Hap & Leonard (2016) “Pure enjoyment”

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No es la primera vez que advertimos sobre un panorama, algo saturado, en esto de la ficción televisiva. Pero no se alarmen y veámoslo como un pequeño toque de atención. Sé que muchos de Uds. se hacen la misma elucubración ¿Está agotándose la ficción Made in USA?—les contesto: No. Si volviéramos a otras viejas críticas, no sería extraño comprobar que el arranque del artículo es el mismo; pero es que han pasado demasiados años y la parroquia—en estos tiempos de vigilia postrera—no es la misma. Los espectadores cambian como los semáforos de las ciudades y uno, por alusiones—servidor—, anda algo mayor. Una generación que creció con SWAT, Cannon, Mike Hammer o Canción triste de Hill Street y el adictivo Falcon Crest, hasta aterrizar en la amadísima y mater familias de la nueva edad de oro de la TV; la mítica Twin Peaks y los pelotazos de HBO, The Sopranos, The Wire o A Six Feet Under. Luego, el caudal de búsqueda de nuevos paramos fértiles, vía streaming y la irrupción de nuevas productoras, sigue en la senda de la explotación, para  un mercado aparentemente inaudito y plausible. Un negocio donde el ingenio cuanto más sutil; mejor ejercicio. Bueno, y ¿dónde quiero ir a parar con toda esta valoración de los nuevos parámetros televisivos? Muy fácil, a un lugar donde los campos abonen semillas fructíferas y verdaderas. Por ejemplo, hará unos cinco años —aproximadamente— el canal del guaperas actor de los 70 y nuevo mecenas del buen talento; Robert Redford. Desde su factoría/laboratorio del mejor cine independiente norteamericano y la nueva productora de ficción televisiva Sundance TV está haciendo proyectos realmente adictivos. Algo que comenzó con aquella miniserie australiana dirigida por la no menos prestigiosa, Jane Campion en Top Lake un drama que escondía un thriller de abusos y pequeños ajustes de cuentas políticos, en un lugar recóndito, muy bien hecho. Después nos llegó la magnífica Rectify (a la espera de la 5 temporada, ya estuvimos hablando de ella) con un aura emocional y vibrante denuncia sobre la pena de muerte: exquisita. Manteniendo algunos de esos réditos y formas plásticas de la concepción audiovisual nos encontramos con el film Cold in July (2014). Obra que se ganó el favor de la crítica y fue dirigido por el mismo creador de nuestra nueva serie a comentar; Jim Mickle. Al lado de su inseparable guionista Nick Damici, siguen con la labor de continuar adaptando las novelas del genial escritor Neonoir gótico y slatterpunk; Joe R. Lansdale.

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Y ahí es donde Sundance TV nos trae Hap and Leonard. Una historia de un par de personajes muy en la línea de los protagonistas de la mencionada CIJ. Partiendo de la colección de novelas del mismo nombre H&L de este singular y divertido escritor: JRL. Los creadores del show Mickle y Damici nos adaptan a estos antihéroes de la Texas de finales de los 80/principios de los 90. Una extraña pareja: Hap Collins, blanco anglosajón, objetor de conciencia al servicio militar, que termina preso (James Purefoy Roma 1997) y Leonard Pine (Michael Kenneth Williams The Wire 2002), veterano afroamericano miembro del cuerpo de marines en Vietnam y abiertamente homosexual. Hay que reconocer que mucha gente no hubiera dado un duro por este dúo de actores. Pero la verdad es que nos encontramos con una pareja muy bien avenida de fina química. Sus vidas están condicionadas por los empleos de poca monta para salir del paso —dando tumbos— por la profunda Texas de finales de los 80 Reeganniana y a un paso de la nueva era de Bush padre. De repente, aparece una hermosa y fantástica, Trudy (Christina Hendricks Mad Men), la ex esposa de Hap con un asunto muy atractivo y con su toque puramente del viejo cine negro. Propuesta de mujer fatal…, cariño sé de un lugar donde hay un potosí. Claro que para llegar a ese Dorado hay que bucear muy hondo, en un río cerca de los cayos, donde los caimanes pasean hambrientos y las aguas son turbiamente profundas: hay que abrir el maletero de un viejo coche, donde reposan los codiciados dólares. Hap&Leonard es un espectáculo muy bien hecho con ecos al disparatado y brillante Hardboiled Banshee de Cinemax, que empuja al género con un ritmos muy sui generis, propios del sello Sundance. La aventura se acompaña de Howard (Bill Sage) —el nuevo esposo de Trudy— en el papel del hippie obsesionado, con salvemos el dinero en paraísos fiscales. Chub (Jeff Pope) un tipo gordo y grandullón heredero de la tipología más Made in Fargo de la factoría Coen Brothers y el ex activista y mercenario revolucionario de rostro desfigurado; Paco (Neil Sandilands) más cercano a un film del difunto Craven. Reunidos en una vieja hacienda semi-abandonada planean la estrategia de recuperación del dinero. No obstante, a todo el variopinto grupo de cazadores de tesoros —que piensan que el dinero se ha quedado atascado en el fango— pero reposa en el maletero de un viejo Ford en lo más hondo del río.

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Todo ello guiado por el gurú del grupo Howard, un tipo que se refleja el progreso de la contracultura del individuo blanco, en su transformación de viejo hippie a yuppie. (El gran Lebowski era un tipo muy perseverante en la cómoda propuesta). Luego, él y toda su cascabelera cuadrilla  hippie trasnochada,  quiere tomar el dinero y establecer una paz verde del tipo sin animosidad de lucro para cambiar el mundo,  Habría que añadir a toda esta tropa, un traficante de droga local (Jimmi Simpson) aquel hacker de la exquisita House en Cards T3 y exuberante novia punkie sanguinaria la escocesa (Pollyanna McIntosh The Woman y The Filth) personajes que introducen el elemento del caos a la historia; ya que son los dueños del terror que inunda la ciudad con sus execrables asesinatos. Sin embargo el mayor efectivo del producto y posiblemente el empuje más seductor del mismo siguen siendo la pareja H&L en sí muy significativos. Partiendo de la prosa original, de Lansdlale son los prototipos, de hombres dignos de un estudio—cuasi— antropológico. Todo ello contrastando los entornos, de ese norte liberal postindustrial, y ese sur conservador agrícola. La unión de ambos por su imperecedera lealtad de uno al otro, sin cuestionarse ni el color de piel, ideología o identidad sexual. Hap es blanco, sureño, tolerante, y ex activista contra la guerra del tío Sam. Tampoco se le podría etiquetar del típico votante progresista del partido demócrata, pero lo que es más evidente; es su animadversión hacia las proclamas de los conservadores fanáticos. Mujeriego por antonomasia y amante de las causas perdidas. En cambio, Leonard es un veterano de Vietnam, ideológicamente conservador, a pesar de ser estigmatizado por esa mácula del color, y su identidad de Gay en una América sureña en los años donde se atisba una América que tiene en el cambio al gobernador Michael Dukakis contra el republicano Bush padre. Ellos dan señales de preocupación, en ese instante, donde todo salvaje vividor va viendo que los años de grandes fechorías y diversión están contados; los 50 tacos les persiguen como un cazador de patos en un lago. Y mojarse la tripa en la mitad del trayecto puede ser un viaje peligroso.

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Una de las grandes sorpresas del show es la interpretación, del siempre carismático, actor Michael Kenneth Williams, mítico Omar Little de la legendaria The Wire y el fiel gangster de color Chalky White de Boardwalk Empire. Todo un lujo observar el cambio de registro, alejándose de esos ecos —llamémosle— violentos de alto voltaje y meterse en la piel de un tipo con sensibilidad, honorabilidad y sentido de la heroica. Todo lo contrario del gentleman James Purefoy cuestionado por su origen británico, dio mucho que hablar, sobre la idoneidad de su elección para ser Hap Collins. Obviamente, el resultado no puede ser mejor, su solvencia a la hora de poner el acento texano y ese toque cínico, propio del personaje, original de las novelas. Siempre he dicho que sólo han habido dos Marcos Antonios impagables: Richard Burton y James Puferoy en Roma de HBO.  Y es que desde el primer contacto con la cámara, Purefoy y Williams venden la compenetración entre sus caracteres. Así como el contoneo juguetón de Hap Collins con su ex Trudy, una Cristina Hendricks (en pleno esplendor con sus recién 40 años cumplidos) que trae a la mujer fatal de los años 50. Hap y Leonard nos devuelve a ese tiempo donde las estrellas del celuloide eran Don Johnson, Mickey Rourke, Geena Davis, Wesley Snipes o Rob Lowe que se encuentra en aquella divertida y coloreada 1980. H&L se suspende en el tiempo, su frondosa geografía nos retrotrae a la encantadora y sugestiva primera temporada de silencios y personajes muy típicos de esa oculta y desvencijada; América profunda. Estableciendo un estudio en profundidad en la pantalla, cercano a la primera temporada de extraordinaria True Detective. Sabores locales de un contexto regional que esconden pasiones y personajes altamente peligrosos. La serie también utiliza sus flashbacks con moderación pero eficazmente para mostrar y no decir, los orígenes de estos personajes las conexiones. Pero la serie, a veces, pierde algo el tono y la narración de un estilo no siempre coherente. Así como algunas lagunas de su edición y continuidad pueden pecar de episodios demasiado nerviosos. No obstante, el elemento de unos diálogos muy solventes y precisos que nos acercan a aquel humor de muchos dramas criminales de los de antes. Y es que Hap and Leonard es realmente divertido. Su bandera como auténtico divertimento es asesinar por un camino imparable a los idealistas corrompidos. El resultado es algo así como unas fresas en su mejor estado de madurez que terminan irresistiblemente en el paladar de los adictos al género negro.

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La adaptación, en cualquier caso, es por lo general fiel a la novela, con la inclusión de nuevos elementos para conseguir en los momentos más excitantes mayor pirotecnia. La combinación del espectáculo de seriedad temática con momentos hilarantes de situaciones que nos llevan a las novelas de Carl Hiaasen terminando por conectar con el resto del más escéptico y los 45 minutos del episodio se convierten en un pis-pas. “Estos tipos son la clase de vaqueros fuera de tiempo”, según Jim Mickle, de ahí, la ubicación del contexto de los divertidos años 80. Y que el ambiente occidental, con un “sentido y moralidad que vuelve y se mantiene por los siglos de los siglos”. Algo que demuestra; cual es la especia perfecta para atar este guiso de género. Los diálogos son inteligentes y conmovedores, y de los seis episodios formato garantiza que el espacio se mantenga agarrado y recorta cualquier narrativa larda. No hay mucho relleno, por lo que será muy interesante ver cómo la exhibición de sus dobleces en la segunda mitad. No le hace falta moverse a una velocidad de vértigo, pero los polvorines se establecen para una conclusión explosiva. El espectáculo es sin duda característica de este calibre, con una magnífica dirección de Mickle y el operador de fotografía, Ryan Samul. Así como la excelente BSO del compositor, Jeff Grace. De esta manera, Hap and Leonard se siente realmente como una especie de secuela de la fantástica Cold in July. No sabemos la continuidad de los próximos libros pero quién sabe si Mickle sería capaz de traer al personaje de Bob interpretado por Don Johnson, que sigue siendo uno de los personajes principales en las obras de Lansdale. Empero el espectáculo a medida que va avanzando consigue una gran influencia del tono fílmico de la gran Justified. Al igual que recuerda a una vieja serie de James Garner: The Rockford Files. Donde pasó a ser el detective que estaba de paso de todo, lidiando con los problemas de los extraños personajes que encontraba por el camino y la cutre/hermosa California del sur que descubría en su recorrido. Evidentemente, Hap and Leonard es un sueño hecho realidad. Es un muy buen punto de partida y si el resto de la temporada es tan buena como los cuatro episodios vistos por servidor, posiblemente, estamos delante del nacimiento de dos tipos, con el suficiente currículum, a iconos de gran ficción de este S.XXI. Esperamos plácidamente, mientras suena el buen country de la divertida, explosiva y encantadora Texas. Claro, contando con el elemento sorpresa de algún purista que se haya dejado caer con por bellos parajes de Louisiana, por aquello, de las facilidades fiscales a la producción. Ironías a un lado; Hap&Leonard creo que han entrado por la puerta grande de Sundance. Al tiempo. Nota: 7,8

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Mike Hammer (1984), is 30 years old…

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Mike Hammer fue creado por el novelista Mickey Spillane en 1947. Una novela policíaca, llamada I, The Jury al más puro estilo Hard-boiled de los años cuarenta del Noir Film confirma el debut de este detective. Posteriormente, vinieron otros títulos como My Gun is Quick o Kiss me Deadly entre muchos otros. Con el tiempo las novelas han sido adaptadas al cine y la televisión en diversas ocasiones. Mientras que los detectives de ficción de Hammett y Chandler; Sam Spade y Philip Marlowe eran cínicos del dorado Hollywood por Hawks y Huston. Mike Hammer era el  detective privado, por antonomasia del mejor pulp. Los años pasaron igual que las décadas y llegaba la TV de los ochenta. MH, no había envejecido. Ni mucho menos. Seguía siendo un tipo duro, violento y cargado de una ira genuina que nunca afecta a los demás personajes. Además de tener una vida personal desastrosa. No obstante, tenía un sexto sentido para dar con los delincuentes de todo tipo: desde chiquilicuatres de tres al cuarto a peces gordos o asesinos de millonarios en extrañas circunstancias. Entre las calles más peligrosas de NY repletas de jukebox, dealers, lots y mujeres muy sexys: el detective Hammer se enfrenta a todo ese devenir diario. Sólo se acerca al sexo rápido y la conquista fácil por decreto hormonal. El amor es una utopía inexistente como individuo,  ya que su karma reside en el corazón de cualquier femme fatale. Puede que esté de vuelta de todo. O no, ¿quién sabe?  Un llanero solitario con el más alma endurecida que la de de un cínico mercenario. A partir de estos mimbres CBS estrenó la serie, a modo de remake de la original de 1957—no exenta de críticas desde sectores feministas— retorna  en 1984. El rodaje de una nueva versión del detective, Mike Hammer. Inicialmente, 24 episodios de una hora de duración y  protagonizada por Stacy Keach. Actor que  de la mano de John  Huston deslumbró al mundo, en aquel papel (de boxeador decrépito) junto a un juvenal Jeff Bridges en Fat City (1972) , donde  lo bordó. Hasta llegó el personaje que lo canonizó.

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El Hammer de los 80 ya es una obra de culto en todos los sentidos y separa la dependencia que se suele crear entre los spin-off de otras series y los remake. Si hablamos de remake, no lo es. Pues, el Mike Hammer de los 80 es diferente. A pesar de alzar el vuelo de las mismas novelas y relatos de Spillane. Mike Hammer tiene alma de cómic—hay un palpitar hiperbólico—la plástica y estética al glaseado de los cuarenta es obvia. Empero, un humus flotante pop ochentero lo delata como una canción de Cindi Lauper. La fotografía de Robert Seaman descubre un aura de videoclip que será el  prefacio de la ficción del Siglo XXI. El tema central de Earle Hagen “Harlem nocturne”, puro Jazz que nos traslada a las antípodas de los vestuarios del Halcón Maltes and Cia. No obstante, seguimos en los ochenta con la calle llena de pintillas en plan Culture Club y sonidos Duran Duran.  El espectáculo se convirtió en un éxito de audiencia y Stacy Keach en el tipo más envidiado de la televisión por las mujeres que conquistaba. Previa premisa del escritor Mickey Spillane que dejó muy claras sus tres demandas a los ejecutivos de la CBS: A) que se filmase en Nueva York B) Hammer tendría que estar siempre rodeado de mujeres bellas y voluptuosas C) el arma sería un 45 automático. Jay Bernstein cumplió las tres demandas y la serie se produjo. Un hecho muy destacable de este serial fue el casting. Donde la inseparable y fiel secretaria, Velda marcaba el tempo de la oficina del jefe (una sensual Lindsay Bloom), que ejercía de sutil parapeto del insobornable  capitán de policía Chambers (Don Stroud). El ayudante del fiscal, Lawrence D. Barrington (Kent Williams) y el peculiar Ozzy como (Danny Goldman). Así como  un personaje fatale 100%, el rostro interpretado por la  pésima y exuberante actriz Donna Denton.

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Otros magníficos actores y actrices que aparecieron por el Mike Hammer ochentero fueron  Sidney Lassey (Fatman Phillie Lebrock), Alan Graf (Paulie). La bella Joan Chen (Ti). Así como las chicas Playboy Dona Spair (Alma) o Penny Baker (Mink). El espectáculo fue un éxito que sobrepasó el de su predecesora de 1957 donde el protagonista fue Darren McGavin en un B/N vintage. La serie tuvo un parón inesperado cuando Stacey Keach  fue arrestado por posesión de cocaína y terminó en la cárcel, durante seis meses. La estrella del show televisivo más cool en la trena. Ver para creer… SK, pasaba de héroe a villano como en uno de los magníficos relatos del gran Mickey Spillane. Y el  programa  estrella de CBS  tenía  a su heroico detective machote y patriota en el talego y expuesto ante la audiencia como un drogadicto traficante de tres al cuarto. Tras pasar  SK, un pequeño vía crucis. El productor Jay Bernstein, insistió en reanudar el show y Mike Hammer se reinventó con el nombre de  “el regreso de Mike Hammer”, de1986 a 1987. Y finalmente, el propio Hammer se la jugó en una versión llamada “Mike Hammer, Detective Privado” en 1997 que fue un fiasco y se canceló al año siguiente. Mike Hammer decía: bye, bye. No por ello, la crítica de TV dijo de este programa —que en Enero, de este año cumplió 30 años—  ha sido una de las 5 mejores series de la historia de la TV. Obviamente, a algunos de Uds. Les parecerá una locura. Pero, sobre gustos…Ya lo dijo el poeta. La cuestión es que su creador Mickey Spillane sigue levantando la misma pasión y polémica que el  mismo día de la creación del singular detective. Por cierto, Warner Bross ha comprado los derechos de las obras de Spillane, concretamente, toda la que acapara el  personaje Mike Hammer. Dicen que varios guionistas de prestigio se han estado reuniendo para el tratamiento del argumento y ver cómo ambientar las historias del detective. Dos opciones; un MH en el Siglo XXI con WhatsAapp incorporado a lo “Sherlock” y la segunda, mantenerlo en las décadas de los 40 y 50. Lo dicho, da gusto cumplir años envueltos de novela negra. No esperen 30 años para disfrutar de una serie sui generis.