Los Ángeles de Charlie (1976)

El pasado negro de aquella vieja España comenzaba a retomar el aliento. Nuevos vientos de liberación corrían por las calles y los semblantes de nuestras actuales abuelas —que se transformaban— en melenas coloreadas y tejanos Lois con patas de elefante.  De la mano divina de un Dios llamado Charlie: tres criaturas brillaban —como diamantes De Beers— en las protocajas catódicas, de un system Pal protocolor. La nueva cita, tras la manduca tardonocturna, eran los originales Ángeles de Charlie. Todo el mundo se iba a la cama con una sonrisa de oreja a oreja, obnubilados por el magnetismo de aquellos rostros angelicales. Pocas veces se había visto en la tele una combinación tan inusual de vitalidad femenina y sensualidad. La década de los 70 fue toda una aventura para la sociedad occidental. Sin embargo, en España se convirtió en un reto doble; la gente se acercaba por primera vez en muchos años a una urna y las féminas —tímidamente— alzaban su voz, aunque no quieran reconocérselo gracias a mujeres como estas tres ninfas: Sabrina, Jill y Kelly. La misoginia apretaba, empero las nuevas murallas de la palabra libertad se hacían fuertes en la frágil piel de toro. Empero, la platea estaba sedienta de acción y aventura.

Evidentemente, Los Ángeles de Charlie marcaron un antes y un después, en la televisión. Primero, el hecho de ubicar a tres mujeres como protagonistas—guapas y sexys—, independientes y caracteres dispares. Y en segundo lugar, el golpe de efecto de un jefe, que era un interfono —antiguo armatoste— de voz sugerente y, de algún modo, sexista (puesta por el actor John Forsythe) El resto de la tramoya delegaba en su lugarteniente, el siempre eficaz, JohnBosley (interpretado por David Doyle). Los episodios arrancaban con el encargo de una nueva y arriesgada misión del Sr. Charles Townsend a sus chicas. Con el saludo inicial de: “Buenos días, ángeles. “Buenos días, Charlie… La factoría Spelling-Goldberg, que por aquel entonces parecía tener el monopolio del éxito en la pequeña pantalla en los alocados 70, lo tuvieron claro el día que entablaron conversaciones con la ABC. Creadores de celebres policíacos y culebrones de clanes familiares. De Starsky y Hutch o S.W.A.T en la década de los setenta a folletines ochenteros, como  Dinastía o los Colby.

Pese a esto, los avispados productores contaron en este serial, un drama sobre tres mujeres —en un principio, todas ellas al servicio del departamento de policía— que son contratadas por un hombre misterioso llamado Charlie como detectives privados. Entraba la cortinilla del capítulo y sonaba el score musical, ya mítico, de Jack Elliott. Éste, proponía arriesgadas misiones de todo tipo ya que su agencia es célebre por la factura de los trabajos. A todo ello, se le unía el factor celebrity, es decir, la introducción de grandes estrellas de la gran pantalla,  haciendo sus cameos de buenos y malos: Barry Bostwick, Kim Cattrall, ScatmanCrothers, Jamie Lee Curtis, Timothy Dalton, CaseyKasem, Tommy Lee Jones, Robert Englund, Patrick Duffy, Sammy Davis Jr., Christopher Lee y un jovial Tom Selleck. Todo el mundo quería su minuto de gloria en la serie policiaca más sexy y cool de la historia de la televisión. Los Ángeles de Charlie pasarán a la posteridad por ser un halo de libertad femenina y confianza en la labor detectivesca. Steve McQueen dejó de tener la patente de corso para hacer los mejores trompos del cine. Sabrina, Kelly y Jill hacían rugir motores a todo gas.

No por ello, Los Ángeles de Charlie estaban contaminados del maldito sambenito de mujeres objetos, que se dejaba ver en sus personajes, según sus detractores. Fue atacada por la zafiedad de sus guiones y la banalización del concepto femenino, donde sus estrellas correteaban, sin ton ni son, en unas aventuras, envueltas de tics machistas. Los directivos de la ABC, que nunca creyeron en la idea inicial del dueto S&G, se frotaban las manos con las audiencias del formato. El mismo que de la noche a la mañana se convertiría en icono de deseo entre peluqueros, diseñadores fashion, revistas del corazón, feministas de pro y sexistas de todo tipo, a la caza del cabello de FarrahFawcett-Majors. La misma estrella, que fue demandada por la productora, ya que nada más acabar la primera temporada decidió la salida del show. Apenas, pudimos disfrutar de sus bellos ojos en veintinueve capítulos de un total de ciento nueve episodios, a lo largo de 5 temporadas, que se emitieron de 1976 a 1981. Y eso que hubo casi tortas por su papel. Entre las muchas pretendientes al puesto de este personaje, estaban nombres tan sugerentes como los de Kim Basinger o Michelle Pfeiffer.

Al final, la pobre Fawcett, entre matrimonios fallidos y elecciones erróneas en su carrera cinematográfica, la vida le dio un duro revés; cuando un demoledor cáncer acabó con uno de los rostros más bellos del Hollywood de aquellos locos 70/80. Los guionistas y productores optaron por Cheryl Ladd, que interpretaba a Kris, su hermana pequeña, mientras ella se había tomado una especie de excedencia laboral para competir como piloto de carreras en el Grand Prix de Europa. Kate Jackson, se mantuvo como la cerebral Sabrina Duncan. Al finalizar la tercera temporada, se marchó y fue sustituida por Shelley Hack, en su 4T, y en la 5T, el papel fue para Tanya Roberts. Jacklyn Smith, la siempre profesional y curranta, Kelly Garrett: estuvo las cinco temporadas completas. Es más, a día de hoy se le puede ver por una de las entregas de CSI, haciendo de forense. En el año 2000, Drew Barrymore adquirió los derechos cinematográficos de la serie, para llevarla a la gran pantalla. Una gran superproducción protagonizada por la propia Barrymore, Cameron Díaz y Lucy Lu. El film tuvo suficiente éxito como para generar una segunda parte tres años después. La respuesta de la crítica y público fue nefasta. Obviamente, la entrega final de la trilogía quedó en algún cajón desastre. El canal ABC rescató el formato televisivo nuevamente con D. Barrymore de productora.  Jóvenes actrices, con muchas ganas, en sus misiones por la ciudad de Miami. Sin embargo, el resultado fue un gran fiasco y sólo se han emitido unos ocho episodios de su primera entrega. Los Ángeles de Charlie originales están editados en DVD —V.O.—, las cinco temporadas se pueden adquirir en Amazon. Nota: 6,9

Longmire (2012)&Graig Johnson

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Craig Johnson (Huntington, West Virginia, 1961), novelista y dramaturgo estadounidense; es autor de la popular serie de novelas protagonizadas por el sheriff Walt Longmire, las cuales, han sido adaptadas a la televisión con gran éxito. Hace ya dos años que el canal de cable A&E, otro de los nuevos satélites del gigante Warner apostó por ello. GJ, reside en la pequeña localidad de Ucross en el estado de Wyoming, donde ha trabajado como docente y agente de la ley. Aislado del mundanal ruido de la gran ciudad vive en su rancho junto a sus perros y caballos. El protagonista, Walt Longmire no es más que una extensión del escritor G. Johnson en todas sus facetas: el solitario amanuense y alter ego del personaje de su obra. Amén, del ser humano que es Johnson. Una particularidad más del clásico estilo americano de ver la vida. Una visión de la vida, que cala entre el lector y el espectador medio del agreste e infinito Oeste de los EE.UU. Hablamos de Western, Noir fronterizo, y ficción criminal. GJ, ya va por la séptima novela de las andanzas del viejo Wyoming. Su personaje el sheriff Walt Longmire sigue, a lo suyo, atando cabos y bebiendo su cerveza favorita: Rainer. Obra editada, por la no menos interesante editorial Siruela. La verdad, que fue una casualidad que acabará viendo el primer episodio de esta serie con maneras muy Sherlockholmenianas. Bien, la cuestión es que me he imbuido en el mundo criminal que pulula por estos lares. Los productores ejecutivos, Crhistopher Chulack, John Coveny, Hunt Baldwin, Michael M. Robin y Patrick McKee tuvieron la brillante idea de trasladar a New Mexico el contexto geográfico para aprovechar la infraestructura de rodaje que mantienen en aquellos parajes. El resultado no puede ser más notable, haciendo de las estribaciones montañosas de la Sierra de la sangre de Cristo, las idílicas cordilleras de Absaroka (Wyoming).

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Walt Longmire está interpretado por un actor australiano, Robert Taylor —todo haya que decirlo— es muy bueno (Matrix, The Fighter, The Unit y etc.) Se le nota que pone el acento del Medio Oeste y sale de apuro con nota. No tiene teléfono móvil, ni parece que esté por la labor de pedirlo para estas navidades. Es muy difícil ponerse en contacto con él. A menos que le suceda algo, a quien esté muy cerca del personaje. Su pequeña comisaria del condado cuenta con tan sólo cuatro oficiales, para cubrir una extensión aproximada a Extremadura. La oficina del retén está coordinada, por la eficiente secretaria, Ruby (Louanne Stephens). La serie arranca un año después de la muerte de la esposa del sheriff, WL en Denver donde estaba recibiendo tratamiento para el cáncer. Después del funeral, el sheriff Longmire  se encerró en sí mismo. Un duelo silente y desterrado en su remota cabaña. Espacio de tiempo, en el que joven ambicioso, puntilloso y rico ayudante Branch Connaly (Bailey Chase, Damages, Salvando a Grace), se ha posicionado como uno de los candidatos a las nueva elecciones para  sheriff del condado. Cuando nadie espera la aparición de WL, los oficiales Fergurson “Ferg” (Adam Bartley) y Victoria “Vic” Moretti Katee Sackhoff, (Battlestar Galactica y las crónicas de Riddick) — un joven y atlética chica que no hace mucho llegó de Philadelphia a Absaroka—informan de la muerte de un hombre en la montaña. Todo el mundo esboza una sonrisa, excepto Branch Connaly cuando Walt Longmire  reaparece en la oficina. Su hija, Cady (Cassidy Freeman), ha llevado la doble carga del luto por su madre y la comezón del estado anímico de su padre. Durante ese periodo de tiempo se han distanciado. Pero es la primera en entusiasmarse al verlo salir del atolladero y recomponer su vida. Ella se ha ganado una buena carrera como abogada de una prestigiosa empresa local. Necesita sentir la cercanía de su padre. Volver a ser el hombre que cuida de la villa de Absaroka. El sheriff comienza a indagar y las pruebas de balística dan con un affaire curioso. Se va hilando una trama que dará con una vieja venganza con forma de rifle de coleccionista del siglo XIX, un Sharps del calibre 45/70.

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Luego, está el problema de la reserva y la jurisdicción del condado  que coincide con las tierras de nativos americanos. Pues la competencia de los asuntos dentro de ese territorio está gestionada por la policía tribal. Así que con frecuencia el departamento del sheriff debe de  trabajar con ellos. En más de una ocasión, chocan los intereses de unos y los otros. El jefe de ese cuerpo es Mathias (Zahn McClarnon)La desconexión de su agenda y jurisdicción requiere con frecuencia la presencia del jefe de la tribu, Jacob Nighthorse (A Martínez). Afortunadamente, el mejor amigo de Longmire y miembro de la tribu es Henry “Oso Permanente” (Lou Diamond Phillips La bamba, arma joven etc) —ex boina verde—, siempre en contacto, entre una comunidad y la otra. Henry está casado con una india Cheyenne y regenta su garito de copas: el Pony Rojo. Allí, conoce y trata con un montón de gente que se deja caer a tomar un trago o cualquier tentempié. De algún modo, es el búho que observa todos los trapos sucios y devaneos, que se cuecen por la ciudad y la reserva india del condado. Podríamos definirlo como un eventual Watson nativo americano. Los hilos se van engarzando hasta relacionarse la venganza del asesinato con un asunto de prostitución. Diálogos irónicos, de Longmire y Henry. Así, como las frases sutiles entre la secretaria y el jefe. En ese papel tan habitual de las clásicas novelas policiacas. Longmire es un tipo reflexivo, se toma su tiempo y es un observador de primera. El guion está bien escrito, pues en gran medida Johnson colabora en él. Sólo queda la duda del propio WL, si será capaz de encerrar a sus propios demonios que lo atenazan. Cómo se aprecia en el despiste de la carretera con su viejo Bronco, saliendo por su propio pie. Un golpe de suerte, tras recorrer un montón de kilómetros para dar el pésame a la viuda del fallecido en la montaña.

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Un momento, muy emotivo. Salé triste y afligido. Su pensamiento vuelve a la pérdida de su esposa. Afortunadamente, emerge airoso con ese gesto entre el Tom Selleck de Magnum y un Dennis Weaver, en plan McCloud. Todo desde esa vis de un lirismo y celosamente lacónico que hacen de él, un tótem Made in Usa. La investigación nos llevará hasta el mundo de las tiendas de segunda mano, la prostitución, los ranchos de ganado, el tráfico de drogas y demás problemática que acechan lugares tan remotos donde el crimen se camufla entre caras bondadosas. Los creadores de este entretenido producto, en el fondo, han logrado ese aroma de los viejos westerns de Hollywood y sazonarlos con los procedimientos criminales de la clásica TV de detectives e investigadores privados de los 70. Saltándose el código episódico, pues cada capítulo es un caso a resolver. La mejor lectura sobre “Longmire,” tal vez sea la fidelidad a los textos de Graig Johnson. Igual que Justified, lo es a Elemore Leonard. Dando por hecho que Leonard esta tres peldaños por encima de la prosa del bueno de Johnson y Justified es más cínico, por ende más kármico. No por ello, ninguno de los dos desprecia la esencia de Conan Doyle, en un territorio virgen y salvaje de la América profunda rodeada de esos pequeños pueblos donde nunca pasa nada y siempre hay algo. Los ecos de Twin Peaks y Fargo se sienten en los tímpanos. Lento pero seguro, con la fiabilidad de un bourbon, reposado y suave. Longmire ha sido cancelada por el canal A&E cuando tenía una audiencia de más de tres millones de espectadores en su tercera temporada. Las críticas llegaron hasta noticiarios del prime time. América tiene sus reglas y la gente quiere al Sheriff. Son las cosas que suelen escribir gente sencilla o fácil, como algunos gustan denominar. Ah! y no se preocupen, que en el país donde más fe tiene la gente, a veces, funciona. La serie Longmire ha sido comprada por la todopoderosa productora del Streaming Netflix. Próximamente, habrá cuarta entrega. No se fíen de las apariencias, mi abuela me lo decía; el que no llora, no mama… Nota: 7,2