; que en desacreditar su improbabilidad. The Americans se asemeja más a Deadwood de HBO, un programa más interesado en cómo se construyen las comunidades que en marinar con sus propios conceptos. Pensemos, por un momento, donde la magia de Deadwood estaba en su molde expansivo, el encanto de los estadounidenses está en su enfoque limitado; hay algo embriagador en su estrecho ecosistema de momentos sosegados, su énfasis en la acumulación de gestos en la creación de significado.

 

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En todo caso, una discusión sobre el linaje es importante aquí en un sentido global; hay un cierto grado de previsibilidad para cualquier espectáculo, pero después de más de una década de escritores dispuestos a poner a sus seres queridos, a través del tono, sabemos mucho mejor como dejarnos sentir más cómodos; cuando las cosas parecen ir bien para el Sr. y la Sra. Jennings. Al final, no queremos que Philip y Elizabeth tengan un camino fácil hasta que realmente se lo hayan ganado, y somos ampliamente recompensados por nuestro masoquismo. La represión y lo tácito forman el fulcro dramático de los estadounidenses. De la misma manera en que los roles de género de los años 60 arrojaron un conflicto de carácter en Mad Men, el empleo de los Jennings como espías opera como una especie de silenciador de facto. Como todos los dramas de época efectivos, esto habla tanto del espíritu de la década de 1980 —la capa de seguridad cuidadosamente construida a pesar de las ansiedades profundamente arraigadas— como del actual espíritu de época posterior al 11 de septiembre. Entonces, cuando Philip se acerca a Elizabeth sobre como desertar a Estados Unidos en el piloto, nos damos cuenta de que hay varios tules, maniobrando la psicología del respetable, que han puesto en marcha. Aunque, para ello hayan engañado a todos los que los rodean, incluidos sus hijos, siempre han sabido que su matrimonio es solo un vehículo para su verdadero matrimonio con el jodido KGB. Ya que su verdadera tapadera reside en los suburbios estadounidenses. El momento en que se interpone en el camino de una misión es el momento en que pierde eficacia. Por ejemplo, cuando Philip empuja a la deserción, Elizabeth no solo se enfrenta a descifrar sus intenciones —puede estar en una misión privada desde el cuartel general con la intención de poner a prueba su lealtad— sino que navega la corriente subyacente de sus aparentes sentimientos hacia ella (particularmente al foco de la distancia emocional que ha cultivado con cualquier cosa relacionada con su vida estadounidense). Algo así, la respuesta a su patriotismo erosionado (el modus operandi del la agencia y su entrenamiento le obligaría a delatarlo en la sede).

 

 

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The Americans es un espectáculo sobre cómo lidiar con las consecuencias de las decisiones tomadas en la juventud, sobre confiar en la intuición y amar a pesar del miedo, sobre aceptar que lo que más nos amamos el uno al otro es también lo que más odiamos y lo que más tememos de la vida. Ese proceso de aceptación de lo que más amamos, el uno del otro, es también lo que podemos llegar a odiar o temer más. Incluso para aquellos de nosotros que no estamos inmersos en una existencia paranoica, el mundo, a veces, puede hacer sentir a cualquiera de nosotros: un lugar duro y solitario. Con la inevitabilidad de nuestra mortalidad, lo mejor que podemos esperar es una verdadera conexión humana mientras todavía tenemos tiempo para ello. Ese tipo de redención, que The Americans busca ofrecer, es un faro raro, algo, sin darse cuenta, que hemos estado esperando desesperadamente para ver. Como hemos visto en los últimos catorce años, la televisión es un medio increíble para retratar un deterioro lento. Pero los estadounidenses revelan que la televisión es igualmente capaz de mostrar lo contrario: los pasos precarios que tomamos para construir una comunidad, cómo nos mantenemos frente a la obstrucción y cómo nos enseñamos a amar y ser vulnerables en un mundo que sabe exactamente cómo para explotar y destruirnos. Siempre nos quedarán los rostros de Philip y Elizabeth cruzándose con su joven colega de la KGB, un juvenal Vladimir Putin. Nada más lejos de la realidad. Pero, no que les pique la curiosidad, de echar cuentas…Si estuvo destinado en la RDA de 1985 a 1987. Cuántos de nosotros hubiéramos pagado por ver esta escena. Muchos. Y todo sigue igual de otrora KGB de nuestro matrimonio de desconocidos hasta el final de la guerra fría. Ahora el actual, FSB. Las técnicas de espionaje son idénticas y que los objetivos, sean siendo los mismos. Después, de contarte todo esto, No creen que merece la pena ver una de las mejores y más queridas series de la historia de la TV, según, la AFI. Ojalá! la Academía de televisión norteamerica, le de un epitafio, como mandan los dioses y por fin, sea la mejor serie de drama. A igual, que los Soprano, Mad Men, Breaking Bad o Homeland. Gracias por estos años y suerte. Nota: 8,5

 

 

Las mejores series estrenadas en 2017

1. The handmaid´s tale

 

2. Godless

 

3. Mindhunter

 

 

4.The Sinner

 

 

5. Umbre

 

6 Feud

 

 

7. Manhunt: Unabomber

 

8. The Deuce

 

9. Ozark

 

10.Taboo

 

 

11. Pustina

 

 

12. Cardinal

 

 

 

13. American Gods 

 

14. Big Little lies

 

15. Fauda

 

16. Sorjonen

17. Glow

 

 

18. Snowfall

 

19.The Punisher

 

20. Sneaky Pete 

21. Alias Grace

22. Rellik

 

23. Valkiryen

 

24. Mary Kills People

 

25. Philip K. Dick’s Electric Dreams

 

 

Las mejores series estrenadas en 2016

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1.People Vs O.J.Simpson

 

 

 

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2.  The Night Of (HBO)

 

 

3. Quarry (Cinemax)

 

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4.  The Crown (Netflix)

 

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5.  The Night Manager (BBC)

 

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6.  Rillington Place (BBC)

 

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7.  The Get Down (Netflix)

 

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8.  Harp&Leonard (Sundance Channel)

 

 

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9.  The Girl Experience (Starz)

 

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10.  Channel Zero (Syfy)

 

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The best 10 movies of 2015

 

  1. The Revenant

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2. Beasts of no Nation

 

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3.  Ex Machina

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4. Mad Max “Fury Road”

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5. Slow West

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6. Creed

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7. Pasolini

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8. The Hateful 8

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9. Carol

 

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10.  45 Years

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The best 10 series TV (2015)

1.

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2.

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3.

 

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4.

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5.

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6.

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7.

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8.

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9.

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Narcos (2015) “Escobar, Gabo y Nancy ”

The Medellin Cartel in the Netflix Original Series NARCOS. Photo credit: Daniel Daza/Netflix

 

“Una droga más dañina que las mal llamadas heroicas se introdujo en la cultura nacional: el dinero fácil. Prosperó la idea de que la ley es el mayor obstáculo para la felicidad, que de nada sirve aprender a leer y escribir, se vive mejor y más seguro como delincuente que como gente de bien”

Noticia de un secuestro (1996) Gabriel García Márquez

A veces un no, contundente, por respuesta es duro y tiene un precio que pagar. Alto o bajo, pero no gratis. Depende de quién, cómo, cuándo y el porqué. Puede ser una buena excusa para conseguir un fin o descansar los remordimientos. Bien, dejémoslo por aquí y no seamos tan rebuscados. Tan sólo es una aseveración, que depende del tono, para manifestar el estado de cualquiera. Aunque más abajo recordarán la miga de toda esta elucubración. La nueva apuesta, del pudiente canal Netflix, con una serie fascinante y de excelsa calidad; Narcos (2015) está dejando muy buen sabor de boca a la crítica televisiva de todo el mundo.  Vistos los primeros 120 minutos de este apoteósico y deslumbrante producto es obvio —que nuevos ecos desde  la colina de las vanidades—den por hecho la firma de su segunda temporada. Y digo lo de que es evidente, su inminente segunda temporada, pues vistos los ocho capítulos restantes; se observa una relativa ambiguedad, mas que sospechosa, en su resolución (gritando una continuidad redundante). Narcos es uno de los pasos más en firme y decisivos, por parte de la directiva de esta plataforma, desde que se apostó por la producción de series en formato streaming. Netflix consigue con Narcos un plus de exquisitez y reivindica la figura de este sello, en el selecto club de los canales de la ficción delicatesen por antonomasia: HBO, AMC o Showtime. Si miramos a través del retrovisor y nos fijamos en los páramos de lo excepcional; The Sopranos, The Wire, Rome o Mad Men hay que hilar muy fino con lo que puedas romper y traer originalidad. Todo el mundo que sabe algo de esto de la nueva ficción Made in USA tiene muy claro, que aquellas series fueron un punto y aparte en la historia de la TV. Un medio que se le suele despreciar pero el viejo Hitchcock adoraba. Hoy en día es un lugar fascinante, competitivo y seductor. Más aún, dentro un contexto donde se destilan aspectos más peregrinos; como la moda en el cine y la TV de este siglo. Curiosamente ha sido en estos últimos tres años, cuando parte de toda esa ficción —aludida— transcurre durante la administración de Reagan. Ejemplos cercanos son los de (The Americans de FX y 83 Deutschland de Sundance TV). Productos de una calidad excepcional. En el fondo, muchos de los que hablamos —de la adictiva caja tonta catódica— ahora inteligente LCD estábamos flipados, con algún disco de Bowie y el nacimiento de bandas, muy del gusto republicano, como Bon Jovi. Evidentemente, Narcos es un producto en esa línea —que tiene un plusvalía mucho mayor— y junto a House of Cards u Orange is The New Black son las joyas de la corona de una Netflix muy crecida. No muy lejano tenemos el éxito de audiencia y crítica de una de sus apuestas de la pasada primavera, Bloodline (2015) con un reparto de lujo —algo que en Narcos no sé ve, ni falta que le hace— y nominaciones a los Emmys junto a OITNB, esta última, sigue repitiendo en muchas de las disciplinas del año pasado. Sumémosle el experimento de Sense8 con los hermanos Wachowski: un pastiche, a modo de drama entre el New age, la Sci-fi muy “Lost” y chutes de felicidad ¡Viva San Francisco! bajo el arco iris multicultural. A pesar de la gran factura —de la misma— el resultado es delusorio, y esas noticias suben a toda velocidad a las plantas altas, de los directivos, que invierten los cuartos y contabilizan cifras. No sería muy sospechoso, que los ejecutivos de Netflix se apiñaran en un laboratorio de plasma con LCD u Oled, y, jugasen a becarios de laboratorio de química orgánica. Tomando botellas diminutas, de las mejores esencias de otros espectáculos y después de un meditabundo ritual; comenzasen el proceso de concentración. Todo ello dosificado, en precisas cantidades, gracias a las pipetas. Después de un cuidado y mesurado hervir en la caldera, que burbujea a fuego muy lento, hasta conseguir  la estructura ideal de gran espectáculo y absorber —directamente— todo el vapor pensante. Bueno, bromas a un lado, el espectáculo de Narcos es emocionante, vibrante y desbordante. La serie denota estilo y ahí se evidencia, que es un caballo ganador, ahondando en el retrato de un personaje real dentro de un periodo histórico muy convulso.

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Pero con el cincel más seguro de la vieja escuela. Es decir; rebuscar en el personaje, sus relaciones y su psicología personal. Así como el perfilado y detallado retrato de sus aláteres, auténticas piezas, que se mueven al ritmo de un tablero de ajedrez pleno de humedad y exuberancia. En definitiva, Narcos es pura sociología de un contexto violento e ilusorio, donde la ingenuidad pasaba a convertirse en paranoia. Igual que el capullo en mariposa y el jaguar busca tapires o tortugas; es evidente quien termina ganando. Narcos es por encima de todo; la efervescencia de dos tabletas de aspirina en un vaso de agua y por momentos, una tormenta eléctrica de auténtico divertimento a ritmo de vallenato. Y es que la biografía de Pablo Escobar ha dejado montañas de documentos en comisarías, servicios de brigadas especiales antidroga y embajadas. Desde el rincón más inhóspito de las selvas colombianas hasta Washington. Uno de los grandes logros de los creadores de Narcos son sus creadores: Chris Brancato, Eric Newman y Carlo Bernard. Brancato ya estuvo escribiendo guiones de la historia que desarrolló B. Fuller en Hannibal. Finalizada, recientemente, y convertida en serie de culto. Un tipo al que se le ve el oficio. Este trío de ases ha conseguido una de las primeras victorias de Narcos; hacer que Escobar y sus sicarios hablarán en su lengua: español con el deje de Medellín, apoyados en subtítulos, consiguiendo un plus de  autenticidad y realismo, que deja un —eventual—  poso a documental. Inspirada —no toda la historia— en el libro Killing Pablo, del periodista estadounidense Mark Bowden, que se centró en el agente de la DEA, Steve Murphy. El agente Murphy se puede decir que fue el aguijón de la operación de acecho y captura sobre  Pablo Escobar en 1993. Reitero, el trabajo de construcción de este guion es impresionante, pues, estamos analizando la antropología y sociología política del fenómeno de los Narcotraficantes. No es sólo Pablo  Escobar, es un país que sangra por los cuatro costados,  ya que sus principales capitales están dentro, de lo que conocemos como carteles de la droga: enjambres de sicarios. Haciendo de Colombia un primer ensayo de Narconación. Termino irritante para las autoridades y personalidades intelectuales de Colombia. Pero que se llegó a acuñar. Desde el inicio de la década de  los 80 a principios de los 90 llegan a pasar dos presidentes por los EE.UU. Durante ese periodo, en Colombia son asesinados: Rodrigo Lara (ministro de justicia), Carlos Galán (un candidato a la presidencia) e intentan matar en más de una ocasión al presidente César Gaviria (gran interpretación del mexicano Raúl Méndez) que pasó a la historia por derogar el convenio de extradición directa con EE.UU de los narcos, ante el constante reguero de sangre y terror, que Escobar y su clan instauró. El presidente Gaviria no le quedó más remedio que  ceder a las consignas de narco: cumplimiento de una pena menor en un cárcel/hotel surrealista dentro del territorio colombiano pero con unas distancias de seguridad muy sui generis. Obviamente, algo con lo que no contaban las autoridades fue el desmadre y lugar de perdición, en que se convirtió La Catedral. Escobar campaba como Pedro por su casa, rodeado de su grey de matones y unos pocos vigilantes de prisión, a modo de hermanas de la caridad. Ni siquiera los capos napolitanos de Gomorra (2014) le llegarían a la suela del zapato a este criminal. Nadie en la historia del crimen organizado ha gozado de un sitio igual. Un lugar donde un gangster puede vivir su mejor experiencia en cautividad: juego, whisky de Malta, Ron añejo, cocaína a gogó, putas y yacusi particular. Pero, eso sí, encerrado. Escobar sabía que la privación— independientemente del entorno lúdico— era de alguno modo, esclavitud y el principio de su fin. En Narcos se nos ofrece un torrente de imágenes profundas e impactantes. Así del cómo y cuándo; Escobar y la cocaína se dieron de bruces. Capítulo a capítulo se va entretejiendo la historia de la política de drogas, los cuestionables métodos de aplicación de la ley, guerra de pandillas, asesinatos despiadados, atentados con explosivos, secuestros a la carta y una acción estelar llena de espionaje y  contrainteligencia. Todo tipo de complots, matanzas históricas y detalles acerca de los sistemas intrincados de contrabando que mantiene al cártel de Medellín en la parte superior de la pirámide. En el episodio piloto vamos comprendiendo el estatus inicial de joven Pablo Escobar —como un contrabandista en toda regla— un dealer, de otro tipo de productos, que el azar le pondrá en contacto con la droga mágica. El encuentro con un personaje conocido como el Cucaracha —que viene corriendo desde Chile con el rabo entre las piernas— cocinero de laboratorio de pasta de coca en el Chile de los 70.

TV STILL -- DO NOT PURGE -- (L to R) MAURICE COMPTE, BOYD HOLBROOK and PEDRO PASCAL star in NARCOS. Season 1 Episode 3. Netflix. NARCOS S01E03 "The Men of Always"

Estos laboratorios se hallaban en las bajas faldas de los Andes cercanas a la frontera de Bolivia no tienen desperdicio. Ver para creer. Y es más, cuando la magnífica narración de esta historia nos pone en conocimiento, que fue la CIA durante la dictadura de Pinochet, quien estaba detrás de este negocio. Claro que la CIA siempre ha sido así: ha hecho lo que le ha pasado por la funda del escroto. El cucaracha tiene mucho de personaje humorista en una nochevieja de las de Luis Aguilé (lenguaraz y descarado) y un protoMr.White de corto recorrido: no pasó los 60 minutos de rigor sin su correspondiente tiro entre ceja y ceja. Su encuentro con Escobar y su primo hermano Gustavo Gaviria (el actor colombiano Juan Pablo Raba/otra brillante interpretación), en una cantina de Medellín. Es uno de esos momentos inolvidables que pasaran a la historia de la ficción. —Escobar le ha calado a una legua, y, cuando le muestra el material a éste, el cucaracha sigue parloteando, como una cacatúa. La mirada de D. Pablo corta las notas de la cumbia que está tocando la banda del garito. El cucaracha le dice a Escobar que la coca se vende por gramos y lo que cuesta en Chile, 10 dólares… Escobar  barrunta: “Si la cocaína se vende aquí a lo que tú dices… Cuánto crees que vale un gramo de esto en Miami…” Escobar  toma la decisión de expandirse a los EE.UU. Y es aquí donde decide que el rumbo de sus actividades irá directamente a Miami. Mención aparte merece el casting de Narcos. Pudiendo haber contratado a caras famosas, se  decidió una selección de actores conocidos en sus países de origen. Pero apostando por el  perfil bajo, es decir, sin grandes nombres de estanterías repletas de Oscars y grandes honores que hoy son quienes llaman a las productoras de TV. Increíble pero real. La apuesta ha tenido una de las  recompensas más gratas de los últimos años —un casting  originalísimo y explosivo—, esencialmente, la elección de Pablo Escobar que recayó en el actor brasileño Wagner Moura (estuvo aprendiendo español en la Universidad Pontificia Bolivariana durante más de 4 meses y trabajando el acento paisa, propio del territorio de Medellín), lejos del exceso y el histrionismo —se mantiene hermético con esa barriga— que le hizo sacar la cintura, en los 20 kilos que engordó. A medida que pasan los capítulos va cogiendo fuste y la potencialidad kármica con el auténtico Escobar. Por momentos, los planos entre la realidad y la ficción llegan a confundir, quien es Moura y quien Escobar.  Actor que puede mirarle a los ojos, sin que se le caigan los anillos, al último Escobar; el ínclito Benicio del Toro. Moura/Escobar es venerado como el Robin Hood de Medellín, ya que regala dinero a los más pobres de las barriadas y viviendas a tutiplén. Un hombre convencido que Dios le ha dado una misión: cambiar el destino de Colombia. Todo ello no es más que un ardid, ante el aluvión de montones de millones de dólares que acumula en garajes y zaguanes. A partir de ese instante, el capo comienza el show del blanqueamiento a marchas forzadas, pero con su propia ley. Es decir; la cara más brutal del personaje. El impasible y despiadado gangster. Un ejecutor implacable de todo aquello que pueda serle un obstáculo en su política de expansionismo criminal, ya sean los policías locales y sus familias, o embarazosos  campesinos que le dificulten su planificación. Esa actitud de genocida es la que el pueblo calla por miedo y será la que le haga caer de su trono de oro. Echando por tierra la imagen de  hombre de familia, honorable y generoso. A pesar de la oscura mitología del personaje y la enorme cantidad de documentación conocida y desconocida que sólo Escobar sabrá y algunos de los verdaderos agentes de la DEA, CIA, escuadrones paramilitares, narcos delatores de la competencia y demás fauna que participaron en todo este affaire. Steve Murphy (Boyd Holbrook) es el otro protagonista de esta intrigante historia. Su voz en off —que va narrando los acontecimientos— y te atrapa en las estrofas que repite y son reafirmadas por un montaje espectacular entre imagen real y ficcionada. En esa variable que algunos definen como la ley de la teoría del caos; nos vemos al jovenzuelo agente Murphy, que pasa de perseguir a hippies trapichas y fumetas estudiantes de medio pelo en 1980, a hostigar al mayor narcotraficante de la historia contemporánea. SM se une a la DEA —que trabaja destrangis en la embajada de EEUU en Bogotá— en la batalla de Colombia, donde se une a Javier Peña (el actor chileno, Pedro Pascal conocido por ser uno de los grandes personajes de GOT) agente veterano de la DEA que se mueve muy bien entre aguas turbulentas y con una red de informadores de los más variopinto.

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Habla perfectamente español, algo que le vendrá a Murphy de maravilla y adaptarse mucho mejor a toda esta guerra por el poder, entre narcos, gobierno colombiano y los EE.UU. Independientemente al hecho de que Murphy es el narrador y la voz en off de la historia, el ritmo es puro Scorsese, en Goodfellas (1990) o Mereilles en Ciudad de Dios (2002). En algunos momentos, nos da la sensación de estar dentro de la gran fiesta de Thomas Anderson en su obra maestra, Boogie Nights (1997). Avionetas, kilos de cocaína por encima de los cuerpos de las prostitutas de Medellín con Champán, ron añejo y enormes langostas bajo la batuta del director brasileño Jose Padilha, quien se hizo un nombre con el magnífico film, Tropa de élite y su posterior secuela. Fue reclamado por el Mainstream Hollywoodense para realizar el remake de la mítica  Robocop del holandés P. Verhoeven (1987). Obviamente, la empresa se antojaba de alto calibre. Robocop 2014 (pasó con una discreción anodina, recibiendo algún que otro palo de la crítica más exigente), pero tampoco es una película horrible. Jose Padilha demuestra oficio y brinda un ágil dominio del subgénero del crimen organizado. Podría haberse elegido otro director, quién sabe… Hoy en día el trabajo de las series de televisión Top suelen realizarlas directores Made in HBO. Algunos ejemplos  de ellos fueron pródigos y gozaron de relativa gloria en los 80 o 90; J. Foley, J. Dahl o C. Franklin  o A. Holland… Pero la nómina es enorme. Lo dicho, no soy yo quien criticara el entusiasmo de Padilha tras la cámara y el fantástico montaje de secuencias. Se ha hecho un trabajo de condensación de casi 10 horas de rodaje. Donde, él mismo Padilha se ha encargado de supervisar  el resto de episodios donde también ha dirigido un par de capítulos Guillermo Navarro y el resto jóvenes talentos que lo han bordado: el cineasta colombiano Andi Baiz y el brasileño Fernando Coimbra. Narcos ve a Escobar,  como se ve a sí mismo; el ingenioso empresario dotado para los negocios y como el gran visionario de los narcos contemporáneos. Ahí están los hermanos Ochoa José Luis, que interpreta el brasileño (André Mattos) y Fabio (el colombiano Roberto Urbina) o el personaje de José Rodríguez Gacha “el mexicano”, aquí el enorme (Luis Guzmán, nacido en Puerto Rico, actor fetiche de Soderbergh o Paul Thomas Anderson uno de los mejores actores de su generación de origen latino) le da vida, en una interpretación memorable. Otro personaje que tiene una importancia vital (es el jefe del escuadrón de los paramilitares) el coronel de operaciones especiales Horacio Carrillo (Maurice Compte un actor mexicano muy bueno), con un inglés fantástico. Así como el personaje más malvado que se recuerda en los últimos años del mundo del hampa: “Poison” o Veneno (intepreado por el mexicano Jorge A. Jiménez) es uno de sus sicarios más fieles y letales de Escobar en su trabajo. Ya ha quedado para los anales de ficción criminal; la búsqueda de una chica muy joven y su bebé, donde el killer demuestra sus maneras. Mata y respira con la facilidad de un chaval a la hora del almuerzo devorando su Bollycao de turno La verdad que Narcos despide un coraje y aplomo, que se evidencia, en todo el elenco de personajes. Entre las féminas destacaríamos a Connie (Joanna Christie), esposa del agente Murphy, o el caso de la femme fatale y trepa periodista Valeria Vélez (interpretado por la bella actriz mexicana Stephanie Sigman e inspirado en la verdadera periodista Virginia Vallejo) que fue amante oficial de Escobar. Por otro lado, estaría su más ferviente rival: Victoria Escobar, la Tata, su esposa y madre de sus hijos (la mexicana Paulina Gaitán). Narcos” ofrece estimular ideas acerca de las motivaciones de Escobar y su pasmosa frialdad a la hora de ordenar asesinatos: la matanza de los guerrilleros del M-19, donde vemos a una magnífica actriz como es Ana de la Reguera, dando vida a la guerrillera (Elisa). La guerrillera salvó su pellejo gracias a un artificio de la casualidad, entre ella y el matrimonio del agente Murphy. Gran parte de sus compañeros acaban troceados y fotografiados, como castigo por el secuestro de la sobrina de los hermanos Ochoa; Marta Ochoa. Del mismo modo, se desarrolla una vis cuasi de pueril y compasiva, cuando de repente, observamos como denota angustia y afligimiento, en una escena donde una perra (pastor alemán) recibe disparo a quemarropa del capo Gaba. Una contradicción o un halo de inocencia dentro del mismísimo diablo como llegó a denominar sus socios más cercanos.

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Todo ese caudal de acontecimientos le basta a una mesa de montaje, que a modo, de trabajo de un vieja moviola, de las viejas mesas de montaje,  nos retrotrae a las cortinillas del show; entenderemos y sabremos un poco más del porqué, de esa aureola de belleza, que recorre a Narcos con la música de Rodrigo Amarante y el bello score “tuyo”. Ahora entramos en un sueño y nos encontramos con el agente de la DEA, SF, hablando con el difunto maestro García Márquez, para que le explique, ¿qué es el realismo mágico? “Es lo que sucede cuando un entorno realista y detallado se ve invadido por algo demasiado extraño para ser real. No es de extrañar que el realismo mágico haya nacido en Colombia”. A pesar de las veces que García Márquez espetó con respeto: “el realismo es la diplomacia entre colombianos, pero por favor no se inventen más subterfugios para defender la intromisión de la soberanía nacional.” Obviamente,  que Escobar se convirtió en el narcotraficante más rico en la historia, a través de una implacable cruzada de violencia, gracias a la repetitiva práctica de la extorsión. Métodos horribles sustentados en la tortura y el soborno sistemático del pueblo. Narcos es el retrato del gangster, el político, el agorero, el marido de la virgen de los Sicarios, el mártir y el puto amo de Colombia (la escena que le perdona la vida al cabecilla de la guerrilla y se queda con la espada de Bolivar) es alucinante. Mientras un avión de la DEA intercepta las comunicaciones con radares de finales de los 80. Aquellos primeros zapatófonos vía satélite, de los secuaces del patrón Escobar le espera el otro mundo. Realismo mágico y política real, de un Reagan tosco, malhumorado y esquilmado con el capital norteamericano que salía de los bancos. Estaba en juego el capitalismo y la libertad de poner y quitar gobiernos. De eso sabe mucho el gabinete gubernamental. El mismo que se pasa el bote —de los  caramelos— como ácidos en Woodstock. Mientras se preparaba el dossier de guerra total a las drogas con la supervisión de los asesores de la CIA. El Boos de la Casa Blanca, con el agua al cuello, lanzaba su último As ganador. No le quedaba otro. Esa carta fue genial, pues, apoyarse en la angelical cara de su esposa Nancy para espetar aquello; “decir que no” fue directo a la retina de los campechanos ciudadanos norteamericanos. Fetén. En política vale todo, hasta los payasos de un circo, pues el poder es codicioso y tiene gula como el espectáculo, que se observaba cuando la prensa comentaba la inutilidad y la hipocresía de la guerra de los Estados Unidos en materia de drogas sin forzar las palabras de los personajes. Ya que la propia CIA era quien tenía el control, de lo que sí tenía que entrar en EE.UU, y lo que no debía. Y es que si uno quiere buscar lo puntilloso o la hipocresía del mensaje. Aquella Nancy Reagan dijo: No!, igual que Maradona en el FC Barcelona. Si te ofrecen droga: Di No! Y así día tras día las cadenas de TV norteamericanas seguían con el cover machacón; Díganles a los Narcos que no queremos nada de Uds. Ni el mejor Ken Burns lo hubiera bordado en los planos desde el helicóptero de noche saliendo de la montaña y Medellín iluminada como una boda por orden del patrón D. Pablo. Ese personaje que también se creyó pertenecer a la clase dominante que usó la droga para financiar sus guerras domesticas hasta que la DEA apareció con las barras y estrellas contrarrevolucionarias. Don Pablo no entendió aquella frase de Doña Nancy. The Wire desde el ghetto de Baltimore daba las gracias por los servicios prestados a la primera dama y los gringos con chaleco DEA le ofrecían una pala para cavar su fosa o trullo. El Medellingate se cerraba por reforma sine die para pasar el cambio de cocina, que fue sustituida por la metanfetamina de México, y el Sr. White de paso cambiaba el color de los caramelos del córner de Baltimore. Obama respira tranquilo y aplaude una serie que es tan grande como las esmeraldas de Colombia. ¡Bendito Netflix, cuánto talento! Nota: 8,6

 

 

The New bets of the cable (2015) for the decade end

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Mucho se está hablando y mascullando, en torno, a esta temporada televisiva en EE.UU, y resto de las islas británicas. Hablamos de todos esos productos con calidad, a día de hoy, para ser los finalistas de los inminentes Emmy 2015. El mes que viene sabremos si GOT recibe un aluvión de premios ,o como suele ser en estas lindes, por parte de la academia vuelve a ponerse el mejor Nenuco de la añada y nostalgia, para obsequiarnos un hiperhomenaje a una de las grandes series de la historia de la televisión: Mad Men. Nadie pondría el grito en el cielo. Pero viendo las nominaciones, las opiniones sos todos los colores y plausibles. Recordemos que el año pasado, el Sr. White de Breaking Bad se marchó para siempre de la caja tonta (como gustan llamarla los snobs del cine trascendente) con su anfetamina cristalizada azul para siempre, y los Emmy, la encumbraron a los altares, cuando ya estaba en el mismísimo cielo. Es humano y en este tipo de saraos; las emociones venden. No es más que eso, así de sencillo: las amamos o las detestamos. Evidentemente, si viviéramos en Corea del Norte no lo podríamos saborear. Luego, no sé Uds., pero yo no tengo la más mínima intención de irme por aquellos lares. El Show business es parte de nuestra cultura y un ingrediente más, como lo pueda ser el azafrán en una buena paella. Series del calibre de Mad Men se lo merecen, pues, de facto pasan a ser patrimonio de la historia de la TV, y, occidente es un lugar que necesita de esa historia para mirar atrás y sonreír de vez en cuando. Sin embargo, observamos en este ya bien entrado 2015, se percibe un recambio en los banquillos. Nuevas generaciones de gente que han mamado buena televisión y viene con currículos que apabullan y dejan del revés al más pintado. De las mejores universidades y factorías del guion. Ya sea para la TV o el cine. A día de hoy, vemos que los saltos son idénticos, por el trasiego de estrellas, de una alfombra a la otra. Bien, lo más importante de este post es saber, como serán algunos de los nuevos shows, que tienen que dar el relevo al último lustro de la década, y si alguno de esos productos llegará a sobrepasar los ya legendarios 7 años, con última temporada dividida en dos partes, de la mencionada Mad Men. Estas son nuestras propuestas para un Otoño/invierno en el sofá de los sueños en VOS.

 

 

De la mano del guionista, actor y creador de SOA; Kurt Sutter. Nos llega con una historia en pleno siglo S.XIV ultraviolenta, queriendo recoger o estar a la altura de Juego de Tronos

 

Del guionista y hermano de la perla de oro del cine británico; Jonathan Nolan. Un remake de Sci-fi con un reparto de lujo en el canal por antonomasia del cable, HBO

 

Del director de cine brasileño, José Padilha creador de la fascinante y premiada; Tropa de Élite. Nos llega una historia alucinante sobre el narcotraficante P. Escobar en Netflix

 

De una de las guionistas de la serie de culto Breaking Bad, Moira Walley-Beckett. Nos llega un drama hipnótico  sobre el mundo de la mejor escuela de ballet de USA  para el canal Starz

 

Del actor, guionista y director independiente Edward Burns. Nos llega una historia verídica sobre polícias corruptos y su división por vigilancia de la moral americana. Neonoir en TNT

 

Del actor, productor y estrella de la gran pantalla Bradley Cooper. El canal CBS adapta el film, que ya encarnó para el cine, el mísmisimo Cooper. Sci-fi y Thriller que prometen emociones

 

Frank Spotnitz uno de los guionistas de Expediente-X  y Sir Ridley Scott como productor ejecutivo realizan para Amazon TV una adaptación, del libro de Philip K. Dick, que apunta muy alto

 

Adjuntamos listado de nominados en las diferentes categorías, que concurren este año, y comprobarán la gran cantidad de títulos reseñados en nuestra publicación. Lo dicho, suerte y a disfrutar de la ficción.

 

http://www.emmys.com/awards/nominees-winners

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