Las 30 mejores series estrenadas en 2020

 

1. Zero Zero Zero

 

 

2. Gangs of London 

 

 

3. Des

 

 

4. The Queen’s Gambit

 

5. Valley of Tears

 

6. I May Destroy You

 

7. The Great

 

8. Unorthodox

 

 

9. White House Farm

10. Sløborn 

 

 

11. Raised by Wolfes     

 

 

12. The Outsider

 

 

13.  Perry Mason

 

 

 

14. High Town

 

15. Kalifat

 

16. DNA

 

 

17. Baghdad Central

 

 

18. The Trial of Christine Keeler

 

19.  L’effondrement

 

  20. The Luminaries    

 

  21. The Good Lord Bird

 

22. The Liberator

 

23. Hunters

 

24. Stateless

 

 

25. Upload

26. The White Wall

27. No Man´s Land

 

 

28. Twin

  29. Ted Lasso

30. Box 21

Yellowstone 2020 “El triunfo de Sheridan y Kevin”

Según el creador de Yellowstone, guionista y showrunner y director, Taylor dixit: una buena forma de pensar en la serie es preguntarse ¿Qué pasaría si El Padrino del maestro Coppola tuviera lugar en el rancho más grande de Montana? El comentario deja muy claro cómo le gustaría que pensáramos sobre el dueño del rancho John Dutton (Kevin Costner), su familia y los hombres que trabajan para él, muchos de los cuales tienen el logo de la ganadería a la que pertenecen: esa letra Y de Yellowstone grabada en el pecho, literalmente, y desprendiendo un aroma a carne quemada. El rancho cuenta con vaqueros de carrera, Cowboys puros. Empero con todo tipo de fugitivos-as, ex convictos-as y marginados-as sociales que aterrizan allí como último recurso. Están incluidos en el mundo de Yellowstone y nunca se les permite irse: Rip Wheeler (Cole Hauser) como el búfalo del barracón. A pesar de contar con una cabaña, independiente, de la que disfruta de los privilegios de Sr. Lobo (ya que goza de patente de corso para hacer desaparecer a aquel que contradiga el modus vivendi del clan Yellowstone) del patriarca Kevin Costner. No tiene ninguna queja, de su manera de vivir, de hacer lo que le diga el jefe Dutton. A él, le debe todo. Incluso el amor que siente por su hija Beth, la actriz británica (Kelly Reilly). Consentido, como algo que viene desde la adolescencia y de algún modo, visto como ese hijo que hubiera sido el perfecto reemplazo junto a Lee. Por muy humanos y comprensivos que puedan ser por la forma de ocuparse de sus asuntos: no deben confundirse con los buenos. Sheridan es un gran contador de historias cuando se trata de crear (la mayoría) de los personajes, y conduce a grandes actuaciones y escenarios abrasivos de vida o muerte. Numerosas personas aquí son especialmente atractivas porque Sheridan las define —más que nada— por su concepto de filosofía Amerindia. Sabe del mundo de los Nativoamericanos, lo que puede que sepan pocos antropólogos, y su perspectiva, muy fundamentada, en un discurso que dejó muy bien descrito en su trilogía Neowester: Sicario, Hell or High Water y  Wind River. Es posiblemente, un tejano que se ha hecho a sí mismo, y de ahí que sólo, por eso muchos lo quieran. A menudo hablan de tópicos en conversaciones casuales, y casi quieres escribirlos. Empero estamos ante una demostración más de la habilidad de Sheridan para escribir un guion. Esa es la diferencia en una historia que nos podría parecer tan sobreescrita; si los personajes no estuvieran tan bien cimentados. Kevin Costner es, por supuesto, un ícono de Hollywood y tiene toda la arrogancia que los espectadores deben esperar, pero no hay nadie en este conjunto cuya actuación parezca faltarle. Kevin Costner y la televisión no se reúnen con tanta frecuencia, pero cuando lo hacen, funciona tanto para él como para el público. El actor ganó un Emmy por su papel en la aclamada miniserie Hatfields & McCoy’s, y en algunos episodios de Yellowstone, los televidentes pueden estar convencidos de que merece más premios por su interpretación del ranchero endurecido John Dutton. Con un fuerte elenco de personajes intrigantes, este drama occidental empapado en sangre tomará calma de verano de TV mucho más entretenido y puede hacer que este Yellowstone tan famoso como el parque. Es curioso, saber cómo un tipo tan intimidante en el western, del calibre de Costner y siendo productor ejecutivo; nunca sepa nada de lo que está cociendo en el próximo guion del siguiente capítulo.

Eso, sí. Los 500.000 dólares que —recibe del canal de cable de Paramount— nuestro querido Kevin se lleva al bolsillo, se los curra, centavo a centavo. ¿Quién tiene cojones a decirle al director y protagonista de Dancing with Wolwes,  Wyatt Earp,  Silverado, y aquella joya llamada Open Range…Mira, Kevin hemos pensado bajarte el sueldo? Obviamente, hay personajes realmente desagradables que provocan ira desde el primer momento, pero Yellowstone incluso nos hace empatizar con un par de esos personajes a medida que la serie continúa. La actuación de Kevin Costner como John Dutton proporcionará escalofríos, a más de un espectador, en el acompañamiento de las diversas emociones del espectáculo, y, hay muchas en ambos aspectos. Si el público aún no se ha dado cuenta de lo que Paramount Network es capaz de hacer con la televisión. Recuerden esa joya, de la que hablamos, ya hace unos cuantos meses: Waco (2019), y sabrán como trabajan por con guiones, por CBSViacom. Yellowstone es la serie que ha colocado a este desconocido canal de cable en el mapamundi, en un lugar tan grande como Montana. Y así como el modus operandi de la familia Corleone de El Padrino y los capullos —que llevan a cabo— sus órdenes; se inspiraron en las formas que operan las grandes empresas. Yellowstone se basa en las formas en que los Estados Unidos contemporáneos miden su lugar en el mundo. Ambos pertenecen a géneros estadounidenses clásicos: El padrino (1972) es una película de gansters ambientada durante la década de 1940; Yellowstone es un oeste firmemente anclado en la actualidad. Y ambos tienen mucho en mente las duras realidades que afligen a Estados Unidos. Si rebobinamos en el estudio de los westerns norteamericanos, por excelencia, siempre han sido, cuentos sobre el estado de la nación. Durante los años, en que el género estaba en su apogeo, aproximadamente desde la década de 1930 hasta finales de los 60 y principios de los 70, películas como Stagecoach (1939), My Darling Clementine (1946), The Man Who Shot Liberty Valance (1962), The Wild Bunch (1969) y McCabe & Mrs Miller (1971) se desarrollaron en un contexto de historias del nacimiento de una nación ambientadas durante el siglo XIX: el desplazamiento de los nativos americanos. En muchas ocasiones, no siempre, reducido a hordas que atacan intrusos de rostro pálido. La llegada de colonos en carros cubiertos, de generosas lonas tiza, extendiéndose por vastos y vacíos paisajes, hasta la lucha entre los agricultores que querían cercar sus cultivos y los ganaderos que necesitaban esos pastizales completamente abiertos para que sus rebaños deambularan.

La progresiva invasión de las grandes empresas desde el Este al Oeste; la Guerra Civil (1861-1865), que enfrentó al norte contra el sur, en un conflicto cuyas consecuencias aún resuenan de costa a costa. Sus héroes eran personajes muy similares al protagonista de la serie; el patriarca John Dutton de Yellowstone. Ese tipo de hombres que pueden saber si les estás mintiendo; simplemente mirándote a los ojos. Lo que hacen, lo hacen porque el destino viene de la mano de ellos —o al menos así les gustaría verlo— si alguna vez lo pensaran. Son una ley en sí mismos, y, en ausencia de supervisión oficial, lo que dicen vale. Hace 150 años, podría estar bien, hoy en día, siguen siendo encarnaciones vivientes del aforismo del poder. Dutton no es desalmado, pero es despiadado, y su visión del mundo, los valores patriarcales que encarna y los extremos a los que está dispuesto a llegar para hacerlos cumplir lo hacen peligroso. Cree que tiene una misión moral, anunciando constantemente que todo lo que está haciendo es por su familia. Como si eso fuera razón suficiente. El drama y la intriga política en Yellowstone se derivan de las disputas de propiedad, sobre la tierra y el ganado propiedad de John Dutton (Kevin Costner). Dutton es el propietario arruinado y obsesivo del inmenso Rancho Yellowstone, desesperado por proteger su propiedad de posibles invasores: el nuevo jefe, un tipo con estudios universitarios e inteligente, de la Reserva de Broken Rock, Thomas Rainwater (Gil Birmingham). Él está utilizando la presión política para tratar de recuperar las Dutton tierras —y toda una legión de vendedores de urbanizaciones de tierra yuppie— que están construyendo condominios que bordean la propiedad de Yellowstone. El espectáculo de Montana se presenta como un área legal gris, donde el único requisito para ser dueño de ganado es tenerlos deambulando por su tierra, y donde los políticos son activos útiles. Gran parte del drama de Yellowstone proviene de esperar a que intervenga una autoridad responsable a medida que los conflictos se descontrolan. Hay poco tiempo para el respiro en Yellowstone, donde la  tensión corta el aliento.

La ley está en manos del mejor postor. Y mientras Dutton les dice a los intrusos sobre su propiedad, “Esto es Estados Unidos. Aquí no compartimos la tierra”, su familia está formada por almas perdidas, atrapadas por su conexión familiar. Beth (Kelly Reilly) es en gran medida la hija de su padre, empuñando ferozmente su sexualidad, su astucia, y el apellido como armas. Por otro lado, tenemos al hijo mayor Lee (Dave Annable) fallecido en el primer episodio piloto del show. Algo que le consume interiormente a Mr. Dutton. Después, estaría el hijo mediano; el abogado Jamie (Wes Bentley). Esteta, chico de Harvard y refinadas formas. Sobremirado por su falta de coraje y desprovisto de un centro moral. Su cabeza está con el recurrente pensamiento de ser despreciado por todos. Vive un tormento, que pone en duda, si es en realidad un hijo biológico de John Dutton. Y el pequeño Kayce (Luke Grimes) el joven sexy, rebelde, que se fue al ejercito para convertirse en un Seal. De vuelta a casa, siente la persecución de sus experiencias en Afganistán, casado con una hermosa mujer nativa americana Monica (Kelsey Asbille) y luchando con ella para evitar ser consumido por la dinastía Dutton. Sin embargo, en el corazón de Yellowstone se encuentra una ideología que lo separa del grupo de imitaciones de prestigio, un llamamiento desesperado y amenazado a la identidad estadounidense y la masculinidad blanca, que hace del este producto sui generis de Paramount algo palpablemente diferente de otros dramas de rivalidad familiar como Billions o Succession. En la típica dinámica de la historia, se parece a esos programas y otros proyectos de prestigio: mezcla el drama familiar interno con juegos de poder a mayor escala y —como tantas series de este género—, su radiografía central es un triste hombre blanco triste de mediana edad. Empero el drama generacional, por antonomasia, típico en la televisión estadounidense trata sobre el poder por el poder, y sobre la ansiedad de la nueva generación; que está en ese nivel y superando con nota a los que vinieron antes. En Yellowstone, todos esos ritmos, van de la mano de una ansiedad más existencial. Los auténticos  enemigos de John Dutton no son simplemente malos genéricos que quieren lo que él posee; si lo fueran, no le importaría tanto si lo golpeasen tan bajo. Las batallas en Yellowstone tratan sobre la idea de: ¿Cuál es una forma de vida, mucho  mejor que las del resto? Ser un ranchero, o mejor aún, un vaquero, un verdadero vaquero aquel icónico hombre que se echaba un pitillo de Marlboro paseando con su corcel ¿recuerdan la publicidad de aquellos 70/80?— dado a una vida más pura, más auténtica y mejor. Y no es casualidad que este programa sobre la dolorosa ansiedad de que a uno le quiten la vida, en un instante, sea en su tercera temporada, uno de los dramas más vistos por cable. Yellowstone se puede jactar de tener más audiencia que The Walking Dead y muchas otras producciones actuales de HBO o Netflix.

Y es que hablamos de un espectáculo sobre un terreno ingente, Dutton/Yellowstone: es lo suficientemente grande como para ser esencialmente un estado-nación. En realidad solo hay dos edificios que importan. El más grande, el más conspicuo y aparentemente impresionante, es el albergue Dutton, una mansión de madera y piedra del río que se avecina. Está diseñado para intimidar por dentro y por fuera, y su decoración, es una mezcla específica de riqueza y occidentalidad estadounidense. Los enemigos más sofocantes y persuasivos de Dutton son a menudo inversionistas de Silicon Valley repugnantes y desalmados. Ese tipo de personas que tienden a preferir techos súperaltos, rigidez moderna, enormes láminas de vidrio y acabados en tonos brillantes y de corte minimalista. Por el contrario, el palacio de los Dutton es un lugar de madera oscura y una chimenea crepitante. Hay cabezas de ciervo en la pared, sillas de cuero con tachuelas de latón y patrones Pendleton. Los Dutton tienen un chef privado, pero también usan sus botas de vaquero dentro de la casa. Además, el nombre del chef es Gator. Es riqueza, de acuerdo, pero se filtra. a través de un prisma de un estilo aceptado. Es obstentación, sí lo es. Empero está bien vista, ya que los Dutton obtienen lo que se supone que es Montana. El villano más puro de la serie es Dan Jenkins (Danny Huston), una caricatura, de un magnate inmobiliario que intenta inundar Montana con condominios y heladerías artesanales. Se lo conoce como un vampiro en la serie, y la palabra se emplea con el vigor odioso, más cercano, a la difamación. Sin embargo, lo único que parece separar a Jenkins de Rainwater y Dutton es que este tiburón está abierto, en caso de éxito, a mercantilizar una visión romántica del país originario. Más desolladora fue la aparición en escena del extraordinario actor, Neal McDonough, como Malcom Beck y su hermano Teal Beck (Terry Serpico). Posiblemente, el adversario más sanguinario al que el clan Dutton tuvieron que presentar batalla. Actualmente, los productores nos han familiarizado, con un nuevo halcón de los negocios oscuros. Nos referimos al nuevo fichaje de esta tercera temporada Roarke Morris (Josh Holloway).

Otro personaje al que le han caído los años, tantas como cirugías faciales se ha marcado, para seguir siendo aquel machote, de otrora tiempos mozos, se marcaba anuncios en paraísos hawaianos de la fresca colonia Davidoff. Holloway, no se arruga y ahí, lo vemos con su peto y gorra de Masey Ferguson, pescando truchas asalmonadas en territorio de Dutton. El extraño se presenta a sí mismo como, uno más del clan familiar vecino, dueño de otro gran rancho en el área de confrontación. Y miren por dónde, que la portentosa Beth iba con su coche pasando por un puente, cuando se da de bruces con el galán de Lost, en una escena muy de femme fatale de época. Ahora, convertido en un ejecutivo voraz, que practica Tai Chi, como lo hacía el ex ministro Rato (actualmente, en el trullo) que se jacta de estar pescando, en un lugar familiar, y esencialmente, por puro divertimento. Beth le ha tomado la matrícula y eso es peor, que una notificación del Estado de Defensa de EE.UU. La otra gran estructura de importancia sostenida en Yellowstone se encuentra en la zona Oeste del rancho de Dutton: el barracón. Ese lugar donde viven todos los peones del rancho. Es estrecho y sencillo, dos o tres habitaciones de espacio habitable, con una cocina, un baño y una habitación donde media docena o más de vaqueros duermen en literas dobles.

La gran barraca está llena de mantas a cuadros, latas de cerveza vacías y alfombras anudadas a mano. Es donde personajes con nombres, ya habituales para el espectador, caso de Lloyd (Forrie J. Smith), Colby (Denim Richards) y Ryan (Ian Bohen) escupen tabaco. Juegan a las cartas se hartan a risas, mientras se beben el Mississippi de Bourbon y cerveza se desmayan antes de levantarse. Un amanecer hermoso en un plano, muy de Sheridan, tambaleándose, en busca del chorro de agua de la manguera. Comienza el día, y de nuevo, el traslado del rebaño a un nuevo prado. Es cuando, la gran cabaña, de curreles se queda vacía y se observan las paredes empapeladas de fotos de mujeres hermosas —no desnudas, ni pornográficas— arrancadas de magazines con estilo. Mujeres castamente invitantes y alegremente sonrientes. Hay obscenidad y rudeza en el barracón, pero es varonil, limpia de escabrosidad  y grosería cutre. Es un lugar difícil, no todos sirven para vivir y trabajar en aquel sudoroso lugar de camaradería. La ideología del barracón es brillantemente pura, simple e implacable. Los tipos urbanos adinerados son remilgados gastados que no valoran las cosas buenas: la suciedad. Vacas, horizontes infinitos y el silencio. Esas personas están menos sudorosas, menos callosas, no son dignas. Y, sin embargo, pasaban los primeros episodios de la primera temporada de Yellowstone con la impresión de que la política del programa estaba extrañamente confusa. Si el barracón es la única forma de vivir, el lujoso albergue de John Dutton es un problema para el alma de Dutton. Lo pringa, no. La buena mugre de un largo día pastoreando ganado, es sudor limpio. La suciedad que asquea en Yellowstone es la de los tratos de acciones clandestinas, el chantaje y las maniobras políticas estatales. Yellowstone lo sabe.

La hija de Dutton, Beth (Kelly Reilly), es la emisaria de la familia en el mundo de las repugnantes corporaciones estadounidenses, pero también es la que dice la verdad de la familia. Incluso mientras trabaja para destruir a los enemigos del rancho, Beth escupe veneno a sus hermanos y resiente a su padre. “Sigamos con la ilusión de que somos una gran familia feliz”, le dice a Dutton en la mesa. “Eso es exactamente lo que es”, dice. “Eso es lo que era”—le corrige. “Ya no sé cómo diablos llamarlo”. Sólo hay un elemento de Yellowstone que actúa como un viento predominante, una voz contraria que interviene ocasionalmente para preguntar si quizás, solo quizás, la forma de vida de John Dutton no es la manifestación física de la grandeza estadounidense. No son solo los gestores y promotores inmobiliarios. También están los fondos buitre de Wall Street  que quieren destruir el rancho de Dutton, luego está Thomas Rainwater (Gil Birmingham), el jefe de la reserva de nativos americanos del programa. Quiere terrenos del rancho Dutton para construir un nuevo casino, pero ese Hotel/complejo de juego, es solo una herramienta para acumular recursos y poder comprar todo el valle. Rainwater quiere devolver la tierra al estado sin vallas, sin ganado y propiedad de nativos que alguna vez fue la nación india. Según las propias jerarquías de valor de Yellowstone, el reclamo de Rainwater sobre la propiedad de la familia debería ser aún más fuerte que el de Dutton: es más antiguo y su uso imaginado de la tierra es aún más honorable, incluso más puro. Yellowstone, la visión del mundo de Dutton gana sobre cualquier otra cosa. Es la base más profunda de la idea de americanidad del programa. También es lo que menos examina Yellowstone. La idea de que ser un vaquero es mejor que cualquier otra cosa es un fundamento que el programa no tiene interés en reconsiderar. Obviamente es una causa perdida; Dutton acepta que bien podría ser la última generación en mantener vivo el rancho. Pero el hecho de que esté amenazado solo arroja su causa a una luz más grande y más trágicamente noble. Sin embargo Dutton lo ignora. Después de que algunas vacas de Yellowstone vagan por las tierras de la reserva y la gente de Rainwater no las devuelve, Dutton le dice: “Si actúas como un ladrón, Thomas, te trataré como a uno”. “¿Cómo puedes estar parado en un rancho del tamaño de Rhode Island y acusarme de robo?”

el jefe Rainwater responde. Dutton no tiene respuesta y Yellowstone tampoco. En cambio, Rainwater es clasificado como otro de los muchos adversarios de Dutton, como una oposición a las cosas que hacen que John Dutton sea quien es, una alteridad a la blancura de Dutton. Yellowstone y John Dutton no tienen una respuesta para Thomas Rainwater porque no hay una, y el hecho de que el programa avance sin abordarlo habla de la vacuidad de su visión estadounidense de manera más potente que cualquiera de los constantes lamentos, sobre si Dutton termina, justificando sus medios, en busca del verdadero fin. La única respuesta que Yellowstone puede reunir es Tate (Brecken Merrill), nieto de Dutton. La madre de Tate es nativa americana y nació en la reserva, y ahora ella y Tate viven con los Dutton en el albergue. Yellowstone plantea la cuestión de la soberanía nativa, pero lo máximo que está dispuesta a hacer es asimilar la identidad nativa en el código moral del programa. Dutton convierte a Tate en el presunto heredero del rancho y le da un caballo para enseñarle las primera máximas sobre la responsabilidad. Pero el episodio se cierra en un momento agradable y sereno cuando John se sienta con Tate cerca de una fogata nocturna, discutiendo la naturaleza de las pesadillas. Yellowstone, como muchos buenos westerns, combina acción enérgica con los paisajes de ensueño de las exuberantes fronteras de Estados Unidos. Sin embargo, en sus subtextos también tiene algunas ideas notables. Para un programa sobre el excepcionalísimo estadounidense, Yellowstone es un mundo increíblemente insular Volvamos al barracón para reinterpretar la cuestión de la virilidad estadounidense.

En la primera temporada había un zagal que vivía en una caravana, con un par de balas perdidas, haciendo metanfetamina y escuchando rap a toda tralla: Jimmy (Jefferson White), el chaval, rubito, de ojos azules, que no tiene familia directa y las drogas pueden acabar con él o quizás un balazo de un adicto en peligro de perderse, en pleno síndrome de abstinencia. El problema de Jimmy se encuentra en un punto sin retorno. Cuando un pariente preocupado le ruega a Dutton que acoja a Jimmy y lo ponga en el buen camino. John Dutton, lo tiene muy claro, primero, envía a Rip a incendiar la caravana cochambrosa, donde residía y a bofetones, como panes, entra directamente en el barracón de Yellowstone. Es un inútil. Lleva los pantalones por debajo de los calzoncillos. No sabe montar a caballo, va con gorra con visera girada hacia atrás, en vez de llevar un sombrero de Cowboy y no tiene empatía con el ganado. Poco a poco, Jimmy aprende a montar, a respetar a sus mayores, a inseminar una vaca y a permanecer sobre un toro y a llevar un sombrero de ala ancha. Para la tercera temporada, todavía es un tonto, pero ha sido aceptado. El tipo de Montana, en el que vivió Jimmy antes era pequeño, empobrecido, holgazán y esperando una limosna de los servicios sociales. Dutton, lo dejó muy claro: el trabajo real y la barraca le otorgan dignidad a Jimmy. Sigue siendo un bobo, por tener buen corazón. Pero un bobo respetable. Tanto que entre la segunda temporada y la tercera se convertirá en un personaje con mucho tirón y una estimable subtrama para el show. De ahí, insistimos, en la gran contradicción de un programa, tan obsesionado con la grandeza. Pero en el fondo, Yellowstone es un programa sobre la ineludible minucia de sentirse resentido y asediado. Ese espíritu es tan poderoso que los miembros del hangar de Yellowstone lo usan en su piel. Un bardo vagabundo llamado Walker (Ryan Bingham), muerto y supuestamente, resucitado, dice que “hay algo malvado en este lugar”. No va muy desencaminado y deberíamos creerle. Sin duda, se avecina una gran confrontación, como debe ser en un espectáculo tan apasionado y tan hermosamente extenso. De ahí que Yellowstone se ve como el verdadero y más auténtico  lugar del mundo. O el mejor de ese canal que va creciendo día a día, Paramount Network. La moneda está en el aire y aquí, Sheridan juega a caballo ganador. Recién finalizada la 3ª temporada y firmada una 4ª. La audiencia no hace más que crecer día a día. Los derechos de exhibición mundial, andan entre Netflix y Hulu. No se preocupen, muy pronto el western con 5G y manzana mordida de Montana en sus hogares. Nota: 7,9

 

 

 

 

The best news series of TV 2018

 

  1. The Terror

 

 

2.Escape at Dannemora

 


 

 

3. Mistery Road

 

 

4. Sharp Objects

 

 

5. Hommecoming

 

 

 

 

6. Patrick Melrose

 

 

 

7. Killing Eve

 

8. Jack Ryan

 

 

9. Yellowstone

 

 

10. The Haunting of Hill House

 

11. Waco

 

 

12. McMafia

13. Trust

 

14. Counterpart

 

 

15. Altered Carbon

 

 

16. The Looming Tower

 

17. A Very English Scandal

 

18. The assassination of Gianni Versace

 

 

 

19. The Marvelous Mrs. Maisel

 

 

 

20. Narcos Mexico

 

 

21.The Little Drummer Girl

 

22. Mr. Inbetween

 

 

 

23. Mosaic

 

 

24. La Tréve

 

25. Black Earth Rising

 

 

26. Seven Seconds

 

 

27. Mayans

 

28. Pose

 

29. Castle Rock

 

 

30. Dietland

 

Waco (2018) 25 años después, la misma sangre

 

El clima político actual de EE.UU, está viviendo un cambio radical en la cultura popular —algo que se percibe— en el sustancioso y adictivo mundo de la ficción. Las películas y los programas de televisión son inevitablemente sopesadas por la actualidad más inmediata. La misma que refleja los acontecimientos más presentes de la más cercana historia contemporánea de Norteamérica. Caso adyacente y que ha trascendido —dada su personalidad— lo tenemos, en el film “The Post”, de Spielberg. Candidata a mejor película, en la última entrega de los Oscars, es un film —claramente— contestatario a la feroz guerra, de la administración Trump, contra los medios de comunicación, especialmente, los escritos. A la luz de esa inclinación natural, no es de extrañar, que la cuestión de cuánto podrá confiar en la nueva administración gubernamental la sociedad estadounidense (dada la fractura entre los críticos y los acólitos) se haya convertido en un tema prominente, a la hora, de afrontar cualquier historia de la mayoría de las obras contemporáneas. Sin embargo, hoy mismo las calles de todos los estados que forman esa gran democracia están diciendo que hay que parar a las armas. Un debate, que a pesar de su actualidad, lleva golpeando a la nación norteamericana desde el final de la IIGM. Partiendo de este preámbulo, la factoría de la todo poderosa Paramount, ha creado, su nuevo canal de TV, Paramount Network. Presentando en pleno invierno y nuevo año; Waco (2018) es una apuesta, por una serie compleja y muy interesante. Hablamos de la historia del sectario líder y su troupe. Así como del triste asedio del Rancho Daviniano, que habitaban, defendido hasta la muerte y armados hasta los dientes, por el jefe espiritual  David Koresh, en 1993. La serie se inicia, con la presentación del personaje dirigente —de la secta davidiana— y el resto de sus protagonistas más importantes. A principios de los 90, la administración Clinton tiene que manejar feos asuntos domésticos de carácter subversivo. Algo así, como el fenómeno antisistema europeo de esta última década en Europa. Muchos fueron los iluminados fanáticos y grupos que sembraron el caos en los EE.UU.

 

 

Atentados y disturbios de primer orden. En Waco, no se pierde la oportunidad de mostrar —en un pequeño cambio de escenario— el sitio de 1992, en Idaho. Donde un grupo supremacista ario, se atrincheró en una atalaya, mostrando una actitud de violenta rebeldía contra todos las legalidades de la administración del gobierno estadounidense. El responsable del equipo de asalto de la ATF, sufrió un sonoro revés. El negociador, un hábil y siempre ejemplar Gary Noesner que interpreta, el inefable Michael Shannon, /99 Homes (2014) Nocturnals Animals (2016) The Shape of wáter (2017)/, todo un invitado de excepción. La ATF, junto al negociador GN, y parte del FBI, se las vio y deseo con el personaje David Koresh y sus prosélitos en la dura y salvaje Texas. Aquel tipo se veía como un auténtico profeta. Vivió con sus seguidores en Monte Carmelo cerca de Waco, Texas. Los adeptos a la causa —su rama davidiana— parecen básicamente gente de buen corazón y algo bobalicones, en apariencia. Es verdad, que todo el mundo es un enigma. Cuando la cámara abre con el primer plano de la cara de David Koresh y sus características gafas de montura metálica—muy propias de un asesino en serie autoestopista— parece ese tipo de hippie enrollado, con toque payés, en su huerto de Formentera; que desprende generosidad y bondad. El David Koresh de Waco está muy lejos de ser un tipo violento y feroz. Con un tono de voz suave, optimista y amabilísimo. Pero en el salón del rancho está el escenario con los instrumentos y ahí el amigo DK se arranca con “My Sharona” de The Knack. Y saca un poderío de estrella del Rock System que te deja absorto. Y es que Taylor Kitsch es un pedazo de actor, como la copa de un pino; True Detective (2015) Normal Heart (2014) o Lone Survivor (2013).

 

A pesar de algunas lagunas que se observan en el guion y la dirección de un par de episodios. Posiblemente, por decisión mayor. Ya que las mismas, si están constatadas en los libros de referencia. Donde se repasa, a fondo, la figura del fanático y magnético DK. El joven Vernon Howell (nombre de pila) se mudó a Waco, Texas, uniéndose a un grupo escindido religioso (el ala más disidente de los Davidianos) llamado los Adventistas del séptimo día. El supuesto profeta y protagonista de toda esta historia; nació el 17 de agosto de 1959 en Houston, Texas. Vernon Howell nunca conoció a su padre, y su madre tenía catorce años, cuando ella dio a luz, entregándole, la criatura, a su abuela, cuando él era solo un bebé de chupete. Cuatro años más tarde, a la edad de ocho años; un año después de que su madre regresara y se casara con un nuevo amante; Howell afirmó que fue violado —en grupo— por una pandilla de niños mayores. Era un estudiante en una clase de escuela primaria para necesidades especiales, donde la intimidación se intensificó hasta el punto, que la violencia sexual estaba a la orden del día. David abandonó la Escuela Secundaria de Garland. A partir de ese momento, trabajó en tareas domésticas y a los veintidós años, tuvo una aventura amorosa con una adolescente de quince años, a la que dejó embarazada. Debido a esta autopercepción de vergüenza, Howell, se declaró a sí mismo: Nacido de Nuevo para unirse a la iglesia de su madre: Los Adventistas del Séptimo Día. El trepa de Howell fue ganando autoridad y finalmente, el liderazgo del grupo, reclamando el poder de la profecía y posteriormente siendo visto como el último profeta del movimiento, Howell cambió su nombre por el de David Koresh, evocando el linaje espiritual que pretendía tener (es decir, él era “descendiente” auténtico y puro).

 

Desde la línea del rey David y se hicieron comparaciones con el pseudomesiánico Ciro el Grande (llamado Kores en la Biblia). En la Iglesia del Séptimo Día, Koresh se enamoró de la hija de un predicador y, mientras rezaba para recibir orientación sobre cómo manejaría estos pecados, abrió su Biblia en Isaías 34:16. “Nadie debería querer a su compañero…” decía, y David se convenció de que esto era una señal de Dios, antes de informarle al padre de la niña que el Señor quería —que tomase— a su hija por esposa. El pastor no estuvo de acuerdo con esta versión del evento y arrojó a David de su congregación y comunidad. En el exilio, Koresh viajó a Waco, Texas, y se unió al culto del rancho Davidiano, una escisión de los Adventistas del Séptimo Día: los Davidianos, allá por 1983. Casi de inmediato, tomó la decisión de tomar el control del grupo y luchó por el poder contra el líder George Roden, hasta que Roden fue encarcelado por matar a otro rival. Waco es una historia escrita por el dueto cinematográfico: John Erick y Drew Dowdle. A partir de los libros de memorias de dos personajes reales:  “Stalling For Time: My Life”  de Gary Noesner  y “Thibodeau’s A Place Called Waco: A Survivor’s Story de David Thibodeau”. Curiosamente, ambos cineastas venían de producciones de terror con presupuestos ajustados: The Poughkeepsie Tapes (2007), Devil (2010), y lo más reciente un drama de acción, con golpe de estado de por medio, No Escape (2015) protagonizado por los actores Owen Wilson y Pierce Brosnan. Obviamente, el paso del terror y la acción al relato ficción televisiva de la historia naciente de los Estados Unidos; es quizás tan grande como el que va del largometraje a series televisivas de grandes eventos señalados. Dado el actual estado de la televisión y su gran capacidad de recursos (además, del apasionado deseo de quienes lo hacen) para competir con lanzamientos teatrales, entretenimiento y el cine. Atrayendo a estrellas reconocibles y ofreciéndoles material potencialmente atractivo para interpretar. Entonces, ya no es una cuestión de darle un impulso anecdótico al estudio. Se está intentado promover las muchas sinergias que comparten, y dando signos, más que evidentes del inminente cambio.

 

El interés de la TV en streaming, por realizar proyectos cinematográficos, se demuestra —claramente— con una relativa restricción en la producción, de términos, en cuanto al propio tamaño de la serie en sí.  Algo, muy parecido a las producciones televisivas británicas; el modelo de los seis episodios. La reivindicación del formato miniserie. Waco aporta una sensación de brevedad, especialmente cuando se compara con los 10 episodios de The X-Files o los 9 de American Crime Story of Versace. Pero es una magnífica producción. Hay tanta televisión a la espera de ser vista, y con múltiples redes, expectantes, por obtener los ojos de los televidentes, en sus productos, que cuando llega el día de su emisión, parece que pedir un compromiso de seis semanas: se atisba como una victoria. Empero el propio producto, Waco, tiene potencial de sobra para ser candidata en los próximos Emmys. A ello, le sumariamos, una cortinilla de presentación muy hermosa, la excelente fotografía de Steven Finestone y una hermosa BSO del compositor de moda, Jeff Russo.  Siguiendo el itinerario del visionado, vemos que los acontecimientos que se están desarrollando son tan horribles que podrían separarse fácilmente de la realidad. Sin embargo, las tres actuaciones están tan bien fundamentadas que mantienen la serie anclada, ofreciendo tres perspectivas diferentes sobre el asedio. Schneider, que ha vivido en el complejo durante años, tiene un interés evidente en mantener las cosas como están. Noesner, a veces, resulta lo más extraño e impolíticamente correcto, que se ha traído para ayudar a resolver el caso. Otro gran personaje es Jacob Vázquez —papel que borda— un veterano John Leguizamo Bloodline (2015) The Infiltrator (2016) y John Wick: Chapter Two (2017). Un agente encubierto de la ATF, que conoce el medio, ya que sabe que hay algo muy raro y perverso, en el complejo. No obstante, siente cierta responsabilidad por las personas, que están adentro, y tan sólo han sido más que amables con él. De ahí la accesibilidad de Vázquez con el clan. Además del conflicto entre los negociadores y los presentadores de cargos: el principal peligro en Waco es entre estadounidenses razonables que simplemente viven de una manera extraña, y un gobierno que no los va a dejar en paz. No se cederá ni un centímetro.

Son consignas que vienen desde muy arriba. No se mencionan —estrictamente— las creencias controvertidas de los Davidianos. La secta había albergado ocurrencias como concursos de resurrección, en los que un candidato a líder desenterró un cadáver y creían que el Armagedón era inminente. Incluso una boda falsa, diseñada para ocultar el hecho de que Koresh engendró un hijo con una niña menor de edad, es retratada con un encanto caprichoso. La niña sonríe dulcemente mientras Koresh toca la marcha nupcial con una guitarra eléctrica. A modo, del gran Slash en el video “November Rain”. Cuando toca la Fender siente el éxtasis de cualquier estrella del Rock. Se lo cree. Es magnífica la secuencia. La humanización íntima de Koresh y sus seguidores se presenta como una defensa pura, una reivindicación de los derechos de los grupos marginales a existir con enormes reservas de armas sin atraer la atención de la ley. Además de los espectadores potenciales, muchas actuaciones sobresalientes vienen a la mente. Paul Sparks, un clásico Made in HBO, The Night of, The Girlfriend Experience (2016) y House of Cards (2013) es Steve Schneider. Para Koresh es su mano derecha. Schneider aporta el mismo tipo de humanidad y fundamento, en un lugar donde campa la alucinación colectiva. El personaje de Schneider es fascinante, pues, estamos ante un profesor de Teología, un tipo, leído y muy viajado. Es curioso ver, como la mayor parte del tiempo, lidia con el estrés del estilo de vida davidiano (especialmente con su mujer, una de las esposas espirituales de Koresh, del cual tiene un hijo) y teniendo la tarea de mantener el complejo unido durante el asedio. Schneider es la duda constante, en más de una ocasión, ha amagado con abandonar a toda la comunidad. Salir de aquel engendro de iluminados o desgraciados abducidos.

Empero, da marcha atrás, pues, hay algo de prestidigitador en el discurso de Koresh que encandila a Schneider, volviendo a ubicarlo en su labor de hilvanador de la crisis interna dentro del rancho, quien muestra la gravedad de la situación que se cierne sobre Schneider en todo momento. Melissa Benoist conocida por interpretar el Supergirl (2015) y Patriots Day (2016). Está fantástica, en el papel, de la esposa de Koresh (lo más cercano a la compañera principal). Rachel, que muestra a su vez la vulnerabilidad de una madre que trata de mantener a sus hijos seguros en una situación extremadamente peligrosa y en el interior la fuerza de esa líder de grupo tratando de aglutinar a todos juntos. A pesar de que su papel se ver reducido de lo que podría haber sido. Shea Whigham (que Scorsese le dio la vida, en Boardwalk Empire, The Wolf of Wall Street y Kong: Skull Island) proporciona la fuente del lado más militarista de las cosas como el agente del FBI Mitch Decker, cuya sombría cosmovisión y dureza en sus metodologías chocan con las de Shannon. Y ese actor Rory Culkin… no puedo evitar el preguntarme, ¿han pasado realmente dieciséis años desde Signs? Me miro, en el espejo y claro que sí. Aporta un sentido de humanidad y comprensión del ya mencionado Thibodeau, a quien vemos unirse al grupo, involucrarse personalmente con los miembros y, finalmente, de algún modo salir vivo del otro lado. En un agradable gesto con las magníficas fuentes, de Noesner y Thibodeau. Cada vez que parece que la narración se inclinará demasiado, a favor de un lado sobre otro, se lanza una nueva finura en la obra. Cuando Koresh amenaza con ser demasiado comprensivos, nos recuerda el hecho de que fue acusado de violación legal.

 

Cuando la ATF o el FBI parecen demasiado heroicos, se nos recuerda que es muy posible que hayan instigado el tiroteo y tapado los detalles para parecer menos incompetentes. Con ese fin, Waco se convierte en una de las series más efectivas de intriga, suspense y acción, en la memoria reciente. No sucumbe a la presión de declarar un héroe o un villano, ni crear una narración que sea clara en términos de quién era responsable. Y, como una advertencia para los débiles de corazón: Waco tampoco corta las esquinas cuando el sitio realmente comienza. Los desacuerdos entre el equipo de negociación del FBI y los defensores de la contundencia llevaron a la desorganización y la indecisión. Después de 51 días, el FBI lanzó un ataque con gas lacrimógeno. En Monte Carmelo ardía todo, mientras las cámaras de las TVs rodaban. Dos años después, Timothy McVeigh colocaba 1800 kilos de explosivos y hacía volar el edificio federal de Oklahoma City. Curiosamente, citando a Waco como evidencia de un gobierno intimidante —cuya nariz— pedía sangre. El tiroteo es salvaje y ensordecedor. Incluidos carros de combate del ejército norteamericano. Dejando cuatro agentes federales muertos y dieciséis heridos, mientras que cinco Davidianos yacían muertos y más heridos, incluido Koresh. Lo que siguió fue una lucha burocrática muy larga, a degüello, entre la ATF, FBI y elementos del ejército. Los davidianos aguantaron cincuenta y un días. Y ahora qué ¿Cuántas pistolas tenían los Davidianos? Algo fallo o fallaba desde el principio. Tampoco se obtiene una gran explicación sobre cómo Koresh apoyó financieramente a todos sus seguidores, que ocupan una gran casa llena de niños. Otro elemento discordante es la historia del líder Koresh viene de la licencia del gurú, para dormir, con mujeres menores de edad, supuestas “novias”, en su opinión. Es una parte de la historia que no está del todo bien desarrollada, siempre, partiendo del excelente material biográfico. Entonces o ahora, tal comportamiento sería profundamente inquietante, si no ilegal, pero estas preocupaciones se plantean brevemente solo para dejarlas de lado. Michelle Jones (Julia Garner) The Americans (2013) Grandma (2015) Ozark (2017) tiene una escena en la que se queja de haber sido obligada a tener relaciones sexuales con Koresh a una edad muy temprana, y ella tuvo a su hijo, como muchas mujeres en el complejo.

 

 

La falta de curiosidad sobre el daño infligido a las mujeres en los alrededores de Koresh representa una oportunidad perdida, y es aún más decepcionante dado que los miembros del elenco, además de Garner. Caso de Melissa Benoist y Andrea Riseborough  de Cocodrilo de Black Mirror (2017) y la muerte de Stalin (2017) son actores hábiles que podrían haber aliviado los dilemas de las mujeres. Decenas estaban dispuestos a morir por Koresh, o arriesgaron sus vidas en el intento de frenar su influencia. Pero a pesar del conato parcialmente exitoso por aclarar las cosas, Waco rara vez ofrece el tipo de profundidad, que haría que el examen de estas poderosas motivaciones sea convincente. Por lo tanto, a aquellos fanáticos de los derechos de armas (La asociación de amigos del rifle&Cia) saciarán una curiosidad puramente mórbida, y seguirán disintiendo de la posición gubernamental. Otros, nos quedaremos pensando, en la figura de aquel simpático mormón (el fallecido Bill Paxton) de la serie de culto de la factoría de HBO, Big Love (2006) y sus perspicaces esposas. Existe como un karma, que no sé muy bien cómo definirlo, en esa extraña interpretación de Taylor Kitsch. Cuando todas las mañanas, inicia el mismo ritual, el chándal y las zapatillas. Y a correr por la pradera, como un runner de fin de semana, con sus hijos. Y volvemos a preguntarnos: ¿qué le pasa por la cabeza y que esconde en esos ausentes ojos tras las gafas metálicas de Psychokiller? Esas jodidas gafas que los hípsters de 2018 las compran como churros. No voy a preguntarle a la vicepresidenta de mi gobierno, ya que es otra fashion victim. Me quedo con la cara de Michael Shannon, ese rostro de poliédrico de tipo duro, que es un poema. Algo así, como el agricultor, que ve la llegada de la tormenta de las tormentas y no va a quedar nada en aquel polvoriento y desvencijado rancho de Monte Carmelo. Posiblemente, tras un segundo visionado, algunos estaremos más contentos de ser ciudadanos europeos y convivir con una ley sobre el uso de armas, con unos cánones de seguridad, relativamente equilibrados. En Waco hay sangre de sobra —que mancha a las mascotas de turno— de los dos partidos; que son la Norteamérica utópica de la libertad. Demócratas y republicanos son cómplices del fascinante espectáculo de delirio, fanatismo y violencia colectiva. 25 años después, la sangre del fantasma de Waco sigue en los corazones de los estadounidenses. Nota: 7,6

Hopper in Gloucester

Edward Hopper's work in Gloucester, Massachusetts and beyond

SOPA DE GANSO

Blog de cine de Jordi Batlle Caminal

El sitio tranquilo

No sé vender mi producto

Diccineario

Cine y palabras

El dolor sí tiene nombre

Vivir con dolor crónico (Neuralgia trigeminal)

Capricho Cinéfilo.

Blog de Fernando Usón Forniés sobre análisis cinematográfico.

IN THE NAME OF CINEMA

El cine es más bello que la vida, no hay atascos ni tiempos muertos. Avanza como un tren atravesando la noche. Hemos nacido para ser felices con nuestro trabajo, haciendo cine.

Observer

People and Trends

Escrito en negro

La vida no es lo que esperabas, nena

Mundo Lumpen

Al filo de la marginalidad y el glamour

CINEBEATS

Confessions of a Cinephile

La mano del extranjero

Blog sobre ficciones del cine, la literatura y el cómic

Tras la última tormenta

Retazos de una vida

Discover Medical London

Find out how one of the world’s greatest cities became an international capital of medicine with our guided walks, tours and events.

rompepaginas.wordpress.com/

Blog de libros young & foolish

Dr. Insermini

Paint It Noir

Doctor Zito

Zitius, Altius, Fortius.