Texas Killing Field Is True detective?

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Últimamente, tras revisar un par de veces la octava maravilla de HBO… Cada vez tengo menos dudas: True Detective está sobrevalorada. Todos los que somos adictos a la novela negra y hemos leído a grandes autores del género, sabemos de sobra que cuesta hacer una excelente adaptación desde el negro sobre blanco al 35mm. Ahora, digital con alta fidelidad. Véase el caso de David Goodis y la retahíla de adaptaciones de sus extraordinarias novelas. Texas Killing Field (2011) es el mayor plagio de la historia por parte de la televisión de culto, HBO. Digámoslo claro y con contundencia: True Detective, no es The Wire. A pesar de tener unos intérpretes maravillosos y algunas citas en boca de ellos excelsas— aunque, alcancen cotas de histrionización que forman parte de las comidillas del divertido Youtube— no exentas de  una  pose para una sesión fotográfica de Vogue. No voy a ser yo quien diga que las novelas de Nick Pizzolatto sean malas, ni un mal escritor. No las he leído. No conozco al autor. Pero si que pongo en duda la solvencia como realizador de Gary Joji Fukunaga: normalito.

 

 

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No pasa nada. En HBO, hay talento a raudales, como excelentes asesores. Difícil y complicado fue aquel plano/secuencia de Welles en “Sed de Mal”, y, más en aquellas añadas (1958). Luego, hay una sospechosa enumeración de casualidades —postmodernas— con nuestra protagonista; Ami Canaan Mann. A la postre, hija del ínclito Michael Mann. Bien, en el año 2011 se presentó este film en el festival de Venecia, el cual, recibió hostias a tutiplén por parte de la crítica oficialista. Quiero pensar que cuando ven el apellido de alguien con luminoso, estos excelsos y doctos críticos le entra el berrinche del gato. Recordemos el caso de Jennifer Chambers Lynch, hija del magnífico David Lynch. Exceptuando algunos chiflados—entre los que me incluyo— donde atisbamos un film muy interesante que en manos del padre de la criatura, Michael Mann se hubiera convertido en algo grande. El modus operandi, marca de la casa; teleobjetivos, plano detalle, ambiente sudoroso y el contexto carnal. La magia sureña de los EE.UU. De fondo, la música electrónica de Dickon Hinchliffe acaba enganchándote.

 

 

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Los protagonistas, una pareja de polis que no se acaban de caer del columpio: Sam Worthington (el australiano de Avatar y Terminator) junto a su compañero, el televisivo, Jeffrey Dean Morgan un actor brillante y desconocido (Anatomía de Grey, Magic City etc.) Inician la búsqueda de un asesino de las niñas entre una infestada telaraña Neonoir en un mundo criminal y obsesivo donde Worthington quiere llevar la batuta como poli prota. Él, viene por un traslado forzoso desde New York y cree conocer más la tipología del criminal. Es ahí donde entra, la siempre exquisita, Jessica Chastain —otra policía que está en un proceso excedecencia—, a su vez (la ex esposa de Worthington) quien llevará el peso de la claves del caso. La investigación aluniza en un vecindario cercano a la localidad de texana, Houston donde aparece la criatura; Chloë Grace Moretz y la olvidada actriz, Sheryl Lee. No muy lejos, de todos ellos: la bestia inglesa, Stephen Graham (Boardwalk Empire), en un papel para enmarcar. Y un personaje oscuro y canallesco que tiene demasiadas papeletas para llevarse el marrón, Jason Clarke (Brotherhood, Lawless, Zero Dark Thirty) que atrapa.

 

 

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Ami Canaan Mann dirige con acierto algunos momentos estelares; como la tensión de los interrogatorios… Estos, que algunos ilustrados han calcado y tiene premio el acertante que lo entrevea. Así como las escenas de acción, especialmente, una escena de persecución a través de las barriadas degradadas de la ciudad de Houston. El viaje culmina por la carretera 45 que va de Houston hasta Galveston; en los territorios desolados de esos pantanos que dan título al film. El problema de TKF es: un enfoque que no termina de cuajar en un affaire de pedofilia y serial killer inusual e intrigante hasta la médula (basado en hechos reales, escritos por un ex agente de la DEA) y la falta de profundidad en sus personajes, desarrollados sólo a medias. Texas Killing Fields se siente más como un prometedor piloto de un largometraje. No concluye este callejón sin salida. ¿Y ahora pregúntense por el final de True Detective? Ese era un final para la historia de la primera temporada. Vaya casualidad. Aquí, AM ha ido narrando muy bien el inicio del film y a pesar de los saltos entre los diferentes personajes había conectado con la esencia de la obsesión y vis criminal que inunda a todos ellos. Podría  haber sido un film heredero natural de los policíacos de los 70. Pero su aroma a telefilm o TV movie es obvio. Como debutante, no está mal para la hija de un grande. Esperemos próximos trabajos. Y si AM es flor de un día, una eterna esperanza, un bluff o una gran realizadora. Al tiempo. Si pueden no se la pierdan. Nota: 6,8.

 

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Miami Vice, 30 años en Septiembre

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En el año 1984, España estaba embadurnada de movida y plexiglás pegamoide. Almodóvar era l’enfant terrible de nuestro cine. Acababa de dirigir a una Carmen Maura —la abnegada ama de casa asesina— enganchada a las anfetaminas, que rompía la credulidad de todo hijo de vecino en: ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Joaquín Luqui era el amo de las ondas y nuevos becarios look George Michael, como Fernandisco nos vendían las news más cool desde los 40 principales. “La gran serie de la televisión en USA, se llama Miami Vice y llega a España. Tiene muy buena música”(sic). La televisión estaba repartida en dos canales: 1 y 2. No había mucho donde elegir. De repente, en las pantallas de los hogares españoles apareció un rubiales de nombre, Don Jonhson con una americana de Adolfo Domínguez. Fumaba con el estilo de los detectives clásicos y conducía un Ferrarri Daytona negro con proto-iphone incorporado sin manos libres. Arrancaba la moderna serie con un montaje de secuencias de Jai-Alais, pelotaris, flamingos rosas, playas y la música electrónica con aroma technofunk de J. Harmmer. La producción ejecutiva marchaba a cargo de Michael Mann y Dick Wolf. El guión lo firmaba Anthony Yerkovich, el mismo de Canción triste de Hill Street para la inquieta NBC.

 

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Irrumpía el paleolítico de las cortinillas de televisión que marcarían la historia postmoderna de este negocio  junto a Twin Peaks Los Soprano. Una amalgama de generaciones se apalancaban frente al televisor —los miércoles por la noche— para ver al altanero dorado, Sony Crockett junto a su compañero de andanzas el chico de color —simpático y bonachón— Ricardo Tubbs (Philip Michael Thomas), de ojos psicodélicos a bordo de Ferraris, Lamborghinis o Corvettes de última generación. Mientras, el viento movía la melena de Crockket y los ricitos de Tubbs, sonaba de  fondo On the Air con redoble de timbales de Phil Collins. Todo el mundo flipaba con la pareja de polis más fashion de la televisión. Es verdad, Fernandisco no nos mintió. Corrían tras las mafias, carteles y demás hampones de la península de Florida sin tregua. En la radio del coche de Crockket, se escuchaban temas que iban de Clapton a The Mission. Sonny no tenía un Pit bull “docucallejeros” por mascota, la tomó con un cocodrilo Alligator llamado Elvis, el cual, vigilaba su yate deportivo, sito en el embarcadero del puerto. Era así de sui generis. Bebía Heineken y no tenía miedo a la muerte como un legionario. Únicamente, le sacaba de quicio el gélido teniente Castillo (Edward James Olmos) excelente actor y director, que junto a Johnson ganaron sendos globos de oro por sus interpretaciones.

 

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Las novias de Sonny Crockket eran tan atléticas como Jane Fonda y sus amigas haciendo aerobic. Los tonos pasteles de sus trajes y aquel Miami envuelto en Art-Deco hacían las delicias de los televidentes. Miami Vice fue pionera en introducir una estética actual, moderna, centrada en la cultura popular de los 80. La serie estaba en boca de todos, y lo que pasaba con las movidas de los capítulos y el protagonista —fuera de la pequeña pantalla— empezaba a tener más gancho que lo que se mostraba en cada episodio. Como, a posteriori, pasó en los 90 con la angelical Laura Palmer. ¿Se acuerdan? Todo el mundo hablaba de Laura. Nuestro rubio estrábico anunciaba colonia de Myrurgia, pues decía que era el aroma de California. Así eran los Don Draper Made in Spain.  Todos queríamos llevar la camiseta malva sin magas del superpoli. Hasta Melanie, la señora de nuestro  Banderas sucumbió a los encantos de Sonny Crockket. Durante 5 temporadas de 1984 a 1989, (111 capítulos) que marcaron un estilo y una manera de rodar muy MTV dejaron una huella indeleble a generaciones venideras.

 

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Por las calles, playas y cayos del condado de Miami pululaban todas las faunas más eclécticas del planeta: Bruce Willis, Bill Paxton, Ben Stiller, David Strathairn, Dennis Farina, Frank Zappa, Ian McShane, Luis Guzmán, John Turturro, Julia Roberts, Joan Chen, Kyra Sedgwick, Steve Buscemi, Sheena Easton, Tony Sirico, Ving Rhames, Viggo Mortensen o Wesley Snipes y tras la cámara algunos nombres que pueden asociar a productos de calidad en el mundo del cine y la televisión como; Abel Ferrara, Alan J. Levi, Rob Cohen, Christopher Crowe, Daniel Attias, David Anspaugh, David Jackson, John Nicolella o el mismísimo, Michael Mann, Paul Michael Glaser o Leon Ichaso. Obviamente, la gente se había olvidado de Dallas porque había un chico en la pantalla que parecía John Travolta con camiseta malva y un 45 automático vigilando la ciudad de criminales y malas hierbas. La mayoría de sus victorias eran por  agridulces K.O. en el mejor de los casos. La angustia perseguía a su protagonista, a pesar de las RayBan y los modelos de Armani, Domínguez o Versace, ya que el fantasma de Vietnam estaba siempre presente en su mente.

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Ahora, el personal estará más familiarizado con este personaje resucitado por otro niño terrible de la gran pantalla: el rey de Tennessee, Mr. Tarantino y su Django desencadenado, el especialista en rehabilitación de viejas glorias ha conseguido que medio mundo se hayan tronchado de la risa con un crepuscular, Don Jonhnson interpretando a un ridículo señorito sureño agobiado con su máscara del Ku Klux Klan. Y, Django —Jamie Foxx— fue el compañero de Collin Farrell en el remake que se hizo para el cine, su alma mater, Michael Mann. La verdad, que esta vida tiene unas paradojas tremendas; a veces, incomprensibles. Pero lo sustantivo del asunto es que Miami Vice cumplirá en Septiembre 30 años. Y para conmemorar tan célebre aniversario, NBC/Universal anuncia la salida al mercado una edición especial en Blu-ray para seriadictos, coleccionistas de buen gusto y público que se preste a ver una joya histórica de la TV Made in Usa. Por cierto, la serie completa se puede conseguir en cualquier establecimiento especializado en cine y DVD, preferiblemente, en la web por su prontitud. Luego, el que avisa no es traidor: disfruten de este beluga de la TV. Nota: 7,6