Bonanza TV (1959/1973) “61 años”

 

Hubo un tiempo donde todos los chiquillos del barrio queríamos ser como los Cartwright y vestir como auténticos vaqueros del Far West. No había navidades que no soñáramos con pedirle a algún rey mago nuestro correspondiente “modelito” de tejanos y un Colt enfundado en su cartuchera rodeada de balas plateadas. A uno que siempre le han acompañado las hermanas, le fue más difícil hacer de ellas sus admirables cómplices de correrías. Todo era muy inocente, idílico y decoroso. La candidez iluminaba el corazón de los malvados que atrevían a poner sus pies en la Ponderosa con principios nobles: “Un hombre puede beber de un vaso a la vez y comer de un único plato; es un hombre”. Así se las gastaban por Bonanza. Viendo estos días pandémicos de falacias, de dimes, diretes, mayorías, minorías y de nuevas tribus de todo pelaje: con cara de envinagrados. A la espera de quien tira la primera piedra en   —la carrera de San Jerónimo— la nueva distópica guerra civil.  Aquella quimera televisiva de Bonanza era tan reconfortante como los efectos del Vicks Vaporub en un frío invierno o el chapoteo del agua —en una tarde de caluroso verano— de cualquier piscina pública los muchos pueblos de España. El western tranquilo y de sonrisas Fordianas había llegado a la pequeña pantalla. Entre los años 1959 a enero de 1973, el canal NBC emitió los 430 episodios de uno de los mejores shows de la historia de la televisión.

Todo un récord de longevidad tras Ley y Orden —serie— a día de hoy, en emisión. Y sus diferentes versiones, de la gran serie de Dick Wolf. Sin embargo, el perspicaz guionista, David Dortort sorprendió al respetable con una serie sobre un western estático para la televisión. La audiencia de su primera temporada fue muy baja y estuvo a punto de ser cancelada. En su tercera temporada, era una de las series del Top 5 Made in Usa. Bonanza era una máquina de hacer dinero. La serie televisiva por excelencia; una veta de oro que no tocaba fondo. Toda esa imaginería de estudio y su argumento melodramático nos hacían dudar, si estábamos ante un western o un culebrón contemporáneo. La sinopsis era muy sencilla: el día a día de la familia Cartwright. Su cabeza de familia es un hombre viudo con tres hijos, que habitan en un pequeño rancho; La Ponderosa en el hermoso estado de Nevada. Ben Cartwright (Lorne Greene), un actor veterano que logró el papel de su vida. Es el pater familias, con la singularidad de haber enviudado tres veces, y de cada una de sus esposas, tuvo un hijo. Hijos, de marcadas y diferentes personalidades: Adam, protagonizado por Pernell Roberts un actor con gran experiencia en el western “Desire Under the Elms” (1958) dirigida por el ínclito Delbert Mann. Daba el toque intelectual, retoño de una madre inglesa de modales exquisitos. Se quedó anhelando la universidad. No tuvo más remedio que supeditarse a las órdenes de su padre. También fue —llamémosle— a nivel interno de la producción, el actor más conflictivo. En definitiva, era el más preparado para la interpretación pero, de un ego exacerbado.

El hijo, mediano es Hoss (Dan Blocker, otro desconocido) una mole de 190 centímetros —de madre nórdica— cuya fortaleza la llevaba en los genes. Típico grandullón, torpe y bonachón. Un personaje, que proporcionaba la mayoría de los momentos cómicos del show. Por último, Little Joe (Michael Landon) es el pequeño de la familia.  Hijo de una mujer de ascendencia criolla francesa, con un carácter vehemente y lleno de romanticismo. Especialista en enredarse en todo tipo de causas perdidas. Las tramas de Bonanza, supusieron una dinámica de lo políticamente correcto. Dentro de un contexto espacio-tiempo cercano a la guerra civil norteamericana: racismo, esclavitud, robos, enfermedades mentales, alcoholismo y violencia de género. Un show realmente visionario, viendo nuestra más candente actualidad. El episodio comenzaba con la llegada de un personaje, a modo de forastero. Éste, se convertía en el foco de atención. Y en ese instante, se desarrollaba el conflicto. El cierre de daba con la interacción de los habitantes del rancho, créditos, y el superscore de Jay Livingston y Ray Evans. Por la Ponderosa, deambularon, algunas estrellas del divino Hollywood como Buddy Ebsen, Cameron Mitchell, Claude Atkins, Dianne Foster, Dean Stockwell, Edgar Buchanan, Lee Marvin, Harry Dean Stanton, James Corburn, ,John Saxon, James Garner, Jack Warden, John Anderson, Patricia Donahue, Steve Forrest, Vic Morrow e Yvonne de Carlo. Con el paso de la temporadas, los propios Cartwrihgt ganaron mayor protagonismo y el número de estrellas invitadas se fue reduciendo.

Pocas ocasiones se veían personajes femeninos; pues las pulsiones de Cupido eran muy discretas. Nunca terminaba de cuajar relación alguna. A pesar, de dar un toque de misoginia y una atmósfera muy oxigenada de moralina, no empalagaba el paladar. Pues se imponía su plus de bonhomía dentro de un contexto sano, sin ánimo de adoctrinar. Algo tendría Bonanza para que genios como Robert Altman, John Brahm, Tay Garnett o Jacques Tourneur dirigieran algún que otro capítulo. La popularísima sintonía de la serie, compuesta por Ray Evans y Jay Livingston se ha convertido en una de los scores televisivos más famosos de toda la historia. En 1993, se llevó a cabo un nuevo proyecto de la mano de Michael Landon y la NBC con el título El regreso de Bonanza a modo de telefilme, dirigido por Jerry Jameson, un viejo conocido de la televisión en los 70/80. Todo envuelto entre un enorme halo de nostalgia y anhelo ecologista por la vieja Ponderosa. Se habló hace unos años de resucitar un nuevo proyecto sobre la original, pero Hollywood sigue sin respuesta. Y a día de hoy, se habla, pues el western ha vuelto por las pantallas y el streaming.  Pero, va a ser que no. De momento, todos aquellos que quieran disfrutarla se pueden adquirir las 7 primeras entregas en Amazon V.O. para la región 2 y comprobar 61 años después, que Bonanza ya es épica de la primera edad de oro de la TV. Nota: 7,6

 

 

Las mejores series de TV 2019

  1. Chernobyl

 

2. Watchmen

 

3. The Mandalorian

4. Too Old To Die Young

 

 

5. Euphoria

6. The Boys

 

 

 

7. De Dag

 

 

 

8. Wu-Tang: An American Saga

 

 

9. See

 

 

10. The Virtues

 

 

11. Warrior

 

12. Monzón

 

13. The Act

14. Das Boot

 

15. The Spy

 

 

16. The Goodfhater of Harlem

17. Slepnac od Swiatel

18. Kingdom

19. City on Hill

 

20. Servant

21. Success

22. Quicksand

23. Hanna

24. The Cry 2019

25. Cacht 22

Los mejores 10 álbumes de 2019

 

  1. Nick Cave & Bad Seeds “Ghosteen”

 

2. Lana del Rey “Norman Fucking Rockwell”

3. Michael Kiwanuka “Kiwanuka”

4. These New Puritans “Inside the Rose”

 

5.

When We all fall asleep, where do we go?

6. The Damned “High Crimes”

7. The Raconteurs –“Help Us, Stranger”

 

 

8. Purple Mountains “Purple Mountains”

9. Fontaines DC “Dogrel”

 

10. Lizzo “Cuz I Love You”

Los 10 mejores films de 2019

  1. Il traditore by Marco Bellochio

 

 

2. The Irishman by Martin Scorsese

 

3. Joker by Todd Phillips

 

4. Parasite by Bong Joon-ho

 

5. Light of My Life by Casey Affleck

 

6. Once Upon a Time… in Hollywood by Quentin Tarantino

 

7. The Nightingale by Jennifer Kent

 

8. The Gangster, the Cop, the Devil  by Lee Won-Tae

 

 

9. Midsommar  by Ari Aster

 

10. The Souvenir by Joanna Hogg

 

 

Ric Ocasek, The Cars, el larguírucho de Baltimore (In Memoriam)

Dicen que hay dos números fijos en tu vida. Uno el día de nacimiento y el otro el de tu muerte. Nadie sabe —a ciencia cierta— cuando va a ser. Pero es una obviedad que siempre está ahí desgraciadamente. Hoy hablo de ese número fatídico, el cual, ha sido para un músico al que admiraba en mi adolescencia. Si hablamos de Ric Ocasek, hablamos de mucha estatura rockandlorea y frescura musical, en los 80. Un ícono musical de esos tiempos mozos que sólo se dan una vez , en la vida. Esta madrugada del domingo peninsular —todavía resacoso por la tragedia de las inundaciones del temporal de la DANA— la NBC informaba del hallazgo de un varón que no respondía y no tenía signos de violencia. El familiar, confirmó que el muerto era Ric Ocasek, en la cama del dormitorio de su bungaló en NY. La causa real del fallecimiento, nos la darán los chicos del departamento forense, una vez sea haya realizado la autopsia de rigor. Un palo. Demasiado grande, pero también comprensible. Curiosamente, a Rick Ocasek se le adjuntan dos fechas de nacimiento; la primera es de 1944 y la segunda de 1949. Si nos guiamos, por la que toda la webesfera da como la auténtica, tenía 74 años. No está mal para un rockero de Baltimore que lo dio todo en la alocada década de los 80. Ric Ocasek (Richard Theodore Otcasek) era nativo de Baltimore y formó The Cars en Boston, actuando al lado de su inseparable compañero de banda Benjamin Orr. Se conocieron en Ohio y acabaron formando su primer proyecto, Milkwood. Comenzaron a trabajar en el circuito del Nordeste durante varios años, como teloneros de las bandas protopunk: The Stooges y MC5 a principios de los 70. Pero el capítulo del dueto Milkwood, entró en una fase de replanteamiento, de sus letras y nuevos sonidos apareció el guitarra solista Elliot Easton e iniciaron un periplo —ya convertidos en trío— como Captain Swing. El sonido de la banda despertó la curiosidad de algunos Djs. Empero, su sonido era demasiado bizarro para la propuesta del momento. Ric se hizo con un batería muy interesante, David Robinson y el teclista Greg Hawkes. Decididos a comenzar un nuevo itinerario como Modern Lovers. Una noche de copas (algo normal, en el flirteo de los inicios de toda banda) Robinson se le ocurrió el nombre de The Cars. Cuando, repentinamente, la banda en 1978 editaron su primera maqueta, la cual, a base de mucha argucia pudieron colocarla —en una de las estaciones de radio del Boston más irlandés y nuevaolero— de esa joya musical de “Just What I Needed”. No tardaron muchos día en estampar sus rubricas en el respetado sello Elektra, donde se unieron a una lista que incluía a Queen, Carly Simon, AC/DC y docenas de otros Rockeros de los 70 como Iggy Pop, Jackson Brown, David Gates o la propia Nico.

 

 

En 1980 My Best Friend’s Girl “y” Good Times Roll” lo petaron en el Billboard. En aquella América de pelos largos y pantalones elásticos de otra banda que lo reventaba, desde la Costa Oeste, los glammetaleros Mötley Crüe. Los pelazos y coletazos del hippismo y el nuevo metal se cubrían una frontera hacia el noroeste, donde los sonidos de Boston se llenaban de New Wave y PowerPop, condensando un sonido único y vanguardista perfecto para los tiempos en que la década se desvanecía ante el nuevo horizonte del hip hop y los ritmos noventeros. Ocasek escribió la mayoría de las canciones de la banda y fue su cantante principal, aunque Orr, en muchas ocasiones, cantaba la voz principal. Su popularidad continuó hasta mediados de la década de 1980, con éxitos como “Since You’re Gone”, “Magic” y “Tonight She Comes”. Su álbum de 1984 “Heart Break City” fue un gran éxito, y el vídeo del sencillo principal “You Might Think” se convirtió en el primer clip del año; en los primeros MTV Video Music Awards. Ric Ocasek era un tipo flacucho y escuálido de 193 centímetros. De melena corta, entre picos desgarbados y un tupé muy de la factoría de dibujos del pájaro loco. Solía comentar que su inspiración verdadera, la descubrió en Lou Reed, mientras se conducía un Chevy con hermosas mujeres de chaquetas con hombreras interminables, como un cantante de Rockabilly. Ocasek adulaba: las “botas nucleares” y los “ojos azules de gamuza” de una antigua llama en “My Best Friend’s Girl”. Para “Bye Bye Love”, Ocasek destacó una “medianoche ondulada” rica en “insinuaciones ocultas” y “sustitución, las masas llenas de confusión, nubes dentro de tu cabeza”. Letras que susurraban en el oído de todo el mundo.

Otra curiosidad, es aquella máxima de los feos ligan a espuertas…El discreto y magnánimo carisma de Ocasek fue tal que se casó con la supermodelo Paulina Porizkova en la cima de la fama para ambos, y al hacerlo, ofreció un camino a seguir para los cantantes, sin pretensiones, menos interesados en las bufonadas de pavo real versus Mick Jagger o Freddie Mercury. El cortejo con Paulina fue durante 1984, mientras filmaban el vídeo musical de la canción “Drive”. De aquel amor quedaron dos hijos y 28 años después, se acabó el amor y el pastel como dijo Carly Simon y se separaron en 2018, después de 28 años de matrimonio. Nunca tuvo la necesidad de agitarse como un loco, y mucho menos, mostrando una ceja arqueada, y un pequeño elegante movimiento de cadera, podían dejar a la platea alucinando con el personaje. Gracias a sus trabajos: toda una nueva ola de músicos inspirados por el movimiento punk británico y estadounidense en la corriente principal. Esperaban, ansiosos, saltar al escenario. Todavía quedaba la traca final, cuando The Cars fue multiplatino. Vendieron millones de copias para ser una banda de auténtico New Wave, allanando el camino a esos grupos que estaban sedientos como los B-52,s Devo y más tarde R.E.M. para saltar a las grandes discográficas. The Cars se disolvían en 1988 y Ric Ocasek grabó varios álbumes en solitario, con un éxito modesto. Cuando su viejo compañero de banda y bajista Benjamin Orr, enfermó, Ric quedó recubierto de una súbita tristeza, mucho mayor, cuando terminó sucumbiendo a la malignidad de la enfermedad en 2000, también desapareció cualquier esperanza de una reunión completa del grupo original. Pero, el tiempo, sigue su camino. Al igual que la vida y el ánimo personal. Siguió una carrera como productor de grupos tan interesantes, de la talla de los pioneros del synth-punk de Nueva York, Suicide.

Aunque fuera con los de la gran manzana un trabajo seminal. No fue el caso de Weezer, banda donde sí dejó su eterna mácula, incluido el icónico “Blue Album” de la banda, así como discos para los afro-punks, Bad Brains. Así como, Romeo Void, Guided by Voices y muchos más. Sin embargo, el aprecio por el oficio de Ocasek se extendió mucho más allá de la comunidad de artistas exitosos. Cuando los cuatro miembros supervivientes se reunieron para “Move Like This” en 2010, el álbum debutó en la lista de álbumes de Billboard en el número 7. Ocho años después, en 2018, en su tercera nominación, la banda fue elegida para entrar en el Salón de la Fama del Rock & Roll. La institución describió el atractivo de The Cars como: “un arpón inteligente, barnizado de unas sutiles armonias perfectamente combinadas de la New Wave y Classic Rock.” The Cars realizaron una mezcla de sus éxitos en la ceremonia de inducción del Rock Hall 2018. Ya en pleno escenario, a parte de la bromas de rigor, se sinceró con el respetable, comentando que daba las gracias a su abuela por “obligarme a cantar para sus amigos en el salón cuando tenía 5 años”. También le compró una guitarra en Sears & Roebuck cuando era un adolescente. “Entonces, un día escuché en la radio una canción llamada” That’ll Be The Day” de un tal Buddy Holly. A partir, de ese momento, comencé a tocar la guitarra con más ahínco. Durante la ceremonia de admisión de la banda, Ocasek, rindió un emocionado homenaje al compañero de banda Benjamin Orr. “Es bastante extraño estar aquí sin él”, dijo Ocasek en ese momento. En las redes sociales, fanáticos, compañeros y discípulos del genio de Baltimore no han parado de publicar tributos llenos de amor. Evidentemente, uno, no iba a perder la ocasión de rendir este pequeño homenaje a tan célebre rockero. Si tuviera que citar un epitafio. Posiblemente, el mejor sea el dedicado por el gran cantante de country Jason Isbell. Una palabras llenas de poesía y encanto. Al citar una de las mejores líneas de Ocasek, de “Just What I Needed”, donde tuiteo: “No importa dónde hayas estado, siempre que haya sido profundo”. Hoy en la red de Twitter tenemos un hashtag muy hermoso: hay una letra de #ricocasek para ti.” El último número de nuestras vidas siempre llega, cuando posiblemente menos lo esperamos. DEP, Ric

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mirzapur (2018) mafiosos hindúes

Mirzapur, es un lugar tan cercano a los arrabales de Nápoles que la historia, podría haberla escrito Roberto Saviano —que, está de enhorabuena— pues, se presenta en la Berlinale, su última creación, ya como guionista: “Piranhas” Adaptación de su último libro “la banda de los niños” (2017). Sin embargo, el húmedo clima y la tórrida temperatura del subcontinente indio marca, una peculiar barrera geografía con el apacible y canalla Mediterráneo. Y es que Mirzapur es uno de esos pequeños placeres que uno puede disfrutar en nuestros templos de la cocina Made in Euskadi. El acierto de los guionistas Karan Anshuman y Puneet Krishna ha sido contundente. Así, como la esmerada y efectiva dirección de Gurmmeet Singh, un tipo al que no hay perderle la matricula. Artesano de la cámara y expresionista de un lenguaje provocador y pictórico enamorado del maestro Satyajit Ray&Quentin Tarantino. La serie de 9 episodios fue adquirida por Amazon e incluida en su contenido audiovisual Prime. Son muchos los negocios del capo Bezos en el rico continente de la meditación y mercadeo de todo tipo. Y no es el primer producto que se pueda encontrar en él curioso catálogo de ficciones —de la plataforma— de la millonaria firma de Seattle. Hace unos días, ya se puede ver en su versión doblada para aquellos que sufran, con el lenguaje hindú y sus dialectos autóctonos. Otro ingrediente más, a este suculento plato, a degustar.

La serie sigue a dos hermanos que se cruzan con el hijo errático de un don de la mafia, en una historia llena de violencia de pandillas en una ciudad sin ley en el interior de la India. La retorcida serie está protagonizada por Pankaj Tripathi, Ali Fazal, Vikrant Massey, Divyendu Sharma, Kulbhushan Kharbanda, Shweta Tripathi, Shriya Pilgaonkar y Rasika Dugal. Nombres que a un servidor, sin grandes conocimientos del megacine indio actual, no ne suena mucho. A pesar, que no son los primeros actorues de origen hindú que están trabajando para la ficción británica y norteamericana. Repito, no todos, pues con la cantidad de peliculas y series que se ruedan en Bollywood, viven más que bien. Nos embarcamos en el viaje de estos dos hermanos atraídos por la idea de poder; sólo para ser consumido por el propia casta gangster dominante. Mirzapur es una representación amplificada del corazón y la juventud de la India. Es un mundo repleto de drogas, armas y anarquía, donde la estirpe, el poder, el ego y la soberbia se entrecruzan para dar a la violencia el salvoconducto hacía la única forma de vida respetable. El puño de hierro, lo obstenta, Akhandanand Tripathi, un exportador de alfombras millonario y el mafioso, a modo de “Don” de Mirzapur. Su hijo, Munna, un heredero indigno y hambriento de poder, no se detendrá ante nada para obtener el legado de su padre. Un incidente en una procesión de bodas lo obliga a cruzarse con Ramakant Pandit, un abogado destacado, y sus hijos, Guddu y Bablu. Esta bola de nieve se convierte en un juego de ambición, poder y codicia que amenaza todo el entramado de la ciudad sin ley. Con una acción conmovedora, violencia a escala operística, mafiosos con mentes afiladas y un turbio humor seco: Mirzapur es una historia del interior indostánico, tan cruda como la hiel.

Su escritura está cuidadosamente calibrada, ya que confía en la psicología de sus personajes sobre las elaboraciones de un gran argumento y subtramas. Como resultado, el magnífico Mirzapur, se conforma como, un drama legado de gángsters de la India media que podría presumir de las dos actuaciones más fascinantes de este último 2018. Estamos, ante un estudio sobre la construcción de mundos de larga duración. Además, de ser inteligente e intuitiva, no se aleja de los episodios de indulgencia sangrienta y audaz que han plagado este género de cine en la última década. Sin embargo, en contraste con las películas, el programa de nueve episodios tiene el tiempo y el ancho de banda para dar forma a sus caras vanguardistas, deslineando su núcleo narrativo y persuadir los momentos individuales de un conjunto talentoso. Reitero, estamos ante una gran película seriada. No es sorprendente que los puristas, especialmente aquellos que juran por su competidor, de Netflix, sean los que hayan rechazado este espectáculo como una estafa barata de Gangs of Wasseypur. Eso, en mi opinión, es quizás una señal del inusual, de lo bien hecha que esta Mirzapur y de su triunfo. Va la envidia va por todos los barrios del mundo. Un espectáculo que resalta descaradamente, “el relato” en la narración de cuentos y la “realización” en la dirección de películas. Eso no quiere decir que los otros en Mirzapur no importan. Con un conjunto que presenta a algunos de los actores más talentosos (y poco utilizados) del cine hindú, no es de extrañar que el papel de las presentaciones sobre las grietas incómodas en el equilibrio narrativo.

Otras muchas producciones —Made in India— podrían hacer bien en reconocer la importancia de un asesor lingüístico de los dialectos: los actores más jóvenes han trabajado visiblemente para captar la física sin ley. Empero, no solo de las palabras se devora la narración, sino también de las acciones entre ellos. Ali Fazal es una revelación como la fuerza física de los cerebros de Massey: su forma de andar encorvada como un culturista enérgico recuerda al Tom Hardy de The Warrior (2011). Al igual que lo hizo en Gurgaon, Pankaj Tripathi enmascara hábilmente el cansancio de un hombre adulto dividido entre el papel de un padrino asesino y un padre indio. Inicialmente, parece que contrata a los dos hermanos para provocar a su hijo para que supere el lujo de la herencia. Pero el rostro inexpresivo de Tripathi apenas deja ver que su personaje es mucho más sistemático; de hecho, ha contratado a dos personalidades ocurrentes para ayudar a su hijo a aprender —que debe evolucionar desde la fuerza física— como un auténtico psicópata, hasta el cerebro metodico de un villano. Reiterar el gran talento que existe en el cine hindú y algunos pequeños excesos, como la superboda y la profesión, a pesar, de su plástica y expresividad. Lo dicho, el equilibrio narrativo es una obviedad. Así, que sin más preámbulos, el espectáculo está servido. La nueva ficción televisiva, no tiene fronteras en un mundo globalizado donde el llanto, la risa, la vida y la muerte van cogidas de la mano desde Los Angeles, pasando por Londres, un café en Napolés y aterrizando en Mumbai. Nota: 8,3

 

 

De Dag (2018) El gofre poliédrico belga

 

Siguiendo con el nuevo itinerario de nuestra publicación; en busca de nuevas ficciones audiovisuales por todos los rincones del planeta. Hemos topado con una genialidad Made in Belgium. Ya sabemos de sobra que los belgas se caracterizan por su riquísimos Gofres y excelentes bombones. Lo curioso de la nueva hornada de realizadores —de este divido país— es que la gran mayoría de las producciones se llevan a cabo en territorio flamenco. También, hemos visto cosas muy interesantes, en la parte Valona, caso del thriller: “La Trêve” (2015) en Sundance TV y Movistar. Pero lo de estos tipos está calando muy hondo. En EE.UU, no paran de halagar el nuevo producto de los creadores de De Dag “The day 1” (2018). Cuando los productores de la serie; Jonas Geirnaert y Julie Mahieu y el productor ejecutivo de Telenet John Porter: afirmaron que “De dag”(2018) es la mejor ficción criminal de este año. No se estaban marcando un lobo.

 

 

Una vez visionados los primeros 6 episodios; sigo todavía en un estado de shock. Evidentemente, si vieron otras dos joyas de estos creadores como fueron “Beau Séjour” (2016), producida por Netflix —mediante el convenio de coproducciones con los países, donde exhibe su material— y “Tabula Rasa” (2017), distribuida por el gigante del streaming de Scotts Valley. El thriller belga está rompiendo muchos esquemas desde que David Fincher abrumara al mundo con su film de culto; Seven (1995). Qué es lo que hace de De Dag (2018) un producto pluscuamperfecto: su frescura, la ejecución en la dirección, con planos realmente originales y que dentro del lenguaje narrativo nos hacen cómplice de toda la historia, que gira, tuerce, vuelve al inicio, le da tiempo a fumarse un pitillo y tocar una subtrama que aparentemente es prescindible. Ahí reside la inteligencia de este producto, en hacer de lo insubstancial, algo erudito.

 

 

A partir de un atraco a una sucursal bancaria de un pueblo flamenco residencial. Comienza un tira y afloja entre los atracadores y las unidades de policía que se acostan en los alrededores. Comienza una historia, entre los aromas de Lumet y la histeria del gran carnaval de Wilder. Una situación asfixiante y a la vez inquietante, donde los puntos de inflexión y observación son imprescindibles. A medida que transcurren los episodios la piezas del puzzle comienzan a tener sentido. No por ello, habrá, golpes y nuevos giros de guion que dejarán al espectador fuera de cobertura. A destacar, el elenco de actores, muchos de ellos, casi familares de los espectadores de las series salteadas de Beluga. Caso de Bob Snijers, Jeroen Perceval, Lynn Van Royen, Lukas de Wolf, Sofie Decleir, o Willy Thomas. Lo dicho, si parpadean o se van al WC, están perdidos. Pongan la tecla en pausa y vuelvan a darle al play. Nota: 8,2

 

The Top 10 albums of 2018

 

1. Paul Weller “True Meanings”


2. Courtney Barnett “Tell Me How You Really Feel”

 

 

 

3. Elvis Costello & The Imposters “Look Now”

 

 

4. Mitski “Be the Cowboy”

 

 

5. Richard Thompson “13 Rivers”

 

 

6. Rolling Blackouts Coastal Fever “Hope Downs”

 

 

 

7. 1975 “A brief Inquiry Into Online Relationships”

 

 

 

8. Snail Mail “Lust”

 

 

 

9. Kurt Vile “Bottle It In”

 

10. Low  “Double Negative”

 

 

“A Very English Scandal”(2018) La diversión del partido liberal y la BBC

 

Hay que reconocer que la nueva televisión del streaming está con el cuchillo entre los dientes. El jugador por excelencia y gran capó de este negocio es Mr. Hastings y su imperio de Netflix. Bien, HBO, sigue con su programación semanal de estrenos y en el resto del mundo ha optado por la tecnología de los californianos que hace milagros. El Outsider de Hulu, siendo la más pequeñas de todas, ahora mismo, hay hostias por firmar acuerdos de distribución de sus producciones. Caso del “Cuento de la criada” en España, ya que los abonados patrios la ven, a través de HBO Spain. ¿Pero, creo que nos estamos olvidando de un jugador que tiene barra libre y silla vip en la partida de la nueva ficción del S. XX? Sí, queridos amigos, se lo están imaginando. Hablamos del hombre más rico del planeta, ese tipo que tiene aspecto de calvo del anuncio de la lotería y ancestros de origen español: Mr. Bezos. Y muy mala fama entre sus trabajadores del empaquetado. Su plataforma Amazon Prime, lo está petando con producciones de luxe y creadores de gran pedigrí caso de las exitosas Homecoming de Sam Esmail y Julia Roberts, la grandiosa The Looming Tower, The Romanoffs del alma mater de Mad Men, Matthew Weiner. El pelotazo del nuevo Jack Ryan (con nuevo héroe, el actor John Krasinski). Ahí están The Purge de James DeMonaco o sus bizarras; Dietland o Bite Made in Germany. Así como la aclamada en los últimos Emmys: The Marvelous Mrs. Maisel. Sus convenios de coproducción la ingeniosa y prestigiosa BBC, han dado dos joyas, envueltas el mejor de los encantos británicos: McMafia, y ahora, La miniserie “A very English Scandal”. Un producto impactante, divertido, basado en hechos reales y con un guion muy bien escrito. Es evidente, que el binomio Amazon y BBC, se sienten cómodos. Al igual que la dupla: Stephen Frears y Russell T. Davies. Como sugiere el título, A Very English Scandal está plagado de síntomas y símbolos del British Establishment. Hago el inciso de que esta miniserie hay que tener muy claro que hay que verla para ser creída. Es la adaptación de la novela del mismo título, escrita por John Preston, y adaptada por Russel T. Davies. Una ficción de tres horas o partes que tiene muchos perros y mucha política. Además de un buen puñado de aristócratas dandis que regatearon en Cambridge y de largos almuerzos en el Carlton Club. También hay jornadas de caza a la búsqueda de la liebre o conejo de turno. Una carne muy apreciada por fino paladar de los aristocráticos Gentleman´s de la campiña británica. Y, lo que es más prominente, tiene un gran relato central, donde un político ambicioso —educado en el Eton College y con un sombrío armario— que conspira para asesinar a su ex amante mediante un escuadrón de sicarios aficionados, que terminó en uno de los complots más surrealistas y chapuceros de la historia política del Reino Unido de este último siglo XX.

 

Vemos a lo largo del trayecto ligeras trazas del Fargo televisivo de Noah Hawley. Además, de un barnizado, de la legendaria “Un hombre en casa” (1973), pidiendo un poco de crema batida y algunos pepinillos al Sr. Roper. Vamos que si somos honestos; hay más de dos horas de “partidón de caja”. Hacía mucho tiempo que no me reía tanto con una serie y todo ello se debe: al extraordinario guion de Russell. T. Davies (Doctor Who, Queer as Folk) y los actores Hugh Grant (About A Boy) y Ben Whishaw (El perfume,London Spy). Detrás de la cámara uno de los grandes directores británicos de los 90, como el ácido, y, estiloso Stephen Frears (The Queen, etc.). Bien, en todo este complejo y estrafalario affaire hay algo muy british, que lleva en su ADN, el touch de la ejemplar BBC. Nadie, en el mundo, occidental tiene tanto orgullo y satisfacción por el significado de un organismo público, audiovisual y al servicio de los contribuyentes, puede estar tan orgulloso de semejante sitio. Esto va por el bochorno, expolio y fraudulenta TVE. Cuando a los popes —de turno— se les llena la boca de mazapán de Soto del Real y beluga venezolano, reivindicando, la épica TVE bendecida por la bestia del valle. No obstante, el viaje que les presento, está muy lejos de toda algarabía soporífera y mareante de la TDT. En la televisión de luxe, uno puede disfrutar y encontrar formas de concebir nuevos conceptos audiovisuales y ahí es, donde “A Very English Scandal” (2018), nos atrapa y encandila. Desde pequeñas cosas, tan sencillas y cercanas, como el formato: 120 minutos. Es decir, 60 minutos por capitulo y sabiendo que te quedan dos, no podrás hacerte el remolón o poner cualquier excusa de turno, para decir, voy a ver fantasmas familiares en Netflix. No esto es una grandísima serie. Segunda razón, hablamos de una gran historia real; disparatada y desgarradora.  Y en tercer lugar, unos actores en estado de gracia: Hugh Grant (el premier liberal Jeremy Thorpe) y Ben Whisahw (el agredido y desdichado gay moralmente y físicamente lenguaraz). Repito, si hay dos Bafta al mejor actor de serie de TV Made in UK; aquí tienen a los favoritos. El escándalo de la auténtica vida de Jeremy Thorpe, el líder del Partido Liberal británico, consumió los periódicos a fines de la década de 1970, cuando fue acusado y juzgado por intentar organizar el asesinato de Norman Scott. Hugh Grant se presenta, de un modo intrigante, como un Jeremy Thorpe, poliédrico y retratando la cordialidad del carisma del joven político. A veces, uno no llega a diferenciar al personaje y el político. Así como su determinación, en la toma de riesgos y su consabido sentido de estado. Lo que no siempre es evidente, principalmente, por el humor de la escritura del libro original. Es el tipo de malevolencia y desesperación que podría obligar a un hombre a tratar de que maten a otro hombre. En el fondo un ser humano, al que como autoridad representativa de los ciudadanos, es un británico más con sus virtudes y defectos. Empero, hay destellos homicidas, en los ojos de Grant que no puede evitarlos. Pero es aún más persuasivo al transmitir la devastación del propio Jeremy Thorpe. Su plan de asesinato que confabula; se vislumbra con ligereza y frivolidad. Acotaciones que lo pueden hacer más difícil de entender. Si bien, no es tan complejo. Pero si se trabaja la decapación del visionado con mesura y atención verán escorzos imprevisibles.

 

 

El pobre Scott, interpretado, por Ben Whishaw muestra hábilmente que es el hombre más joven, tanto físicamente, como intelectualmente. Todo lo opuesto a Thorpe como su compañero sentimental. Scott se ve representado al principio de la historia como un fantasma inestable; que parece chantajear repetidamente a Thorpe (éste le llega a escribir a la madre de JT una carta de siete páginas que incluía detalles sobre su affair). Lo que Scott y Thorpe parecen tener en común es la capacidad de mantener a otros en la esclavitud, confiando sobradamente, en sus ingeniosas capacidades para manipular a las personas. Empero, Whishaw también transmite el deseo de Scott de ser amado, y cómo su enojo va a más; por la forma en que Thorpe lo ha tratado. Un tacto falso e hipócrita —que está más cercano de la tristeza— que con la verdadera venganza. La comprensión limitada de JT de su propia sexualidad se basa puramente en actos físicos: no parece tener la capacidad o el lujo de imaginar que los hombres puedan realmente amarse unos a otros. Luego está el ejercicio de disección de uno de los momentos más oscuros de las recientes desventuras políticas del Reino Unido. A Very English Scandal es una obra festiva. Muy divertida y tremenda. En menos de tres horas, incluye todos los puntos focales de los tabloides relevantes (el comentario del “perro enfermo”, los pequeños delincuentes ingeniosos, la tarjeta infernal de la Seguridad Social británica). Pero es más efectivo para mostrar lo trágico e innecesario que fue todo el asunto de Thorpe, convirtiendo el fanatismo público en vergüenza privada en una mortificación y su correspondiente ritual. En la corte, Scott sostiene que nunca le importó el dinero de Thorpe. Lo que sí le importa, dice, es cómo “todos los libros de historia se escriben con hombres, como yo, desaparecidos”. Es un placer ver a estos dos grandes actores británicos encontrarse sin tener que hacerlo por medio de doblajes de voces u otras tramoyas del gremio. La serie recuerda a los espectadores aquel apuesto progresista político que podría haber tenido una carrera política mucho más exitosa si se hubiera unido sus escaños con el Partido Conservador, como se esperaba que hiciera alguien de su nacimiento y clase. Como liberal en el sistema electoral británico, Thorpe, sólo tuvo una pequeña esperanza de poder parlamentario, más allá de ser una cuña, entre los dos partidos dominantes: los conservadores y los laboristas. Lo que él también era, según el retrato en “A Very English Scandal”, era un hombre homosexual, encerrado en un momento en que ser abiertamente gay estaba más allá de los límites. Todo ello, muy condicionado, a las aspiraciones personales de una carrera en Westminster y la vida pública. Sin embargo el ingenio del maravilloso guion de Davies llega a un momento supremo. En ese instante, donde la aristocrática segunda esposa de Thorpe, Marion (Monica Dolan), le pregunta con frialdad sobre el uso del plural, su respuesta: “Estaba usando un nombre genérico en una cláusula imperativa”, es una risa tonta. Lineal y cínica. De ahí ese touch british que llega a bordear la cirugía gestual del humor corrosivo. Dicen que en Inglaterra hay más de 1.000 tipos distintos de ceños fruncidos en exhibición, desde irresistibles a trágicos. De irónicos a aplastados. Los ricos fruncen el ceño de manera diferente a los pobres, solo una entre muchas diferencias sutiles que crean la narrativa paralela del conflicto de clases que corre junto con la historia de la liberación gay. Bueno, no en paralelo exactamente: al igual que con Jeremy y Norman, estas ideas chocan entre sí una y otra vez. Pero no lo vean tan de color de rosa.

 

A pesar, de la casa de la madre de Thorpe, una villa rural muy cercana a la vivienda del matrimonio Roper. En “AVSE”; Jeremy es un “pit bull” y tal vez un monstruo. Tiene dos matrimonios heterosexuales basados explícitamente en aumentar su popularidad. Discute su intención de que Norman sea asesinado como si fuera un rompecabezas de estrategia y no un asesinato. Pero como la leyenda y la vida nos enseñan, la gente contiene multitudes, y cuando Jeremy reflexiona brevemente sobre la violencia aterradora que ha experimentado con otros pretendientes y amantes, es difícil no sentir compasión y tristeza. Algunas veces se aprovecha de la misericordia y llega a recordarnos al personaje de Robin (Richard O´Sullivan) en la sitcom “Un hombre en casa” (1973). El Sr. Whishaw a menudo interpreta a personas vulnerables y heridas, y su actuación aquí es tremendamente convincente y desafiante. Su Norman es inquieto pero audaz y provocador: carismático, pero, a veces es un tipo sucio. Ese tipo de persona que tu padre odiaría, lo que solo haría que te gustara más hasta que te acabara por decepcionar y te ofreciera otra excusa fácil. Norman es casi toda postura, y puedes ver lagunas momentáneas en su conocimiento, donde el Sr. Whishaw deja pasar un poco de pánico.Durante el juicio con el que culmina la carrera de Thorpe y este espectáculo, el abogado de Thorpe reconoce que su cliente había tenido “tendencias homosexuales”, pero Thorpe negó vigorosamente una relación íntima con Scott. (El sexo gay entre hombres no se despenalizó hasta la Ley de Infracciones Sexuales de 1967; Scott y Thorpe se conocieron en 1961). Reconocerán que ni el comunismo, ni el fascismo habrían sido capaces de llevar a cabo esta ley, tan importante, para la confianza de muchos ciudadanos-as de Gran Bretaña. El liberalismo es tan divertido como un mini azul con techo blanco o los Beatles. El relato niega la negación de Thorpe y lo muestra comprometido, en el mejor de los casos, es una seducción dominante, y en el peor de los mismos es una especie de depredación violenta. Nunca se ha manejado un frasco de vaselina con tanta autoridad temerosa. No obstante, Stephen Frears nos recuerda a los espectadores que la exposición de un inglés en un armario es más grave de lo que parece. Durante el primer episodio, Bessell consulta a Lord Arran, un excéntrico político conservador que intenta despenalizar la homosexualidad. La escena se desarrolla, con una anécdota, para dar rienda suelta a la risa (los tejones y el paté se repiten), hasta que Arran revela la razón de su misión: ya que su propio hermano gay se suicidó y está decidido a intentar salvar a otros hombres, independientemente de ser expulsado del partido tory, lo que ennoblece su honor, a pesar de su vigoroso sentido del humor. En AVES, no cesa la oscilación, en que esta manera de vivir; está más cerca de una farsa loca y la propia tragedia histórica. Es un tono que refleja cómo los tabloides británicos siempre —se han involucrado con el inmensamente rentable acto de avergonzar al público— mostrando su desgracia y caída con un guiño. El columpiazo de Mr. Scott en los créditos finales, donde esgrime unos 80 años plenos es un puntazo. Donde se puede apreciar el encanto que Scott poseía en su juventud. Ya que se pudo confirmar que está vivo y muy bien, increíblemente. Vive con 11 perros (a ellos les debe gran parte de su historia. Nunca, mejor dicho, que es el mejor amigo del hombre y de toda esta riquísima y fascinante historia). A pesar de, no haber podido recuperar su tarjeta de la Seguridad Social. Thorpe fue diagnosticado de un precoz Parkinson en la década de 1980, con apenas, 51 años, sobrevivió, porque la enfermedad le quitó mucho de lo que aportaba el personaje. En 2014 falleció. Sin embargo, el drama, y su vida pública, terminaron en 1979, como corresponde, al desgarrador momento, donde JT saluda a la prensa y sus acólitos, eufórico celebrando su absolución del juicio. Ahí es donde, la posesiva madre y consagrada, Úrsula. Le espetó: “Jeremy, sabes que estás acabado… Lo sabes. ¿Verdad, cariño? Un año después estaba fuera del partido y de la primera línea de fuego del hercúleo palacio de Westminster. Jeremy Thorpe llegó a presidente del partido liberal, mientras los Beatles dejaban al público alucinado con Revolver (1966). Cuando se retiró de la política activa. Los Beatles estaban missing  (nadie se acordaba de ellos) y Londres estaba llamando a The Clash. Al final, los liberales, ganaron un mártir. El mundo estaba cambiando —como le gustaba decir a Bowie— y Londres volvió a ser el epicentro de la revolución sociocultural. La BBC encandiló a 5 mlles de espectadores en su primer episodio. Nota: 8,2

 

 

 

 

McMafia (2018) “El crimen entre Cupertino y el aroma a Dior”

Todos los años, la prestigiosa y bendita, BBC (que suerte tienen los británicos) se reserva una gran estreno anual para competir de tú a tú con las grandes plataformas del streaming. Este año, no iba a ser menos y han vuelto a la carga, con muchos de los ingredientes y sabores, vistos a lo largo de producciones de esta última década. A partir la novela/bestseller McMafia “Un viaje por el inframundo criminal global” (2008) escrito por el periodista británico Misha Glenny; se desarrolla un magnífico drama con todos los alicientes y giros propios de la dramaturgia de la tragedia Skakespeariana. En esta ocasión, la trama se ubica en la cosmopolita y sobrada capital de UK (Londres). Una elección muy interesante, pues aquellos que hayan tenido contacto con el libro, sabrán que es el enclave intrínseco, de la novela, en gran medida por la conocida reputación de la capital británica. Ejemplos son sus encomiables ventajas fiscales para todo tipo de individuos que traigan una cartera repleta de euros, dólares o cualquier moneda de curso legal a la adorada City financiera. El efecto imán del nuevo Londres (ejemplificado en los JJ.OO de 2012) con una exhibición de riqueza y poderío, básicamente, es la muestra del gran pastel del mercado inmobiliario de lujo. En donde millonarios de medio mundo, tienen fijada residencia y parte de su patrimonio. No obstante, si a uno le dijeran que toda esta obra es del maestro John Le Carre, podríamos hasta creérnoslo —caso de la reputada— The Night Manager con un fantástico Tom Hiddleston y un guion muy bien cosido entre el thriller y el suspense. Incluso ha habido sugerencias de que la estrella principal James Norton podría convertirse en el próximo James Bond. Maneras y estilo, las muestra y de físico va sobrado.  El trabajo de McMafia se ha realizado, a modo, coproducción entre BBC One y el canal estadounidense AMC.

También, colabora Amazon como distribuidor directo en su plataforma de abonados Vips. El espectáculo tiene lugar en varios lugares que se mueven desde Londres a Rusia (Centroeuropa de por medio y toda la franja caliente que va de Israel hasta la India por el sur). McMafia es un título que desde el principio produjo odios, pasiones, risas y desconcierto. Sin embargo, el prestigio de Misha Glenny, es más que evidente. Llevando a cabo una ingente recopilación de información del mundo criminal, en torno, a las grandes familias de cuello blanco y lencerías de Chanel. Para construir el guion Hossein Amini fue quien se encargó de adaptarlo y como director de los episodios, a James Watkins (el mismo, trabajó, en el desarrollo de ese guion, en los tres primeros episodios) joven director con experiencia en las producciones de acción dirigió hace poco “Asalto en Paris”(2016) con Idris Elba de protagonista. No obstante, todo el mundo, que sea fan de todos estos entramados saben de sobra, que el crimen organizado representa aproximadamente el 15% del PIB que genera el mundo: algo más que simple calderilla. Hagan números y se darán cuenta de la riqueza, que representa este negocio. Empero, hay algo en toda esta lectura, por parte de Amini —esencialmente— en la exposición de un modo exclusivo, a la globalización. Tiene claro, que la globalización es mala y en ella, viven los más malos. No entraré en este debate, pues, daría para mucha tinta sobre blanco. La globalización es la utopía del capitalismo, según Amini, ya que fomenta el florecimiento de empresas delictivas, por ende, multinacionales —las cuales— realmente no necesitan ayuda para trasladar sus actividades al infierno social.

Desde esconder sus activos en paraísos fiscales y mantener la corrupción que le es propicia y beneficia. Proponiendo una historia que tiene lugar en casi todos los continentes, Asia, Europa, África y América. Un mundo cruel y corrupto, con mayor fortuna dependiendo del paralelo. Los matones son siempre los mismos, tienen formas más o menos similares, más allá de sus diferencias culturales: una cortesía de la fachada que oculta una violencia sin escrúpulos. Las sumas de dinero y las apuestas de poder son tales que la brutalidad es un recurso natural de estos depredadores. Y ahí en esa jungla, nuestro protagonista tiene mucho que decir. Alex Godman (War & Peace y Happy Valley), nacido en Gran Bretaña, es el único hijo varón, de un jefe de la mafia rusa exiliado, que interpreta Aleksey Serebryakov (The Method y Leviathan). El padre de Alex, es Dimitri Godman, uno de los mayores capos de la mafia rusa, el cual, fue expulsado junto a su clan, del negocio en Moscú, por su acérrimo rival y enemigo personal Vadim Kalyagin. Un papel que desarrolla el actor georgiano Merab Ninidze (The Americans, Deustchland 83 y el puente de los espías). Un odio que sigue inamovible y envenenado. Dimitri, vive como un rey Lear (en su exilio londinense), eso sí, con una cartera de dinero y oro muy grande. No tanto como todo, el que tuvo en su reinado. Su vástago, Alex, ha tratado de escapar de los lazos familiares entrando en los negocios como administrador de fondos de mercados emergentes sin usar ninguna de sus conexiones o dinero Godman.

 

Curiosamente, este clan familiar son de origen judío. Ya que el mismo tiene un empresa que gestiona acciones y patrimonios. En el fondo, un pequeño banco —que desafortunadamente— está siendo presa de la rumorología despectiva y comentarios espurios. Sobre la metodología que impone en la gestiones de los capitales. Se ha generado una alarma social, entre la gente guapa de la City, y los fondos extranjeros, que ponen su dinero en sus manos. Se ha orquestado una estrategia de deserción y salida de capitales salvaje. Todo para hacer daño, a él y su entorno familiar. Otro de los grandes atractivos de la serie, la madre y esposa de Dimitri; Osaka Godman. Una espléndida Maria Shukshina (American Daughter, Burnt by the Sun 2: Exodus y Dear Masha Berezina) y después, quedaría en un segundo plano, la hermana, un personaje que va de menos a más: la despreocupada hermana del clan, Katia Godman: una magnífica Faye Marsay, conocida, por su intervención, en la aclamada GOT y ahora mismo en cartelera con “El instante más oscuro 2017”. AG ha nacido para ser un príncipe, que muy pronto será rey. No en vano ha sido educado en las mejores universidades de Inglaterra y USA. Hay quienes dicen que Alex Godman nació con una “cuchara de plata en la boca y un pijama de bebé de Hermes”. Entre su familia exiliada, los matones alejados del hervidero ormetá. Reyes desterrados, viviendo en mansiones de emperadores (con un gusto, algo más cuestionable, por el exceso kitsch y las pasiones carnales).

Él, ha estado tratando desesperadamente de abandonar el pasado sombrío de su familia y los vínculos de la mafia detrás de él, pegándose a la vera de su novia Rebecca Harper, interpretada por la actriz Juliet Rylance (The Knick&Frances Ha). Desde el principio la serie muestra una tendencia a crear el contexto del inmortal The Godfather, en el exilio del caviar y el aroma a Dior. Empero, algo se conjura en la mente de nuestro protagonista; ese esbozo de la figura del chico universitario que quiere ser el rey de la famila. Un nuevo Michael Corleone, en el S.XXI, impregnado, —de una vis muy británica— como es la licencia para matar 007, desde un portátil Mc book Air. Sintiendo la obligación de tomar una decisión firme; entre el negocio familiar o el clan mafioso Godman. La seductora y cómoda vida del yupi banquero en la City de Londres. Al lado de su novia, pasando los fines de semana en el Caribe o Cerdeña. Relajado y tranquilo. Luego, eso de un banquero, que no quiere ser un gángster y de repente, se da cuenta que ya lo es. Es difícil de aceptar, pero Alex Godman tiene empaque y arrojo, para ser el candidato. A pesar, de esos trajes impecables a medida de Armani, Dior y Versace. Obviamente, hay un antes y un después en la psique de Alex Godman (James Norton).

El asesinato delante de sus narices, de su tío Boris, causa genera una mella con una mácula imborrable. Entra en un proceso de catarsis personal y familiar. Casualmente, antes de fallecer su tío, Boris Godman/David Dencik (“El topo”, “Homesman” “The Royal Affair”) le presenta a un singular empresario israelí, Semiyon Kleiman, un David Strathairn (Good Night&G.Luck, Lincoln, Billions) que borda su personaje —no recuerdo una mala interpretación de este pedazo de actor—, que está tratando de invertir en países de todo el mundo, en la República Checa, donde reinan los rusos, y cabecillas checos que controlan el negocio de las imitaciones de ropa y el tráfico de drogas en la bella Praga. Uno de los implicados, que tendrá un papel, relevante es Karel Benes (magnífico actor checo, Karel Roden, un todoterreno de las producciones de acción “Bourne supremacy, Rock&Rolla o Missing TV”). Pero, nos queda el océano Índico y ese gigante que emerge, con la fuerza de un volcán, llamado, India. Allí, dónde, la vieja Bombay, ahora Mumbay, es clave en la entrada de todo tipo de materias primas; trata de blancas, esclavos humanos y drogas a través de un vasto territorio. Allende, se evidencia la enorme brecha de una nueva clase rica, y la mayor de las pobrezas mundiales, escenificados en los conocidos Slumdog y el trepa intermediario —que quiere ser dueño del pastel del conducto mafioso— de un mediador en la agorofóbica Mumbai; Dilly Mahmoos.

Una de la grandes estrellas del cine Made in Bollywood, Nawazuddin Siddiqui. De portentoso carisma, que se hace de querer a la cámara, a primera vista. Es muy famoso por el film “Gangs of Wasseypur”. Por último, tendríamos al representante del cartel mexicano, Antonio Méndez, interpretado por un sorprendente actor brasileño (Caio Blat). Un tipo zaíno e imprevisible tras una máscara de latin lover encantador. McMafia, La serie rebusca y quiere trazar un bypass coronario en el corazón de este sistema transgénico, tomando como punto de partida, la actividad bancaria de Alex Godman, gracias a su gran trabajo y la garantía de un gran hombre de éxito en los negocios. Es este aspecto global, en donde los escritores quisieron presentar, a lo largo de esta historia, que tiene lugar en un escenario diferente: Tel-Aviv, Moscú, Praga, El Cairo o la Riviera francesa. En este maremágnum global, hay peces de todos los tamaños y colores. La cadena alimenticia suele estar muy cerca de la que existe en su estado primitivo. El tablero de ajedrez se convierte en una máquina tragaperras; pues esto es un juego llamado, sobrevivir. Todos los implicados tienen sus propias estratagemas, y evidentemente, todos han desarrollado destrezas para cualquier contingencia, de enfrentamiento caprichoso, dentro de un ecosistema brutal y despiadado. Los Gangsters son una especie más, de entre las otras, más peregrinas o indiferentes. Los motivos —que les atañen— no son tan distintos ni originales: Quieren riqueza y poder. Menos pistolas en público y mayor hackeo en la red.

No por ello, hay una tendencia al abandono del clásico trasfondo alimenticio (drogas, armas y prostitución), las actividades son mucho más variadas y se refieren a sectores más tradicionales. La diferencia es que uno excluye someterse a la legalidad porque va acompañado de menores ganancias e impone un control externo que los matones no pretenden sufrir. Por lo demás, las transacciones financieras se desmaterializan y llevan a cabo. Tal vez el tiempo de duques y reyes de los carteles, versus Pablo Escobar o Chapo Guzmán quedan en un espacio neutro y alejado. A pesar de que la praxis sigue siendo la misma y los métodos de adquisición, de las mercancías, igual de hostiles. La idea no es dejar la elección a aquel a quien le dará su dinero. El ambiente es el de la comunidad empresarial y no los barrios en ruinas de Palermo o Nápoles, como se observa, en esa obra maestra de la TV, que es Gomorra y tan genialmente, narra el señalado Roberto Saviano. McMafia implica la dictadura de los juguetes tecnológicos de Cupertino. Enormes discos duros, millones de bits en la nube virtual y criminal. De las nuevas mafias del S.XXI: las multinacionales de negocio inmobiliario y de ocio. Una diversificación, con las mismas herramientas de ese sistema que nos mueve, a todas las sociedades: el capitalismo puro y duro.

Aquí la miseria se mantiene a distancia, como si una de las prioridades de estos nuevos padrinos hubiera sido poner entre ellos y sus actividades la mayor cantidad posible de muros herméticos. No pueden ser alcanzados, nunca se enfrentan directamente con las consecuencias de sus actividades corruptoras y destructivas. Esto no facilita la compra de una buena conciencia, pero al menos tienen la satisfacción de nunca ensuciarse las manos. El conflicto psicológico es el que encierra Alex Godman que quiere ser un banquero, no un mafioso, siendo el heredero de una práctica mafiosa que pagó sus estudios en Harvard y le permitió el acceso a una posición de privilegiado intocable. El desafío es saber si puede escapar de lo que parece ser un destino para él. Y la gran pregunta; ¿Merece tanto la pena ese dinero y poder? Posiblemente, sí porque la familia es sagrada, su padre Dimitri, lo sabe bien y su contrincante el nuevo rey del Kremlin, Vadim Kalyagin, también. La familia, no me la toques —que no le falte el Dior y el Macbook Air— ,y ya nos vemos, cara a cara. La mirada de los ojos de tu enemigo enmascara una tragedia griega. No lo duden. Nota: 7,9

 

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