Las mejores series estrenadas en 2016

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1.People Vs O.J.Simpson

 

 

 

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2.  The Night Of (HBO)

 

 

3. Quarry (Cinemax)

 

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4.  The Crown (Netflix)

 

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5.  The Night Manager (BBC)

 

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6.  Rillington Place (BBC)

 

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7.  The Get Down (Netflix)

 

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8.  Harp&Leonard (Sundance Channel)

 

 

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9.  The Girl Experience (Starz)

 

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10.  Channel Zero (Syfy)

 

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Channel Zero (2016) “Creepypasta horror”

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Si somos honestos con la realidad de la ficción actual, diríamos, que el fenómeno zombi de Walking Dead ha arrasado y, de algún modo, ha abierto nuevos senderos —en la nueva ficción norteamericana— del nuevo siglo, por el género terror. Obviamente, uno de los creadores más prolíficos y culpables de este hype/revival por las crónicas sórdidas y las leyendas urbanas; es Ryan Murphy. Eso sí, con permiso del maestro Stephen King. RM es un tipo, de esos, a los que amas o detestas fervorosamente. Empero, la industria audiovisual le debe mucho —ese plus— no es otro; que mucho dinero y gloria. La popularidad, en la solidificación de la serie, por antonomasia y antología: American Horror Story. Archiconocida y famosísima ficción, donde toda una generación de teleadictos ha crecido junto a ella. A partir de su repaso a la historia más escabrosa y oscura de la violenta Norteamérica, por itinerarios, que han hecho mella en el aluvión de nuevas propuestas. Desde los revival 70/80,s con psychokiller fugado de un manicomio. Hasta el fenómeno poltergeist, pasando por las casas encantadas y los salvajes habitantes de esa profunda América  con motosierra en ristre. Los ecos del nuevo terror bizarro Made in UK con Black Mirror en Netflix, el tennager de Scream, en la MTV, FOX y su Scream Queens. Nuevamente, Netflix con sus dos novísimas apuestas; Hemlock Grove/ Strange Things. La hermana pequeña de HBO, Cinemax, con Outcast, de la mano, del rey de los zombis: Robert Kirkman. Y por último, el terror policíaco, en HBO de Pizzolatto y su adictivo, True Detective. Evidentemente, la lista podría ser todo el artículo, pero no me quiero exceder, y terminaría el recorrido, tras la huellas de Noah Hawley con los remakes de Fargo, mitíco film de culto de los hermanos Coen. Desde el fragor  de esta larga  subasta —permítanme el deseo— he sucumbido al canal Syfy (caracterizado por su clara apuesta por la ciencia ficción y por producciones de perfil correcto-pasable) con el tráiler de Channel Zero. Obviamente, el interés que ha suscitado esta historieta de terror virtual, es embelesador. Syfy propone con CZ un buen homenaje al género de horror y el buen suspense de los 80. Su adaptación del conocido creepypasta sobre una serie infantil de televisión de los años 80. La pesadilla de Candle Cove parte de una idea de Kris Straub conocido por su web y actividad en la red social. El guionista Nick Antosca (forjado en Hannibal, Last Resort y The Forest) hace un planteamiento —ad libitum— que no deja indiferente a nadie.

                                                                                                 CHANNEL ZERO: CANDLE COVE -- "You Have To Go Inside" Episode 101 -- Pictured: Paul Schneider as Mike Painter -- (Photo by: Allen Fraser/Syfy)

Y uno se pregunta: ¿qué demonios es Candle Cove?  Pues, eso, una serie de televisión hecha con marionetas —que narraba las aventuras— de un joven pirata que viajaba en su barco junto a sus compañeros, una pandilla de compinches piratas de rasgos infantiles, pero con unos sentimientos muy retorcidos. Y es que, en los foros y rediles del corral social se afirma que varias personas aseguraban haberla visto en televisión en esa época. Un material que provocaba infinidad de pesadillas y terrores nocturnos al recordar algunas de las angustiosas imágenes emitidas durante la serie. Evidentemente, las inquietantes marionetas, son la constante fuente del escenario perturbador y grotesco del show. Pero es lo que hay, es decir, el concepto creepypasta es eso. Tan sencillas, como los chistes más castizos de tradición oral: historias creadas en la webesfera y compartidas por las redes sociales. Un terror que es horrorífico, desde el plano más ingenuo de la vida, en muchos casos con resultados dañinos. El capítulo piloto mostró visos muy prometedores y, finalmente, Syfy ha firmado dos temporadas de 6 episodios, por entrega. Cada una de ellas se centrará en una nueva historia de terror. El protagonista —absoluto— Mike Painter (Paul Schneider visto por Elisabethtown, The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford o Café Society) es la cara que da vida, a la estrella de Channel Zero. Un actor de reparto muy solvente de  mirada penetrante. Painter está obsesionado con un misterioso programa de televisión de los años 80, y, como influyó, en los acotamientos mortales, de un grupo de chavales que vivían en la localidad de Iron Hill (Ohio). Mike Painter ejerce como psicólogo infantil y se ve obligado a volver para investigar lo que realmente pasó en su ciudad; el cómo, cuándo, dónde y el porqué de esas desapariciones y muertes de su hermano gemelo Eddie y junto, a él, cuatro niños más del pueblo, aquel día, de 1988. Todo ello bajo la pretensión de escribir un libro.

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Comenzando a revisar documentación y lugares donde ocurrieron los acontecimientos in situ. El primer conocido con quien topa, es su viejo amigo, de aquella infancia, ahora sheriff de la localidad: Gary (Shaun Benson). Un tipo que, en el fondo, mostrará entusiasmo por el retorno de MP y con los días —cierto agobio— por la idea de sacar todo aquel traumático pasado. La madre de Mike, una de las mejores actrices de la serie, Marla (la irlandesa Fiona Shaw) veterana actriz de reparto de largo recorrido; El Árbol de la vida, Harry Potter o la Dalia Negra. En su reencuentro con Mike, deja muy claras sus intenciones, por no revolver el desgraciado pasado de la muerte del pequeño Eddie. Luego está la esposa de Gary, Jessica (Natalie Brown). La amiga de la infancia de Mike, Amy (Luisa D’Oliveira). Todos susceptibles de dejar, en el baúl del trastero, el tormentoso affaire. En el fondo, la herida sigue abierta, y de algún modo, la vuelta de MP no hace más que entorpecer el proceso de cicatrización. Aunque, en el fondo, nadie de Iron Hill ha olvidado la tragedia de aquellos ochenta. Sin embargo, Mike, no está por la labor de olvidar de inmediato, como aparentemente, parece apostar todo el mundo. Más turbador resulta, observar a Mike iniciar un proceso de regresión, en el cual, se verá de nuevo atrapado en los nudos más espeluznantes del corazón de esta perversa historia. Una conexión repentina cuasi esquizofrénica con los personajes del barco pirata, y en ese estado, vuelve a aparecer su hermano pequeño Eddie (interpretado por Luca Villacis) a través, de unos fascinantes y amenazantes flashbacks. El espectáculo va adquiriendo un tono admirable, aquel de las viejas películas de serie B, ochenteras, como aquellas adaptaciones del siempre alucinante Stephen King en los “Los chicos del maíz”. Los sustos son de consideración, y el horror online, de la leyenda urbana va sigilosamente entrando por la rejilla del ordenador, hasta la pantalla. Syfy ha tocado una tecla, donde los propios mitos, miedos y horrores de una generación se revuelven en un ambiente de absoluta angustia y desconcierto. Otros elementos destacables del show, es la inquietante y lacónica BSO, de la mano, del compositor musical de moda en la pequeña pantalla, de este S.XXI, Jeff Russo. La exquisita fotografía de Noah Greenberg —con un gusto cartesiano— por el encuadre y la iluminación que recuerda tanto a las producciones basadas en las novelas del maestro S.King.

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En medio del caos del silente medio oeste del cinturón agrícola de la América sin final. Channel Zero ejecuta un material sólido y espeluznante de una leyenda urbana esquizofrénica. La criatura principal —encaja perfectamente con el insólito monstruito— que se convierte en el combustible vital de toda esta surrealista y angustiosa pesadilla. A pesar de algunos finales de la evolución del juego carezcan de mayor recorrido imaginativo. Luego, Channel Zero consigue, el beneficio de la duda, en esa enésima reinterpretación de las pulsiones de los títeres/asesinos del mal, donde los niños se convierten en cómplices absolutos, de cualquier programa de televisión o una película de las últimas décadas. Los peros, son demasiados y la legión de detractores todavía mayor. No obstante, el esqueleto emocional es admirable, y a la vez, muy bueno de relatar. Una historia sutilmente calculada, en los miedos de la infancia, y una gama de sustos de la vieja escuela, capaces de ser uno de los alicientes ,tras estos últimos días del pasado Halloween. Y es que, “la edad adulta es sólo una máscara, una careta sofisticada, seguro,” esputa Mike en el episodio piloto. La misma que se convierte en su vaso de leche nocturno y convive detrás de él, y a los mismos niños que desaparecieron. “No es la primera de su tipo, y el Señor sabe que no será la última. Pero detrás de él, todos somos los niños que estábamos allí” Ese es el mismo punto, donde Stephen King afirma que el horror es parte de un período en el tiempo, que coincide, con episodios de desequilibrios económicos y políticos; los libros y películas parecen reflejar esas desazones que flotan libremente –a falta de un mejor término– que acompañan esos espacios de tensión, graves pero no mortales”. Channel Zero no es más que un mensaje más, de entre las millones, de historias espeluznantes que se transmiten, como viejas historias terroríficas, y seguirá siendo así, a lo largo de la historia.  Algo así como, el déjà vu de Mike, que se convierte en pura niebla mental. El viaje de 1998 a 2016 es difícil de digerir. Aunque, no estamos seguros, si esos destellos de imágenes, en su cabeza, son alucinaciones, memorias basadas en realidad o cosas que, realmente, le están pasando a él en su devenir diario. Hay algo en esa atmósfera que, el propio Mike Painter, guarda y amaga. Al igual que el irrepetible e inquietante Norman Bates (la sombra de la sospecha de su implicación es obvia), y sólo la atmosfera de Candle Cove podrá dar las señales a la incógnita de la fantasía y el mal. En el fondo, no hay nada mejor que un empacho de televisión, claro que no está de menos observar a los niños que hacen con el mando. Lo dicho, un vaso de leche y felices sueños o pesadillas… Nota: 7,1

The best 10 movies of 2015

 

  1. The Revenant

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2. Beasts of no Nation

 

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3.  Ex Machina

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4. Mad Max “Fury Road”

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5. Slow West

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6. Creed

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7. Pasolini

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8. The Hateful 8

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9. Carol

 

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10.  45 Years

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The Man in the High Castle (2015)

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La obra del maestro Philip K. Dick es apasionante, compleja y deudora directa de los mayores genios del género de la ciencia ficción: Wells, Asimov, Arthur C. Clark, Bradbury, Bioy Casares y Borges. Un tipo sagaz, irónico y sutil. Evidentemente, PKD, se consagró con un libro que le marcó el devenir del resto de su ingente obra: The Man in the High Castle, que en su momento, se alzó con el premio Hugo (elmayor galardón del a Sci-fi de los EE.UU). Bueno, pues, como diría el más pintao; cosas de la vida —que suelen ocurrir— para bien o para mal. La cuestión es que el interesantísimo libro de TMITH ha sido llevado a la gran pantalla. ¿Por qué no aprovechar esta fascinante obra para que el gigante de Seattle haya decidido llevar TMITHC al cable del streaming? Y lo más curioso, ha sido el público —que compra en Amazon— quien ha dado su visto bueno a esta magnífica propuesta televisiva. Bien, para aquellos más neófitos con el género o la obra de Philip K. Dick, se harán la siguiente pregunta: ¿De qué va esta historia? Nos encontramos en un mundo muy diferente al que conocemos, actualmente. Estamos en 1962 y la Alemania Nazi de Hitler ha ganado la guerra con el reino de Japón. En 1947, se toma la decisión de dividir los Estados Unidos de América. New York tiene un gobierno alemán y San Francisco otro japonés. Únicamente los estados paralelos a las Montañas Rocosas forman una zona neutral, entre las dos superpotencias reinantes, en el planeta tierra. Los Nazis ya estaban en la luna y Marte. Toda la tecnología es mucho más avanzada de lo que era, en la realidad alternativa, de aquel momento. Un joven llamado Luke Kleintank se ofrece a la resistencia en una fábrica metalúrgica —cuyo gerente— es uno de los cabecillas del movimiento opositor a los opresores nazis. Aquí comienza una historia fascinante de 60 minutos, donde Luke Kleintank (Joe Blake, CSI. Miami, Bones y Person of Interest) conducirá un camión repleto de máquinas de café hacia la zona neutral. Ahora, habría que decir aquella frase de culto del sarcástico PKD, ¿Saben cuál es la verdadera base del poder político? No las armas ni las tropas, sino la habilidad de hacer que los demás hagan lo que uno desea que hagan. Amazon ha metido un gol por escuadra —de esos, que últimamente no se brinda, a bordar— el portugués cebado de botas de oro. Cuando todo este asunto pendía de un hilo —ya que toda negociación es dinero y el dinero es política, así como ésta; es dialéctica— ya que todo se daba por hecho con la  BBC  que la convertiría en una miniserie. Nuevamente otro ¿Por qué? Muy fácil; porque el nombre de Sir Ridley Scott y su productora Scott Free es dueña de cientos de libros memorables, y, muchos de ellos innumerables bestsellers.

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En un principio, el balón lo tenía SyFy, con Frank Spotnitz (uno de los grandes escritores de guiones de Sci-fi, ya lo demostró en expediente-X) con la condición de que el productor fuera Sir Ridley. Al final, los dineros ordenan y la todopoderosa Amazon está haciendo las cosas muy bien. Transparent, Bosch, Hand of Good, Mozart in The Jungle y esperando a Woody Allen. La cuestión que tenemos una primera temporada de 10 episodios. Empero ataron los últimos cabos y se rodó el episodio piloto. La dirección artística es original, muy auténtica, claro está que, habrá quien pueda discrepar y la verá un tanto extraña. Pues, la magia del libro pesa mucho sobre el cuerpo audiovisual. Al igual que Blade Runner, Total Recall o Paycheck, y otras pelis inspiradas en relatos o historias, del genio de Illinois acaban por tener una factura maravillosa. El alma de  Dick está en la historia y las imágenes. Observamos un mundo totalitario hecho pedazos. La atmosfera es asfixiante y opresiva. Algunos de los protagonista/antagonistas del libro original han sido eliminados y modificados ad libitum. La protagonista/heroína de la  historia es Juliana Crain (Alexa Davalos, Furia de titanes, Mob City o las crónicas de Riddick), una joven que estudia Aikido en San Francisco. Su hermana queda una noche con ella y le enseña un misterioso carrete de película. Inmediatamente, su hermana es ejecutada por los soldados japoneses que le iban persiguiendo. Evidentemente, la hermana de Juliana estaba involucrada en la resistencia y el carrete contiene una película —que tiene unas imágenes— importantísimas para ellos. Decidida en tomar parte por la causa y que el sacrificio de su hermana no sea en balde. Juliana Crain le dice a su novio Frank Frink (Rupert Evans, Ágora, The Village y Hellboy) que le ha pasado y lo que tiene entre manos. Se  dirigirá a la Zona Neutral de Colorado para entregar el misterioso paquete. Una gran cantidad del libro de Dick, curiosamente, se trata de la antigua empresa subterránea que falsifica piezas Made in USA 100% (desde pistolas de la Guerra civil a relojes de Mickey Mouse) a fin de venderlos a coleccionistas japoneses hambrientos de la cultura tradicional norteamericana. Uno de los personajes —que está fantástico— es el del malvado Obergruppenführer, John Smith (Rufus Seyer, un general de la SS) que se dedica a espiar y hostigar a la resistencia americana.

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La película, hecha por una cifra misteriosa conocida, como el Hombre en el castillo High, representa un mundo donde eran los aliados los ganadores de esta contienda, que acabó con el III Reich y el Japón Imperial. Es una de las típicas vanidades de PKD: Dentro de un trabajo de la historia alterna, la propia historia se hace la ficción. Un episodio que desprende magnetismo, en su más irresistible tensión, el affaire de las relaciones políticas, entre Alemania y Japón pasa un momento tenso y receloso. La única cosa, mucho peor, que la ocupación, se hace el campo de batalla para inquilinos rivales; que considerablemente levanta, las ya mas que, enervadas por el propio devenir de la historia. Mientras que el cineasta James Hawkinson (uno de los directores de Hannibal, en NBC) da todo un recital de dirección. A pesar de algunas limitaciones, muy obvias, con el presupuesto. No hace mella en el resultado final. En otras palabras, la falsa novela en una novela es realmente realidad. En la serie de televisión se reemplaza por detalles puntuales, que acaban por deformar, y también, por generar mayor adicción al producto de Spotnitz. Ese juego, entre el espionaje y quién es quién, con el carrete de película que Juliana parece darle una imagen de contrabandista (y así, resulta que Joe no es ese chico tan valiente y honesto que creemos ver). En el fondo es un pequeño bucle de metraje de una vieja película, de la actualidad, más reciente, donde se muestra a los norteamericanos ganar la guerra. Aunque este MacGuffin sirve más o menos el mismo propósito (y de una manera mucho más visual), la serie de televisión todavía no tiene el mismo ambiente existencial que la novela de papel. ¿Pero qué libro o novela llevada a la gran pantalla no lo pierde o lo gana? También, observamos una maniobra no muy limpia por parte de Joe Blake, a través de una importante llamada telefónica. De momento el capítulo piloto de 1 hora exacta se ha hecho un trabajo impresionante de la construcción del mundo Philipkadiano. En breve veremos el resto de episodios desfilar de un tirón, ya que el método de emisión por parte Amazon Studios es idéntico al de Netflix; todo el menú en una sola comida. Algo que el crítico/escritor y buen amigo: el malagueño, JF Ferre, uno de los grandes conocedores del mundo Philipkadiano, y la gran obra de K. Dick, agradecerá, y de paso le felicitamos, por su nueva novela; El rey del juego  Ed. Anagrama. Por el momento, para ir abriendo boca, el piloto es un trozo de fragmento narrativo del magnífico libro de PKD. Estaremos muy pendientes de Amazon Studios y sus movimientos, ya que está siendo una de las grandes sorpresas de este último lustro. La apuesta por una ficción de gran calidad creativa. Nota: 8,1

61 Anniversary of Alan Moore

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“La vida no se divide en géneros. Es una horrible, romántica, trágica y cómica novela de ciencia ficción de detectives. Ya sabes, con un poco de pornografía, si tienes suerte” (Alan Moore) 18-XI-1953/UK

 

After 40 years The Six Million Dollar Man/1974

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The Six Million Dollar Man fue una de las series de drama con más acción e inercia adictiva de la TV de los 70. Un producto, que estaba empapado en su matriz—la novela de Sci-fi— Cyborg de Martin Caidin y adaptada por Kenneth Johnson (La masa, V y etc.) A mediados de 1978 los directivos del canal CBS la fulminaron. A pesar de su exitosa carrera —cinco temporadas y cuatro películas—, adaptadas a la gran pantalla. TSMDM era un excelente entretenimiento. El espectáculo narraba las hazañas del piloto de pruebas y astronauta de la NASA, Coronel Steve Austin (Lee Majors) que tras un trágico accidente pierde sus dos piernas, el brazo derecho y la visión del ojo izquierdo. Un conglomerado científico secreto denominado, OSI trabaja en un proyecto llamado Bionica. Lugar donde su gurú; el Dr. Rudy Wells (Martin E. Brooks) propone su proyecto de injertos —cosecha propia— de última tecnología. Aprovechando la situación clínica de Steve Austin llevan a cabo, una intervención quirúrgica donde se le reemplazan los órganos amputados por esas prótesis futuristas valoradas en 6 millones de dólares.

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Estos implantes le dan una fuerza descomunal, así como un poder de visión propia de un superhéroe. Como recompensa moral de Austin por la atención recibida y el pago de los elevadísimos implantes; acaba reciclándose en un  agente secreto para la OSI. Enfrentándose a todo tipo de adversarios, en arriesgadas misiones. Todo ello, bajo la atenta mirada del siempre vigilante, Oscar Goldman (Richard Anderson)— Un agente gubernamental con sede en Washington, que es el director de OSI—, el cual, le planifica las misiones de cada semana. Desde reemplazos robóticos en plena Guerra Fría de los 70, a ajustes de cuentas con espías telepáticos y magnates del crimen, o peleas de vértigo, con un aterrador Cybord estilo Alien/hombre las nieves. Lee Majors se convirtió de la noche a la mañana, en un sexsymbol de los 70. Donde el poliéster ajustado era la marca de la casa. Así, como el pecho legionario, mostrando su abundante vello. ¿Quién no se acuerda de sus espectaculares saltos dónde el pantaca de campana aleteaba y dejaba extasiado al personal? Hoy en día, los fashion victim lo hubieran triturado. Gracias a este programa, se convirtió en un reclamo para el merchandising de juguetería de héroes desmontables.

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Haciéndole sombra —y de qué manera— al mismísimo Roger Moore, por la gracia de su ceja levantada. Sin apenas pestañear. El actor era un verdadero pedazo de América y escondía los iconos de la América que salva al mundo: sus barras y estrellas. Tal fue su éxito, que al final de la primera temporada, que enseguida apareció el spin-off protagonizado por la prometida de SA, Jaime Sommers (Lindsay Wagner) “la mujer biónica”. Otro gran éxito que contaba con una técnica de reenganche de la audiencia, multipublicitando una serie en la otra. La cuestión es que Lee Majors estaba en la cúspide y no tardó en casarse con el Angel de Charlie rubio, más querido del mundo: Farrah Fawcett, con quien tuvo a su hijo Lee Majors Jr. Otro de los señuelos de esta serie era su emblemático tema musical obra de Oliver Nelson y la cantidad de secundarios famosos, por otras series y películas posteriores. Caso de William Shatner o el siempre bizarro John Saxon. Así como un montón de conocidos de la época y viejas glorias. Desde la propia, Farrah Fawcett a Stephanie Powers, Dick Van Patten, Robert Loggia, Louis Gossett Jr. o la mítica Elke Sommer.

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El show tenía ciertas alegorías al número de judíos exterminados en los campos de concentración nazis o la denuncia de la dictadura brasileña del 64. El hombre de los seis millones de dólares introdujo elementos muy novedosos,  tanto en el desarrollo de los FX, como la profundidad de cargas existencialistas entre la máquina y lo humano”. Quién mejora a quién y el sobreesfuerzo  mental del ser humano…La memoria del pasado puede tener resultados trágicos, o espectaculares cuando la robótica nos conduce  a un camino alejado de la heroica y sí más cercano, a una depresión severa, llena de rabia incontrolada. Se especula con la reaparición del mítico título para 2016 con Mark Wahlberg como nuevo protagonista y en 3D.  Lo dicho, no esperen 40 años para poder disfrutar de una serie de culto. Porque el DVD y las nuevas tecnologías nos lo ponen fácil.

Edgar G. Ulmer 110 aniversario

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“Realmente estoy buscando la absolución a todas las cosas que hecho por culpa del dinero” (17 Sept 1904  Olomouc-República Checa /30 Sept 1972 L.A./USA)

 

The Leftovers; el Postapocalypse

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The Leftovers es la nueva apuesta del decano y espectacular canal de cable, HBO—mágicas oficinas neoyorquinas del grupo Time Warner—que ha hecho de la TV, un lugar de obligada peregrinación al mando a distancia y el pago por visión. Mucho ha llovido desde las obras maestras Made in 11S; The Sopranos, The Wire y Six Feet Under. Hablando de este último producto—bajo mi punto de vista, una de las cinco mejores series de la historia de la TV contemporánea—parece ser que la cúpula directiva ha decidido explorar nuevos territorios, partiendo de una absoluta y determinante premisa: la muerte. Magistralmente, creada, por el  Sr. Ball. Y nos preguntamos: ¿Cómo somos capaces de gestionar la pérdida de los seres queridos cuándo desaparecen? Difícil respuesta. Más aún, si abrimos uno de los clips promocionales del canal, y escuchamos —muy atentos— los créditos dónde se anuncian a bombo y platillo: “Del co-creador de  la aclamada serie que batió records en la TV del S.XXI, Lost —Damon Lindelof— llega con un nuevo espectáculo sobre las almas perdidas”. Un drama, en torno, a la desesperación del ser humano. Un combate en el cuadrilátero de la vida contra eso llamado angustia, dolor y pérdida. The Leftovers es la serie que  lleva emitidos siete capítulos, en la parrilla veraniega del susodicho canal, con la vista puesta, en fidelizar a una audiencia con este nuevo producto. El termino Leftovers, a groso modo, significa sobras. O sea, lo prescindible, desecho o desposeído. Dentro del contexto puramente literario, la novela —alma mater— original del escritor Tom Perrota se publicó en España bajo el título “La ascensión”, sí ya sé que les parecerá chocante. Pero ese concepto cuasi místico y teológico impregna la historia, trasladada al contexto audiovisual letra a letra. Tom Perrota, se ha convertido en un escritor y guionista de prestigio con dos libros: Election y Juego de niños. Ambas convertidas en film maravillosos. La primera una fue una comedia ácida y llena de mala baba, que nos descubrió a uno de los nuevos cineastas del club recuperador de la nueva comedia norteamericana de finales del XX/principios del XXI; Alexander Payne. La segunda, un drama de historias entrecruzadas, que fue dirigida por otro director de culto: bizarro y minimalista, tras la cámara: Todd Field. Aquí, T. Perrota debutó junto a Field como, coguionista. Hago este inciso, (para todos aquellos que duden de la solvencia del creador y coguionista del producto que estamos tratando en esta crítica), con la finalidad de dejar bien clara la personalidad de los creadores: Tom Perrota y el guionista Damon Lindelof (Lost, Fringe o Prometheus).

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Bien, llegados a este punto, comencemos a desgranar el material que va a ser humus de primera, el cual, terminará solidificándose, como nuevo celuloide Made in HBO. Empezando por el giro copernicano del bostoniano y su nueva novela. Un libro que parte desde  un contexto entre la  ciencia ficción postmoderna y el drama social más contemporáneo una década después del 11S. The Leftovers es la historia de una ciudad llamada Mapleton, donde el 14 de Octubre del año 2008/2009 —en apenas segundos— millones de personas de todo el mundo desaparecen por arte de magia. Por no decir que se esfuman, a modo, de tornados —idénticos a los vistos en TV por la zona del corredor al Golfo de México—con una boca, directa al cielo. Seres humanos que no mueren en el sentido—más estrictamente— biológico de la concepción, sino que desaparecen, sin dejar ningún rastro. Entre los desaparecidos —una voz en off, se erige en la narración omnisciente— personajes mediáticos de todos los patios; Jennifer López, el Papa Benedicto XVI, Adam Sandler, Vladimir Putin y un tirano latinoamericano, cuyo nombre no nos es revelado. Bien, tres años después de lo acuñado como la “Partida Repentina” (concepto, medioempanado de los versículos del antiguo testamento 1 Tesalonicenses 4:15-17), y, que, en contra de la profecía bíblica, parece haber afectado a todas las religiones y edades por igual: cristianos, budistas, mahometanos, ateos, viejos, niños, gente buena o malvada, desaparecieron todos, sin distinción ni razón de ser. Aquí, Perrota se nos columpia con una de la epístolas de San Pablo para explicar la tesis del rapto; también conocida como el arrebatamiento. Es básicamente, la idea de que Cristo vendrá de forma invisible, para levantar su iglesia en el cielo, para no sufrir la gran tribulación de 7 años, que creen encontrar en las profecías bíblicas. Todo ello, servido entre dosis de un absurdo fanatismo y solapadamente, con un suflé cáustico, que se observan en todos esos movimientos milenaristas. Entre los que se encuentran los cristianos dispensacionalistas: Tim LaHaye y Jerry Jenkins.

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Una vuelta de tuerca, desde un plano laico y sátiro a la popular serie de libros Dejados atrás, que dentro de unos meses estrenará la película basada en la adaptación de este superventas, con Nicholas Cage de protagonista. En fin, tampoco quieran buscarle la quinta pata al gato, pues Perrota no es Lutero ni mucho menos, Heidegger explicándonos el catecismo de San Pablo o haciendo una disertación sobre la fenomenología. Luego, ¿Quiénes son los The Leftovers nos volvemos a preguntar? ¿los ascendidos o aspirados por ese rapto divino? No. Siguen siendo  los restantes o  sobrantes que sobrellevan el remordimiento de ese fatídico acontecimiento en Octubre del 2008/09. Utilizando la asepsia; el desguace del caos en un Carpe diem. Apenas un año después del extraño y espeluznante suceso de la desaparición de todos esos humanos por el planeta, aparece una especie de secta nueva: los ‘Guilty Remnant’ (los Vestigios Culpables). Imitando el voto de silencio de los monjes cartujos, visten ropas blancas y viven de forma bastante espartana. Otra cosa que los hace peculiares, es que están a todas horas fumando cigarrillos, cuando se hallan en presencia de otras personas. Su misión es reclutar nuevos practicantes de su culto y esperar el fin del mundo. En espera de la llegada de ese final; el grupo se dedica a la vigilancia de los pecados, distribuyéndose en parejas de guardianes que simplemente siguen y miran fijamente a ciudadanos normales, mientras sostienen un cigarrillo encendido, siempre en silencio. Y no digo más porque el libro está bien escrito. No me ha aburrido. Otra cosa son las dudas de su traslación al medio audiovisual. Es decir, la adaptación al medio televisivo tendría que ser impecable. Pues, miren por dónde, que lo es: plano a plano. Peter Berg (sin ser la octava maravilla de la dirección y además, firma como productor ejecutivo) filma las escaletas de Perrota y Lindelof, al pie de la letra. Dejando muy claro, que la familia Garvey son los protagonistas absolutos de la serie. Ellos no perdieron a ninguno de sus miembros el 14 de octubre, pero sus consecuencias resultaron ser dramáticas para todos ellos. El padre, Kevin Garvey (Justin Theroux) asumió el puesto de  jefe de la policía tras un incidente, en el que hubo un allanamiento del cuartel general de los Vestigios Culpables y mató a uno de ellos. Tiene pesadillas en las que él, intenta torturarlos o  prenderles fuego.

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La amenaza real e imaginaria de esos demonios; le abocan al alcohol y la paranoia. Sale a correr por las mañanas o de noche y topa con un hombre calvo, que conduce una camioneta, Dean (Michael Gaston), el cual, mata a los perros callejeros que se encuentra por las calles del pueblo con un rifle de caza. Laurie, (Amy Brenneman) como  la esposa de Kevin, quien decide renunciar  a la vida cómoda y placentera que tenía al lado de su marido, tras la marcha de su hijo y su bajo estado anímico (un bajón en la relación marital) convirtiéndose en miembro de los Vestigios culpables. Jill, la hija de Kevin (Margaret Qualley) está en la edad de la rebeldía adolescente. Perdida en una nube de apatía con su amiga Aimee (Emily Meade). Después está Tom (Chris Zylka), el hijo de Kevin que se unió a un grupo alternativo “The Healing Hugs” que lo dirige una especie de predicador—estilo evangelista secta zen— liderado por Wayne (Paterson Joseph). Meg Abbott (Liv Tyler), una mujer con serias dudas al respecto de su inminente boda, la cual, acabará ingresando en la secta de los VC. Después está Senior Garvey (Scott Glenn), padre de Kevin que vive fuera de la realidad, ingresado en una residencia psiquiátrica; Charlie y Max Carver son (Scott y Adam Frost, hermanos gemelos), amigos de Jill y Aimee. Christine (Annie Q), interpreta a una seguidora del grupo de Wayne, en plan groupi, que termina metiendo en un lío a Tom por los intereses sexuales de su gurú. Patti (Ann Dowd), es  una de las  líderes mayores de los  VC. Lucy Warburton (Amanda Warren) es la alcaldesa del condado, muy cercana a Kevin Garvey. Nora Durst (Carrie Coon) es una abogada de una importante empresa de seguros de vida. Ésta, perdió a toda su familia en “La Partida”. Por último, tenemos al reverendo Matt Jamison (Christopher Eccleston), dedicado en cuerpo y alma a probar, que las personas desaparecidas no eran almas puras. Todos ellos compartían secretos espurios. Nuevamente, el elemento del pecado bajo una visión muy Alighieriana de la montaña hacia el purgatorio. Entre secuencias apoyadas en el surrealismo.

Lolitas Foto 5

 

Naturalmente, el traumático acontecimiento ha cambiado las vidas de todos en Mapleton y les conduce a un cierto grado de introspección. En este sentido, Perrotta se la juega, pues no es un tema que atraiga a muchos lectores; más bien, diría uno, que los ahuyenta. El hecho de que la catástrofe no quede explicada (hay algunas nebulosas referencias al 11 de septiembre de 2001 y al tsunami del océano Índico) puede hacer pensar al lector que en realidad la Partida Repentina viene a ser una excusa para que Perrotta y Lindelof investigue las reacciones del comportamiento humano, ante la tragedia y el dolor como respuesta a la pérdida de los seres queridos. Mientras que algunas personas han buscado el retorno a una especie de normalidad, para otras no es ni fácil ni factible. TP&DL, centran este dilema en  muchos de los personajes que se ven implicados en la pérdida vital, en el caso de Nora Durst. Un personaje, que a medida que los capítulos avanzan crea más expectación. Su esposo y los dos niños desaparecieron, aquel 14 de octubre mientras cenaban. Tras una noche en la que baila con ella en un evento social —una estrategia para recuperar algo de normalidad—, Kevin trata de acercarse a Nora  (incluso hacen realizan una escapada a Florida), pero es ella la que decide que, puesto que no puede rehacer su vida. Optando por  una reinvención, hasta que un fortuito hallazgo lo cambiará todo. A todo lo anterior hay que añadir la tensión y el enigma, en torno a un par de asesinatos de miembros de los Vestigios Culpables. Una lapidación misteriosa acaba con la vida de una de sus más carismáticas integrantes Gladys (Marceline Hugot). Pese a que la narración nos da suficientes pistas sobre  este affaire: el caso no queda aclarado.

Meg&Laurie Foto 6

La implicación de Laurie en los entresijos del culto también añade sus buenas dosis de misterio. En el fondo, no es más que miedo a la sempiterna historia de la soledad, magistralmente narrada por Defoe en su Crusoe. Y ahora nos preguntamos: ¿Estamos ante  una obra maestra de la Sci-fi postmoderna de la nueva década, tras el Trhiller True Detective o es tan sólo un nuevo ejemplo más, del deambulatorio embrutecedor del determinismo colonial de la cultura pop para elevar celuloide new age y petardeo bobalicón del movimiento Art Pop TV? No sé cuál es la respuesta. Sinceramente, no la tengo. Puede que todo resida en la fe, o mucho mejor, en la razón del XVIII y el XIX. De la necesidad de releer a Bacon, Descartes, Nietzsche, Derrida o a Deleuze, para entender este nuevo hibrido entre Lost y Six Feet Under, y sus constantes referencias útiles del concepto new art de la literatura, cine, TV y nuevos entornos culturares; redes sociales y revolución tecnológica. Con todo, hay algo en The Leftovers que me ha parecido flácido, engañoso y algo pretencioso. Si el mensaje que Perrotta pretende transmitir; es que el ser humano no puede (ni debe) confiar, en que formas o estructuras externas (la religión organizada es el caso más obvio: cuando la secta se convierte en resquicio mafioso y por ende, una reafirmación del nazismo puro y duro). Obviamente, su reclamo es complejo y también inquietante.  No quiero extenderme más porque podría adelantarles el final del libro, que va a ser el mismo de la serie. Sigo echando de menos una mayor profundización  en las desazones y congojas de los afectados por el dolor. Es muy difícil desmenuzar o buscar la lectura del corazón  tras una experiencia traumática; donde el individuo lucha todos los días con sus demonios interiores, haciéndose preguntas que no tienen respuesta, tratando de exprimirle algo de sentido al sinsentido.

 

Holly Wayne& Nora Foto 7

 

Puede que sus desasosiegos no sean las de otras personas, pero en ningún caso son superficiales. The Leftovers, puede que nos esté vendiendo humo. Puede ser. A veces puede parecer demasiado presuntuosa de su honorabilidad como serie fuera de lo comercialmente correcto y virtuoso. Su lentitud puede parecer liviana y extenuante. Así como su excelsa BSO de Max Richter; una maravilla. HBO, acaba de firmar una nueva temporada para 2015. Y es que la historia de la televisión se llena de espectáculos construidos, en torno a personajes que han sufrido la pérdida: viudas, viudos,  niños que han quedado huérfanos y un largo etcétera. En algunos casos, la fatalidad del día a a día, revivido en familias extensas —Six Feet Under, la cual, comenzó con la muerte del patriarca de la familia— y  comunidades (como, la fascinante, Twin Peaks estaba en su corazón un espectáculo sobre el efecto de un asesinato en un pueblo). El evento de esta historia es el 11S, multiplicado por unos  millones. Todo el mundo conocía a alguien que desapareció. Muchos han recurrido a las drogas o el alcohol o la automutilación. Nadie está dando a nadie ningún descanso, porque están todos en sumidos en un dolor crónico e imborrable. Es la llegada del Postapocalypse a la nueva televisión; ya está aquí y parece que se quiere quedar una larga temporada. Luego, vigilen sus humos. Pues, todos volvemos a nuestras cenizas humeantes de recuerdos. A veces, dicen que se vuelve de ellas. No lo tengo muy claro, juzguen Uds.  Nota: 7,2

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