Baretta 1975 “el detective a contracorriente”

La década de los 70 fue propicia para los detectives de televisión. Por aquel entonces, los malhechores temían ser descubiertos por el teniente Colombo (Peter Falk y su andrajosa gabardina de Cortefiel, que gustaba de hacerse el despistado ingenuo).  El divertido Cannon (un gordito, calvito y tragón, William Conrad que no se separaba de su perro Boxer); o el vaquero McCloud (Dennis Weaver) y su hermoso caballo por Central Park. El teniente Kojak (Telly Savallas) se dejaba querer con algunos de los mejores trajes de la época y su chupaChus de turno. También estaba aquel tipo tan simpático, que le habían colgado el marrón de un crimen, y se rehace como detective privado; Jim Rockford y sus casos (James Garner) era el amo de los Angeles y por supuesto, nuestras adoradas Ángeles de Charlie. La utopía de las barras y estrellas, de la libertad, rugía los fines de semana con el gancho del difunto Lew Alcindor en el Staples Center. Un joven Rudolph Giuliani, del partido republicano, iba haciendo camino en la política nacional y en la gran pantalla, la taquilla, reventaba con el film “The Warriors” de ínclito Walter Hill. Obviamente, la ciudad de la gran manzana, nuestro amado New York, tenía un creciente y permanente problema con  las bandas criminales. En nuestro país las cosas andaban a la búsqueda de una urna que pusiera orden al traspaso de régimen: muerto el perro Franco, muerta la rabia. Llegaba el monarca blanqueador de billetes de los reyes católicos, Juan Carlos I.  El pueblo, votó, por una gran mayoría; sí a la democracia. Un chico de la vieja falange, católico, serio y  buena gente.  Muy interesado en aprender del liberalismo británico; era el nuevo presidente del país. Se llamaba Adolfo y se gustaba decir: “puedo prometer y prometo…” Una España tan atolondrada, como la actual, pero con un ambiente de esperanza, de dar lo mejor de todos-as, por construir una piel de toro, libre, y con un relativo bienestar. Mientras, nosotros, nos dejábamos caer en estas fechas por las tiendas de electrodomésticos: TV,s de color, Telefunken, Thompson, Metz, Grundig o Blaupunk eran lo más cercano a las adictivas coreanas de los gigantes, actuales, Samsung y LG. También, se buscaba equipo estéreo sin eso del streaming.

De repente nos apareció un tipo, que se pasó media vida, en líos, Robert Blake. Lo primero que se nos viene a la cabeza, al escuchar este nombres, es aquella obra maestra llamada “A sangre fría”, libro escrito por el gran Truman Capote y dirigida por el inefable Richard Brooks. Pero con Bob era todo una caja de mil combinaciones. Tenía el mundo en una cuerda, que resultaba ser un yoyo. Se escapó de un barrio italiano, sin salida, de Nueva Jersey para convertirse en una estrella infantil en la serie Farm Hands (1943), con apenas, 5 años. Acabo siendo alcohólico y adicto a las drogas, sin apenas cumplidos los 18. El regresó en 1967 fue atronador, en un film, portentoso y fascinante. Una obra de culto, cinematográfica y literaria de la historia norteamericana. Realizando una interpretación demoledora de un asesino condenado a pena de muerte, Perry, por el asesinato de la familia Clutter. Aquel temperamental y errático Blake volvió a caer en una depresión muy profunda. Después de surcar varios océanos llegó su momento y con 41 años, no dejó escapar uno de los personajes, más carismáticos de esa gran época de la TV de los 70. Estaba muy cercano a la conquista del show; que le dio más gloria y dinero en toda su carrera. En 1974, Tony Musante (David Toma) tomó la decisión de no regresar para una segunda temporada de su serie de policías, del canal ABC “Toma”, conocida como (Astucia peligrosa) y auténtico humus, de lo que sería Baretta. Eso, sí, con un estilo áspero, sucio y mucho más cinematográfico que los shows la época. Se fue desmotivando y no contento con los hipotéticos cambios para una segunda temporada, lo  dejó. Empero, el productor Jo Swerling, Jr., estaba muy interesado en seguir con el formato y contrató a Robert Blake para que asumiera el papel. La serie iba con todas las de la ley, a ser llevada, como la 2ª temporada de Toma, y  Robert Blake, como el detective David Toma. Pero en el ambiente, se respiraba, ese oxígeno lleno de dióxido de cárbono , que significaría la cancelación definitiva de Toma. Una vez, visto toda la primera temporada, algo no terminaba de encajar entre los directivos de ABC.

Blake tampoco estaba muy emocionado de asumir un papel preestablecido, por lo que finalmente decidieron cambiar el título a Baretta. El primer cambió fue el escenario de la serie y también varios otros detalles menores, pero efectivamente, todavía era una continuación de “Toma”. Debido a que Blake tenía una personalidad tan fuerte (y el programa no había sido un gran éxito de todos modos), la cadena decidió renovar totalmente el programa, cambiando las duras y oscuras calles de NY por la bulliciosa L.A. de California. Agregando una mascota, sui generis, la cacatúa Fred, y renombrar el personaje de “Baretta”. Así, nos encontramos a nuevo Robert Blake, enfundado como Tony Baretta, el policía italonorteamericano  de aspecto desaliñado, ciertamente, no a la altura higiénica del teniente Colombo. Pero muy diferente de los clásicos policías de traje. “No cometas el crimen si no puedes cumplir la sentencia”, rezaba la máxima que guiaba la filosofía de un peculiar detective, que destacaba más por su rudeza que por su atractivo, no tenía don de gentes, vestía de forma extravagante y compartía habitación de hotel con Fred, la exótica cacatúa blanca. Frecuentaba el mundo del crimen: pequeños y medianos gangsters o traficantes. Vestido con sus jeans, camiseta muy ajustada y un palillo de bocera a bocera. Tony Baretta se movía como un pez en el agua entre prostitutas, narcotraficantes, ladrones, estafadores y toda la fauna del mundo criminal, al margen de la ley. Casi todos convertidos, en estimables informantes y valiosos colaboradores. Es decir, los típicos soplones, de gran eficacia, en el caso de Tony Baretta, tenía argumentos para mantenerlos contentos. Desplazarse por la ciudad de Los Angeles, es complicado, si no te tiene un vehículo. El peculiar detective conducía de Chevrolet Impala (1966) de cuatro puertas Mist Blue, oxidado. Obviamente, en mejor estado, que el famoso Peugeot de nuestro querido teniente Colombo. No obstante, para muchos televidentes, y criminales, Tony Baretta, era uno de los mejores expertos en el arte del disfraz, junto con el Santo, los mejores en esa faceta. La gente que lo admiraba, destacaba, su originalidad, y la propuesta, dentro de la colección de detectives setenteros: esa manera de afrontar la realidad, siempre a contracorriente. Además, heredó una habilidad muy selecta, hoy en día, la cocina italiana, los platos que realizaba su abuela Made in Italy. Era un pálpito —de lo que una mujer— llamada Carmela Soprano; nos mostró en la mejor serie de la historia de la TV. 

El artífice de todo ello, fue el guionista, Stephen J. Canell. El padre de la biblia de Antony Vincenzo Baretta, quien escribió el nombre real del personaje. Conocido por el éxito que había adquirido con otra serie, para la cual, se presentó Blake, pero terminó en manos de James Garner; “Los casos de Rockford”. Su vitola de Supershowrunner era más que obvia, además de su ingeniosidad para escribir personajes auténticos: desde ‘El equipo A’ a ‘El gran héroe americano’, entre otras. Baretta duró 4 temporadas y se filmaron 82 capítulos. Ganó varios premios, entre ellos el Emmy y el Globo de Oro para el imprevisible, Robert Blake. Todo el mundo, quería un autógrafo del nuevo héroe de la ABCTV; Tony Baretta. El protagonista por antonomasia del disfraz, cual, más surrealista, quien solía sorprender a sus propios compañeros. En más de una ocasión, llegó a ser arrestado por no querer destapar su indumentaria, ya que le permitía generar amistades con muchos de los malhechores que pululaban por la calles de Los Ángeles. Alérgico a la burocracia y las reglas, todavía sigue una especie de código no escrito, hecho de respeto, honestidad, apego al trabajo y envuelto de un lado muy cercano, relativamente, compasivo. Solitario, nunca aceptó tener un compañero para compartir el riesgo. El Inspector Schiller (Dana Elcar) era su jefe, más tarde fue reemplazado por el teniente Brubaker (Edward Grover) del luctuoso distrito 53 de Los Ángeles. El show tenía una sutil dosis de humor, gracias a los apuntes de Rooster (Michael D. Roberts), el extravagante amigo e informante del protagonista, y de su mascota Fred. Sondra Blake, entonces esposa del actor, aparecía ocasionalmente en la serie. Todo esto, sumado, al brillante score musical de la serie, escrito por los extraordinarios Dave Grusin y Morgan Ames: Keep Your Eye On The Sparrow, completamente instrumental, la cual, se decidió añadirle letras para ser interpretada por otro de los grandes de la canción: Sammy Davis Jr. Baretta y Blake fue otro pico de tensión mental, entre el personaje y la persona, en sí. La redentora victoria, en la eufórica noche de los Emmy de 1975, puso a Robert Blake en la cima del mundo.

Hay que reconocer que por la serie se dejaron ver rostros de lo más interesantes; desde Joan Collins, a Elisha Cook Jr, Belinda Balaski, Burt Young, Dick Sargent Dennis Quaid, Jennifer Jason Leigh, Tom Skerritt, Pamela Bellwood o Scott Glenn, de entre una larguísima e interminable lista de actores y actrices maravillosos. Baretta, hizo que Blake se subiera al cohete de la popularidad y explotó al máximo la situación. Comenzó a exigir guiones más inteligentes y a luchar en el set y en la corte por el control principal de la producción. Hizo que trajeran a su esposa Sondra como estrella invitada frecuente y comenzó a ignorar por completo a los directores que no le gustaban, dirigiendo efectivamente el programa él mismo. “El gremio dice que tienes que tener un director, así que pones a un director en la silla”, declaró Blake con arrogancia en 1976. “Es como meter una escoba en la silla. De todos modos, el espectáculo se dirige solo”. Blake fue citado además en Esquire diciendo lo siguiente acerca de sus directivos y dueños del show: “Aquí en Universal, nadie escucha y a nadie le importa. En lo que respecta a la mayoría de la gente, es mejor que se conviertan en Perry Mason o Donald Duck, no hace nada”. ¿Cuál es la diferencia? ¡Ninguna! Una vez que vendes la hora, mientras esté al aire, al mercado publicitario, ya da igual. No importa. Estás en antena o no lo estés”. Baretta se iba descontrolando y ello. No era ajeno al resto del equipo de rodaje. Las intensas batallas en el set finalmente llevaron a la destitución del productor original Swerling. Su cólera se cebó con otros despidos del personal de producción. Blake tenía quejas legítimas, quería una producción de calidad, de la que pudiera estar orgulloso. Pero luego tuvo que admitir que el consumo excesivo de drogas que se metía en el cuerpo nublaba su juicio diario. Cuando se le pidió que se describiera a sí mismo en este momento de su vida, Blake usó palabras como “loco”, “hostil” y “lleno de ira”, y buscó terapia para controlar esos malignos sentimientos. En la tercera temporada, rodado el episodio 10 (1976-77) Robert Blake anunció que no regresaría por cuarta temporada de Baretta debido a una disputa contractual con Universal. El estudio, ante la posibilidad de perder una de sus principales producciones, dio su brazo a torcer y ofreció una suma de dinero más sustanciosa a Blake.

 

Además de tener el control de producción ejecutiva sobre diferentes aspectos del show. Blake tomó la decisión de volver, de inmediato. RB, finalmente, recibió aquello por lo que luchó durante tanto tiempo, sin embargo, los datos de audiencia bajaron tan pronto como comenzó la cuarta temporada 1977/78. Cuando ABC trasladó el programa  de los miércoles por la noche al jueves, los números fueron mucho peor. Baretta estaba con media espada clavada en el esternón. Un año después, de la victoria moral y reivindicativa de Blake, sobre Universal. ABCTV, anulaba la serie en Menos de un año después de su victoria sobre Universal, Baretta fue cancelada en junio de 1978. Se pueden encontrar los capítulos en DVD por alguna web muy comercial, conocida de todos y en la webesfera. Curiosamente, 1999, con 63 años, Robert Blake, despojado de la piel de Baretta, vivió el más difícil caso de una dilatada vida. Su esposa, por aquel entonces,  Bonnie Lee Bakley (con un largo historial de divorcios y estafas) a la salida de un restaurante de la ciudad de Los Angeles, donde cenaban plácidamente, cuando salían del establecimiento, dirección al parking, ella se quedó sentada el asiento derecho de acompañante, esperando a RB, que le dijo: “he de volver cariño, me he dejado algo en la mesa.” De repente, recibió un disparo en la cabeza, mientras esperaba sentada a su marido, Robert Blake. Éste, cuando fue interrogado por la policía comentó que había vuelto al restaurante, a recoger una arma que se había dejado en la mesa. Nadie de los comensales, ni del servicio de restauración; vio nada extraño. Los dueños del restaurante italiano de prestigio, nunca vieron nada dudoso. La policía llevó a cabo una investigación, donde el misterioso crimen, sin pistas fiables, terminó con Blake como principal sospechoso. El juicio, en 2002 levantó una expectación mediática, al estilo O.J. Simpson. Finalmente, en 2005, fue absuelto por falta de pruebas. Al parecer, se sigue investigando en los tribunales sobre este affaire, que inspiró un capítulo de la aclamada serie de TV de Dick Wolf “Ley y Orden”.  Las últimas pesquisas hablan que allegados al hijo de Marlon Brando, Christian Brando, habrían podido ser los responsables de la muerte de la señora Bakley. Surrealista, pero tan verídico como la propia vida de Michael James Vincenzo Gubitosi, para los fans y amigos, Robert Blake, que con 87 años sigue vivo y muy cuerdo. Quizá ahora el actor recuerde algunas frases de su famoso personaje: Todos debemos pagar nuestras deudas; o Los únicos tipos malos que conozco están en la cárcel, o en la tumba… Así fue la historia del mítico detective y su cacatúa blanca. Auténtica, como su propia vida. El detective a contracorriente. Nota: 7,1

 

 

Las mejores series estrenadas en 2017

1. The handmaid´s tale

 

2. Godless

 

3. Mindhunter

 

 

4.The Sinner

 

 

5. Umbre

 

6 Feud

 

 

7. Manhunt: Unabomber

 

8. The Deuce

 

9. Ozark

 

10.Taboo

 

 

11. Pustina

 

 

12. Cardinal

 

 

 

13. American Gods 

 

14. Big Little lies

 

15. Fauda

 

16. Sorjonen

17. Glow

 

 

18. Snowfall

 

19.The Punisher

 

20. Sneaky Pete 

21. Alias Grace

22. Rellik

 

23. Valkiryen

 

24. Mary Kills People

 

25. Philip K. Dick’s Electric Dreams

 

 

Los mejores films de 2016

1.Nocturnal Animals by Tom Ford

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2. Land of Mine by Martin Zandvliet

 

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3. Hell or High Water by David MacKenzie

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4. Arrival by Dennis Villeneuve

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5. Hacksaw Ridge by Mel Gibson

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6. Sully by Clint Eastwood

 

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7. One More Time with Feeling by Andrew Dominik

 

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8. Elle by Paul Verhoeven

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9. The Handmaiden by Park Chan-Wook

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  1. Neruda by Pablo Larraín

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“Get on Up” (2014)

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En ese viaje donde la cámara conecta con la leyenda del individuo y su testamento: nos encontramos con todo tipo y formas de itinerarios; que son los géneros cinematográficos. Últimamente, la simbiosis Rock&Cine ha encontrado una empática alquimia. Los biopics de aquellas legendarias estrellas del Rock son una caja de bombones, con más peligro que un puma, suelto en Times Square. Bromas aparte. La cuestión es que cuando se llevan este tipo de proyectos, en torno, a una leyenda del Rock hay que tener detrás de la cámara a directores con una gran cultura y pasión por ese estilo. Algo así como los directores más sensibles con el arte y figuras del mismo. Caso de algunos genios de la pintura y demás afines. Sin embargo, en esta ocasión, tenemos la suerte de presentar y comentar un film, sobre una de las mayores figuras musicales contemporáneas —de un sonido único y legendario— que se confabuló en la ciudad de Detroit. Todos Uds. estarán pensando en las grandes voces negras de los 60. Es evidente, no van nada mal encaminados. Y Es que no todos los días podemos ver en la gran pantalla del Led, un film del padrino del Soul, el inefable James Brown. Película que cuenta en su producción con el favor del gran Mick Jagger  —en otra de sus múltiples facetas— y el reputado productor Brian Grazer. Jagger, anunció a bombo y platillo que estaría encantado, de realizar un biopic, de una de las figuras musicales, que más ha influido en su estilo musical.  El elegido para dirigir el interesante biopic de James Brown fue Tate Taylor que, alcanzó la fama, con la adaptación de la novela “The Help” (Criadas y Señoras) en 2011, todo un éxito de taquilla y crítica. Por cierto, este año nos llegará con otra película que viene con la vitola de gran novela “La chica del tren”. Bien, de vuelta a Get on Up, siguiendo el guion de los hermanos Butterworth (Fair Game y Edge of Tomorrow). Taylor nos propone un ejercicio de acercamiento al interior y la naturaleza más humana del mito Brown: el padrino del Soul.

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El film se abre con James Brown bajando de una camioneta Pick- up en dirección a una correduría de seguros. Engalanado con un chándal verde —supervistoso— de terciopelo. Y entra en la correduría de seguros, dándose de bruces con la empleada de la limpieza, la cual, se lleva un susto de muerte —ya que lleva puestos unos cascos con la música de Brown— cuando observa, que quien tiene delante de él; es el mismísimo James Brown. Se dirige a ella, en un estado de narcosis considerable. Coge el pasillo directo que le lleva hasta el WC. Del WC sale una mujer blanca madura y cierra la puerta. La puerta la abre JB y comienza a maldecir a la persona que ha utilizado su WC. Sale del local y vuelve a la Pick-up para descolgar una escopeta repetidora. Entra en mitad de la pesadísima charla sobre la venta de seguros, dada por un coach de asesoramiento. La cosa como el que no quiere, es que, entre el colocón que lleva la estrella del Soul y su monólogo, en torno, a los apretones intestinales, de un domingo cualquiera en la placida Norteamérica. Nos vemos una escena entre lo desternillante y lo patético; más propio de uno de esos soliloquios de un film de Tarantino. La platea de oyentes se sonroja al escuchar las palabras de JB y, a la vez, sienten el pánico como recorre sus carnes. Brown sigue insistiendo, en su discurso, balbuceante, sobre los dichosos apretones mañaneros. Cuando de repente, la escopeta se dispara y el cartucho hace un boquete enorme, cayendo un gran trozo de escayola.

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Todo el personal que estaba temblando sobre las sillas; se echa al suelo. Brown sigue con su movida y ahora le da vueltas al asunto por lo que le costara el desliz del disparo y su reparación. Luego se revuelve contra el personal y pregunta en voz alta —¿quién se ha ciscado en mi WC? Entre sollozos y lágrimas, la mujer que había salido del WC—un par de minutos antes—confiesa que ha sido ella. JB le dice que no la va a matar, incluso se arrodilla y la da la mano para que se levante y se asiente. Comienza un nuevo discurso —flipadísimo— sobre la actitud ante la vida y el arrepentimiento. Termina la frase de un modo lapidario con un: Yo, soy James Brown, y, además, hice lo debía de hacer en mi vida, cambiando el devenir de las cosas. En esos cinco minutos de película descubrimos un material, entre lo surrealista y lo genial. La arrolladora lección de magisterio interpretativo del actor Chadwick Boseman (42, Lincoln Heights, Justified) llega por momentos, a pensar en los documentales sobre el auténtico Brown y su manera de hablar. Una joya de actor que se mete en la piel de la pantera de Carolina del Sur. Alguien podrá decir que es lamentablemente cochambroso y puede que esté en lo cierto. Pero esto es un biopic Sres-as… El personaje deja bien claro cuáles son sus sentimientos y su manera de vivir: su música. El Soul fue él. James Brown era una locura.

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Un tipo que llegaba hasta el final y no le ponía reparos a lo que pretendía.  Taylor apuesta por una narración, tan de boga, por la ficción televisiva: flashforwards y flashbacks. El recurso de ir hacia delante en el tiempo y hacia atrás, haciéndonos entrever la difícil infancia de Brown, se dan cuenta y, puede hacernos entender, de donde provenían esa fuerza y rabia. El viaje rebobina hacia atrás para describirnos al pequeño James. En ese medio rural de Carolina del Sur donde James Brown convive con un padre adultero y alcohólico Joe Brown (el británico Lenie James Snatch: Cerdos y diamantes o Walking Dead) o Susie Brown (la siempre solvente Viola Davis nominada al Oscar dos veces por Doubt y The Help). Además, de una madre prostituta que los abandona. Estos viven en la más absoluta indigencia y la miseria de la vieja América profunda, una época donde la IIGM condiciona todo. Vestido con unos pocos harapos, en una choza del bosque, convive junto a sus violentos padres. No tardará en ponerse a trabajar en un prostíbulo, donde comparte una cama pequeña con un tipo llamado Big Junior, de una obesidad descomunal. Este tipo aleccionó al pequeño James Brown en el enredo y la oferta comercial del burdel donde pernoctaba a los soldados de permiso, que se dirigían como conejos a un campo de zanahorias. La situación del pequeño James Brown fue lo más parecido a un relato Dickensiano. Abandonado por su padre y al lado de su madre en un burdel, donde se ganaba la vida con la visita de soldados que volvían de permiso de la IIGM. Aquel prostíbulo lo manejaba una Madame. Ésta, le gustaba el chaval, su brío y arrojo, en su manera de trabajar (atrayendo a los soldados hacía su casa) y lo mimaba con buenas propinas.

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Empero Brown tenía un don que le lleva un día una iglesia, y, en mitad del éxtasis de los participantes, a modo de un clásico espectáculo, del film de los Blues Brothers; ve como un carismático predicador que le trasmite el espíritu del sonido góspel y la pasión por el baile. El viaje nos lleva a Brown a 1949, con un plano que se aprecia como el chavalín bailón, ya es un joven de 17—que rompe la ventanilla— de un coche, para robar una americana. La policía lo persigue y termina en el calabozo de la comisaria del condado. A la espera de que sea internado en una prisión/reformatorio junto a otros de su edad. La ley de entonces, en Carolina del Sur permitía llevar a una persona mayor de 17 años a la cárcel. La situación del joven pintaba muy fea, pues, como mínimo le caerían 4 años y una posible remisión de la libertad condicional, si mantenía un buen comportamiento. En uno de los descansos del correccional se organiza un pequeño concierto de Gospel/homilía, donde, la casualidad de las casualidades, JB entra en contacto con su mano derecha a lo largo de su carrera musical, Bobby Bird (Nelsan Ellis/True Blood). Prosiguiendo con la narración, nos encontramos con un momentazo para todo devoto del Rock: el minuto, donde el albur hace que Brown conozca a Little Richard. A partir de ese instante, el film toma una velocidad de crucero donde veremos el ascenso de esta estrella a lo largo de los 60 y como se convierte en una superestrella mediática llegados los 70 en medio mundo.  Puede que no sea la magnífica Walk in the line (2005) de James Mangold, pero Tate Taylor consigue una buen tempo narrativo. Una ligera reprimenda sería la historia en sí, los bien contada que esta la primera parte. Todos los insertos, la salida y entrada de los personajes.

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Después en la segunda parte, ahí vemos, como el metraje tiende a la pesadez y la reiteración de determinadas actuaciones o tics del propio Brown. A pesar de sus más de dos horas, amén, del terrorífico error sobre la verdadera repercusión en la vida musical y el estrellado del manager de Brown; Ben Bart. Un personaje interpretado por el siempre interesante Dan Aykroyd. Y es que, sobre la relación personal con el propio Brown, pone de manifiesto una especia de karma muy paternal de Bart con Brown. En el film se deja entrever que JB llegó a estar en el funeral del mismo Ben Bart (con un afligimiento terrible) en un cementerio judío. Un asunto que los familiares de Bart han criticado con ahínco, a la productora del film, pues James Brown jamás estuvo en el sepelio de BB. (Aún más, a sabiendas, de que uno de los personajes, que está detrás del film; es Mick Jagger). Bien, con esos defectos y otras grandes virtudes: el montaje final del producto sale victorioso, gracias a una excelente banda sonora rematar costuras que se han quedado fuera de la sarga, mencionada anteriormente, final. Una música donde suenan los mejores temas de este portaaviones del escenario. Afortunadamente, la dirección artística del film es modélica, algo muy cuidado en los biopics con buena producción. El viaje del padrino del Soul por seis décadas— de los 30 a los 80— es un gustazo y toda una lección de dirección de fotografía. James Brown es el producto, de una vida fingida, entre la desgracia del precio de la orfandad y el hecho de su reconocimiento como una de las grandes influencias dentro del Rock&Roll. Mayores son los aciertos que los defectos de un individuo —nuestro James Brown del cine— el maravilloso actor Chadwick Boseman lo borda. Siempre he dicho que los actores de color son mil veces mejores que los blancos norteamericanos.

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No quiero decir con esto que los blancos sean malos actores. Pero las cartas con las que juegan la partida no son las mismas. Algo de esto suena por la corriente del río con las últimas nominaciones de los Oscars a mejores actores y actrices ¿Racismo? En fin, no quiero meterme en este charco, pero hay mucha tela que cortar con todo lo que pasa con la población de color, de un gran país, donde su presidente es afroamericano. Lo dicho, contemplar la interpretación de canciones míticas, en la voz de Boseman es una delicia. Temas como “Caldonia”, “Please, please, please”, “Super bad”, “Try me”, “Soul power”, “Get up” (I feel like being a sex machine). Alucinante. El sonido es perfecto y lo dicho, el film es sensato y coherente con una figura de la historia de la música negra esencial. Referencia legendaria de cientos de bandas de los 80, 90 y este siglo XXI. Magnífico retrato socio-cultural de un tiempo compulso en la historia de los EE.UU son las vinculaciones del propio JB y el debate racial, así como el conflicto bélico de Vietnam y el parricidio del Dr. Martin Luther King tras su pérdida. Subidas y bajadas de un genio, que murió como lo que fue toda su vida: fuego y ritmo. La asepsia con la que se ha dejado fuera los aspectos más oscuros, del personaje y constante relación con la violencia de género. Todo ello bajo el efecto de drogas realmente poderosas y demoledoras que hicieron mella en el astro. Un film recomendable que no pude ver el cine y afortunadamente el Blu-ray da buena fe de que la tecnología cinematográfica tiene mucho futuro. Lo dicho, a los amantes del Soul y su figura pasaran un rato de lo más ameno y entretenido. Y aquellos que desconozcan la figura del personaje; es un buen momento para ponerse al día con una de las grandes leyendas musicales de los 60 y el género Motown. Cómo dijo un grande de la música; que sería de ésta sin el Soul. Disfruten con este homenaje, de otra leyenda viva del Rock, Mick Jagger, a este gran artista que fue James Brown. Nota:6,8

The best albums of 2015

1. Alabama Shakes “Sound&Color”

 

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2. The Sonics “This Is The Sonics”

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3. Wilco “Star Wars”

 

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4. Courtney Barnett “Sometimes I Sit And Think, And Sometimes I Just Sit”

 

 

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5. Sufjan Stevens “Carrie & Lowell”

 

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6.Father John Misty “I love you, Honeybear”

 

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7. Sleater-Kinney ”No Cities To Love”

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8. Richard Hawley “Hollow Meadows”

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9. Björk “Vulnicura”

 

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10. Jason Isbell

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Secret Beyond the Door (1947)

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Criss Cross (1949)

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Scarlet Street (1945)

 

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The Naked city (1948)

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Shadow of a doubt (1943)

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Hopper in Gloucester

Edward Hopper's work in Gloucester, Massachusetts and beyond

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El dolor sí tiene nombre

Vivir con dolor crónico (Neuralgia trigeminal)

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