Channel Zero (2016) “Creepypasta horror”

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Si somos honestos con la realidad de la ficción actual, diríamos, que el fenómeno zombi de Walking Dead ha arrasado y, de algún modo, ha abierto nuevos senderos —en la nueva ficción norteamericana— del nuevo siglo, por el género terror. Obviamente, uno de los creadores más prolíficos y culpables de este hype/revival por las crónicas sórdidas y las leyendas urbanas; es Ryan Murphy. Eso sí, con permiso del maestro Stephen King. RM es un tipo, de esos, a los que amas o detestas fervorosamente. Empero, la industria audiovisual le debe mucho —ese plus— no es otro; que mucho dinero y gloria. La popularidad, en la solidificación de la serie, por antonomasia y antología: American Horror Story. Archiconocida y famosísima ficción, donde toda una generación de teleadictos ha crecido junto a ella. A partir de su repaso a la historia más escabrosa y oscura de la violenta Norteamérica, por itinerarios, que han hecho mella en el aluvión de nuevas propuestas. Desde los revival 70/80,s con psychokiller fugado de un manicomio. Hasta el fenómeno poltergeist, pasando por las casas encantadas y los salvajes habitantes de esa profunda América  con motosierra en ristre. Los ecos del nuevo terror bizarro Made in UK con Black Mirror en Netflix, el tennager de Scream, en la MTV, FOX y su Scream Queens. Nuevamente, Netflix con sus dos novísimas apuestas; Hemlock Grove/ Strange Things. La hermana pequeña de HBO, Cinemax, con Outcast, de la mano, del rey de los zombis: Robert Kirkman. Y por último, el terror policíaco, en HBO de Pizzolatto y su adictivo, True Detective. Evidentemente, la lista podría ser todo el artículo, pero no me quiero exceder, y terminaría el recorrido, tras la huellas de Noah Hawley con los remakes de Fargo, mitíco film de culto de los hermanos Coen. Desde el fragor  de esta larga  subasta —permítanme el deseo— he sucumbido al canal Syfy (caracterizado por su clara apuesta por la ciencia ficción y por producciones de perfil correcto-pasable) con el tráiler de Channel Zero. Obviamente, el interés que ha suscitado esta historieta de terror virtual, es embelesador. Syfy propone con CZ un buen homenaje al género de horror y el buen suspense de los 80. Su adaptación del conocido creepypasta sobre una serie infantil de televisión de los años 80. La pesadilla de Candle Cove parte de una idea de Kris Straub conocido por su web y actividad en la red social. El guionista Nick Antosca (forjado en Hannibal, Last Resort y The Forest) hace un planteamiento —ad libitum— que no deja indiferente a nadie.

                                                                                                 CHANNEL ZERO: CANDLE COVE -- "You Have To Go Inside" Episode 101 -- Pictured: Paul Schneider as Mike Painter -- (Photo by: Allen Fraser/Syfy)

Y uno se pregunta: ¿qué demonios es Candle Cove?  Pues, eso, una serie de televisión hecha con marionetas —que narraba las aventuras— de un joven pirata que viajaba en su barco junto a sus compañeros, una pandilla de compinches piratas de rasgos infantiles, pero con unos sentimientos muy retorcidos. Y es que, en los foros y rediles del corral social se afirma que varias personas aseguraban haberla visto en televisión en esa época. Un material que provocaba infinidad de pesadillas y terrores nocturnos al recordar algunas de las angustiosas imágenes emitidas durante la serie. Evidentemente, las inquietantes marionetas, son la constante fuente del escenario perturbador y grotesco del show. Pero es lo que hay, es decir, el concepto creepypasta es eso. Tan sencillas, como los chistes más castizos de tradición oral: historias creadas en la webesfera y compartidas por las redes sociales. Un terror que es horrorífico, desde el plano más ingenuo de la vida, en muchos casos con resultados dañinos. El capítulo piloto mostró visos muy prometedores y, finalmente, Syfy ha firmado dos temporadas de 6 episodios, por entrega. Cada una de ellas se centrará en una nueva historia de terror. El protagonista —absoluto— Mike Painter (Paul Schneider visto por Elisabethtown, The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford o Café Society) es la cara que da vida, a la estrella de Channel Zero. Un actor de reparto muy solvente de  mirada penetrante. Painter está obsesionado con un misterioso programa de televisión de los años 80, y, como influyó, en los acotamientos mortales, de un grupo de chavales que vivían en la localidad de Iron Hill (Ohio). Mike Painter ejerce como psicólogo infantil y se ve obligado a volver para investigar lo que realmente pasó en su ciudad; el cómo, cuándo, dónde y el porqué de esas desapariciones y muertes de su hermano gemelo Eddie y junto, a él, cuatro niños más del pueblo, aquel día, de 1988. Todo ello bajo la pretensión de escribir un libro.

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Comenzando a revisar documentación y lugares donde ocurrieron los acontecimientos in situ. El primer conocido con quien topa, es su viejo amigo, de aquella infancia, ahora sheriff de la localidad: Gary (Shaun Benson). Un tipo que, en el fondo, mostrará entusiasmo por el retorno de MP y con los días —cierto agobio— por la idea de sacar todo aquel traumático pasado. La madre de Mike, una de las mejores actrices de la serie, Marla (la irlandesa Fiona Shaw) veterana actriz de reparto de largo recorrido; El Árbol de la vida, Harry Potter o la Dalia Negra. En su reencuentro con Mike, deja muy claras sus intenciones, por no revolver el desgraciado pasado de la muerte del pequeño Eddie. Luego está la esposa de Gary, Jessica (Natalie Brown). La amiga de la infancia de Mike, Amy (Luisa D’Oliveira). Todos susceptibles de dejar, en el baúl del trastero, el tormentoso affaire. En el fondo, la herida sigue abierta, y de algún modo, la vuelta de MP no hace más que entorpecer el proceso de cicatrización. Aunque, en el fondo, nadie de Iron Hill ha olvidado la tragedia de aquellos ochenta. Sin embargo, Mike, no está por la labor de olvidar de inmediato, como aparentemente, parece apostar todo el mundo. Más turbador resulta, observar a Mike iniciar un proceso de regresión, en el cual, se verá de nuevo atrapado en los nudos más espeluznantes del corazón de esta perversa historia. Una conexión repentina cuasi esquizofrénica con los personajes del barco pirata, y en ese estado, vuelve a aparecer su hermano pequeño Eddie (interpretado por Luca Villacis) a través, de unos fascinantes y amenazantes flashbacks. El espectáculo va adquiriendo un tono admirable, aquel de las viejas películas de serie B, ochenteras, como aquellas adaptaciones del siempre alucinante Stephen King en los “Los chicos del maíz”. Los sustos son de consideración, y el horror online, de la leyenda urbana va sigilosamente entrando por la rejilla del ordenador, hasta la pantalla. Syfy ha tocado una tecla, donde los propios mitos, miedos y horrores de una generación se revuelven en un ambiente de absoluta angustia y desconcierto. Otros elementos destacables del show, es la inquietante y lacónica BSO, de la mano, del compositor musical de moda en la pequeña pantalla, de este S.XXI, Jeff Russo. La exquisita fotografía de Noah Greenberg —con un gusto cartesiano— por el encuadre y la iluminación que recuerda tanto a las producciones basadas en las novelas del maestro S.King.

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En medio del caos del silente medio oeste del cinturón agrícola de la América sin final. Channel Zero ejecuta un material sólido y espeluznante de una leyenda urbana esquizofrénica. La criatura principal —encaja perfectamente con el insólito monstruito— que se convierte en el combustible vital de toda esta surrealista y angustiosa pesadilla. A pesar de algunos finales de la evolución del juego carezcan de mayor recorrido imaginativo. Luego, Channel Zero consigue, el beneficio de la duda, en esa enésima reinterpretación de las pulsiones de los títeres/asesinos del mal, donde los niños se convierten en cómplices absolutos, de cualquier programa de televisión o una película de las últimas décadas. Los peros, son demasiados y la legión de detractores todavía mayor. No obstante, el esqueleto emocional es admirable, y a la vez, muy bueno de relatar. Una historia sutilmente calculada, en los miedos de la infancia, y una gama de sustos de la vieja escuela, capaces de ser uno de los alicientes ,tras estos últimos días del pasado Halloween. Y es que, “la edad adulta es sólo una máscara, una careta sofisticada, seguro,” esputa Mike en el episodio piloto. La misma que se convierte en su vaso de leche nocturno y convive detrás de él, y a los mismos niños que desaparecieron. “No es la primera de su tipo, y el Señor sabe que no será la última. Pero detrás de él, todos somos los niños que estábamos allí” Ese es el mismo punto, donde Stephen King afirma que el horror es parte de un período en el tiempo, que coincide, con episodios de desequilibrios económicos y políticos; los libros y películas parecen reflejar esas desazones que flotan libremente –a falta de un mejor término– que acompañan esos espacios de tensión, graves pero no mortales”. Channel Zero no es más que un mensaje más, de entre las millones, de historias espeluznantes que se transmiten, como viejas historias terroríficas, y seguirá siendo así, a lo largo de la historia.  Algo así como, el déjà vu de Mike, que se convierte en pura niebla mental. El viaje de 1998 a 2016 es difícil de digerir. Aunque, no estamos seguros, si esos destellos de imágenes, en su cabeza, son alucinaciones, memorias basadas en realidad o cosas que, realmente, le están pasando a él en su devenir diario. Hay algo en esa atmósfera que, el propio Mike Painter, guarda y amaga. Al igual que el irrepetible e inquietante Norman Bates (la sombra de la sospecha de su implicación es obvia), y sólo la atmosfera de Candle Cove podrá dar las señales a la incógnita de la fantasía y el mal. En el fondo, no hay nada mejor que un empacho de televisión, claro que no está de menos observar a los niños que hacen con el mando. Lo dicho, un vaso de leche y felices sueños o pesadillas… Nota: 7,1

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Nip/Tuck (2003-2010) “Perfect Surgery”

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Nip / Tuck es una serie de culto, y,  lo de culto ahora mismo: son palabras mayores. Tras comprobar los desencadenantes y daños colaterales en las redes sociales de algunas celebridades de Hollywoodland y sus devaneos con el bisturí —véase, los nuevos looks de Renée Zellweger, Demie Moore y la recién sacada del microondas Uma Thurman— hablar de cirugía plástica es volver al año 2003. El tiempo de la superpoderosa HBO, y las nuevas televisones del cable, que ebullían material fresco en esa lucha por la audiencia. FX se lanzaba con una historia de cirujanos plásticos rompedora en todos sus aspectos. Reitero, pasa el tiempo, y la historia se hace mayúscula. En una sola pregunta se condensa todo este collage de frivolidad carnavalesca de vanidades, debilidades, traiciones, crímenes, drogas y cultura del Kleenex: usar y tirar. ¿Qué es lo que no le gusta de su cuerpo? Así comenzaba el show de su creador, Ryan Murphy, uno de los niños de oro de la TV Made in Usa. Nip / Tuck es la creación satírica de Ryan Murphy, con una estética muy cuidada y un objetivo muy claro: llegar un poco más allá de los límites de la permisividad televisiva, en especial con los temas sexuales, la hizo ser en sus primeros años una serie muy alabada por la crítica y el público. Mucha gente le sonará el nombre de este nuevo “genio” de las nuevas pantallas hercianas led´s, en parte a sus recientes éxitos, como Glee y la adorada American Horror Story. Sin embargo, todo ese humus se fragua en el proceso de maceración de Nip/Tuck. Un producto muy bien hecho, diseñado y muy bien cosido, dentro de un discurso políticamente incorrecto en todos sus aspectos. Nip/Tuck es una amalgama de referencias recalcitrantes a la cultura pop, el sexo en todas sus variantes (ya fueran relaciones o actos físicos). El estilo y la forma de un lenguaje que llegaba desde las cortinillas de presentación y su tema original de Engine Room con “A perfect lie”.

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Hasta el gran acervo de cinismo, en las cuestiones de tipo moral y el horror que inunda a los humanos. Hay que reconocer que Murphy puede pecar de ser un tipo, que puede irse de “varetas”—en más de una ocasión— en todo ese discurso metalingüístico, cuasi anfetamínico. Pero es obvio, que sabe lo que quiere y hacia donde va. Sus habilidades a la hora de definir  personajes de los pelajes más increíbles de este nuevo siglo tecnológico, decadente y frágil son obvias. La complejidad de esas relaciones y sus capacidad para hacerlos impredecibles son factura del loco del eufemismo, como gozan definirlo algunos de sus amigos del gremio. La sinopsis del producto sería ésta: La vida de dos cirujanos plásticos con sede en Miami, y posteriormente, las dos últimas temporadas se trasladarán a Los Ángeles. Amigos desde los tiempos universitarios y muy diferentes; siempre han compartito casi todo en sus vidas. Saben muy bien que cosas le gustan el uno del otro. En esa dicotomía y contraposición nos encontramos con el profesional responsable; Sean McNamara (Dylan Walsh),  casado y con hijos. Y en la otra orilla del quirófano, Christian Troy (Julian McMahon). Un playboy, adicto a las mujeres, los coches deportivos, el alcohol, las drogas y las orgías sexuales. A pesar de los perfiles de ambos; es tal el grado de amistad, que sería imposible la vida sin uno de ellos. Es más, se palpa en diversos momentos una cierta TSR (tensión sexual no resuelta). Algo que nos confunde, pues podría partir de Troy. Empero, la sutileza de las situaciones nos llega a desorientar. Bien, alrededor de ellos tenemos una extraordinaria galería de personajes que pululan por los capítulos como en gran parque temático. Una de ellas —importantísima— para ambos, es Julia McNamara (Joely Richardson) la esposa de Sean, la cual, siente una fuerte atracción, hacia Christian  —correspondida—, por éste.  Todo ello va a crear un triángulo, en el que no sólo estarán ellos y Julia, pues el hijo mayor de los McNamara; Matt (John Hensley) será el nuevo ángulo de la discordia y principal afectado. Un personaje muy complejo y atormentado. Posiblemente, el mayor hándicap resida, en el joven actor JH, que presenta unas limitaciones algo frustrantes. A pesar de ello, el resto del reparto tiene la suficiente solvencia para que el ritmo del producto no decrezca ni un sólo instante.

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Otro gran aliciente es el paso por la serie de la modelo (Kelly Carlson), protagonizando el personaje de Kimber, que terminará convirtiéndose en la Barbie experimento de Christian Troy. El canal, además, de contar con el talento fresco de Ryan Murphy  estaba asistido de dos excelentes productores ejecutivos: Greer Shephard y Michael M. Robin. Tanto el staff de escritores de guion como los directores de los capítulos eran en su  mayoría, veteranos de las series de televisión de calidad (Guy Ferland, Jerry Podeswa o Tin Hunter). Durante los siguientes tres episodios, de la primera temporada, fueron un éxito de crítica y audiencia, algo que desencadenó en la renovación automática de una segunda temporada. No podemos olvidarnos del personaje número 3 en el equipo de la clínica: la anestesista, Valerie Cruz, interpretado por la gran actriz (Roma Maffia). Así como la aparición de la siempre insinuante, atractiva y tentadora actriz holandesa; Famke Janssen en el papel de (Ava Moore), que a lo largo del devenir de los capítulos nos dará más de una sorpresa. Otro argumento de peso para ver Nip/Tuck es descubir en acción a un principiante Bradley Cooper (eran los tiempos de sus primeros papeles en TV, desde su debut en 1999) representando un rol digno de lo que más tarde veríamos en su trampolín a la gloria cinematográfica: “Resacón en las Vegas” (2009). Divertidísimo y descontrolado, al lado del Dr. Sean McNamara. Un gran elenco de excelentes actores consagrados irían pasando y convirtiéndose en protagonistas de algunas entregas. Otros se dejaron ver por el mero cameo o su insitencia a salir en el show. A medida que la serie avance se podrán ir descubriendo a la gran Vanessa Redgrave, haciendo de madre de Julia McNamara (Joely Richardson), madre real de la misma y aquí en la ficción. Al igual que una madura exhuberante Brooke Shields o una de las últimas apariciones de malvado JR, el enorme  Larry Hagman, el pequeño Peter Dinklage (Tyrion Lannister) , o un Oliver Platt (que fue nominado a un globo de oro),  Alec Baldwin o la mismísima Jacqueline Bisset. Nip/Tuck contaba con una BSO excepcional, esencialmente, compuesta por música disco y algunos clásicos memorables. Y fue nominada al Globo de Oro en varias ocasiones como mejor serie de drama. En cambio, sólo ganaba todos los Emmys en el apartado de mejor maquillaje y efectos especiales. Cosas de la competencia y los territorios de Vanityland.

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Mucha electrónica ochentera y sonido pista, Dj Made in Ibiza. El mejor epitafio para este extraordinario show: es que murió de éxito como la estrella de la radio. A veces, el triunfo y demasiado laurel diario puede darte un retorcijón de estómago letal. Y ese fue el veneno de Nip/Tuck, la mismísima originalidad, insolencia, y frescura que la hicieron una serie tan entretenida como los Soprano, acabarán con su estrella. A diferencia de la obra maestra de David Chase, es que tenía muy claro el final y Chase es punto y aparte, por mucha irreverencia del astuto Murphy. Una serie que fue directa a la cabeza del esternón de la gallina de los huevos de oro; la estética y el culto al cuerpo. De la banalidad y la bajeza moral del individuo a la superficialidad de unos capítulos finales que habían desafiado a los nuevos GPS de última generación. Seis temporadas de 2003 a 2010 y, a modo de capricho votivo, finalizada en el capítulo 100, de un modo forzadísimo.  Me quedo con esa dicotomía entre Epicuro de Samos y Hume; dejándome un sonrisa en la boca y un movimiento de pie al son de la música de fondo. No soy un hipócrita. Sí una persona con muchas limitaciones, que siempre ha sido bien parecido, lo cual, puede abrirte muchas puertas o cerrártelas—ex profeso— por suerte o por desgracia. La gente le gusta mirar lo bello y huir de la fealdad. Es extraño pero demasiado obvio. Lo dicho, si quieren pasar un buen rato y tener una buena tertulia sobre el tema. Aquí no hay títere que no sea descabezado, y, un laborioso estudio de la virtud y la miseria del ser humano. Nota: 7,9