Los 10 mejores films de 2020

 

1. Sound of Metal

 

2.  The Druk

 

 

3. First Cow

 

 

4. The Devil All the Time

 

 

5. Falling

 

 

6 The assistant

 

7 Tesla

 

8 Ammonite

 

9 Possesor

 

10 Shirley

 

Las 30 mejores series estrenadas en 2020

 

1. Zero Zero Zero

 

 

2. Gangs of London 

 

 

3. Des

 

 

4. The Queen’s Gambit

 

5. Valley of Tears

 

6. I May Destroy You

 

7. The Great

 

8. Unorthodox

 

 

9. White House Farm

10. Sløborn 

 

 

11. Raised by Wolfes     

 

 

12. The Outsider

 

 

13.  Perry Mason

 

 

 

14. High Town

 

15. Kalifat

 

16. DNA

 

 

17. Baghdad Central

 

 

18. The Trial of Christine Keeler

 

19.  L’effondrement

 

  20. The Luminaries    

 

  21. The Good Lord Bird

 

22. The Liberator

 

23. Hunters

 

24. Stateless

 

 

25. Upload

26. The White Wall

27. No Man´s Land

 

 

28. Twin

  29. Ted Lasso

30. Box 21

ZeroZeroZero (2020) La última odisea de Saviano

Basada en la novela del mismo nombre de 2013 y segunda en la exitosa carrera del periodista italiano, Robert Saviano. Zerozerozero (2020) es la nueva serie, en dónde, el narcotráfico se narra desde el certero punto de vista del escritor. Una producción internacional, de alto calibre; que une a Amazon con las plataformas europeas Sky Channel y Canal Plus. El libro es adaptado brillantemente por Stefano Sollima, Leonardo Fasoli y Mauricio Katz. ZeroZeroZero se centra especialmente en el tráfico de drogas entre México y el sindicato italiano del crimen organizado conocido como ‘Ndrangheta. Se juntan con la productora gen de la marca Made in Saviano Cattaleya Prdnes; que tan buen hacer dejó en su gran obra maestra Gomorra (2014). No se han escatimado medios para esta fascinante producción.  ZeroZeroZero es la historia del daño causado por el envío de 5.000 kilos de cocaína; que induce a tres conjuntos de personajes en una carrera de colisiones estruendosas por el poder, donde los daños colaterales trascenderán dimensiones trágicas.

 

El abundante cargamento de cocaína ha sido ordenado por un anciano jefe de la mafia calabresa conocido como Don Minu (interpretado por un estupendo Adriamo Chiaramida), quien salió de una cueva fortificada secreta después del final de una guerra de pandillas y quiere volver al juego. El Capo, de los Capos de Calabria. Sin embargo el pago de las drogas es secuestrado por su nieto Stefano (el joven actor Giuseppe de Domenico), buscando venganza por una vieja disputa familiar y nada reacio a hacerse rico en el proceso. El quid del supuesto poder en la poltrona, del viejo huraño, depende de la llegada del cargamento de cocaína que arriva desde México. Manuel (Harold Torres), un soldado de las fuerzas especiales del ejército mexicano entra en acción. Un tipo de ojos fríos que no le tiembla la mano con el arma y se comporta como un auténtico Terminator de oscuras cábalas. Lleva a su equipo de soldados contra el cartel a una aventura despiadada y sangrienta en su vida privada, mientras mantiene su asistencia a los servicios evangélicos de la iglesia.

Valiéndose de su aprendizaje, en la precisión militar y tácticas abyectas para destruir la infraestructura local corrupta, originará demoledores conflictos en ese lado de la ecuación. Gracias a la relativa disminución en el procedimiento legal y médico, se siente olvidado como héroe de gran calado refugiado en su guardia pretoriana, su unidad de operaciones especialesque es vista con lupa, en los medios de comunicación como un peligro de las libertades civiles. La absoluta falta de ética y conciencia, tiene sus réditos más pírricos: los niños que terminan muertos sin saber el porqué. Sus enfrentamientos suelen terminar con grandes daños colaterales y trifulcas que causan pavor y espanto. Obviamente, es un proyecto internacional, muy bien nutrido, para contar una historia del narcotráfico mundial. ZZZ, evoca el spinoff televisivo de Steven Soderbergh “Traffic”(2000). Me atrevería, a decir, que mucho más cercana a esa miniserie que dirigió Stephen Hopkins, a la postre todas deudoras de la original serie de TV británica “Traffik” del Channel 4 dirigida por Alastair Reid. El título no se explica, pero presumiblemente se refiere a las grandes sumas de dinero intercambiadas, a través, de aplicaciones bancarias o bolsas de lona. Empero la auténtica alegoría de Saviano es la siguiente: ZeroZeroZero — es una referencia a otro narcotraficante que dice; toda una obra de teatro sobre el sistema de clasificación de la harina italiana para hornear, en la que “cero, cero” es el mejor grado— es una historia sombría, arenosa y sangrienta del tráfico de cocaína.

 

 

Un producto comprado en México y transportado a Italia por un corredor estadounidense, es un contenedor de envío de latas de jalapeños que en realidad contienen cocaína. Son un dispositivo narrativo y visual familiar pero efectivo, viajeros cansados pero decididos cuyo progreso buscamos al subir y bajar de barcos y transportar camiones por desiertos y montañas. También son mudos testigos de las tribulaciones de sus vendedores mexicanos, compradores italianos y exportadores estadounidenses No tiene nada del glamour o la sexualidad de alto octanaje del mítico Scarface o elegante Miami Vice. La mayoría de los jefes viven no en espaciosos palacios Art-deco sino en fortificaciones monótonas; no usan Armani, ni Dior o Paul Smith. Todo lo contrario petos de polietileno, a modo, de armadura corporal; pasan su tiempo libre no acariciando supermodelos sino contemplando paranoicamente quién podría estar conspirando contra ellos. Uniendo a los dos grupos están los intermediarios; la familia naviera con sede en Nueva Orleans, los Lynwood. Liderados por el primer patriarca de los negocios, Edward (Gabriel Byrne) y la hija Emma (Andrea Riseborough), con el hijo protegido Chris, éste sufre una enfermedad genética que le destruirá neurona a neurona (impresionante interpretación Dane DeHaan) inesperadamente empujado a la refriega. El motivo central de ZZZ es la traición.

 

 

Cada personaje está maquinando uno contra el otro, o pronto lo estará; ni la sangre ni el dinero aseguran la lealtad. Tanto los traficantes como los policías que los cazan no tienen alma. Zerozerozero es un programa fascinante, pero solo porque la trama es sociopáticamente penetrante; no hay nadie a quien apoyar, ni siquiera en contra. Cada vez que crees que has identificado al personaje —que puede llegar a empatizar contigo— te das de bruces contra la malignidad del resto del grupo. A medida que avanza la trama tornará hacia una depravación mucho mayor. Estamos ante una epopeya expansiva y sombría como esta se completa con su vigor cinematográfico, del cual ZeroZeroZero tiene mucho. Sus escenas de acción pueden estallar en algunas persecuciones de autos, tiroteos y asesinatos impactantes realmente emocionantes. Todo lo cual hace que algunos de sus golpes visuales más espeluznantes dejen sus señas de identidad de cineastas, con solera, casos de Iñárritu, Mann, Miike, Ferrara o Sheridan.

 

La maestría, en esa forma, de hacer entrar la cámara, al contenido, moviéndola muy suave, daándole el tempo lento justo para que el do mayor dramático para cambiar el escenario sean pura imaginería cromática. ZeroZeroZero sobresale en la creación de un mundo rico que envuelve su propia naturaleza interconectada; su alcance se convierte en un arma en sí misma, lo que le permite saber hasta dónde llega todo. Es el tipo de thriller que causa una impresión tan profunda; ya que puede pensar en grande y pequeño al mismo tiempo, uniendo tres historias individuales apasionantes en una odisea masiva. ZZZ adopta la postura moral del clásico cine de Martin Scorsese, en el sentido de que se aleja de tantos grados de maldad y permite que Dios los resuelva. Enredarse con tales villanos en una historia trepidante puede ser estimulante al principio, seguramente. Aunque, por experiencia propia, no tienen un buen final, palabra de pecador. Un detalle que chirriaba un poco, fue en el primer episodio, la utilización del recurso de la voz en off de Gabriel Byrne, el cual, se vuelve demasiado didáctico, en torno, al tráfico de drogas. No transmite en la narración visual, ninguna sorpresa ni soporte de sugestión al espectador.

 

Esta ficción depende más de su estilo narrativo firme, de traiciones interminables y ofertas de poder. Todo ello, mientras trata de darle un poco de frialdad al negocio en cuestión. Si que es verdad, que los planos largos y panorámicos dan ese aire intimista. Las ubicaciones en el norte de México, el sur de Italia y el Sahara entre Senegal y Marruecos, se fotografían de forma que son al mismo tiempo llamativas y poco sorprendentes.  El ambiente de texturas de la marca de la casa, Gomorra —acción violenta representada con un melancólico minimalismo de tono y estilo— se ve reforzada por la música fascinante de la banda escocesa Mogwai. La misma que es inesperadamente soñadora en un mundo convertido en una pesadilla terrorífica. Esta es una historia en la que aparentemente todos los principales implicados en el tráfico de drogas han utilizado sus ganancias obtenidas ilegalmente para comprar una residencia en enclaves protegidos por organismos y autoridades locales.

 

Una auténtica clientela de todo tipo de pelaje que se prestan al soborno y al juego de estos individuos que capan por el mundo a sus anchas. El pueblo llano vive completamente ausente en este show, ya que ZZZ, los tritura como otro fardo de cocaína. El ser humano es un objeto desechable e invisible para el poder. Tal vez, es aquí donde los directores de fotografía Paolo Carnera y Romain Lacourbas son los espectadores de lujo que contemplan esta locura. ZZZ en cada episodio de 55 minutos es una toma o un plano secuencia, que desborda con la belleza natural de la costa de Calabria o el desierto africano entre Senegal y Marruecos, o los altiplanos de Monterrey en México. Todo ello de las manos de tres grandes cineastas: Janus Metz, Stephano Sollima y Pablo Trapero. El mismo acopio de contenedores en el puerto se convierte en belleza mientras son llevados milimétricamente por las grúas o la escala industrial de un vasto patio de embarque o carguero apilado de contenedores. El mal y la frialdad, parecen ir juntos de la mano. Siempre trayendo la eterna odisea de los tormentos de Saviano Nota:8,4

 

 

Waco (2018) 25 años después, la misma sangre

 

El clima político actual de EE.UU, está viviendo un cambio radical en la cultura popular —algo que se percibe— en el sustancioso y adictivo mundo de la ficción. Las películas y los programas de televisión son inevitablemente sopesadas por la actualidad más inmediata. La misma que refleja los acontecimientos más presentes de la más cercana historia contemporánea de Norteamérica. Caso adyacente y que ha trascendido —dada su personalidad— lo tenemos, en el film “The Post”, de Spielberg. Candidata a mejor película, en la última entrega de los Oscars, es un film —claramente— contestatario a la feroz guerra, de la administración Trump, contra los medios de comunicación, especialmente, los escritos. A la luz de esa inclinación natural, no es de extrañar, que la cuestión de cuánto podrá confiar en la nueva administración gubernamental la sociedad estadounidense (dada la fractura entre los críticos y los acólitos) se haya convertido en un tema prominente, a la hora, de afrontar cualquier historia de la mayoría de las obras contemporáneas. Sin embargo, hoy mismo las calles de todos los estados que forman esa gran democracia están diciendo que hay que parar a las armas. Un debate, que a pesar de su actualidad, lleva golpeando a la nación norteamericana desde el final de la IIGM. Partiendo de este preámbulo, la factoría de la todo poderosa Paramount, ha creado, su nuevo canal de TV, Paramount Network. Presentando en pleno invierno y nuevo año; Waco (2018) es una apuesta, por una serie compleja y muy interesante. Hablamos de la historia del sectario líder y su troupe. Así como del triste asedio del Rancho Daviniano, que habitaban, defendido hasta la muerte y armados hasta los dientes, por el jefe espiritual  David Koresh, en 1993. La serie se inicia, con la presentación del personaje dirigente —de la secta davidiana— y el resto de sus protagonistas más importantes. A principios de los 90, la administración Clinton tiene que manejar feos asuntos domésticos de carácter subversivo. Algo así, como el fenómeno antisistema europeo de esta última década en Europa. Muchos fueron los iluminados fanáticos y grupos que sembraron el caos en los EE.UU.

 

 

Atentados y disturbios de primer orden. En Waco, no se pierde la oportunidad de mostrar —en un pequeño cambio de escenario— el sitio de 1992, en Idaho. Donde un grupo supremacista ario, se atrincheró en una atalaya, mostrando una actitud de violenta rebeldía contra todos las legalidades de la administración del gobierno estadounidense. El responsable del equipo de asalto de la ATF, sufrió un sonoro revés. El negociador, un hábil y siempre ejemplar Gary Noesner que interpreta, el inefable Michael Shannon, /99 Homes (2014) Nocturnals Animals (2016) The Shape of wáter (2017)/, todo un invitado de excepción. La ATF, junto al negociador GN, y parte del FBI, se las vio y deseo con el personaje David Koresh y sus prosélitos en la dura y salvaje Texas. Aquel tipo se veía como un auténtico profeta. Vivió con sus seguidores en Monte Carmelo cerca de Waco, Texas. Los adeptos a la causa —su rama davidiana— parecen básicamente gente de buen corazón y algo bobalicones, en apariencia. Es verdad, que todo el mundo es un enigma. Cuando la cámara abre con el primer plano de la cara de David Koresh y sus características gafas de montura metálica—muy propias de un asesino en serie autoestopista— parece ese tipo de hippie enrollado, con toque payés, en su huerto de Formentera; que desprende generosidad y bondad. El David Koresh de Waco está muy lejos de ser un tipo violento y feroz. Con un tono de voz suave, optimista y amabilísimo. Pero en el salón del rancho está el escenario con los instrumentos y ahí el amigo DK se arranca con “My Sharona” de The Knack. Y saca un poderío de estrella del Rock System que te deja absorto. Y es que Taylor Kitsch es un pedazo de actor, como la copa de un pino; True Detective (2015) Normal Heart (2014) o Lone Survivor (2013).

 

A pesar de algunas lagunas que se observan en el guion y la dirección de un par de episodios. Posiblemente, por decisión mayor. Ya que las mismas, si están constatadas en los libros de referencia. Donde se repasa, a fondo, la figura del fanático y magnético DK. El joven Vernon Howell (nombre de pila) se mudó a Waco, Texas, uniéndose a un grupo escindido religioso (el ala más disidente de los Davidianos) llamado los Adventistas del séptimo día. El supuesto profeta y protagonista de toda esta historia; nació el 17 de agosto de 1959 en Houston, Texas. Vernon Howell nunca conoció a su padre, y su madre tenía catorce años, cuando ella dio a luz, entregándole, la criatura, a su abuela, cuando él era solo un bebé de chupete. Cuatro años más tarde, a la edad de ocho años; un año después de que su madre regresara y se casara con un nuevo amante; Howell afirmó que fue violado —en grupo— por una pandilla de niños mayores. Era un estudiante en una clase de escuela primaria para necesidades especiales, donde la intimidación se intensificó hasta el punto, que la violencia sexual estaba a la orden del día. David abandonó la Escuela Secundaria de Garland. A partir de ese momento, trabajó en tareas domésticas y a los veintidós años, tuvo una aventura amorosa con una adolescente de quince años, a la que dejó embarazada. Debido a esta autopercepción de vergüenza, Howell, se declaró a sí mismo: Nacido de Nuevo para unirse a la iglesia de su madre: Los Adventistas del Séptimo Día. El trepa de Howell fue ganando autoridad y finalmente, el liderazgo del grupo, reclamando el poder de la profecía y posteriormente siendo visto como el último profeta del movimiento, Howell cambió su nombre por el de David Koresh, evocando el linaje espiritual que pretendía tener (es decir, él era “descendiente” auténtico y puro).

 

Desde la línea del rey David y se hicieron comparaciones con el pseudomesiánico Ciro el Grande (llamado Kores en la Biblia). En la Iglesia del Séptimo Día, Koresh se enamoró de la hija de un predicador y, mientras rezaba para recibir orientación sobre cómo manejaría estos pecados, abrió su Biblia en Isaías 34:16. “Nadie debería querer a su compañero…” decía, y David se convenció de que esto era una señal de Dios, antes de informarle al padre de la niña que el Señor quería —que tomase— a su hija por esposa. El pastor no estuvo de acuerdo con esta versión del evento y arrojó a David de su congregación y comunidad. En el exilio, Koresh viajó a Waco, Texas, y se unió al culto del rancho Davidiano, una escisión de los Adventistas del Séptimo Día: los Davidianos, allá por 1983. Casi de inmediato, tomó la decisión de tomar el control del grupo y luchó por el poder contra el líder George Roden, hasta que Roden fue encarcelado por matar a otro rival. Waco es una historia escrita por el dueto cinematográfico: John Erick y Drew Dowdle. A partir de los libros de memorias de dos personajes reales:  “Stalling For Time: My Life”  de Gary Noesner  y “Thibodeau’s A Place Called Waco: A Survivor’s Story de David Thibodeau”. Curiosamente, ambos cineastas venían de producciones de terror con presupuestos ajustados: The Poughkeepsie Tapes (2007), Devil (2010), y lo más reciente un drama de acción, con golpe de estado de por medio, No Escape (2015) protagonizado por los actores Owen Wilson y Pierce Brosnan. Obviamente, el paso del terror y la acción al relato ficción televisiva de la historia naciente de los Estados Unidos; es quizás tan grande como el que va del largometraje a series televisivas de grandes eventos señalados. Dado el actual estado de la televisión y su gran capacidad de recursos (además, del apasionado deseo de quienes lo hacen) para competir con lanzamientos teatrales, entretenimiento y el cine. Atrayendo a estrellas reconocibles y ofreciéndoles material potencialmente atractivo para interpretar. Entonces, ya no es una cuestión de darle un impulso anecdótico al estudio. Se está intentado promover las muchas sinergias que comparten, y dando signos, más que evidentes del inminente cambio.

 

El interés de la TV en streaming, por realizar proyectos cinematográficos, se demuestra —claramente— con una relativa restricción en la producción, de términos, en cuanto al propio tamaño de la serie en sí.  Algo, muy parecido a las producciones televisivas británicas; el modelo de los seis episodios. La reivindicación del formato miniserie. Waco aporta una sensación de brevedad, especialmente cuando se compara con los 10 episodios de The X-Files o los 9 de American Crime Story of Versace. Pero es una magnífica producción. Hay tanta televisión a la espera de ser vista, y con múltiples redes, expectantes, por obtener los ojos de los televidentes, en sus productos, que cuando llega el día de su emisión, parece que pedir un compromiso de seis semanas: se atisba como una victoria. Empero el propio producto, Waco, tiene potencial de sobra para ser candidata en los próximos Emmys. A ello, le sumariamos, una cortinilla de presentación muy hermosa, la excelente fotografía de Steven Finestone y una hermosa BSO del compositor de moda, Jeff Russo.  Siguiendo el itinerario del visionado, vemos que los acontecimientos que se están desarrollando son tan horribles que podrían separarse fácilmente de la realidad. Sin embargo, las tres actuaciones están tan bien fundamentadas que mantienen la serie anclada, ofreciendo tres perspectivas diferentes sobre el asedio. Schneider, que ha vivido en el complejo durante años, tiene un interés evidente en mantener las cosas como están. Noesner, a veces, resulta lo más extraño e impolíticamente correcto, que se ha traído para ayudar a resolver el caso. Otro gran personaje es Jacob Vázquez —papel que borda— un veterano John Leguizamo Bloodline (2015) The Infiltrator (2016) y John Wick: Chapter Two (2017). Un agente encubierto de la ATF, que conoce el medio, ya que sabe que hay algo muy raro y perverso, en el complejo. No obstante, siente cierta responsabilidad por las personas, que están adentro, y tan sólo han sido más que amables con él. De ahí la accesibilidad de Vázquez con el clan. Además del conflicto entre los negociadores y los presentadores de cargos: el principal peligro en Waco es entre estadounidenses razonables que simplemente viven de una manera extraña, y un gobierno que no los va a dejar en paz. No se cederá ni un centímetro.

Son consignas que vienen desde muy arriba. No se mencionan —estrictamente— las creencias controvertidas de los Davidianos. La secta había albergado ocurrencias como concursos de resurrección, en los que un candidato a líder desenterró un cadáver y creían que el Armagedón era inminente. Incluso una boda falsa, diseñada para ocultar el hecho de que Koresh engendró un hijo con una niña menor de edad, es retratada con un encanto caprichoso. La niña sonríe dulcemente mientras Koresh toca la marcha nupcial con una guitarra eléctrica. A modo, del gran Slash en el video “November Rain”. Cuando toca la Fender siente el éxtasis de cualquier estrella del Rock. Se lo cree. Es magnífica la secuencia. La humanización íntima de Koresh y sus seguidores se presenta como una defensa pura, una reivindicación de los derechos de los grupos marginales a existir con enormes reservas de armas sin atraer la atención de la ley. Además de los espectadores potenciales, muchas actuaciones sobresalientes vienen a la mente. Paul Sparks, un clásico Made in HBO, The Night of, The Girlfriend Experience (2016) y House of Cards (2013) es Steve Schneider. Para Koresh es su mano derecha. Schneider aporta el mismo tipo de humanidad y fundamento, en un lugar donde campa la alucinación colectiva. El personaje de Schneider es fascinante, pues, estamos ante un profesor de Teología, un tipo, leído y muy viajado. Es curioso ver, como la mayor parte del tiempo, lidia con el estrés del estilo de vida davidiano (especialmente con su mujer, una de las esposas espirituales de Koresh, del cual tiene un hijo) y teniendo la tarea de mantener el complejo unido durante el asedio. Schneider es la duda constante, en más de una ocasión, ha amagado con abandonar a toda la comunidad. Salir de aquel engendro de iluminados o desgraciados abducidos.

Empero, da marcha atrás, pues, hay algo de prestidigitador en el discurso de Koresh que encandila a Schneider, volviendo a ubicarlo en su labor de hilvanador de la crisis interna dentro del rancho, quien muestra la gravedad de la situación que se cierne sobre Schneider en todo momento. Melissa Benoist conocida por interpretar el Supergirl (2015) y Patriots Day (2016). Está fantástica, en el papel, de la esposa de Koresh (lo más cercano a la compañera principal). Rachel, que muestra a su vez la vulnerabilidad de una madre que trata de mantener a sus hijos seguros en una situación extremadamente peligrosa y en el interior la fuerza de esa líder de grupo tratando de aglutinar a todos juntos. A pesar de que su papel se ver reducido de lo que podría haber sido. Shea Whigham (que Scorsese le dio la vida, en Boardwalk Empire, The Wolf of Wall Street y Kong: Skull Island) proporciona la fuente del lado más militarista de las cosas como el agente del FBI Mitch Decker, cuya sombría cosmovisión y dureza en sus metodologías chocan con las de Shannon. Y ese actor Rory Culkin… no puedo evitar el preguntarme, ¿han pasado realmente dieciséis años desde Signs? Me miro, en el espejo y claro que sí. Aporta un sentido de humanidad y comprensión del ya mencionado Thibodeau, a quien vemos unirse al grupo, involucrarse personalmente con los miembros y, finalmente, de algún modo salir vivo del otro lado. En un agradable gesto con las magníficas fuentes, de Noesner y Thibodeau. Cada vez que parece que la narración se inclinará demasiado, a favor de un lado sobre otro, se lanza una nueva finura en la obra. Cuando Koresh amenaza con ser demasiado comprensivos, nos recuerda el hecho de que fue acusado de violación legal.

 

Cuando la ATF o el FBI parecen demasiado heroicos, se nos recuerda que es muy posible que hayan instigado el tiroteo y tapado los detalles para parecer menos incompetentes. Con ese fin, Waco se convierte en una de las series más efectivas de intriga, suspense y acción, en la memoria reciente. No sucumbe a la presión de declarar un héroe o un villano, ni crear una narración que sea clara en términos de quién era responsable. Y, como una advertencia para los débiles de corazón: Waco tampoco corta las esquinas cuando el sitio realmente comienza. Los desacuerdos entre el equipo de negociación del FBI y los defensores de la contundencia llevaron a la desorganización y la indecisión. Después de 51 días, el FBI lanzó un ataque con gas lacrimógeno. En Monte Carmelo ardía todo, mientras las cámaras de las TVs rodaban. Dos años después, Timothy McVeigh colocaba 1800 kilos de explosivos y hacía volar el edificio federal de Oklahoma City. Curiosamente, citando a Waco como evidencia de un gobierno intimidante —cuya nariz— pedía sangre. El tiroteo es salvaje y ensordecedor. Incluidos carros de combate del ejército norteamericano. Dejando cuatro agentes federales muertos y dieciséis heridos, mientras que cinco Davidianos yacían muertos y más heridos, incluido Koresh. Lo que siguió fue una lucha burocrática muy larga, a degüello, entre la ATF, FBI y elementos del ejército. Los davidianos aguantaron cincuenta y un días. Y ahora qué ¿Cuántas pistolas tenían los Davidianos? Algo fallo o fallaba desde el principio. Tampoco se obtiene una gran explicación sobre cómo Koresh apoyó financieramente a todos sus seguidores, que ocupan una gran casa llena de niños. Otro elemento discordante es la historia del líder Koresh viene de la licencia del gurú, para dormir, con mujeres menores de edad, supuestas “novias”, en su opinión. Es una parte de la historia que no está del todo bien desarrollada, siempre, partiendo del excelente material biográfico. Entonces o ahora, tal comportamiento sería profundamente inquietante, si no ilegal, pero estas preocupaciones se plantean brevemente solo para dejarlas de lado. Michelle Jones (Julia Garner) The Americans (2013) Grandma (2015) Ozark (2017) tiene una escena en la que se queja de haber sido obligada a tener relaciones sexuales con Koresh a una edad muy temprana, y ella tuvo a su hijo, como muchas mujeres en el complejo.

 

 

La falta de curiosidad sobre el daño infligido a las mujeres en los alrededores de Koresh representa una oportunidad perdida, y es aún más decepcionante dado que los miembros del elenco, además de Garner. Caso de Melissa Benoist y Andrea Riseborough  de Cocodrilo de Black Mirror (2017) y la muerte de Stalin (2017) son actores hábiles que podrían haber aliviado los dilemas de las mujeres. Decenas estaban dispuestos a morir por Koresh, o arriesgaron sus vidas en el intento de frenar su influencia. Pero a pesar del conato parcialmente exitoso por aclarar las cosas, Waco rara vez ofrece el tipo de profundidad, que haría que el examen de estas poderosas motivaciones sea convincente. Por lo tanto, a aquellos fanáticos de los derechos de armas (La asociación de amigos del rifle&Cia) saciarán una curiosidad puramente mórbida, y seguirán disintiendo de la posición gubernamental. Otros, nos quedaremos pensando, en la figura de aquel simpático mormón (el fallecido Bill Paxton) de la serie de culto de la factoría de HBO, Big Love (2006) y sus perspicaces esposas. Existe como un karma, que no sé muy bien cómo definirlo, en esa extraña interpretación de Taylor Kitsch. Cuando todas las mañanas, inicia el mismo ritual, el chándal y las zapatillas. Y a correr por la pradera, como un runner de fin de semana, con sus hijos. Y volvemos a preguntarnos: ¿qué le pasa por la cabeza y que esconde en esos ausentes ojos tras las gafas metálicas de Psychokiller? Esas jodidas gafas que los hípsters de 2018 las compran como churros. No voy a preguntarle a la vicepresidenta de mi gobierno, ya que es otra fashion victim. Me quedo con la cara de Michael Shannon, ese rostro de poliédrico de tipo duro, que es un poema. Algo así, como el agricultor, que ve la llegada de la tormenta de las tormentas y no va a quedar nada en aquel polvoriento y desvencijado rancho de Monte Carmelo. Posiblemente, tras un segundo visionado, algunos estaremos más contentos de ser ciudadanos europeos y convivir con una ley sobre el uso de armas, con unos cánones de seguridad, relativamente equilibrados. En Waco hay sangre de sobra —que mancha a las mascotas de turno— de los dos partidos; que son la Norteamérica utópica de la libertad. Demócratas y republicanos son cómplices del fascinante espectáculo de delirio, fanatismo y violencia colectiva. 25 años después, la sangre del fantasma de Waco sigue en los corazones de los estadounidenses. Nota: 7,6