After 30 years “Moonlighting” (1985/89)

BRUCE WILLIS, CYBILL SHEPHERD

 

Probablemente no  habrá concepción más rica y fértil en la historia de la televisión que el drama de detectives. Las décadas han florecido con ellos, esencialmente, en la prodigiosa y policíaca de los 50, y básicamente, a partir de los 70. Pero el advenimiento de los 80 fue un periodo de sobreexposición a un público, curtido en el visionado de seriales de todo tipo y pelajes, muy difícil de sorprender. Los problemas —que a menudo— se produjeron en las propuestas de las grandes cadenas no terminaban de sortearse y la vis creativa andaba algo dormida. Muy pocos tomaron la idea y la desarrollaron, en algo único, atractivo y fresco.  En el año 1984, cuando el guionista y productor Glenn Gordon Caron —creador de la mítica Remington Steele (1982) y la más reciente Medium (2005)—  se encargó de escribir una serie de detectives de gama alta, con una gran estrella al frente de ella. Basándose en las comedias clásicas de enredo del maestro Howard Hawks. Creó un símil televisivo lleno de equívocos constantes, diálogos vertiginosos y punzantes. Así como una TSR (tensión sexual no resuelta) entre ambos protagonistas. Aquello fue acuñado por los gurús de la escritura creativa como “dramedy” (un mix entre el drama y la comedia, en idénticas proporciones). Ya, lo sé que algunos pensarán aquello de: “Si Hawks levantará la cabeza…” Pues, que estaría la mar de contento y punto. En fin, nuevamente, la cadena ABC apostó todo al rojo y saltó la banca. Luz de Luna, se convirtió en un gran éxito de audiencia; innovadora, cínica y romántica. Un espectáculo que quería ser diferente, literalmente, se dirigió a su público; al que supo darle capitulo a capitulo, semana tras semana el meritorio lugar de ser una de las mejores series de la historia contemporánea.

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A lo largo de 5 temporadas (1985-1989) y un total de 66 episodios supo mantener un altísimo listón, con sus originales y brillantes historias, a millones de televidentes. Coincidiendo con el lanzamiento del capítulo piloto hace 30 años, aprovechamos la ocasión para hacer hincapié en este gran show, que tenía a toda una generación “bola de cristal”, de pelos largos, melenas rizadas, onduladas, tintadas, neones y gafas de sol enganchada a ella. Ropa grande y con unas hombreras, que ni las gargantas del cañón de Colorado. Eran parte del aquel divertimento con mucho estilo ochentero. De la noche a la mañana dos actores—llamémosles—nuevos, en aquel mundo mediático, de la época irrumpieron con gran fuerza y solvencia. Por momentos, la bella Shepherd y el machote Willis llegaron a darnos la sensación de haberse pasado la vida haciendo esta serie. El casting estaba compuesto—aludidos, anteriormente— por la guapa y estilosa, Cybill Shepherd (Maddie Hayes), que gran parte del equipo de producción la tenía en agenda como su primera opción. Y por la parte del partenaire masculino fue difícil dar en el candidato. Sin embargo la valiente apuesta de la productora de proponer a un desconocido, Bruce Willis como el detective David Addison Jr. fue todo un acierto. Tras un complejo casting con más de 3.000 pretendientes, ahí estaba aquel tipo crápula, extrovertido, amante de  la diversión, atrevido y seductor se convirtió en la sensación de los ochenta. Estaba naciendo la leyenda de una superestrella Made in Hollywood; el héroe Bruce Willis.

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La trama partía desde una flagrante estafa—que la  jefa y ex modelo Maddie Hayes— había sufrido por su contable. Ante semejante revés, no le queda más remedio que cerrar la agencia de detectives. Ya que ésta, era una de los lavaderos favoritos de evasión fiscal, que utilizó el corrupto gestor de Miss Hayes. La agencia la dirige nuestro juguetón detective D. Addison. En este primer episodio piloto, ante la disyuntiva, en que Addison se ve envuelto, le propone a Maddie crear una nueva agencia de detectives, donde serían socios y algunas cosas más. Las líneas argumentales giran alrededor de los casos investigados por ambos detectives, donde ellos serán quienes supervisen todo, previo acuerdo, como socios y amigos. La agencia de detectives pasa a llamarse Luna Azul, por ser ese el más famoso producto (un champú) que anunciaba Hayes en su etapa de modelo. Ambos estarán asistidos por Allyce Beasley como Agnes Topisto (DiPesto en la versión original), la recepcionista y posteriormente, la llegada de Curtis Armstrong en el papel de Herbert Viola, el  detective ayudante. “Luz de Luna” tenía un primer reclamo con el público que la hacía muy especial. Ya que el score de la cortinilla de presentación compuesto y cantado por All Jarreau “Moonlighting” te hacia mover el pie de lado a lado, y, después comenzaba la acción, a través de las largas y bellas piernas de Miss Shepherd. Una dinámica muy ácida en un entorno —curiosamente—, habitual y cercano: la agencia.

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Donde la guerra de sexos, muy Hepburn&Tracey se repetía, algo que gusta y seguirá gustando: Maddie y David estaban siempre en desacuerdo, uno siempre tenía que estar en lo cierto y otro tenía que estar equivocado; sus valores y filosofías de vida eran antagónicos. A pesar de sus despotriques, del uno  sobre el otro; terminaban siempre juntos y se dieron cuenta, que tenían una gran dependencia como pareja de hecho y comercial. Si algo malo le ha pasado a uno de los dos: se intentaba dejar para un momento más relajado. Sin embargo, los problemas personales y las diferencias de criterio iban implícitamente relacionadas al trabajo y viceversa… En el fondo, eran detectives y se debían a su profesión, de un modo, alocado, chocante y extravagante; pero sacaban el trabajo adelante. Shepherd contaba que siempre se “hacían la puñeta”, el uno al otro antes de una escena sólo para entrar con el pie acelerado. Es difícil de creer, que no podían ser el mejor de sus amigos o incluso los mejores amantes. Cada episodio revelaría algo maravilloso que tiene lugar entre los dos. Si se trata de una mirada de amor, una sonrisa, un resbalón o un simple roce. Todo era creíble, en este gran show; sexy y dinámico, con momentos realmente hilarantes y surrealistas. Es curioso, ver que en esta serie se seguía manteniendo el formato de artistas, actores o actrices invitados. No obstante, con un matiz, pues podían ser grandes estrellas del cine clásico; Eva Marie Saint, Brooke Adams, Robert Webber, o el mismísimo Orson Welles (espectacular y glorioso instante).

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Desde Whoopi Goldberg y Judd Nelson estrellas ochenteras de por aquel entonces, a futuras y futuribles de la TV, en diferentes formatos: Billy Drago, Brian Thompson, Gary Graham, James Avery, Mark Hammon, Virginia Madsen, Richard Belzer, Rita Wilson, Paul Sorvino, Tim Robbins, Vincent Shiavelli y un largo etcétera. Otro de los grandes alicientes del serial era su fantástica BSO, con temas clásicos de Little Richard, Otis Redding, Rolling Stones, The O’Jays, Patti LaBelle, Mitch Ryder & The Detroit Wheels y muchísimos más. A todo ello, se le sumaban en las voces de los propios: Shepherd&Willis las versiones a dúo de clásicos míticos. Luz de luna murió de éxito y rota por una relación profesional insoportable. Tanto Bruce Willis como Cybill Shepherd se habían desgastado—sus carreras profesionales iban como un misil, sobre todo la de Willis— tras una borrachera de Globos de Oro, Emmys y millones de dólares que cobraron temporada a temporada.  Hipernominados en todos los apartados, premio tras premio y la fama en medio mundo… La pareja de hecho, se deshizo  el 14 de mayo de 1989. Por última vez, el bello tema de All Jarreau sonó y muchos de sus incondicionales no pudieron remediar esgrimir alguna pequeña lágrima. ¡Qué besos se daban en cualquier lugar, aquella pareja tenía algo! Química o feeling… “ese algo” tan americano y que sólo ellos son capaces de hacerlo. La oficina de detectives echó el cierre. Lo dicho, ¿Han a volver a esperar 30 años? Es fácil, DVD,s o soportes digitales por esto de la webesfera. Nota: 8,4

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Miami Vice, 30 años en Septiembre

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En el año 1984, España estaba embadurnada de movida y plexiglás pegamoide. Almodóvar era l’enfant terrible de nuestro cine. Acababa de dirigir a una Carmen Maura —la abnegada ama de casa asesina— enganchada a las anfetaminas, que rompía la credulidad de todo hijo de vecino en: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Joaquín Luqui era el amo de las ondas y nuevos becarios look George Michael, como Fernandisco nos vendían las news más cool desde los 40 principales. “La gran serie de la televisión en USA, se llama Miami Vice y llega a España. Tiene muy buena música”(sic). La televisión estaba repartida en dos canales: 1 y 2. No había mucho donde elegir. De repente, en las pantallas de los hogares españoles apareció un rubiales de nombre, Don Jonhson con una americana de Adolfo Domínguez. Fumaba con el estilo de los detectives clásicos y conducía un Ferrarri Daytona negro con proto-iphone incorporado sin manos libres. Arrancaba la moderna serie con un montaje de secuencias de Jai-Alais, pelotaris, flamingos rosas, playas y la música electrónica con aroma technofunk de J. Harmmer. La producción ejecutiva marchaba a cargo de Michael Mann y Dick Wolf. El guión lo firmaba Anthony Yerkovich, el mismo de Canción triste de Hill Street para la inquieta NBC.

 

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Irrumpía el paleolítico de las cortinillas de televisión que marcarían la historia postmoderna de este negocio  junto a Twin Peaks Los Soprano. Una amalgama de generaciones se apalancaban frente al televisor —los miércoles por la noche— para ver al altanero dorado, Sony Crockett junto a su compañero de andanzas el chico de color —simpático y bonachón— Ricardo Tubbs (Philip Michael Thomas), de ojos psicodélicos a bordo de Ferraris, Lamborghinis o Corvettes de última generación. Mientras, el viento movía la melena de Crockket y los ricitos de Tubbs, sonaba de  fondo On the Air con redoble de timbales de Phil Collins. Todo el mundo flipaba con la pareja de polis más fashion de la televisión. Es verdad, Fernandisco no nos mintió. Corrían tras las mafias, carteles y demás hampones de la península de Florida sin tregua. En la radio del coche de Crockket, se escuchaban temas que iban de Clapton a The Mission. Sonny no tenía un Pit bull “docucallejeros” por mascota, la tomó con un cocodrilo Alligator llamado Elvis, el cual, vigilaba su yate deportivo, sito en el embarcadero del puerto. Era así de sui generis. Bebía Heineken y no tenía miedo a la muerte como un legionario. Únicamente, le sacaba de quicio el gélido teniente Castillo (Edward James Olmos) excelente actor y director, que junto a Johnson ganaron sendos globos de oro por sus interpretaciones.

 

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Las novias de Sonny Crockket eran tan atléticas como Jane Fonda y sus amigas haciendo aerobic. Los tonos pasteles de sus trajes y aquel Miami envuelto en Art-Deco hacían las delicias de los televidentes. Miami Vice fue pionera en introducir una estética actual, moderna, centrada en la cultura popular de los 80. La serie estaba en boca de todos, y lo que pasaba con las movidas de los capítulos y el protagonista —fuera de la pequeña pantalla— empezaba a tener más gancho que lo que se mostraba en cada episodio. Como, a posteriori, pasó en los 90 con la angelical Laura Palmer. ¿Se acuerdan? Todo el mundo hablaba de Laura. Nuestro rubio estrábico anunciaba colonia de Myrurgia, pues decía que era el aroma de California. Así eran los Don Draper Made in Spain.  Todos queríamos llevar la camiseta malva sin magas del superpoli. Hasta Melanie, la señora de nuestro  Banderas sucumbió a los encantos de Sonny Crockket. Durante 5 temporadas de 1984 a 1989, (111 capítulos) que marcaron un estilo y una manera de rodar muy MTV dejaron una huella indeleble a generaciones venideras.

 

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Por las calles, playas y cayos del condado de Miami pululaban todas las faunas más eclécticas del planeta: Bruce Willis, Bill Paxton, Ben Stiller, David Strathairn, Dennis Farina, Frank Zappa, Ian McShane, Luis Guzmán, John Turturro, Julia Roberts, Joan Chen, Kyra Sedgwick, Steve Buscemi, Sheena Easton, Tony Sirico, Ving Rhames, Viggo Mortensen o Wesley Snipes y tras la cámara algunos nombres que pueden asociar a productos de calidad en el mundo del cine y la televisión como; Abel Ferrara, Alan J. Levi, Rob Cohen, Christopher Crowe, Daniel Attias, David Anspaugh, David Jackson, John Nicolella o el mismísimo, Michael Mann, Paul Michael Glaser o Leon Ichaso. Obviamente, la gente se había olvidado de Dallas porque había un chico en la pantalla que parecía John Travolta con camiseta malva y un 45 automático vigilando la ciudad de criminales y malas hierbas. La mayoría de sus victorias eran por  agridulces K.O. en el mejor de los casos. La angustia perseguía a su protagonista, a pesar de las RayBan y los modelos de Armani, Domínguez o Versace, ya que el fantasma de Vietnam estaba siempre presente en su mente.

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Ahora, el personal estará más familiarizado con este personaje resucitado por otro niño terrible de la gran pantalla: el rey de Tennessee, Mr. Tarantino y su Django desencadenado, el especialista en rehabilitación de viejas glorias ha conseguido que medio mundo se hayan tronchado de la risa con un crepuscular, Don Jonhnson interpretando a un ridículo señorito sureño agobiado con su máscara del Ku Klux Klan. Y, Django —Jamie Foxx— fue el compañero de Collin Farrell en el remake que se hizo para el cine, su alma mater, Michael Mann. La verdad, que esta vida tiene unas paradojas tremendas; a veces, incomprensibles. Pero lo sustantivo del asunto es que Miami Vice cumplirá en Septiembre 30 años. Y para conmemorar tan célebre aniversario, NBC/Universal anuncia la salida al mercado una edición especial en Blu-ray para seriadictos, coleccionistas de buen gusto y público que se preste a ver una joya histórica de la TV Made in Usa. Por cierto, la serie completa se puede conseguir en cualquier establecimiento especializado en cine y DVD, preferiblemente, en la web por su prontitud. Luego, el que avisa no es traidor: disfruten de este beluga de la TV. Nota: 7,6