Rich Man, Poor Man (1976)

 

Father Jordache Foto 1

Si les soy sincero, me gusta mucho, por no decir muchísimo la ficción de antaño tanto o casi más, que la actual. Y una de mis razones, esenciales,  es descubrir que ahora —muchas de aquellas series y miniseries— el paso del tiempo les ha dado el grado óptimo de un buen vino. A día de hoy se pueden encontrar un buen puñado de ellas que siguen siendo fantásticas. Además, unas cuantas ya han sido comentadas por estos lares. ¿Qué es lo que nos lleva a apostillar esta aseveración? Su gran factura en todos los apartados y evidentemente, esa vis creativa cuasi visionaria en algunas propuestas. Es el caso de la miniserie que vamos a analizar hoy. Hubo un tiempo, donde la otrora TVE (única e impoluta, apenas tenía competencia y era su segundo canal) se implicó en una propuesta nocturna —alter prime time ochentero— donde se dejaron ver miniseries y series con un denominador común: la madurez. Cuando aludo a la madurez, lo digo en todos los sentidos. Pues, las temáticas que abarcaban es lo que la vida nos deparará más tarde o más temprano: familia, trabajo enfrentamientos, matrimonios, divorcios, celos, riqueza, pobreza, traición o lealtad. La vida y la muerte. El éxito y el fracaso, tan sólo unas décimas de diferencia. Es la época de unos seriales muy bien hechos, caso de Raíces, Eduardo y la Señora Simpson, Capitanes y Reyes, Vientos de Guerra, Shogun y otras muchas más que intentaremos traer a esta sección de la TV Vintage. En este sentido nos adentramos en una producción que tuvo una audiencia tremenda y generó una gran tómbola mediática —entre los corrillos de los mercados— así como en los almuerzos de trabajo de aquella divertida e ingenua época de la transición Made in Spain. Hombre rico, hombre pobre (1976) es la adaptación de novela del prestigioso escritor, Irvin Shaw de origen judío-ruso (autor del libro el baile de los malditos y víctima del Macartismo) que mantuvo un espaciado exilio en Europa. Periodo en donde su abundancia de títulos fue prolija.

Tom in The Room Staff Foto 2

La novela tuvo un itinerario curioso, pues una buena parte de ella se publicó, a modo de pequeñas entregas, en la revista Playboy y terminó convertido en un gran best-seller, allá por 1969. Hasta que la cadena ABC— heredera del espíritu innovador— del gran E. Noble compró los derechos, y, en febrero de 1976 puso a trabajar al prestigioso guionista Dean Riesner (Dirty Harry/1971) y tres directores de un gran prestigio televisivo: David Greene, Bill Bixby y Boris Sagal La novela comprende un período de tiempo entre 1945 a 1965 y gira, en torno a dos hermanos de una familia inmigrante: los Jordache. La adaptación sigue los pasos de los vástagos de la familia Jordache —Rudy el apuesto ganador (Peter Strauss) y el perdedor Tom (Nick Nolte)— hasta mediados de los años 60. La ausencia en la miniserie del personaje de la hermana Gretchen  Jordache— nunca sabremos muy bien porque se eliminó, pero Riesner era mucho Riesner y lo sustituyó por Julie Prescott (Susan Blakely), novia del instituto de Rudy. Hombre rico, hombre pobre pivotaba en un eje central: la disputa entre los hermanos Jordache. Ejecutando el vetusto, aunque no menos efectivo recurso del paralelismo bíblico; la historia de la historias por excelencia, el conflicto entre Caín y Abel. Hijos de un inmigrante alemán rudo y feroz, Axel Jordache (Edward Asner) y su esposa Mary (Dorothy McGuire), quienes dirigen una panadería en estado de Nueva York. Rudy y Tom inicialmente parecen bien avenidos en los primeros días del fin de la IIGM, pero poco a poco, irán tomando nuevos y distantes itinerarios. Rudy va al colegio y  se hace notar, y muy pronto comienza a trabajar para el magnate de los grandes almacenes Duncan Calderwood (Ray Milland). Tom comienza una relación con un ama de casa irlandesa, Clothilde (Fionnula Flanagan), que nos recuerda un poco a ese personaje de la novela de James M. Cain —muy de refilón— pues, el jovenzuelo Tom se enamora de una forma más inocente. Clothilde es la esposa del dueño del taller donde Tom comienza a  trabajar como mecánico aprendiz. El esposo se huele el percal  y en menos de lo que dura un telediario, Tom se queda sin la compañía de Clothilde.

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En este tramo de la serie se observarán algunas secuencias memoriales, en un tono erótico, de alto voltaje para una audiencia más acostumbrada a un material mucho más políticamente correcto del dial; La mujer biónica, Los Walton o el hombre de seis millones de dólares y etc. Tom termina conociendo a Teresa Santoro (Talia Shire, que estaba muy cerca de convertirse en la Sra. Balboa) y decide marcharse a California para hacerse boxeador. Curiosa pareja, Shire ya era una de las grandes tras pasar por “El padrino” de Coppola y Nolte estaba a punto de dar el gran salto a Hollywood. El azar le llevará por un viaje, directo a las aguas más profundas del mundo del boxeo. Las cosas se complican por enésima vez y finalmente sale por piernas, enrolándose en un barco mercante. La aureola de Loser la deja caer con gran mimo el guionista Reisner. Paralelamente, vemos el ascenso Rudy dentro de ese hermoso envoltorio del americano protoKennedyano. Su rostro es la expresión de la decencia del trabajo y el éxito el secreto de la supuesta honorabilidad que huele a Washington. No menos interesante es el viraje de Julie; la novia de toda la vida de Rudy. De su trabajo como voluntaria ayudante de enfermería, en el hospital de veteranos y sus coqueteos con un soldado de color, hasta ese viaje —iniciático y rebelde— a un mundo desconocido y excitante: NY. Explorando su lado más artístico, sexual y aventurero como una actriz, escritora y fotógrafa eventual. Todo ello con los antecedentes del rico y depravado empresario Teddy Boylan (Robert Reed), que encandila con su posición —de gurú— una preintroducción de Julie, en los placeres más sofisticados de los llamados “adultos”. Reisner logró incorporar cuestiones tan prístinas como  “el ojo por ojo” y  el insoportable peso de los remordimientos. Así como la carga punitiva de la interpretación  de los pecados, en un contexto multicultural, dejándonos caer la pregunta; si estos son transferidos por el obcecado y bruto padre hacía sus hijos. Al igual que esa revisión de los daños colaterales del utópico sueño americano, cuando el mismo desaparece del circuito ante su propio fracaso y ruina. Hombre rico, hombre pobre contaba con unas subtramas secundarias de alto calibre, que de algún modo tuvo su recompensa en la interpretaciones de los implicados, unos rodajes donde en más de una ocasión saltaban, algo más que chispas en los face to face entre Strauss, Nolte y Blakely.

Tom in The Ring Foto 4

Mención aparte, es el personaje malvado por excelencia y recordado por todo el mundo. Uno de mayores malos de la historia cinematográfica y el rey de villanos en la historia de TV. Anthony Falconetti (William Smith) tenía ese plus de un físico muy Jack Palance y una mente más perversa que otro gran  malvado de la serie B, Neville Brand. Todavía es recordada con pavor la violación en el barco del amigo de Tom, Ray Dwyer (el actor afroamericano Herbert Jefferson, Jr.) Momento hit de la historia del prime time televisivo. En la lectura del libro hay una descripción mucho más minuciosa del personaje. Todo haya que decirlo que el propio Smith confesó que aquel papel, si bien lo hizo archifamoso, también es verdad que fue su propia cripta. Pues, recibió todo tipo de amenazas de chiflados y los productores veían, en él, la faz de Falconetti, que su auténtico perfil, es decir, el actor William Smith. Un fenómeno digno de tesis doctoral. Hombre Rico, hombre pobre era el tipo de serial que consiguió reunir a un montón de gente, soltándose la lengua para  hablar de los temas más tabús en un tiempo donde muchas heridas aún sangraban: raza, clase, sexo y por encima de todo; la vida. Lo duro que es el camino hacia una felicidad absoluta, pues no existe ese estado perpetuo. Por el mismo itinerario se van perdiendo baluartes y pluses que son irrecuperables. No obstante, la vida es dura y en pocas ocasiones fácil. A pesar de que el mundo se empecine en vendernos los contrario. Y el mensaje de Hombre rico, hombre pobre podía ser incomodo pero no alejado de lo que es el día a día. Obviamente, a nadie le sorprendió todas las nominaciones a los Emmy y los Globos de Oro, ganando 4 premios en ambas. Los Emmy dieron sus estatuillas a la música de Alex North, la dirección de David Greene y a los actores de reparto: Edward Asner y Fionnula Flanagan.

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A todo ello, se sumaba un excelente casting, donde brillaron todos y todas en sus papeles; Andrew Duggan, Berry Kroeger, Bill Bixby, Dick Butkus, Dennis Dugan,  Dorothy McGuire, Ray Milland, Gloria Grahame, Dick Sargent, Dorothy Malone, Craig Stevens, George Maharis, George Wyner, Harvey Jason, Herbert Jefferson Jr., Kim Darby, Lawrence Pressman, Lynda Day, George, Steve Allen, Norman Fell, Talia Shire, Kay Lenz, Murray Hamilton, Mike Evans, Tim McIntire, Robert Reed y Van Johnson. Posteriormente, la ABC tras el empacho de  éxito del fenómeno HRHP, trató de recobrar el meteoro y le encargó una segunda parte de esta historia a Irwin Shaw. El resultado fue un libro de menor calidad, eso sí, convertido en un nuevo best- seller. La adaptación de la nueva historia pecaba de excesivo humus melodramático. A pesar de contar con el mismo guionista. Recogiendo parte del final cerrado de la primera entrega y con notables ausencias. El protagonismo fue para Peter Strauss, que ejercía de nuevo padre de los hijos de Tom y Julie, junto con el psicópata de Falconetti acaba por imponerse como el mayor reclamo de la nueva entrega. Siguiendo el registro de villano rencoroso pero en otro plano menor. Los nuevos actores, se esforzaron por sacar adelante el producto pero muy lejos de la perfección que logró aquellos 12 primeros capítulos. Hombre rico, hombre pobre es una opción para paladares de buen nivel, pues poco tiene que anhelar a más de un producto de HBO. No sería extraño ver un remake por la cadena de TimeWarner en un futuro no muy lejano. El año que viene se cumplirá el 40 aniversario de realización y se habla de una nueva edición exclusiva en formato Blue-Ray, sería una noticia excelente. Hasta ese momento, la miniserie se puede comprar en formato DVD y para los más internautas; la webesfera es otra buena opción. Nota: 8,9

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50 Anniversary of Bewitched

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Mientras caían los primeros copos de nieve en la ciudad, nuestras madres hacían acopio de provisiones ante la inminente llegada de la Navidad. La cocina, el pasillo, la salita de las sillas altas de cerezo y el comedor con su enorme sofá de escay relucían como una patena. El olor a café entremezclado por los detestables efluvios del cloro lejía Conejo, generaba un ambiente inquietante. En más de una ocasión, no dejábamos de preguntarnos por qué demonios, nuestra madre no tenía a alguien que le ayudará por arte de magia en tan sufridas labores domésticas. Empero, la caja catódica anunciaba el alunizaje de un personaje que muy pronto se convertiría en imprescindible durante aquellos años: la mágica Samantha y su respingona nariz, la cual, ejercía  un movimiento psicodélico de un lado a otro y “bye, bye  problems”. Parece que fue ayer pero toda esa generación de pequeños inquietos y absorbentes niños televisivos sabe que Embrujada ya tiene 50 años. Al igual que más de uno de sus seguidores, y el resto de una década posterior que se puso las botas de Nocilla las divertidas tardes con la brujita Samantha. La cadena ABC iba tras una sitcom familiar con un toque fresco de color NTSC y un relativo aroma de ingenuidad. Ese era el concepto. No obstante, las dudas se mantenían. Finalmente, William Asher, esposo de Elizabeth Montgomery (nuestra protagonista, Samantha) y director de la serie se convencieron del producto. Una vez revisado el guion, donde la vieja guerra de sexos terminó funcionando, a ritmo de “abracadabra pata de cabra”. Gracias al ingenio  de  Sol Saks, en  1964. Embrujada era una realidad: la serie fue un pelotazo, en toda regla.

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Lo que —inicialmente— sería una comedia más de situación, terminó convirtiéndose en un fenómeno de masas: audiencias millonarias y emisiones en multitud de países. Embrujada está considerada por la prestigiosa revista TVguide como una de las 100 mejores, colocándola en el puesto número 50. Hay que resaltar la cantidad de nominaciones durante sus 8 temporadas a los Emmys y Globos de Oro de la TV. Un historial que apabulla. Y es que las peripecias del matrimonio Stephens, en su coqueta urbanización de las afueras de Nueva York tenían gancho. Gracias a las especiales habilidades de su protagonista, Samantha (Elizabeth Montgomery, Reflections of Evil, The Panama Deception). Su madre, Endora —Agnes Moorehead— conocida por sus interpretaciones en Ciudadano Kane o La verdadera historia Jesse James. Y su esposo, Darrin Stephens (Dick York, Cowboy, la herencia del viento y Mi hermana Elena) Desde los primeros capítulos, se fue dando entrada a otros personajes, que se convertirían en coprotagonistas: Larry Tate, el jefe de Darrin (David White), los Kravitz, que eran los vecinos de enfrente (George Tobias y Alice Pearce), la atolondrada tía Clara (Marion Lorne) y otros más. Darrin es un ejecutivo de una prestigiosa empresa de publicidad —más incauto que el archiconocido Don Draper—su vida es pulcra y ordenada. Acaba de casarse con la encantadora Samantha. Sin embargo, durante su luna de miel descubre que su esposa es una bruja. Le hace perjurar a su consorte que tendrá un comportamiento de mortal, pero ésta se salta la regla, inconscientemente o por un motivo noble.

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El enfrentamiento a tres bandas; esposa, suegra y trabajo, nos obsequiaba con  un atracón de alquimia adictiva. Los ingredientes básicos en todo buen producto de ficción: divertimento, familiaridad y finales felices. Todo ello, en capítulos de 30 minutos. Dick York, en 1969 por graves problemas de salud fue sustituido por Dick Sargent, algo que no supuso ningún trauma. A pesar de esto, el público siguió identificando a Darrin con York, al que su faceta humorística le convirtió en un tótem  de la diversión. Embrujada, puede que denote un mensaje bonachón algo obsoleto. No obstante, recordar ese almíbar en estas fechas tan entrañables para los más pequeños no viene mal. A veces, lo lenitivo nunca está de sobra. En la década de los 80, Alaska y su mítica La bola de cristal solía intercalarla entre el resto de espacios que se veían por aquel show. También, se repuso en los principios de A3TV, por alguna TV local y canales temáticos. Otro de los grandes aciertos de esta serie era su cortinilla de entrada en pantalla, creada por Hanna-Barbera. Así, como el score compuesto por el dueto, Howard Greenfield y Jack Keller, junto al peculiar movimiento de nariz, hoy en día convertidos en un iconos “retro” del merchandising Made in USA. En 2005, Nicole Kidman protagonizó el remake para la gran pantalla. Un film que recogía el universo de la serie junto al cómico Will Ferrer bajo la dirección de la desaparecida Nora Ephron. El resultado, a pesar del esfuerzo de Miss Kidman fue un producto muy flojo y crédulo de taquilla discreta tirando a baja. El film estuvo nominado en los premios Razzies. Luego, no dejen pasar otros 50 años más y aprovéchense de las nuevas tecnologías para disfrutar en la mejor compañía durante estas inminentes navidades de una serie amable, divertida y muy hecha. Todos los capítulos de las  primeras 4 temporadas se puede adquirir en Amazon V.O. Ah! Siempre queda la gran  opción de las búsquedas por la webesfera. Lo dicho, aprovechen este aniversario y tómense un buen descanso en familia. Nota: 6,3

Artículo publicado en la revista Culturamas en 2013

7 años sin Umbral…

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“El gilipollas por definición lo es de cuerpo entero. Se es gilipollas como se es pícnico, barbero, coronel, sastre, canónigo o notario: de una manera genérica y vocacional” Francisco Umbral (mayo1932-agosto 2007) Madrid

 

Capricho Cinéfilo.

Blog de Fernando Usón Forniés sobre análisis cinematográfico.

IN THE NAME OF CINEMA

El cine es más bello que la vida, no hay atascos ni tiempos muertos. Avanza como un tren atravesando la noche. Hemos nacido para ser felices con nuestro trabajo, haciendo cine.

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