Roots (2016), el nuevo lifting de Raíces

Foto (1)

Dicen los más castizos, aquello, de… “la morcilla siempre se repite”, y la historia también. Han pasado, casi 40 años, del estreno de la legendaria miniserie Raíces en enero de 1977—mejor dicho en enero de este inmediato 2017— por el canal ABC (producida por un viejo conocido en el mundo de los documentales David L. Wolper), cuando se convertía en lo que los popes de hoy en día denominan, eso, de un Hype. Pero no un Hype cualquiera. Raíces fue un grandísimo acontecimiento socio-histórico-cultural, en todos los sentidos, y para la TV una enorme sorpresa dentro del mundo del drama clásico norteamericano de los 70. Hito que superó a la mismísima Nashville de Robert Altman, en 1975, de la gran epopeya, de la película americana por excelencia. Raíces conseguía los laureles, de la auténtica turbia y patética historia de la esclavitud —de un modo más sangrante— a todo el intocable mainstream de clásicas series históricas donde el hombre blanco velaba por los intereses de los ciudadanos de color y los nativo/americanos: aquellos indios, tan queridos por Ford, auténticos pobladores de esa utopía llamada América.

Foto 2

Raíces puso en dedo en la llaga y su alegoría de la sociedad afroamericana, como un tema social urgente. Raíces fue capaz de concentrar —delante de pequeña pantalla— a más de 80 millones de espectadores y unos 100, en su capítulo final. Los premios y la crítica coincidían con el trabajo que deslumbraba a propios y extraños. Raíces consiguió más de 39 nominaciones a los Emmys y ganó 9. Además de un Globo de oro. La obra de Alex Haley, un elaboradísimo best seller desmembraba el movimiento genealógico de infinidad de memorándums de investigadores universitarios, donde AH invirtió años en trazar un árbol ascendente del primer afroamericano hasta llegar al continente africano en 1750. No entraremos en el análisis de determinados revisionistas, al respecto de las denuncias por plagio, a las que el autor tuvo que enfrentarse. Empero, más sorprendente, es el hecho, en sí, de la nueva narración del remake, en un ejercicio de revisión de la cuestionada obra de Alex Haley. Alguno se preguntará del porqué de susodicho alboroto, cuando un tal Richard Fleischer rodó toda esta vergonzosa humillación, en torno, a la esclavitud en su maravillosa Mandingo (1975). Claro, que también deberíamos de hablar con el amanuense de esta excelente obra, Kyle Onstott. Pero, ese, es otro cantar.

Foto3

Ahora, en mitad de un país fracturado, que durante estos últimos años ha tenido el primer presidente de color, desde su constitución como nación independiente; Barack Obama. Lo sigue siendo, todavía, ya cuenta los días por horas… Un hombre que parece despedirse de su país, con el pesar de no haber podido cauterizar las viejas heridas raciales, que siguen sangrando a borbotones. Obviamente, el hecho de ponerse delante de un informativo local o nacional de los EE.UU, es una radiografía de un país que narra sin parar enfrentamientos constantes por el odio racial, el abuso de la autoridad policial y las armas de fuego. California, Kentucky, Ohio o Milwaukee son lugares cercanos para cualquier ciudadano anónimo de occidente que anduviese por sus calles comprobaría que Norteamérica dejó de ser una anuncio de Benetton en Venice Beach. Sin embargo, el país, para mayor inri, sigue en metido en una contienda electoral de alto voltaje, con dos candidatos que poco aportan a este problema.

Foto 4

Solamente, la observación reiterada, del fenómeno, en ese ir y venir, entre ese insaciable arsenal de armas callejero, y, una policía que tiene el gatillo fácil hacen “bonus extra” para volar por los aires cualquier escorzo de atisbo pacificador. Mientras la calle arde, entre diálogos estivales, de rabia contenida. Unos que se postulan, entre “el ojo por ojo” y los que apuntan con el dedo, a los culpables, advirtiendo que la justicia es igual para todo el mundo. Un conflicto tan fogoso como los incendios de California, aunque de imprevisibles resultados. La nueva versión Roots 2016 es una miniserie de 4 episodios, que ha costado 50 millones de dólares. Esta nueva Raíces, o mejor dicho, Roots (2016) está producida por A&E cable y Channel History probablemente no tiene el impacto social de la original, dentro de la perspectiva social, de la América de 1977/78 a esta sociedad de las nuevas tecnologías de 2016. Roots 2016 es más agresiva, violenta y repulsiva que su original setentera. No obstante, en su interior puede que, comparativamente, menos profunda.

Foto 5

En cambio, es fundamental entender que esa nueva dosis, aparentemente, de superficialidad no es tanto un problema, puramente artístico. Los propios productores ejecutivos son muy escrupulosos en sus intenciones, socialmente, conscientes. Aunque inconscientemente y de un modo muy sutil, parte de ese espectáculo, está proyectando el problema político de turno. Eso sí, Roots está muy bien hecha, con una espléndida factura. Se nota la mano que yace detrás de todo este espectáculo. Hay un gran alarde de producción y gran trabajo de dirección. Cada episodio se aprecia la mácula del director de turno. La confianza y el oficio —que tienen— se transforman en pura energía propulsiva bajo las batutas de Phillip Noyce, Mario Van Peebles, Thomas Carter y Bruce Beresford, dan brío a un satisfactorio final, el cual, es en gran parte, el acierto de la gente de Channel History. Las ocho horas de narración (originales) divididas, en cuatro episodios de 90 minutos, donde se atisba la odisea del africano Kunta Kinte (Malaquías Kirby), atrapado por una de las tribus rivales de su pueblo, vendido a los británicos esclavistas por cuatro mosquetes e iniciando un camino, desde su adolescencia, sobreviviendo, en parte a su fuerte carácter y deshojando —todo un tratado ancestral antropológico de su pueblo—, que le acompañará, en la larga pesadilla del paso de un continente a otro, para ser comprado como un animal de labranza, y vivir en el terror adicional de la esclavitud en los Estados Unidos del S.XVIII.

Foto 6

Evidentemente, en esta ocasión se ha contado con la aportación de cuatro grandes guionistas, viejos zorros de la televisión, de Los Soprano, Boardwalk Empire o Magic City como Lawrence Konner, o un resucitado Mark Roshental —que ya hacía años— desde aquellos guiones de cine; la Joya del Nilo (1985) y Mercury Rising (1998). Así como las aportaciones de Alison McDonald (Nurse Jackie) y Charles Murray (SOA y Mentes criminales). Cada etapa de este viaje presenta la deshumanización como la experiencia afroamericana eterna y el horror de la desensibilización del itinerario conocedor afroestadounidense. Posiblemente, Roots, nos ha evidenciado la excelente preparación de los actores afroamericanos. Siempre he dicho, que ellos, tienen que demostrar las cosas —dos veces mejor—, que nosotros. Channel History nos presenta un casting seleccionado por Victoria Thomas, donde se vislumbran estrellas del cine y ficción televisiva consagradas, junto a futuros actores extraordinarios afroamericanos. Pueden ir quedándose con estos nombres: Malaquías Kirby (Kunta Kinte), Emayatzy Corinealdi (Belle), Emyri Lee Crutchfield (la joven Kizzi), Regé-Jean Page (George Chicken), Michael James Shaw (Marcelus), Mandela Van Peebles (Noah) y Sedale Threatt Jr. (Tom) para ir junto con estrellas como Forest Whitaker (Fiddler) Chad L. Coleman (Mingo), Anika Noni Rose (Kizzi adulta), Mekhi Phifer (Jerusalem) y, como narrador y autor del libro, Laurence Fishburne (Alex Haley). Un fantástico Jonathan Rhys Meyers como el masa (Tom Lea), James Purefoy, el primer masa (James Waller) y Anne Paquin como la espía del Norte (Nancy Holt).

Foto 7

Y es que, en esta próxima, ceremonia y fiesta de la TV, por no decir, inmediata —en apenas un mes— comenzará el desfile por la alfombra roja, de la pequeña pantalla de actores y actrices. A día de hoy compiten —en castings— por ser parte de algunas de estas producciones. Los Emmys ya han movido ficha y Roots compite con las grandes series —precedidas por la vitola de favoritas— de este último curso. Acorazados con un chorro de nominaciones y credenciales de la nueva ficción de calidad. Un territorio, donde la estatuilla parece guardar todas sus bazas, para la racial y exquisita; The People v. OJ Simpson y Fargo. El páramo de la división étnica gana enteros y Roots (2016) quiere jugar su única carta —al viejo equino ganador— de un Kunta Kinte con nuevo lifting, de pies a cabeza y generar debate entre los nuevos productos de este 2016. Igualmente, esos 40 años, han significado mucho en el mundo de la TV. La nueva condición —de todos-as— nuevos adictos a las buenas series tienen la oportunidad de descubrir un icono dentro del a historia de la televisión. ¿Cuánta gente habrá nacido en ese 1977 y nunca vio Raíces? Por ganas y ánimos, que no quede. Nota:7

 

 

Boss (2011), Great!

Foto 1

 

Jamás me hubiera imaginado ver al psiquiatra más divertido de la historia de la TV, Frasier convertido en un alcalde versus Ciudadano Kane. Algo de ello queda en el apellido que encarna, este singular administrador de la vigorosa capital de la ciudad del viento, Chicago. Tom Kane es el alcalde más cruel y poderoso del ayuntamiento de tan insigne villa: un tipo curioso. Nuestro protagonista, el carismático, Kelsey Grammer. Actor de los grandes y siempre al servicio de la Tv y las Sitcom. Desde la adorable Cheers hasta el spin-off de ésta, en la aclamada Fraiser. Siempre he sido del pensar aquello, que los actores de comedia son los mejores. Están hechos de otra pasta. Hacer reír es muy difícil. Empero, lo del drama cualquier tuercebotas de un reality Made in Mediaset te lo puede bordar con un poco de cebolla francesa. La cuestión es que Kelsey Grammer se nos ha convertido en el amo, dueño y actor principal de este producto hiperdiseñado por Gus Van Sant.

 

Foto 2

 

Un director que no vamos a descubrir a nadie que se precie al gusto por el cine indie y derivados. Es evidente, que “Boss” está perfilado por su sabia mano. Desde el guion, obra de Farhad Safinia (que debutó con la maravillosa Apocalypto 2006 de Mel Gibson) muy bien cosido y al cual, GVS pulimenta de una atmósfera muy personal, para darle el plus de producto de autor. Una historia entre lo Skakesperiano, los Gangs de NY y Boardwalk Empire de Scorsese junto al drama de las esquinas de Baltimore (The Wire) y la acidez del personaje de Walter White en Breaking Bad. Un acierto en toda regla del canal Starz, como bien hablé en la reciente Black Sails (2014), y que sigue sin encontrar una buena recompensa para los directivos de esta cadena, desde los tiempos de Spartacus (2010). Una alegoría del mundo de Wolf en su hoguera de las Vanidades. Un discurso feroz y contundente que llega hasta los gangs más enclaustrados en ese cáncer que padece el capitalismo, pero que no tiene cura. Metáfora de toda esta historia, la cual, bebe en cantidades industriales del genial cronista de la historia de América a golpe de hacha y cuchillo, de carnicero afilado: el extraordinario Herbert Asbury. Hasta los sfumatos que nos dibujan a un Dickens, nuevamente, revisados desde la superlativa The Wire.

 

EXT CHICAGO STREET-Darius attacks Kane. Zajac talks to Cullen. Ian tells Kane that Latino caucus is downstairs...Voting on Lennox Gardens...

 

Incluso las mentiras de toda índole por el mero orgullo que nos trasladarían al cinismo de Twain. En esta representación, al lado del protagonista Tom Kane, le acompañan por ese túnel de las tinieblas y la violencia; su esposa, Meredith Kane (Connie Nielsen, la bella actriz danesa que saltó a la fama por su papel de Galeria Lucila/hermana del emperador Cómodo interpretado por Joaquin Phoenix/en Gladiator de R. Scott 2000) como la perfecta pérfida, gélida y distante dama que hace el papel de comparsa y tapadera. No por ello, tiene algunos tics factura del hábitat donde descansa su bunker personal. La convivencia con el monstruo hace que tengas un espejo donde reflejarte, y en demasiadas ocasiones esa refracción nos es más que un acervo de decisiones finales, muchas de ellas letales para quien no empatiza con los caprichos de tan exquisita señora. En segundo lugar, la mano derecha de TK y principal consejero de la tramoya política en el ayuntamiento, Ezra Stone (Martin Donovan, elegante actor que desde sus inicios en el cine indie hasta sus últimas apariciones en los canales del cable sigue teniendo el mismo oficio y poder de atracción) siendo su más fiel asesor político.

 

Foto 4

 

Después, tenemos a unos personajes, no menos interesantes pero que en la parrilla de efectivos estarían en posiciones de refuerzo. Por un lado, la fría y sensual Kitty O´Neill (Kathleen Robertson), asistente personal del alcalde y como en toda corporación muncipal: el guaperas y  tesorero del ayuntamiento—futuro opositor a la candidatura de gobernador— Ben Zajac (Jeff Hephner). Y todo este elenco, añadiríamos a la guapísima Emma (Hanah Ware) una rara avis en todo este affaire, que ha pasado de ex adicta a trabajadora social y auxiliadora en una iglesia evangelista, donde da apoyo a yonquis y sin techo: es la postre hija de Tom Kane. En definitiva, Boss (2011) tiene nervio, irradia inteligencia y una tenacidad de la apreciación del campo de batalla político; como un combate de boxeo sin tregua. Un mundo, donde se encuentra con situaciones de opulencia, pero sin caer en lo glamuroso o tranquilizador de la corrección localista del poder. En su conjunto, es una maravilla de tan solo, 18 capítulos de unos 55 minutos: 2 temporadas envueltas, en torno a la seducción del poder y los tentáculos que lo mueven. Una fascinación difícil de resistir. A día de hoy, enlatadas como piezas de culto de la TV contemporánea del cable para paladares exigentes, de buen Beluga sin aditivos. La factura corre a cargo de directores, que van desde el piloto dirigido por el propio Van Sant, a Mario Van Pebles, Jim McKay o Jean de Segozac. Resumiendo, merece la pena invertir un poco de nuestro ocio en esta gran producción. Nota: 8,3