Baretta 1975 “el detective a contracorriente”

La década de los 70 fue propicia para los detectives de televisión. Por aquel entonces, los malhechores temían ser descubiertos por el teniente Colombo (Peter Falk y su andrajosa gabardina de Cortefiel, que gustaba de hacerse el despistado ingenuo).  El divertido Cannon (un gordito, calvito y tragón, William Conrad que no se separaba de su perro Boxer); o el vaquero McCloud (Dennis Weaver) y su hermoso caballo por Central Park. El teniente Kojak (Telly Savallas) se dejaba querer con algunos de los mejores trajes de la época y su chupaChus de turno. También estaba aquel tipo tan simpático, que le habían colgado el marrón de un crimen, y se rehace como detective privado; Jim Rockford y sus casos (James Garner) era el amo de los Angeles y por supuesto, nuestras adoradas Ángeles de Charlie. La utopía de las barras y estrellas, de la libertad, rugía los fines de semana con el gancho del difunto Lew Alcindor en el Staples Center. Un joven Rudolph Giuliani, del partido republicano, iba haciendo camino en la política nacional y en la gran pantalla, la taquilla, reventaba con el film “The Warriors” de ínclito Walter Hill. Obviamente, la ciudad de la gran manzana, nuestro amado New York, tenía un creciente y permanente problema con  las bandas criminales. En nuestro país las cosas andaban a la búsqueda de una urna que pusiera orden al traspaso de régimen: muerto el perro Franco, muerta la rabia. Llegaba el monarca blanqueador de billetes de los reyes católicos, Juan Carlos I.  El pueblo, votó, por una gran mayoría; sí a la democracia. Un chico de la vieja falange, católico, serio y  buena gente.  Muy interesado en aprender del liberalismo británico; era el nuevo presidente del país. Se llamaba Adolfo y se gustaba decir: “puedo prometer y prometo…” Una España tan atolondrada, como la actual, pero con un ambiente de esperanza, de dar lo mejor de todos-as, por construir una piel de toro, libre, y con un relativo bienestar. Mientras, nosotros, nos dejábamos caer en estas fechas por las tiendas de electrodomésticos: TV,s de color, Telefunken, Thompson, Metz, Grundig o Blaupunk eran lo más cercano a las adictivas coreanas de los gigantes, actuales, Samsung y LG. También, se buscaba equipo estéreo sin eso del streaming.

De repente nos apareció un tipo, que se pasó media vida, en líos, Robert Blake. Lo primero que se nos viene a la cabeza, al escuchar este nombres, es aquella obra maestra llamada “A sangre fría”, libro escrito por el gran Truman Capote y dirigida por el inefable Richard Brooks. Pero con Bob era todo una caja de mil combinaciones. Tenía el mundo en una cuerda, que resultaba ser un yoyo. Se escapó de un barrio italiano, sin salida, de Nueva Jersey para convertirse en una estrella infantil en la serie Farm Hands (1943), con apenas, 5 años. Acabo siendo alcohólico y adicto a las drogas, sin apenas cumplidos los 18. El regresó en 1967 fue atronador, en un film, portentoso y fascinante. Una obra de culto, cinematográfica y literaria de la historia norteamericana. Realizando una interpretación demoledora de un asesino condenado a pena de muerte, Perry, por el asesinato de la familia Clutter. Aquel temperamental y errático Blake volvió a caer en una depresión muy profunda. Después de surcar varios océanos llegó su momento y con 41 años, no dejó escapar uno de los personajes, más carismáticos de esa gran época de la TV de los 70. Estaba muy cercano a la conquista del show; que le dio más gloria y dinero en toda su carrera. En 1974, Tony Musante (David Toma) tomó la decisión de no regresar para una segunda temporada de su serie de policías, del canal ABC “Toma”, conocida como (Astucia peligrosa) y auténtico humus, de lo que sería Baretta. Eso, sí, con un estilo áspero, sucio y mucho más cinematográfico que los shows la época. Se fue desmotivando y no contento con los hipotéticos cambios para una segunda temporada, lo  dejó. Empero, el productor Jo Swerling, Jr., estaba muy interesado en seguir con el formato y contrató a Robert Blake para que asumiera el papel. La serie iba con todas las de la ley, a ser llevada, como la 2ª temporada de Toma, y  Robert Blake, como el detective David Toma. Pero en el ambiente, se respiraba, ese oxígeno lleno de dióxido de cárbono , que significaría la cancelación definitiva de Toma. Una vez, visto toda la primera temporada, algo no terminaba de encajar entre los directivos de ABC.

Blake tampoco estaba muy emocionado de asumir un papel preestablecido, por lo que finalmente decidieron cambiar el título a Baretta. El primer cambió fue el escenario de la serie y también varios otros detalles menores, pero efectivamente, todavía era una continuación de “Toma”. Debido a que Blake tenía una personalidad tan fuerte (y el programa no había sido un gran éxito de todos modos), la cadena decidió renovar totalmente el programa, cambiando las duras y oscuras calles de NY por la bulliciosa L.A. de California. Agregando una mascota, sui generis, la cacatúa Fred, y renombrar el personaje de “Baretta”. Así, nos encontramos a nuevo Robert Blake, enfundado como Tony Baretta, el policía italonorteamericano  de aspecto desaliñado, ciertamente, no a la altura higiénica del teniente Colombo. Pero muy diferente de los clásicos policías de traje. “No cometas el crimen si no puedes cumplir la sentencia”, rezaba la máxima que guiaba la filosofía de un peculiar detective, que destacaba más por su rudeza que por su atractivo, no tenía don de gentes, vestía de forma extravagante y compartía habitación de hotel con Fred, la exótica cacatúa blanca. Frecuentaba el mundo del crimen: pequeños y medianos gangsters o traficantes. Vestido con sus jeans, camiseta muy ajustada y un palillo de bocera a bocera. Tony Baretta se movía como un pez en el agua entre prostitutas, narcotraficantes, ladrones, estafadores y toda la fauna del mundo criminal, al margen de la ley. Casi todos convertidos, en estimables informantes y valiosos colaboradores. Es decir, los típicos soplones, de gran eficacia, en el caso de Tony Baretta, tenía argumentos para mantenerlos contentos. Desplazarse por la ciudad de Los Angeles, es complicado, si no te tiene un vehículo. El peculiar detective conducía de Chevrolet Impala (1966) de cuatro puertas Mist Blue, oxidado. Obviamente, en mejor estado, que el famoso Peugeot de nuestro querido teniente Colombo. No obstante, para muchos televidentes, y criminales, Tony Baretta, era uno de los mejores expertos en el arte del disfraz, junto con el Santo, los mejores en esa faceta. La gente que lo admiraba, destacaba, su originalidad, y la propuesta, dentro de la colección de detectives setenteros: esa manera de afrontar la realidad, siempre a contracorriente. Además, heredó una habilidad muy selecta, hoy en día, la cocina italiana, los platos que realizaba su abuela Made in Italy. Era un pálpito —de lo que una mujer— llamada Carmela Soprano; nos mostró en la mejor serie de la historia de la TV. 

El artífice de todo ello, fue el guionista, Stephen J. Canell. El padre de la biblia de Antony Vincenzo Baretta, quien escribió el nombre real del personaje. Conocido por el éxito que había adquirido con otra serie, para la cual, se presentó Blake, pero terminó en manos de James Garner; “Los casos de Rockford”. Su vitola de Supershowrunner era más que obvia, además de su ingeniosidad para escribir personajes auténticos: desde ‘El equipo A’ a ‘El gran héroe americano’, entre otras. Baretta duró 4 temporadas y se filmaron 82 capítulos. Ganó varios premios, entre ellos el Emmy y el Globo de Oro para el imprevisible, Robert Blake. Todo el mundo, quería un autógrafo del nuevo héroe de la ABCTV; Tony Baretta. El protagonista por antonomasia del disfraz, cual, más surrealista, quien solía sorprender a sus propios compañeros. En más de una ocasión, llegó a ser arrestado por no querer destapar su indumentaria, ya que le permitía generar amistades con muchos de los malhechores que pululaban por la calles de Los Ángeles. Alérgico a la burocracia y las reglas, todavía sigue una especie de código no escrito, hecho de respeto, honestidad, apego al trabajo y envuelto de un lado muy cercano, relativamente, compasivo. Solitario, nunca aceptó tener un compañero para compartir el riesgo. El Inspector Schiller (Dana Elcar) era su jefe, más tarde fue reemplazado por el teniente Brubaker (Edward Grover) del luctuoso distrito 53 de Los Ángeles. El show tenía una sutil dosis de humor, gracias a los apuntes de Rooster (Michael D. Roberts), el extravagante amigo e informante del protagonista, y de su mascota Fred. Sondra Blake, entonces esposa del actor, aparecía ocasionalmente en la serie. Todo esto, sumado, al brillante score musical de la serie, escrito por los extraordinarios Dave Grusin y Morgan Ames: Keep Your Eye On The Sparrow, completamente instrumental, la cual, se decidió añadirle letras para ser interpretada por otro de los grandes de la canción: Sammy Davis Jr. Baretta y Blake fue otro pico de tensión mental, entre el personaje y la persona, en sí. La redentora victoria, en la eufórica noche de los Emmy de 1975, puso a Robert Blake en la cima del mundo.

Hay que reconocer que por la serie se dejaron ver rostros de lo más interesantes; desde Joan Collins, a Elisha Cook Jr, Belinda Balaski, Burt Young, Dick Sargent Dennis Quaid, Jennifer Jason Leigh, Tom Skerritt, Pamela Bellwood o Scott Glenn, de entre una larguísima e interminable lista de actores y actrices maravillosos. Baretta, hizo que Blake se subiera al cohete de la popularidad y explotó al máximo la situación. Comenzó a exigir guiones más inteligentes y a luchar en el set y en la corte por el control principal de la producción. Hizo que trajeran a su esposa Sondra como estrella invitada frecuente y comenzó a ignorar por completo a los directores que no le gustaban, dirigiendo efectivamente el programa él mismo. “El gremio dice que tienes que tener un director, así que pones a un director en la silla”, declaró Blake con arrogancia en 1976. “Es como meter una escoba en la silla. De todos modos, el espectáculo se dirige solo”. Blake fue citado además en Esquire diciendo lo siguiente acerca de sus directivos y dueños del show: “Aquí en Universal, nadie escucha y a nadie le importa. En lo que respecta a la mayoría de la gente, es mejor que se conviertan en Perry Mason o Donald Duck, no hace nada”. ¿Cuál es la diferencia? ¡Ninguna! Una vez que vendes la hora, mientras esté al aire, al mercado publicitario, ya da igual. No importa. Estás en antena o no lo estés”. Baretta se iba descontrolando y ello. No era ajeno al resto del equipo de rodaje. Las intensas batallas en el set finalmente llevaron a la destitución del productor original Swerling. Su cólera se cebó con otros despidos del personal de producción. Blake tenía quejas legítimas, quería una producción de calidad, de la que pudiera estar orgulloso. Pero luego tuvo que admitir que el consumo excesivo de drogas que se metía en el cuerpo nublaba su juicio diario. Cuando se le pidió que se describiera a sí mismo en este momento de su vida, Blake usó palabras como “loco”, “hostil” y “lleno de ira”, y buscó terapia para controlar esos malignos sentimientos. En la tercera temporada, rodado el episodio 10 (1976-77) Robert Blake anunció que no regresaría por cuarta temporada de Baretta debido a una disputa contractual con Universal. El estudio, ante la posibilidad de perder una de sus principales producciones, dio su brazo a torcer y ofreció una suma de dinero más sustanciosa a Blake.

 

Además de tener el control de producción ejecutiva sobre diferentes aspectos del show. Blake tomó la decisión de volver, de inmediato. RB, finalmente, recibió aquello por lo que luchó durante tanto tiempo, sin embargo, los datos de audiencia bajaron tan pronto como comenzó la cuarta temporada 1977/78. Cuando ABC trasladó el programa  de los miércoles por la noche al jueves, los números fueron mucho peor. Baretta estaba con media espada clavada en el esternón. Un año después, de la victoria moral y reivindicativa de Blake, sobre Universal. ABCTV, anulaba la serie en Menos de un año después de su victoria sobre Universal, Baretta fue cancelada en junio de 1978. Se pueden encontrar los capítulos en DVD por alguna web muy comercial, conocida de todos y en la webesfera. Curiosamente, 1999, con 63 años, Robert Blake, despojado de la piel de Baretta, vivió el más difícil caso de una dilatada vida. Su esposa, por aquel entonces,  Bonnie Lee Bakley (con un largo historial de divorcios y estafas) a la salida de un restaurante de la ciudad de Los Angeles, donde cenaban plácidamente, cuando salían del establecimiento, dirección al parking, ella se quedó sentada el asiento derecho de acompañante, esperando a RB, que le dijo: “he de volver cariño, me he dejado algo en la mesa.” De repente, recibió un disparo en la cabeza, mientras esperaba sentada a su marido, Robert Blake. Éste, cuando fue interrogado por la policía comentó que había vuelto al restaurante, a recoger una arma que se había dejado en la mesa. Nadie de los comensales, ni del servicio de restauración; vio nada extraño. Los dueños del restaurante italiano de prestigio, nunca vieron nada dudoso. La policía llevó a cabo una investigación, donde el misterioso crimen, sin pistas fiables, terminó con Blake como principal sospechoso. El juicio, en 2002 levantó una expectación mediática, al estilo O.J. Simpson. Finalmente, en 2005, fue absuelto por falta de pruebas. Al parecer, se sigue investigando en los tribunales sobre este affaire, que inspiró un capítulo de la aclamada serie de TV de Dick Wolf “Ley y Orden”.  Las últimas pesquisas hablan que allegados al hijo de Marlon Brando, Christian Brando, habrían podido ser los responsables de la muerte de la señora Bakley. Surrealista, pero tan verídico como la propia vida de Michael James Vincenzo Gubitosi, para los fans y amigos, Robert Blake, que con 87 años sigue vivo y muy cuerdo. Quizá ahora el actor recuerde algunas frases de su famoso personaje: Todos debemos pagar nuestras deudas; o Los únicos tipos malos que conozco están en la cárcel, o en la tumba… Así fue la historia del mítico detective y su cacatúa blanca. Auténtica, como su propia vida. El detective a contracorriente. Nota: 7,1

 

 

Misión Imposible (1966) 48 years

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¿Recuerdan Uds este estribillo: “Dun dun dundun…”? ¿Y las imágenes que acompañaban a tan vanguardista sintonía entre buen jazz y espasmódico beat? Muchos que hayan visto un litro de gasolina a 35 pesetas, estoy convencido que sí. Eran las notas del genial Lalo Schifrin. De repente, un fósforo iluminó a un país que se enamoró de unos personajes embadurnados de una estética sixtie, supercool y colores impenitentes. Posicionados en la parrilla de salida hacia un inminente alunizaje a la luna, mientras se nos poníamos al día delante del espejo esbozando nuestras nuevas patillas cortadas con pulcritud quirúrgica. Los espías cambiaformas, engancharon a una generación de teleadictos. La España del blanco y negro iba a ver un nuevo producto Made in Usa facturado en Tecnicolor. Sin embargo en las disimuladas casas de nuestros vecinos, el armatoste catódico solo daba para el tedioso carnaval de franjas horizontales. El personal guardaba silencio cuando arrancaba el capítulo de turno y aparecía una grabadora escondida. El mensaje relataba la misión que había que realizar; “blablablá…”Al final del mensaje. Lo más excitante: “Esta cinta se autodestruirá en cinco segundos”, la prehistórica grabadora se derretía como, si hubiera caído en un cubo de ácido sulfúrico. Misión imposible, ya estaba en la piel de toro.

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En 1966, la CBS encendió la mecha de la flamante, Misión imposible. Un producto estrella, que rezumaba una factura muy vanguardista. Su estilo ágil, moderno y dinámico que, a la postre fue  imitado por muchos canales con el paso del tiempo. Marcando la máxima más repetida en el mundo de las series de TV: el paso desde la pantalla pequeña a la grande. Creada por el compositor, escritor y director  Bruce Geller, la serie consiguió un éxito enorme, acaparando los Emmys de 1966 y 1967. Se emitieron 7 temporadas desde 1966 hasta 1973. Con el paso del tiempo fueron cambiando actores y roles, pero manteniendo la esencia inicial: las aventuras del grupo de agentes, con licencia para introducirse donde creían conveniente, The Impossible Missions Force (IMF). Esta agencia de defensa e inteligencia norteamericana (una especie de alter ego de lo que conocemos como la CIA, permitámonos la ironía) se encargaba de luchar contra dictadores en países de todo el mundo.

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Aunque la zona oriental del ex telón de acero era  la preferida. A día de hoy, determinados territorios de la vieja ExURSS muy cacareados por los telediarios de medio mundo. Para ello se valían de las argucias más insólitas hasta ahora vistas en TV; apoyadas en un gran despliegue tecnológico y el factor sorpresa. MI resultaba tan adictiva que el mismísimo,  J. Edgar Hoover estaba encantado con ella. La primera temporada, el actor Steven Hill fue el Sr. Briggs —jefe del equipo— pero problemas personales hicieron que dejara  su papel en la segunda temporada. Su recambio fue el  rubio de  ojos azul acero, Peter Graves como Sr. Phelps, de algún modo el cabeza visible del grupo y organizador de las misiones que se presentaba al equipo. Otro de los protagonistas que generaron gran expectación fue Barney Collier, interpretado por el actor afroamericano, Greg Morris quién se encargaba de todo lo referente a tecnología, mecánica y electrónica. Fue el primer actor de color que se convertía en una estrella de la pequeña pantalla, junto con el familiar Bill Cosby. Otro miembro del equipo fue Rollin Hand, papel que recayó en el excelente actor, Martin Landau. Su especialidad eran los disfraces y la suplantación de  cualquier personalidad requerida. Hablamos de uno de los actores con más carisma del equipo y muy querido por el público, gran experto imitando voces y expresiones corporales, el cual, se valía de unas espectaculares máscaras, que eran la alegría del personal.

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Luego, estaba la chica;  Cinnamon Carter, la hermosa; Barbara Bain, cuyo encargo era la de partenaire fatale de muchos de los malvados que caían en sus brazos gracias a su capacidad de seducción sacando la información secreta de todos ellos. El último miembro era el forzudo Willy Armitage, papel delegado al actor Peter Lupus, el cual se encargaba de todo lo que involucrará fuerza o lucha, pues era un portento físico. La verdad es que Misión Imposible era un producto muy cool, de un ritmo frenético, sustentado en la fuerza de sus imágenes, para detrimento expresivo de los diálogos. La utilización de elementos cinematográficos; como la cámara subjetiva, travellings diabólicos o introducción de la música constantemente dieron con un acabado excepcional. Tal fue la trascendencia del tema principal o score de la Soundtrack (MI), que sería lanzado como un single en 1968, y pasaría más de tres meses en la cima de la lista de éxitos. Posteriormente, Lalo Schifrin lanzaría dos nuevas bandas sonoras para la televisión con música adicional para la serie. Sorpresas y giros inesperados en el argumento que funcionaban con la precisión de un reloj suizo y  nos mantenían pegados a la pantalla esperando la siguiente vuelta de tuerca. Otro de los grandes reclamos fue la entrada en escena  de célebres estrellas del celuloide.

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A modo de cameos, pero con papeles protagonistas hicieron las delicias del público: Anne Francis, Lloyd Bridges, Joan Collins, Dean Stockwell, Edmond O´Brian Eartha Kitt, Fernando Lamas, Loreta Swit, Marie Ann Mobley, Ricardo Montalban, Sugar Ray Robinson  o William Shatner entre otros-as. La serie, a pesar de no tener unas audiencias espectaculares en USA, se las arregló para conseguir la atracción indisoluble de un buen grupo de seguidores, dándole el toque de serie de culto. Y mantenerse ocho años en pantalla. En 1996, Brian de Palma dirige la primera de las cuatro entregas de Misión  Imposible en la gran pantalla. En el guión, de nuevo B. Geller junto al reputado David Koepp. Pero, el protagonista absoluto es Tom Cruise que ha hecho de este producto su lanzadera franquicia. Dueño absoluto de una producción hiperespectacular y grandilocuente. La cinta fue un éxito rotundo en la taquilla, pues recaudó 180 millones de dólares. No por ello, algunos de los adictos seguidores de la vieja serie fueron muy críticos con la propuesta de Cruise. Aunque se alejara de las raíces originales de la serie, MI ha generado tres secuelas más  convirtiéndose en un filón de oro  para su protagonista y productor, Tom Cruise. Destacar el cover que realizaron de la música original de Schifrin, el grupo irlandés U2 en la primera entrega.  Misión imposible es una de las mejores 100 series de la historia de la Televisión, según la prestigiosa revista TV Guide. No esperen 48 años para disfrutar de este espectáculo, lo tienen muy fácil. Nota: 7,8