Warrior (2019), “el legado de Bruce Lee.”

 

La última vez que Jonathan Tropper hizo una serie de televisión para Cinemax fue Banshee (2013). Un thriller criminal lleno de acción y violencia extrema —envuelto de un salteado pulp riquísimo— que encaja perfectamente con la calidad de engranaje y aceleración, propia del canal satélite de la poderosa HBO: Cinemax. Series como la mercenaria Strike Back (2011) y el enigmático drama de Quarry (2016); que desgraciadamente fue cancelado al final de su primera temporada son buena muestra del perfil y apuesta de este singular canal de cable. Las tres series irradian un producto pleno de condimentos como; testosterona y un regusto de pequeñas trazas pulp, muy definidos en la génesis personal del estilo de Cinemax. Es obvio, que si lo realizado en el pasado funcionó, ¿por qué no repetir la misma fórmula?  Su showrunner favorito, Mr. Tropper, es el encargado de su nueva serie, Warrior (2019). 50 años después, la visión original del mítico Brece Lee, ha llegado a la televisión gracias a su hija Shannon Lee, al director de “Fast and the Furious” y “True Detective”, Justin Lin. Así como el incondicional apoyo de Mr. Tropper. Directa y contundente como el giro de brazo de Bruce Lee retirándose una gota de sangre. Warrior nos ofrece la mejor colección de golpes del maestro de las artes marciales. Y sí, ahora, se vería reflejado, en la esencia de su legado y no con la mística Kung Fu (1972) con su protagonista, el ya desaparecido, David Carradine.

 

 

El argumento nos cuenta la historia de Ah Sahm, un inmigrante chino (Andrew Koji, “American Gods”) que llega a San Francisco 1878, con una ilusión muy personal, pero cuando sus habilidades de combate salen a la luz, del radar del sindicato del crimen local a través de Wang Chao, interpretado por el hacker LGBT de Banshee (Hoon Lee, Bosch 2015 y Outcast 2017). Ah Sahm, es vendido como un hacha para el Hop Wei, la triada más poderosa de Chinatown y rápidamente, es observado por Young Jin (Jason Tobin, “Jasmine” 2015), quien hará de él su compiche más cercano, generando una química divertida y llena de personalidad, entre ambos. El ambiente va caldeandose en la jolgoriosa “Pequeña China” y la banda rival, el Long Xii, está comenzando a desafiar esa supremacía, mientras que la policía blanca y los políticos responden a un creciente sentimiento antichino en Estados Unidos y las populares guerras de los Tong Wars, en aquel San Francisco inquieto del ferrocarril y grandes obras civiles, tras la locura de la fiebre del oro. Obviamente, Warrior podría haber sido fácilmente una serie de acción directa y un drama de época, uno que se mezcla y prueba sus artes marciales de buena fe con una regularidad sorprendente.

 

Durante los primeros episodios (ocho, vistos de un total de 10, a día de hoy) darían la lectura del atisbo del último renglón aportado, ya que las audiencias son así. Lo dicho, de menos a más y subiendo el share. Las peleas del show —perfectamente coreografiadas— explosionan con regularidad, principalmente para mostrar el brillo arrogante de Ah Sahm (Andrew Koji) y para establecer —quién es quién— en las polvorientas y salvajes calles de San Francisco, en la década de 1870. Por cierto, esas calles con aroma a western/manga son los estudios de Ciudad del Cabo en Sudáfrica, donde se ha llevado a cabo el rodaje, una recreación modélica. También hay otras reyertas, como los combates de los nudillos desnudos favorecidos por la población irlandesa de la ciudad, encabezada por el corrupto Dylan Leary (Dean Jagger), y algunas batallas más sangrientas que involucran instrumentos más afilados, como cuchillos y hachas. Warrior tiene secuencias de lucha que quitan el hipo. No obstante, se propone abordar el racismo y la opresión de los chinos en San Francisco y sus alrededores. La secuencia de apertura del programa hace todo lo posible para ejemplificar los dos lados de sus ambiciones narrativas, poniendo a Ah Sahm —cara a cara— con un trío de trabajadores portuarios que abusan de los inmigrantes chinos cuando llegan a la ciudad. Empero, Ah Sahm no ha llegado a territorio estadounidense solo para lanzar algunos puñetazos y servir, como un machaca más de presa, por una soldada para un jefe del crimen. Está buscando a su querida hermana que fue separada de él en la adolescencia; Mai Ling (Dianne Doan, Vikings 2016 y Good Trouble 2019).

 

 

La dinámica hermano/hermana ayuda a darle cierto peso a la historia de Ah Sahm, ya que conduce directamente a la misteriosa historia de él y de Mai Ling, una que involucra decisiones difíciles tomadas por ambos; que los colocan en lo que parece ser un camino moralmente destructivo. La storyline por la que discurre el pasadizo de Ah Sahm y Mai Ling al continuar caminando por ese sendero inseguro; es parte de lo que hace de Warrior un producto, mucho más interesante, más allá de sus copiosas peleas y los encuentros cada vez más sangrientos por los que probablemente se hará un nombre por sí mismo. Otras subtramas no son tan interesantes desde el principio, pero son prometedoras a pesar de todo. Kieran Bew (DaVinci´s Demons 2013) interpreta al policía ludópata Bill O’Hara, cuyas cicatrices emocionales de la Guerra Civil son más profundas que las físicas y empeoran debido a que su nuevo socio Richard Lee (Tom Weston-Jones, Cooper 2012 y The Terror 2018) es un trasplante nacido en el sur del país. Un personaje que con el paso de los capítulos irá ganando peso. También están representados el lujurioso y corrupto alcalde de la ciudad, Samuel Blake (Christian McKay Grantchester 2014 y Frontier 2016) y su nueva esposa, Penélope (Joanna Vanderham), ya que se encuentran en una posición incómoda, cuando San Francisco está en los albores de una guerra histórica de opio entre los clanes rivales Tong. Koji es un líder encantador que es tan convincente en los segmentos marciales, del mismo modo que lo es durante otros intercambios más acalorados, como aquellos entre él y Mai Ling o con la madame del gineceo local, Ah Toy (Olivia Cheng Arrow 2013 y Marco Polo 2014). En particular, Koji no intenta imitar a Bruce Lee, algo que Shannon Lee dejó muy claro; pues no estaba interesada en ver.

 

Al contrario, Ah Sahm, es un tipo de una confianza muy similar y un sentido del humor equidistante, del que Bruce Lee dio a muchos de sus amigos. Sin embargo, Warrior tiene sus encantos y hay una pseudoestética entre los postmodernos “Peaky Blinders” o los “Gangs of New York”, pasando por algún capítulo surrealista que haría las delicias del maestro Tarantino, en mitad del Oeste de California. Hay alguien en la serie, diría que es Ah Toy, donde en un dialogo con Ah Sahm, le llega a decir “que América es un país de emigrantes.” No es como la China feudal de donde ellos huyen en busca de la libertad. Aunque la realidad sea muy diferente. Toy y Shaw tienen mil razones, para demostrar que ellos, no son peores que los irlandeses o los nórdicos o los eslavos que llegaron a la tierra prometida. Empero, los creadores sacan lo mejor de esta serie cuando se apoyan en la reacción de la humanidad a la corrupción y la injusticia. En un mundo cada vez más enojado que sigue demonizando a las personas por miedo, Warrior, proporciona un reflejo de la épica de mediados del siglo XIX, —en el San Francisco de Chinatown— envuelta de clanes que tienen como reverencia y gran apego idiosincrático, por las artes marciales cuya idea proviene, nada menos, que del maestro de artes marciales más famoso de todos los tiempos, Bruce Lee. BL escribió el tratamiento —de su propio Warrior— para terminar convirtiéndose en este Warrior (2019), ya que hace más de medio siglo, no pudo ver cómo el proyecto llegaba a buen término. Desde el cielo, estamos seguros que se encontrará muy orgulloso de su hija Shannon, y la puesta en marcha de esta estupenda serie. En otras palabras, la serie se pone rápidamente al trabajo de marcar las casillas requeridas demostrando, de que están hechos los sueños de Cinemax. Nota:7,9

 

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