After 20 years Murder One (1995)

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Aquel otoño de 1995 fue un año interesante en el mundo de la producción audiovisual. Ese año marcó un antes y un después en el devenir de la ficción norteamericana. Me explico, la mitad de los noventa presagiaba una fuerte irrupción del inminente S. XXI y la tercera edad de oro de este medio. Lynch había cambiado las reglas y Bochco recogió el testigo de la búsqueda por nuevos senderos. Además de ser una gran añada para el diseñador Armani —menudo vestuario se marcaba Murder One—, también seguirá siendo recordado por todos aquellos paladares exquisitos a este adictivo medio. La aparición de  Murder One fue un nuevo oasis del canal ABC. A pesar de sus 20 años, sigue manteniendo la brillantez, frescura y el carácter innovador, que el alquimista Steven Bochco acababa de perfilar, modelando la parte más incompleta del legado de Twin Peaks: las reglas de la televisión americana, se transformaron en nuevos guiones más realistas e introspectivos. Eso sí, a un alto precio. Pues ABC, en un primer enfrentamiento con su creador acabó castrando parte de su material y luego, le hizo el mayor daño que pueda sufrir un genio; la cancelación de su obra. A día de hoy estamos delante de una las primeras obras de arte postmodernas de la televisión más cercana al mundo de The Killing o la curiosa The Good Wife con todos los ingredientes del clasicismo sazonados con el magisterio de la vieja escuela. Es imposible analizar las casi 20 horas de visionado y comprobar que no están fuera de lugar, todo lo contrario reafirman la validez de su esencia.

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23 capítulos de una primera temporada extraordinaria. Un retrato complejo, ambiguo, de tempo lento pero lleno de artimañas. Finalmente —tras un pulcrísimo pulido al gusto de los directivos de ABC— se convirtieron en dos entregas reserva vintage. La primera remesa de 23 episodios y la segunda de 18, que no vamos a entrar en ella. Más adelante, haremos unas pequeñas aclaraciones. Obviamente, en un mundo donde la justicia no tiene dueño, lo legal no sabe dónde reside y sólo nos queda la certeza moral de que el resto del sistema está dándote la espalda. En esos vericuetos de sistema judicial norteamericano; cabalgan los personajes de Murder One. Unos individuos que se desarrollan y cambian con  una facilidad asombrosa al compás de la vida real. Donde la moral se examina a sí misma, en torno a cuestiones sin moralejas soporíferas y la esencia de la justica legal de un gran país donde la verdad suele sopesarse en la balanza y la espada de lo cínicamente correcto. Steven Bochco es un viejo rockero con más kilómetros que el viejo Renault 11 de mi difunto abuelo —el hombre que nos habló de las angustias de los policías en  Hill Street Blues,— y las soledades de David Caruso y Jimmy Smits de NYPD Blue, y  los abogados más cool en La ley de Los Angeles.

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Mucha gente le sonará raro el nombre de Murder One, pero cuando vean el clip final del post; estoy seguro que de repente alguien se acordará de Jesús Gil y un jovial Berlusconi en la Telecinco de una sempiterna Ana Rosa Quintana. Al lado de otros dos jóvenes guionistas de gran solvencia: Charles E. Eglee (Dark Angel, Dexter, The Shield) y Channing Gibson (St Elsewhere) pusieron toda la carne en el asador en crear el postkarma de Laura Palmer. Nunca fue el gran éxito que se preveía. Sin embargo, el canal de TV hizo un despliegue promocional tan contundente de su premier en Septiembre del 95: el acontecimiento catódico del año. Murder One tuvo una audiencia record y el beneplácito de la crítica televisiva norteamericana de por entonces, volcada con la nueva propuesta del mago de la ABC, Steven Bochco. Anteriormente, habíamos hablado del concepto castración del creador y eso terminó de la siguiente manera. SB, tuvo una trifulca de mil demonios con los grandes directivos de ABC, a la vez que actor protagonista Daniel Benzali estalló contra Bochco —nunca hubo buen feeling entre ellos— que acorralado por los acontecimientos tuvo que prescindir del personaje de Benzali, en detrimento del talento del joven australiano Anthony LaPaglia (marcado de por vida en su papel de agente del FBI en Sin Rastro), que en ésta y última segunda parte se fraccionó en dos nuevos casos, quitando de en medio la trama principal.

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Tan sólo era una maniobra rápida para despertar el entusiasmo inicial de espectador medio, que se perdió con un argumento demasiado enrevesado y vanguardista, para la ABC de aquellos años. Empero, todos aquellos buenos paladares del invento catódico permanecimos enganchados a las hábiles pericias del inconmensurable guion y la maestría de crear las hábiles incógnitas, preguntas sin respuesta o donde la sospecha del principal acusado del crimen se hallaban en diferentes rincones del propio set de rodaje. A todo ello, sumémosle el enorme talento del trio de ases que se confinaron los protagonistas absolutos del show: esos momentos interpretativos memorables: en los papeles del abogado defensor Ted Hoffman (Daniel Benzali, actor de origen brasileño, puro beluga), Richard Cross (un ambiguo y adictivo Stanley Tucci), y por último, el principal acusado del asesinato y violación de Jessica Costello (Bobbie Phillips, convertida en un icono sexual de la época), Neil Avedon (Jason Gedrick tuvo muy poco fortuna, a pesar del buen oficio que demostró parece que el papel de serial killer lo está resucitando en productos como Dexter o Bosch). A lo largo de los 23 episodios de la primera temporada, la auténtica, se va desarrollando todo el proceso judicial desde el descubrimiento del cadáver de Jessica Costello que se hallaba desnuda, estrangulada y atada a su cama. Inmediatamente, se acusa al empresario millonario Richard Cross (Tucci), el  cual, fue la última persona en ser identificado en la escena del crimen. Él, insiste en su inocencia y trae en su abogado, Ted Hoffman (Benzali) para representarlo.

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Una coartada conveniente pronto emerge y Cross se libera, pero su implicación en el caso de Hoffman no ha terminado. Pronto, el detective Arthur Polson (Baker) atrapa al actor ídolo de adolescentes Neil Avedon  y Hoffman es llamado para llevar su defensa. El caso resulta enormemente complejo, pues se entremezclan las adicciones al alcohol y las drogas del presunto acusado. Así como su reconocida relación sexual con una joven menor de edad y la presencia en el lugar del asesinato. El estado, representado por la fiscal Miriam Grasso (Barbara Bosson, esposa del mismo Bochco) muy conocida en series y filmes por la interpretación de eterna mujer de la ley, ya sea dictando o defendiendo a los implicados. Aquí está convencidísima  que las pruebas son muy obvias y que hay que cerrar lo más rápido posible el caso. Sin embargo, Hoffman no está satisfecho y la constante interferencia de Richard Cross le hace sospechar que hay mucho más que desenmarañar a simple vista. Hoffman es un tipo serio, con cara de pocos amigos y hombre de voz suave mezclada con miel caliente susurrante, que cuando estalla los alrededores tiemblan y la platea se queda hipnotizada. Su sarcasmo es temible y con frecuencia hilarante, pero su furia es capaz derribar a los muros del mismísimo cielo. Este problema se hizo evidente al ver la monstruosa audiencia del episodio piloto y ver como cada semana se iba desangrando, no tanto por una caída de calidad de la serie, sino por el enorme esfuerzo de fidelidad que pedía a sus seguidores, tanto para no perderse ningún capítulo como para entender las complejidades de la densa trama que se nos presentaba.

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A su lado tenía su guardia pretoriana de abogados ayudantes, formada por los actores: Grace Phillips, Mary McCormack, Michael Hayden y J.C.McKenzie. Cada uno sufrió diferentes suertes. Al igual que el inefable  David Blalock, como Sr. Lobo de Ted Hoffman, en unos pocos episodios nos deleitó con su buena hacer. Veterano de grandes producciones cinematográficas en sus papeles de reparto, así como en la actual ficción televisiva. No podemos pasar por alto, otra actriz que era el complemento de TH; su esposa que es interpretada por la espléndida, Patricia Clarkson. A medida, que los capítulos vayan evolucionando, la relación conyugal se irá deteriorando. Irónicamente, uno de los mayores defectos del producto son las escenas familiares que le hacen parecer el Shred simpático de Disney —su fisonomía, no ofrece dudas con el cariñoso personaje— degeneraba en un excesivo baño jabonoso Nenuco, poco creíble, al lado de su hija; una pelirroja encantadora. Sin embargo, por encima de extraños aspectos físicos, Benzali es carisma, bajo cualquier óptica. Posiblemente, uno de los personajes más auténticos en el extraño y fascinante mundo de lo mejor de la TV; el mítico abogado rebeldemente humano de Murder One, Ted Hoffman. Nota: 8,6

The Fall 2013, The Daddy Killer

 

 

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The Fall no es una novela policíaca adaptada para la TV siguiendo la estela del tirón policiaco escandinavo. No. Se trata de pura imaginería Made in UK. Una delicatesen de las últimas creaciones de ese canal cultural—conglomerado de ensoñación— extraordinario. El Northern Ireland Screen, es una factoría de actores, guionistas y directores o localizaciones para rodar. Tanto en el cine como la TV del UK, situado en Belfast capital. Y uno de sus mayores accionistas es la BBC. ¿Qué se lo pregunten al 80% de los actores de Game of Thrones 2011? Lo dicho, estamos ante un magnífico guion creado por el británico Allan Cubbit Sherlock 2010 y el belga Jakob Verbruggen (Code 37 y The bridge 2013). Proponiéndonos el enésimo producto de asesinos en serie. Mejor dicho, la historia de un asesino en serie muy sui generis. Todo haya que decirlo que se estrenó el año pasado y fue un gran despiste por mi parte, pero ya se sabe es imposible estar en todos los frentes. Y vaya por delante, que de mi selección de las mejores 10 series del 2013, una de ellas sería The Fall. Bien, hecha esta apreciación nos encontramos ante una narración meticulosa, sutil y grácil. Adentrándose en la mente oscura y retorcida de un psicópata que mata por placer mujeres de un perfil muy definido. Interpretado por una de las revelaciones de la caja catódica de los últimos años; Jamie Dornan Maria Antonieta (2006) de Sofia Coppola. También ha protagonizado una historia de vampiros con notas gore Beyond the Rave (2008) y la televisiva tennager Once Upon a Time (2011). Pero si les digo la verdad, es que esta joya va a ser el protagonista de la versión cinematográfica del afamado libro las 50 sombras de Grey. Seguro que la cosa comienza a tomar un tono más chocante. En el lado de enfrente, tenemos a la policía caza asesinos en serie: Stella Gibson, una detective de la Policía Metropolitana de Londres —papel que interpreta una exultante Gillian Anderson—afortunadamente, para nuestros paladares. No hay más que ver la rentrée televisiva con la que ha llegado: Hannibal (2013), dando vida a la Dra. Du Maurier, la psicóloga del Dr. Lecter, y próximos proyectos que irán apareciendo en breve.

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Mucho ha llovido desde aquella jovial Dana Scully en la serie de culto Expediente-X (1993) creada por Chris Carter, donde  escribía  guiones el hoy todopoderoso Vince Gilligan (Breaking Bad 2008) y su colega, Fox Mulder (David Duchovny). Ahora famoso en el siglo XXI por la serie Californication (2007). Bien, en este sentido,  The Fall recuerda a otra serie de culto de la también mítica productora Granada TV, Prime Suspect (1991). Asimismo, al alumbramiento narrativo de los dramas escandinavos tan obsesivamente llevados a los canales de la nueva ficción Made in Usa; The Bridge (2013) y Forbrydelsen la danesa original, convertida en The Killing (2011) por AMC. Donde la protagonista, la oficial Gibson es el alter ego de la detective Jane Tennison (Helen Mirren). Por no decir, casi la inspiración consustancial de Gibson. Desde ese molde, los caracteres confluyen en los mismos temperamentos gélidos e inmutables. Empero, a diferencia  de Mirren, Gillian Anderson no tiene que ocultar su feminidad ni ella tiene que actuar como un hombre con el fin de avanzar en sus objetivos. Stella Gibson es más bien un rompecabezas que hay que resolver en su propio derecho. Además de ser norteamericana a diferencia de Mirren, nadie diría que lo es, pues su encomiable trabajo de dicción del inglés británico es sobresaliente. El inconformismo y la asiduidad por lo mórbido en Gibson son compañeros perfectos para sus deseos, y ella no se disculpa o se siente culpable por el cumplimiento de esas necesidades. Y es Anderson, en este rol es donde se siente cómoda, ya que se presenta ante el público con todos los elementos básicos para iniciar el juego. Sin concesiones y férreamente ubicada; irradiando una aura feromonal de fuertes convicciones. El otro protagonista es Paul Spector, un joven padre de familia casado con una enfermera de una unidad de neonatos la actriz irlandesa (Bronagh Waugh) en el rol de Sally-Ann Spector con la que tiene dos hijos. Algo así, como una especie de trabajador social. No se define el grado de titulación, similar a lo que en España conocemos como labores de trabajadores sociales o psicólogos especialistas en el tratamiento de los duelos de las Unidades Oncológicas. Por las noches pone en marcha su enfermiza pasión de asesino en serie. Dentro de esa duplicidad existencial se enfrentará en un duelo sibilino y cruel contra Stella Gibson.

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Ésta, en el primer capítulo la vemos aterrizar en Belfast para realizar una revisión de 28 días, en torno a la investigación de estos asesinatos múltiples, los cuales, se están convirtiendo en una cuestión de estado. A lo largo de estos magníficos cinco episodios se plantea un tête a tête a dos bandas: el asesino en serie y la burocracia del Úlster. Rígido, mordaz, desangelado y oscuro por la atmósfera de una ciudad con atisbos del viejo conflicto político que todavía prevalecen en una sociedad dividida. No hay más que ver dos personajes masculinos; pura creme, los cuales, contienen suficientes aditivos para proponer una cuantas subtramas a las que enriquecer a toda la propuesta de la nueva alhaja de BBC2. El comisario Jim Burns (John Lynch, ya ha llovido desde aquel papel de socio de juergas junto a Danny Day Lewis en el nombre del padre 1993). Y por otro lado; el todopoderoso Morgan Monroe y su pertinaz protección del descarriado su hijo. Casi sacado de una subtrama de GOT, interpretada por Ian McElhinney, realmente soberbios. Paul Spector acaba de asesinar a su última víctima; una mujer hermosa, de buen status social, intelectualmente solvente y soltera. Spector lleva a cabo su ritual metódico y la vez convertido en una idílica adicción. Pues, la necesidad de prevalecer su fuerza ante mujeres mucho más poderosas, hermosas e inteligentes le puede y le produce una confusión esquizofrénica. Obsesionado con la dominación y la satisfacción onanística. La doblegación ante esas mujeres llenas de éxito personal va calando en su ego hasta producir un estado de adicción similar a la de un vampiro en busca de sangre. La sensación de riesgo en sus capturas va in crescendo.

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Tambaleándose el planteamiento inicial. Es decir, el modus operandi inicial; asesinato en tantos golpes, asfixia y los triunfos: las fotografías, dibujos y un mechón de pelo. Subirlos al entarimado del techo de la habitación de su hija. Algo comienza a desorganizarse por el aumento de la voracidad de Spector. La vuelta a su hogar donde están sus hijos, a los cuales, les prepara el desayuno de cereales, asea, viste y lleva al colegio. Ya no es la misma rutina. Algo está cambiando en su interior y le angustia. Lo que parece un arte, se transforma en su propia trampa. Patología que es captada por la sutil y perspicaz Gibson que trabaja codo con codo con la forense del departamento de policía la extraordinaria, Archie Panjabi la recordaremos por su papel en The Good Wife (2009). Una CSI a la irlandesa del norte capaz de controlar los impulsos de Gibson. Y es que las de Psychokillers están muy vistos. Si es verdad. Pero The Fall ha conseguido algo fresco y tiene todas las papeletas para seguir atrapando al espectador medio mundo. La hermosa Gillian Anderson, que desde su aparición en bañador haciéndose unos largos en la piscina del Hilton de Belfast hasta la selección de un fornido policía para satisfacer sus necesidades sexuales que acaba muerto por una investigación ajena al affaire de Spector. Así como su manera de mirar a la cámara a sus superiores, inferiores o periodistas. Todo el mundo tiene los ojos de la pequeña supervisora principal, Stella Gibson, grabado el brillo en sus retinas. No menos interesante es el affaire de la canguro, interpretado por la actriz adolescente (Aisling Franciosi) Katie, una tentación en ese juego muy sutil por parte de los guionistas, a modo de la Lolita de Nabokov y  la caperucita de Perrault. Un tour de forcé lleno de tensión sexual no resuelta, el cual, a medida que avanzan los capítulos enganchan más a un servidor. The Fall resulta extrañamente adictiva, pero hay que puntualizar que no es un plato de fácil digestión y no agradará a todo el mundo por igual. Tiene un tempo lento, se desarrolla poco a poco y hace hincapié en los detalles más escabrosos del relato, con una visión dura y desgarradora que puede resultar amarga para los espectadores más sensibles a determinados temas relacionados con niños e hijos. Pero lo que sí que les digo es que es una serie honesta, hipnótica y auténtica. El día de su estreno por el canal BBC2, se convirtió en la serie con el mejor debut en Reino Unido, desde los tiempos pretéritos de Roma (2005) HBO&BBC. Este otoño tendremos la segunda parte. Estaremos expectantes a las andadas del papi asesino en serie.

Nota: 8,4

 

The Red Road (2014) ,“Querer y no poder en Sundance”

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Seguimos acampados en el páramo del novísimo Canal de Sundance. Sobre todo, en estos días que el verano ha arrancado con fuerza. Tras habernos dejado un buen sabor de boca “Rectify”, nos preguntamos y ¿por qué no probar con un thriller donde el insigne Khal Drogo es el protagonista?Lo recordarán los seguidores de “Juego de Tronos” y otros como servidor, de Conan (2011) y el patético remake que nos brindó. Si lo ha visto, el bueno y temperamental John Milius, mejor pónganse a cubierto. Bien, tras seis horas de esta primera entrega podemos certificar que The Red Road no termina de atrapar, ni acercarse a la premisas básicas del género de suspense o como le gusta decir al público exquisito; el NeoNoir del S.XXI. Va a ser que no. O bien, si me permiten la alocución: Querer y no poder. Una serie donde todo es previsible dentro de los acontecimientos más palpables (múltiples atropellos, algunas palizas, muchas pastillas de opiáceos y cuevas abandonadas), donde uno tiene esa sensación, de no terminar de creérselo del todo. A pesar de contar con el ínclito James Gray para dirigir el episodio piloto /posteriormente, se le sumó al proyecto, Lodge Kerrigan “Keane” (2004) y en Showtime con “The Killing” (2011) / que por momentos parecía atisbarnos algo de la cosecha de este cineasta de atañida pasión por las tragedias criminales familiares; el touch Shakespeare —marca de la casa— muy en boga por las carteleras españolas, con su más reciente estreno: The immigrant (2013). La sinopsis se podría sintetizar así: Jason Momoa —probablemente lo mejor del show— es Philip Kopus, un ex convicto y miembro de la tribu Ramapo, que está nuevamente en casa (Lenape). Un pequeño pueblo—ficticio— ex profeso, en el estado de New Jersey. Donde se atisba un atávico enfrentamiento entre la acomodada comunidad blanca con el colectivo indio o mejor dicho, nativos americanos.

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Algo así, como el eterno dilema de pobresVsricos o izquierdasVsderechas. Desde su infancia se le involucra en el asesinato de un adolescente blanco. En el otro extremo de este espectro tenemos a Harold Jensen (el neozelandés, Martin Henderson), será recordado por aquella película que fue un hit parade entre los mascachapas velocity y la infumable Torque (2004). Aquí convertido en un policía local que está tratando de resolver el asesinato de la joven. Henderson está casado con Jean (Jualianne Nicholson), la recordarán de su papel de policía en Law&Order y la enconada fiscal de Boardwalk Empire. Y a su vez, hija del senador del estado (Mike Farrell, extraordinario en la mítica MASH). Presa del alcoholismo y su adicción a la drogas tras la fuerte depresión por la muerte de su hermano; es  incapaz de superarla. Mantiene una dinámica de constantes ingresos hospitalarios por recaídas emocionales. Su comportamiento cuando está en casa es inestable e imprevisible. La hija mayor de ambos Rachel (Allie Gonino) está flirteando con el hermano de Philip Kopus, Junior (Kiowa Gordon), compañero en el instituto. Pero las interacciones entre estos dos no terminan ahí. Jean, en un arranque de cólera, tras saber que Rachel ha escapado con Junior de novillos. Coge  la camioneta todoterreno y atropella a un chico de la reserva. Su esposo Harold, hará lo indecible por proteger su inocencia. Mientras, Kopus chantajea a  Henderson.  Tiene pruebas del atropello de Jean. En los episodios finales se destapará un terrible secreto que involucra a todos los aludidos, excepto la hija de los Henderson. Si esto suena a algo excesivamente pretencioso y repleto de demasiadas tramas… Pregunten por su creador, el reputado guionista; Aaron Guzikowski y su maravillosa, Prisioneros (2013) . Repito demasiado previsible todo el argumento matriz de la serie. Desde la acción de pequeños detalles que se le escapan, a modo de amartillar la superlativa cantidad de subtramas y situaciones, de lo más vacías, en unos diálogos forzados que van carcomiendo los cimientos de un planteamiento en su esbozo aparentemente atractivo. Y ahí, aparecen las fallas de Guzikowski. Como el robo del arma por parte de Jean y todo lo que pasa en apenas segundos, a lo largo de un par de kilómetros de distancia.

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Por no hablar de un personaje que actúa a modo de gangster, Tom Sizemore (hipotético padre real de Kopus) un canalla que vive arrinconado en una apartamento versus  casa del “Dealer” Made in Usa, el cual, no sabe muy bien por dónde deambular. Así como su posible relación con la madre del clan, Marie (Tamara Tunie) desubicada con la noticia de su enfermedad y ausente de cualquier plano. No por el oficio que pueda aportar Sizemore, muy lejos del actor que fue, sino por la falta de asiento en el guión. Por no nombrar, al socio de Kopus—su leal machaca—el indio Mike (Zahn McClarnon) menospreciado a sus espaldas por el propio Kopus. Pero que no tiene ni un pelo de tonto. Sabe que el affaire de las pastillas tiene los días contados y lo que le interesa es recoger suficiente dinero para hacer planes con su compañera, que está embarazada. La manera de hacerlo desaparecer, a modo de un calco cutre de la gran escena de la historia de la TV en los Soprano. ¡En fin, señores hay algo que no cuadra! Y es muy sencillo, todo ello no termina de ser verosímil. Ese sería el adjetivo con el que denominar a este producto, sumándole el prefijo “in” del Channel Sundance; inverosímil en Do mayor. Tampoco pasa nada, digamos que es un canal joven y estas cosas le pasan al más bragado. Ya no quiero desvelar más detalles del final, porque si hay algo que valorar de esta serie es el estilo de rodaje sui generis versus factoría de la casa. Al igual que su exquisita fotografía y BSO. Lo dicho una cosa es querer y otra no poder.