The Terror (2018)“Miedo y horror en el Ártico”

En estos días, muy cercanos a cualquier cambio de década o finalización del siglo de turno; la ficción audiovisual tiende a cambios —de estilos y géneros— con la trillada muletilla del “ya tocaba”. Evidentemente, esto se ha visto con el péplum romano de Gladiator de (Scott) en 2000 y unas décadas antes, con Cleopatra 1963 de (Mankwiecz) y la supervivencia en la naturaleza de The Revenant (Iñárritu) en 2015 y la maravillosa Jeremiah Johnson de (Pollack) en 1972. A dos años de la finalización de la segunda década de este enigmático y supratecnológico siglo XXI; aparecen nuevos proyectos de gran calibre artístico, como The Terror (2018) —un  drama de suspense, con aroma a gesta, donde el ser humano da lo mejor y lo peor de sí—  que solían reservarse para ser films de prestigio con aspiraciones a Oscar. Nos acordaríamos de la interesantísima Master and Commander: The Far Side of the World  de Peter Weir, en 2003. Independientemente, de la temática y estética del film, la armonía de ambas historias es asombrosa. Sin embargo, vivimos en este tiempo donde la red social, lo adelanta todo, y las grandes productoras del cable, están al acecho de esos productos que fluyen pedigrí. The Terror (2018) tiene todos esos ingredientes de una gran superproducción cinematográfica, pero en una pequeña pantalla, que demanda un espectador de paladar exquisito. Ese público tan sui generis de chaise longe y pantalla gigante ultraplana 4K, será el dueño del tiempo y duración del proyecto —que dependiendo del visto bueno de la clientela— podrá marcar ciclo y tendencia. Formalismos y exigencias a un lado, los cinéfilos de todos los pelajes estamos de enhorabuena con AMC TV. Desde Mad Men, el redundante canal de los zombis, no era capaz de crear una ficción tan apasionante y adictiva. Además, vaya por delante, mi enhorabuena y agradecimiento a Sir Ridley Scott, y su gran amor por la literatura.

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Una vez más, se ha hecho con los derechos de distribución de la obra de Dan Simmons. Bien, ahí, es donde entra su productora que fundó con el desgraciadamente fallecido Tony. El sello Scott Free. Poniendo todo un equipo de enormes profesionales, a trabajar en esta serie, dando un gran “do de pecho”, con una impecable dirección artística. Desde el fastuoso vestuario, a la recreación de una isla y un océano helado, que es el invernal Ártico, dentro de un estudio de rodaje húngaro. Hermoso y demoledor paisaje cubierto de hielo, entre afloramientos rocosos y aguas gélidas. Una tundra helada marcada, sólo por túmulos funerarios. Un gran todo infinito; que parece extenderse para siempre. Podría ser un alienígena planeta yermo (lugares cercanos al cineasta, a lo largo de su dilatada carrera) o el terreno blanqueado de un western épico. Sin embargo, estamos ante uno de esos viajes que van más allá de la grandioso y homérico. La novela de Dan Simmons The Terror está cimentada sobre la base de una historia real. Donde, en un gran ejercicio de construcción de guion, se conjuga una mezcla de géneros, que van, desde la aventura histórica, hasta las sagas de supervivencia humana en un lugar inhóspito. Finalizando, la biblia de trabajo, en un perfecto thriller psicológico: donde el terror pivota en la mente humana y las criaturas monstruosas del lugar. En este caso, es sólo una, pero que da mucho miedo. La novela, un buen tocho de más de 900 páginas, apunta detalladamente la expedición —que se llevó a cabo en 1845— por dos punteros veleros, orgullo de la Armada Real británica: el Erebus y el Terror. Dos naves que iniciaron un viaje en busca de una nueva ruta de mar. A través, del amargo pasadizo del Noroeste Ártico: una siniestra travesía cercada por el gélido hielo invernal del paisaje polar. Aquel canal nunca lo encontraron los 128 hombres que se embarcaron en susodicha andanza.

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Ambos barcos desaparecieron de la faz de los icebergs árticos. Durante el visionado, uno, sentado en el sillón de casa, puede sentir el glacial viento, y el paralizante frío, acariciando tu cara, en cada escena. Como dice un personaje: “A la naturaleza no le importan nuestros planes”. Algunos de los mejores momentos de The Terror se basan en la idea de que no es nada sobrenatural o desconocido lo que matará a estas personas, sino el orgullo humano y estúpido de los implicados. Eso los convenció de que podían hacer algo, que nunca debería haberse intentado. Hay planos muy hermosos, a vista de pájaro o dron, de pequeñas embarcaciones contra los lienzos de un fondo masivo de hielo y nieve que paralizan los sentidos. Una sensación de escalofrío que te recorre la espina dorsal. Y en cuestión de minutos, comienza una brutal carnicería. Algo que tiene mucho sentido cuando podemos considerar la drásticamente escarpada adaptación literaria. Dentro de un tono dramático robusto y ejecutada por el comandante de la expedición. A partir de un excelente reparto, de intérpretes por rangos, tendríamos a Sir John Franklin (Ciaran Hinds en Rome y Game of Thrones HBO) como comandante jefe de toda la expedición desde la nave Erebus. Luego, los capitanes más inmediatos, caso del segundo, Francis Crozier (Jared Harris, Mad Men y The Crown), capitanea el Terror. Un tipo sui generis. El tercero de la cadena es James Fitzjames (Tobias Menzies Rome y The Honourable Woman), un presumido fanfarrón que le hace la rosca a Franklin con halagos obsequiosos o jactándose de su propia heroicidad del pasado, en galantes relatos —ex profeso— para el efecto como maestro de ceremonias. El capitán Crozier tiene poca paciencia con el autobombo petulante de Fitzjames. Una animadversión mutua que va en crescendo. “No hay nada peor que un hombre que ha perdido su alegría”, comenta Fitzjames de él a Franklin, en una de sus constantes observaciones.

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Curiosamente, el paso de los acontecimientos, a medida que la serie avance, nos brindará un prisma cognitivo, de ambos, muy diferente. Obviamente, la desgracia humana comparte la empatía de una calamidad irremediable. Empero, en la página de guion y capitulo que nos encontramos; tenemos un frustración axiomática de Crozier, por su condición de irlandés —que le marcará— su improbable escalada hacia los primeros galones de la armada británica. Sin embargo, el concurso de su presencia también entra en juego. El conocimiento de otras expediciones por la misma zona le hace ganar enteros, para finalizar una carrera militar, con su justa gloria. Todo lo contrario que el autocomplaciente Franklin, al margen de las circunstancias reales y obviando las advertencias de Francis Crozier y su reiteradas advertencias, en torno, al fatal desenlace de la expedición. Crozier, tiene un respeto por Franklin —cuasi familiar, Crozier casi termina siendo yerno de Franklin— pero como profesional de la marina, es un indolente, de los que siempre piensa que Dios tiene un paraguas y un milagro, en el bolsillo de su túnica, ante cualquier revés. Y en esta ocasión, el desastre es inminente. Se palpa constantemente en el ambiente. La caras del pasaje y resto del tropel; la cámara los dice todo. Después de un buen tiempo, de pantalla notable, se aventuran a buscar algún pasaje, por donde, salir del atolladero. La serie mantiene esos momentos de penetración emocional en la acción temprana. The Terror es un estudio fascinante, entre choques convulsos de la conducta humana. Caso del compañero de la tripulación de marinería, que enferma violentamente. Mientras estaba en el comedor con el resto de compañeros, de inmediato, comienza a convulsionar y a toser sangre. Algo que irremediablemente le conducirá a una muerte inmediata. Este percance nos dirá mucho, sobre el mal de todos estos hombres de grandes hazañas y es la enfermedad del escorbuto.

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Ahí cuando, entra en escena, uno de los oficiales alejado de los labios rígidos y la cara larga: el Dr. Harry Goodsir (Paul Ready), un joven, cercano, entusiasta y culto patólogo, posiblemente la mejor persona, de todo el pasaje. Muestra una profunda compasión al consolar al joven que acaba de enfermar y ha entrado en una fase terminal. Goodsir sigue absorto por la convicción de la mirada del moribundo marinero, haciéndole creer que había otra presencia en la habitación, cuasi divina. La cercanía de Dios. Esa poderosa escena junto con otros interludios tensos —como el de un hombre que cae por la borda y una atrevida incursión de un buzo en las profundidades para remover el hielo acumulado de una hélice dañada— aumenta las apuestas de vida o muerte entre el pasaje, bien temprano. Planos largos silenciosos y oblicuos por la desviación del hielo en la nave. Algunos episodios, sin aspavientos de efectos especiales. De repente, suena un encontronazo que nos deja en alerta. Amén, de todo un concierto de ruidos desconocidos y sonidos guturales de algún animal indocumentado. Una genialidad propia de la magnífica BSO de David Michael Frank; mostrando la angustia y corroborando la soledad del paisaje. Otro aspecto interesantísimo son las largas escenas de diálogo (dándole un toque muy teatral al producto) y un claro carácter salpicado por violencia extrema —que hábilmente representa una misión que fue inacabable durante la mayor parte del día— hasta los momentos, en que el encuentro con la fatalidad era cuestión de horas. La dirección del germano Edward Berger (Deutschland 83 y Jack), quien filmó las dos horas de apertura, se beneficia enormemente de la incorporación de actores de primer nivel para conseguir una texturas dramáticas espléndidas. A partir de la vida interior de ese grupo de hombres uniformados algo constreñidos por la política Imperial de la reina Victoria del Reino Unido. “Dios, Rey y País”. Eso aplicado a la tropa de marinería y los rangos inferiores, significaba castigos por desobediencia o insurrección.

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Ahí, es donde, el personaje más intrigante hasta el momento, es el marinero irlandés Cornelius Hickey (Adam Nagaitis). De repente, es pillado, in fraganti, mientras practica sexo furtivo con un compañero de tripulación, debajo de la cubierta.  El teniente John Irving (Ronan Raftery) lo interrumpe, algo confundido y sorprendido. Empero el personaje Hickey sabe que un buscavidas irlandés, como él, que lleva muchos años en Inglaterra, rulando entre el lumpen más conocido de la villa. Lo sabe todo. Un tipo que ve en el malvivir y el caos auténtica diversión. Hickey sabe demasiado —pues su oreja está en todos los recovecos de la nave— seguro de sus interlocutores, y por donde flaquean. Lo suficiente, para saber que el teniente Irving, es el prototipo de hombre religioso timorato y pacato, el cual, se convencerá a sí mismo, de que no vio nada. La nacionalidad de Hickey también proporciona una leve conexión con Crozier que parece que funcionará en su beneficio. Aparentemente. Mientras el capitán Franklin esboza las típicas grandilocuentes palabras de ánimo sobre la grandeza y la aventura, en un claro intento de espolear a la tripulación, pues, el ánimo va en caída libre. Al igual que su discurso vacío y artificioso. Ciaran Hinds, sigue teniendo aquel aura de César de la majestuosa Roma de 2005. Habiendo permanecido embarrancado hasta la primavera, como lo advirtió el inquieto Crozier, Franklin envía dos grupos de exploración con trineos hacia el este y el oeste para indagar el estado de hipotéticas aguas navegables. Ninguno de los dos grupos regresa con noticias prometedoras, y un teniente se pierde en el caótico desenlace de una violenta tormenta de hielo —generada— por lo que los otros hombres creen que fue un oso gigante. La imagen visual de la criatura sugiere lo contrario. El desarrollo de esta situación, clave en el argumento, promete aumentar de peso a medida que avanza la serie. No obstante, es el disparo accidental durante la confusión del rescate —deja una bala perdida— que impacta, en un anciano nativo inuit. Arriban al barco, pues, el anciano está muy mal.

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Su hija, la esquimal, interpretada por la actriz y compositora groenlandesa (Nive Nielsen) está muy disgustada. Ésta, advierte, con gran disgusto, a uno de los oficiales de la nave que había vivido entre ellos el Sr. Thomas Blanky (Ian Hart, The Boardwalk Empire, Beuatiful Girls, The Last Kingdom). Fantástico actor. Para finalizar con la siguiente frase: “Dile a los que vengan después que no se queden aquí. Los barcos se han ido. Nos hemos ido”. Y hace mención a una extraña criatura llamada Tuunbaq. El cirujano patólogo Goodsir hace lo imposible junto al flemático y circunspecto Dr. Stanley/Allistair Petri (The Night Manager, Sherlock y Whitechapel) del Erebus que demuestra desgana e indiferencia. Pero todo es en vano, delante de su hija. El moribundo esquimal exhala su último hálito. Goodsir no puede ver la visión de un chamán inuit que aparece durante los agonizantes momentos finales del paciente. La destrozada joven inuit —que parece saber mucho sobre el monstruo— desconfía instintivamente de los extranjeros. Estos son los intrusos que traen el infortunio. A pesar de la gentileza esgrimida por el capitán Crozier y el Sr. Blanky que tienen un relativo dominio de la lengua Inuit. De repente, el comandante Franklin, apostilla: Estas personas no son de nuestra competencia. A pesar de las desesperadas y frustrantes maniobras por intentar salvar al viejo esquimal. Es como si los showrunners David Kajganich (Invasión y True Story) junto a Soo Hugh (The Killing y Passengers) nos hubiesen sumergido en las frías aguas de allende Bering. Son muy buenos y han hecho un grandísimo trabajo en todos los aspectos. Empezando por desarrollar un marcando tempo —impecablemente bien dosificado— con la narración. Asegurándose de que el metrónomo da una mayor cronometro a los personajes, aunque dando en su justa y meticulosa medida al entorno. La inmensa atmosfera y todos los recursos que la contienen; un denso paisaje sonoro, hielo cambiante y los rayos de madera de los barcos.

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El lloriqueo ominoso del perro de la nave, las lecturas de la brújula siniestra debido al campo magnético ártico, el resplandor del otro mundo de las luces del norte y la naturaleza gráficamente sangrienta de la autopsia de la sierra sobre el marinero muerto contribuyen aún más al escalofriante factor. The Terror juega más con la tensión que con la acción, a pesar de las tremendas sorpresas que nos deparará la serie a medida que pasen los capítulos. Además de la extraordinaria labor interpretativa de Harris, no podemos olvidarnos del dueto Hinds y Menzies —de nuevo juntos— pasados casi 14 años, de la obra maestra Roma de HBO. César y Bruto, ahora en la armada real británica. Los elementos físicos de la producción también son de primera categoría, desde los interiores de los buques ricamente detallados a las miniaturas y los efectos digitales de amplios planos aéreos. Veremos a un Jared Harris, convertido en uno de esos intérpretes a los que podemos llamar “siempre buenos”. Y la mirada única de un Ciaran Hinds —que lo borda— apto para un capitán de barco posiblemente hambriento de poder. Y no pasando por alto la presencia femenina muy definidos. Dejando a un lado a la bautizada Lady silencio (la Inuit esquimal). El espectáculo recoge mediante varios flashbacks en Londres, a la esposa de Franklin, Lady Jane Franklin (Greta Scacchi) y la sobrina, Sophia Cracroft (Caroline Boulton) que han instado reiteradamente a rechazar las propuestas de matrimonio de Crozier. Hasta hay un maravilloso cameo literario del ínclito Dickens con estas distinguidas damas. No obstante, hay una confianza impresionante en la narración que atrapará a los espectadores con un gusto por el suspense sofisticado. Este espectáculo ataca el miedo lentamente, desde todos los ángulos: existe una tensión de construcción lenta entre la tripulación de los barcos, la implacable violencia de la naturaleza y el elemento sobrenatural que lo eleva a un reino elevado de violencia psicológica y espiritual.

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Esta es una serie que te llena de temor implacable. Como sugiere el título de la serie; a The Terror le interesa el miedo mismo, cómo nos transforma, cómo nos vuelve crueles y salvajes. El Terror, se convierte en horror. La investigación de ese miedo desde diferentes prismas, es todo un ejercicio de imaginería y pedagogía de guion. Cuando se hace aparece la conjura de un pánico penetrante, tan familiar como inconcebible; un retrato del hombre y la naturaleza, en su forma más cruel y fría. Al igual que The Thing (1982) de Carpenter, “The Terror” se vuelve más interesante como un estudio de lo que el miedo, es capaz de hacer a las personas, especialmente a los hombres, más que una historia de monstruos. Al margen, que estemos delante de un extraordinario un show de época de género. Es obvio, que también se trata de elementos adversos, inherentes al paso del tiempo, de la condición humana. Esos que nunca desaparecen, incluido el clásico orgullo estúpido —en este caso, ese tan británico— que mata a los hombres. A veces, propio deseo de conquistar a la madre naturaleza y el impulso competitivo entre colegas, terminan por confundir a los hombres de su verdadera realidad: el auténtico peligro que tiene a su alrededor. Casi tan letal, como su propia sombra. La sensación claustrofóbica de atrapamiento se refuerza cada vez que la cámara del cinematógrafo Florian Hoffmeister se lanza hacia atrás para revelar a los dos barcos como juguetes, encajados en mármol agrietado que parece destinado a envolverlos. La ausencia perenne de signos de un deshielo en ninguna dirección y suministros de alimentos menguados o podridos, las cosas claramente se volverán mucho más desesperadas ya que el hambre, la enfermedad y el posible motín se combinan con la amenaza externa para romper la compostura deshilachada de los hombres.

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El meticuloso grabado de los personajes y su complicada dinámica, la diseminación del terror, la vivida sensación de aislamiento prolongado, todos proporcionan las bases para lo que promete ser una creciente pesadilla de enfermedades, inanición y carnicería monstruosa. En el fondo, The Terror se toma su tiempo, conoce la oscura tristeza hacia la que se dirige y no tiene prisa por llegar allí. Las dos naves son dos enormes mansiones versión Downton Abbey en los mares altos, aunque congelados. Los miembros de la tripulación de bajo nivel que quedan fuera de las sesiones de estrategia de alto nivel incluso conexiones, propias. El resultado es una dinámica claustrofóbica en el piso de arriba y en el piso de abajo, una especie agonía existencial atacada por el miedo lentamente, desde todos los ángulos: existe una tensión de construcción lenta entre la tripulación de los barcos, la implacable violencia de la naturaleza y el elemento sobrenatural que lo eleva a un reino elevado de violencia psicológica y espiritual. Esta es una serie que te llena de pavor implacable. Si visionáramos todos estos títulos, Atanarjuat: The Fast Runner (2001) Roald Amundsens Sydpolsferd (1912) Shackleton (2002) The Last Place on Earth (1985) Scott of the Antarctic 1948 y Ravenous (1999). Posiblemente, estarían de acuerdo con servidor, en que el horror, no hace diferenciaciones entre hombres y bestias. Cuando la necesidad es supervivencia. La delgada línea roja de lo éticamente salvaje, de lo moralmente cruel. Es la vida misma en un acto desesperado por sobrevivir en esa fatalidad que es el lecho de Fausto. El horror del apocalipsis Ártico es una evidencia. Como dijo el maestro Poe: “El demonio del mal es uno de los instintos primeros del corazón humano”. Nota: 8,9

 

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The Fall 2013, The Daddy Killer

 

 

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The Fall no es una novela policíaca adaptada para la TV siguiendo la estela del tirón policiaco escandinavo. No. Se trata de pura imaginería Made in UK. Una delicatesen de las últimas creaciones de ese canal cultural—conglomerado de ensoñación— extraordinario. El Northern Ireland Screen, es una factoría de actores, guionistas y directores o localizaciones para rodar. Tanto en el cine como la TV del UK, situado en Belfast capital. Y uno de sus mayores accionistas es la BBC. ¿Qué se lo pregunten al 80% de los actores de Game of Thrones 2011? Lo dicho, estamos ante un magnífico guion creado por el británico Allan Cubbit Sherlock 2010 y el belga Jakob Verbruggen (Code 37 y The bridge 2013). Proponiéndonos el enésimo producto de asesinos en serie. Mejor dicho, la historia de un asesino en serie muy sui generis. Todo haya que decirlo que se estrenó el año pasado y fue un gran despiste por mi parte, pero ya se sabe es imposible estar en todos los frentes. Y vaya por delante, que de mi selección de las mejores 10 series del 2013, una de ellas sería The Fall. Bien, hecha esta apreciación nos encontramos ante una narración meticulosa, sutil y grácil. Adentrándose en la mente oscura y retorcida de un psicópata que mata por placer mujeres de un perfil muy definido. Interpretado por una de las revelaciones de la caja catódica de los últimos años; Jamie Dornan Maria Antonieta (2006) de Sofia Coppola. También ha protagonizado una historia de vampiros con notas gore Beyond the Rave (2008) y la televisiva tennager Once Upon a Time (2011). Pero si les digo la verdad, es que esta joya va a ser el protagonista de la versión cinematográfica del afamado libro las 50 sombras de Grey. Seguro que la cosa comienza a tomar un tono más chocante. En el lado de enfrente, tenemos a la policía caza asesinos en serie: Stella Gibson, una detective de la Policía Metropolitana de Londres —papel que interpreta una exultante Gillian Anderson—afortunadamente, para nuestros paladares. No hay más que ver la rentrée televisiva con la que ha llegado: Hannibal (2013), dando vida a la Dra. Du Maurier, la psicóloga del Dr. Lecter, y próximos proyectos que irán apareciendo en breve.

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Mucho ha llovido desde aquella jovial Dana Scully en la serie de culto Expediente-X (1993) creada por Chris Carter, donde  escribía  guiones el hoy todopoderoso Vince Gilligan (Breaking Bad 2008) y su colega, Fox Mulder (David Duchovny). Ahora famoso en el siglo XXI por la serie Californication (2007). Bien, en este sentido,  The Fall recuerda a otra serie de culto de la también mítica productora Granada TV, Prime Suspect (1991). Asimismo, al alumbramiento narrativo de los dramas escandinavos tan obsesivamente llevados a los canales de la nueva ficción Made in Usa; The Bridge (2013) y Forbrydelsen la danesa original, convertida en The Killing (2011) por AMC. Donde la protagonista, la oficial Gibson es el alter ego de la detective Jane Tennison (Helen Mirren). Por no decir, casi la inspiración consustancial de Gibson. Desde ese molde, los caracteres confluyen en los mismos temperamentos gélidos e inmutables. Empero, a diferencia  de Mirren, Gillian Anderson no tiene que ocultar su feminidad ni ella tiene que actuar como un hombre con el fin de avanzar en sus objetivos. Stella Gibson es más bien un rompecabezas que hay que resolver en su propio derecho. Además de ser norteamericana a diferencia de Mirren, nadie diría que lo es, pues su encomiable trabajo de dicción del inglés británico es sobresaliente. El inconformismo y la asiduidad por lo mórbido en Gibson son compañeros perfectos para sus deseos, y ella no se disculpa o se siente culpable por el cumplimiento de esas necesidades. Y es Anderson, en este rol es donde se siente cómoda, ya que se presenta ante el público con todos los elementos básicos para iniciar el juego. Sin concesiones y férreamente ubicada; irradiando una aura feromonal de fuertes convicciones. El otro protagonista es Paul Spector, un joven padre de familia casado con una enfermera de una unidad de neonatos la actriz irlandesa (Bronagh Waugh) en el rol de Sally-Ann Spector con la que tiene dos hijos. Algo así, como una especie de trabajador social. No se define el grado de titulación, similar a lo que en España conocemos como labores de trabajadores sociales o psicólogos especialistas en el tratamiento de los duelos de las Unidades Oncológicas. Por las noches pone en marcha su enfermiza pasión de asesino en serie. Dentro de esa duplicidad existencial se enfrentará en un duelo sibilino y cruel contra Stella Gibson.

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Ésta, en el primer capítulo la vemos aterrizar en Belfast para realizar una revisión de 28 días, en torno a la investigación de estos asesinatos múltiples, los cuales, se están convirtiendo en una cuestión de estado. A lo largo de estos magníficos cinco episodios se plantea un tête a tête a dos bandas: el asesino en serie y la burocracia del Úlster. Rígido, mordaz, desangelado y oscuro por la atmósfera de una ciudad con atisbos del viejo conflicto político que todavía prevalecen en una sociedad dividida. No hay más que ver dos personajes masculinos; pura creme, los cuales, contienen suficientes aditivos para proponer una cuantas subtramas a las que enriquecer a toda la propuesta de la nueva alhaja de BBC2. El comisario Jim Burns (John Lynch, ya ha llovido desde aquel papel de socio de juergas junto a Danny Day Lewis en el nombre del padre 1993). Y por otro lado; el todopoderoso Morgan Monroe y su pertinaz protección del descarriado su hijo. Casi sacado de una subtrama de GOT, interpretada por Ian McElhinney, realmente soberbios. Paul Spector acaba de asesinar a su última víctima; una mujer hermosa, de buen status social, intelectualmente solvente y soltera. Spector lleva a cabo su ritual metódico y la vez convertido en una idílica adicción. Pues, la necesidad de prevalecer su fuerza ante mujeres mucho más poderosas, hermosas e inteligentes le puede y le produce una confusión esquizofrénica. Obsesionado con la dominación y la satisfacción onanística. La doblegación ante esas mujeres llenas de éxito personal va calando en su ego hasta producir un estado de adicción similar a la de un vampiro en busca de sangre. La sensación de riesgo en sus capturas va in crescendo.

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Tambaleándose el planteamiento inicial. Es decir, el modus operandi inicial; asesinato en tantos golpes, asfixia y los triunfos: las fotografías, dibujos y un mechón de pelo. Subirlos al entarimado del techo de la habitación de su hija. Algo comienza a desorganizarse por el aumento de la voracidad de Spector. La vuelta a su hogar donde están sus hijos, a los cuales, les prepara el desayuno de cereales, asea, viste y lleva al colegio. Ya no es la misma rutina. Algo está cambiando en su interior y le angustia. Lo que parece un arte, se transforma en su propia trampa. Patología que es captada por la sutil y perspicaz Gibson que trabaja codo con codo con la forense del departamento de policía la extraordinaria, Archie Panjabi la recordaremos por su papel en The Good Wife (2009). Una CSI a la irlandesa del norte capaz de controlar los impulsos de Gibson. Y es que las de Psychokillers están muy vistos. Si es verdad. Pero The Fall ha conseguido algo fresco y tiene todas las papeletas para seguir atrapando al espectador medio mundo. La hermosa Gillian Anderson, que desde su aparición en bañador haciéndose unos largos en la piscina del Hilton de Belfast hasta la selección de un fornido policía para satisfacer sus necesidades sexuales que acaba muerto por una investigación ajena al affaire de Spector. Así como su manera de mirar a la cámara a sus superiores, inferiores o periodistas. Todo el mundo tiene los ojos de la pequeña supervisora principal, Stella Gibson, grabado el brillo en sus retinas. No menos interesante es el affaire de la canguro, interpretado por la actriz adolescente (Aisling Franciosi) Katie, una tentación en ese juego muy sutil por parte de los guionistas, a modo de la Lolita de Nabokov y  la caperucita de Perrault. Un tour de forcé lleno de tensión sexual no resuelta, el cual, a medida que avanzan los capítulos enganchan más a un servidor. The Fall resulta extrañamente adictiva, pero hay que puntualizar que no es un plato de fácil digestión y no agradará a todo el mundo por igual. Tiene un tempo lento, se desarrolla poco a poco y hace hincapié en los detalles más escabrosos del relato, con una visión dura y desgarradora que puede resultar amarga para los espectadores más sensibles a determinados temas relacionados con niños e hijos. Pero lo que sí que les digo es que es una serie honesta, hipnótica y auténtica. El día de su estreno por el canal BBC2, se convirtió en la serie con el mejor debut en Reino Unido, desde los tiempos pretéritos de Roma (2005) HBO&BBC. Este otoño tendremos la segunda parte. Estaremos expectantes a las andadas del papi asesino en serie.

Nota: 8,4