Las 30 mejores series estrenadas en 2020

 

1. Zero Zero Zero

 

 

2. Gangs of London 

 

 

3. Des

 

 

4. The Queen’s Gambit

 

5. Valley of Tears

 

6. I May Destroy You

 

7. The Great

 

8. Unorthodox

 

 

9. White House Farm

10. Sløborn 

 

 

11. Raised by Wolfes     

 

 

12. The Outsider

 

 

13.  Perry Mason

 

 

 

14. High Town

 

15. Kalifat

 

16. DNA

 

 

17. Baghdad Central

 

 

18. The Trial of Christine Keeler

 

19.  L’effondrement

 

  20. The Luminaries    

 

  21. The Good Lord Bird

 

22. The Liberator

 

23. Hunters

 

24. Stateless

 

 

25. Upload

26. The White Wall

27. No Man´s Land

 

 

28. Twin

  29. Ted Lasso

30. Box 21

White House Farm (2020)

Nueva década y nuevas propuestas vistas y revistas —refritas y a la plancha— nos vienen de cualquier parte del mundo a la vetusta pequeña pantalla. Ésta, a día de hoy, plana, muchas pulgadas y con streaming. Desde EE.UU, siguen a lo suyo y si les soy sincero… Se echa de menos la frescura de esas dos o tres series —que a día de hoy— ya finalizando este pseudoveraniego febrero: no aparecen. En 200mgHz, tenemos cierto hastío del más de lo mismo: un negocio el del streaming hipersaturado de proyectos, en su gran mayoría, fast food que genera el Air Force One del negocio comprimido Netflix. Plataforma de contenidos audiovisuales que está hasta las trancas de deuda, pues la avalancha de proyectos que está estrenando es insostenible. Además de buscar un público muy tenagger de usar y tirar. Matizando y dejando claro que hay un material audiovisual de carácter adolescente de primer nivel, como ha sido el caso más reciente, de este último año, la fascinante Euphoria (2019) de HBO. Bien, nosotros nos vamos a páramos más cercanos que siempre ha creado ficción de qualité. Como dice un viejo amigo: “siempre nos quedará nuestro Britaniabrexit” y sus supercanales de la bendita BBC, pública, inmaculada e incansable factoría de profesionales para el TV y el cine. El inquietante ITV, creativo por los cuatro costados, y esa maravilla llamada, Channel Four. Llegados a este punto, nosotros traemos a la palestra un producto muy bien elaborado, con un casting de luxe y con un guion a toro pasado (se darán cuenta del término a lo largo de la lectura): el nuevo drama de ITV con tintes de thriller escabrosísimo. White House Farm ficciona los asesinatos en una casona de campo en 1985.

 

 

El problema con la dramatización de eventos famosos, o infames, que tuvieron lugar dentro de la memoria viva es que no eres tan libre de dramatizar nada. Uno no es libre de eludir momentos, pasar por alto incómodos o suavizar la narrativa a través de la ficción de la luz. La realidad, llega a empantanarte. Y esa contundente realidad puede ser bastante increíble. La historia que desarrollan los showrunners de WHF, Kris Mrksa y Giula Sandler; que ya habían coincidido en Nowhere Boys (2016). Kris Mrksa hizo un gran trabajo con los fantasmas galeses de Requiem (2018). De nuevo, a partir de una gran cantidad de material muy bien definido. Por una parte, se trabajó con el libro de Carol Ann Lee  The Murders at White House Farm  (2015) y In Search of the Rainbow’s End de (1994) de Colin Caffell, el ex marido de Sheila y padre de Daniel y Nicholas muy implicado en el proyecto y en todo momento, muy cooperante en las diferentes charlas de desarrollo del proyecto con KM y GS. Es evidente, que en todo momento, ha existido una impoluta precaución con el enfoque de la guionista Kris Mrksa. Ya que los terribles crímenes, el caso, aún está bajo escrutinio, a pesar de la condena de Bamber en 1986. El director de los 6 episodios, un veterano de la TV Made in UK, el gentil y sobrio Paul Whitington. White House Farm es una producción que aparentemente puede parecer anodina, pero silenciosamente muy atractiva. La historia del parricidio en los años 80 del condado de Essex; treinta y cinco años después, los asesinatos, llevados, a cabo por el homicida, el hijo menor, Jeremy Bamber. El caso sigue teniendo una gran dosis de impacto en el público de cualquier clase. Como todo el material gráfico publicado en la prensa británica de aquellos desinhibidos 80,s.

La historia del crimen in situ es sencilla: agosto de 1985, el joven Jeremy Bamber de 24 años, llamó a la policía de Essex en medio de la noche. Informó que sus padres Nevill y June Bamber, su hermana Sheila y sus gemelos de seis años, Nicholas y Daniel, estaban encerrados dentro de la casa de la familia y Sheila tenía un rifle de caza. Cuando la policía entró, encontraron cinco cadáveres, incluida Sheila, que aparentemente se había disparado a sí misma después de matar a sus padres e hijos. En parte es por la enormidad de los crímenes. Al principio, el caso parecía abierto y cerrado. Luego aparecieron grietas en la historia de Bamber. Finalmente, fue juzgado y condenado por los cinco asesinatos. Los hechos desnudos fueron embellecidos por los detalles. Tanto Bamber como Sheila habían sido adoptados. Él era un colegial de cara al público encantador, pero poco pulcro. Ella era una ex modelo con esquizofrenia. Pero la otra razón por la que la historia ha permanecido en la imaginación del público es que Bamber; es de los únicos prisioneros británicos que cumplen una cadena perpetua sin esperanza de libertad condicional. Siempre ha protestado por su inocencia. Apeló en numerosas ocasiones durante su sentencia y atrajo a simpatizantes famosos, incluidos Peter Tatchell y el ex diputado Andrew Hunter. No obstante, el condenado permanece tras las rejas, cumpliendo día a día su cadena perpetua. El primer episodio nos muestra los eventos tal como aparecieron por primera vez a la policía, y revela un elenco fuerte. Un extraordinario Freddie Fox interpreta al asustadizo Bamber, un joven marchoso, amante de los excesos etílicos, la ropa cara y los placeres carnales. Siempre se dijo de Bamber que era el chico de ojos azules brillantes y oscuro corazón. Cressida Bonas está excelente como la trastornada Sheila. Ella la interpreta con suficiente oscuridad para hacer que el asesinato-suicidio parezca plausible, pero sin desviarnos del lado equivocado de nuestras simpatías. 

Los veteranos de Juego de Tronos abundan en otros lugares. Como esta singular pareja de actores que en GOT eran hermanos del clan Greyjoys. Alfie Allen aquí representa el papel de Brett, un gay vividor australiano, que siente un afecto muy cariñoso por Jeremy (además, de ser perista de tres al cuarto). Gemma Whelan, es Ann Eaton, la prima de JB. De quien, no se fía nada y hace que el detective Jones abra sus ojos, a un caso que no termina de encajar. El mismo Robert Baratheon, Mark Addy, interpreta al Sargento Stan Jones. Él, es el primero en sospechar de los hallazgos oficiales aunque, debe persuadir a su superior, el capitán “Taffy” Jones del departamento de policía de distrito —interpretado por un siempre vibrante y convincente Stephen Graham, con un mostacho ochentero y un galés tan exagerado como la estrella de futbol Garrett Bale— que quiere una conclusión rápida de todo este macabro affaire.  Los ojos de medio mundo están sobre él y el UK thatcherista, en pleno apogeo. White House Farm no puede escapar, a pesar del mimo y la sensibilidad que ponen en toda la serie, por anteponer la ficción a lo que parece, en la mente de una parte del público le es difícil separar lo real de lo ficticio. Empero, los destellos de elegancia de director son patentes. El buen gusto por las panorámicas de las enormes extensiones de cereales —de esa profunda GB— hacedores y defensores del actual Brexit. El Essex, rural, se dibuja, entre inacabables planos aéreos elegantes y puntuales. El plano de apertura, de un teléfono sonando en una vetusta estación de policía, todo ello podría estar a la altura de los thrillers coreanos de Bong Joon-ho. Una conversación entre Sheila y sus padres en el camino de entrada de su casa, da un lienzo de plano, con una caravana amarilla entre ellos. Los detalles crean un sentido de lo atroz de estos crímenes en este lugar. Serían igual de horribles en cualquier lugar, pero especialmente aquí, un lugar donde se puede dejar la puerta abierta y el mayor acontecimiento es la cosecha de cereales o el parto del ternero de turno.

No hay grandes sucesos, en el idílico medio rural británico. Resumiendo, la dirección se conforma con dejar que los hechos hablen por sí mismos. En un caso como este, son muchos los hilos de donde tirar, pudiendo darse de bruces con un árbol. El drama no se abre (o al menos) nada más comenzar todo el procedimiento. Más allá de los asesinatos el componente de desidia laboral y no investigar, más a fondo, todas las pistas. No se profundiza la cuestión, ya que las altas instancias no están por la labor; es mucho más fácil colgar el sambenito a una joven madre, o para creer que cualquier indicio de inestabilidad femenina, es sinónimo de ser capaz de llevar a cabo un asesinato múltiple. Hay machismo, estamos a mediados de los 80,s, la publicidad se haya en pleno apogeo de vender coches con bellas modelos, encima del capó del automóvil de turno. Después, está el papel de la prensa, ese periodismo tan imbuido entre todo tipo de clases, en Gran Bretaña. Los tabloides se encargaron de publicar las entrañas y las cábalas más insidiosas de la historia del papel cuché. Y, si bien, los asesinatos tienen un significado poco más amplio, surge una pregunta ¿cuál es el propósito de todo esto? da para crear este espectáculo. Es obvio, que sí. El motivo de Bamber era mundano (la búsqueda de una herencia) y su expresión era anómala (pocos se sienten trasladados a tal violencia y aquellos que seguramente sufren el tipo de psicopatología) que, como sociedad, podemos hacer poco para evitar. Un drama criminal perfectamente decente que establece claramente, en el estante de “basado en hechos reales”, no pretende ser un análisis forense de lo que realmente sucedió. El director Paul Whittington se concentra en la incomodidad de Sheila, amplifica ciertos ruidos y se sumerge en su perturbada experiencia, especialmente en su viaje final a la granja de sus padres adoptivos. Si Sheila es el héroe trágico en todo esto, Jeremy (Freddie Fox) es el villano de la serie. Revelada con aterradora prudencia por la desconcertante representación de un Freddie Fox de pelo negro, si algo un poco menos bonito que el verdadero Bamber, da vida a un personaje extraño y mercurial, lloroso y empático. Del mismo modo, que pasa de frívolo, manipulador y frío al tiempo que; quiere recompensar el silencio de su novia confidente Julie Mugford, interpretada por una maravillosa Alexa Davis.

Incluso los asesinos pueden llorar, después de todo. La música espeluznante de Niall Byrne, sin dominar nunca, subraya la atmósfera de miedo escalofriante. Me quedaría con lo dicho por el actor Mark Addy “La enfermedad mental se veía de manera muy diferente en la década de 1980. La gente sabía relativamente poco al respecto, por lo que se podía ver cómo la gente inicialmente habría aceptado que debía haberse vuelto muy trastornada y haber llevado a cabo los asesinatos. Era un alma atribulada pero no una asesina. Si hay algo que nos haga que tomemos conciencia de toda esta horrible pesadilla. Es la lectura del director de la serie Paul Whittington dixit: “Una de las cosas más importantes para mí al contar esta historia fue comprender la actitud hacia la enfermedad mental en ese momento y cómo eso todavía puede informar las actitudes del enfermo a día de hoy. La falta de comprensión sobre la salud mental fue definitivamente parte de los defectos de la investigación inicial.” Evidentemente, estamos ante uno de los conceptos erróneos más importantes sobre la psicosis, breve, pasajera, escondida y persistente. Es un síntoma clave de la esquizofrenia; la propia confusión con la psicopatía. Este tema a menudo surge en relación con representaciones de TV y películas. White House Farm 2020 demuestra cómo el estigma puede tener consecuencias dramáticas. Demasiadas veces convertidos en perjudiciales para la sociedad y los individuos. De algún modo, nos está recordando, que no hay porque juzgar a las personas con problemas de salud mental y el caso de del parricidio de Essex muestra el impacto potencial en las personas si lo hacemos. También es un guiño a esa Gran Bretaña profunda, alejada de Picadilly Circus, Coven Garden, Chelsea o la torre Shard. Ese Reino Unido, donde pasan cosas como en Minnesota o Puerto Hurraco. Nota: 7,6

Las mejores series de TV 2019

  1. Chernobyl

 

2. Watchmen

 

3. The Mandalorian

4. Too Old To Die Young

 

 

5. Euphoria

6. The Boys

 

 

 

7. De Dag

 

 

 

8. Wu-Tang: An American Saga

 

 

9. See

 

 

10. The Virtues

 

 

11. Warrior

 

12. Monzón

 

13. The Act

14. Das Boot

 

15. The Spy

 

 

16. The Goodfhater of Harlem

17. Slepnac od Swiatel

18. Kingdom

19. City on Hill

 

20. Servant

21. Success

22. Quicksand

23. Hanna

24. The Cry 2019

25. Cacht 22

Texas Killing Field Is True detective?

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Últimamente, tras revisar un par de veces la octava maravilla de HBO… Cada vez tengo menos dudas: True Detective (2014) está sobrevalorada. Todos los que somos adictos a la novela negra y hemos leído a grandes autores del género, sabemos de sobra que cuesta hacer una excelente adaptación desde el negro sobre blanco al 35mm. Ahora, digital con alta fidelidad. Véase el caso de David Goodis y la retahíla de adaptaciones de sus extraordinarias novelas. Texas Killing Field (2011) es el mayor plagio de la historia por parte de la televisión de culto, HBO. Digámoslo claro y con contundencia: True Detective, no es The Wire. A pesar de tener unos intérpretes maravillosos y algunas citas en boca de ellos excelsas —aunque, alcancen cotas de histrionización que forman parte de las comidillas del divertido Youtube— no exentas de  una  pose para una sesión fotográfica de Vogue. No voy a ser yo quien diga que las novelas de Nick Pizzolatto sean malas, ni un mal escritor. No las he leído. No conozco al autor. Pero si que pongo en duda la solvencia como realizador de Gary Joji Fukunaga: normalito.

 

 

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No pasa nada. En HBO, hay talento a raudales, como excelentes asesores. Difícil y complicado fue aquel plano/secuencia de Welles en “Sed de Mal”, y, más en aquellas añadas (1958). Claro, que hablamos de ese genio orondo y gran carácter que fue Orson Welles Luego, hay una sospechosa enumeración de casualidades —postmodernas— con nuestra protagonista; Ami Canaan Mann. A la postre, hija del ínclito Michael Mann. Bien, en el año 2011 se presentó este film en el festival de Venecia, el cual, recibió hostias a tutiplén por parte de la crítica oficialista. Quiero pensar que cuando ven el apellido de alguien con luminosos Led´s de última generación; a  esos excelsos y doctos críticos, les entra el berrinche del gato. Recordemos el caso de Jennifer Chambers Lynch, hija del magnífico David Lynch. Exceptuando algunos chiflados —entre los que me incluyo— donde atisbamos un film muy interesante que en manos del padre de la criatura, Michael Mann se hubiera convertido en algo grande. El modus operandi, marca de la casa; teleobjetivos, plano detalle, ambiente sudoroso y el contexto carnal. La magia sureña de los EE.UU. De fondo, la música electrónica de Dickon Hinchliffe acaba enganchándote.

 

 

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Los protagonistas, una pareja de polis que no se acaban de caer del columpio: Sam Worthington (el australiano de Avatar y Terminator) junto a su compañero, el televisivo, Jeffrey Dean Morgan un actor brillante y desconocido (Anatomía de Grey, Magic City etc.) Inician la búsqueda de un asesino de las niñas entre una infestada telaraña Neonoir en un mundo criminal y obsesivo donde Worthington quiere llevar la batuta como poli prota. Él, viene por un traslado forzoso desde New York y cree conocer más la tipología del criminal. Es ahí donde entra, la siempre exquisita, Jessica Chastain —otra policía que está en un proceso excedecencia—, a su vez (la ex esposa de Worthington) quien llevará el peso de la claves del caso. La investigación aluniza en un vecindario cercano a la localidad de texana, Houston donde aparece la criatura; Chloë Grace Moretz y la olvidada actriz, Sheryl Lee. No muy lejos, de todos ellos: la bestia inglesa, Stephen Graham (Boardwalk Empire), en un papel para enmarcar. Y un personaje oscuro y canallesco que tiene demasiadas papeletas para llevarse el marrón, Jason Clarke (Brotherhood, Lawless, Zero Dark Thirty) que atrapa.

 

 

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Ami Canaan Mann dirige con acierto algunos momentos estelares; como la tensión de los interrogatorios… Estos, que algunos ilustrados han calcado y tiene premio el acertante que lo entrevea. Así como las escenas de acción, especialmente, una escena de persecución a través de las barriadas degradadas de la ciudad de Houston. El viaje culmina por la carretera 45 que va de Houston hasta Galveston; en los territorios desolados de esos pantanos que dan título al film. El problema de TKF es: un enfoque que no termina de cuajar ese affaire entre pedofilia y serial killer inusual e intrigante hasta la médula (basado en hechos reales, escritos por un ex agente de la DEA) y la falta de profundidad en sus personajes, desarrollados sólo a medias. Texas Killing Fields se siente más como un prometedor piloto de un largometraje o un de una serie para HBO, Netflix o Showtime. No concluye este callejón sin salida. ¿Y ahora pregúntense por el final de True Detective? Ese era un final para la historia de la primera temporada. Vaya casualidad. Aquí, AM ha ido narrando muy bien el inicio del film y a pesar de los saltos entre los diferentes personajes había conectado con la esencia de la obsesión y vis criminal que inunda a todos ellos. Podría  haber sido un film heredero natural de los policíacos de los 70. Pero su aroma a telefilm o TV movie es obvio. Como debutante, no está mal para la hija de un grande. Esperemos próximos trabajos. Y si AM es flor de un día, una eterna esperanza, un bluff o una gran realizadora. Al tiempo. Si pueden no se la pierdan. Nota: 6,8.