40 years after the Police Woman

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El aprecio de la televisión como medio artístico puede que haya alcanzado nuevos vértices, de telespectador como corriente principal de entretenimiento, gracias a la nueva ficción del cable. Sin embargo, la aceptación de ese estándar principal, sigue en fase de reinvestigación. En el fondo, la protohistoria de la escritura catódica, la hizo Twain y Dickens. Aunque, sean muchos los que sabemos —de mi admirado— David Chase fue el alma mater de los Soprano; pero no el inventor de la dramaturgia episódica. Al igual, que los mesopotámicos ya dominaban el arte de la escritura. Posiblemente, las incertidumbles siguan sembrándose, en torno al modus operandi de su utilidad, sumergidas en un mar de dudas, donde todo es plausible. Desde aterrizar del brazo de Conan Doyle al lado de Colombo, o llamar a  la insigne Patricia Highsmith reivindicando la cuota de paridad, para irse de cañas con la mujer policía. Y es que, allá, por  la década de los cincuenta apareció una chica de Dakota del Norte, llamada Angeline Brown. Un día su familia hizo las maletas y marcharon a la soleada California. Su deslumbrante belleza junto al gran talento que poseía: terminó por crear a la actriz Angie Dickinson. Si bien, dispuso de los mejores comodines, en la partida de cartas cinematográficas;  no jugó bien sus bazas. Llegó a ser partenaire de Frank Sinatra, Dean Martin, Ronald Reegan (el ex presidente) Robert Redford, Marlon  Brando o Richard Burton. El mismísimo Howard Hawks dijo de ella; que sus piernas fueron las mejores de la historia de Hollywood durante el rodaje del western  Río Bravo. Amén, de tener una voz muy sensual, que sirvió para ponerle el inglés Made in Hollywood, que tanto se le atragantaba a nuestra india, Sara Montiel en Yuma. Pues la manchega se enredaba con la lengua de Shakespeare, por no decir que no le entraba, ni con el calzador del inefable Anthony Mann. Por fin llegaron los divertidos 70, y en el año 1974. AD realizó un papel en  la serie  Police story,  que dejó un grandísimo sabor de boca a los a los directivos de la NBC y decidieron crear una serie para ella solita.

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Lincoln C. Hilburn escribió el guion original a instancias de Robert E. Collins —su creador—, y tuvo tal existo que a día de hoy, es el alma mater del boom de series de acción y policiacas femeninas, de aquella década: Los Ángeles de Charlie, La mujer biónica o la mujer maravillosa. La verdad, que fue algo memorable asistir al aluvión de peticiones de mujeres  dispuestas a  trabajar, en los cuerpos de  policía de EE.UU. Los periodistas aseguraban estar realmente sorprendidos por la cantidad de mujeres policías que, al preguntarles cómo habían elegido ese oficio, respondían: “la verdad que desde que vi la serie de Angie Dickinson no me lo pensé dos veces”. Desde el estreno de Hospital Central no se veía una reacción del público de idénticas proporciones. Pero, en aquella ocasión, a las puertas de las facultades de medicina. La sargento Suzanne ‘Pepper’ Anderson levantaba un morbo inexplicable en todos nosotros. Quizá era también un precedente del boom que inició aquella historia del desaparecido Mike Nichols y El Graduado (1967). Daba el  perfil de lo que hoy en día conocemos como MILF –tenía casi 44 años– pero cuantas y cuantos de nosotros quisiéramos haber tenido su extraordinario y sensual físico. Generaciones de cincuentones padres —actuales— tenían en sus habitaciones de adolescente un poster de la carnal Angie Dickinson y su pistola. Nuestra querida sargento Anderson trabajaba de incognito en la brigada antivicio, y muy a menudo tenía que salir disfrazada de azafata, enfermera, prostituta o groupi de Monterrey —que solía flirtear con gangsters, dealers, canallas y demás fauna de la selva californiana—  para resolver casos de asesinatos, violaciones, robos o tráfico de drogas. Así solían iniciarse los episodios. Es más, no había capitulo en la que la sargento Anderson no acabará  molida a palos. Pepper Anderson estaba divorciada y tenía una hermana autista; Cheryl (Nicole Kallis) —hija del productor de la serie— papel que pasó con más pena que gloria. Lo poco que se dejaba ver y la falta de tirón, duró lo que un espejismo en el Sahara.Tan sólo dos episodios en la primera temporada y desaparecida para el resto.

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Pepper, con su pelo ligeramente semipeinado y su mirada penetrante dejaba al personal patidifuso delante del televisor. Disimulada entre un halo de Serpico y otro detective televisivo, sui generis, Baretta, que compitió con ella. Hay un personaje que definiríamos como sexy, cool y amante de la libertad. En el fondo la sargento Anderson era una mujer con un aura feminista desenfadada: dura y angelical. Todo el mundo estaba enamorado de aquella criatura. El sargento Crowley —inmediato superior—, que destilaban una química salvaje. Algo que los guionistas se dieron cuenta desde el principio y decidieron hacer hincapié en esa subtrama. Era tan bueno el rollo entre ellos; Earl Holliman y Angie Dickinson, que la subtrama secundaría pasó a una primera línea del guion. El resto de personajes lo componían: Ed Bernard como el detective Charles Dierkop y Joe Styles, el agente Pete Royster. En la mayoría de las ocasiones estaban al quite de las operaciones de camuflaje Made in Anderson y actuaban como auténticos ángeles guardianes para sacarla de más de un enredo. La serie introdujo temáticas, casi tabú, en un tiempo complejo e inundado por un machismo a calicanto. Recordamos la gran polémica que suscitó el  episodio número ocho, titulado “Las flores del diablo”, donde se narraba la historia de un trío de lesbianas asesinas de ancianos. Los homosexuales estadounidenses montaron en cólera y organizaron manifestaciones delante del edificio de la NBC para protestar por ello. Y es que el serial —solapadamente— pretendió incorporar a las tramas de los guiones; aires aperturistas y toques levemente feministas. Sin embargo, todo este alboroto se frenó en seco, cuando  el presidente Gerald Ford alteró la hora de convocatoria de una rueda de prensa porque coincidía con la emisión de La mujer policía, su serie favorita en palabras del republicano.

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Su éxito fue grandioso, y una década después, el Departamento de Policía de Los Ángeles premió a Dickinson con un Doctorado honorario por aquello. Otro de los recursos de la serie fueron los casting, por donde desfilaron un gran número de rostros conocidos y muchos de ellos convertidos en estrellas del cine y nuevas caras que transitarían por los ochenta; Adam West, Larry Hagman, Danny DeVito, Don Stroud, Ida Lupino, Joan Collins, Robert Englund, Debra Winger, Antonio Fargas, Bob Crane, Erik Estrada, Edward James Olmos, Cheryl Ladd, William Shatner, Morgan Fairchild o el mismísimo Rossano Brazzi. La mujer policía ganó infinidad de premios y nominaciones. Angie Dickinson se alzó con el Globo de Oro y fue tres veces candidata a los premios Emmy. En España se estrenó en 1977 y toda la piel de toro suspiraba por las piernas de la Dickinson. Tras 92 episodios y cuatro temporadas; la serie se canceló. En los ochenta, AD, recuperó el personaje en un especial de televisión junto a Ringo Starr y John Ritter. También lo hizo en los especiales de Navidad —de Bob Hope— para la cadena, y en 1987, volvió a vestirse de policía para ser la estrella invitada en un episodio navideño de Saturday Night Live. Aquel papel consolidó la fama de Dickinson como sex symbol de más de cuarenta años. Después, la intérprete cayó en el olvido, tan solo roto por la popularidad que le brindaron los 35 minutos que duraba su participación en Vestida para matar (1980), de Brian De Palma. La artista pudo superar su ostracismo en 1981, cuando le ofrecieron ser Krystle Carrington en Dinastía (1981), pero rechazó la oferta lo que supuso uno de los mayores errores de su carrera. En 2001 la vimos haciendo un cameo en ‘Ocean´s eleven’, un claro guiño a su participación en ‘La cuadrilla de los once’ y a su amistad con el Rat Pack. Eso sí, siempre nos quedarán esas cortinillas de apertura con el score de Morton Stevens y la hermosa Angie Dickinson sonriendo al respetable mientras bajaba las escaleras de su apartamento. Nota: 7,2

E.R.(Urgencias) 1994-2019. TV de luxe

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En 1994 Bill Clinton era presidente de los EE.UU y Mónica Lewinsky —una becaria desconocida para medio mundo— hacía de su vida una tremenda carrera en asesoramiento de pantalones y cinturones. En nuestra vieja piel de toro, el gobierno de Felipe González hacia aguas hasta desembocar en las alcantarillas del crimen de estado. Los escándalos se multiplicaban. Tal era el número de affaires, que las redacciones del pérfido Pedro J. Ramírez tenían un fuerte déficit de tinta. En Colombia mataban al futbolista Andrés Escobar tras un autogol en el partido contra EE.UU. Era aquel mundial, donde los yankees pintaban de anfitriones y lo llamaron Soccer 94. La copa fue para Brasil que ganó a Italia en la tanda de penaltis. Kurt Cobain se suicidaba y el rock lloraba sin consuelo a su último mesías. O.J. Simpson  era visto en un juicio —que demostró como escaquearse de la justicia— con un abogado defensor sacado del bufete de la Ley de los Angeles. España sufría uno de los veranos más tórridos de su historia y la televisión se vestía de blanco consulta hospitalaria y verde turquesa quirófano de Urgencias. Aterrizaba una de las mejores series de TV de toda la historia; la mítica ER de Michael Crichton y John Wells (Turno de Guardia, Smith y Shameless). Producida por Steven Spielberg en su primera temporada. A Michael Crichton se le ocurrió esta historia de médicos jóvenes, que trabajan en un hospital público repleto de pacientes en la sala de urgencias. Muy próximo a la estética del conflictivo y precario sistema de salud norteamericano —actual— y aún más, heavy en la década de los 70. Periodo que coincidió con la etapa de Crichton como estudiante de medicina residente. El capítulo piloto establece el estilo de lo que estaba por llegar, ya que el guión original fue escrito para ser una película. Algo así como lo que ocurrió con los Soprano de David Chase. Sin embargo, el episodio se rodó con una praxis de realismo jamás visto en la TV de entonces. Y luego la gente se queja del pobre Hannibal (2013). Menudo gato le ha cogido la Academia de TV. Una apuesta entre el taquicárdico festival de sangre y el melodrama de un equipo de médicos cirujanos que surcan las orillas entre la vida y la muerte.

 

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Un ejercicio donde brilla el excelente  paralelismo, de quien trabaja con pacientes exhaustos y la angustia de los entornos  familiares. Directa a la yugular. Seguía muy lejanamente la tradición de viejos clásicos hospitalarios, pero atisbando elementos dramáticos más cercanos a las nuevas ficciones televisivas, que a finales del siglo XX estaban por llegar desde los canales del cable. No por ello durante su emisión las matriculas en la especialidad de medicina se vieron incrementadas. Un curioso fenómeno que se ha visto con la tennager y heredera Anatomía de Grey (2005). Desde la concepción planos impecables a desarrollos imposibles de la cámara en mano. Vanguardista en todos sus aspectos. Rica en una abundante jerga clínica; los médicos de la vida real comentaban el show y parecían decir; la hostia esto es lo que me ha pasado la otra noche en el mi  guardia de ayer. El elenco original constaba de Clooney como el pediatra Doug Ross; interno con los ojos abiertos, John Carter (Noah Wyle); y los residentes: Mark Greene (Anthony Edwards), Peter Benton (Eriq LaSalle) y Susan Lewis (Sherry Stringfield)Esos personajes se convirtieron en los más memorables de la serie. Sus dilemas éticos y las singularidades de la vida de estos cirujanos sometidos a una presión insaciable hacían las delicias de un público entregado en medio mundo. George Clooney fue amado por las mujeres que veían a un médico que cuidadoso, amable y  sexy. Pero rebelde que anhelaban  moldear entre sus brazos. Su romance con Julianna Margulies ha sido uno de los históricos de la TV contemporánea. Incluidos todos los involucrados; ellos como actores y el sorprendido público entre los se prestaría un divertido James Gandolfini opositor a gangster que en unos años también caería a los brazos de esta sensual mujer.

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El Dr. Edwards fue uno de esos hombres tranquilos y equilibrados que imponían una figura de autoridad sin estridencias y cabal. Hasta acabar desquiciado del todo por la enésima cantinela de problemas diarios de todo el personal.Capaces de desmoralizar al marine más gélido de operaciones especiales. Un respiro en su devenir fue en la quinta temporada conoce la  mujer de su vida, la Dra. Elisabeth Corday (Alex Kingston) una cirujano británica que esta en el County para coger mayor especilización en la cirugías de trauma. El idilio termina en boda y de ese encuentro quedó la hija de ambos, Ella Edwards. Recordamos el capítulo que  después de haber sido brutalmente golpeado y el día que se le diagnostica el tumor cerebral que irá acabando lentamente con su vida y su desaparición; un momento culminante cuasi desgarrador que tuvo al espectador pegado a la pantalla y llorando como un pinche, en la cocina de su restaurante pelando cebollas. Anthony Edwards con el tiempo se convertiría en uno de los más valiosos colaboradores de los últimos años de la serie. Así como su sustituto, el Dr. Carter (Noah Wyle). De aturullado joven inexperto y torpe residente, a Jefe del Servicio de urgencias más experimentado. Sin embargo mucho antes de todo este viaje aterrizó en el serial la Dra. Kerry Weaver (Laura Innes). Otros de los rostros veteranos de la serie, en un papel que rompía todas las reglas concebidas desde el punto de vista de la discapacidad: una pierna destrozada que le hacía ir de un recoveco a otro de la sala de urgencias con su inseparable muleta. Pero además, de ser una facultativa discapacitada tenía una orientación sexual diferente; es gay, pero lo esconde y juega a tener relaciones heterosexuales. Ninguna funciona. No obstante, en el trabajo no baja la guardia sigue los procedimientos al pie de la letra. El  papel de gay, comenzó a ser una máquina de subtramas donde este personaje iba enriqueciendo cuestiones actuales y sensibles a la opinión pública. Así como nueva actitud donde cuestionaba el procedimiento burocrático del hospital y su empeño en llegar al órgano de mando. Muy humana y generosa, no le gustaba que le vieran esos encomiables valores. Así como su lado luchador ante injusticias que le tocaban.

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El affaire del VIH-positivo Jeanie Boulet (Gloria Reuben) que contrajo de su adultero marido fue manejado con pundonor y condescendencia. Bajo mi punto de vista, es uno de los personajes mejor escritos desde se inicio hasta el final. Incluso cuando llega al consejo de administración y se convierte es una de la figuras de prestigio en el County, a la vez que se enamora de la teniente bombero Sandy López (Lisa Vidal), personaje que hará que la Dra. Kerry salga por completo del armario. La serie avanzaba, y, capítulo a capítulo Wyle iba tomando galones  para terminar siendo el líder de los nuevos residentes. Es más, el alma mater de uno de los actores que nunca faltó a su cita. A posteriori,  nuevos cambios en el guión trasladaron al Dr. Carter a una misión humanitaria en África.Empero, la madurez de este personaje fue clave en un momento donde la serie parecía tambalearse y el affaire del apuñalamiento en el hospital que casi le cuesta la muerte se tradujo en una gran interpretación donde termina siendo un adicto a los opiáceos. No podemos dejarnos en el tintero el personaje del Dr. Romano desarrollado por el actor Paul McCrane. El pelirrojo arrogante y cínico que  interpretó una escena terrorífica. Se acercan a la terraza del edificio del hospital en la planta base donde el helicóptero ha de tomar tierra con una urgencia muy grave. De repente, el helicóptero se desestabiliza y las aspas del rotor seccionan su brazo izquierdo, mientras suena Coldplay.

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Resumiendo, todo un  éxito que le proporcionó una enorme admiración hacia la NBC, y hacer de ER una de las 5 series más vistas. Desde sus primeros seis años y los altibajos de los mismos, hasta la infinidad de artículos laudatorios, obra de las plumas más grandes del espectáculo como NY Times o la TVGuide. En todos estos casos, 20 años después se repite  la acuñación “serie de culto”. Directores de primer nivel; Mimi Leder, Richard Thorpe, Jonathan Kaplan o Christopher Chulack de entre los muchos que pasaron a lo largo de los 331 capítulos  y algunos como el caso de Tarantino que pidió por activa y pasiva rodar casi de rodillas. No es la primera vez que el de Tennessse ha dirigido series de su agrado, como uno de los episodios de CSI Las Vegas. En definitiva, una  de las series de televisión con la vitola de ultralongevidad, que en los viejos tiempos consiguieron las fabulosas Bonanza (1959-1973) y las contemporáneas Los Simpson (1989 al presente), Ley y orden (1990 al presente) y es que llegar a 15 temporadas sin duda es un logro. Gracias a ER, George Clooney salió de la oscuridad y se convirtió en una estrella de cine. Así como uno de los tipos más divertidos de la industria del cine y un cínico maduro guaperas vendedor de máquinas Nespresso. Clooney sabe muy bien que le debe la vida de lo que es al ya desaparecido Michael Crichton. Y lo mejor de todo, es pensar en todos esos jóvenes anónimos, nacidos hace 20 años—los cuales—lucen con orgullo sus batas de facultativos por los hospitales y ambulatorios de nuestra vieja UE. Toda una utopía, si pensamos en lo difícil que lo pusieron las TV de este país, disfrutar de la maravillosa y adictiva Urgencias. Estos fueron los galardones y premios obtenidos a lo largo de su singladura. Emmys: Mejor serie de drama  95/96; Mejor dirección  94/95, 08-09. Mejor guion 94-95. Mejor actriz de reparto Julianna Margulies 94/95. Mejor actriz de reparto Sally Field 00-01. Mejor Actor invitado Ray Liotta 04-05. Globo de oro al mejor actor  Anthony Edwards 1998. Y no hay mejor homenaje que la música, ya sea para los que estamos vivos como los muertos. Todo el mundo adora la música y esta sintonía del clip de las cortinillas a la introducción de ER, son un clásico del extraordinario James Newton Howard. Nota: 9,2