Quarry (2016) “Supervivencia pragmática del pulp”

logan-marshall-green-foto-1

El canal pequeño o el hermano menor del cable de la todopoderosa HBO: es Cinemax. Algunos puristas lo consideran el canal satélite y uno de los más atrevidos de la competencia de las empresas de entretenimiento tecnológico. No es la primera ocasión que este canal vuelve a las andadas con sus devaneos de atípicos antihéroes solitarios y adictivos diseñados —ex profeso— para una fidelizada platea. Su última ficción; Quarry se deja querer por los conflictos externos e internos del mundo más Pulp. Tal como ocurría en The Knick con el Dr. John Thackeray o en la divertida, y, taquicárdica Banshee con el atribulado sheriff/ladrón, Lucas Hood. Apenas hace unos meses volvió su nueva apuesta por el terror Outcast —del rey de los zombis R. Kirkman— y de nuevo, con un protagonista angustiado y obcecado; Kyle Barnes. Todos ellos pulidos por el mismo perfil: preparados para realizar grandes hazañas por su propia fuerza y orgullo. Eso sí, pagando un alto precio por el ejercicio de esas acciones. Quarry se basa en la serie de novelas criminales —con el mejor sazonado— de la esencia pulp: violencia, sexo y acción de una gran obra, del siempre prolífico, Max Allan Collins. MAC es uno de los mejores escritores de novela negra del mundo (ha publicado más de un centenar de textos, muchos de ellos bestsellers) les sonará a todos aquellos, que vieron Camino a la perdición —obra de culto— llevada a la gran pantalla por Sam Mendes.  Quarry ha sido reescrita por los guionistas Michael D. Fuller y Graham Gordy (forjados en la fragua de la trascendental Rectify) junto con el propio, Max Allan Collins en la producción ejecutiva. Quarry se presenta en su primera temporada con ocho episodios rodados, íntegramente, en New Orleans y Tennessee, que de algún modo, se han convertido en platós de rodaje que simulan de la ciudad de Memphis. La historia nos traslada a la década de los 70, concretamente, al año 1972.

couple-foto-2

A partir de ese instante, observamos en pantalla a su protagonista; Mac Conway interpretado por el actor (Logan Marshall-Green Prometeus) un excepcional intérprete de reparto con unos rasgos similares a los del británico Tom Hardy. MC acaba de llegar de su segundo reenganche, en la guerra de Vietnam, junto a su compañero Arthur (Jamie Hector) el inconfundible: Marlo de The Wire. Implicados, aunque fuera accidentalmente o hipotéticamente, en la matanza de My Lai. Su recepción en el aeropuerto es digna de la puerta de Ferraz 70. No les queda más remedio que cambiarse la ropa militar por otra de civiles y salir destrangis por una puerta colateral, La vida en Memphis es muy diferente, desde la última vez que estuvieron con sus familias. Ahora se sienten solos y desprotegidos por el sistema. Además, el maldito estrés postraumático hace mella. El tío Sam se esfuma y deja a toda una generación de valerosos infantes de marina con la mácula de asesinos de bebés. Iniciar su vida como un ciudadano normal y corriente va a ser muy complicado, pues, el ámbito laboral esgrime un contexto —de crisis cercana al fiasco— debido a la escasez de petróleo en 1973. Pero si tienes contactos; es fácil trabajar. Claro que quienes tienen que intermediar por ti: no saben, no quieren y no contestan. Es muy duro de llevar. Mac está inquieto y sus pensamientos son remordimientos con constantes flashbacks a la jungla vietnamita. Su convivencia con su esposa Joni (Jodi Balfour Bom Girls) se va complicando, a medida, que los días van pasando. Ella mantiene una muy buena amistad con Ruth, la esposa de Arthur, (Nikki Amuka-Bird Luther).

quarrymarlo-foto-3

Un día Mac se da cuenta que alguien le está observando y tras una conversación con Arthur; le dice a Mac que un tipo obscuro y bizarro; the broker (Peter Mullan Trainspotting Top Lake y Olive Kitterige), el cual, le ha ofrecido un trabajo de sicario para él. Mac no está por la labor y, sólo ayudaría como buen amigo que lo es. Arthur parece asentir y estar convencido que este primer trabajo puede ser el principio de algo bueno. Desgraciadamente, el affaire, es un desastre. Arthur muere en el enfrentamiento, a tiro limpio, con los señalados y Mac tiene que afrontar la deuda del trabajo; 30.000 dólares. Ahí nace Quarry, el asesino a sueldo —esclavizado— del personaje The Broker. Mac se siente alicaído, nervioso y ausente. Sólo sabe que se va a convertir en máquina de matar, beber y fumar. Quarry tiene mucho de Mad Men, cuando vemos al protagonista hacer largos sin parar en la piscina de su casa. La comunión con la plástica del crol y la música de fondo; aflora las raíces de Memphis, Soul y Blues, música que se teje a lo largo, de la aguja del tocadiscos. Y es que Quarry tiene una gran cantidad de escenas de grupos en directo. Garitos de la peor calaña. Desde afthers grasientos a puticlubs de strippers. La BSO de la serie es un flujo constante de carácter diegético; que hace de cada episodio sentirte cómplice con algunos momentos del gozo de su protagonista. Mientras la televisión esputa el discurso del candidato a presidente McGovern: “El mundo siente no sólo vivió en pero también resistente, que sobrevivió a los cambios de la última década y se dirige hacia el nuevo con optimismo cauteloso.” De repente, se solapa el canal de noticias para informar del desenlace de los atletas olímpicos en el aeropuerto de Munich. Los silencios y las miradas entre lo ausente y la curiosidad que mostraba Aden Young en Rectify vuelven a verse en Marshall-Green.

mullanquarry-foto-4

La evolución de Mac en esa eterna dualidad de Mr Jekyll&Mr Hyde. Está a punto de triturar todo ese optimismo utópico juvenal de McGovern. Cuando es Quarry, en ese preciso, ejercicio de exploración de la transformación de lo personal. Ambivalentes sentimientos acerca del mundo en el que está y convive en la sempiterna herida —que se guardado— en su mente, de la guerra. Un viaje homéricamente familiar donde Quarry intenta envolver, entre destellos simbólicos, el submundo de los sueños donde Mac y el karma del agua están vigilantes en la piscina del placer y su juventud. Es misma, cómoda, piscina es el espanto —del río repleto de montones— de personas suspendidas bajo el agua y una máscara vietnamita flotante. La paciencia del suave y hermoso ritmo de Rectify es una parte vital de la narración. Empero el compromiso con esa cadencia de migración —de un hombre a sueldo— matando hace que, toda esa convivencia, sea brutalmente inquieta. ¿Dónde estoy? ¿Qué quiero? Sólo se matar… Soy un Sr. Lobo muy violento y silencioso. No obstante, el propio protagonista, de Quarry tiene un grandísimo potencial para actuar bajo ese rictus. Aunque, una de las grandes bazas ganadoras, de la serie, es el inmenso plantel de actores de reparto; que le da ese fuste pulp desenfrenado. Entre lo más kitsch, divertido y surrealista, a ojos del espectador, dejando grandes registros interpretativos. Uno de los más destacados es el enlace operativo entre el bróker (Mullan) y Mac Quarry, desarrollado por el fantástico actor australiano, Damon Herriman, en el papel de Buddy, un personaje impagable, con todo aquel encanto ladino, donde dio a conocer en Justified de FX.

budymoom-foto-5

Aquí es un secuaz gay, enmadrado, adicto a los opiáceos y el karaoke personal a la espera de lo que mande el jefe Broker. Hay una secuencia que ya es un hit parade e incluso convertida en viral por la red. Cuando DH comienza a cantar y bailar, en español, el tema “Whithout you” de Harry Nilsson. Un momentazo, por no decir, el puntazo del éxtasis bufón. Luego, en el segundo capítulo hay otro, tumbado, en la mesa de cocina, de su madre Naomi (Ann Dowd, The Leftovers y Olive Kitterige) cosiéndole un balazo en el muslo femoral. A modo de costurera, de toda la vida, contando chistes de su padre —como un bordado lagarterano— cuando termina la sutura le sugiere; si quiere una salchicha bien asada. Desternillante. Peter Mullan sigue en su línea ya desarrollada en la magnífica Top Lake, como capo superior, proyectando una menor ferocidad y manifestado mayores dosis de cinismo, más cercano a los personajes de Elmore Leonard. En todo momento, proyecta un aura de absoluto control, en todos los movimientos, del equipo y la satisfacción del trabajo bien hecho. A toda esa banda hay que añadir dos adeptos muy valiosos para el pérfido Broker; Karl (Edoardo Ballerini Boardwalk Empire) y Moses (Mustafa Shakir The Night of). Quarry tiene una fotografía exquisita del mexicano, Pepe Ávila del Pino y la dirección de un viejo conocido de la casa, como es el veterano de Banshee; Greg Yaitanes.Cada plano es una estampa, casi un lienzo postmoderno del delta del Mississippi. Luego estamos ante un producto muy bien manufacturado (más cercano a Sundance TV) y brillante ejecución. De un tono más sombrío que la fargonita/camp de la pareja de buscavidas; Hap&Leonard. Cinemax con esta producción híbrida, incorpora ciertas dosis de crítica social, en unos diálogos contenidos, pero llenos de cianuro.

quarry-vietnam-foto-6

Sugiriendo la dramatización de la acción de un contexto tan desgarrador como fue el inicio de la década de los 70. El mismo Yainates reivindica: “que los años setenta fueron un tiempo donde muchas personas se parecían a las propias circunstancias más sórdidas.” Puede que haya ese paralelismo de la crisis del 73 Vietnam, Nixon, el caos de la OPEP con la última recesión de los bonos basura, las hipotecas subprime, el rescate de la banca norteamericana de 2007/8 o la aparición de un revival de frikismo político, del diabólico títere Trump. Siempre se ha observado la constante evolución de lo artístico en tiempos duros y la irrupción de grandes obras maestras; en manos de cineastas puros; R. Altman, F. Ford Coppola, Sam Peckinpah, Paul Schrader o M. Scorsese y etc. De algún modo los 70 trajeron a tipos como los citados en EE.UU. Un buen puñado de grandes trabajos y la mayor coherencia del auténtico cine moderno de la historia contemporánea. Junto a todo ese acervo de cine más preciosista también están esos personajes que viven el filo de la navaja. Arriesgando lo único que les queda; la duda de su identidad. Mac Conway lee a John Mc Donnald, mientras ve la huida, El confidente y el expreso de Corea o Nieve que quema. Se siente como un quinceañero recién salido de una tienda de discos, al recuperar, el mítico Otis blue.  En el fondo, no está tan lejos de un tipo llamado Don Draper que —entre medias de rayón y lencería de la perla— leía “Meditaciones de emergencia” de Frank O´Hara. La diferencia no está la función ejecutiva; ventas o sicarios. Quarry y Draper son depredadores de la supervivencia pragmática al servicio del espectador. Es decir, el disfrute de la nueva  narración este nuevo héroe en Cinemax. Nota: 8,2

Anuncios

“Get on Up” (2014)

Get_On_Up_Screenshot_ Foto 1

En ese viaje donde la cámara conecta con la leyenda del individuo y su testamento: nos encontramos con todo tipo y formas de itinerarios; que son los géneros cinematográficos. Últimamente, la simbiosis Rock&Cine ha encontrado una empática alquimia. Los biopics de aquellas legendarias estrellas del Rock son una caja de bombones, con más peligro que un puma, suelto en Times Square. Bromas aparte. La cuestión es que cuando se llevan este tipo de proyectos, en torno, a una leyenda del Rock hay que tener detrás de la cámara a directores con una gran cultura y pasión por ese estilo. Algo así como los directores más sensibles con el arte y figuras del mismo. Caso de algunos genios de la pintura y demás afines. Sin embargo, en esta ocasión, tenemos la suerte de presentar y comentar un film, sobre una de las mayores figuras musicales contemporáneas —de un sonido único y legendario— que se confabuló en la ciudad de Detroit. Todos Uds. estarán pensando en las grandes voces negras de los 60. Es evidente, no van nada mal encaminados. Y Es que no todos los días podemos ver en la gran pantalla del Led, un film del padrino del Soul, el inefable James Brown. Película que cuenta en su producción con el favor del gran Mick Jagger  —en otra de sus múltiples facetas— y el reputado productor Brian Grazer. Jagger, anunció a bombo y platillo que estaría encantado, de realizar un biopic, de una de las figuras musicales, que más ha influido en su estilo musical.  El elegido para dirigir el interesante biopic de James Brown fue Tate Taylor que, alcanzó la fama, con la adaptación de la novela “The Help” (Criadas y Señoras) en 2011, todo un éxito de taquilla y crítica. Por cierto, este año nos llegará con otra película que viene con la vitola de gran novela “La chica del tren”. Bien, de vuelta a Get on Up, siguiendo el guion de los hermanos Butterworth (Fair Game y Edge of Tomorrow). Taylor nos propone un ejercicio de acercamiento al interior y la naturaleza más humana del mito Brown: el padrino del Soul.

MV5BMjA5NTk3OTEwMF5BMl5BanBnXkFtZTgwMjk3NjkzMTE@._V1__SX1859_SY918_ Foto 2

 

El film se abre con James Brown bajando de una camioneta Pick- up en dirección a una correduría de seguros. Engalanado con un chándal verde —supervistoso— de terciopelo. Y entra en la correduría de seguros, dándose de bruces con la empleada de la limpieza, la cual, se lleva un susto de muerte —ya que lleva puestos unos cascos con la música de Brown— cuando observa, que quien tiene delante de él; es el mismísimo James Brown. Se dirige a ella, en un estado de narcosis considerable. Coge el pasillo directo que le lleva hasta el WC. Del WC sale una mujer blanca madura y cierra la puerta. La puerta la abre JB y comienza a maldecir a la persona que ha utilizado su WC. Sale del local y vuelve a la Pick-up para descolgar una escopeta repetidora. Entra en mitad de la pesadísima charla sobre la venta de seguros, dada por un coach de asesoramiento. La cosa como el que no quiere, es que, entre el colocón que lleva la estrella del Soul y su monólogo, en torno, a los apretones intestinales, de un domingo cualquiera en la placida Norteamérica. Nos vemos una escena entre lo desternillante y lo patético; más propio de uno de esos soliloquios de un film de Tarantino. La platea de oyentes se sonroja al escuchar las palabras de JB y, a la vez, sienten el pánico como recorre sus carnes. Brown sigue insistiendo, en su discurso, balbuceante, sobre los dichosos apretones mañaneros. Cuando de repente, la escopeta se dispara y el cartucho hace un boquete enorme, cayendo un gran trozo de escayola.

H7vDDaD

Todo el personal que estaba temblando sobre las sillas; se echa al suelo. Brown sigue con su movida y ahora le da vueltas al asunto por lo que le costara el desliz del disparo y su reparación. Luego se revuelve contra el personal y pregunta en voz alta —¿quién se ha ciscado en mi WC? Entre sollozos y lágrimas, la mujer que había salido del WC—un par de minutos antes—confiesa que ha sido ella. JB le dice que no la va a matar, incluso se arrodilla y la da la mano para que se levante y se asiente. Comienza un nuevo discurso —flipadísimo— sobre la actitud ante la vida y el arrepentimiento. Termina la frase de un modo lapidario con un: Yo, soy James Brown, y, además, hice lo debía de hacer en mi vida, cambiando el devenir de las cosas. En esos cinco minutos de película descubrimos un material, entre lo surrealista y lo genial. La arrolladora lección de magisterio interpretativo del actor Chadwick Boseman (42, Lincoln Heights, Justified) llega por momentos, a pensar en los documentales sobre el auténtico Brown y su manera de hablar. Una joya de actor que se mete en la piel de la pantera de Carolina del Sur. Alguien podrá decir que es lamentablemente cochambroso y puede que esté en lo cierto. Pero esto es un biopic Sres-as… El personaje deja bien claro cuáles son sus sentimientos y su manera de vivir: su música. El Soul fue él. James Brown era una locura.

get-on-up-12 Foto 5

Un tipo que llegaba hasta el final y no le ponía reparos a lo que pretendía.  Taylor apuesta por una narración, tan de boga, por la ficción televisiva: flashforwards y flashbacks. El recurso de ir hacia delante en el tiempo y hacia atrás, haciéndonos entrever la difícil infancia de Brown, se dan cuenta y, puede hacernos entender, de donde provenían esa fuerza y rabia. El viaje rebobina hacia atrás para describirnos al pequeño James. En ese medio rural de Carolina del Sur donde James Brown convive con un padre adultero y alcohólico Joe Brown (el británico Lenie James Snatch: Cerdos y diamantes o Walking Dead) o Susie Brown (la siempre solvente Viola Davis nominada al Oscar dos veces por Doubt y The Help). Además, de una madre prostituta que los abandona. Estos viven en la más absoluta indigencia y la miseria de la vieja América profunda, una época donde la IIGM condiciona todo. Vestido con unos pocos harapos, en una choza del bosque, convive junto a sus violentos padres. No tardará en ponerse a trabajar en un prostíbulo, donde comparte una cama pequeña con un tipo llamado Big Junior, de una obesidad descomunal. Este tipo aleccionó al pequeño James Brown en el enredo y la oferta comercial del burdel donde pernoctaba a los soldados de permiso, que se dirigían como conejos a un campo de zanahorias. La situación del pequeño James Brown fue lo más parecido a un relato Dickensiano. Abandonado por su padre y al lado de su madre en un burdel, donde se ganaba la vida con la visita de soldados que volvían de permiso de la IIGM. Aquel prostíbulo lo manejaba una Madame. Ésta, le gustaba el chaval, su brío y arrojo, en su manera de trabajar (atrayendo a los soldados hacía su casa) y lo mimaba con buenas propinas.

14-get-on-up Foto 6

Empero Brown tenía un don que le lleva un día una iglesia, y, en mitad del éxtasis de los participantes, a modo de un clásico espectáculo, del film de los Blues Brothers; ve como un carismático predicador que le trasmite el espíritu del sonido góspel y la pasión por el baile. El viaje nos lleva a Brown a 1949, con un plano que se aprecia como el chavalín bailón, ya es un joven de 17—que rompe la ventanilla— de un coche, para robar una americana. La policía lo persigue y termina en el calabozo de la comisaria del condado. A la espera de que sea internado en una prisión/reformatorio junto a otros de su edad. La ley de entonces, en Carolina del Sur permitía llevar a una persona mayor de 17 años a la cárcel. La situación del joven pintaba muy fea, pues, como mínimo le caerían 4 años y una posible remisión de la libertad condicional, si mantenía un buen comportamiento. En uno de los descansos del correccional se organiza un pequeño concierto de Gospel/homilía, donde, la casualidad de las casualidades, JB entra en contacto con su mano derecha a lo largo de su carrera musical, Bobby Bird (Nelsan Ellis/True Blood). Prosiguiendo con la narración, nos encontramos con un momentazo para todo devoto del Rock: el minuto, donde el albur hace que Brown conozca a Little Richard. A partir de ese instante, el film toma una velocidad de crucero donde veremos el ascenso de esta estrella a lo largo de los 60 y como se convierte en una superestrella mediática llegados los 70 en medio mundo.  Puede que no sea la magnífica Walk in the line (2005) de James Mangold, pero Tate Taylor consigue una buen tempo narrativo. Una ligera reprimenda sería la historia en sí, los bien contada que esta la primera parte. Todos los insertos, la salida y entrada de los personajes.

1035x883-20140724-getonup-x1800-1406217616 Foto 3

Después en la segunda parte, ahí vemos, como el metraje tiende a la pesadez y la reiteración de determinadas actuaciones o tics del propio Brown. A pesar de sus más de dos horas, amén, del terrorífico error sobre la verdadera repercusión en la vida musical y el estrellado del manager de Brown; Ben Bart. Un personaje interpretado por el siempre interesante Dan Aykroyd. Y es que, sobre la relación personal con el propio Brown, pone de manifiesto una especia de karma muy paternal de Bart con Brown. En el film se deja entrever que JB llegó a estar en el funeral del mismo Ben Bart (con un afligimiento terrible) en un cementerio judío. Un asunto que los familiares de Bart han criticado con ahínco, a la productora del film, pues James Brown jamás estuvo en el sepelio de BB. (Aún más, a sabiendas, de que uno de los personajes, que está detrás del film; es Mick Jagger). Bien, con esos defectos y otras grandes virtudes: el montaje final del producto sale victorioso, gracias a una excelente banda sonora rematar costuras que se han quedado fuera de la sarga, mencionada anteriormente, final. Una música donde suenan los mejores temas de este portaaviones del escenario. Afortunadamente, la dirección artística del film es modélica, algo muy cuidado en los biopics con buena producción. El viaje del padrino del Soul por seis décadas— de los 30 a los 80— es un gustazo y toda una lección de dirección de fotografía. James Brown es el producto, de una vida fingida, entre la desgracia del precio de la orfandad y el hecho de su reconocimiento como una de las grandes influencias dentro del Rock&Roll. Mayores son los aciertos que los defectos de un individuo —nuestro James Brown del cine— el maravilloso actor Chadwick Boseman lo borda. Siempre he dicho que los actores de color son mil veces mejores que los blancos norteamericanos.

1280x720-N8H Foto 7

No quiero decir con esto que los blancos sean malos actores. Pero las cartas con las que juegan la partida no son las mismas. Algo de esto suena por la corriente del río con las últimas nominaciones de los Oscars a mejores actores y actrices ¿Racismo? En fin, no quiero meterme en este charco, pero hay mucha tela que cortar con todo lo que pasa con la población de color, de un gran país, donde su presidente es afroamericano. Lo dicho, contemplar la interpretación de canciones míticas, en la voz de Boseman es una delicia. Temas como “Caldonia”, “Please, please, please”, “Super bad”, “Try me”, “Soul power”, “Get up” (I feel like being a sex machine). Alucinante. El sonido es perfecto y lo dicho, el film es sensato y coherente con una figura de la historia de la música negra esencial. Referencia legendaria de cientos de bandas de los 80, 90 y este siglo XXI. Magnífico retrato socio-cultural de un tiempo compulso en la historia de los EE.UU son las vinculaciones del propio JB y el debate racial, así como el conflicto bélico de Vietnam y el parricidio del Dr. Martin Luther King tras su pérdida. Subidas y bajadas de un genio, que murió como lo que fue toda su vida: fuego y ritmo. La asepsia con la que se ha dejado fuera los aspectos más oscuros, del personaje y constante relación con la violencia de género. Todo ello bajo el efecto de drogas realmente poderosas y demoledoras que hicieron mella en el astro. Un film recomendable que no pude ver el cine y afortunadamente el Blu-ray da buena fe de que la tecnología cinematográfica tiene mucho futuro. Lo dicho, a los amantes del Soul y su figura pasaran un rato de lo más ameno y entretenido. Y aquellos que desconozcan la figura del personaje; es un buen momento para ponerse al día con una de las grandes leyendas musicales de los 60 y el género Motown. Cómo dijo un grande de la música; que sería de ésta sin el Soul. Disfruten con este homenaje, de otra leyenda viva del Rock, Mick Jagger, a este gran artista que fue James Brown.

21 Years without Zappa

historyrock131c

 

Tendría 14 años y mi mundo se enredaba entre el Punkrock, el Psychobilly y la New Wave. No tenía ni idea de quién era el ínclito Frank Zappa. Estaba en casa de un compañero de instituto, y de repente, pasé por el dormitorio de su hermano. Era un tienda de discos alucinante; llena de posters, entradas e iconos del Rock&Roll. Explorando aquel Minerva choqué con un estante prodigioso: la letra F. ¿Pueden imaginarse la cantidad de buena música que empieza por esa bendita letra? Bien, escudriñé todos los álbumes que pude. Aún tengo grabado el olor de aquellos guardavinilos de plástico trasparente. Qué gozada… cuando me doy de bruces con “Freak Out”(1966). El primer álbum que me atreví a sisar inocentemente, pues tan sólo me lo llevé hasta la habitación de mi compañero de clase y lo pusimos en el férreo, Bettor Dual. Le dimos volumen al ampli Vieta y las cajas acústicas llenaron aquella habitación de magia. Me quedé totalmente traspuesto. No cabía en mi semejante asombro. Instrumentación y temas larguísimos. Me dio la risa floja pensando en el personaje de la portada, acordándome de unos de mis héroes preferidos del comic: los geniales Freak Brothers de Shelton. Al igual que los personajes outsiders de Shelton, creo que fue de lo más hermoso  publicado en 1966, junto a los álbumes de Hendrix, The Beatles, The Who o los Stones. Y es que “a  toro pasado”, comprobamos la   transcendencia de la añada en la historia del rock contemporáneo. Uno, que también nacía aquel año —no en una furgoneta descacharrada VW— de dudosa fiabilidad, apenas abría los ojos. Sin embargo mis oídos parecían dispuestos a ser acariciados por la hermosa Euterpe. Sí, miró hacia atrás y parece que fue ayer; pero de aquella odisea ya han pasado 48 años. Otrora, tiempos en los que tan solo era un montón de pañales envueltos en Nenuco con chupete incorporado, mientras el genial Zappa estaba de lecturas en los circuitos universitarios con obras como; “Cerdos, caballos y rock and roll” o soplando un manillar de bicicleta. La leyenda, se agrandaba y cada día era más grande. Francis Vincent Zappa nació en un día cercano a la navidad de 1940 en Baltimore (Maryland, USA) La ciudad de “The Wire”. Su padre,  era un científico que trabajaba para el gobierno y guitarrista vocacional en sus días de asueto.

Frank_Zappa

La familia se desplazó del frío Atlántico este a la calurosa y divertida California del Pacífico, cuando Frank era un pequeño chavalín. Entre sus primeras aficiones destacan la avidez por el coleccionismo  de discos de rock cosecha años 50 y R&B. Lo curioso de esta devoción era su adicción por otra música clásica, más purista, ortodoxa y selecta, caso de Stravinski y Edgard Varèse, a la postre una de sus grandes influencias. Zappa era  único, pues,  ya apuntaba heterodoxias no muy lejanas. La grabación de  una cinta con apenas 20 años le trajo el primer lío con el sistema. Fue  condenado a 10 días de cárcel y tres años de libertad condicional por un video en la que ridiculizaba sexualmente a la policía. Se encaró al hipismo en un arrebato casi surrealista, pero él lo hizo y arremetió contra la cultura del LSD. Algo que en aquellos años de repulsa dentro de un contexto geopolítico de los EE.UU y occidente complejo; resulto más que chocante. Zappa dejó caer un perla llena de trilita que se quedó para la historia de su colección de frases y diatribas. Apuntilló —textualmente— sobre las drogas: “que en lugar de estimular la creatividad, las drogas idiotizan, al igual que la industria musical y la política, la misma basura”. Hoy en día sigue siendo motivo de debate, y estudio entre sociólogos, críticos y músicos de todo tipo. Se podía hablar de un alarde de valentía o un arrebato de nihilismo particular con semejante máxima. Aún, a sabiendas de lo que todo el mundo sabia y conocía: los Ángeles, fue la cuna del movimiento contracultural más importante de una parte de la historia del rock y la cosa no iba a generar demasiada simpatía personal. Es más, el mismo Zappa confesó, en cierta ocasión que llegó a componer música bajo los efectos de sustancias psicotrópicas. Pero no le gustó el resultado y se dio cuenta del nivel de exigencia en su música (tanto de escritura como de ejecución) requería estar lo más despierto posible.  Siguió con su discurso percutor contra las drogas y aseveró: “desde el mismo instante en que introducen el elemento de la droga, contribuyen a sostener ese mismo sistema, ya que un individuo drogado no puede responder, pues es un inútil”. Obviamente, tras muchas revisiones sobre la cuestión, la crítica sociológica de aquel discurso. Evidentemente, la  visión de Zappa sobre las drogas, definitivamente, resultó insólita en el mundo del rock.

F. Zappa WC

Entre algunas de sus ideas más revolucionarias, destacan la producción de un concierto con música de Varese y la grabación de un disco de música barroca del siglo XVIII, y, aunque esto sería discutible, se plantó en el final del último tramo de la década de los 80, con el mismo discurso. De tocar de Rock&Roll puro y auténtico, en discos como “Shut up & Player Guitar” a  conciertos como “The Best Band You Never Heard in Your Life”. Aquel estilo dio un giro copernicano. O Tan sólo, una casualidad y pura cuestión de azar. La pregunta del millón era: ¿Es mortal a corto plazo? O quizás una broma más de Zappa, para poner en evidencia a los Beatles con We’re only in it for the money (Sólo lo hacemos por dinero), una parodia del Sgt. Pepper, de riesgo, de incomprensión, de música para adictos. Satirizaba con furia al American way lyfe y  el establishment de la gran nación. Alteró las cintas de grabación, jugó con el ruido y recitaba. Apoyándose en  Varèse, componía para orquesta y recordaba al rock de los cincuenta. De los happening con jirafa eyaculadora de nata sobre el público y marines masacrando muñecos de trapo, mientras sonaba el God bless America a tocar con la filarmónica de Londres. FZ y su incansable obsesión por el pensamiento. Algo extraño en el Rock&Roll.  La época en la que pedía una nación sin gobierno, en la que afirmaba que harían falta 500 años para que la gente estuviese madura para ello. “Que sean 500.000 años”; declaró en 1992. “En Washington están los peores payasos que el dinero puede comprar. Odio todas las corrientes políticas”. Genio, figura, trastornado o pura provocación. Así era Frank Zappa. Un gran momento en el día que se cumplen 21 años sin su figura en los escenarios. Pero con un legado extraordinario. De 1966 a 1972, nos quedan  álbumes imprescindibles desde extraordinario “Freak Out!, pasando por “Absolutely Free”, “Lumpy Gravy”, “We’re Only In It for the Money”, “Cruising With Ruben & the Jets”, “Uncle Meat”, “Hot Rats”, “Burnt Weeny Sandwich”, “Weasels Ripped My Flesh”, “Chunga’s Revenge”, “Fillmore East, June 1971” y “Just Another Band From L.A”. No queda más que seguir deleitándonos con el recuerdo de la obra de un talento irrefutable, fundamental y esencial en la historia contemporánea del Rock. A modo de sentencia final, me quedo con su opinión sobre el rock: “El rock and roll se ha convertido en un gran negocio. Ya no está sujeto a la música o a la estética; sólo tiene que cuadrar con la identidad corporativa de las compañías de discos. El rock es un gran fraude”. Podríamos seguir escribiendo hojas y páginas Word, pero se me acaba el tiempo y este era un pequeño homenaje que tenía pendiente con el gran intelectual que fue Zappa. El 4 de diciembre de 1993 fallecía víctima de un cáncer letal. Apenas 52 años y todo lo que tenía en mente. ¿Hasta dónde hubiera llegado su límite? Fascinante incoginita, suplida por toda la gran obra que nos ha dejado y  podemos seguir disfrutado de ella. Fue enterrado en el Westwood Village Memorial Park de Westwood de los Ángeles   en una tumba sin marcar. Y si tuviera que buscar un epitafio me quedaría con aquel monólogo en 200 Motels; “el compromiso político funciona como eje articulador y destrozador de las ilusiones de los ciudadanos.” DEP y por siempre, el genio de Baltimore.

Artículo públicado en Culturamas julio de 2013