Bosch (2014) The Old School

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Últimamente observamos en la ficción norteamericana; como la idea de un trauma. Desde ese periodo tan complejo de la infancia o algún suceso del pasado. Y así, de inmediato, pasan a ser los protagonistas sustantivos de todo comportamiento criminal. Partiendo de semejante obviedad; es evidente que  la cultura del crimen está de moda. Ayer por la noche, HBO celebró uno de sus mayores acontecimientos de la temporada: el estreno de la segunda entrega de True Detective. Ante este contexto de revitalización de los Noir (o exaltación del NeoNoir). Autores de la vieja escuela también han buscado hueco a sus héroes, caso de Andrew Vachss, Elmore Leonard, Ross McDonald o Walter Mosley en la figura del icónico Raymond Chandler. El virtuosismo, la ironía y la soledad de muchos de estos detectives pasan por la ciudad del crimen: Los Ángeles. Si hubiéramos de ubicar a los nuevos amos de la literatura Noir Made in L.A., ahora mismo, no cabe duda que James Ellroy y Michael Connelly se han convertido en los mejores cronistas de la bulliciosa, despiadada y solitaria urbe. El caso de Ellroy con viajes constantes a las décadas doradas del viejo Hollywood y Connelly cogido de la mano de su inefable Harry Bosco. El detective de homicidios que ya ha recorrido 17 novelas, desde su primera aparición en 1992, con la extraordinaria Black Echo. El detective Harry Bosch (nombre sacado de la imaginación de Connelly, en un giño de amor por la pintura flamenca y el gran artista del siglo S.XV “El bosco”) es la nueva apuesta televisiva del gigante de internet; Amazon. Amazon studios, reciente canal de TV, vía streaming, siguiendo la línea ya abierta por el todopoderoso Netflix. Es nueva apuesta audiovisual que ya se ha estrenado en la historia de los premios televisivos. Su serie franquicia, la comedia dramática sobre un padre Transexual; “Transparent”(2014), ya ha ganado 2 Globos de Oro. Además, muy pronto veremos en este canal la futura serie de televisión de Woody Allen. Lo dicho, un buen lugar para desarrollar ese guion definitivo que Michael Connely, llevaba tiempo en mente, en torno a su detective de homicidios por excelencia.

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La Story line de Bosch se ha basa en dos libros: The Concrete Blonde (1994) y  City of Bones (2002). Bosch es un drama policial bien hecho, en principio con un contrato de 10 capítulos de 45 minutos de duración con el bonus de una nueva temporada, ya confirmada. El capítulo piloto arranca con Harry Bosco y su compañero Jerry Edgar persiguiendo sin descanso a un sospechoso desde el coche. Harry baja de éste, y en solitario continua el acecho en metro, y luego a pie, por la noche cerrada de las calles de Los Ángeles. Definitivamente, Harry se queda solas —y saltándose  la política del departamento de policía de los Ángeles— con el sospechoso en un callejón. Arrecia una lluvia (muy del gusto de esas que tanto le agrada filmar a David Fincher) consistente y torrencial. Se produce un tiroteo—mejor dicho—un par de disparos del protagonista al presunto delincuente. Unas imágenes algo ambiguas nos llevan a la mano del proscrito, sin revelar del todo que portaba en ella. Sí que se observa sacar de su bolsillo, a Bosch, un pequeño revolver. La secuencia funde a negro y entramos, en una soleada mañana, en la gran metrópoli, pasados dos años. Bosch se acerca a las escaleras de los juzgados para intervenir en la audiencia del juicio por homicidio involuntario. Harry Bosch es defendido por un abogado del departamento y la familia del fallecido le reclama 1 millón de dólares. Así como la condena penal por parte de ayudante del fiscal Honey Chandler, representada por una magnífica Mimi Rogers. Bien, con el caso de fondo, Bosch está deseando volver al trabajo, a pesar de que su vida va a ser vista por microscopio y el mínimo traspiés puede darle el definitivo final de una larga carrera llena de tropiezos y éxitos. Harry Bosch es un personaje, sui generis, pertenece a esa escuela de viejos detectives, de vetustas maneras: solitarios, bebedores, amantes del Jazz y con un vehículo pidiendo a gritos un plan renove. Desde Marlowe a Archer pasando por el afroamericano Rawlins hasta llegar al guerrillero Cole, sin dejar de abandonar ese aroma de la vieja comisaria de Hill Street Blues. Personajes deudores de las fascinantes historias del viejo Noir Made in LA. Harry Bosch está interpretado por Titus Welliver, actor de tono de voz grave. Serio, lacónico, sarcástico y extenso currículo tanto en la gran pantalla como en la TV (NYPD, Brooklyn South, Deadwood, Lost, Good Wife, Sons of Anarchy, Gone Baby Gone, Argo o Transformers 2014). Personaje donde los haya. Un chico de origen humilde con una infancia complicada, bajo la tutela de una madre prostituta que fue asesinada. Apenas con 20 años, siendo un policía novato, decide enrolarse en las fuerzas especiales del ejército tras el 11S. Donde fue condecorado por su valor y participación en misiones de alto riesgo.

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Una vez licenciado del tío Sam, entra en el departamento de policía. Poli investigador de poca empatía con el armatoste burocrático, así como una vida conyugal complicada: su trabajo es lo que mejor sabe hacer. Se mira al espejo y contempla sus 47 años mientras se dice una y otra vez; he de dejar de fumar… Aparte de su juicio, los casos que va investigando son una ilustración la podredumbre de la urbe occidental y  de la bajeza humana; la desigualdad social dentro de esa jungla de 4 millones de habitantes. Una llamada lo pone en contacto con un médico quiropráctico que le advierte sobre unos huesos localizados por su perro labrador. Los despojos son identificados como humanos y pertenecen a un niño de apenas 12 años. El estudio antropológico demuestra que la mayoría de los huesos sufren  fracturas pre-mortem. Algo que pone en alerta su olfato sobre un posible asesino en serie y con rasgos pedófilos. Por otro lado, aparece un tipo con una furgoneta y un cadáver dentro rondando por los arrabales del sur camino al valle de San Fernando. Comienza el juego en el tablero de ajedrez y Bosch sabe que cada movimiento o gesto puede ser un triunfo o fiasco.  El tratamiento de toda la serie en sí, nos retrotrae al universo de la novela Neonoir de los 90 y ciudad de LA. Aquellas obras que firmaba Harold Becker, John Dalh o James Foley (estos dos últimos muy enchufados en la dirección de TV de calidad) empapada del viejo sabor policiaco y poso detectivesco por la búsqueda de la verdad. La progresión narrativa se revela rápidamente apasionante. Más allá de la escritura del propio personaje es muy destacable la cantidad de subtramas que pivotan sobre la línea protagonista de toda la entrega de episodios. Los giros y los rebotes son continuos al igual que una vieja novela de los años 40, pero con una urdimbre impregnada del aura Noir de los 90, que se deja querer en algunos planos realmente hermosos; el apartamento del protagonista y las puestas de sol desde las alturas de ese gran mirador que muestra el esplendor de las luces del L.A. nocturno. La atalaya y fortaleza del guerrero. Por momentos, creemos ver a Harry Ross (Paul Newman con Catherine Ames/Susan Sarandon en aquella magnífica crepuscular “Al caer el sol” (1998) de R. Benton o al Neil McCauley/Robert de Niro y Eady/Amy Brenneman en “Heat”(1995) de Michael Mann. Un homenaje a ese Neonoir que es parte de la vieja escuela.

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El elenco de actores, de reparto es exquisito, empezando por el compañero de Bosch, Jerry Edgar (Jamie Hector, el mítico Marlo Stanfield de The Wire). La protectora y maternal teniente Grace Billets (Amy Aquino “Lost”, “ER”), el jefe comisario Irvin Irving interpretado por un flemático y siempre estiloso Lance Reddick (el teniente Daniels de The Wire). El médico antropólogo-forense el emotivo, cercano y preciso Dr. William Golliher (Alan Rosenberg pasó por Chicago Hope y The Guardian). La novata patrullera Julia Braser (Annie Wersching recordada por “24”), que está enamorada del  héroe callejero Bosch. El detective Johnson Troy Evans (otro legendario de “ER”) o el sargento Manckiewicz (Scott Klace Weeds, The Closer, True Blood, aquí como el seleccionador de alertas). La ex esposa de Harry,  una especialista en perfiles del FBI Eleanor (Sarah Clarke, la “Nina Meyers” de 24) o  Scott Wilson el médico quiropráctico, que interpreta (el fabuloso Dick Hickock en  A Cold Blood 1967 y Hershel Greene el veterinario de Walking Dead) Así como el psicópata  Jason Gedrick  (otro papel histórico de la TV, Neil Avedon en Murder One). Todo ello bajo la supervisión ejecutiva de Eric Obermyer (The Wire y The Treme). Así como los productores ejecutivos; Pieter Jan Brugge (El dilema, corrupción en Miami y Defiance) y Diane Frolow (Los Soprano o Boardwalk Empire). Michael Connelly que había escrito los guiones de Deuda de sangre (2002) y el Inocente (2011) demuestra sus tablas en este medio. En la dirección Alex Zakrzewski (The Wire, The Brigde, Tyrant) Ernest R. Dickerson (Walking Dead, Treme, Dexter) o Jim McKay (Ley y Orden, En terapia o Good Wife). Un producto que mantiene un digno nivel de producciones con el sabor añejo de los viejos detectives y los entresijos de comisaria. Pues, Bosch quiere denunciar y actuar contra el mal. Algo que no tiene una encarnación absoluta y estereotipada, menos aún viene determinado por la libertad o la voluntad del individuo sino que aparece como fruto de una ambición o sed de poder, de la huida de la pobreza de la infancia o de un psiquismo enfermo que domina la voluntad del sujeto. Posiblemente o nulamente haya reflexionado, en torno, a las posibilidades de su ejercicio  moral o de identidad moral, el mismo  héroe/antihéroe que es Harry Boch. Y es que la vieja escuela es mucha escuela, aunque el sistema se empeñe en lo contrario. Nota: 7,6

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Longmire (2012)&Graig Johnson

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Craig Johnson (Huntington, West Virginia, 1961), novelista y dramaturgo estadounidense; es autor de la popular serie de novelas protagonizadas por el sheriff Walt Longmire, las cuales, han sido adaptadas a la televisión con gran éxito. Hace ya dos años que el canal de cable A&E, otro de los nuevos satélites del gigante Warner apostó por ello. GJ, reside en la pequeña localidad de Ucross en el estado de Wyoming, donde ha trabajado como docente y agente de la ley. Aislado del mundanal ruido de la gran ciudad vive en su rancho junto a sus perros y caballos. El protagonista, Walt Longmire no es más que una extensión del escritor G. Johnson en todas sus facetas: el solitario amanuense y alter ego del personaje de su obra. Amén, del ser humano que es Johnson. Una particularidad más del clásico estilo americano de ver la vida. Una visión de la vida, que cala entre el lector y el espectador medio del agreste e infinito Oeste de los EE.UU. Hablamos de Western, Noir fronterizo, y ficción criminal. GJ, ya va por la séptima novela de las andanzas del viejo Wyoming. Su personaje el sheriff Walt Longmire sigue, a lo suyo, atando cabos y bebiendo su cerveza favorita: Rainer. Obra editada, por la no menos interesante editorial Siruela. La verdad, que fue una casualidad que acabará viendo el primer episodio de esta serie con maneras muy Sherlockholmenianas. Bien, la cuestión es que me he imbuido en el mundo criminal que pulula por estos lares. Los productores ejecutivos, Crhistopher Chulack, John Coveny, Hunt Baldwin, Michael M. Robin y Patrick McKee tuvieron la brillante idea de trasladar a New Mexico el contexto geográfico para aprovechar la infraestructura de rodaje que mantienen en aquellos parajes. El resultado no puede ser más notable, haciendo de las estribaciones montañosas de la Sierra de la sangre de Cristo, las idílicas cordilleras de Absaroka (Wyoming).

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Walt Longmire está interpretado por un actor australiano, Robert Taylor —todo haya que decirlo— es muy bueno (Matrix, The Fighter, The Unit y etc.) Se le nota que pone el acento del Medio Oeste y sale de apuro con nota. No tiene teléfono móvil, ni parece que esté por la labor de pedirlo para estas navidades. Es muy difícil ponerse en contacto con él. A menos que le suceda algo, a quien esté muy cerca del personaje. Su pequeña comisaria del condado cuenta con tan sólo cuatro oficiales, para cubrir una extensión aproximada a Extremadura. La oficina del retén está coordinada, por la eficiente secretaria, Ruby (Louanne Stephens). La serie arranca un año después de la muerte de la esposa del sheriff, WL en Denver donde estaba recibiendo tratamiento para el cáncer. Después del funeral, el sheriff Longmire  se encerró en sí mismo. Un duelo silente y desterrado en su remota cabaña. Espacio de tiempo, en el que joven ambicioso, puntilloso y rico ayudante Branch Connaly (Bailey Chase, Damages, Salvando a Grace), se ha posicionado como uno de los candidatos a las nueva elecciones para  sheriff del condado. Cuando nadie espera la aparición de WL, los oficiales Fergurson “Ferg” (Adam Bartley) y Victoria “Vic” Moretti Katee Sackhoff, (Battlestar Galactica y las crónicas de Riddick) — un joven y atlética chica que no hace mucho llegó de Philadelphia a Absaroka—informan de la muerte de un hombre en la montaña. Todo el mundo esboza una sonrisa, excepto Branch Connaly cuando Walt Longmire  reaparece en la oficina. Su hija, Cady (Cassidy Freeman), ha llevado la doble carga del luto por su madre y la comezón del estado anímico de su padre. Durante ese periodo de tiempo se han distanciado. Pero es la primera en entusiasmarse al verlo salir del atolladero y recomponer su vida. Ella se ha ganado una buena carrera como abogada de una prestigiosa empresa local. Necesita sentir la cercanía de su padre. Volver a ser el hombre que cuida de la villa de Absaroka. El sheriff comienza a indagar y las pruebas de balística dan con un affaire curioso. Se va hilando una trama que dará con una vieja venganza con forma de rifle de coleccionista del siglo XIX, un Sharps del calibre 45/70.

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Luego, está el problema de la reserva y la jurisdicción del condado  que coincide con las tierras de nativos americanos. Pues la competencia de los asuntos dentro de ese territorio está gestionada por la policía tribal. Así que con frecuencia el departamento del sheriff debe de  trabajar con ellos. En más de una ocasión, chocan los intereses de unos y los otros. El jefe de ese cuerpo es Mathias (Zahn McClarnon)La desconexión de su agenda y jurisdicción requiere con frecuencia la presencia del jefe de la tribu, Jacob Nighthorse (A Martínez). Afortunadamente, el mejor amigo de Longmire y miembro de la tribu es Henry “Oso Permanente” (Lou Diamond Phillips La bamba, arma joven etc) —ex boina verde—, siempre en contacto, entre una comunidad y la otra. Henry está casado con una india Cheyenne y regenta su garito de copas: el Pony Rojo. Allí, conoce y trata con un montón de gente que se deja caer a tomar un trago o cualquier tentempié. De algún modo, es el búho que observa todos los trapos sucios y devaneos, que se cuecen por la ciudad y la reserva india del condado. Podríamos definirlo como un eventual Watson nativo americano. Los hilos se van engarzando hasta relacionarse la venganza del asesinato con un asunto de prostitución. Diálogos irónicos, de Longmire y Henry. Así, como las frases sutiles entre la secretaria y el jefe. En ese papel tan habitual de las clásicas novelas policiacas. Longmire es un tipo reflexivo, se toma su tiempo y es un observador de primera. El guion está bien escrito, pues en gran medida Johnson colabora en él. Sólo queda la duda del propio WL, si será capaz de encerrar a sus propios demonios que lo atenazan. Cómo se aprecia en el despiste de la carretera con su viejo Bronco, saliendo por su propio pie. Un golpe de suerte, tras recorrer un montón de kilómetros para dar el pésame a la viuda del fallecido en la montaña.

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Un momento, muy emotivo. Salé triste y afligido. Su pensamiento vuelve a la pérdida de su esposa. Afortunadamente, emerge airoso con ese gesto entre el Tom Selleck de Magnum y un Dennis Weaver, en plan McCloud. Todo desde esa vis de un lirismo y celosamente lacónico que hacen de él, un tótem Made in Usa. La investigación nos llevará hasta el mundo de las tiendas de segunda mano, la prostitución, los ranchos de ganado, el tráfico de drogas y demás problemática que acechan lugares tan remotos donde el crimen se camufla entre caras bondadosas. Los creadores de este entretenido producto, en el fondo, han logrado ese aroma de los viejos westerns de Hollywood y sazonarlos con los procedimientos criminales de la clásica TV de detectives e investigadores privados de los 70. Saltándose el código episódico, pues cada capítulo es un caso a resolver. La mejor lectura sobre “Longmire,” tal vez sea la fidelidad a los textos de Graig Johnson. Igual que Justified, lo es a Elemore Leonard. Dando por hecho que Leonard esta tres peldaños por encima de la prosa del bueno de Johnson y Justified es más cínico, por ende más kármico. No por ello, ninguno de los dos desprecia la esencia de Conan Doyle, en un territorio virgen y salvaje de la América profunda rodeada de esos pequeños pueblos donde nunca pasa nada y siempre hay algo. Los ecos de Twin Peaks y Fargo se sienten en los tímpanos. Lento pero seguro, con la fiabilidad de un bourbon, reposado y suave. Longmire ha sido cancelada por el canal A&E cuando tenía una audiencia de más de tres millones de espectadores en su tercera temporada. Las críticas llegaron hasta noticiarios del prime time. América tiene sus reglas y la gente quiere al Sheriff. Son las cosas que suelen escribir gente sencilla o fácil, como algunos gustan denominar. Ah! y no se preocupen, que en el país donde más fe tiene la gente, a veces, funciona. La serie Longmire ha sido comprada por la todopoderosa productora del Streaming Netflix. Próximamente, habrá cuarta entrega. No se fíen de las apariencias, mi abuela me lo decía; el que no llora, no mama… Nota: 7,2