Jimi: All Is by My Side (2013) Why?

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Hay cosas en la vida que tienen un precio impagable. Una de ellas —montarse en una máquina del tiempo— para acercarse al espíritu de una de las etapas más fecundas en la historia del Rock. Vaya por Dios! Sigo embobado con las lecturas de Wells y las pelis de Kubrick. Seamos realistas, a finales de la década de los 60 apareció el mayor genio de esto que llamamos Rock en estado puro. Bueno, entre lecturas y más relecturas, todas ellas conjugadas con mi enfermedad crónica; a veces puedo escribir unas pocas líneas. Otras veces, el dolor, sólo me da tregua en la cama, con el cuerpo envuelto de morfina de última generación. La cuestión es que no paro de escuchar Purple Haze, Little Wing o Voodoo Child del zurdo de oro; Jimi Hendrix. Y toda esa música me persigue a lo largo del último mes. La vida suele ser caprichosa: es evidente. En demasiadas ocasiones; azarosa y fantástica. El Rock&Roll se ha dejado la piel en intentar contarlo mediante letras fascinantes y acordes celestiales. Bien, siguiendo con el devenir de los acontecimientos. No hace mucho tropecé con esa providencia que te llena de gozo. Un viejo amigo, que es hombre de radio, y, de muy buena música; Paco Cremades. Ahora en la 99,9 Valencia Radio. Me invitó a su nuevo programa tras casi treita y tantos años de vidas separadas, pero como le gustaba al bueno de Carver decir: A veces se cruzan. Paco presenta un programa cojonudo, que suele rematar con la gente de esta ciudad, los cuales, hemos sido luciérnagas de agitación musical, cinéfila o literaria y etc. Es un espacio muy interesante, donde el gran Paquito, te lo pone absolutamente dificilísimo: elige las 5 canciones de tu vida. Imagínenselo, el vademécum musical de un servidor, en sólo 5 temas. Elegí en primer lugar Purple Haze del glorioso Jimi Hendrix. Antes de escuchar el tema, Paco me dijo: ¿Por qué has elegido esta canción, Jon? Mi respuesta fue sencilla y divertida. Me encanta, amigo. Ahora, cuando entré a valorar e intentar explicar algo de la figura de Hendrix, Paco me decía: Corta, Jon, que nos quedamos toda la noche hablando del duende de Seattle… Es obvio, se podría estar hablando un año entero de su obra y posiblemente, al año siguiente la tertulia seguiría igual de eléctrica. Bien, una vez aclarado el punto de arranque sobre el personaje a valorar, retomamos el análisis de este antojadizo film —del nuevo biopic musical — estrenado el año pasado, y, que hace unos días pude visionar.

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Hablamos de una película, en torno, a la figura de Hendrix. “Jimi: All Is By My Side” (2013). Es un film que no fue estrenado en España ni fui capaz de localizarla vía DVD. No obstante, gracias a esto, de las nuevas tecnologías: di con él. La verdad que toda esa ilusión de este último mes quedó por los suelos tras unas larguísimas dos horas visionado. El film está escrito y dirigido por John Ridley. Un cineasta conocido —principalmente— por sus credenciales, como el guionista de “12 años de esclavitud” de Steve McQueen (ganador del  Oscar al mejor guion adaptado de la Academia de Hollywood). Maravillosa película y una historia muy bien escrita. Es evidente, el sublime esfuerzo, por parte de John Ridley. Actualmente, en la TV, con una miniserie que ha recibido el aplauso unánime de la crítica: American Crime (2015). Luego, una cosa es pretender crear a base de rodar cosas, que todo aquel, bien avenido, en el negocio audiovisual pueda llegar a encandilar. Eso sí, también hay que contar con la variable de la exasperación con el más advenedizo del entretenimiento de la gran pantalla. Ridley debutó como director con un bodrio llamado; “Cold Around the Heart” en 1997 con David Caruso (el pelirrojo de CSI Miami). Lamentable en todos sus aspectos. A modo de una especie, de comedia negra con el trasfondo de unos ladrones de tres al cuarto. De ahí hasta, ésta, Jimi: All Is by My Side. JR ha escrito buenos guiones, esencialmente, para la televisión, capítulos de “Turno de Guardia” que se emitió entre 1999-2004 y alguno para el cine, caso de las estupendas; “Giro al infierno” (1997)“Tres reyes” (1999) . Sin embargo, Jimi Hendrix es algo demasiado grande. Muy grande, querido Sr. Ridley. Además me hago las siguientes preguntas a mí y a Ud. ¿Cómo se puede concebir un film que hable de una de las mayores leyendas del Rock sin su música? Más aún, cuando Ud. sabía de sobra, que nunca podría utilizarse el más mínimo acorde, de las míticas canciones del genio de Seattle. Obviamente, si no estamos delante de la pantalla para disfrutar de la música, entonces ¿qué hacemos aquí? Aquel músico deslumbrante lleno de personalidad y vida social. ¿Cómo puede ser sustituido la mera presencia de su voz, si lo que nos plantea Mr. Ridley es el vacío más aséptico en muchos años? John Ridley se acomoda en la pretenciosidad y la indulgencia de un hipotético cineasta de autor, y, para mayor inri, se arma de valor, presentando, al gran Jimmi Hendrix más parsimónico de higiene sexual, racial y política de los años 60.

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Un Hendrix desde un prisma lisérgico, que es el caleidoscopio, de una sociedad bulliciosa y convulsa, a través, de una  mirada autocomplaciente. El director nos presenta una lánguida psicología del mito y su devenir por el Londres de mediados de los 60 y poco más. Fetén. La tristeza se apodera de servidor, en el salón de casa, que comprende un poco más, a algunos avispados distribuidores, a la hora, de elegir el pescado que vender al espectador. Es increíble e insisto en esta cláusula del contrato de la película. Si vas a hacer una película sobre la vida de Jimi Hendrix sin poder utilizar una sola canción suya, mejor salta del piso más alto de tu edificio o vuelve al set de TV. Todo ello está muy claro, Sr. Ridley, ya que los propietarios de los derechos del legado musical de Jimmi Hendrix son propiedad de Experience Hendrix LLC v PPX Enterprises Inc., quienes le dejaron muy claro, que no se los otorgaría a Ud. y a su productora audiovisual; si el fondo de gestión no tenía una participación completa en la producción de la película. No pasa nada. El ínclito guionista y productor John Ridley con unos 5 millones de dólares, lo tuvo muy claro desde el principio; ya que Jimi no será el clásico biopic lineal de la época y Ridley tiene en mente un historia apasionante, envuelta, de un montón de imágenes de archivo de los 60. Pero aborda su tema con una sensación de caduca nouvelle vague de querer y no poder. André Benjamin /Jimi Hendrix  —o mejor dicho sea— para los colegas; André 3000 ha llegado. Un artista con una pobre experiencia como actor y de triste CV.  Lo localizamos en un film de  John Singlenton, “4 hermanos” (cineasta venido a menos). Así como una película completamente olvidable de G. Ritchie, que se llamaba “Revolver”. Incondicional en cameos para series de televisión adolescentes y Late Nights Show. André 3000 tiene una relativa reputación como músico rapero, pues el líder de su grupo; Outkast. Banda que alardea de jugar con muchos géneros musicales, desde el hip hop al funk alternativo. Algo que siempre es bienvenido: el interés por la música y la experimentación. Ah!, se me olvidaba. Nuestro carismático líder nunca más volverá a cumplir 39 años, pues ya tiene 40 tacos. ¿Recuerdan la edad de nuestro querido Hendrix? AB ofrece un rendimiento cerca de lo insustancial y anonadado. Difuminando la línea, que separa al actor  del personaje, para la grandeza del enorme JH. Benjamin es Hendrix, desgraciadamente, porque las cosas son así. En un papel completamente plano y sin verbo. AB capta un profundo retrato de un artista impulsado por la potencia de la música y su conexión con el espíritu humano que le llevará a tierra de nadie.

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La torpeza y lo desatinado del conjunto no tiene nada que aportar a la intensidad de un músico racial y atrevido con una guitarra. Mientras que ninguno de los actores tiene mucho que trabajar en términos de profundidad. En el caso de las féminas, las actrices, que aparecen dan un resultado excelente y posiblemente, sean lo mejor del olvidable film. Andre Benjamin es evidente que, como todo aquel bien ceñido a la profesionalidad, llega a sentirse parte del auténtico Hendrix. Empero el carácter —de sí mismo— es más bien una caricatura, de lo que realmente era el auténtico artista. No obstante, descubrimos unas cuantas alegrías en el resto del reparto que acompañan a nuestro querido rapero/Hendrix. Bien, en la otra orilla, nos encontramos con el contingente femenino, y el resto de actores, de reparto encabezado por Linda Keith (Imogen Poots) una joven actriz con un currículum muy interesante; 28 Weeks Later con JC Fresnadillo, Centurion de Neill Marsall, El último concierto al lado del desaparecido Philip Seymour Hoffman, Flith “el sucio”, Lío en Broadway de Peter Bogdanovich. Y este año acaba de rodar Knight of Cups el último film de Terence Malick. Después tenemos a la novia británica de Hendrix; Kathy Etchingham — realizando su papel con gran solvencia— la excelente actriz, Hayley Atwell (chica Marvel con la que todo el mundo quiere estar Capitán América, Los Vengadores, Cenicienta, Agent Carter en TV, al igual que la serie de culto británica, Black Mirror). Chas Chandler (Andrew Buckley) de The Animals, buenísima actuación, (la de este actorazo Made in UK, básicamente, bregado en  series de TV y teatro, Extras, Whitechapel o la muy reciente The Neighbors). Otro personaje, muy a tener en cuenta, sería el manager socio de Chandler: Michael Jeffrey. El personaje es interpretado por el acreditado actor norteamericano, Burn Gorman. Actor y músico de gran talento. Se le ha podido ver junto a Daniel Graig en Layer Cake, El caballero Oscuro (Batman) o en los Crímenes de Oxford de Álex de la Iglesia. Así como el activista de color londinense, Michael X, interpretado por el veterano actor británico Andrian Lester (Primary Colors, el día de mañana, Expediente 39 y un telefilm que dirigió Sam Mendes hace unos cuantos años Company (1996) era su segundo trabajo; un telefilm que tiene la curiosidad de contar con otro actor que iniciaba su andadura profesional, Clive Owen. Otra gran sorpresa han sido las pequeñas apariciones de los legendarios: Noel Redding en un papel interpretado por un joven actor (Oliver Bennett, pequeños papeles en cortos y alguna TV movie).

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Al igual que ‘Mitch’ Mitchell  en manos del actor, Tom Dunlea (con un currículum de pura figuración) haciendo del batería de la genial Jimi Experience Band. Ambos tocan sus instrumentos correspondientes con gran soltura. Y por último, destacaríamos a Eric Clapton, un papel que reside, en un jovencísimo actor irlandés: Danny McColgan (pequeños papeles, como cortos y figuraciones especiales, a la espera de lo que se presente). Por último, el legendario Keith Richards, en un rol —casi residual— que es interpretado por Ashley Charles. Actor bien parecido, muy conocido por sus papeles televisivos, en series británicas como en la exitosa Reina Blanca (2013). Una vez enumerado todos los efectivos con los que tiene a su disposición: John Ridley despedaza estos magníficos mimbres. Volvemos, de nuevo, al camino de la descomposición y incomprensión de un film—reitero—desesperante. La ausencia de intensidad de la guitarra del músico es un K.O. del que cuesta recuperarse. Desde su fotografía visualmente monótona, el atracón de diálogos vacíos que acabas hastiado. Así como los constantes saltos de película, demasido predecibles, de escena a escena y omitidas de brío. Muy a pesar de que muchísimos neófitos y desconocedores de la obra de Hendrix puedan quedar extasiados con el tono de determinadas escenas, en las que la estética del vestuario y la ambientación junto a esa manera bizarra y exasperante manera de mover la cámara. Creando una narrativa, entre saltos y cortes torpes, con los congelados de foto-fija, en la mesa de edición, para aclararnos como eran los miembros de aquella década de los 60. Terminan por mostrarse acartonados, frívolos y condescendientes. Ahondando en ese fluir desparramado de imágenes de archivo recortadas. Presentando a un Jimi que carga contra el espíritu errático de la escena musical de Londres de los años sesenta. A través de un viaje sensorial, en parte delirio del propio LSD, recorrido como vislumbre a una inmersión de la psique, de un modo, muy poco convencional, en un Hendrix que estaba en otras labores. Ridley quiere imbuir al film de aquel viejo aroma y sabor del viejo cine europeo psicodélico. Pero no acierta.

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Algo que posiblemente no nos extrañé, y que, algunos verán e interpretaran la historia con un suflé poético de alguien que sufre. Obviamente, yo si entiendo al hombre que sufre pero el director no se lo cuenta a quienes no lo saben. En realidad, no añade nada a nuestra comprensión de Hendrix el hombre o la leyenda del rock. La Sinopsis es muy sencilla: Jimmy Hendrix,  entre los años 1966 y 1967,  se da de bruces con Linda Keith —una groopie— que era íntima amiga de casi todos los músicos que inundaban el panorama musical de la época. Sentada en un garito del viejo Harlem ve por primera vez a JH tocando con una banda, conocida, como The Squires. Se queda anonadada por el virtuosismo del músico de Seattle y comienza a mover su agenda. Invita a Andrew Loog-Oldham—pues, es muy amiga de su novia— manager de los Rolling Stones que le dice, que está bien, pero tipos de esos se encuentran a tutiplén. Ahora no es buen momento, querida. Ella sigue insistiendo, a la vez, que su flirteo con el guitarrista es más cercano. Pero Linda Keith estaba en todos los saraos, y, finalmente, ésta, le presenta a Chas Chandler, el bajista del grupo The Animals, y desde ese momento convence a Hendrix para que se vaya a Londres. Jimi Hendrix llega a Londres e inicia su carrera hacia el estrellato, en medio de una ciudad llena de vitalidad musical y socialmente convulsa. Hendrix se introducirá en esa escena social, entre el acercamiento al mundo de las drogas, las groupies y la diversidad musical de un Londres radiante. Entonces comienza a preparar la grabación de su primer disco, Are you Experienced? Hay dos momentos de este film que tienen una relativa épica y grandeza: dos fogonazos históricos del Rock. El primero es cuando Jimi sube al escenario donde Eric Clapton estaba tocando con su banda -por entonces, Cream- y toca el tema con una viveza que hizo quedar patidifuso a Clapton, hasta el punto, que bajó del escenario ante la magia de Jimi. Este hecho fue conocido, vulgarmente, como el momento en el que “Jimi mató a Dios”. Sí, Clapton era reconocido por entonces como un Dios de la guitarra. Ahora en Inglaterra sabían que existía un Zeus con sangre Cherokee, mientras en esa escena sonaba el Killing Floor de los Howlin’ Wolf y Hendrix desprendía un magma inagotable. Y el segundo nos muestra una interpretación conmovedora de Sgt. Pepper Lonely Hearts Club Band frente a dos Beatles. Los temas musicales que aparecen en la película están cantados por André, en ningún momento escucharemos la voz original de Jimi. Se ofrece una vaga imagen sobre la escena musical americana y británica de los sesenta, haciendo referencia directa o indirectamente a bandas como los Stones, Beatles, The Who o The Animals entre otros. Y es que, si Hendrix es entre otras muchas cosas, conocido, aparte de su música fue por su prematura muerte. La revolución de un género y estilo musical, que hoy en día, sigue influyendo a muchísimos músicos de la escena del Rock actual.

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En resumidas cuentas, un film que tiene más de telefilm que de gran película, a modo de biopic, affaire, que desciframos como uno de los mayores errores del guion. En este caso, ya que el efecto biopic ha funcionado en otras películas y han salido maravillosas. Y es triste que, un guionista de la categoría de, John Ridley haya caído en la trampa de ejercer—aleatoriamente— un montón de trivialidades, alrededor de la la figura de JH. Dos horas de tedio y engorro disperso. Una pena que el cineasta no haya recurrido a las biografías de Charles R. Cross o Lawrence Sharon. Todavía se lo pongo más fácil a Mr. Ridley, una charla con Leon Hendrix, uno de los muchos hermanos, que anduvieron de casa en casa, entre familias de adopción. La vida de este inimitable Jimi Hendrix fue inmensa, en esos 27 años, hasta la veleidosa muerte de un suicidio, del cual, no sabremos el auténtico porqué. Sí que se ha constatado que ha Hendrix le mató una mala posición en la camilla que lo trasladaba al hospital, pero digamos que cuando uno engulle la Ribera del Duero y lo mezcla con una farmacia militar pocas posibilidades de resurrección quedan. Cualquier persona interesada por la música sabe que su escueta discografía abarca cientos de reediciones y más remasterizaciones. Lo dicho, todo en Jimi es alucinante y gigantesco. Hablando de discografía, adjunto, el listado de temas que he logrado localizar en el film, ya que la música, llamémosle más Hendrixana está compuesta por Waddy Wachtel. Éste es el resto: The Sun Went Down by T-Bone Walker, Reed streams by Terry Riey, Lacrimosa diez by Slovak Philharmonic Orchestras and Chorus, Leopard-Skin Pill-Box Hat by Bob Dylan, All your love by Otis Push, Gimme some lovin by Steve Winwood, Lightly Drift by Helen Jane, Long Can´t Seem to make you Mine by Seeds, Totom by The Creation, Hound Dog by Elvis Presley, Bleeding Heart by Elmore James, I had a litlle Dog by Jack Reynolds, Mannish Boy by Muddy Waters, Spread a Little treacle on your plate Mary Ann by Tommy Proding, Train the Nowhere by Savoy Brown, Itchycooo Park by Small faces, Little Games by The Yardbirds,  Obvius fire Belivers by Bob Dylan House Of the Rising Sun by The Animals y Wild Thing by Troggs. Lo dicho, no se le queda a uno, eso, de Qué pena lo de este proyecto…Tan sólo nos hacemos una última pregunta ¿Ha visto el Sr. Ridley estos films? Sid and Nancy Alex Cox (1986), Bird by Clint Eastwood (1988), The Doors (1991) Oliver Stone, Ray (2004) Taylor Hackford, Control (2007), Anton Corbijn, Walk the line (2005) James Mangold  o Serge Gainsbourg, “vie héroïque” de Joann Sfar (2010). Querido Jimi: descansa en paz, siempre te echaremos de menos los que tanto te debemos. Nota: 5,0

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44 years without Duane Allman

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Hay días fatídicos en la historia del Rock&Roll; como a lo largo de la vida de cualquier individuo. Uno de ellos es el 29 de octubre, y la verdad que, es un día —cotidianamente hablando— feliz para mí. Es tiempo aniversarios de muy buenos amigos. Además, es el cumpleaños de otro gran ídolo mío; Peter Green fundador de la maravillosa Fleetwood Mac. En fin, cosas de octubre que llama a Halloween y noviembre va asomando. El rock y las motos despiertan una empatía tan inmediata como un buen concierto en una noche de verano. Lo más curioso, es que  la leyenda de Tennesse, Duane Allman era un autentico apasionado de ellas. Una Harley Davidson, es una máquina de dos ruedas perfecta; fascínate y adictiva. La sensación de libertad cuando se monta sobre su sillín y el sonido de su motor: no tiene precio. El bueno de Duane no tenía ni idea que, el aniversario de la esposa de Berry Oakley, iba a ser su último paseo a bordo, de una máquina, de la factoría de Wisconsin. Nadie contó con aquel camión grúa de frente. Y es que cuando la teoría del caos se apodera de la situación, todo intento es irreversible. Poco pudo hacer la Harley de Duane contra ese armatoste de tres toneladas y media. Aquel triste día de otoño de 1971, posiblemente, deberíamos haberlo borrado del mapa. Aunque, sería muy cruel de mi parte, dejar a mucha gente huérfana de otras cosas hermosas. Sin embargo el rock sufrió uno de los shocks más contundentes de toda su historia. Sus memorables riffs dejaron de sonar. El silencio duró unos minutos, mientras se hacía lo imposible en la ambulancia por recuperar la vida del rubio de oro de Tennessee. A las pocas horas fallecía en el hospital. Los Allman Brothers se habían quedado sin su alma mater; la familia de Duane no encontraba consuelo en ningún rincón de la tierra. Desgraciadamente, todos los amantes del rock estábamos huérfanos de un genio, posiblemente, difícil, muy difícil de emular.

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Fue el epitafio a una fulgurante carrera en historia del rock. Ahora que todo es pura estadística y las listas de quienes fueron ínclitas leyendas, moneda de cambio. El magazine Rolling Stone, colocó al joven Allman  entre los 100 mejores guitarristas de todos los tiempos, en el puesto número 8. Y no van muy desencaminados los de San Francisco, pues, ha sido y será una de las 10 mejores guitarras de la historia del rock. No obstante, sí  que tengo muy claro, cuales, eran los orígenes de Duane Allman. Nació en noviembre, no muy lejos del día de acción de gracias en 1946. Su padre era sargento del ejército de los EE.UU y había fallecido asesinado por un compañero. Dicen las crónicas más negras que fue por una discusión haciendo dedo. Otros corrillos, apuntan que marchó a la otra dimensión, tras una una trifulca, en una noche muy regada de Bourbon. Por aquel entonces, la familia residía en Norfolk (Virginia). Su madre, Geraldine, regaló a Duane una motocicleta Harley, y a su hermano menor, Gregg, una guitarra. Con el tiempo, Greeg  enseñó a Duane a tocar la guitarra.  El hermano mayor acabaría desguazando la Harley para venderla pieza a pieza y con el dinero obtenido del desguace; compró su primera guitarra. Como la vida es una aventura, su madre decide que lo mejor para todos es trasladarse a Daytona (Florida). El viaje resultó un tour iniciático, pues durante una de las interminables paradas, vieron actuar a B.B. King. Sabían lo que querían y lo consumían; rock, blues y algo de soul. Los álbumes de Muddy Watters, Robert Johnson o Johnny Lee Hooker, encima de sus camas se convirtieron en sus nuevos ídolos, junto a un par de guitarras. Gregg,  apenas tenía 18 años cuando forma The Escorts que, un año más tarde, cambió de nombre por Allman Joys. Graban un single; el tema “Spoonful” sin mucho que decir. La banda se convierte en “The Hour Glass” y los hermanos se separan,  por un pequeño espacio de tiempo en 1968.

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Duane Allman, completamente fascinado por el británico Eric Clapton, se lanza a la búsqueda de la perfección. Se convirtió en guitarra freelance tocando para artistas como Aretha Franklin, Boz Scaggs, Wilson Pickett, con este último grabó una inolvidable versión del “Hey Jude” de los Beatles, o Johnny Jenkins, con quien colaboró en el disco “Ton-Ton Macoute” donde se grabaron su primeros riffs con las míticas Gibson Les Paul. Fue aquí tras horas de contribución con Pickett de donde saldría su apodo Skydog; el volador de los interminables solos y la cara de perro. Este proceso de músico de acompañamiento, consiguió lo que conocemos, como romper mano con la guitarra y una manera de definir su estilo. Metabolizando todas las influencias del blues, rock, jazz y soul que pronto lo convertirían en un músico de culto. Junto al percusionista de jazz Jai Johanny “Jaimoe” Johanson, al que conoció durante su época de bolos y jams, ponen en marcha lo que será el germen de la  banda “The Allman Brothers Band”. Incorporando a la formación,  a su hermano, Gregg Allman (guitarra  y órgano)  Dickey Betts (guitarra rítmica y coros), Berry Oakley (bajo), Butch Trucks (batería) y Jaimoe Johanson (percusión). Nacía en Jacksonville, Florida  en  1969 —posiblemente—  el mejor grupo de rock sureño de toda la historia. El panorama del rock era ecléctico y fértil. The Allman Brothers Band había nacido, pero necesitaban crecer y bregarse. Se van a Macon (Georgia) aconsejados por su manager. A finales de 1969 se trasladan a Nueva York y graban su primer trabajo, titulado tal cual, el nombre de la banda (TAB). El disco, mostraba un deslumbrante R&B tocado por unos jóvenes, repletos de talento a raudales. Temas como Dreams o Whipping Post, Y versiones de clásicos. Tocando a tutiplén, de gira en gira, a lo largo del sur de EE.UU. La banda se mete al estudio y entre la villa de  Macon y  Miami graban su segundo disco, Idlewild South, producido por Tom Dowd y la confirmación de su éxito comercial para los TAB.

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Idlewild South, publicado en 1970 y  contenía canciones maravillosas, como Revival o Midnight Rider. Pocas dudas les quedaban a aquellos que pensaban que las Gibson y las Fender Stratocaster de Duane eran flor de un día. Estaba naciendo un mito, una leyenda del rock, ya lo sabía. Eric Clapton, que lo tuvo  muy claro. Tras escuchar al de Tennesse. Le invitó a unirse a él en uno de los grupos de blues rock más importantes, y transitorios, de la historia del rock; Derek and the Dominos. Juntos, Clapton y Allman, dieron vida al reverenciado tema, Layla. Aquella carta de amor que escribió un enamorado Eric a Pattie Boyd, que terminaría dejando al Beatle, Harrison por mano lenta. La capacidad que aquel joven Duane Allman de veinticuatro años para asombrar al mundo con su guitarra parecía no tener límite. Pero en 1971 todo estaba a punto de cambiar. No obstante, el 12 y 13 de marzo, los Allman Brothers ofrecieron dos conciertos en el teatro Fillmore East de Nueva York. Unas actuaciones que incluían increíbles improvisaciones, como los famosos 20 minutos del Whipping Post y que fueron grabadas y publicadas en forma de doble álbum con el título de At Fillmore East. El disco era en un auténtico obelisco a la música rock y hoy en día es unánimemente reconocido como una de las mejores grabaciones en vivo de toda la historia de la música del siglo XX. Décadas más tarde, el Salón de la Fama del Rock, lo situó como el artífice de la legendaria banda, que conquistó, a lo largo de su carrera más de 11 discos de oro y cinco de platino. Lo que viene después, ya lo sabemos todos. Un día de felicidad para el propio Duane y los suyos, convertido en la peor de todas la pesadillas del hombre que hacia rugir las cuerdas de una Gibson como el motor de una Harley Davidson.

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Artículo originalmente publicado hace un año en la revista Culturamas