Mirzapur (2018) mafiosos hindúes

Mirzapur, es un lugar tan cercano a los arrabales de Nápoles que la historia, podría haberla escrito Roberto Saviano —que, está de enhorabuena— pues, se presenta en la Berlinale, su última creación, ya como guionista: “Piranhas” Adaptación de su último libro “la banda de los niños” (2017). Sin embargo, el húmedo clima y la tórrida temperatura del subcontinente indio marca, una peculiar barrera geografía con el apacible y canalla Mediterráneo. Y es que Mirzapur es uno de esos pequeños placeres que uno puede disfrutar en nuestros templos de la cocina Made in Euskadi. El acierto de los guionistas Karan Anshuman y Puneet Krishna ha sido contundente. Así, como la esmerada y efectiva dirección de Gurmmeet Singh, un tipo al que no hay perderle la matricula. Artesano de la cámara y expresionista de un lenguaje provocador y pictórico enamorado del maestro Satyajit Ray&Quentin Tarantino. La serie de 9 episodios fue adquirida por Amazon e incluida en su contenido audiovisual Prime. Son muchos los negocios del capo Bezos en el rico continente de la meditación y mercadeo de todo tipo. Y no es el primer producto que se pueda encontrar en él curioso catálogo de ficciones —de la plataforma— de la millonaria firma de Seattle. Hace unos días, ya se puede ver en su versión doblada para aquellos que sufran, con el lenguaje hindú y sus dialectos autóctonos. Otro ingrediente más, a este suculento plato, a degustar.

La serie sigue a dos hermanos que se cruzan con el hijo errático de un don de la mafia, en una historia llena de violencia de pandillas en una ciudad sin ley en el interior de la India. La retorcida serie está protagonizada por Pankaj Tripathi, Ali Fazal, Vikrant Massey, Divyendu Sharma, Kulbhushan Kharbanda, Shweta Tripathi, Shriya Pilgaonkar y Rasika Dugal. Nombres que a un servidor, sin grandes conocimientos del megacine indio actual, no ne suena mucho. A pesar, que no son los primeros actorues de origen hindú que están trabajando para la ficción británica y norteamericana. Repito, no todos, pues con la cantidad de peliculas y series que se ruedan en Bollywood, viven más que bien. Nos embarcamos en el viaje de estos dos hermanos atraídos por la idea de poder; sólo para ser consumido por el propia casta gangster dominante. Mirzapur es una representación amplificada del corazón y la juventud de la India. Es un mundo repleto de drogas, armas y anarquía, donde la estirpe, el poder, el ego y la soberbia se entrecruzan para dar a la violencia el salvoconducto hacía la única forma de vida respetable. El puño de hierro, lo obstenta, Akhandanand Tripathi, un exportador de alfombras millonario y el mafioso, a modo de “Don” de Mirzapur. Su hijo, Munna, un heredero indigno y hambriento de poder, no se detendrá ante nada para obtener el legado de su padre. Un incidente en una procesión de bodas lo obliga a cruzarse con Ramakant Pandit, un abogado destacado, y sus hijos, Guddu y Bablu. Esta bola de nieve se convierte en un juego de ambición, poder y codicia que amenaza todo el entramado de la ciudad sin ley. Con una acción conmovedora, violencia a escala operística, mafiosos con mentes afiladas y un turbio humor seco: Mirzapur es una historia del interior indostánico, tan cruda como la hiel.

Su escritura está cuidadosamente calibrada, ya que confía en la psicología de sus personajes sobre las elaboraciones de un gran argumento y subtramas. Como resultado, el magnífico Mirzapur, se conforma como, un drama legado de gángsters de la India media que podría presumir de las dos actuaciones más fascinantes de este último 2018. Estamos, ante un estudio sobre la construcción de mundos de larga duración. Además, de ser inteligente e intuitiva, no se aleja de los episodios de indulgencia sangrienta y audaz que han plagado este género de cine en la última década. Sin embargo, en contraste con las películas, el programa de nueve episodios tiene el tiempo y el ancho de banda para dar forma a sus caras vanguardistas, deslineando su núcleo narrativo y persuadir los momentos individuales de un conjunto talentoso. Reitero, estamos ante una gran película seriada. No es sorprendente que los puristas, especialmente aquellos que juran por su competidor, de Netflix, sean los que hayan rechazado este espectáculo como una estafa barata de Gangs of Wasseypur. Eso, en mi opinión, es quizás una señal del inusual, de lo bien hecha que esta Mirzapur y de su triunfo. Va la envidia va por todos los barrios del mundo. Un espectáculo que resalta descaradamente, “el relato” en la narración de cuentos y la “realización” en la dirección de películas. Eso no quiere decir que los otros en Mirzapur no importan. Con un conjunto que presenta a algunos de los actores más talentosos (y poco utilizados) del cine hindú, no es de extrañar que el papel de las presentaciones sobre las grietas incómodas en el equilibrio narrativo.

Otras muchas producciones —Made in India— podrían hacer bien en reconocer la importancia de un asesor lingüístico de los dialectos: los actores más jóvenes han trabajado visiblemente para captar la física sin ley. Empero, no solo de las palabras se devora la narración, sino también de las acciones entre ellos. Ali Fazal es una revelación como la fuerza física de los cerebros de Massey: su forma de andar encorvada como un culturista enérgico recuerda al Tom Hardy de The Warrior (2011). Al igual que lo hizo en Gurgaon, Pankaj Tripathi enmascara hábilmente el cansancio de un hombre adulto dividido entre el papel de un padrino asesino y un padre indio. Inicialmente, parece que contrata a los dos hermanos para provocar a su hijo para que supere el lujo de la herencia. Pero el rostro inexpresivo de Tripathi apenas deja ver que su personaje es mucho más sistemático; de hecho, ha contratado a dos personalidades ocurrentes para ayudar a su hijo a aprender —que debe evolucionar desde la fuerza física— como un auténtico psicópata, hasta el cerebro metodico de un villano. Reiterar el gran talento que existe en el cine hindú y algunos pequeños excesos, como la superboda y la profesión, a pesar, de su plástica y expresividad. Lo dicho, el equilibrio narrativo es una obviedad. Así, que sin más preámbulos, el espectáculo está servido. La nueva ficción televisiva, no tiene fronteras en un mundo globalizado donde el llanto, la risa, la vida y la muerte van cogidas de la mano desde Los Angeles, pasando por Londres, un café en Napolés y aterrizando en Mumbai. Nota: 8,3

 

 

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Los mejores films de 2017

  1. “Three Billboard Outside” Ebbing, Missouri

 

  1. You Were Never Really Here

 

3.Wind River

 

 

 

4. Z. La ciudad perdida

5. Dunkerque

6.The Florida Project

 

 

7.Good Times

8. Logan Lucky

 

 

9.The Nile Hilton Incident

 

 

10.The Disaster Artist

Las mejores series estrenadas en 2017

1. The handmaid´s tale

 

2. Godless

 

3. Mindhunter

 

 

4.The Sinner

 

 

5. Umbre

 

6 Feud

 

 

7. Manhunt: Unabomber

 

8. The Deuce

 

9. Ozark

 

10.Taboo

 

 

11. Pustina

 

 

12. Cardinal

 

 

 

13. American Gods 

 

14. Big Little lies

 

15. Fauda

 

16. Sorjonen

17. Glow

 

 

18. Snowfall

 

19.The Punisher

 

20. Sneaky Pete 

21. Alias Grace

22. Rellik

 

23. Valkiryen

 

24. Mary Kills People

 

25. Philip K. Dick’s Electric Dreams

 

 

Taboo 2017 “karma Dickesiano”

 

TABOO -- "Episode 1" (Airs Tuesday, January 10, 10:00 pm/ep) -- Pictured: Tom Hardy as James Keziah Delaney. CR: Robert Viglasky/FX

Dicen los británicos que Charles Dickens ha sido el mejor representante de los valores del perfecto inglés. Posiblemente, ningún escritor haya dejado una estantería literaria, de semejante calado, sobre la injusticia social. La misma a la que fueron sometidos, aquellos más pobres y débiles de nuestra sociedad. Miles de niños, discapacitados, prostitutas y ancianos fueron el gran botín de los más poderosos. Una interminable conjura de aristócratas y comerciantes que marcó el devenir de un imperio subyugado a las intrigas palaciegas del cuerpo regio victoriano. Dickens, describió todos los rincones del viejo Londres y dejó patente la insalubridad de una ciudad, dura, enferma y pestilente. Una villa donde esos desheredados del bienestar comían restos de animales muertos: perros o caballos, que se agolpaban en el cauce del Támesis. El alma de Taboo, es el detritus de la rabia y la impotencia, de un estómago vacío. Así se presenta esta nueva serie de la prodigiosa BBC. Una creación, del siempre prolífico, Steven Knight y Chips Hardy (padre del actor, protagonista del show). Y el inagotable Ridley Scott. Tom Hardy se podría decir que mantiene una relación profesional con Steven Knight muy cercana. Puro feeling. En 2013 rodaron la brillante Locke (2013) y ahora mismo, está trabajando, en otra de las series estrella de la BBC, Peaky Blinders junto al norirlandés Cillian Murphy, el jefe de la pandilla de gangsters de Birmingham. Steven Knight nos propone una ambiciosa, barroca, oscura y cruda ficción. Un hombre, James Keziah Delany,  que se la había dado por muerto, tras un largo viaje a África donde ha pasado, una década, conviviendo con diferentes nativos y gentes, en los lugares más remotos y peligrosos de allende. La primera secuencia del episodio piloto es apoteósica. Un rápido travelling aéreo, nos hace divisar un bergantín, de donde se ve navegar a un hombre, dentro de un pequeño bote. Su figura parece la guadaña de las almas: la muerte. El agua está repleta de una densa niebla. Al fondo se descubre entre claroscuros y grises tonos; la ciudad de Londres. Nuestro protagonista está subido a un espléndido caballo. Se acerca hasta un roble y se baja del equino. Al lado del gran árbol cava en la tierra un agujero y guarda una bolsa de cuero con diamantes. En el puerto y la zona del embarcadero la actividad comercial es excitante: animales y pescados pululan junto al lumpen. La cámara se fija en una de las pasarelas/puente del río y aparece un sequito fúnebre, encabezado por una carroza —que porta un ataúd— tirado por cuatro corceles. Personajes de diversa índole lo integran. Desde un enano ataviado con ropas caras —de un luto riguroso— hasta la joven mujer que se yergue en una hermosa grisácea yegua.

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Finalmente, Tom Hardy, llega a la sala de la morgue, donde un cadáver completamente desnudo (su padre), se deja acariciar por la luz —que entra— por las claraboyas de la cúpula. Dos monedas en sus ojos lo exhiben ante Hardy, empapado en lluvia, que le pide perdón a su oído, mientras recoge los metales de sus cuencas y guarda en su bolsillo. Entra la cortinilla de presentación con motivos caleidoscópicos, donde el agua del océano y la infografía juegan con la introducción de los créditos. La fotografía es de Mark Patten, un mago de la luz, que dio el salto de la mano de Mr. Scott con The Martian (2015), realmente exquisita. Los tonos de la pintura de Courbet y Fildes se palpan en cada plano. Al igual que la dirección del episodio, obra del danés, Kristoffer Nyholm. Un cineasta con buen tino, deja su buen oficio, en las interesantes Forbrydelsen (2007) y The Enfield Haunting (2015). Por momentos, Tom Hardy, parece ser el nuevo Edmond Dantès de A. Dumas. Y es que Mr. Knight ha vuelto, a sus texturas favoritas, como viene haciéndolo con su exitosa Peaky Blinders. En Taboo, muestra su devota pasión por el paroxismo teatral y la cruda exuberancia de la escenografía. Eso sí, cambiando el Punk/Gothic/Rock de N. Cave y los White Stripes, por los violines y la electrónica de Max Richter. Una notas musicales que contienen el aliento. Taboo es un gran drama, con elementos históricos, que nos trasladan al Londres de 1815. De repente, nuestro fascinante protagonista, se exhibe en la ceremonia —del réquiem por su padre— como alma en vilo, envuelto en un halo de misterio. La mirada cansada y unas facciones que están marcadas por unas singulares cicatrices. Pasando por delante de los bancos —de la iglesia— donde están sentados su hermana Zilpha (Oona Chaplin) /Black Mirror, The Hour, Quantum of Solace/ y el codicioso esposo, de ésta, Thorne (Jefferson Hall)/Get on the bus, Emma y Powder/. Todo son miradas soslayadas y temerosas. Ellos saben que James Keziah va a reclamar su herencia. Después de la solemne ceremonia, comienza el ágape/pésame, donde el albacea de la familia Robert Thoyt (Nicholas Wooedeson) /Hannah Arendt, Skyfall, Rome/ le comunica, cuál y cómo, es la herencia de su querido padre: un pedazo de tierra envenenada y deseada por muchos miserables en la zona. James Keziah Delany comienza su periplo de visitas y ajustes de asuntos personales. Descubrimos a un gentleman con un abrigo de lo más cool, largo liso, y un sombrero de copa, que encarnan su parodia despectiva hacia la clase alta, dándose pompa y atrevimiento con una cicatriz que arrolla su ojo izquierdo, en forma de estilete.

WARNING: Embargoed for publication until 00:00:01 on 03/01/2017 - Programme Name: Taboo - TX: 07/01/2017 - Episode: Taboo - Ep 1 (No. n/a) - Picture Shows: Brace. Brace (DAVID HAYMAN) - (C) Scott Free Prods - Photographer: Olly Robinson

 

Andares sobrados y un pulido bastón que anhelan al pendenciero Dorian Grey de Penny Dreadful. Eso sí, en cuanto cambia el gesto produce en su contrincante; mucho miedo. No obstante, la venganza y la sangre parecen olerse en la pantalla. Uno de los affaires más importantes, es el asunto, de su testamento. Pero lo primero es volver a casa de su padre. Allí se encontrará con su fiel y viejo criado, de toda la vida, Brace (David Hayman) /Sid&Nancy, My name is Joe, Macbeth/. Un hombre de su padre, uno de los suyos. Un personaje, en el cual, se nos presenta una curiosa relación. Esa, ya conocida, de las viejas historias de época; criado/dueño. Muy cómplice. Algo así, como un Bruce Wayne (C. Bale) y Alfred (Michael Caine) del Batman de Nolan. Poco después, se marcha a lo que eran las viejas instalaciones de la empresa naviera y se encuentra con una prostituta, con la que mantuvo un contacto —cuando era un adolescente— ahora reconvertida en una Madame callejera, Helga (Franka Potente) /Corre Lola corre, El caso Bourne, American Horror Story, Asylum/. Ésta, ocupa el local como sitio para llevar los contactos sexuales, creando un tétrico gineceo portuario. Siguiendo con su ruta de asuntos personales, ahora tendrá que ternar con un tema muy íntimo, y la más que probable hipótesis sobre el asesinato de su padre, por parte de los especuladores de la Sociedad de las Indias del Este. Los representantes de la auténtica, caterva de lores y señoritos, que se convierten en lenguaraces buitres. Picapleitos de medio pelo del intocable imperio británico para establecer sistemas de castas todavía en juego en ese país. A pesar de los ataques e intentos por avergonzar a su padre, en boca del oficial al mando de la East India Company; Sir. Stuart Strange (Jonathan Pryce) /Brazil, Game of Thrones, Pirates of the Caribbean/. JKD desestima, la oferta de la selecta empresa comercial y súbita de la corona británica. James quiere la propiedad de su padre y se niega rotundamente a vender ese islote —estratégico— en la Columbia Británica. Territorio que, posiblemente, sea el remedio al fin del conflicto bélico entre los 15 Estados Unidos independizados y el Imperio Británico. El producto parece un pastiche de series que han influido a su creador SK, desde Heart of Darkness (1993) de Nicolas Roeg, la maravillosa Ripper Street (2012) de Richard Warlow. La deliciosa Penny Dreadful (2014) de John Logan y The Frankenstein Crhonicles (2015) de Benjamin Ross. Todas ellas con el denominador común de ese Londres embelesado en barro y miseria —estrictamente Dickesiano— páramo sordidez y ocaso, por donde pululan podredumbres de putas y travestidos de encajes de puntilla en blanco, escanciados en motas de carbón, que esgrimen dagas escondidas y mosquetes. Por momentos, nos recuerda al polvoriento y encharcado Deadwood.

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Aquel del malvado y codicioso, Al Swearengen. Ahora, uno de los mayores atractivos de Taboo es Tom Hardy, cada paso, cada mirada o frase que pronuncia: es puro talento. Obviamente, estamos ante uno de los 3 mejores actores de su generación. Tenemos al Charles Bronson, violento y feroz del film que rodó con Nicolas Winding Refn. Incluso al Bane de C. Nolan en El caballero oscuro: La leyenda renace. Hasta la épica y la honorabilidad del superviviente Max Rockatansky, en el remake de Mad Max Furia en la carretera. Hasta el desvergonzado e insolente judío mafioso, Alfie Solomons, que interpreta en los Peaky Blinders. Esos momentos, cuando comienza a tocarle la fibra escrotal al comandante de la Indias Sir. Stuart Strange, en unos diálogos perversamente pastoriles. Todo ello, irá apareciendo, en pequeños flashes, a modo, de visiones de muertos esclavos africanos y miembros de las tribus indias nativoamericanas. A ello habría que sumarle el elemento Shelley cuando ordena la flamante autopsia de su padre, a un tal Dr. Powell, (Michael Shaeffer) /Black Mirror/Rogue One Star Wars/ adicto al vino de Madeira y traficante cazatumbas. En un guiño muy directo al joven Victor Frankenstein, de Penny Dreadful. Éste, consigue desvelar, científicamente, el envenenamiento de su padre y confirmar, las sospechas que mantenía nuestro protagonista. Pero los demonios siguen dentro nuestro protagonista. Entre el remordimiento y la conducta salvaje. En un mundo nuevo y viejo, que lucha contra la conciencia del propia James K. Dellany, está corroído por el remordimiento y sus experiencias extremas en un mundo salvaje. La fractura de la psique en James Keziah se aprecia, en su exterior arquitectónico. Si analizamos detalladamente, el caminar con extrema amargura y altanería letal, enmarcada en ese largo abrigo (casi una parca) y ese sombrero de copa que encarnan su pertinaz desprecio de la clase. En esa firme mirada, que marca su salvaje pasado e insinúa todo animalismo. La luz deslumbrante constante, insípida, que petrifica del actor podría parar un león de oro en la planicie. De ahí, el excepcional magnetismo del personaje con el espectador.

WARNING: Embargoed for publication until 00:00:01 on 03/01/2017 - Programme Name: Taboo - TX: 07/01/2017 - Episode: Taboo - Ep 1 (No. n/a) - Picture Shows: Helga. Helga (FRANKA POTENTE) - (C) Scott Free Prods - Photographer: Robert Viglasky

Sus objetivos nunca son exactamente claros, aunque él mismo los ponga en peligro, para llevar a cabo su apuesta comercial del legado de su padre (también hay un escorzo al lugar de nacimiento de la supuesta madre nativa americana de James, otro elemento dramático que abre el gran abanico de subtramas). Hasta ahora, James es sobre todo, un compendio de rasgos de antihéroe en nueva TV del S.XXI, incluyendo una moderna relación incestuosa con su hermanastra Zilpha. De alguna manera, uno percibe que la figura de Gentleman y Hardy está activamente filtrando parte de una soslayada iconografía pop. Empero, pueda reflejar cierta timidez de JKD, como él, está creando un monstruo para sacudir los cimientos de Londres. En el fondo, transmite la sensación del tipo más duro de la ciudad, ese que “de tonterías”, por favor, las justas. Descubriendo el ego de un tipo muy viril. ¿Un arrogante o un leviatán? Firme y capaz de doblegar a sus oponentes, en los salones de la distinguida ciudad. Como en las mejores temporadas de American Horror History, Taboo se atreve a hacer girar un ultraviolento comic gótico, intencionadamente agregando un plus de imaginería atroz. A la vez, hermosa y cruel. Triste y emocionante. Dentro de la tensión clásica de las crónicas de Dickens, tanto como esa escena que hiela la sangre; con James hacia abajo por la orilla, donde un conocido le informa que los perros se comen la carne de las víctimas. Esas que se suicidan desde lo alto del puente. Posiblemente, la mayor baza de Taboo sea, Tom Hardy y el entramado generalizado de subtramas que irán desarrollándose en los próximos episodios. Veremos si Steven Knight nos dejará un final feliz para este drama. Algo que sabemos de sobra que al maestro Dickens le encantaba. Pero la historia puede terminar como una tragedia griega, o quizás en algo más fastuoso, como en el Conrad del Corazón de las tinieblas. El karma Dickensiano también puede ser un asunto de virtuosismo Conradniano. Por último, les puedo decir que esta noche se estrena su segundo episodio en HBO y que FX Networks tiene los derechos de emisión para EE.UU. Según últimas informaciones, su creador, Steven Knight ha propuesto un mínimo de tres temporadas. En fin, lo bueno se hace querer. Nota; 8,3